Archivo por meses: febrero 2016

Once A

Malena mira en el recuerdo la boca que mueve la lengua. Aun estando sola baja la vista, evitando encontrar esos ojos que se abren y la ven. No la miran porque son ojos que no invitan. La ven porque en una fracción invaden hasta lo más sólido de su vergüenza. Pero los ojos lo saben y ella lo intuye, entonces la mirada se cierra mojada y en ese simulado descuido protege sus ganas de volver a mirar.

Es increíble que mi mamá, de alguna forma, ojalá supiese cual, también intuya desde la nada cuando estoy así, cuando llego así. Se me pone a hablar o me pregunta estupideces, como si quisiera sujetar mi cabeza y ocuparla con toda su voz.

– ¡Malena, tenías que sacar!…-
-¡Sí!… ¡sí!… ¿Qué?.-

Las palabras no suenan en la boca de su madre pero en la sordera de Malena arrancan el olor de esos ojos, que llegan primero a la nariz para secarse después en toda su cara. Se levanta y camina frotándose la mejilla en el hombro, como reteniendo en el olor la claridad de la imagen. Un reojo vuela hacia la cocina. La madre la mira. Ella no. Piensa: quiero estar sola.

– Voy a dormir un rato. –
– Bueno. Te levanto cuando… –

Pone llave, deja la luz apagada, su cuerpo vuelve al once; enciende el ventilador y se tira en su viejo silloncito de infancia. El tapizado proyecta una fila de animalitos que se miman y se besan. Siempre en pareja, macho y hembra, siempre de a dos.

– Te pasaste un piso Male. ¿Venís de tu clase de armónica?.
– No, tendría que haber ido. Bah … estar ahora allá, no sé.
– Estábamos durmiendo una siesta. A esta hora nos podemos tirar un rato. Ya sabías, ¿no?.-
– Sí.-
– Pasa, dame la mano. ¡Mambrú!.

Las pupilas se adaptan a su nueva luz ocre y en el disfrute de ese período ella reconoce lentamente su cuarto. No se detiene en el bruto desnudo de los objetos sino en la vulgaridad cotidiana que los cubre. Podría cerrar los ojos y enumerar cada línea que atraviesa el colorido cuadrille de su acolchado, cuantos muñecos de madera flotan en su repisita de libros pardos, el orden idílico de las fotos que fueron empapelando el placard, las carpetas y las paredes de su nido; cual remera cuelga hoy de la butaca y que bombacha se enrolla en los bordes para llenarse de polvo en el suelo, a los pies de la cama. Sabe que descansa sobre las jirafas que se aman por el cuello, los hipopótamos echados trompa con trompa y los monos que sonríen abiertos bajo la casta melancolía de los elefantes. Encoge una pierna apoyando el pie en el sillón y con la rodilla de base al mentón logra distinguir el abrazo de los delfines.

Me gusta adivinar arriba de quien estoy sentada. Apuesto cosas, no sé; hoy me llama, mañana no me toman. Después me asomo para saber si gané, si perdí o empaté. Por lo general gano. Me corro sin darme cuenta y ya está, gané. A veces es muy obvio ya que no adiviné ninguno, entonces me hago bien la boluda y enojada me dejo empatar. Esta bien me digo a mi misma… listo tenés razón, eran pajaritos y no vaquitas. Igual nunca pierdo. Al menos sola y a oscuras, nunca pierdo.

Por un instante endurece la frente evitando que se la trague el hueco que succiona desde la nuca. Inclina la cabeza hacia un costado y el hoyo arrastra una carpa donde las cosas se entorpecen con la tela. Pasan tan rápido que no las puede ni ver. Solo cuando la pieza queda pelada alcanza a distinguir un trapecio que le sirve de tapón. Lo introduce raspando la cervical y cuando el bastón llega al límite la succión se corta. Junta saliva y se lame la rodilla. Se moja la cara con la piel y se huele y se seca… y se vuelve a lamer… y se huele y se seca. El cuarto se le hace tan chico que lo atraviesa por la ventana de sus dedos. Es ella quien ahora busca en el vacío los ojos que la ven. A la mujer que hace algunas horas le besaba el cuello dejando en su nuca un pozo agujereado y hueco.

– ¡Malena!. Que sorpresa, hoy te vimos a la mañana y como no saludaste pensamos que estabas enojada, que te había caído mal la invitación de la otra vez.-
– No, es que venía con mi vieja y me puse nerviosa.-
– Sabes que este guacho me hacía mimitos y hablaba de vos, y justo tocaste el timbre.-
– Dame un beso pitonisa… vení.

Me desespera no ver, pero también me gusta por eso lo hago. Me gusta sentirme la rodilla mojada y el airecito del ventilador cuando pasa. Me gusta tener puesta la bermuda de mi hermano, es ancha y mi mano pasa cómoda y siento como si no fuese yo la que me tocase. Pienso en los dedos de alguien, no hay caras ni cuerpos. Una vez escuche a Fico decirle a mi hermano que se pintaba las uñas de rojo para hacerse una paja. Me gusta empezar así, con mi mano de otro acariciándome el flejecito entre la pierna y mi concha.

Durante cinco mil minutos no paran de besarse. Malena no mira, quiere pero no puede. Escucha como si procurasen despegarse una bola de caramelos masticables del paladar. Ha perdido la sensibilidad del tiempo y asimila la geografía cuando se cubre de ella; sin embargo la esencia penetra con la misma destilación que suponía: tardar en descubrir su proyección al borde de la cama y no controlar sus pies, que intentan abrir en el golpeteo del piso el techo de su cuarto.

– ¿Estas bien Male?. Sabés que de chica cuando rompía algo, o se me caía algo, o hacía cosas que creía que estaban mal, me ponía a mover todos los dedos hasta darme cuenta de que no tenía ganas de hacer eso. Yo había tenido ganas de romper, de patear a la vieja que manoseaba mi cara, de tocar a mi prima, no sé… sí sé, tenía muchas ganas.-
– Yo tengo ganas de estar acá.-

La mujer le besa el hombro. Son besos cerraditos pero gruesos como si mimase la espaldita de un bebé. La mujer tiene pelo corto, teñido de un caoba extrañamente chisposo, su nariz tironea de la boca levantando apenas el labio superior. En la siesta viste siempre de camisones color lagarto; todos y todo esconde en ella un barroco ilustrado. Sus pómulos se tallan por vida y flacura mientras que su mirada ancha rejuvenece la lenta erección de su marido. Para él estos ojos esconden el sentido de olvidarla por un rato. Llega la hora de su patoncita, su brotecito de arvejas, su palomita de cornisa, su iguanita afiebrada de ojos dulce de leche. Llega la hora de jugar.

Malena progresa en rigidez, acaso la inmovilidad le sugiere un tráfico sexual distinto. La mujer repliega la cara y en un movimiento brusco se llena la boca con los dedos curtidos de su Mambrú. Mambrú es casi un anciano de cincuenta y tantos para Malena. Es extremadamente rollizo y aunque la barba aliviane sus rasgos, los pliegues que brotan del cuerpo le endurecen por completo el visaje. Ahora la mira y con la palabra arrastrada se dirige a su copita de curacao. Malena no alcanza a escuchar. Siente un desequilibrio visual casi imperceptible para el oído. El viejo enloquece con la postal: su mujer besando a una nena. La retiene una y otra vez, las cejas se le fruncen hasta casi taparle los ojos. No quiere aligerar el placer del paisaje: es casi inevitable.

– ¿Por qué no le sacas la ropita mi amor?…me parece que le raspa un poquito… ¿no Malenita?.-
– ¿La ropa?-
-No le hagas caso Male. ¿Querés sacarme el camisón?. Tengo los pezones reduros. ¿Me los querés ver?. Si siguen creciendo me van a romper el corpiño.-

Los latidos carretean hasta el cuello y la presión es tan fuerte que los labios se muerden para camuflar el sismo. Una humedad de pecho embarrado y un nudo seco en la concha. La garganta áspera no le permite decir palabra. Tampoco lo intenta. Cabecea en círculo pidiendo. Se muere de ganas y de miedo. Una sorda taquicardia anula el cuerpo que no encaja en su mirada. La precaria y novedosa sensación de ser una masa de bloques, cada uno con autonomía propia, apilados pero sin integridad. Un zumbido le quema el tímpano; piensa: estarán hablando mal de mi… estarán hablando mal de mi… estarán hablan… el eco se le hace insoportable y trata de pensar en cosas desconocidas, que no se llamen, que no pueda nombrar. Una carilla del diccionario se le clava en la M y las palabras le taladran el cerebro. Aprieta las sienes buscando cesar en una foto: una obra de Chagall, un monotipo, “Desnudo, amarillo y fauno”. La tiene, la despliega como una sábana cubriendo los temblores del primer plano. Es el mayor y mejor esfuerzo que hizo en toda su vida. Allá atrás, flotan en un susurro las definiciones: montacargas… aparato que transporta verticalmente… monte… tierra sin roturar…, se pierden suaves, sin rencores desaparecen por la rejilla del oído. Malena se relaja y en la dulzura del desconcierto quiebra los dedos para desabrochar el corpiño.

-Mira como están estos pezones Male, me van a explotar. Los tengo un poquito secos… ¿sabés?. ¿Querés que los mojemos juntas?-

Me acuerdo y me da miedo. ¿Cómo pude tocarles el timbre?. ¿Qué cara voy a poner cuando me los encuentre con mis papás?. Cuando me los cruce en el ascensor. Me quiero matar. Cuando bajen un rato a tomar algo y el viejo hable del trabajo con papá, y la mujer se ría con esas tetas; y yo que no voy a poder dejar de mirárselas. ¿Qué hago?. No salgo del cuarto. No, es cualquiera. No estoy, me voy… no sé. ¿Ellos no estarán pensando lo mismo?. Con las guasadas que dijo el viejo no tendrían ni que salir de la casa. Que pija que tiene. La cabeza es enorme, se estiraba la pielcita y me apuntaba agitando cada vez más rápido. Si me la metía me partía. ¿Fico la tendrá chica?, no sé, es la única que conozco. Curtimos una vez sola, vino a buscar a mi hermano que no estaba, él sabía que no estaba, yo sabía que iba a venir. Estábamos mirando tele y nos reíamos no sé de que boludez; empezamos a transar mal, así de la nada. Después nunca más, le hice un par de pajas pero apurados y a escondidas, una vez arrinconados en el balcón, mi hermano se había quedado dormido escuchando el partido, hacía un frío horrible. La segunda en un baño, era una fiesta en una casa y yo estaba reborracha, me acuerdo de los dos acostados en el inodoro, no sé como, es imposible pero tengo el recuerdo de estar acostada. Estoy remojada, ¡puta madre! ahora estoy recaliente. Al viejo se la agarré y era como un garrote, hirviendo, tenía un olor tan fuerte que la boca se me iba sola. A Fico le quiero ver la cara cuando acaba, quiero mirar como le salta la leche. Nunca pude ni puedo, siempre me mete la lengua hasta la campanilla y la deja paralizada mientras gime sacudiéndose todo. El airecito del ventilador me vuelve loca. Me gusta ponerlo cerquita y sentir que me sopla cuando pasa. La cara del viejo se transformaba, decía cosas todo el tiempo, me dan ganas de tocarme, de mostrarle como sé tocarme. Hay viene el vientito de nuevo. Soplame así Fico, dale… dejáme verte esa carita.

Sola en la pieza Malena se saca la bermuda y la huele. Siente su concha confundida en los olores de su hermano. Arquea la espalda y se baja la bombacha a la altura de los tobillos, apoya una mano en la panza y con la otra se sube la remera sin descubrirse los pezones. Levanta una pierna y la cuelga en el apoya brazos del sillón. Sacude la otra dejando caer la bombacha y con la planta del pie la arroja sin fuerza hacia donde vaya. Prende su velador mandarina y se reconoce en el largo y angosto espejo que cubre la vejez del empapelado. Se mira sin mirarse a los ojos, la sombra se dilata creciendo en luz por la curva final de sus tetas; las acaricia como si apenas le picasen. En la cocina unos platos chocan y la madre carajea. El sonido es tan lejano que Malena baja la mano y en un respiro largo empieza a tocarse.

Me calienta mirarme las tetas en el espejo. Me gustan así, como si se escapasen de la remera sin que yo me de cuenta. Cuando vienen los amigos de mi hermano y se ponen a hablar en el comedor, fumados y chupados como bestias antes de salir, yo dejo entornada la puerta de mi pieza, primero para saber lo que dicen y segundo para escuchar cuando alguno de ellos viene al baño. Me hago la tonta y salgo con la remerita ajustada, los pezones se me renotan, me pinchan por el amarillito de la remera. Saludo y me meto en el cuarto de mi vieja como buscando algo. Me encanta imaginar que mientras mean están pensando en mi con unas ganas terribles de ponérmela. Fico es divino, se hace el duro pero es retímido, vive poniéndose colorado, cuando estamos juntos tiene más vergüenza él que yo. El vikingo es el más guaso de todos, mide como dos metros y se acomoda los huevos todo el día. El hijo de puta se mete la mano por adentro del pantalón y después se filtra los dedos en la nariz con un placer terrible. Siempre lo escucho decir que se quiere garchar una pendejita con tetas grandes y duras. Como tu hermanita le dice el grasa a mi hermano.
-Como me gustaría verle esos ojitos azules con todo este caño en la boca.-

– ¡Callate gordo!. Porque no te comés esta y te llenas de merengue toda esa cara de torta que tenés.- le grita mi hermano reloco.
– ¡Uy!…sii… sentadita acá arriba y yo amarrándole la colita con una mano y la guacha que me dice: me duele un poquito Viko… ¡ay!… me gusta igual… la tenes redura. Sí bebé, ¡sí!.-

Todos se ríen y yo me imagino abajo del vikingo, mojándome las dos manos con la cola transpirada, empujando, me mira y empujo y siento que me abre, la panza cerosa que se aprieta contra mí clavándome como un animal. ¿La tendrá grande como el viejo?. No creo. Además el viejo es un señor degenerado, no se rasca los huevos, se manosea la pija tan bien que me da ganas de tener una para poder tocármela así. Así… así Vikingo… agarrame la cola… estás todo saladito… así.

Sobre la cabecera de la cama el viejo juega con los dedos en la boca de la pitonisa hasta sentir la palma de la mano empapada en saliva. Espera impaciente la mirada de Malena y en el instante en que la encuentra la devuelve enteramente vacía. Ella mantiene fija la invitación de esos ojos que no la ven. Entonces el viejo se agarra la pija y se la moja de arriba hacia abajo, se pajea con una belicosidad tan desagradable que a Malena le tienta.

– ¡Te encanta patoncita eh!… te encanta chuparme la mano con todo este gusto a pija… –
-Es que se te pega toda a los dedos… ¡ay!… ¡mm!… te la voy a comer toda.-
-¿Querés que la nena te vea con toda la pija en la lengua?… ¡eh!… mira como te mira.-

La pitonisa se acerca al viejo y le pasa el pezón desde los huevos hasta la punta de la pija. Lo frota suave y se lo muestra, después lo lleva tibio a la boca y lo babea para volver a pasarlo. El viejo holgado murmura como con arena entre las muelas. La patona sonríe con los dientes calientes. Malena queda por un momento excluida del código interno, duerme la vista y se hace tan chiquitita que ni ella puede verse. Un llanto le camina por el cuerpo y se monta sin resistencia a cualquier despedida. Cuando despierta la mirada, las tetas de la pitonisa rozan el aire que se fastidia contaminado por el olor que derraman sus pezones. Malena abre la boca hasta donde su libertad lo permite.

– ¡Uy!… que besito me estás dando. ¿Te querés quedar un ratito ahí?, como cuando eras más chiquita y se las comías llenas de leche a mamá… ¿eh?… sí… viste que grande que son mis tetas… ¡aay!… mirame… quiero verte con todo el pezón en la boca. Viste que los tengo como bañaditos en aceite. ¡Uy!… le pasas la lengüita toda tímida… ¿tengo mucho gusto a pija no?.-
– ¿Te gusta?.-
– Así me gusta más, mirame la lengua… así, vení a chuparla conmigo.-
– ¿Así por abajo?… besitos por acá.-
– Sí… ¡ay! sí, ¿querés venir acá Mambrú?.-
Malena escucha el elástico de la cama y toma distancia repentinamente.
– ¿Querés que sigamos nosotras dos nada más?. Vení… volvé que estoy solita jugando con mis tetas. Vení… ¡ay mojame!… mojame que se la paso por toda la pija. Mirale la carita, mira como se la esta tocando solito. ¿Querés que te ayudemos?.-
– Por favor.-
– ¡Espera!… ¡ay!, ¡ay! que hermosa… no sabés que bien me está chupando esta nena las tetas.-
– Vengan acá.-
-Te voy a sacar esta remerita Male… ¿querés?… la tenés toda pegada al cuerpo, estás toda transpiradita. Te va hacer mal quedarte así. Te podes resfriar, después te doy un bañito sabés.

Me daba un poco de asco sentirla tan melosa; me agarraba la cintura con un amor tan vicioso que me causaba rechazo. Tenía las uñas comidas y los dedos bien flaquitos. La mesita de luz era una montaña de aros, pulseras y anillos. Igual me encantan las uñas comidas. El Vikingo también se come las uñas, esa mano mocha apretándome la espalda, me lo imagino con la cara desorbitada… me calienta esas ganas que tiene de darme. El viejo estaba desesperado por cogerme, cuando la pitonisa me sacó la remera empezó a tocarse con todo mientras me decía que se la mire. La mujer me acariciaba las axilas y los dos me fulminaban con la vista las tetas. Yo no hablaba nada, ellos no paraban de murmurar cosas. Era como escuchar lo que jamás iba a decir. Escuchar en ellos lo que yo también pensaba. No me gustó porque no sonaba como en mi cabeza, toda palabra estaba poseída por la misma entonación grasa del Vikingo. Puedo oírlo sin que hable, puedo sentirlo abotonado sin querer despegarme de su pija ni por un minuto.

El viejo sacude una pierna al ritmo discontinuo de la mano. La aprieta fuerte y soplando en una especie de quejido se la mira: dura, gorda y venosa. Malena vuelve a cerrar los ojos perdiendo en los besos de la pitonisa la identidad del goce.

-Te puedo lavar así la carita. Tenés todo el pecho mojadito. Acá en medio de las tetas… dejame darte unos besitos. Sabés que sos una nena con las tetas muy grandes. ¿Querés que sea la amiguita envidiosa que te las toca?.-
-¿Me las vas a chupar?…-
-Si no querés no, me muero de ganas pero si no querés muevo los dedos hasta que me dejes.-
– Me da un poco de cosa, no sé… puedo darte besos yo… tengo ganas.-
-Sí mi bomboncito. Ya me comiste todas las tetas, tenés ganas de seguir por acá… toda la pancita. Me voy a poner así… vení, vení.-

La mujer se tira hacia atrás apoyando la cabeza sobre la pija del gordo. Se abre de piernas y con las dos manos se golpea el pubis incitando a Malena, como si fuese un perrito que va a sacar con su lengua todo el gusto que guarda en la concha.

– ¡Estoy empapada Male!, me siento como una nenita con mucha vergüenza. ¿Querés ver como me hacés tocar?… mira… ¡ay mira!, mira como la haces tocar a esta nenita… ¡ay! tengo los dedos regomosos.-

Detrás de Malena una pintura descentrada ocupa el centro de la pared. La mano de la pitonisa resbala por su cara cercando con su olor el pequeño territorio. La boca se fertiliza y Malena deja crecer la lengua que lava de saliva los dedos untados en flujo. Un flujo contagiado de sexo y de sexos, una distancia irreconocible para una nena que aun moja sus labios con una impersonal transparencia.

