Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Mi encuentro con Alicia Kraus

Me alegraba tener un secreto compartido con una mujer que está lejos de mi y que sé que recuerda los breves momentos de placer que vivimos juntos al igual que yo. Tal vez ella sonría al recordarlo mientras yo hago lo mismo a cientos de kilómetros de distancia. Lo más maravilloso es que probablemente no nos volveremos a ver nunca más, pero en las noches cálidas, así como en las frías, nos acordaremos con una gran sonrisa y sintiendo una hermosa satisfacción en el pecho, de esa magnífica noche que pasamos juntos. Y dije que me alegraba de tener este secreto, porque ahora estaré un poco triste pues compartiré esta experiencia y ya no será más un secreto, pero si un momento feliz para compartir con quien lea esto.
Realmente me considero muy afortunado, siempre soñé con tener un encuentro con una mujer mayor que yo, que estuviera a mediados o finales de sus treintas. Tiempo después de que conocí a Alicia Kraus por la red, mis sueños se hicieron realidad: si, a mis veinticinco años tuve un encuentro con una mujer de treinta y nueve.
Me gusta recordar desde que Alicia deslizó la tarjeta por el lector de la puerta de la habitación número 1045 del hotel Sol, que está entre los más elegantes de la Ciudad de México.
–Adelante –me dijo con su voz madura y sensual.
–Después de ti –le contesté. Entonces entró y cerré la puerta trás de mi y le di vuelta al seguro. Seguí a Alicia observando como se contoneaban sus caderas y sus nalgas enfundadas en el ajustado pantalón de vestir amarillo.
La habitación estaba a media luz y las cortinas abiertas, desde ahí se podían apreciar las luces de los edificios y vehículos que transitaban por la avenida Reforma. Ella se sentó en un sillón. Recuerdo su blanca piel, especialmente la de sus brazos que con su hermosa redondez contrastaba con el color de su ropa haciéndola ver tan apetecible. Tuve ganas de agarrar esos brazos y apretarlos, frotarlos y comérmelos a besos y a mordidas. Luego mi vista se posó por un instante muy breve en sus prominentes caderas, amplias, con esa curva exquisita que se forma cuando una mujer está sentada, y el pantalón que las forraba siguiendo su contorno fielmente. Sin duda tuvo suerte el que antes que yo fue forjando esas caderas para que alcanzaran ese tamaño tan exuberante y nunca antes imaginado por mis más candentes deseos.
–Prepárame algo rico Alberto –me dijo mientras me señalaba con la cabeza el servibar bajo el mueble del televisor.
Preparé un par de tequilas, ya que es lo único que se preparar, no les voy a mentir. Y me senté en el sillón al lado izquierdo de Alicia. Estuvimos bebiendo un rato y platicando de cómo la habíamos pasado en el bar en donde habíamos estado hacía un par de horas. No sabía si era el momento de tomar la iniciativa o si esperar un poco más, yo estaba muy nervioso pero sabía que ella también lo estaba porque las pequeñas arrugas de su cuello y la parte inferior de su mandíbula revelaban la tensión que ella estaba sintiendo. En un momento comenzamos a contar chistes y luego dijo
–Prendamos la televisión –y se levantó para tomar el control que estaba sobre la cama. Pude ver la voluptuosidad de su generoso trasero al caminar e inclinarse un poco sobre la cama, lo cual hizo que una chispa me punzara para activar el origen de mi masculinidad. Se sentó a un lado y encendió el televisor. Así estuvimos observando la pantalla mientras continuábamos con su conversación. Enseguida regresamos a los chistes y me contó uno que se le había olvidado momentos antes. Nos reímos a carcajadas sin podernos contener y en eso repentinamente acercó su cara a la mía y me empezó a besar. Yo le correspondí y comenzamos a besarnos apasionadamente. En ese momento pude aspirar el aroma de su exquisito perfume.
Me incliné hasta quedar mi cabeza encima de ella y la seguí besando. Inmediatamente comencé a sentir ese rico sabor que te llega cuando besas una boca nueva. Nuestras lenguas juguetearon, se exploraron. Los dientes de su boca se cerraron un poco para aprisionar y frotar gentilmente mi lengua. Me levanté completamente del sillón y me arrodillé encima de ella para seguirla besando. Ella llevó sus manos por debajo de mi playera y comenzó a acariciar mi espalda mientras nuestras bocas se disfrutaban. Ella dejó escapar un gemido ahogado. Entonces trato de levantarse, cuando me retiré y ya estando ambos de pie continuamos besándonos mientras mis manos tocaban y se deslizaban bajo su corto cabello rubio pintado con luces, ahí justo en su nuca pude percibir la sedosidad y el exquisito aroma de su cabello.
