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Mi tía la cincuentona

Hola de nuevo a tod@s, no sé si os estarán gustando mis historietas anteriormente publicadas en la web, pero como nadie me ha dicho que no, pues continúo enviándolas. Para que lo sepáis, soy el autor de “Mi amigo gay” y “Qué bueno es ser entrenador”. Mi e-mail, para cualquier comentario o sugerencia, es: alex47058@hotmail.com

En cuanto a esta experiencia, se remonta a cuando yo tenía tan solo dieciocho años, recien me había sacado el carnet de conducir. Era un viernes, y mis padres se habían marchado porque el domingo era la boda de unos muy amigos suyos, y esa noche tenían la despedida de solteros. Una vez se fueron, no tardé en marcharme de fiesta con unos amigos míos.

Ahí estaba yo de fiesta en la discoteca, cuando recibo una llamada de mi madre, la cuál está algo preocupada.

– Oye, Alex, ¿estás muy ocupado? – me dijo.
– Un poco, ¿por qué?¿qué quieres?
– Es que estamos en la despedida de solteros y tu tía carmen ha bebido mucho y si no vuelve a casa va a hacer cualquier burrada.
– Bueno, ¿y qué?
– Pues que si la puedes venir a buscar y llevarla a casa.
– Mama, y no la puede llevar el tío, ¿o vosotras?
– Es que no vamos a interrumpir la despedida al tío, y es que las que han traido el coche no están en condiciones de conducir, anda, por favor, ven a buscarla.
– ¿Y donde estáis?
– En el “Goloso”, llamame cuando llegues.
– Venga vale, ya voy.

Tras esto me despedí por un rato de mis amigos y me dirigía a donde mi madre me había dicho, tardé unos veinte minutos en llegar, llamé a mi madre y salió con mi tía Carmen. Tras unas indicaciones de mi madre, mi tía se montó en el auto y la llevé a su casa. Mientras íbamos en el coche, mi tía trataba de convencerme de que no iba borracha y de que lo que mi madre me había dicho no era cierto, “si traté de ligar con el hombre aquel no es porque vaya borracha, sino porque mi marido es un maricón y no puede complacerme, es un pichafloja, ¿tú crees que yo me merezco un pichafloja? ¿No tengo un cuerpazo que merece mucho más? Dime”. En ese momento me cogió la cara para que la mirase mientras trataba de que la viese toda su silueta, nunca me había fijado en ella, pero ahora que la miraba, si bien tenía ciertas arrugas en su cara y no era demasiado agraciada debido a sus más de cincuenta años, la verdad es que su figuara se mantenía bastante bien, no era delgada, pero tampoco gorda, y tenía unas tetas bastante considerables, que se tocó cuando vio que yo las miraba, lo que hizo que mi picha comenzase a despertar. Volvió a hablar al ver que yo no decía nada.

– Dí, ¿crees que estoy mal?, ¿estoy gorda?, ¿soy fea?
– No es eso, simplemente eres mi tía y no te puedo mirar con otros ojos.
– Uy, pero eso no tiene nada que ver, tú eres mi sobrino y te puedo decir que eres bastante guapo y estás muy bien – no respondí, sin embargo, me sonrojé un poco – No te pongas colorado, seguro que no soy la primera que te lo digo, con esa carita de ángel que tienes, – me puso una mano en la mejilla – sin ningún michelín, un pecho fuerte, unas piernas de áúpa – cada vez que nombraba una parte del cuerpo me la tocaba – y un buen culito…
– Nada, tía, que yo no te puedo ver de ese modo – le quité la mano de mis gluteos, pero en un instante, sin ningún tipo de aviso, su mano se dirigió a mi pene y la posó sobre este, dí un volantazo de la impresión y estuvo a punto de ocurrir un desastre…
– Uy pues creo que tu aparato si que me puede ver como una mujer – dijo esto mientras sonreía pícaramente y me guiñaba un ojo.
– Siempre está así – la mentí – pero no voy a opinar sobre ti, ¡eres mi tía!
– Pues no opines sobre mi, opina sobre mi cuerpo – en ese instante cogió mi mano derecha y tras sacar uno de sus pechos de su ajustada camisa la posó sobre esa parte de su cuerpo. – Olvídate de que soy yo, ¿qué opinas de esto? – Mientras me lo preguntaba acercó su cara a la mía, soltó mi mano, que sin embargo no se separó de la enorme ubre y dirigió esa mano de nuevo hacia mi pene y desabrochó el botón del pantalón.
– ¿Qué…?