– ¡Como me calentás pendeja!. Te puedo llevar con los dedos así. Vení, querés jugar con mi clítoris un poquito, ¡vení!… vení.-

Malena se deja traer como perforada por un anzuelo, la imagen de la concha a medio centímetro de su ojo le produce una repulsión irresistible, tan irremplazable que la lengua se deshace de la mano y se hunde en la lascivia del gusto. Malena tiene rulos hasta la mitad de la espalda, el azul de su mirada no despide la rabiosa espuma de la ola; un antojo de ciruelas oscurece parte de su brazo, es bajita y camina como si una estaca atravesara sin dolor su cadera. Las amigas le dicen Carlita porque se parece a la chica que se tatúa el ombligo en una publicidad de toallitas femeninas. Ahora en su cuarto los ojos excitados se le atan a la nuca, resbala por el sillón acercándose en diagonal al ventilador, la pierna continúa trepada del apoya brazos, no apuesta nada pero tiene la certeza de estar humedeciendo el noviazgo de los caracoles. Deja por un momento de tocarse apaciguando la velocidad a la que corren sus diapositivas; se huele la mano reconociendo su calentura. Vuelve a tocarse: esta vez los dedos son más agresivos y las imágenes ya no golpean como destellos, sino que se hacen pasivas, se quedan, se desarrollan logrando una consistencia mucho más activa. Su cabeza viaja lenta en el gesto de la patona: una mueca velada por el placer. Estaciona su paja en esa cara, le regala la totalidad del frote; ningún Vikingo, ningún Fico, ningún pasaje de ningún pasajero se estrella en la escena para sumarse a un repertorio enriquecido. La mujer nenita se abre con los dedos y pega el clítoris a la lengua de Malena. Un almíbar tibio baja por la garganta. Traga… Malena por primera vez, traga.

– ¡Mira como me come la concha!. Te gusta mi juguito, somos dos amiguitas que nos gustamos mucho… ¡ay! ¿querés que te la abra un poquito más?.-
– Por favor vení, quiero que me chupes la pija.-
– ¿No podes más mi amor?…ay… ¡ay! ¿esta tan rica Male que me la comés así?.-
– ¡Estoy recaliente!, le preguntás a tu amiga si no quiere cogerme.-
– ¡Malena para… eh!, ¡ay! para un poquito… por favor me vas hacer acabar si me la seguís chupando así.-
– ¡Le vas a llenar de lechita la boca!… sí, ¡sii!…así con toda mi pija en tu cara.-
– ¡Te voy acabar Male!, ¡decile a mi amiguita que me deje!…¡ay, ay te voy a bañar por favor!…¡ay!, ¡ay! querés escuchar a tu compañerita acabar… ¡eh!, decime ¿querés que te acabe toda la lengua?.-
-Acabame.-
– Acaba mi amor, dale… dale llenala de airecito, te quiero escuchar.-
– Me dejas, sii… ay, ¡ay! ¡uh!, ay ¡uh!… ¡te voy a entregar la concha nena!… ¿la querés?…¡ay! toma… así… toma mi concha… toma, ¡uh!, ¡uh!, ¡ay!, ¡ay!.
– Como le apretás la lengua… la vas a ahogar, querés que no se te escape… movete así… dale… ¡así!… ¡dale mi amor!.
– ¡¿Puedo?!, ¡¿Me dejas?!… ¡ay!… ¡¡no aguanto más!!… ¡ah!, ¡ah!, ¡¡ay!!, ¡¡ay!!, ¡¡ah!!… ¡te estoy acabando toda la boca pendeja!… ¡ah!, ¡uh!, ¡ay!, ¡ah!… ¡oh!, ¡oh!… ¡umm!, ¡oh!, ¡uff!, uf, uf…

La patona cierra los ojos y con los pies en punta se deja alisar por un instante la sangre. Malena arrodillada al borde de la cama y con los labios abultados, observa la aspereza del viejo que agita en su propio manoseo el letargo de su mujer. El gordo estira la mano con la que se toca dejando caer la pija sobre el pelo de su mujer. Malena también estira su mano pero sin ganas de ser llevada, simplemente quiere sentir al tacto el extracto de esos dedos. Se quedan un rato así, en el aire, se tironean pero no se nota. La pitonisa abre los ojos como si estuviese sola, no mira nada, parece como si se ojease el cuerpo. No mira nada. Malena la busca desconfiada, con la mano libre le acaricia como equivocada el tobillo. La mujer reacciona bajo la inercia maternal que derrapan sus orgasmos. La anarquía del intervalo canaliza un soplo donde ninguno se responsabiliza del tiempo. El viejo toma el liderazgo y la trae hasta la boca de la patona; queda una encima de la otra, se besan como por primera vez, como hace media hora. Una de las dos larga un gemido corto; atrás el gordo se pajea ensordecido por el ruido de su pija. Las tetas de la pitonisa se abren suaves por el peso leve de Malena, se escabulle en el pantalón y con las dos manos le aprieta fuerte la cola; la adhiere y la mece en circulo.

– Así… despacito. ¿No te querés sacar el pantalón?.
– No sé… aparte no me bañe y me siento incómoda.
– Mi chiquita. ¿Tenés miedo de ensuciarte o de lavarte?. Ya te dije, después nos bañamos.

El viejo sonríe y fuera de todo contexto besa la mejilla de su mujer. A Malena le brota la urgencia de salir corriendo. Voltea en un rayo la posición quedando boca arriba, hace un puente con la espalda y en la agilidad novata de la torpeza saca en una sola maniobra pantalón y bombacha. Se trepa a la pitonisa y mientras le lame el cuello combina un forzado roce corporal. El viejo abandona la prolijidad del manoseo y ensaya un comprensivo puchero que nadie alcanza a ver. Piensa como no piensa en años. Lo piensa sin ordenador de memoria:

El dulce no tiene lugar, y no puedo más con tu camino. ¿Acaso el color es lo que adivinas?. Quizás tus pies no demuestran que van. Miedo a una cama grande o grande a una cama de miedo; y sequita, sequita estás, no te toco que te vas. Nada hay arriba, nada hay abajo. Alguna línea hablará por vos. Tengo amor hasta en los codos, ¿vos te seguís viendo los bracitos?. ¡Te asusté!. ¿Me estás viendo?, ¿sí o no?. Todo igual.

Por un instante sujeta una añeja carta en la mano. Mira agradecido los pies de su mujer. Sabe que ese arco aplasta la incertidumbre de lo que nunca leyó. El cuerpo de Malena lo regresa a donde siempre estuvo. Una nena capaz de hacer recordar a un niño toda su veteada longevidad. La pitonisa acerca la boca al oído de Malena.

– Mi nenita, que lindos besitos. Male… sabés que acá no tenés que demostrar nada. A nosotros nos gusta que te guste, no nos importa si lo haces bien o mal, porque cuanto más te guste mejor lo vas a hacer.-
– A mi me gustas vos.-
– A mi me gustaría que me la chupen. Por favor, me estoy volviendo loco, se están dando unos besos muy ricos.-

El viejo intenta filtrarse por las bocas que se besan, los labios se separan de a ratos, las lenguas no se despegan ni por un segundo. Las observa deleitado y en el éter de la unión asoma el filo de la pija. La saliva tibia sutilmente brilla cuando apenas toca su cabeza. La pitonisa la agarra y le pincela la cara a Malena sin dejar de besarla. El techo apunta en la memoria la mejor cola que ha visto en esa cama.

– Meteme en tu boca, dale mi amor.-

La pitonisa se la pasa por la nariz y después juega como si fuese la puntita del helado.

– ¿Así está bien?… ¿o así?.-

Ahora se lo coge con la boca que entra y sale en un sonido de galope mojado. El viejo arruga el pecho como si la lengua le llegase al estómago. Malena al fin baja el latido de su garganta, la pija le maquilla los labios cerrados, la pitonisa lo pajea manteniendo la dureza que estalla en forma de anillos circulando por sus manos. Haciendo palanca abre despacio la boca de la nena y con delicados mimos en la nuca empuja, empuja suave hasta desfigurarle el gesto. Malena quiere pero no puede permanecer con la boca llena y los ojos abiertos. Malena quiere tantas cosas que no puede. Y aunque no quiera enterarse, siempre decide lo que puede. La pitonisa se lleva el índice al clítoris y lo trae empapado hasta el culo del viejo, el dedo penetra primero por la yema y ocultándose lerdo comienza a escarbar, como sondeando el relleno de un flan.

-¿Podés sola con mi pija Malenita?. Que ruidito estas haciendo… ¡oh!, ¡ay!…-
– Que blandita tenés la cola mi amor. Tengo todo el dedito adentro, ¿sabés?.-
– ¡Ah!, ¡ay! no vas ayudar a tu amiguita. Se la está comiendo toda solita.-
– Vení un ratito a bucear mi amor, no me dejes así que la quiero apretar un poquito. Dale vení, estoy reabierta. Subís Male acá… pasame la concha por las tetas.-
– ¡Ay!, ¡que concha que tenés!… me voy a quedar así pegadito.-

El viejo gordo entra y sale de su mujer con las manos sobre los hombros de Malena. Arrodillado siente el calor de lijar las rodillas, hace años que no raspa meniscos y combina ese ardor con la rutinaria sensación de estar cogiendo. La pitonisa mira como sus tetas endurecen al contacto de la nena. El pezón roza el clítoris y llega empalagado hasta la sensibilidad que divide la concha del culo. El hormigueo no tiene costumbre en el vientre de Malena, burbujas que trepan y mueren sopladas por el estómago antes de llegar al diafragma.

– ¡Subí!… ¡ay! como me estás cogiendo hijo de puta… subí Male que te quiero chupar toda la concha.-
– No, dejála así que le quiero ver toda la cola mientras te cojo.-

Malena se muere por sentarse en la boca de la pitonisa. Quizás sin entenderlo se estira sobre ella, sintiendo los golpecitos cortos que rascan la panza del viejo entre sus piernas. Malena quiere tantas cosas que no puede.

Me hubiese gustado que la patona me chupe toda; no sé, siempre digo que no cuando quiero algo, y cuanto más es eso lo que quiero más rápido digo que no. Soy una tarada. Estoy recaliente. Toda esa lengua en mi concha. Quiero acabarte toda la boca. Sí, quiero que me la comas… así como se mueve mi dedito, así, así quiero que se te mueva la lengua.

– ¡Baja la mano mi amor!… tocame, dale por favor tocame la concha…¡ay!, tocame mientras me cogés, ¡ah!, ¡ah!. ¡Te gusta apretarle toda la colita a la nena eh!… ¡ah! tocame, dale.-

El viejo sale y rodea su pija con los pies de Malena, pasa la lengua por la concha de su mujer, una vez sola, como si secase el chorro que cae por los muslos. Le chupa los pies a la nena, las piernas, la cola, la espalda, la cola. La lengua del viejo es tan gorda y ancha como su panza. Es una vaca pastando a una liebre de ojos mal abiertos.

– La cola no… besitos no. Quiero que te la vuelva a meter.-
– Mi amiguita quiere que me cojas. Dale, ponemela.-

El gordo la caza de la cintura y la trae sin mucha resistencia. La pija es un ladrillo pegada al clítoris de Malena. Hace fuerza pero no entra. Malena quiere tantas cosas que no puede.

– Quiero que te coja a vos.-
– Dale, volvé… dale que mi amiguita me quiere ver con toda la pija adentro.-

La pitonisa enrosca al rinoceronte marcando con los talones el paso. El viejo rollizo escucha allá arriba el sonido esponjoso de los besos, los dedos se agarran a la cola de Malena descargando toda la dureza del cuerpo.

– ¡Ahh!, ¡ay!, si sigo moviéndome así voy a acabar.-
– ¿Te gusta Male ver como me coge?.-
– Tengo la pija que me estalla… ¡ah!, ¡ah! les voy acabar a las dos. Les puedo tirar toda la leche en la cara… ¡eh!, ¿me dejan?.-
– ¿Querés sacarla y hacerte la paja en la cola de ella?… ¿querés juntarle los cachetitos y apretarte toda la pija dura?… ¿lo dejamos Male meterse en el medio de tu cola?.-
– ¿Puedo así?… ¡oh!, ¡oh!, ¿puedo pajearme así en tu cola?… ¡oh!, ¡oh! ¡oh!…-
– ¿ Sí dejamos que te la meta un poquito?… dale, un poquito en la concha.-
– ¡Ah!… me están dejando entrar.-

Malena clava los dedos en la muñeca de la mujer, el viejo casi ni se mueve, se deja coger por la nena que sube y baja con las manos de la pitonisa en la cintura.

– ¿Te gusta como estamos cogiendo?… ¡ay!, ¿te gusta verte penetrando a mi amiguita?.-
– ¡Ay!, ¡no puedo más! ¿quieren darse vuelta?… ¡ah!, ¡oh!, les voy a tirar toda la leche en la cara.-
– Sí, dale… así, dale pajeate más fuerte… ¡ah!, así, dale así más fuerte.-
– ¡Ah!, ¡oh!, ¡oh!, ¡oh!, hay viene… ¡hay viene toda la leche!, ¡ah!, ¡oh!, ¡ooh!, ¡ooh!….-
– Sí, sí, ¡ay!, ¡ay!, ¡umm!… ¡que manera de largar!… ¡ay! por favor seguí acabando, no pares, ¡por favor no pares!.-

La cama es tan grande como un río. La pitonisa continua desparramando la leche por el cuello de Malena, baja hasta las tetas y con la boca empastada se las chupa hasta dejarle cascaritas de semen. No hay lugar para pensar nada, el viejo gordo y acabado mira las manijitas del ropero y descubre la mala combinación que hacen con la mesita de luz; la patona medita sobre las azaleas y si en realidad nacen lilas o cambian de color con el tiempo. Malena piensa en nada, no puede pensar, no quiere pensar. Siempre decide lo que puede y entonces quiere sentir sin pensar:

Cuando me senté en esa piedra y se te mojaron las pestañas, goteabas. Y cinco dedos en cada mano y cinco cadáveres en los pies. Agito la melena y doy giros con mi cabeza, te veo rapidito y entonces pedí un deseo. ¿Acaso se cumplió?. Soy más grande que tu mano, pero ella me sabe guardar. Y se apoyo en mi hombro y no quería volar. Beso de a uno sus ojos, seco sus pestañas mojadas, enrojeció sus labios. La mosca voló y dijo: chau che, nos vemos.

No puedo sacarme ese olor de la nariz, cada vez que respiro o me muevo es peor. El ventilador me revuelve la piel y siento el olor de los dos como si estuvieran todavía conmigo, en mi cuarto, acá en mi chocita mirándome la concha, abierta de piernas diciendo las cosas que no escucharon. Me muero por acabarte toda la panza Mambrú. Yo también tengo un olor ahora… ¿me lo quieren sentir?. Vení metémela mientras ella me chupa. Vengan… quiero hacerle toda la paja a esa pija. Dale, ¿quieren escucharme acabar o no?.¿Siguen ahí parados con ese olorcito que tienen?. Estoy a punto de lavar a las jirafitas, ¿me quieren mirar?. Creo que voy a mojarte toda la boca patona, ¿querés?, ¿les gusta mirar la paja que me estoy haciendo?. A mi me gustaría que me chupen los dos las tetas hasta que me saquen leche de los pezones. Me están haciendo tocar mucho, mucho. Miren mi mano en el espejo como no puede parar de abrirme toda, está yendo muy rapidito, así muy rapidito. Quiero aguantar un poquito más, despacito, que lindo, un poquito más. Por favor la jalea que tengo en los dedos, ¿me dejan limpiarlos con la lengua así?. ¡Estoy muy caliente!, no puedo dejar de tocarme y mirarme y sentir todo este olor a sexo que me pusieron encima; no puedo, no puedo, ay ¡estoy super caliente!, me veo todo el clítoris salidito y duro, parece un tomatito que no terminó de crecer. ¡Estoy tan mojada!,tan empapada que el ventilador pasa y me da chuchos de frío. Me entro una cosquilla por la concha y ahora la tengo acá en la pancita, me está dando cada vez más vueltas, me hace temblar las piernas, las voy a estirar todas así me ven bien la concha acabando en el espejo… así, así con todo el silloncito húmedo, así de chiquitita, les gusta, les gusta, sí… ¡les gusta!, ¡¡les gusta!!, ¡te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!, te amo… te amo… te amo.

lapeceraetero@hotmail.com

La casa en la playa

Cierto día recibí un llamado de Yajaira, mi querida amiga, para avisarme que con, sus amigos Javier, Pablo y Marcela planearon un fin de semana en la playa y todos concordaron en invitarme a mí también. Me alegré por tener la oportunidad de compartir un paseo con Yajaira y sus amigos.
Viajamos los cinco en el auto de Javier. En el camino la pasamos bárbaro, entre chistes y risas. Finalmente llegamos a la casa donde nos alojaríamos el fin de semana. Era un chalet que los amigos de Yajaira alquilaron entre todos. El lugar era muy lindo y acogedor, y había habitaciones para todos, así que descargué mis bolsos en mi habitación y en seguida ya estaba listo para ir a la playa. Yo fui primero y di un paseo por la orilla. A la vuelta, los encontré a Pablo y Marcela, que también estaban dando un paseo, y como queríamos prepararnos para la noche, decidimos volver a la casa.

Esa noche, fuimos a cenar todos a un pequeño restaurante de la avenida costanera a saborear algunos frutos del mar, pero no salimos a ningún otro lado, ya que estábamos algo cansados del viaje y preferimos guardar energías para la playa al día siguiente.

Al otro día, nos levantamos a horas diferentes cada uno. Yo, por supuesto, fui uno de los últimos; me levanté un poco antes que Pablo, que era más dormilón que yo. Uno a uno, fueron a la playa. Yo fui ya por la tarde y me uní al grupo, que ya estaba disfrutando del hermoso día de sol.
Decidí tomar sol y me acosté sobre la lona boca abajo. Desde que llegué, no pude quitar los ojos de Yajaira; ella estaba hermosa. Vestía una tanga blanca diminuta, de hilo dental, que dejaba ver todas las formas de su cuerpo. El hilo de su tanga se metía bien adentro de su cola, dejando afuera sus redondas y carnosas nalgas. Miré a Pablo y Javier, y pude notar que ellos también observaban de reojo a Yajaira, admirándola. Pablo jugaba al voley con Marcela y, a veces, perdía puntos por tener los ojos en Yajaira, en vez de en el juego.

Vi que Yajaira iba en dirección a la orilla, moviendo su hermoso culo en un andar sensual. Javier, sentado a un lado, también la veía alejarase embelesado.

Javier también era muy amigo de Yajaira; hasta tuve la sospecha de que entre ellos dos alguna vez había pasado algo. Ellos dos se conocían desde antes de que yo la conociera a ella.

Yajaira se metió en el mar, entre las olas que acariciaban su cuerpo de diosa. Parecía una Venus emergiendo del mar; incluso me ponía celoso del mar, que se adueñaba de su cuerpo.

