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Acariciando un hermoso culo

Mi relato es simple, llegué a mi trabajo, como todos los días, yo trabajo en la zona de hospitales y en esa ocasión ya iba algo caliente, ya que con la ayuda de mi espejo mágico le estaba viendo los calzones a una señora que se había sentado en el asiento de atrás; ella iba dormitando y sus piernas, que aún estaban bien formadas se abrieron, ella puso su bolso para que los que van de pie no la pudieran pillar, pero ignoraba que alguien la iba mirando desde la parte de abajo; era un travieso calzón el cual se adornaba con encaje en la parte frontal, el cual se asomaba tímidamente, como si supiera que lo veía.

En esa ocasión me pasé todo el día pensando en aquella imagen que mi espejo reflejaba y en el increíble pulso que ya he desarrollado para sujetar mi herramienta de trabajo y no perder detalle.

A la salida me decidí a buscar a una nueva víctima para mi espejo, gasté cerca de 30 pesos en andar de pesero en pesero sin poder hallar que ver; mis mejillas se sentían calientes, señal de que me encuentro excitado, finalmente llegué a Barranca del muerto, que es la ruta que tomo para llegar a casa; al subir al pesero, una mujer había abordado antes que yo, confieso que lo único que me interesó ver fue su culo, firme, cubierto por la tela de un pantalón liso que le ajustaba en forma excelente; “¡vaya!, qué delicia” pensé, pero terminé pasando primero porque parecía que no tenía cambio, ella hurgaba en su monedero y llegó un momento en que pensé que se bajaría, pero casi en seguida se pasó al fondo, donde yo me encontraba y se colocó a espaldas mías.

Yo miraba su trasero por el rabillo del ojo, y mientras el pesado vehículo se movía por los baches ese par de nalgas me invitaban con su rítmico movimiento a que las acariciara; por lo que pasé mi morral hacia el lado izquierdo, para poder posar mi mano al final de ella y ver si podía rozarla.

Por unos instantes la rocé, sin ver que ella hiciera movimiento alguno; cada contacto que tenía con alguna de sus redondas nalgas sentía cómo mi miembro comenzaba a erectarse. Por lo que decidí extender la mano para poder palparla mejor; aquello fue algo increíble, algo así como en una ocasión en que iba tocándole las nalgas a una niña de sucundaria, de esas niñas que se ve que son cachóndas,¿alguna ocasión lo han hecho? El sentir unas nalguitas así es lo mejor que puede suceder, ella se frotaba en mi mano y hasta creí sentir su blanca falda húmeda; pero justo cuando se la alcé para corroborar lo que sospechaba, una mirona que iba sentada le habló a su amiga, quien estaba de pie para que le dijera lo que yo le iba haciéndo, ambas se quitaron y ya no pude seguir.

Pero en esta ocasión no hubo quien interrumpiera, yo tenía mi mano sobre el redondo contorno de ese trasero, al principio me acerqué poco, pero después ya sentía cuando aquella mujer se balanceaba por el movimiento mismo del vehículo; cuando me di cuenta, mi dedo medio estaba sobre aquel lugar, donde se hace más notable la división de las nalgas y colinda con la entrepierna, comencé a masajearla de abajo a arriba, suavemente, y ella no decía ni hacía nada, se me ocurrió entonces algo totalmente descabellado: tratar de meter mi mano dentro de su pantalón. Pero, bueno, una cosa es pensar un sin fin de perversiones cuando te vienes torteando a alguien y otra muy, pero muy distinta es realizarlas, así que quedó sólo en pensamientos.

Así me fui gran parte del camino, acariciando a ese hermoso trasero que parecía pedírmelo a gritos, cuando ella se dirigió a la puerta para descender, por que ya había llegado a su destino; fue en ése momento cuando pude ver su rostro, una mujer de unos 60 años, pero con el culo aún firme; rayos, ¡cómo me gustaría volver a encontrarla para volverla a acariciar!, tal vez le pida su nombre para dedicarle cada masturbación que me haga.

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