Alicia levantó mi camisa para tratar de quitármela. Yo le ayudé y le pregunté
–¿Apago la luz?
–Ssi –dijo en voz baja con un tono anhelante.
Entonces fui con rapidez hacia los apagadores y la oscuridad nos cobijó. Sin embargo no quedamos completamente a ciegas, la luz azul-plata de la ciudad, que entraba por las ventanas que ocupaban la pared tras de nosotros nos iluminaba. Me acerqué y le ayudé a quitarse la blusa. Un sostén blanco con figuras de encaje protegía sus senos. La abrace y comencé a besarle el cuello y el lóbulo detrás de la oreja mientras mis manos se deslizaron sobre la suave piel de su espalda y ella a su vez hacia lo mismo con mi espalda. Luego de un momento dirigió sus manos a desabrochar con maestría el botón de mi pantalón y bajar la bragueta. De un tirón el pantalón se deslizó por mis piernas. Es chistoso pero me sentí vulnerable. Cuando le di una suave mordida detrás del lóbulo de la oreja derecha, soltó un gemido, que me excitó. Y entonces tomé el cierre en la parte de atrás de su pantalón, justo donde terminaba su espalda. Lo bajé y el pantalón se abrió. Entonces lo tomé de los lados y comencé a bajarlo, cosa que no fue fácil pues sus caderas lo sostenían muy bien, por lo que ella me ayudó y poco a poco fue bajando. No fue sino hasta que logró pasar de sus muslos cuando se deslizó sin problemas para quedar junto a mi pantalón entre sus pies enfundados en calcetines color amarillo-crema sobre la roja alfombra. La blanca “V” que formaba la prenda interior cubría su femineidad, solamente unas pequeñas tiras pasaban por encima de sus caderas dejándolas al descubierto. Deslicé mis manos sobre esas redondas y firmes caderas que eran de una tersidad riquísima como jamás he tocado otras.
Entonces la tomé de los hombros y la dirigí hacia la cama queen-size, haciendola dar dos pasos hacia atrás hasta que quedamos acostados. Me coloqué sobre ella y continuamos besándonos al tiempo que rodó por encima de mi. Mientras besaba la parte baja de su cuello, mis manos tomaron el seguro en su espalda para liberar el brassiere, que arroje al suelo. Dos turgentes pechos quedaron frente a mi. Inmediatamente me apoderé de ellos. Los sopesé, los hice míos. Los acaricié, los rocé con la punta de mis pulgares, los bese, los lamí, los succioné, mordí sus pezones que se pusieron rígidos al instante. Mi lengua se deslizo por sus areolas que comenzaban a ponerse duras al igual que los pezones por el paso de los años. Ella gimió. Y esos gemidos, ¡oh cielos! Sonaban de una manera que parecían provenir de una chica de dieciocho años. Yo no creí que una mujer de esa edad sonara como una chiquilla que está descubriendo los placeres de la carne.
Entonces se puso a horcajadas con su cabeza a la altura de mis boxers verdes y sujetó con sus manos mi miembro viril que ya salía ansioso por la abertura de la prenda. Lo cubrió con su boca. Comenzó a chuparlo y a mover el prepucio hacia arriba y hacia abajo con su cálida boca, mientras un gemido escapó de mi garganta. Así estuvo unos momentos, lamiendo mi pene, acariciándolo con su boca y su lengua como disfrutando de una deliciosa paleta de dulce. Eso hizo que unas oleadas de placer muy peculiares me recorrieran desde la espalda hasta los pies.