Para ser discreto, esperé unos cinco minutos, hasta que me levanté y me fui hacia la orilla como quien quiere darse un baño; aunque lo que en realidad quería era estar cerca de Yajaira. Me metí en las primeras olas, que estaban frías, mientras Yajaira ya estaba nandando en lo más profundo. Me acerqué a ella, y cuando me vio, me sonrió. Comenzamos a jugar juntos. Hacíamos carreras de nado hasta la orilla. Empecé a preguntarme si ella ya habría adivinado mis intenciones. De pronto, vi que Javier también entró al agua, pero él no participaba de nuestros juegos, se quedó nadando a un lado, y de cuando en cuando, miraba hacia nosotros, especialmente a Yajaira, incluso creo que miraba sus tetas.

De repente, Pablo nos llamó proponiéndonos ir todos a tomar algo al parador. Pero Yajaira quería quedarse un rato más; y Javier también se quedaba un rato más. Yo percibí una situación en que ellos dos tenían que charlar sobre algo, así que traté de calmar mis ansias de estar cerca de Yajaira y me fui con Pablo y Marcela.

Cuando estábamos llegand al parador, veo que atrás, a pocos metros, venían Yajaira y Javier. Venían con cara de que habían estado conversando. Nos sentamos en una mesa Pablo, Marcela y yo, y nos pusimos a conversar y hacer bromas. Yo trataba de olvidarme del cuerpo de Yajaira mirando a Marcela. Marcela no es tan bonita, ni tiene tanta teta, pero me gustaban sus piernas; no era como Yajaira, cuyo cuerpo entero es espectacular.

Marcela estaba sentada de piernas cruzadas al lado mío, por lo que tenía una vista privilegiada de ella. Al poco rato, llegaron Yajaira y Javier y se sentaron. Pablo bromeó diciéndoles:

– ¿Ya terminaron de cojer uds. dos?
– ¡Qué estúpido eres! – le respondió Yajaira.

A mí me pasó por la cabeza la idea de que Javier y Yajaira habían estado cojiendo efectivamente, pero de cualquier manera, estaba caliente con ella.
Después de un rato de charla, decidimos volver a casa.

Una vez en casa, nos duchamos por turno. En el momento en que yo me estaba bañando, me dieron ganas de masturbarme con el recuerdo del cuerpo de Yajaira, pero me contuve. Preferí guardarme; al fin y al cabo, la noche estaba comenzando y no sabía qué podría pasar.

El último en bañarse fue Pablo. Los otros cuatro ya estábamos en la sala tomando unos tragos, escuchando música y esperando que el bromista estúpido del grupo terminara de bañarse. Pablo, desde el baño, hacía bromas como: “¡Yajaira, ven a enjabonarme la espalda!”, o: “¿Marcela, me aceitas la chaucha?” Él siempre hacía esa clase de bromas. Con Marcela se zarpaba más; en cambio, con Yajaira no hacía bromas tan subidas de tono, porque ella se mostraba más seria, o con Marcela parecía tener más confianza.

En determinado momento, Javier y Yajaira estaban en la cocina. Me asomé y vi que él le estaba haciendo unos masajes a ella. Comencé a arder de celos, volví a la sala y vi a Marcela frente al equipo de música bailando sensualmente. Me uní a ella y los dos comenzamos a bailar. Ella aceptó la propuesta y nos pusimos a bailar los dos muy sensuales, primero separados, después la tomé de la mano e hicimos algunos pasos juntos. Ella me lanzaba una mirada de loba y yo le pasé los brazos por la cintura. Ella me pasó las manos por el cuello y la cabeza y me excité; tuve una erección. Justo en ese momento, Pablo salió del baño. Nos ve bailando y larga otra de sus estupideces:

– ¿Otra vez comenzó la cojedera?
– ¡Idiota! – le respondió Marcela, y siguió bailando.

Pablo se unió al baile. Yo estaba delante de Marcela y el detrás. A Marcela parecía gustarle la situación, sonreía y se ponía cada vez más sensual. Pablo, desde atrás, abrió su toalla. Marcela no lo veía porque estaba de espaldas. Él apuntó su verga erecta hacia el culo de Marcela, que estaba vestida con un short bastante corto y una camiseta sin mangas. Pablo me lanzó una mirada cómplice riéndose de su gracia y yo me reí con él. En eso, entraron en la sala Javier y Yajaira.

Al ver la escena, Yajaira abrió los ojos bien grandes.

– ¿Y esta farrita? – preguntó Javier entre risas.

Pablo se apresuró a cerrarse la toalla.

– ¿Qué estabas haciendo, degenerado? – le dijo Marcela.

Pablo se rió y Javier dijo que Yajaira y él van a salir un momento.

– Dale duro a Yajaira, que nosotros nos encargamos de Marcela – le respondió Pablo.
– Siempre el mismo idiota – dijo Marcela.

Javier y Yajaira salieron; yo contemplé el cuerpo de ella al irse. Antes de salir, Yajaira volteó la cabeza, me miró, me sonrió y me quedé petrificado. Yajaira me estaba dando a entender cuánto yo le gustaba.

Pablo, Marcela y yo nos quedamos solos. Pablo puso música sensual, aún estando sólo con la toalla en la cintura. Le propuso a Marcela hacer un strip-tease para nosotros dos. Ella se rió y aceptó. Yo me sorprendí; me iba dando cuenta de que a Marcela, a quien hacía poco tiempo que conocía, era bastante ligerita. Ella comenzó a sacarse el short, mostrando su tanguita de encaje blanca diminuta de hilo dental. Sabía moverse la perra; se ve que sabía de strip-tease. Después se sacó la camiseta, mostrando un sutién del mismo conjunto. Yo estaba excitado. Pablo estaba como loco bailando al lado de ella, mientras en la toalla le hacía bulto la pija parada.

– Mira cómo me tienes – le decía a Marcela.

Marcela me tomó de la mano y me invitó a bailar con ella. Me dijo que me quitara la ropa. Comencé a sacarse prenda tras prenda, y ella me miraba a medida que desnudaba. Finalmente me quedé en slips, con el bulto a la vista.

– Tienes dos pedazos para elegir – le decía Pablo a Marcela. Se abrió la toalla y agregó: – Acá tienes uno ya pelado.

Marcela lo miraba y se reía. También me miraba a mí como preguntándome si yo también me enganchaba en esa onda. Yo bailaba en calzoncillos al lado. Pablo comenzó a apoyarle la pija en la cola. Marcela movía la cola mirándome. En eso, oímos que se abría la puerta de entrada y los tres corrimos a sentarnos y disimular. Pablo se puso la toalla de nuevo.

Eran Javier y Yajaira. Al vernos en ropa interior nos preguntan qué pasó.

– ¿Nos perdimos la fiesta? – bromeó Yajaira mirándome a los ojos.
– No, recién empieza – respondió Pablo. Los dos estábamos en erección todavía.
– Recién están izando las banderas – agregó Javier.
– Estábamos haciendo strip-tease – aclaró Marcela.

Entre risas, nos pusimos a conversar y a reírnos entre los cinco. Los que estábamos en ropa interior nos quedamos así, hasta que Marcela les propuso a Javier y Yajaira que también hicieran strip-tease.

Yo me preguntaba qué fueron a hacer Yajaira y Javier. Después ella me diría que fueron a discutir porque ellos dos habían salido juntos un tiempo y él quería volver con ella, pero ella no quería, y me confesaría que era porque yo le gustaba mucho.

Yajaira estaba con una minifalda que dejaba ver sus muslos morenos, y un top que marcaba sus deliciosas tetas. Se sacó la falda y el top, y se quedó en ropa interior. Yo me sentí en la gloria al contemplarla. Ella me miraba mucho mientras se desvestía. Javier se quedó también en calzoncillos.

Decidimos continuar con el juego del strip-tease y propusimos que las chicas se quiten los corpiños. Marcela se lo quitó primero, muy sensualmente. Mostró sus tetas lindas y redonditas, pero a mí me enloquecían las de Yajaira, grandes y carnosas. Todos querían que Yajaira mostrara sus tetas, pero a ella se la notaba con vergüenza y no se quitaba el corpiño. Marcela pareció haberse dado cuenta y quiso ayudarla. Se paró y se fue en dirección a la cocina con la excusa de buscar una botella, y le pidió a Javier que la acompañara para bajar unas cajas de vino que había allí. Ella se dio vuelta para preguntarle a Yajaira si quería que trajera una botella ó dos. En realidad, le estaba preguntando en código si quería quedarse con uno o con dos, como me enteraría después. Yajaira respondió que una, así que Marcela le pidió a Pablo que también la acompañara. Pablo se imaginó una festichola en la cocina y se fue derechito con ellos. Mientras, Yajaira y yo nos quedamos conversando y tomando lo que quedaba.

De pronto, oímos gemidos en la cocina. Me levanté, me asomé y vi a Marcela de rodillas haciéndole una mamada a Javier, mientras, desde el suelo, Pablo se la cojía por detrás. Volví caliente con la imagen. Yajaira me preguntó qué pasaba.

– La Marce está gozando con los dos machos – le respondí.

Nos reímos al unísono. Me senté al lado de Yajaira en el sofá y le acaricié la cabeza. Ella me miró fijo y le di un beso en la boca, mientras dio un suspiro. La besé con pasión; nos dimos un beso largo, metiéndonos mutuamente las lenguas en nuestras bocas. Nos abrazamos. Su cuerpo estaba caliente; su piel me excitaba más. La recosté sobre el sillón y me puse encima de ella. La besaba, le acariciaba las piernas, estaba como loco. La abracé y le desabroché el corpiño. Mientras, oíamos como Marcela seguía gimiendo; se la oía gritar; la perra estaba teniendo unos buenos orgasmos; me excitaba oírla. Le desabroché el corpiño a Yajaira y vi sus grandes tetas, se las estrujaba, se las chupaba, se las mordía. Metí la mano debajo de su tanga, le toqué la puchita y la sentí húmeda. Pasé mi dedo por su clítoris y se lo acaricié. Ella comenzó a dar gemidos de excitación más fuertes; sus senos estaban parados. Fui lambiéndole el abdomen, bajando hasta su entrepierna. Cuando llegué, corrí un poco su tanga y le empecé a lamer la conchita. Vi su rico chochito y se lo comí. Seguí comiéndole la concha y sentí como Yajaira tuvo un rico orgasmo. Me saqué el slip y le mostré mi verga ofreciéndosela. Le abrí las piernas y se la metí; primero la puntita, y después hasta el fondo. Nos pusimos a cojer sobre el sofá. Nos dábamos una buena cojida mientras nos besábamos con locura. Nos mordíamos los labios el uno al otro y, de a ratos, m

e comía sus tetas. Ella me chupaba las tetillas y me mordía el cuello.

En eso, entró Javier, que volvía de la cocina, extasiado y desnudo, y nos vio cojiendo. Yajaira no se dio cuenta, pero yo lo vi. A Javier se le paró la pija y se empezó a pajear. Finalmente, Yajaira lo vio y le pidió que se acercara. Javier se acercó con su pija hasta la boca de ella. Yajaira empezó a chupársela muy golosa, mientras yo seguía cojiéndomela.

En eso, entran en la sala Pablo y Marcela desnudos. Estaban exhaustos. Se quedaron viendo la escena. A Pablo se le paró, Marcela se arrodilló y empezó a chupársela, mientras, sobre el sofá, Yajaira seguía siendo penetrada por mí y chupándole la pija a Javier.

Marcela se sacó la pija de Pablo de la boca y se la ofreció a Yajaira. Pablo se acercó y se paró frente a ella. Saqué mi verga de la concha de Yajaira, ella se sentó en el sofá y empezó a comerse la pija de Pablo, mientras nos pajeaba a Javier y a mí.
De repente, Pablo descargó su leche en la boca de Yajaira, y Javier y yo largamos nuestros chorros sobre su cara y sus tetas. Yajaira tomó mi pija y me la limpió toda con la boca, después hizo lo propio con Javier.

Nos quedamos los cinco tendidos por toda la sala, exhaustos. Yajaira y yo nos quedamos en el sofá abrazados. Decidimos juntar los colchones en el suelo para dormir todos juntos desnudos esa noche, y así fue que dormimos todos. Por la madrugada nos despertamos y nos echamos un polvo más en grupo.

A los amigos de Yajaira, después los vi en algunas ocasiones, pero no volvimos a estar todos juntos ni a cojer; pero cuando la veo a Yajaira, siempre recordamos ese fin de semana en la playa y nos excitamos juntos.

Esa fue la primera orgía que compartí con mi gran amiga Yajaira, a quien quiero cada vez más.gatosalvaje04@yahoo.com.ar
yajairatovar_75@hotmail.com

Mi primer trío

Todos los veranos tengo por costumbre a irme de vacaciones a la isla de Fuerteventura con familiares y amigos pero lo que me paso el año pasado fue algo para no olvidar.

El primer dia nada mas llegar mi amiga eva mis primas y yo nos fuimos a la playa a lucir nuestros tanguitas nuevos y a ponernos todo lo morenas que podiamos.

Mientras cojiamos el sol, pudimos comprobar como un grupo de chicos se acercaban a nosotras, se pusieron a unos metros de donde estabamos nosotras y empesaron a flirtear tirandonos piropos e insinuandose.Al principio pasabamos un poco de ellos pero al final acabamos todos juntos jugando a las cartas.

A mi desde el principio empezo a interesarme un chico Jonay se llamaba, poco a poco fuimos entrando en confianza y al final acabamos por salir juntos todos de marcha.

Una noche en una de estas borracheras locas que todo el mundo se coje acabe liandome con este chico en su apartamento, empezamos a desnudarnos mientras yo iba bajando le iba asiendo sexo oral nos sentamos en un sofa que tenia y el comenzo a asermelo ami,derrepente se oyo un ruido, el coleguita del chico habia entrado y nos pillo! pero cual fue mi sorpresa vermelo encima mia besandome por todas partes, el cuello los pechos por todas partes, al principio me choco pero al final me deje llebar aunque estaba bastante nerviosa aunque cada vez me exitaba mas.

Una vez ya terminado el chico empezo a metermela mientras el otro pibillo no paraba de besarme y lamerme los pezones.
Estaba tan exitada que enseguida me corri y me puse encima del Jonay mientras se la chupaba al amigo que por cierto tambien se corrio enseguida.

Jonay empezo a penetrarme mucho mas fuerte tanto que me dolia un poco pero no dije nada para no cortarle el rollo y se corrio tambien al cabo de algunos minutos.

Al acabar nos fuimos los tres a la cama y comenzaron a besarme por todas partes hasiendome de nuevo sexo oral donde acabe de nuevo corriendome hasta que finalmente cai rendida y me quede dormida al lado de esos dos extraños.

Una era rubia y la otra morena

El otro día estuve en un bar de copas, sólo como muchas veces, y de repente se acercaron como tres mujeres bastante impresionantes por sus formas y su belleza que pensé que no iban a entablar ninguna conversación conmigo, pero no fue así, y mientras tomábamos una copa, me propuso una de ellas ir afuera. Yo pensé que se trataba de otra cosa, pero cuando estuvimos fuera me dijo que se sentía muy excitada y que deseaba hacer el amor conmigo. Me quedé algo perplejo, pues no me había ocurrido nunca nada igual. Accedí y cuando estabamos en el coche empezamos a tocarnos y a besarnos. Al principio fue algo tranquilo, pero llegó un momento de tal excitación que hasta los cristales se empañaron, yo la tenía en mis brazos acariciándola sus tetas y ella a mí el paquete.

Al cabo de unos diez minutos de tal frenesí me dijo que en vez de hacerlo en el coche, podíamos ir a su piso que no quedaba muy lejos, yo lo pensé durante un momento y al final accedí. En el camino no paró de magrearme y de besarme.

Cuando llegamos a su piso me encontré con la sorpresa que estaba una de las amigas suyas que estaban en el bar y al entrar en él me empezaron a acosar las dos sin mediar ninguna palabra, para mí era algo nuevo, una de mis fantasias de siempre. Empezamos a desnudarnos entre los tres, yo tenía dos mujeres a los cuales no podía dejar de acariciar, empecé besándole las tetas a una y a otra cuando de repente me encontré totalmente desnudo besando a una las tetas y la otra chupándome el miembro, !qué gozada!, la retiré la boca para dedicarme a acariciarla su lindo sexo mientras besaba y magreaba a la otra. Así estuvimos unos minutos cuando empezamos lo fuerte.

Me cogieron entre las dos y me dedicaron unas caricias en mi miembro de lo más placenteras, luego se pusieron a cuatro patas las dos y empecé a lamer su coño y su culo, con lo cual se desacían, y después fuí penetrándolas una y después otra, hasta que al final me ofrecieron un lubricante para penetrarlas por detrás.

Empecé con Alba que así me dijo que se llamaba la rubia y luego la emprendí con Rosana que era la morena, conseguí que Alba se corriese de placer y entonces me dediqué por entero a mi morena, yo estaba tan excitado que conseguí aguantar un poco más pero al final el placer de hacérmelo con las dos pudo conmigo y cuando la llené el culo casi tenemos el orgasmo al mismo tiempo.

Ni que decir tiene que fue estupendo, nos tomamos una copa, hablamos un rato y de repente me encontré con las manos de Alba en mi polla, lo cual me produjo otra vez placer y continuamos así hasta el amanecer.

¡Qué dos mujeres más insaciables! Lo hicimos otra vez, yo solo sé que llegué a mi casa a eso de las doce y muy cansado, pero esas dos mujeres se merecían ese esfuerzo.

Convencida por su marido (segunda parte – final)

Ruth estaba acostada boca arriba, se había apoyado en sus codos y me miraba con cara de perra… Estaba preciosa, la cara enrojecida de placer, abierta de piernas con el cocho rezumando jugos… Miró a Carlos, que estaba a su lado, y le dijo con voz ronca: “Cariño, necesito que me tiren ya. ¡Tírenme por favor…!”.

Inmediatamente me puse de pié, busqué mi chaqueta, cogí dos preservativos y le di uno a Carlos. Esperé que ocupara la posición que ella demandaba… Ruth se dio la vuelta y se puso a cuatro patas con el culo en pompa hacia los pies de la cama y la cara mirando al cabecero…

Miré a Carlos y le dije: “¡A qué esperas… debes estar a punto de correrte!”. Carlos se puso el condón, se colocó detrás de su mujer y le metió la paloma de un sólo golpe, que Ruth recibió con un grito de sorpresa y placer… Empezó a titarse a su mujer casi con desespero, con un mete-saca desenfrenado que ella recibía con una especie de lamentos entrecortados… se estaba corriendo como una loca.