No acerté a decir ni una palabra más, puesto que mi tía empezó a besarme, había logrado ponerme a cien, y en ese momento lo único que pude hacer fue detener el coche junto a la mediana de la autovía. Así, siguió besándome y acariciándome el miembro, yo recosté mi asiento hacia detrás para estar casi tumbado, y ella dirigió su boca hacia el pene, comenzó a chupármelo, era increíble, ¡me la estaba chupando mi tía! En esa mamada plasmó toda su experiencia, combinaba lametones breves y rápidos con chupadas lentas y completas de mi miembro, completadas con delicados masajes con sus manos.

Mientras me la chupaba me incorporé un poco, toqué sus pechos sobre su camisa y empecé a desabrocharla, la quité el sugetador y pude ver en todo su esplendor dos enormes tetas, completamente blancas, con la marca del sugetador, y grandes pezones casi negros. Tras un rato acariciándoselos, la subía la larga falda negra que llevaba, bajo ella aparecieron unas bragas negras, no duraron ni tres segundos antes de que se las quitara. Así pues, procedí a sobarla el culo. Entonces ella subió una de sus piernas, pasándomela por encima de la cabeza, sin dejar en ningún momento de tocar y lamer mi miembro, y yo pude ver frente a mi un oscuro felpudo de pelo, bajo el cuál debía estar su vagina y su clítorix. Fue entonces cuando metí mi dedo bajo aquella mata de pelo y localicé el agujero de la vagina, estaba ya húmedo y empecé a meter el dedo sucesivas veces. Después, ataqué con mi boca y comencé a introducir la lengua en el agujero, notaba como los pelos se enredaban en mis dientes, pero el sabor de los jugos era magnífico. En eso estaba cuando noté que me corría, derramé todo mi semen mientras mi tía Carmen me la chupaba. En ese tiempo, se levantó mi tía y volvió a mirarme a la cara, yo pude ver su rostro manchado de semen, y aún con sus pelos púbicos en mi boca, volvimos a besarnos. Mientras hacíamos esto, su mano volvió a agarrar mi polla y la dirigió hacia su chochito peludo, acto seguido empezó a botar y gritar sobre mí, pude ver como sus tetas botaban hacia arriba y hacia abajo, atrayendo mi atención, las cogí y chupé sus espléndidos pezones. Así seguimos un rato más. Me volví a correr y sin dejarme descansar, se dió la vuelta y repetimos la misma acción, aunque esta vez con su ano como protagonista, mientras, yo la besaba la espalda y acariciaba sus tetas, bajando mis manos de vez en cuando para introducir mis dedos en su húmeda vagina. En cuanto a su culo, tenía grandes nalgas, era blanco, sin embargo, lo que más me sorprendió fue la facilidad con que mi miembro penetró en él, se veía que mi tío tenía bien entrenado ese trasero. Además, mi tía ejercía presión con su culo sobre mi pene, de forma que a no mucho tardar volví a correrme entre los alaridos de mi tía. Tras esto, volvió a vestirse y, como si nada hubiera pasado, me dijo, “bueno, sobrinito, ¿me llevas a casa?”. Eso hice, la acompañe hasta su piso y como despedida me dijo “No me has respondido, ¿a que no estoy tan mal para mi edad?”, pero esta vez la pude responder, “Estas perfecta, tiíta”.

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