Entonces la atraje hacia mi y con mis manos comencé a bajarle los calzones y cuando quedaron fuera de mi alcance ella termino de sacárselos y los arrojó al piso, mientras yo hacía lo propio con los mios. Entonces me di la vuelta y me coloqué sobre ella, quien abrió sus piernas permitiendo que las mias se colocaran por debajo de sus muslos. Sus muslos rodearon mi cadera y mi pene quedó a unos escasos centímetros del delta de su sexo pero no avanzó más. Mientras mis rodillas se undieron en la cama y mis brazos pasaron por debajo de los suyos, mi boca encontró su boca para prodigarnos un ardiente y rápido beso. La sucesión de besos rápidos continuo, nuestras lenguas se tocaban por un breve instante y nuestros labios se escurrían unos con otros. Los besos tronaban, uno detrás de otro, como una sinfonía de amor. Entonces ella comenzó a decirme “ya, ya, ven”. Mientras yo con mi boca tome uno de sus senos y lo succioné. Ella arqueó la espalda en un espasmo de placer y dejó escapar un gemido. Con un movimiento rápido mis manos se apoderaron de las grandes curvas de sus caderas y entré en ella, suave pero con firmeza. Ella gimió nuevamente y comenzó a moverse como impulsada por una fuerza ajena a ella. Alicia gemía con cada uno de mis embates. Yo me moví siguiéndola en una danza de placer indecible que no puedo explicar y que solo al estar en una cama ardiente como aquella se puede experimentar tal grado de deleite. Alicia acercó su cabeza a mi oído.
–Asi, papito, ¿te acuerdas que cuando hablamos te dije que me llenaras de tu juventud?
Asentí con la cabeza y continué moviéndome para que mi miembro siguiera lamiendo el interior de su vagina, recorriéndola como dos piezas que ensamblan perfectamente y se mueven de manera sincronizada.
Ella gemía, con esos gemidos que no correspondían a su voz normal sino a los de una chica más joven como ya antes les dije. Me propuso cambiar de posición y yo me acosté boca arriba. Ella montó sobre mi y comenzó a cabalgar con un ritmo frenético. Pude ver una pequeña cicatriz en la parte baja de su abdomen, la cual era sin duda el rastro de alguna cesárea. Continuo subiendo y bajando sobre mi y luego estiró la parte superior de su cuerpo llevando sus manos hacia su cabeza para acariciarse el cabello y así cabalgó durante unos momentos, con sus ojos cerrados y una mueca de placer en su rostro. Su silueta estaba bordeada por la luz azul del televisor que estaba tras ella. Sin duda alguna era la imagen de una mujer plena, que gozaba de la libertad de serlo y de dejarse llevar por sus necesidades y deseos. Mientras yo me deleitaba viendo como sus tetas bailoteaban con su subir y bajar, y mis manos sobre sus caderas controlaban la velocidad de ella. ¡caray! Cómo desee en ese momento que mis manos fueran mucho más grandes.
–¡Oh por Dios! –exclamó Alicia– así bebé, así, si aayy –al tiempo que gemía con su boca totalmente abierta y las aletas de la nariz expandidas, mientras sus ojos entrecerrados miraban hacia alguna otra dimensión y su cabeza giraba sobre su cuello sin control alguno. Fue cuando tome sus pechos con las manos y levante la cabeza para besarlos alternadamente.
Yo podía escuchar el chaz chaz chaz de su vagina conectándose y desconectándose a toda velocidad en mi falo. Súbitamente, Alicia comenzó a mover sus caderas de una forma cadenciosa como trazando ochos acostados. Eso me excitó de manera tremenda que estuve a punto de ceder el control.
–¿te gusta pap…. –iba a preguntarme cuando el sonido de su teléfono celular nos interrumpió.
Alicia se levantó y dio la media vuelta para dirigirse hacia su bolso que reposaba en el sillón.
–Ha de ser Gustavo –me dijo en voz baja. Mientras yo veía como su gran trasero se inclinaba hacia atrás al estar ella extrayendo el celular de su bolsa de mano. Entonces se incorporó y con un movimiento de la cabeza echo los cabellos que le tapaban la frente hacia atrás mientras desdoblaba el pequeño teléfono.
–Hola mi amor ¿cómo estás? –dijo con voz dulce al pequeño aparato. Luego de una pausa contestó a la pregunta que le hizo Gustavo, su esposo.