Yo observaba la situación junto a la cama, extasiado por el espectáculo… hasta que Ruth me hizo una señal para que me sentara en la cama delante de ella mientras recibía la verga de su marido desde atrás. Tardé una milésima de segundo en estar sentado en la cama, con la espalda pegada al cabecero, mis piernas abiertas y la boca de Ruth en mi verga otra vez…

Carlos había cambiado el ritmo de su follada… ahora le sacaba el miembro lentamente y se lo volvía a meter de un solo golpe… así una y otra vez… Ruth jadeaba, gemía, se atragantaba con mi verga, sus tetas se balanceaban al ritmo de la follada… Quise darle morbo a la situación y me puse a hablar con Carlos… “¿Te gusta Culear a tu mujer mientras ves que chupa otra verga…? ¿A que te gusta mirar cómo pide verga a un extraño y lo disfruta cuando el se la mete..?. Carlos me respondió con voz entrecortada por el placer…: “Ssiiiiii, ¡me encanta!… me excita muchísimo ver lo puta que es mi mujer… ¡Eres un hombre que si sabe como llenarlas de verga y hacerlas sentir el el cielo !… ¡Quiero ver cómo te la tiras destrozala con tu verga!”. Ruth soltó un “¡¡ Aaaaaaaaghh..!! Carlos volvió otra vez al mete-saca desenfrenado… Ruth y yo no nos movíamos, ella se limitaba a chuparme la verga con los impulsos que le estaba dando su marido… que incrementó aún más el ritmo y empezó a soltar toda la tensión (y la leche) acumulada… Ruth soltó mi verga y se quedó a cuatro patas recibiendo la descarga de su marido… agarraba las sábanas con sus manos… tenía los ojos cerrados y la cara desencajada. Con las embestidas de Carlos sus pechos saltaban mientras ella se corría como una posesa (inolvidable espectáculo)… abrió los ojos y se me quedó mirando… yo alargué mis manos y le atrapé las tetas pellizcándole los pezones… Carlos seguía bombeándole el cocho, ya a un ritmo menor, terminando con aquella monumental corrida…

Ruth estaba como atontada, sudorosa, en ese estado de aletargamiento en el que te quedas después de un buen polvo… pero aún no habíamos terminado…

Carlos le sacó la verga lentamente, ella dio un extraño gemido mezclado con suspiro cuando notó cómo se le salía… se puso de rodillas en la cama todavía de espaldas a su marido y se giró levemente para darle un beso de campeonato… el aprovechó el beso para sobarle un poco las tetas y pellizcarle los pezones. Ruth dejó el beso y le susurró a su marido: “Quiero que mires, quiero complacerte y quiero que sepas lo puta que puedo ser con la verga de otro, tratare de ser lo puta que siempre me pediste que fuera con otra persona mientras estabamos en la cama… Quédate donde estás para que tengas un primer plano de su verga entrando en mi cocho… “Cuando Ruth se giró hacia mí se sonrió al comprobar que ya me había puesto el preservativo… De rodillas como estaba se fue acercando hasta dejar su cocho a la altura de mi verga. Yo estaba boca arriba con media espalda apoyada en el cabecero de la cama, ella quedó de rodillas sobre mí, ofreciéndome una espectacular perspectiva de su cuerpo desnudo y sudoroso (sólo llevaba las medias y el liguero). Se inclinó y me ofreció sus pechos desafiantes colocándolos frente a mi cara. Lógicamente yo aproveché para pegarme a ellos como un bebé, chupándolos como si me fuera la vida en ello. A veces le daba mordisquillos en los pezones que estaban duros como rocas, e Ruth soltaba gemidos entre placer…

Bajó un poco su cuerpo y colocó su cocho a la altura de mi verga, con la mano derecha me agarró el miembro y comenzó una suave masturbación, frotándose mi verga dura y caliente por la entrada de su chochito, mientras suspiraba y jadeaba sin parar…

Yo no podía más… sentía sus tetas aplastadas en mi pecho… Ruth me besó.. con mucha calentura… me metió la lengua hasta la garganta… llegaba el momento de sentir la verga de un desconocido clavado en su cocho como siempre su marido se lo habia pedido y había llegado sin el saberlo, a ser una obsesión para ella… delante de su marido…, ella penetrada como una actriz porno…, en público…, una verga, dos vergas, … todo lo que él quisiera, “ahora ella estaba dispuesta a todo”.

Dejamos de besarnos y se giró levemente… miró a Carlos que estaba sentado a los pies de la cama con su miembro en la mano… observando detenidamente los juegos de su mujer con mi verga… Ruth le dijo: “¿Cariño… quieres ver lo que has estado esperando tanto tiempo…? ¿Quieres verme follando con él…? ¿Quieres ver cómo me meto su verga…? Míralo mi amor…. mírame…” Diciendo esto se volvió hacia mí y se quedó mirándome fijamente a los ojos y me dijo mientras me agarraba el miembro con la mano derecha y se lo iba introduciendo lentamente… quiero ser hoy tu puta y as de mi lo que quieras pero también déjame disfrutar de tu verga… ahhhhh” El momento y la situación tenían un morbo indescriptible. Ruth sentada a horcajadas sobre mi verga se la metió hasta la empuñadura y se quedó totalmente quieta, sintiendo cómo le llegaba hasta el fondo de sus entrañas mientras seguía mirándome fijamente a los ojos…

Yo tenía el miembro como una roca incandescente, casi me dolía, embutido en un chochito muy caliente y que rezumaba jugos como una esponja… pensé que no iba a aguantar mucho en aquella situación…

Sentía a Carlos sentado a los pies de la cama con una perspectiva inmejorable de mi verga entrando en el cocho de su mujer… masturbándose lentamente…

Alargué mis manos y las puse sobre sus tetas… Ruth cerró los ojos y empezó a moverse lentamente .. y luego con fuerza, mientras subia el tono de sus gemidos a gritos de placer, saltaba sobre mi verga mientras yo le pellizcaba los pezones y le sobaba los pechos… Ella se dirigió a su marido: “Carlos… me gusta… me gusta su verga… mira cómo me está tirando y lo hace rico , lo hace ricoooo… perdoname pero me gustaaaa …. ahh… ahhhh me estoy corriendoooo”.

“Sigue mi amor… me gusta mucho mirarte… Asíiiiii” le respondió él…

Ruth continuaba moviéndose encima mío, contoneando sus caderas mientras subía y bajaba sentada sobre mi verga. Le solté las tetas y la agarré por las caderas con fuerza para incrementar la intensidad de mis golpes de miembro en su cocho… Ella se mordía el labio inferior, gemía… Se echó hacia atrás doblándome la verga y aprovechando para acercar su cara a la de su marido y pedirle que la besara…. Mientras lo hacía le meneó la verga por unos instantes y volvió a quedarse como estaba, saltando sobre mi verga… que estaba a punto de estallar después del combate vivido…

Sentí que no tardaría mucho en correrme… la agarré por los brazos y la atraje hacia mí…nuestros cuerpos quedaron pegados otra vez… sus tetas mojadas por el sudor se apretaban contra mi pecho… Nos besamos… Me iba a correr…

Alargué los brazos y la agarré por las nalgas para incrementar el ritmo y fuerza de los mete – saca… poco a poco fui jugando con su culo hasta poner mi dedo índice derecho sobre su ojete… y ella dio un gemido… Lentamente, aprovechando las embestidas de mi verga en su cocho le introduje el dedo en el culo unos centímetros, lo justo para notar mi rabo en el interior de su chochete… Ella tensó su cuerpo… se estaba corriendo una vez más…

Carlos, con la voz ronca por la excitación, exclamó: “Así me gusta cariño, que seas muy puta… me gusta que seas muy perra…” “Me gusta ser tu puta mi amor… quiero ser tu puta… aaaaaaahggg…” casi chilló Ruth… Le saqué el dedo del culo y la agarré con fuerza por las caderas… Y no pude más…
Mi verga estalló en el cocho de aquella mujer que hacía realidad la fantasía de su marido y, seguramente, la suya propia…y por supuesto tambien la mia.
Normalmente me corro de una forma muy violenta y con mucha fuerza… Mi verga se pone como una barra de hierro, aumenta aún más de tamaño… y escupe abundante semen… y tras la enorme calentura que llevaba no iba a ser una excepción…

Ruth echada sobre mí, pecho contra pecho, se había abandonado y yo manejaba su cuerpo a mi antojo… A pesar del preservativo ella sentía los abundantes chorros de leche caliente que escupía mi verga… por los estertores de placer que demostraba… gimiendo, temblando, chillando, sudando…
Tras la monumental corrida fui bajando el ritmo de la follada lentamente… poco a poco… hasta sacarle la verga del cocho… Ruth dio un sonoro suspiro cuando sintió su cocho libre otra vez y se dejó caer en la cama, boca arriba, a mi lado derecho… Carlos nos observaba con la verga otra vez morcillona en la mano… “¡¡¡ Jooooder…!!!” exclamó “¡¡ No sabía que tenía una mujer tan puta…!!” “Y más puta voy a ser, cariño… a partir de ahora todo lo que me pidas ya no tengo miedo Voy a ser tu puta… y luego te voy a hacer un regalo, mi amor…” le respondió Ruth con la voz entrecortada, recuperándose de su último orgasmo…

“¿Qué regalo…?” le preguntó Carlos…

“Ten paciencia… Ya verás… es algo que me has pedido varias veces… pero que nunca te he dado y hoy lo vas a tener…” dijo Ruth sonriendo con cara de malicia.

Estaba acostada boca arriba, sus tetas todavía se movían al compás de su agitada respiración… Carlos se acercó por el otro lado de la cama, se sentó junto a ella e inclinándose se fundieron en una serie de besos…

“Te quiero…” le dijo Carlos a su mujer mientras le acariciaba los pechos suavemente…. “Yo también te quiero a ti…” le respondió ella…

En vista de la situación, me levanté de la cama y me dirigí al baño con la intención de darme una ducha rápida. Mientras caminaba hacia el baño comenté en voz alta: “Parece que todo ha ido bien…¿no?… ” Ambos giraron su cabeza hacia mí y sonrieron… Carlos comentó: “¿Qué tal te parecio mi hembra es preciosa verdad, lo hicimos bien para ser primera vez,,,?” “Creo que aprenden demasiado deprisa….” comenté entrando en la ducha y abriendo el grifo…

A los pocos minutos, cuando estaba a punto de salir, entraron ellos en el baño. Carlos se quedó apoyado en el marco de la puerta y Ruth se quitó las medias y el liguero y se metió conmigo en la bañera… “¿Me enjabonas la espalda…?” me preguntó con cara de putita (que abrian planeado mientras estaban solos?).

Le respondí con otra pregunta: “¿Sólo la espalda…?” “Bueno… la espalda… el culo… las tetas… el cochito…, lo que tu quieras…” susurro Ruth mirando a su marido que le sonreía desde la puerta….

Pensé en la Ruth que había entrado en el restaurante hacía unas horas… una atractiva señora casada, recatada, tímida…. que ahora me pedía que le enjabonara el culo y el cochito… y que ya me habia entregado aquel jugoso y apetitoso cocho, se había revelado como una mujer ardiente, morbosa, con muchas ganas de dar y recibir placer sin demasiados prejuicios…

Me llené la mano de gel y empecé a frotarle la espalda… rodee su cuerpo con mis manos y continué con sus pechos generosos… sopesándolos y pellizcándole los pezones entre la agradable sensación de la espuma y el agua caliente corriendo por nuestros cuerpos… Mi verga se había puesto dura y caliente y aproveche para pegársela a su culo… Ella dio un suspiro y se dio la vuelta sonriendo… Me agarró el miembro y, mirando a su marido que seguía en la puerta de pie masturbándose lentamente y fumando un cigarrillo, exclamó: “¡Parece que pronto empezará el segundo tiempo…! Ruth me dio la vuelta y se quedó detrás de mi… Con su mano izquierda llena de espuma me masajeaba la verga y los huevos… y con la mano derecha empezó a enjabonarme la espalda… hasta llevar su mano a mi culo…

Me enjabonó bien el culo y de pronto sentí que me pasaba los dedos por mi ojete… Ella sintió cómo me estremecí y me susurro: “Quiero dejártelo limpito para pagarte la deuda que tengo contigo…”. Mi verga oyó aquello y terminó de animarse…

Salí de la ducha y cogí una toalla mientras le comentaba a Carlos… “¿No me habías dicho que ella no tenía muy claro lo de hacer un trío…?… ¡¡Anda que si lo llega a tener claro !!… Nos reímos a carcajadas…

Carlos se introdujo en la ducha con su mujer y yo me fui hacia el dormitorio, encendí un cigarrillo y llené las copas de champán…

Al poco rato salieron de la ducha y le acerqué una copa a cada uno…

“¡¡ Por esta tarde…!! ” brindé… “Y por las que vengan en el futuro…” comentó Carlos con cara de potro mirando a Ruth… ” Y por las que vengan en el futuuuuuro… papacito…” le respondió ella con cariño a su marido.

Estábamos los tres de pie, desnudos en el centro de la habitación…

Sentía a Ruth un poco acelerada… se tomó la copa de champán de un trago y se quedó mirándonos a Carlos y a mí con expresión de lujuria… Nos miraba de arriba abajo, deteniéndose en nuestras vergas….

Ruth exclamó: ” ¡Ahora me toca a mí…!. Ahora los dos van a hacer lo que yo les indique, ¿de acuerdo?” dijo mirando a su marido… Carlos la observaba con cara de curiosidad… “Mi amor… ¿Confías en mí…?” le preguntó ella a su marido mientras cogía el sillón y lo colocaba a pocos centímetros del lado izquierdo de la cama… “Por supuesto” respondió Carlos con una picara sonrisa… para darle mas animos.

“Pues siéntate aquí, tócate y míranos… por ahora, ¿esta bien?” le dijo a su marido mientras lo cogía de la mano y lo sentaba en el sillón… “Te prometo que después tendrás algo especial y lo entenderás todo…, ¿esta bien?” Ruth me miró y con voz casi autoritaria me dijo: “Acuéstate en la cama boca arriba, cerca del borde por favor…”. Yo miré a Carlos con cara de no entender nada pero hice lo que ella me indicaba…

Carlos estaba sentado en el sillón muy cerca de la cama, y yo acostado boca arriba… Ruth se acercó a los pies de la cama con cara de lujuria… se llevó la mano derecha a su cocho y comenzó a masturbarse ante nuestras narices… “Me encanta ver a un hombre meneándosela, así que… por favor…” , Carlos y yo nos miramos con cara de no entender nada… y empezamos a pajearnos ante la lujuriosa mirada de Ruth, que se llevó su mano izquierda a las tetas mientras seguía dándole dedo a su chochete…”Asiiiiií….. ” susurraba…. Asiiii” Me encantaaaaaa…” Se acercó a Carlos, le cogió la cara con las dos manos y mirándole a los ojos le dijo: “Mi amor, primero vas a ver algo que tengo ganas de hacer y te gustara, quiero hacer algo que el hizo conmigo y que yo quiero hacer con el. Él me hizo algo que nunca hiciste y quiero que mires para que despues me lo hagas igual… quiero que me lo vuelva a hacer…. y quiero hacérselo a él …..” Continuó …” Luego verás cómo me penetra… y después…. después te voy a hacer un regalo… algo que no te esperas y sé que deseas…. ¿de acuerdo cariño…?” Carlos le respondió: ” Ruth… ya me has dado más de lo que esperaba… me has hecho muy feliz compartiendo conmigo esta fantasía… Me encantará verte follando con él otra vez… Hazle lo que quieras… ¡si él se deja, claro! (dijo mirándome mientras sonreía)… Yo sonreí, acostado boca arriba en la cama fumándome un cigarrillo, y le dije a Ruth: “Yo tendré algo que decir…¿no?”.

Ruth se acercó a la cama… pasó la pierna derecha por encima de mi cabeza y se puso de rodillas sobre mi cara, dejando el cocho a la altura de mi boca y ella de espaldas al cabecero, mirando hacia los pies…

“¡ Cómemelo, chupameloo…!” exclamó con voz llena de lujuria y tono autoritario.

Tenía su cocho sobre mi boca y sus nalgas en mi cara… no me hice esperar y empecé a lamerle el interior de los muslos, pasándole la lengua suavemente por la piel… Estiré mis brazos hacia arriba y le atrapé los pechos…

Ruth empezó a suspirar y se dirigió a su marido, que estaba sentado en el sillón a escasos centímetros de ella: “Cariño, ya me has visto tirar con otro hombre…¿Te ha gustado…?”. “¡Mucho!… me gusta y me excita mucho ver cómo te mete su verga y lo mucho que disfrutas con la verga de otra persona…”.

“¿Sabes una cosa?” decía Ruth suspirando entrecortadamente, mientras yo ya le daba suaves golpes con mi lengua en el clítoris… “¿Sabes que a mí también me gusta y me excita muchísimo que me mires mientras tengo la verga de otro hombre dentro de mi…?… me gusta tener dos vergas para mí sola… ¡Uffffff… que rico es tener dos machos a la vez … ahhhhh! ” Yo le comía todo el cocho con avidez… sus jugos iban inundando mi boca… y mi lengua no paraba de explorar cada centímetro de su caliente e inundado sexo…

Mientras esto ocurría Ruth seguía de rodillas sobre mi cabeza… se puso a cuatro patas y me agarró la verga con la mano derecha, empezando a meneármela lentamente… La postura intuía un próximo “69”. “¿Te gusta mirar cómo se la chupo…?” volvió a dirigirse a Carlos, que con voz ronca por la excitación le contestó: “¡Chúpasela!”…

Ruth no se hizo esperar… engulló mi verga de un golpe y comenzó a mamarme el miembro como si le fuese la vida en ello… Estábamos haciendo un fantástico “69”…

Yo seguía comiéndole el cocho cambiando de ritmo… chupando, lamiendo, comiendo, mordiendo… ella suspiraba con su boca llena de mi tranca gorda, dura, caliente…

Ruth paró su mamada, levantó la cabeza y con voz libidinosa casi me ordenó: “¡¡ Lameme el culo, mete tu lengua ahí otra vez que me pusiste loca cuando lo hiciste !!… Házmelo otra vez…”.

Le separé las suaves nalgas con mis manos, le abrí bien el ojete y sin pensármelo más ataqué su culo con mi lengua…. “Aaaaaaaaaaaggggghhhh…. Asiiiiiiií…”.

“Me gussssstaaaa…mi amor….., me gusta que me coman el culoooo…” suspiraba Ruth dirigiéndose a Carlos. No lo podía ver pero seguro que tenía el rabo como una piedra observando lo que había organizado su mujer…

Le lamí todo el contorno del ojete para terminar metiéndole mi lengua a modo de verga y follarle el culo con ella…

Ruth volvió a la carga y se metió mi tranca en la boca…pero sólo le dio un par de chupadas y la volvió a soltar… se enfrascó en lamerme los huevos, se los metía alternativamente en la boca y los chupaba…

Segundos después siguió lamiendo por la base de mis huevos… y metió su lengua entre los huevos y mi ojete… Pensé: “¿Lo va a hacer…? ¿Me va a jugar con su lengua el culo…?. Casi antes de que terminara de pensarlo sentí la lengua de Ruth explorando entre mis nalgas… mi verga se puso aún más tiesa y dura… Me separó y me levantó las piernas ligeramente y entonces,… entonces metió su lengua con avidez, con fuerza en mi ojete y empezó a lamérmelo mientras suspiraba con fuerza… Yo seguía trabajándome su ano, incluso había apoyado mi índice muy cerca del agujero y se lo acariciaba junto con mi lengua… Los dos suspirábamos por el placer que nos estábamos dando…. “¡¡ mierda que rico que puta eres !!” oímos exclamar a Carlos… Ruth seguía comiéndome el culo, parecía que le había gustado la novedad… me relamía el ojete, me metía la lengua… incluso sentí una de sus uñas penetrar ligeramente en mi ano… Yo le correspondí y le introduje la primera falange de mi índice suavemente pero sin parar… Volví a sentir cómo se contraía… para luego volver a distenderse y permitir la entrada en su agujero prohibido… me di cuenta de cual iba a ser la sorpresa para Carlos… “¡¡ Aaaaaaaaaghhhhh !!… “. Volví a sentir cómo vibraba su cuerpo sobre el mío entregándose a un nuevo orgasmo…

Ruth separó su cara de mi culo, se apoyó en sus brazos y empezó a suplicarme con voz ronca: ¡ Fóllame!… ¡Fóllame!… ¡Fóllame!…

Se levantó rápidamente, se giró y se colocó encima mío (cabalgandome de frente), ahora colocando su cocho sobre mi verga. Sus tetas brillaban por el sudor, me miró una vez más fijamente a los ojos, me agarró la paloma con la mano derecha y de un sólo golpe se lo metió en lo más profundo de sus entrañas…”¡¡ Qué puta soyyy… te gusta amooor, te gustaaaa, carlos estaba excitadicimo que no supo que decir¡!” Ella comenzó a saltar sobre mi verga, que entraba y salía con facilidad de su cocho embadurnado de mi saliva y sus jugos…

Brincaba sobre mí haciendo que la penetración fuera profunda… casi la golpeaba con mi miembro en sus entrañas… Sus tetas se bamboleaban al salvaje ritmo que le estaba dando a la Cabalgata…

” ¡¡ Cariñooooo…..!! . ¡¡Te lo voy a darrrrr… !! ¡¡Aaaaaaaaghh….!! ” Ruth se dirigía a su marido casi gritando, con la cara congestionada por el placer, excitada por lo que sabía que iba a pasar….

