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Besos de mar

A esa hora del atardecer, los rayos que aun doraban la arena, tenues ya tras un día de sol intenso, eran una lluvia de brillos sorteando pisadas que habían abandonado miles de pies.
Adormilada sobre mi toalla, perezosamente reposada, bañada por esos últimos rayos, inmóvil… despegué los ojos y di una ojeada al frente, a los lados, estaba casi sola, por fin podía disfrutar de la solitaria playa. Entera para mí… para mi soledad, y mi paz.
A mi derecha, a unos 50m, una pareja retozaba. Me llegaba alguna risita ahogada entre los susurros de las olas, lo estaban pasando bien! Se les veía jóvenes, y juguetones. Arrumacos, abrazos, piernas sobre piernas, brazos anudados.. Ajenos a mí seguían en su juego de ver quien era el que conseguía el puesto dominante. Lo intentaban a fuerza de revolcones. A ella le entró una mota de arena en el ojo, y protestando le dio un empujón. Él con cuidado intentó quitárselo con la ayuda de un cleanex. Luego la besó.
Recordé entonces con añoranza aquellos tiempos, en los que lo único importante era el novio del momento. Cuándo lo más importante eran los besos, y las caricias de ese amor que surgía de la nada para imponerse como estandarte en nuestras vidas, que recuerdos! Tal vez por ello les seguí observando.
Se calmaron y él sacó de la bolsa un bote de bronceador. A buenas horas pensé yo! Ella se tumbó de espaldas y le untó la espalda con crema. El se sentó sobre el culo de ella, y fue cosquilleándole la espalda. Le desabrocho el biquini y extendió las caricias hasta el nacimiento de sus pechos, ella se reía divertida. Replegó los brazos bajo su cabeza. Cerro los ojos y disfruto de esos masajes.
A mi se me estaba empezando a hacer la boca agua, yo también quería unas manos para mí!.
Los masajes se metían por las braguitas, ella le daba torpes manotazos castigándole por esas caricias robadas.
La asió por la cadera y en un gesto rápido le dio la vuelta bajo sus piernas. Ella pataleaba divertida, y él le sujetó los brazos…la besó. Ella se calmó de buena gana. Luego vertió una generosa dosis de bronceador sobre sus pechos. Con los dedos dibujaba sobre la piel, no sé si letras?, creo que si, le escribía algo…ella se reía por las cosquillas.

No le gustaría lo que escribiera, porque lo borró, y lo borró a dos manos, deshaciendo aquel libro para convertirlo en un mapa con valles y montes…y su mano, como un agente climático aun desconocido, iba cambiando a su antojo, los caminos, ríos y campos, que caprichosamente quedaban dibujados en el.
-Este tío se está poniendo como una moto! Pensé. Miré a la altura de su entrepierna, pero el bañador tipo boxer, no descubría nada desmesurado.
Los dedos buscaban nuevas conquistas, nuevos territorios donde extender su poder, y así el se deslizó por sus piernas y se sentó encima de los pies. Extendió los brazos, y las manos perfilaron ese biquini mínimo. Se metían por el interior de los muslos hasta las rodillas para subir luego, sorteando este terreno que aunque sin cartel, se sabia prohibido.
El divertido y excitante jueguecito me estaba encendiendo….y yo allí sola… Un espectáculo en directo para una sola espectadora, yo, puesto que no había nadie mas para aplaudir. Pero ellos, tan ajenos a mi excitación, seguían con la suya.
Estaba completamente absorta en sus movimientos, poco a poco me fui calentando, ya no por el sol, eran aquellas manos juguetonas. Las sentía en mi cuerpo a pesar de que yo estaba tumbada boca a bajo.
Un impulso de sensatez y vergüenza hizo que cerrara los ojos, y girara la cabeza hacia otro lado, pero el calor que sentía por dentro, esas oleadas de voluptuosidad que emitía mi útero cuando veía esos dedos tan cerca de la braga…haciéndose de rogar, me gritaban que siguiera allí, y ansiaba que de una vez le metiera los dedos allí, donde a mi me empezaba a quemar.
Por tanto desoí mi sensatez, y el impulso me dejó pendiente de esa escena altamente erótica.
No podía ver muy bien lo que ocurría entre las piernas de ella, la veía agitarse, su cabeza se movía de lado a lado. Las manos de el se habían detenido allí donde yo deseaba esos dedos. Calculo que por la posición de su mano fue el dedo índice que se coló por el lateral del biquini.

Mi cuerpo buscaba en las irregularidades de la arena un abultamiento donde calmarse. Mi pelvis palpaba en busca de alguna prominencia que aliviara mi sexo…Encontró una, y separando las piernas la poseyó, la atrapó entre los muslos y buscó con un movimiento lento pero intenso el máximo roce entre los dos. Había surgido un amante bajo mi toalla.
El movimiento se volvió más intenso viendo los arrumacos de la pareja, pero la arena iba cediendo forma. Yo estaba caliente, mas si acaso, pero la arena no estaba a la altura de mi deseo. Estaba encendida y desesperada, mi amante se había esfumado y necesitaba urgentemente a otro bajo mi toalla, como meter mi mano si ser demasiado evidente?, Aunque caliente, era todavía capaz de pensar.
Busque un duro miembro en mi mente, busque un consuelo para mi encendido sexo. A mi derecha y guiñándome un ojo la funda de las gafas. La coloqué nerviosa bajo mis caderas. No se deformaba, no desaparecía bajo mi presión y calmaba mi deseo.
Buscaba en la improvisada fuente de placer, los dedos de aquel muchacho. La escena se tornaba por momentos más y más excitante, yo imaginaba como su mano revolvía el sexo húmedo de ella, probablemente tan húmedo como el mío. Y la ansiedad se hacia cada vez más evidente entre los tres que lo compartíamos.
Ellos se levantaron, el pantalón, a pesar de que era ancho, no ocultaba el aumento de tamaño de su verga, y muy abrazados, él la llevaba en brazos, se metieron en el agua.
Allí la penetró, vi perfectamente aquellos inequívocos movimientos, abrazados, besándose, mordiéndole los pechos…la cabeza de ella por encima de la de el, agarrada a su espalda, a su pelo…movimientos vigorosos y crispados.
Yo en mi lecho solitario de placer, sola en ese universo de arena, con unos dedos muy certeros busqué bajo la braga el calor de un sexo mojado, un sexo ávido de secretos placeres.
Miraba de reojo los juegos de la pareja, y sentí en mi interior como dos dedos me penetraban. Culebreé en mi toalla, apretando los endurecidos pezones contra el molde de arena, acompasando el ritmo al inminente orgasmo…, conviviendo con las deliciosas contracciones de todo mi interior. Y llegué con ellos al paroxismo, gimiendo, aullando la recompensa. Entonces, exhausta, desplomé el cuerpo sobre mi lecho amante reponiéndome de mi agitada respiración. Mientras ellos, muy abrazados, se besaban con besos salados. Besos que tal vez, paradójicamente, les sabrían como los mas dulces de sus vidas.
Así por o menos lo reviví aquella tarde, cuando aquella juguetona pareja me regaló el recuerdo de aquellas olvidadas pasiones.

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