–Es que me estaba bañando ¿tú crees? Y ahorita corrí para alcanzar a contestarte ¿y tú cómo estás? –luego siguió una pausa–. Ajá, si, bien, todo bien, todos muy amables, mañana voy a hablar con los ejecutivos de marketing a ver si aceptan mi propuesta, pero espero que si ¿Y los niños? –otra pausa breve–. Ah que bueno, si pues están cansados…..ay si muy cansada –otra pausa–. Ah si espérame un momentito vida déjame te lo paso ¿ya cenaste? –y se inclinó nuevamente hacia su bolsa para buscar algo. No podía yo soportar la imagen de ese corazón carnoso y firme hecho de un par de nalgas inclinándose hacia mi otra vez mientras me conformaba con observarlas tendido en la cama. Cuando Alicia se incorporó con el papel que buscaba en su mano derecha, dejó salir un leve gemido casi como un soplo de aire saliendo de su boca, porque sintió como mis manos la tomaban de sus caderas por detrás obligándola a sentarse de espaldas encima de mi pene.

Continuará…

Parte II

Asi como estaba Alicia encima de mi, la “ataqué” dos veces empujando hacia arriba despació mientras ella trataba de dictar una serie de números. No pude ver su rostro pero estoy seguro que luchó por contenerse y subitamente se levantó, fingió toser y continuó dictando. Tendría que esperar un poco para reanudar la actividad con ella. En eso me vino a la mente cuando la conocí en un chat, y sorpresivamente no había sido un chat de sexo, sino uno de aficionados a la natación. Después de ahí, nos escribíamos cada que podíamos y así duramos unos ocho meses quizás, y no se en que momento fue cuando nuestra relación paso de la amistad a una amistad más cercana. Quizás no hubo un momento en particular y todo se fue dando gradualmente. Intercambiamos nuestras fotos. La encontré bastante atractiva, un poco llenita pero de bonito cuerpo. Me llamó por teléfono un par de ocasiones y recuerdo un día en que estábamos chateando que comentó algo que había escuchado decir sobre que el sémen de hombre era bueno para el cabello y yo me ofrecí a suministrárselo a lo que ella aceptó y le pregunté cuando y me dijo que cuando quisiera ir yo a su ciudad porque yo era el proveedor del producto. Y así continuamos con otras insinuaciones cada vez más subidas de tono y terminamos teniendo sexo virtual y ya en medio del fuego ardiente de aquella plática en que nos encontrábamos recuerdo que escribió una exclamación suplicante “Oh Alberto ven, ven lo más pronto que puedas”. Eso me encendió hasta el extremo.
Ya hablando más tranquilos en una siguiente ocasión me dijo que por su trabajo de consultora ella salía seguido para la Ciudad de México y a otros lados y que lo más fácil sería vernos en alguna de las ocasiones en que ella viniera para acá. Así que por fin llegó la fecha y ella finalmente vino. Hacía tan solo 24 horas antes ella me había llamado diciéndome que llegaría el lunes por la noche y que el martes por la tarde nos conoceríamos. Finalmente recibí un mensaje ese martes a media mañana mientras me encontraba en clase. “Hola bebé, te veo en el Wings de Reforma a las 4:30. Voy de traje amarillo no te vayas a espantar al verme”. Llegué y ahí estaba ella sentada con su traje amarillo claro y unos lentes en la parte superior de la cabeza. Le hice señas con la mano, se levantó de la silla y me hizo señas para que fuera hacia donde estaba ella. Entonces al verla en vivo me dije “yo si me como a esta mujer”. Y todo el nerviosismo y la tensión que antes llevaba se esfumaron al instante. De ahí fuimos a un dar un paseo por la zona rosa y entramos a un bar. Toda la tarde la inquietud de saber como sería estar entre las sábanas con esa chica rondó mi cabeza.
Y al fin cinco horas después de habernos conocido en vivo, ahí estaba yo sentado viéndola desnuda de espaldas a mi hablando con su marido con quien juegueteaba picaramente al teléfono y unos instantes después despedía.
-Si, yo también te amo, bye –colgó y puso el teléfono sobre el sillón donde hacía unos minutos estábamos sentados–. Perdón, las obligaciones de esposa –dijo al tiempo que subía los hombros. Y se subió a la cama. Yo aproveché que Alicia estaba en cuatro al ir acomodándose en la cama y la jalé para atraerla hacia mi entonces la penetré por detrás. Sujeté firmemente sus caderas y al jalarla hacia mi hice chocar su suave trasero contra la parte baja de mi abdomen una y otra vez mientras las ondas de movimiento hacían vibrar sus carnes yendo desde sus abundantes nalgas recorriendo como olas de carne toda su espalda hasta hacer a sus tetas sacudirse.