Yo seguía con el mete-saca… dada la rapidez y la urgencia de Ruth no me había puesto el preservativo y ahora podía sentir su cocho realmente caliente y húmedo… Seguía rompiéndose el cocho con mi verga, que no tardaría en escupir la poca leche que me quedaba…
Podía ver a Carlos con su verga en la mano.. dura y roja por la excitación… Ruth le gritó: ” ¡Coge mi bolso!…”. Carlos se puso de pié y cogió el bolso de su mujer… ” ¿Qué hago ahora…?” le preguntó a ella…

“Aaaaaaghhh… ¡Saca el bote pequeño y rosado que hay dentro!….” Vi cómo Carlos revolvía en el bolso y sacaba lo que ella le había indicado… en un segundo la expresión de su cara cambió mostrando una amplia sonrisa: ” ¡¡¡ Vaselina !!!” ” ¡¡ Ssiiiiii… mi amorrrr… !! ¡¡ Rómpeme el culo!! ¡¡ Es tuyo…!!. gritaba ella.

¡¡ Rómpeme el culo…!! repetía mientras seguía cabalgándome…

Mi verga casi se salía de su cocho dada la enorme cantidad de flujo que humedecía todo… incluso lo sentía correr por mis huevos y mis muslos…
Ante los acontecimientos que se avecinaban decidí ayudar a Carlos, puse una mano en cada nalga de Ruth y se las separé con fuerza, abriéndole el ojete todo lo que pude… ” ¡¡ Ssiiiiii… ábremelo… Quiero sentir dos vergas dentro de míiiiiii… como me lo dijiste aquella vez Carlos como me lo dijiste !! “Carlos se untó la verga de vaselina y sentí cómo hacía lo mismo con el agujero virgen de su mujer…

“¿Quieres mi culo…? ¿Quieres culearme por ahí….? ¡Es tuyo, mi amor…!” Estiré mis piernas poniéndolas rectas para facilitar la postura de Carlos…
Ruth ya tenía la verga de su marido en la entrada de su ojete… su cara se había puesto tensa… las mandíbulas apretadas… me miraba fijamente a los ojos con una expresión entre temerosa y putísima… ” Relájate… relájate si no quieres que te duela…” le dije mientras aflojábamos el ritmo de la follada para facilitar la penetración de Carlos… y al instante pude sentir cómo la punta de la verga de su marido se iba adueñando muy lentamente del ojete de Ruth, iba descubriendo aquel reducto virgen del cuerpo de su mujer…

Carlos empujó con suavidad pero con firmeza y… ¡plop! … consiguió meterle la cabeza gorda y dura de su verga en el culo de Ruth… ¡¡ Aaaaaaaaaah!! gritó ella cuando sintió que su ano perdía definitivamente su virginidad. Carlos paró y se quedó quieto (el tambien sabia lo que hacia), como esperando que el ojete de su mujer se relajara y se distendiera, acostumbrándose a la presencia del deseado pero doloroso intruso… Yo había parado mi mete-saca para facilitar la penetración de Carlos, pero en vista de que él se lo tomaba con mucha paciencia y delicadeza (era lo mejor), decidí continuar tirandome a Ruth ahora lentamente para que ella no perdiera el clímax al que había llegado.

Carlos la tenía agarrada por las caderas con la punta de la verga ya dentro de lculo de ella, yo le acariciaba los pechos y me movía despacio haciéndole sentir cómo entraba y salía cada centímetro de mi verga… Ruth tenía una cara que era todo un poema. Sus facciones eran una mezcla de miedo y lujuria, ansiosa por sentirse penetrada, y bien culeada tambien ella queria y tenia derecho a sacar partido de la situacion, y calmar lo que tanto habia pregonado su marido hasta hacerlo en sus sueños una obsecion ser penetrada por dos vergas a la vez….pero al mismo tiempo temerosa del dolor que aquello podría significar para ella…

Carlos le preguntó: ” ¿Estás bien mi amor…?”. “Ssssssiiiiiiiii……, métemela toda…. por favor….métemela toda……abreme mas el culo yaaaaaaa…..” respondió ella.

Ruth estaba de rodillas apoyada sobre sus brazos, sentada sobre mí y con mi verga ensartada en el cocho, sus pechos colgaban sobre mi cara… tenía la cabeza de la vergade su marido dentro de su culo… su expresión era de dolor mezclado con expectación… Le cogí los brazos e hice que no se apoyara en ellos, cayendo su cuerpo sobre el mío… sus pechos se aplastaron contra mi pecho y aproveché para fundirnos en un beso de lengua suave y húmedo… Quería transmitirle seguridad, quería que se relajara… Pasé mis brazos por su espalda y la abracé apretando su cuerpo contra el mío…. De aquella forma su culo se levantó ligeramente y se abrió, facilitando la tarea de su marido. La mantuve así y me dediqué a acariciarle la cara mientras movía mi verga lentamente dentro de su cochito… Entonces pude ver la cara de Carlos, roja de excitación. Nos miramos y nos transmitimos un sentimiento de complicidad y agradecimiento…

Carlos comenzó a empujar con suavidad pero con decisión… Ella respiraba agitadamente y yo podía sentir cómo la verga de Carlos se abría paso en las entrañas de Ruth… hasta que sus huevos chocaron con las nalgas de su mujer…. Nos quedamos los tres inmóviles durante unos segundos… Ruth, por primera vez en su vida, tenía dos vergas grandes, gordas y duras en lo más profundo de su ser… comenzó a temblar… era como si tuviera frío… pero no… se estaba corriendo…. estaba teniendo un orgasmo sublime, suave, maravilloso…

“¡¡¡ Diosssssss míiiiiiiiiiioooooooo……. cuánto placerrrrrrrrrr………!!! exclamó en un susurro.

Sentía la verga de Carlos a través de la membrana que separa el cocho del culo… Él empezó a moverse lentamente, iniciando un suave mete-saca en el culo de Ruth, que seguía abrazada a mí con sus tetas aplastadas contra mi pecho y se reponía de su enésimo orgasmo… Me coordiné con los movimientos de Carlos y también comencé mi mete-saca en el cocho de Ruth… Ahora tenía dos vergas en movimiento en sus entrañas y estaba seguro que pronto iba a encadenar el orgasmo que terminaba con uno nuevo y quizás más fuerte… Carlos aumentaba el ritmo de su follada en el recién estrenado culo de su mujer… yo apenas me movía puesto que sus embestidas ya provocaban el movimiento suficiente para que mi verga entrara y saliera del cocho de ella sin apenas moverme… Ruth volvió a apoyarse en sus brazos, separándose de nuestro abrazo y volviéndome a ofrecer sus pechos en mi cara… volví a pegarme a ellos como un niño… chupando, lamiendo, mordiendo… Sus pezones iban a reventar… Ruth jadeaba, gemía… su cara estaba desencajada de tanto placer… sudaba… el sudor resbalaba por su cara, por sus pechos… por todo su cuerpo, haciendo aún más morboso el momento que estabamos compartiendo…

Podía ver la cara de Carlos.. estaba tenso… concentrado en la follada que le estaba ofreciendo a su mujer… pensé que ninguno de los dos aguantaríamos mucho más… Ruth volvía a convulsionarse… a temblar… tensando los músculos de la cara… sus manos estrujaban las sábanas… se estaba corriendo una vez más…. ” ¡¡ Por Diossssssssss…. me están rompiendoooooo….. me están abriendooooo…… me corrooooooooo………aghhhhhhhh………. !! ” Y volvió a desplomarse sobre mí…

Carlos fue disminuyendo el ritmo… pensé que sentía la inminente corrida… Ruth pensó lo mismo que yo porque se dirigió a su marido con voz entrecortada: ” Espera mi amor… no te corras… espera… la quiero en mi boca… por favor…” Ella alargó su mano derecha hacia atrás colocándola en el vientre de su marido, que estaba pegado a sus nalgas, con ademán de que le sacara la verga. Sentí como Carlos abandonaba el canal trasero y cómo su tranca se retiraba lentamente… ¡plop!. Una vez sintió su culo liberado del intruso, se sacó mi verga del cocho y se dejó caer a mi derecha, volteándose y quedando boca arriba sobre la cama…. “Acércate mi amor… ven cariño.. dame tu leche…” le dijo a su relativamente asombrado marido quien a la vez se quitaba el preservativo, el había comprobado cómo en aquella tarde su recatada y atractiva mujer se había liberado de una educación represiva y unos prejuicios impuestos y se había revelado como una gran folladora, una gran puta y una gran culeadora… como una mujer decidida a disfrutar de su cuerpo y a dar placer con su cuerpo…

Carlos, con síntomas de cansancio, se acercó al lado derecho de la cama y se colocó de rodillas acercando la verga a la boca de su mujer… Ruth no perdió el tiempo y la engulló con avidez mientras pasaba la mano derecha entre las piernas abiertas de su marido para acariciarle el culo… Me sorprendió lo perra que se había vuelto al pasarse la verga de su culo directamente a su boca, sin mayor problema… Ruth alargó la mano izquierda y me agarró el miembro, tirando de él hacia arriba… entendí que quería que me colocara en la misma posición que su marido, y así lo hice… Estaba acostada en la cama, boca arriba. A su lado derecho estaba Carlos con la verga a punto de explotar en la boca de su mujer, que chupaba, lamía, besaba y relamía la tranca con dedicación… A su lado izquierdo estaba yo, recién colocado y dispuesto a recibir el mismo tratamiento que Carlos…

Ella pasó su mano izquierda entre mis piernas abiertas, al igual que hizo con su marido, y se dedicó a acariciarme el culo…. Me apretaba las nalgas… me pasaba un dedo por la raja… y a mí aquello me gustaba y me estaba excitando mucho…. Carlos y yo nos mirábamos, cansados pero excitados, esperando la inminente corrida y disfrutando de las desconocidas y sorprendentes innatas habilidades de Ruth… Con las manos ocupadas en nuestros culos, ahora ella alternaba nuestras vergas en su boca buscándolas con sus labios y con su lengua… Sentí un dedo de Ruth merodeando por mi ojete…. Le acariciábamos los pechos…le pellizcábamos los pezones… y ella estaba enloquecida esperando la descarga… ansiosa de leche en su boca… “¡¡ Quiero tener dos vergas en mi boca… juntas!! ¡¡ Quiero que me llenen la boca de leche… Quiero tragármela toda…!!” Carlos y yo nos agarramos la verga con la mano y se las metimos juntas en la boca de Ruth… Sentí mi verga junto a la de él y ella abriendo su boca al máximo para poder acaparar los dos miembros al mismo tiempo… Parecía que sus ojos se iban a salir de las órbitas…

Los tres estábamos muy, pero que muy excitados, y tanto Carlos como yo ya teníamos muchas ganas de corrernos y liberarnos de tanta tensión acumulada…

Sentí un dedo de Ruth que volvía a jugar con mi ojete… el dedo fue rodeando mi ano hasta que ella intentó introducirlo y… metérmelo en el culo… Supuse que estaba haciéndole lo mismo a su marido y supuse bien por la cara de gusto que tenía Carlos… No podía aguantar más ni quería aguantar más… Ruth todavía jugaba con las dos vergas en su boca… y con los dos culos con sus dedos… ” ¡¡ Mira que tu mujer es una linda y sensual putita… !!” ¡¡ Mira que eres puta Ruth…!!” exclamé sintiendo el inminente orgasmo… y exploté…

Mi cabeza y mi verga estallaron en una corrida descomunal… Miré fijamente a la cara de Ruth que, sintiendo mi orgasmo, separó el miembro de su marido y abrió su boca y sus ojos para disfrutar de aquel momento irrepetible… recibió la primera descarga con avidez… pero también la segunda… y la tercera… no dejaba que se escapara una sola gota… y al mismo tiempo que la leche inundaba su boca era tragada hacia su garganta con una avidez impresionante… La cara de Ruth era puro morbo. Ver cómo su boca recibía y tragaba la corrida era puro morbo…

Mi verga no paraba de expulsar borbotones de leche y yo hacía esfuerzos por mantenerla dentro de la boca de Ruth y mantener el equilibrio… Carlos, excitado por el espectáculo, acercó el rabo a la boca de su mujer con desesperación… Ella, consciente de lo que ocurría, intentó abrirla más y… Carlos también explotó… Cuando mi verga ya escupía los últimos chorros, su marido comenzó a descargar, y Ruth repitió la operación de no dejar escapar ni una sola gota de semen, aquello que logro escapar ella misma lo distribuyo habidamente en sus senos y con sus propias manos,… Terminada mi corrida me dejé caer hacia atrás exhausto, y me quedé sentado en la cama junto a Ruth mientras ella seguía engullendo los últimos estertores de Carlos…

La imagen era de lo más morbosa: Ruth, una atractiva hembra de 32 años, estaba acostada boca arriba en la cama totalmente desnuda, su cuerpo brillaba cubierto con una película de sudor… tenía un hombre desnudo a cada lado mientras se pasaba los dedos de la mano derecha por su boca, relamiéndose las últimas gotas de semen con la lengua…

Los tres teníamos la respiración agitada y nos quedamos en silencio durante unos segundos, acostados, recuperando el aliento…

Carlos abrazó a su mujer y la besó con un beso de tornillo de lo más sugerente… Yo me senté en la cama, encendí un cigarrillo y se lo pasé a Ruth, que ya había terminado el beso con su marido… Le pasé otro cigarro a Carlos y yo encendí otro para mí… Nos los fumamos mientras comentamos lo maravillosa que había sido la experiencia. Carlos estaba realmente contento, cansado pero muy contento… Ruth se notaba satisfecha y algo sorprendida de sus reacciones tan sensuales y tan morbosas con los dos hombres que había tenido a su disposición aquella tarde… Yo sonreía y les comentaba que estaba muy satisfecho y muy contento por lo bien que había salido todo. Les comenté que me parecían dos personas extraordinarias y que me alegraba de haberles “pervertido” un poco…. Nos reímos a carcajada… Carlos dijo que le daba mucho morbo ver a su mujer con otro… que había disfrutado mucho… y agradecía mi actitud de tacto y respeto con ellos sin haber renunciado al morbo y a la sensualidad…

Mientras escuchaba esto alargué mi mano izquierda y comencé a acariciarle los pechos a Ruth… Carlos y ella sonrieron y se miraron, Ruth se giró hacia mí y me dio un apasionado beso mientras me agarraba la verga y los huevos y me daba un ligero meneo…

Una vez me hube terminado el cigarro me levanté y me fui al baño mientras les comentaba que ahora ellos deberían quedarse acostados, y cuando yo me fuera deberían echar un polvete apoteósico recordando la experiencia vivida esta tarde… ambos se miraron y sonrieron…

Me introduje en la ducha y abrí el grifo. El agua caliente cayó sobre mi cuerpo y una agradable sensación me envolvió… cerré los ojos y me relajé… luego de terminar salí del baño, Ruth al verme se levanto de la cama y se dirigió al baño comentando que necesitaba una buena ducha para poder seguir con los ojos abiertos pues los ojos se le cerraban y las piernas le temblaban de cansancio. Una vez que ella desaparecía Carlos me pregunto “Y bien que te pareció??????” …, “¡¡ Ufff…Tienes una mujer volcánica !!” le contesté sonriendo… “Es maravillosa, de verdad, todo un volcán…” Me senté en el sillón y encendí otro cigarrillo antes de vestirme.

“Si supieras que nunca había sido así…” me contó Carlos. “Ruth es una mujer maravillosa, pero hasta ahora, por su educación había sido una mujer muy convencional en la cama… Estoy realmente sorprendido de sus reacciones de hoy… No te puedes imaginar lo alucinado y lo contento que estoy… Creo que se ha abierto una puerta en nuestro matrimonio…. Y lo más importante… es que supimos elegir a la persona adecuada para un buen comienzo y que ese sea un buen augurio..” me confesó Carlos.

Yo estaba sorprendido y agradecido por la confianza, os comentarios y las confesiones que me hacía…

“Llevaba años pidiéndole que me dejara culearle el ojete…. No te imaginas lo que significa para mí lo que ha hecho hoy… ¡¡ Regalarme su culito que lo tiene riquito de verdad… !!. Continuó.

“Sólo hice lo que me pediste y lo que te prometí hacer… nada más…” le contesté… “Además, culearme a tu mujer ha sido una experiencia impresionante y muy, pero que muy morbosa… Yo también te agradezco muchísimo que me lo hayas permitido…” “Y yo espero que no sea la última vez…” comentó Ruth con una sonrisa mientras salía del baño… Carlos y yo nos reímos a carcajadas…

Una vez me terminé el cigarrillo miré el reloj, eran las doce y media (poco mas de media noche), y comencé a vestirme.
“Han pasado cinco horas y media desde que nos sentamos en el restaurante” comenté. “Cinco horas y media que han cambiado nuestras vidas” subrayó Carlos. “Sí mi amor, esto ha cambiado nuestras vidas, porque espero que repitamos esto de vez en cuando… ¿verdad?” comentó Ruth.
Yo ya había terminado de vestirme y me dispuse a despedirme…

“Bueno… ya saben lo que tienen que hacer… ahora les toca hacerlo como locos recordando la experiencia vivida y compartida… consejo de quien entiende por que paso por la misma grata experiencia…” les dije mientras me acercaba a la puerta. Ambos sonrieron. Ruth estaba de pie y se acercó a mí. “Gracias por todo cariño” me dijo…

Carlos se levantó de la cama y se acercó a nosotros estrechándome la mano efusivamente con sus dos manos “Gracias, gracias por todo… A partir de ahora quiero que sepas que te considero mi amigo…” Me dispuse a abrir la puerta. Carlos y Ruth se miraron… Ruth se acercó a mí y me dio un último beso en los labios “Gracias por el placer que me has dado… hasta pronto” “Eso, hasta pronto…” repitió Carlos…”Mañana te envío un e-mail… adiós”.
Abrí la puerta, salí y la cerré mientras los dos me miraban de pié, desnudos, uno al lado del otro…

Después de aquella maravillosa experiencia tratamos de organizar otra pero por razones de trabajo (pues tuve una temporada excesiva de viajes al interior de mi país como Cochabamba y Santa Cruz) no pudimos aun concretarla pero mantenemos una muy fluida correspondencia via e-mail en la cual estoy al tanto de ciertas gratas y apasionantes experiencia que les toco vivir y que quieren según ellos enseñarme algunas cosillas que ellos aprendieron.. Carlos me confiesa los cambios que ha experimentado Ruth en su comportamiento sexual y me comenta que sus vidas han mejorado en ese aspecto. Ahora se sienten más cómplices, ahora comparten un secreto juntos por lo que se sienten mas unidos… Ellos no conocen la existencia de este relato todavía, pero estoy segurísimo que se “alegraran” mucho cuando se los diga y lo lean, convencido de que lo “celebraran” durante horas… y se peguen un buen polvo a mi nombre (por favor háganlo así cuando Uds. pareja amiga cuando lean este relato).

Quiero insistir en que este relato es totalmente verídico y que, básicamente, sucedió tal como lo cuento… y me impulso a escribir el respeto y agradecimiento a esa fabulosa pareja a quienes prometo pronto estar ahí… y esta dedicada a muchas otras que merecen alguien que realmente valga la pena para empezar esta fascinante actividad erótica de pareja (swingers) . Quizás me ha quedado un poco largo, pero he querido hacer hincapié en los detalles porque me parecen muy importantes.

Agradecería cualquier comentario sobre esta experiencia, tanto de personas que sueñan con hacer algo parecido como de parejas que vivan su sexualidad de forma liberal y compartida. Sobra decir que estoy abierto a sugerencias y proposiciones de este tipo, siempre que se desarrollen en un clima de educación y respeto mutuos y en un ambiente de morbo y sensualidad. Los posibles mensajes me los pueden enviar al siguiente e-mail:

pmouso@hotmail.com

Convencida por su marido (primera parte)

¡Hola! Lo único inventado de este relato son los nombres… el resto se produjo a principios de febrero del 2003, tal como lo cuento… Soy un hombre de 37 años, bien conservado, mido 1.73, soy trigueño, de aspecto viril y de complexión robusta… además, la Naturaleza fue muy generosa conmigo tengo muy buena resistencia sexual por lo que mis sesiones eróticas dejaron muy satisfechas a las mujeres que me brindaron el néctar de su cuerpo, poseo una verga de regular tamaño (16 cm) y esta al punto justo que les encanta a las mujeres… porque la que diga que el tamaño no importa es una mentirosa, les encanta grande pero mas si es lo suficientemente dura y resistente y muy bien utilizada…

Vivo en La Paz y estoy casado con una mujer de un físico nada fuera de lo común pero muy sensual, que, por desgracia, no lleva el mismo ritmo sexual que yo. Lo pasamos muy bien en la cama e incluso hemos compartido, tras insistir mucho y convencerla durante meses y con mucho tacto, algún que otro trío e intercambio… pero desgraciadamente yo me entrego con mas ganas y morbo al sexo y necesito más… No quiero obligarla a participar en juegos si no quiere, pues se que ella ira cediendo de a poco, solo depende de nosotros, pero mientras ello suceda … ¿Puede ella obligarme a mí a reprimirme? Desde mucho antes de casarme fui muy caliente y ya de muchacho me masturbaba a diario cuando no tenia una noviecita a la mano y sexualmente tuve muchas experiencias, gracias a vivir en una de las principales ciudades de mi país donde existen mujeres de todas las ciudades y rincones de mi Bolivia… Me gusta la sensualidad, la excitación… lo que en realidad me excita no es meter la verga a una vagina y listo…, sino crear situaciones de auténtico morbo y disfrutarlas con otras personas en un ambiente de amistad y buen rollo, con respeto pero con mucho muchísimo erotismo.

Soy profesional, y por mi trabajo he tenido más de una ocasión para ponerle los cuernos a mi mujer, desde mi secretaria, que tiene unas tetas impresionantes y de la que me he enterado que le encanta hacer unas mamadas de campeonato y tragárselo todo… hasta algunas clientas con falta de cariño que más de una vez se me han insinuado… Pero creo que esas historias tarde o temprano terminan mal y repito que mi relación con mi mujer, en todos los aspectos, es inmejorable… aunque yo necesito más morbo, más juegos…

Pensando en todo eso llegué a la conclusión de que igual que nosotros habíamos introducido a terceras personas en nuestra cama (no todas las veces que a mi me hubiese gustado), yo también podría intentar contactar con alguna pareja o matrimonio que quisiera encontrar a un hombre de físico agradable, limpio, sano, discreto, educado, morboso y con experiencia… capaz de hacer todo y mas de lo que me gusto que hicieran a mi mujer, satisfaciendo las expectativas de ambos y me dispuse a poner anuncios en diferentes páginas de contactos como fiebrenet , aldesnudo y otras de contenido erótico que existen en mi pais y algunas otras fuera del mismos y conteste a algunos anuncios de parejas que coincidían con mis expectativas….

Como vivo en La Paz que no es como cualquier otra capital de sudamerica (la gente en mi pais es muy a la antigua con falsos prejuiciosos, que en la mayoria de las veces son perjudiciales) mis posibilidades de contactar con alguien me parecían un poco remotas por la limitación y los prejuicios que tienen la gran mayoria de los bolivianos, pero decidí intentarlo sin demasiada convicción de tener éxito…

Todas las mañanas, al llegar a mi trabajo abría mi correo electrónico sin demasiadas esperanzas… hasta que un día recibí un mensaje que me enviaba un matrimonio de mi misma ciudad (La Paz), ciudad donde resido. El mensaje lo enviaba el marido, me comentaba que eran un matrimonio, se llamaban Ruth y Carlos, que ella tenía 32 años y él 35, que no tenían ninguna experiencia en el tema pero querían probar a hacer un trío con un hombre. Según comentaba él tenía la fantasía de verla a ella con otro hombre, aunque ella no estaba muy convencida…. Me explicaba que fantaseaban con esa posibilidad y ella se excitaba mucho pero que a la hora de la verdad no se decidía a dar el último paso. Yo le contesté con un mensaje muy amable, diciéndole que para mí sería un honor y, por supuesto, un placer ayudarle a hacer realidad su fantasía, pero que su mujer lo debería tener claro antes de nada, para evitar situaciones desagradables… Le conté escuetamente algunas de mis experiencias y que podíamos conocernos sin compromiso y que, si llegábamos a algo, yo desaparecería de sus vidas en cuanto ellos me lo pidieran, sin más explicaciones.

Tras intercambiarnos varios mensajes y viendo que coincidíamos en la forma de ver las cosas (morbo y sensualidad pero con educación y respeto), quedamos los dos solos para tomar un café, conocernos y comentar el tema.

Nos vimos en una cafetería por el prado, nos sentamos en un lugar discreto y, nervioso, me comentó que prefería un hombre casado por discreción (yo sería más discreto que un soltero, que posiblemente alardearía de lo que hiciera), y con experiencia para poder manejar la situación con más naturalidad y mucho tino. Me dijo que su mujer no sabía nada de nuestro encuentro, pero que él quería conocerme y si pensaba que yo le atraería a ella sexualmente, se lo comentaría y le diría que tenía un candidato ideal para realizar su fantasía… En su opinión yo era un tipo de hombre que podría atraer a su mujer. Yo le comenté que sería ideal crear un ambiente adecuado de complicidad entre los tres para que la situación se diera y fuera lo más placentera posible para todos…

También le dije que era partidario de que los dos usáramos preservativos, por seguridad y por higiene… El puso cara de no entender y yo le expliqué: “Si eyaculo dentro de tu mujer y luego queremos continuar con los juegos… ¿Le vas a comer el…?. Carlos se sonrió… “Te das cuenta de que no tengo experiencia… No había pensado en eso…” Me enseñó una foto. Era su mujer desnuda foto que había publicado según me comento en una pagina nacional sin conocimiento de ella, por el morbo de recibir comentarios eróticos acerca de cómo veían y deseaban a su mujer los cibernautas locales,. Se veía un cuerpo apetecible, ni delgada ni gruesa, trigueña, con unos pechos generosos (talla 90 ó más), melena por los debajo los hombros con ondas largas y muy sugestivas en una cara atractiva y unos labios lo bastante sensuales que dejaba entrever que podría ser muy puta en la cama pero que sabía perfectamente cómo controlarse y ser una señora… no le veía el culo, pero por la caderas que tenía debía tenerlo precioso…

Mi verga dio un vuelco dentro del pantalón…

Le insistí en que debían de tenerlo muy claro, tanto él como ella, porque yo no quería que nadie se sintiera forzado ni se dieran situaciones violentas… El me comentaba que deseaba compartir su mujer con otro hombre, que le excitaba mucho esa fantasía y que disfrutaría mucho mirando y participando… Yo entré en detalles y le hablé claro, le comenté: “Si todo va bien, vas a ver cómo desnudo a tu mujer, cómo la acaricio, cómo la beso y cómo ella me besa… vas a ver cómo hago que tu mujer me pida que le deje chuparmela … y cómo me la culeo… y veas y sientas su tiemblor pidiendo mas… y mas… una vez que la ponga muy caliente. Debes tenerlo muy claro porque no me gustaría que tu o ella se sintieran mal, y que esto pudiera repercutir negativamente en su relación de pareja…” El sólo me comentó: “Sólo de oírte ya me ha parado… ” Nos reímos y quedamos en que esta noche le echaría un tremendo polvo imaginando como seria, ya que estaba excitadísimo después de nuestra conversación, y que le comentaría a ella nuestro encuentro cuando estuviese muy excitada… con la esperanza de que se atreviera a intentarlo. El sabía que ella se excitaba con la idea pero sólo le faltaba decidirse… Quedamos en que me enviaría un correo electrónico por la mañana con el resultado de su propuesta y la decisión de su mujer…

A la mañana siguiente estaba nervioso y somnoliento, también había llegado a mi casa muy cansado la noche anterior y había estado tirando con mi mujer como un descosido…

Encendí el ordenador y abrí el correo… mi verga sintio un cosquilleo cuando vi que había un mensaje de Carlos… lo abrí… y decía: “Lo conseguí, quiere conocerte… pero dice que no te hagas muchas ilusiones” Inmediatamente me dispuse a contestarle. Le comenté que lo ideal para conocernos era ir a almorzar juntos (yo invitaba)… pero que si ella aceptaba seguir adelante, no era bueno posponerlo y quedar para otro día porque estaría nerviosa hasta que llegara el momento y muy nerviosa cuando llegara el día… Lo ideal era reservar antes una habitación en un motel u hotel discreto y almorzar en el restaurante del hotel. Le comenté que si la propuesta le parecía correcta yo me encargaría de todo… Si su mujer lo deseaba pero se reprimía, después de unas botellas de buen vino y unos licores seguro que sus prejuicios desaparecerían y se lanzaría… En el mensaje le incluí mi número de celular y le animé diciéndole que tenía la sensación de que pronto vería cómo desnudaba a su mujer delante de sus narices y a ella cabalgando sobre mí…

Pasé aquel día excitado pensando en cómo desarrollar la situación para que ella se sintiera a gusto y se dejase llevar por sus instintos… A la mañana siguiente abrí el correo y allí estaba el mensaje de Carlos… mi verga volvió a dar otro salto de alegría dentro de mi bragueta. Era muy escueto, sólo decía: “Estamos de acuerdo en todo, saludos de Carlos y besos de Ruth”, incluía un número de móvil y una posdata “Llámanos a mediodía”.
Era la primera vez que ella participaba en un mensaje, ella entraba en escena: “besos de Ruth”… Pensé en lo de “Llámanos a mediodía”, quizás me pasaría con ella y podríamos hablar… si era así aprovecharía para tranquilizarla y transmitirle confianza.

Sobre las dos de la tarde, nervioso, cogí el teléfono y marqué el número que me había dado…. Contestó la voz de Carlos:

– ¡Hola! ¿Cómo estás…? ¿Tan nervioso como yo?. Nos reímos a carcajadas… Me comentó que Ruth prefería ir a cenar, que la noche era más sensual y más propicia para lo que habíamos planeado… y que estaba de acuerdo en conocerme y comentar los tres el tema, aunque sólo se comprometía a eso, el resto quedaba en “ya veremos”.

Yo le comenté que también preferiría cenar pero que por mi condición de casado prefería el almuerzo por discreción, si no tendría que inventar historias, etc.

Carlos me comentó que por él estaba de acuerdo pero que sería mejor que se lo explicara a ella, y dicho esto me dijo: “te la paso”…

– “¡Hola!”, sonó una voz dulce y tímida de mujer.
– “¡Hola Ruth, encantado de hablar contigo”, le contesté.
– Ella dijo: “Carlos dice que quieres comentarme algo…” Le dije mis argumentos para ir a almorzar en vez de cenar para conocernos, y ella me explico que en la noche se sentiría mas segura y menos nerviosa, además de tratar de relajarse y para no forzar la situación tuve que ceder .

Intenté transmitirle confianza y le comenté que no debía estar nerviosa, que no iba a pasar nada que ella no deseara, y que si pasaba algo ella lo iba a disfrutar mucho… Se hizo un silencio y pensé que algo iba mal…
Volvió a sonar la voz de Ruth: “Carlos dice que si podría ser mañana…” Mi verga se alegró visiblemente y yo le contesté que me parecía perfecto… Me atreví a tantear su grado de convicción y le dije:

– “¿Ruth?”
– “¿Si?”
– “No sé si pasará algo mañana, pero quiero que sepas que me encanta la lencería sexy…” le dije y recibe un primer y húmedo beso donde mas te guste.
– “Lo tendré en cuenta”, me contestó con una voz relativamente ronca por la excitación… y me pasó con Carlos.
-“¿Qué le has dicho?, se ha puesto roja”, me comentó Carlos riéndose.
– “Que te lo cuente ella” le contesté. Concretamos los detalles y quedé en llamarlo en cuanto tuviera las reservas confirmadas…

A la mañana siguiente luego de pensarlo mucho, reservé una habitación en un hotel discreto aunque no muy de primera, donde se puede escuchar música, tomar unos tragos, entrar en confianza y principalmente sin nadie que nos conozca con unas habitaciones relativamente cómodas se llama la “taberna” ubicado en la plaza Villarroel de esta ciudad y decidí optar para la cena por otro lugar también cercano el restaurante “Love City” ubicado frente al stadium. Una vez decidido y arreglado esto llame a Carlos para comunicarle. Me dijo que Ruth estaba nerviosa y muy excitada, que yo le había caído muy bien (cosa que me extrañó por lo poco que hablamos) y que pensaba que había muchas posibilidades de que todo saliera como él deseaba…

Yo le comenté que se tranquilizara y la tranquilizara, que en realidad sólo íbamos a cenar juntos y que, por ahora, no pensara en nada más. Que ocurriría lo que tuviera que ocurrir. Quedamos sobre las siete de la noche en el “love city”
Antes de cortar me comentó que Ruth le contó lo de la lencería y le dijo que quería sorprenderme, por lo que daba por hecho que ella esperaba llegar hasta el final…

– “Alea jacta est (la suerte está echada), hasta entonces”, me dijo, y colgó.

Llegué al hotel sobre las seis y media, pagué la habitación y pedí que subieran champán. Tras eso me senté en una mesa apartada y discreta del restaurante a leer la prensa tomando una cerveza e intentando tranquilizarme.

Sobre las siete y cuarto vi entrar a Carlos acompañado de Ruth. Los dos íbamos de chaqueta y corbata, y casualmente los dos llevábamos maletín. Ella llevaba un traje de falda y chaqueta sobre una blusa vaporosa con un sólo botón desabrochado (un poco recatada). También pude observar que llevaba medias y esperé que fueran medias porque odio los pantys (deberían fusilar al que los inventó).

Carlos me estrechó la mano con una sonrisa y me presentó a Ruth, que me miró fijamente a los ojos, entre tímida y sensual, y nos dimos un beso en la mejilla. Mirando a Carlos comenté: “La verdad es que en persona es mucho más atractiva que en la foto que me enseñaste”. Ella sonrió sonrojándose y comentó: “Ya sé que me has visto en desnuda….”.

Tras las presentaciones nos quitamos las chaquetas y nos sentamos, Ruth frente a mi y al lado de su marido. En el momento que Ruth se quitaba la chaqueta estiró los brazos hacia atrás y pude comprobar cómo sus generosos pechos presionaban la suave tela de su blusa y se marcaban bajo el sujetador… Ella se dio cuenta de mi mirada y sonrió entre cortada y halagada…

Intentando que todo transcurriera con normalidad, pedimos la comida y un buen vino. Al poco rato aquello parecía una comida de negocios o de amigos, charlábamos animadamente sobre temas banales, nos reíamos, comíamos y yo no paraba de llenar las copas cada vez que se vaciaban.
Se notaba a Ruth mucho más relajada, participando en la conversación y disfrutando tanto de la comida como del vino. Mientras hablábamos a veces me miraba como un poco pensativa… Yo estaba seguro de que estaba imaginándose lo que podía pasar dentro de un rato…y no parecía que le disgustase.

Carlos y yo nos dirigíamos miradas de complicidad, confirmando que todo se desarrollaba perfectamente, mejor de lo esperado…
Tras cenar pedimos unos cafés y unos licores. Los tres estábamos un poco más alegres de lo normal, pero al mismo tiempo yo notaba cierto nerviosismo por parte de ellos, al darse cuenta que se acercaba el momento de las decisiones.

Los licores nos animaron un poco más, la conversación era muy amena e incluso divertida, y decidí dar el primer toque de atención y le pregunté a Ruth:

– “¿Cómo lo ves? ¿Crees que tengo posibilidades…?” Ella miro a Carlos y el asintió con la cabeza y luego mirándome se sonrió y con una mirada entre tímida y sensual contestó: “¡Tengo miedo ahora, ya no se que decir de lo que podría pasar …estoy muy nerviosa!” (se notaba excitada…).
Ante aquella respuesta me atreví a comentarle: ” En la foto que me enseñó tu marido se notaban unos pechos muy sugerentes… quizás deberías explotar más tus “argumentos”… como vas con la blusa tan abrochada…

Esperé su reacción y vi cómo giraba sus ojos, que denotaban los efectos del alcohol, hacia su marido como esperando su actitud. El sonrió y me dijo: “Creo que tienes razón… es lo que yo le digo…”.

Ruth se sentó recta en la silla y discretamente pasó una mano por la blusa desabrochándose el segundo botón y aprovechando la maniobra para colocarse el cuello. Mientras lo hacía me miró fijamente a los ojos, y presentí que estaba totalmente decidida a entregarse. Quería saber qué se sentía al ser follada por un extraño ante los ojos de su marido… sabía que pronto iba a tener dos vergas a su disposición… Alea jacta est.. pensé.

Carlos sonrió al ver la reacción de su mujer y comentó: “¿Sólo eso…? Ruth miró a su marido y le dijo: “Paciencia cariño, que dentro de poco habrá más…”. Y diciendo esto volvió a desabrochar otro botón de la blusa, el tercero, que ya dejaba al descubierto parte del maravilloso canalillo que formaban sus pechos apretados por el sujetador… Me miró fijamente a los ojos y me preguntó: “¿Te gusta lo que ves…?”

– “Mucho…” contesté
– “Yo veo más que tu…” me dijo Carlos con una sonrisa, que de lado junto a su mujer podía ver la abertura lateral del escote.