–¡oooh, ooohhh así así! ¡mmmmñññ que rico! Siiiii mmmmmmm…mmmmm.. mmm…papi
Asi estuvimos durante unos instantes donde las oleadas de placer se apoderaron de mi y por sus movimientos y lenguaje corporal constaté que también la delicia recorría su ardiente cuerpo.
–Vamos a cambiar bebé –me dijo, luchando por hablár en medio de su agitada respiración.
Entonces se tendió apoyada sobre su costado derecho y me dijo “acuéstate detrás de mi”. Yo obedecí su petición y me acosté. Levanté su pierna izquierda y la sostuve con mi brazo izquierdo para que mi pene tuviera acceso a su entrada. Ella me ayudó guiándolo con su mano hasta que embonó con suavidad en ese cálido interior. Comencé a moverme con fuerza y estiré mis manos para tomar sus tersos pechos. Acerque mi cabeza y mordisquee su oreja izquierda. Nuevamente percibí el delicioso aroma de su cabello que complementó el deleite de mis sentidos. Estuvimos tal vez un minuto haciéndolo en esa posición.
–Quiero terminar contigo arriba, ven ya –me pidió. Pero yo no podía dejar ir esas suculentas nalgas con las que mis piernas y mi abdomen hacían contacto en cada embestida, así que le prodigué una buena serie de entradas y salidas adicionales antes de retirarme y acomodarme encima de ella. Cuando estuvimos frente a frente me miró a los ojos con una mirada embelesada y dulce que me impulsó a besarla apasionadamente mientras mi cuerpo se conectaba con el de ella y nos volvíamos uno mismo.
Sus manos acariciaban mis cabellos y mi espalda mientras las mías recorrían sus brazos y sus piernas. Nuestros cuerpos comenzaron a hacer la transición de un movimiento lento a un movimiento gradualmente más rápido. Sus manos sujetaron mis nalgas fuertemente. Y así continuamos amándonos más rápido al tiempo que yo consentía a sus pechos con toda mi boca, haciéndola retorcerse como resultado de aquella extasiante tortura. Y gemía en un tono más alto, con aquel tono de una chiquilla, que me había conocido en persona unas horas antes y que ahora estaba conmigo en una cama ardiente “mmmm” que vibraba y vibraba y vibraba, “así, así así” más y más rápido “ooh, ooh oohh”, y que su cuerpo era ahora mío y yo lo tenía “que rico papí, papí, esto rico ees” y sus labios y sus tetas coronadas con dos puntas de carne que bailaban “mmm si, si” y sus caderas “oooh bebé si dame así”, oh cielos sus caderas “aaahh cojéeme”, y sus piernas y su piernas “asi asi asi asi asi si si” y sus carnes y toda la habitación dando vueltas “si, aaahhjjj ahhhjjj aahhhjj” y el mundo fundiéndose en ese momento alrededor de nosotros dos al tiempo que llegaba el extásis máximo que jamás habíamos gozado y que se coronaba con un grito de ella “aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh” mientras nos contorsionábamos colmados de un instante de plena delectación que precede a la liberación de la tensión del cuerpo y al cansancio satisfecho que experimentan los amantes al haber consumado su rito supremo.
Nos quedamos acostados cubiertos por una sabana, abrazados y con las piernas entrelazadas, platicando de los tiempos que habíamos vivido respectivamente, de cómo había sido nuestro pasado y nuestras expectativas de la vida. Me di cuenta que era una mujer que de alguna manera necesitaba sentirse liberada, revitalizada y validada teniendo un encuentro con un muchacho mucho más joven como yo. Estudiamos nuestros rostros y nuestras manos lentamente y así estuvimos durante varios minutos, no se cuantos, tal vez quince, tal vez treinta.
Luego me levante, me di un baño y me vestí. Cuando salí ella llevaba puesta una bata blanca. Nos besamos y le dije “nos vemos, cuidate mucho” y acaricié sus cabellos. “suerte” me contestó con una sonrisa que la hacia ver simple y sencillamente maravillosa. Me di la media vuelta y salí de aquella habitación para tomar el ascensor que me llevaría a la planta baja y así salí para perderme en la oscuridad de la vieja noche con el corazón lleno de gozo.

Augusto Romo

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*