Como ya había muy poca gente en el restaurante y los camareros apenas se acercaban, Ruth se giró hacia Carlos, colocándose de lado hacia mí, mostrándome la abertura de su blusa y toda la parte de su pecho izquierdo que sobresalía de un sujetador negro de encaje y transparencias….
Ruth me miró y dijo: “Ahora no te podrás quejar…” Pensé que ya todo estaba claro y llegaba la hora de tomar una decisión que ya estaba tomada, aunque había que ir con precaución para no meter la pata y que tanto ella como Carlos disfrutaran de la situación, pero sin malentendidos, con tacto y buen rollo…

La miré a los ojos y le dije: “Ruth, me la has puesto muy tan dura (y pase mi mano por mi verga para acomodarlo disimuladamente ella lo noto por que se le encendieron las mejillas)… y creo que a tu marido también…”. Carlos se rió y me dijo: “¡A su marido también…!” Ruth metió la mano bajo la mesa discretamente, se la pasó a Carlos por el paquete y exclamó: “¡ A mi marido también…!”. Y nos reímos los tres con sonoras carcajadas…

– “Creo que será mejor pedir la cuenta y retirarnos a un lugar mas discreto e intimo, me tome la libertad de reservar uno, que aunque es modesto y discreto creo que nos sentiremos a gusto…” comenté con sorna.
– “Estamos de acuerdo, ¿verdad cariño…? le comentó Carlos a su mujer.
Ruth se quedó en silencio, pensativa. Se le notaba excitada, transpiraba erotismo, se le notaba con ganas de experimentar algo atrevido, algo prohibido, y de compartirlo con su marido… Nos miró a los dos con ojos de gata en celo…

Miró a Carlos un poco seria y le dijo: “Cariño, ¿Tienes claro lo que vamos a hacer…? ¿Realmente lo deseas…? Al decir esto Ruth se ruborizó a pesar de la desinhibición del alcohol, y Carlos le contestó con otra pregunta: “Ruth, tu ya sabes lo que deseo pero, ¿Y tu, lo deseas…? Dime la verdad”.
– Ruth no contestó, se arregló el escote y cogió su bolso, nos miró y preguntó: “¿Nos retiramos a donde podamos estar cómodos y mas a gusto?.
Mi verga se revolvió dentro de mi bragueta, Carlos y yo nos miramos y nos sonreímos con cara de complicidad. Nos levantamos, y mientras nos poníamos las chaquetas pague la cuenta.

Nos dirigimos hacia los parqueos que existen en el stadium, donde también ellos habían dejado su vehículo, se notaba la tensión de la excitación del momento. Los tres éramos conscientes de lo que iba a pasar, y creo que tanto Carlos como yo queríamos que Ruth se lo pasara lo mejor posible. Yo era consciente de que aquel momento era muy importante para su relación de pareja y sabía que mi actitud podía perjudicarla o unirles más de lo que ya estaban si todo transcurría de forma agradable, natural y con buen rollo.

A sugerencia de ellos decidimos abordar su vehículo y dejar el mío, Carlos conducía Ruth se sentó a su lado y yo intente abrir la puerta trasera para ocupar los asientos traseros en eso ella me dijo : Carlos piensa que estaremos mejor los tres adelante, al subir alado suyo, ella en el afán de darme cabida cruzó las piernas y pude observar lo torneadas que resultaban lo cual me pareció muy sensual y excitante.

Al entrar en el Hostal pedí directamente las llaves y se las di a Ruth (No necesitamos el bar, que en algún caso según calcule nos hubiera servido de antesala o para relajarnos con unas copas) seguidamente el camarero nos indico el camino. Al subir las gradas note que se le había abierto un poco la blusa, y mi vista se fue hacia sus pechos… Ella se dio cuenta y sonriendo nerviosamente le comentó a Carlos mirándose el escote: “Parece que le gustan…”. A lo que él le contestó: “Seguro que le gustarán más cuando pueda verlos…” . Llegamos y Ruth abrió la puerta de la habitación con ciertos nervios… Al entrar vieron la botella de champán y celebraron mi idea.

Me dispuse a tomar las copas y abrir la botella mientras les comentaba que aquel encuentro era digno de celebrarse. Ruth y Carlos se quitaron las chaquetas y observaron la habitación: había una amplia cama, un sofá doble, un sillón y una comoda. Ruth se fue hacia el baño diciendo que quería refrescarse.

Cuando nos quedamos solos Carlos y yo, él me dijo que estaba muy agradecido conmigo por todo lo que había hecho. Yo le contesté, con sorna, que yo le estaba agradecido por todo lo que iba a hacer, y nos reímos a carcajadas. Un poco serio le dije que los dos me parecían buenas personas, que podía ayudarles a hacer realidad sus fantasías y además yo iba a tener el placer de compartir con él a una señora tan atractiva como su mujer…. Carlos se sentó en el sillón y me pidió que me sentara en el sofá doble para obligar a Ruth a sentarse junto a mí. Teníamos las copas en la mano cuando ella salió del baño. No se había quitado nada de ropa. Carlos le alcanzó su copa y ella, lentamente y con cierta timidez, se sentó a mi lado.
Brindamos y yo solté: “Por vuestro matrimonio, por que lo que pase en esta habitación les una más y sea el inicio de una vida más atrevida y apasionada …juntos”.

Ruth se levantó del sofá, se dirigió hacia Carlos y le dio un beso en los labios diciéndole: “Gracias por confiar en mi cariño esto lo hago por ti por que te quiero…”. Carlos le contestó: “Las gracias te las debo a ti, por dejarme hacer realidad mis sueños…”.

Ruth se volvió a sentar en el sofá, se giró hacia mí y me dio un leve beso en los labios y me dijo: “Gracias por entendernos…” Carlos se recostó en el sillón con la copa de champán en la mano y se dirigió a mí… “Bueno… tu dirás… ¿Qué se hace ahora…?” Yo le contesté con otra pregunta: “¿Qué te gustaría que pasara…?” Carlos respondió con cara de excitado y tímido: “Ya les he comentado a los dos que, en principio, me gustaría mirar…” Me dirigí a Ruth, la tenía muy cerca, casi podía notar los latidos de su alterado corazón y olía su sensual perfume. Yo la sentía excitada y nerviosa, esperando… sin saber muy bien qué hacer…

Yo quería ir despacio, no precipitar las cosas, disfrutar del morbo de cada momento y que ellos dos no olvidaran aquella tarde en mucho tiempo…

– “Y a ti, ¿Qué te gustaría que pasara…?” le pregunté.
– “No lo sé, nunca he estado en una situación como esta me siento mas nerviosa que la primera ves que tuve sexo ( se notaba excitada) , el experto eres tu…” me respondió.
– “¿Estas nerviosa?” (pregunta tonta) le cogí una mano, que estaba muy fría denotando el nerviosismo que sentía… “Relájate… intenta disfrutar… y a partir de ahora deja de controlarte y da rienda suelta a tus instintos…” Carlos se dirigió hacia mí: “A Ruth le encanta que la acaricien… que la besen… tiene unos pechos muy sensibles… “. Y le dijo a ella: “¿Por qué no te pones cómoda, mi amor?”. Ruth se quitó los zapatos y le dio un buen trago a la copa de champán, acabándola. Luego se levantó mientras comentaba que se le iba a arrugar la falda, se acercó a su marido y le preguntó si quería desabrochársela… Creo que ella ya sabía la respuesta: Carlos le comentó que prefería que lo hiciera yo. Volvió a llenar su copa sensualmente y se acercó a mi y me preguntó: “¿Me la desabrochas tú…?”
– “Será un placer” le dije mientras ella se colocaba de espaldas a mí y yo llevaba mis manos a su cremallera, que bajé lentamente. Sentía cómo Carlos alternaba su mirada entre los ojos de Ruth y mis manos. Una vez bajada la cremallera tiré lentamente de la falda hacia abajo y aunque no pude ver su culo porque lo tapaba el largo de la blusa (seguro que ella esperaba que lo descubriera y se lo sobara pero yo quería seguir disfrutando cada instante), sí descubrí unas piernas bien torneadas y bronceadas enfundadas en unas medias de lycra.

Terminé de quitarle la falda y le acaricié suavemente las piernas hasta un poco más arriba de las rodillas… “Preciosas” le comenté mientras yo sentía que se le ponía la carne de gallina (modismo boliviano). Ella le dio un buen sorbo a la copa de champán mirando a Carlos quien se levanto y manipulo los interruptores hasta encontrar un tono a media luz, seguidamente el volvió a sentarse, colocó la falda sobre la comoda y se sentó muy cerca de mí, subió las piernas al sofá y apoyó su espalda sobre mi pecho…. Mi brazo izquierdo quedó tras su espalda, por lo que pasé por encima de su hombro y le cogí una mano… “¿estás mejor… más relajada…?” Carlos se había recostado en el sillón y se acariciaba la verga discretamente. Miraba a su mujer, excitado… y a mi me gustaba mucho ir tensando la situación, sin precipitar nada, que las cosas fluyeran naturalmente… Quizás él quisiera que las cosas fueran más deprisa… Rodee a Ruth con mis brazos, con la mano izquierda le cogí su mano izquierda y las situé bajo su pecho, con la mano derecha le acariciaba distraídamente el brazo derecho… Ruth temblaba de excitación…

Me dirigí a Carlos: “¿Te gusta lo que ves?”. “¡Mucho!” me respondió… “Sigue por favor”. Al igual que a Ruth, le pedí que no se cortara y que dejara sus instintos en libertad…

Ruth apoyó su cabeza en mi hombro y se giró ligeramente mirando a su marido, hasta poner su boca frente a la mía. Primero fue un suave contacto de nuestros labios, luego lentamente fue abriendo su boca y me regaló su lengua, y finalmente terminamos aquel primer beso con cierta pasión controlada, devorándonos mientras yo le acariciaba el estómago con mi mano izquierda y le rozaba (con toda intención) la parte baja de sus tetas… Ella me agarró la mano y se la colocó sobre el pecho derecho…. Senti la dureza de mi verga dentro de mi bragueta pidiendo la libertad condicional…

Dejamos de besarnos pero ella mantenía mi mano izquierda agarrada sobre sus senos. Empecé a acariciarle el pecho suavemente y los dos volvimos la mirada hacia Carlos que, descaradamente, se acariciaba el paquete mientras fumaba un cigarrillo…

Ruth suspiraba mientras seguía sobándole el pecho. “¿Estás bien?” le pregunté… “Muy bien” me respondió. “¿Y tu?” pregunté a Carlos. “Continúa, por favor…” me dijo por toda respuesta…

Solté la teta de Ruth y fui desabrochándole los botones de la blusa muy lentamente mientras miraba a Carlos, que tenía una cara de morbo impresionante y se veía que estaba disfrutando mucho con el espectáculo… Tras quitarle la blusa Ruth quedó en ropa interior… Llevaba un precioso conjunto de tanga y sujetador negros de encaje y transparencias que insinuaban perfectamente sus pezones y los pelos del cocho… Las medias eran medias… y estaban sujetas por un sensual liguero a juego con el sujetador y el tanga…. Carlos le pidió a su mujer que me dejara ver bien su sensual lencería, ya que era la sorpresa que me quería dar… le pidió que caminara un poco por la habitación…

Ahora tenía una visión impresionante de su cuerpo… Ruth estaba realmente sensual, en tanga y sujetador, con la copa de champán en la mano y caminando lentamente hasta la comoda. Dejó la copa sobre el mueble apoyando sus brazos y echando su precioso culo hacia atrás… Carlos se sobaba el paquete con fruición, se había abierto la cremallera y había introducido la mano en su bragueta acariciándose la verga. Yo me había quitado la corbata, los zapatos y los calcetines y aproveché para desabrocharme el pantalón y dejar que Ruth notara mi verga hinchada a través de los calzoncillos negros… Ella se dio la vuelta y nos pilló a los dos acariciándonos las vergas por encima del calzoncillo… Abrió los ojos con cara de morbo total… llevó una mano a su pecho derecho y la otra a su cocho y se acarició suavemente, ya perdiendo totalmente la timidez, y observándonos de manera muy lasciva…

Se dirigió a su marido… (la bebida también estaba ayudando a desinhibirla )”Cariño, sácatela y déjame ver cómo te la meneas… porque voy a cumplir una de tus fantasías…” Carlos se había quitado la corbata… rápidamente, como para no perderse lo que sabía que iba a pasar, se puso de pié y se desnudó totalmente en un santiamén, volviéndose a sentar con su verga ahora libre entre sus manos, meneándosela lentamente y esperando….
Ruth lo observaba muy excitada… volvió la vista hacia mí, que me acariciaba el paquete por encima de los calzoncillos, sin quitarme todavía la ropa… Se acercó lentamente y se puso de rodillas frente a mí. Mientras, yo aproveché para despojarme de la camisa…. Mi verga estaba como una roca, tenía a Ruth frente a mí, con una perspectiva inmejorable de sus tetas todavía dentro del sujetador, sus pezones hinchados se marcaban perfectamente a través de la tela transparente… Una vez terminó hizo ademán de bajarme los pantalones, a lo que yo levanté un poco el culo del sofá para ayudarla en la operación… Tiró mis pantalones hacia un rincón de la habitación y puso sus manos sobre mis muslos, acariciándolos… Volvió la mirada hacia su marido y le dijo: “Creo que esta era una de las cosas que querías verme hacer… así que disfrútala como la voy a disfrutar yo…(sentí el latido de mi corazón en la punta de mi verga)” Y mientras decía esto y manteniendo la mirada hacia Carlos deslizó su mano derecha hasta mi verga y la acarició suavemente sobre los calzoncillos, soltando un suspiro de excitación… A continuación me separó las piernas y se metió entre ellas mientras seguía acariciándome el rabo… “Tienes una buena verga, eh” me dijo… Y agachando la cabeza me mordió suavemente la tranca por encima de la tela de los calzoncillos… Su melena caía sobre mi herramienta y yo quería disfrutar del morbo de verla con mi verga en la boca, y tampoco quería que Carlos se perdiera el espectáculo que tanto tiempo había esperado, así que se la aparté suavemente.

Ella ahora recorría todo el largo de mi miembro (todavía enfundado en el calzoncillo) con la lengua, se había puesto a cuatro patas para ofrecerle una excitante vista de su culo a su marido. Pensé que si seguía así Carlos se iba a perder algo que le daba mucho morbo: ver a su mujer quitarme los calzoncillos y meterse mi verga en la boca. Así que le cogí la cara a Ruth suavemente y se la aparté de mi herramienta, la puse a la altura de mi boca y le di un beso apasionado de tornillo mientras aproveché para llevar mis manos a los corchetes de su sujetador… no lo solté… esperé su reacción… dejó de besarme y me pidió: “Quítamelo…”. Se lo desabroché y lo dejé así mientras seguía besándola… de reojo veía cómo Carlos no se perdía detalle, tenía la verga hinchada y morada de tanto meneársela y pensé que no tardaría mucho en acabar… Ruth se bajó los tirantes del sujetador, se lo quitó y se separó un poco de mí para ofrecerme una visión de sus impresionantes tetas… “¿Te gustan?” me dijo… Las cubrí con mis manos sintiendo la suavidad de su piel, la dureza de sus pezones, el pálpito de su acelerado corazón… Ruth cerró los ojos disfrutando del momento mientras Carlos nos miraba con los ojos como platos, excitadísimo… Ruth se pegó a mí apretando sus pechos contra el mío, me dio un beso de campeonato y yo aproveché para alargar mis manos hasta su culo, poner una mano sobre cada nalga y sobárselas a conciencia, apartándolas una de la otra levemente, sabiendo que su marido no se perdería detalle…

Como los tres ya estábamos bastante excitados decidí dar un paso más… “Estoy seguro que Carlos quiere verte sentada en la cama…” le dije a Ruth, que me miró con cara de no entender. De todas formas se levantó con sus tetas bamboleantes y se sentó en el borde, y al mismo tiempo yo me acerqué de pié junto a ella, de lado para que su marido no se perdiera detalle de lo que iba a pasar… Acerqué mi verga dura como un palo (todavía encerrada en los calzoncillos) a su cara y ella sonrió y miró a Carlos… puso la mano derecha sobre mi paquete y empezó a recorrerlo de arriba abajo… Después llevó una mano a cada lateral de mis calzoncillos y fue bajándolos lentamente hasta que mi verga totalmente hinchada saltó como un resorte junto a su cara… Me bajó los calzoncillos hasta los pies y pasó la lengua cerca de mi verga para atrapar un hilillo de líquido seminal que se escapaba…

Ruth, ya totalmente desinhibida agarró mi herramienta con la mano derecha y comenzó a meneármela lentamente mientras con la izquierda sopesaba mis huevos… tenía su boca a pocos centímetros de la cabeza de mi verga. Miró a su marido con cara de lujuria absoluta y le preguntó: “¿Esto es lo que querías verme hacer…? Y sin esperar la respuesta engulló mi verga totalmente y comenzó a mamármela lentamente, con delicadeza… Llevó la mano izquierda de mis huevos a mi culo y acompañó la impresionante mamada con unas caricias a mis nalgas, clavándome suavemente sus uñas…
Yo me sentía en el séptimo cielo. Miraba a aquella mujer, aquella señora con cara de niña-bien mamándome la verga como una experta profesional…

Volví a apartarle la melena suavemente para que Carlos no se perdiera detalle de lo que tanto tiempo había estado esperando ver… Estaba maravillosa, sus tetas se movían al compás de la mamada, sus piernas, enfundadas en aquellas medias negras de lycra y bien abiertas, dejaban ver la minúscula tanga humedecida por la excitación y el morbo del momento que estaba viviendo…

Ruth seguía comiéndome la verga, su lengua ávida recorría cada centímetro de mi piel. Con la mano izquierda pegó el pene a mi vientre y arremetió contra mis huevos, metiéndoselos alternativamente en la boca y chupándolos, mientras introducía su mano derecha en el tanga y comenzaba a masturbarse lentamente… Podía ver su anillo de casada a través de la tela transparente de las bragas…

Miré a Carlos que seguía meneándosela ahora con un ritmo acelerado, y con la cara roja del morbo de ver a su mujer chupándole la verga a un extraño delante de su marido…. Le hice una señal para que se acercara.

– ¿Te gustaría tener una verga en cada mano…? le pregunté a Ruth, que estaba ensimismada, con los ojos cerrados sintiendo los dos dedos que se había metido en el cocho mientras seguía chupándome el miembro… No me contestó.

Carlos se puso de pié y se acercó a donde yo estaba, acercando su verga a la cara de Ruth, que abrió lo ojos y creyó estar en el “país de las vergas”… sorprendida sacó su mano derecha del tanga y atrapó la verga de su marido.

Dejó de chupar la mía y engulló la de Carlos mientras me masturbaba con su mano izquierda…. Ruth gemía y temblaba de lujuria, mamaba y masturbaba alternativamente las dos trancas moviendo acompasadamente el culo en el mismo borde de la cama, intentando sentir más…. Ya necesitaba que alguien se encargara de darle placer a ella….

Ruth, con una cara de golfa impresionante, no paraba de intercambiarse las vergas en su boca. Carlos miraba extasiado a su mujer y le acariciaba el pelo, tanto él como yo jugábamos con sus pechos y sus pezones, acariciándolos, pellizcándolos, amasándolos mientras ella emitía gemidos cada vez mas fuertes…

Carlos, mirando a su mujer con la boca llena de verga, me dijo: “¡Quiero ver cómo se lo comes…!”. Al instante ella soltó mi verga y se dejó caer lentamente en la cama, quedando boca arriba con el culo en el borde, los pies colgando y apoyados en el piso. Carlos se acomodó a un lado de su mujer, que no tardó nada en atraparle el miembro y acercárselo a su cara para continuar con la mamada que le estaba pegando…

Yo me arrodillé en el suelo, entre las piernas de Ruth. Tenía una perspectiva inmejorable: su boca mamando verga de su marido mientras con las manos le acariciaba los huevos y lo masturbaba, sus tetas parecían dos flanes moviéndose al compás de sus “trabajos manuales”… y abriendo y cerrando las piernas, ansiosa por que le trabajaran el cocho…

No me hice esperar, con las bragas puestas le di unos leves besos en la cara interior de sus muslos que las medias dejaban al descubierto, y ella se revolvió como pidiendo más…exigiendo más….pensé que ya estaba muy caliente y necesitaba correrse pronto… Metí los dedos índice a cada lado de su tanga y comencé a bajarlo lentamente. Ella levantó el culo para facilitarme la operación y Carlos miraba extasiado cómo el chochete de su mujer, por fin, quedaba a disposición de un desconocido…

Una vez que se las bajé del todo quedó ante mi cara un cochito delicadamente depilado, sólo con un mondonguito de pelo en forma de triángulo en el pubis y el resto totalmente afeitado… Metí mi cabeza entre sus piernas y pude percibir una agradable mezcla de perfume caro y flujos de hembra caliente. Me dediqué otra vez a besar la cara interna de sus muslos, a pocos centímetros de su cocho hambriento… sabía que Ruth estaba a punto y que con poco que le hiciera se correría como una loca… y así fue.

Bajó la mano derecha hasta mi cabeza, y agarrándome de los pelos llevó mi cara hasta su sexo mientras me ordenaba: “¡Chupamelo, cómemelo yaaaa!” Le puse una mano en cada corva de las rodillas y le levanté y separé las piernas hasta casi hacerlas chocar con sus tetas, de esta forma su cocho quedaba totalmente abierto y a mi entera disposición… Empecé lamiéndole los labios con delicadeza y se revolvió como una posesa… Carlos le sostuvo una de las piernas, liberándome la mano derecha, lo que aproveché para meterle el dedo corazón en el cocho y comprobar que aquello era una bañera… Cuando comencé a darle suaves golpes con mi lengua en el clítoris me agarró la cabeza con las manos y se corrió en mi boca mientras emitía unos extraños grititos roncos por tener la boca llena de la verga de su marido, que miraba la situación totalmente empalmado y a punto de correrse…
Seguí dándole caña para hacer que la corrida de Ruth no decayera, metí mi lengua en su cocho y se la movia en circulos, la metia y sacaba a modo de miembro, le solté la otra pierna y metí mis manos debajo de sus nalgas levantándole el culo… Carlos le había sacado la verga de la boca, supuse que por el evidente riesgo de la inminente corrida, y ahora se dedicaba a besar a su mujer y comerle las tetas… mientras ella suspiraba y se retorcía de placer…
Yo seguía comiéndole el cocho, lamiéndoselo, chupándoselo.. metiéndole primero uno y después dos dedos… Tenía la impresión de que aquel culo era virgen (y pocas veces me equivoco)… y fui bajando mi lengua a todo lo largo del chochito hasta llegar a su ojete… Ella dio un suspiro sonoro al sentir que invadía aquella zona hasta ahora prohibida… pero no dijo ni insinuó nada, mientras yo seguía perforándole el culito con dos dedos. Le lamí el ano haciendo círculos con mi lengua a su alrededor y sentí cómo relajaba sus músculos, señal de placer y aprobación… Seguí comiéndole el culo y finalmente introduje levemente mi lengua en el ano, ensalivándoselo bien. Cada vez que le daba una lamida ella experimentaba unos curiosos temblores de placer…

Volví con mi lengua al cocho de Ruth, se la pasaba por todo lo largo, desde arriba hasta abajo como si lamiera un helado, y ella lo agradecía gimiendo y retorciéndose… Quería ponerla a prueba y apoyé la punta de mi dedo índice en el huequito de su culo… Ella hizo un reflejo de apretarlo, pero segundos después lo relajó y yo aproveché para introducirle la primera falange, que entró sin demasiado problema por la cantidad de saliva que le había dejado anteriormente… Como no sentí ninguna reacción negativa continué con mi impresionante comida de cocho y le introduje la segunda falange… Ruth cerró el huequito de su culo con fuerza… Pensé que se había molestado, pero segundos después cerró sus muslos en torno a mi cabeza y me apretó mientras gemía y temblaba… Comprendí que se había corrido otra vez en mi boca y saboree sus jugos ralentizando el ritmo de la comida de cocho que le había ofrecido…

No podía ver a Carlos. Pero sabía que él estaba absorto observando mi actuación… Debía tener la verga en carne viva después de tanto meneo y tanta mamada.

Me cojieron entre 30

Tengo la suerte de ser tan linda como caliente. Pero en verdad hace unas noches llegué muy lejos. Es un caso real. Me calenté muchísimo viendo un concurso de vergas grandes en un club de la zona roja. Los ganadores tenían unas tuberías bestiales. Al salir me metí en el bar de junto y parece que me pasé de tragos. Escuché una canción súper estimulante y antes de lo controlable me subí a la barra del bar y empecé a moverme tocándome toda.

El lugar estaba lleno de hombres, que al verme empezaron a aplaudir y gritar. Me entusiasme tanto con la fantasía del show que me agachaba mucho para que se me subiera la minifalda. Desabotoné mi blusa, la lancé y empecé a bailar en sostén. Luego me agaché de espaldas al público, me saqué el panti y lo lancé también. Cuando me rompí el sostén con una cuchilla mis pechos saltaron y se movían con furia al ritmo de la canción. Eso descontroló a los hombres. El bar tender y otro tipo me derribaron rápidamente acostándome en la barra.

En ese momento vi más de una docena de tipos venir hacia mi. Traté de resistirme, pero alguien me sujetó las manos hacia atrás y enseguida empezaron a sobarme las tetas, eran muchas manos peleándose el lugar. Al rato dos tipos se pegaron a amamantarse uno de cada seno.

Me mordían y lamían los pezones con locura y otros me sobaban la concha. Yo pataleaba, pero enseguida el pataleo se convirtió en una seña de invitación. „Aaaah, aaaah‰ -empecé a jadear con tono de gatita dulce mientas abría mucho mis piernas con unas ganas terribles de tragar por la vagina.

Me acostaron en una mesa más baja, obviamente para culearme. „Culeénme todos, Dénme verga, dénme verga‰ ˆgritaba como endemoniada cuando me llevaban en el aire.

Tenía la concha toda babosa y para mi sorpresa uno de los ganadores del concurso de vergas estaba frente a mi. Era un trigueño guapísimo de cabello ondulado y ligeramente fornido. Me haló por los muslos hasta la orilla de la mesa mientras otros dos me chupaban las tetas. Yo les sobaba la cabeza animándolos a seguir porque siempre me ha enloquecido a morir que me chupen los pezones.

El guapo sacó su vergota y me la puso en la entrada de la concha. No me cabía. Yo gritaba y él empezaba a empujar. Aún así no entraba. Era harto gruesa como una gran boa. Otros dos tipos me sujetaron uno cada pierna abriéndomelas mucho para estirar mis labios vaginales. El tipo ya impaciente me aferró por la cintura y empujó con todo. Me la encajó a la fuerza. Sentí que me rasgaba los labios vaginales. Los otros me levantaron la cabeza para que viera como me entraba y salía semejante boa que me maltrataba hasta el vientre.

Me dolía mucho. „Noooo por favor‰ ˆexclamé. Pero me silenciaron con otra pinga dura y gorda en la boca. „Chupa puta, chupa verga‰ ˆgritaba uno mientras me la metía con furia hasta la garganta. Poco a poco todo empezó a gustarme, aún cuando me dolía. Tuve que estirar mucho mi boca también para empezar a mamar esa verga que me ahogaba. Yo soy muy buena mamando como una salvaje, así que el tipo se me vino rápido en la boca y me llenó la cara y las tetas de leche. Mis terneritos me las lavaron con whisky, mientras el otro todavía me daba por la vagina.

„Más duro, más duro, más duro‰ ˆpedía yo, a pesar de que no aguantaba ese garrote sacudiéndome las entrañas. Otros dos tipos empezaron a mamarme las tetas riquísimo. En ese momento me solté en leche pegajosa gritando como una desquiciada: „Dénme verga, dénme verga todos! Cójanme todos que soy su perra culiona∑.Así, verga, así, así!‰ En ese momento se me corrió el guapo adentro, sentí su chorro hirviendo correr por mis entrañas. „Ya te preñé puta‰ me dijo dándome un beso y sacándome su monstruo pegajoso.

Los tipos enloquecían al escucharme y vitoreaban todos a la vez. Luego, me ataron las manos a la espalda y me sentaron encima de un negro de verga morada muy larga y dura como espada. Cerré mis ojos casi al desmayo cuando me lo encajaron. Empezaron a turnarse para mamarme las tetas. Me ardía pero al rato de menearme en círculos me gustó el asunto. El negro me sacudía hacia de abajo hacia arriba con violencia. Cada vez que me cansaba me ayudaban a sacudirme hacia arriba y abajo y me daban a beber algo de whisky. Mis pezones estaban hinchadísimos y crecidos al máximo, pero mis tetas duras e inflamadas pedían más lengua. Así soy yo.

De pronto una voz gritó „Por el culo, dénle por el culo a esa perra mamona. Mira que nalgotas más buenas tienes perra‰. Y me pusieron en cuatro, acostada encima de un rubio de verga extrema también. Aún con mis manos atadas atrás tuve que culearmelo bien rico, mientras otro negro empezó a meterme el dedo por el culo, y en menos de lo que creí me tumbo sobre el tipo que yo estaba cabalgando y me empezó a clavar su polla también. No me entraba tampoco.

Yo nunca había cogido por atrás, y este tipo me hizo ver las estrellas cuando me la dejó entrar hasta la mitad y después toda. Casi lo sentía en mi estómago. Sentí que me moría con ese negro dándome por el culo en unos mete y saca alternados conel que me daba por delante. Empecé a chillar. Me daban durísimo en esa penetración doble. Me corrían las lágrimas. “Chilla perra, chilla” decía el negro que me daba por el culo. Yo tenía algo de asco pero no podía parar. Cada vez que me dejaban la boca libre pedía más polla.

Era de muerte lenta. Se turnaron y me voltearon boca arriba y así me seguían dando entre los dos. Luego cambiaron dos más, dos más y así sucesivamente. A veces me cansaba acostada y me culeaban de pie, a veces de dos en dos. A veces tres, cuando uno me daba por la boca. A veces llegaban a ser cinco, cuando dos me chupaban los pezones.

Después de catorce culeadas distintas perdí la cuenta de todos los que me daban por el culo, por la chucha y por la boca. Me desataron las manos pero casi no me podía sostener con ellas. Ellos se encargaban del resto. Llevaba más de una veintena de hombres sacudiéndome toda con sus vergas. Me marcaron todo el cuerpo y las tetas a chupetadas. Las tenía rojas a punto de sangrar. El culo y la vagina me sangraron un poco, y aún así cuando tenía aliento yo todavía gritaba: “Más duro, más duro. Dénme más”.

Lo que más me encantaba era sentir todas esas vergas golpeándome dentro del culo y sacudiéndose dentro de mí como culebras.

No puedo creer que fui tan puta de culearme con 30 desconocidos. Toda la noche montando y tragando verga de la buena y recibiendo las mejores mamadas de tetas que me han dado.

Al último que me monté era un joven medio chino precioso. Lo monté con ganas. Tenía un pecho lindísimo y cogimos como cuarenta minutos sin parar. El me apretaba el cuello casi a grado de asfixia y me lamía los pezones mientras yo cabalgaba con velocidad eléctrica. Juntos soltamos nuestros líquidos calentísimos y caí sobre su pecho rendida, mientras los otros se alejaban del lugar. Me besó los labios en el momento que entraban los primeros rayos de sol. Eres grandiosa -me dijo-, lo que tienes de puta lo tienes de linda‰ y me sacó de allí a toda prisa en su auto.

Saludos,
Putabella

En la peluquería

Hola amigos:

Espero que disfrutéis con este relato, al menos tanto como disfruto yo desde que sucedió.

Os daré algunos detalles referentes a nosotros, somos una pareja de unos 40 años, con dos hijos y vida sexual prácticamente inexistente desde hace cuatro años y hasta hace un par de meses.

Soy bastante resultona y según dice mi marido (y algún que otro comentario que he escuchado) parece que tengo unas magníficas tetas, aunque algo caídas para mi gusto, y siempre he sabido sacar partido de ellas, con buenos escotes y sobre todo en la playa, donde procuro llevar pequeños bikinis que dejan a la vista casi todo el pecho, para el deleite de mi marido (y los demás a juzgar por las miradas) lo cual no parece importarle en absoluto, al contrario es él quién me anima a comprarme algún que otro bikini que sería incapaz de ponerme si fuera sola. Por otra parte, desde jovencita he sido una enamorada de “las cubanas” con las que disfruto y me pongo cachondísima, simplemente viendo la cara de vicio de quien la recibe. Digamos que mi punto débil sería el culo, con el que no estoy nada contenta, y quizá por ello me haya negado sistemática! mente al sexo anal y aunque mi marido me lo haya solicitado desde que me acuerdo, lo más que ha conseguido es hacerme unas formidables pajas mientras me comía el coño con un dedo dentro del culo. Además no me hace falta, ya que con mi coño disfruto de lo lindo y nunca he dejado a ningún hombre con ganas de seguir follando.

Mi marido, que os puedo decir de él? Era el niño guapo de la pandilla, con un culo increíble. Cuando conseguí enrollarme con él todas mis amigas me odiaron porque era de los más solicitados. Por eso mismo me dediqué a que no tuviera que buscar nada fuera desde el primer momento hasta que quedamos firmemente comprometidos. La verdad es que fueron unos años maravillosos, follábamos en cualquier sitio y allí dónde no era posible siempre estaba dispuesto a hacerme una paja que posteriormente se vería recompensada por mi parte, me ha llegado a reconocer que nunca le habían hecho una paja como yo se las hago, así que debe ser que las hago bastante bien. Tiene una polla normalita, nada del otro mundo, pero tarda una barbaridad en correrse y me ha dado gusto a base de bien. Recuerdo especialmente la noche de mi 24 cumpleaños, que la pasamos solos! en casa de mis padres, metidos en la cama y como regalo tuve ¡24 orgasmos! durante la mayor y mejor sesión de sexo que he tenido hasta hace unos días.

Cuando nos casamos, llegó la monotonía y poco a poco la frecuencia de las relaciones pasó a ser de una vez por semana, dos a lo sumo. Sin embargo él sigue pidiéndome prácticamente a diario que necesita sexo aunque muchas veces no me encuentra dispuesta a ello. Sigo ofreciéndole de vez en cuando una de mis maravillosas pajas, o una buena cubana cuando tengo más ganas de guerra. Cuando llegamos a follar, hay días que me cansa, cada vez le cuesta más correrse y yo ya no aguanto las sesiones de antes, que podían durar 2 o más horas. Hace poco empezó a decirme lo cachondo que se pone cuando piensa que en mi trabajo estoy follando con otros y que nada le gustaría más que verme follar con otro, de hecho cuando me está follando me pide que le cuente como lo hago con otros, aunque sea mentira y confieso que muchas veces lo he hecho pues se corre e! nseguida y puedo descansar. Yo no le hago caso, pero reconozco que alguna que otra vez he fantaseado con que al final de una reunión me quedo discutiendo con algún compañero y acabo follándomelo salvajemente, a veces pienso que tendré que acabar haciéndolo para poder seguir contándole historias a él, porque ya no sé qué contarle. Desde entonces sé que se masturba casi a diario (aunque él no sabe que lo sé) imagino que pensando en mis inexistentes sesiones de sexo fuera de casa.

Bueno vayamos al grano. Hace poco fui a una peluquería nueva que han abierto cerca de casa. Había una oferta especial por apertura en la que te hacían el corte de pelo y además te daban un bono para unos masajes capilares, me corte el pelo y quedé para los masajes durante cuatro sábados consecutivos, ya que no podía hacerlo a diario. El primer día llegué y pase a una especie de trastienda donde se encontraban las cabinas en las que aplicaban los masajes. En ese momento estaban todas ocupadas y tuve que esperar unos minutos a que una quedara libre. Mientras pude leer un cartel que colgaba de la pared con los diferentes servicios que proporcionaban, además del masaje capilar, hacían depilación integral y peluquería íntima, entre otros. Cuando me tocó el turno pasé a la cabina y me recibió una señorita, Gema, que amablemente me acomodó en un! a camilla muy especial. Parecía el sillón de un dentista con múltiples ajustes de altura e inclinación pero a partir de la cintura se dividía al medio. Comenzó a activar pedales y botones hasta dejarme en la postura que necesitaba para hacer su trabajo, colocó una música relajante y comenzó la sesión. Durante la misma, me pareció escuchar gemidos y gritos provenientes de las cabinas contiguas, pero estaba tan relajada que no sabía si era un sueño o realidad. Al final de la sesión le pregunté por los servicios de depilación integral y peluquería intima, me los explicó y me presentó a los encargados de ello, Carlos, Nacho y Ana, todos ellos con un aspecto excelente.

Cuando llegué a casa mi marido me preguntó que tal me había ido y yo le dije que fenomenal, que debería probarlo y le di uno de los vales que tenía para mí, le dije llama y concerta una cita, merece la pena, te dejan como nuevo.

La siguiente sesión, antes de entrar le dije a Gema que estaba interesada en el servicio de depilación pero que no deseaba una depilación integral, sino una depilación normal, axilas piernas e ingles. Me dijo que no había ningún problema y que si me parecía pasarían mientras ella me estaba dando el masaje para realizar su trabajo, yo le dije que me parecía bien y al pasar a la cabina me dijo que me desnudara y me pusiera una bata. Así lo hice, me coloqué en la camilla y comenzó el trabajo. Al poco tiempo me encontraba en la misma gloria cuando noté que abrían la puerta y entraba uno de los chicos que había conocido con una serie de botes y aparatos que no acertaría a describir, me invito a quitarme la bata y yo inmediatamente miré a Gema como asustada, ella me dijo,

-no te preocupes y tapate con esta toalla

Me quite la ropa y me puse la toalla que a duras penas tapaba mis enormes tetas y por abajo me llegaba justo hasta el inicio del coño. Comenzó a hacer su trabajo, y antes de empezar con una axila entró otro compañero, Nacho, que me dijo:

-Mientras Carlos te hace las axilas, si te parece yo empezaré con las piernas.

Asentí con la cabeza y a los pocos instantes mi situación era la siguiente, Gema me estaba aplicando un maravilloso masaje capilar (os lo recomiendo) Carlos me embadurnaba las axilas con una suave crema que me hacía unas cosquillas muy agradables y Nacho hacía lo propio con mis piernas. Gema acabó su trabajo y abandonó la cabina, en ese momento estaba completamente relajada y cualquier cosa que prolongara esa situación la habría aceptado, ellos parecían saberlo y me propusieron gratuitamente un corte de pelo íntimo, inmediatamente les dije, hacer conmigo lo que queráis. Ana entró en escena manipulando la camilla de manera que mis piernas comenzaron a abrirse a la vez que se flexionaban, dejando mi coño perfectamente ofrecido para que pudiera hacer su trabajo. Me retiraron la toalla y Ana se sentó en un taburete entre mis piernas a escasos centímetros de mi coño, completamente abierto y ya empapado a esas alturas.

Comenzó la preparación de la zona, aplicándome una loción tipo gel, para ablandar los pelos, mientras Carlos me aplicaba una crema calmante en las axilas para después de la depilación, y descuidadamente sus manos se aventuraban sobre mis grandes tetas cuyos pezones comenzaban a ponerse duros, le miré a los ojos como dándole consentimiento, cogió más crema con sus manos y comenzó a sobarme descaradamente las tetas, a esas alturas mi respiración entrecortada y mis gemidos, hacían evidente mi estado de excitación, Nacho acabó su trabajo en las piernas y al ver a Carlos se acercó a mis tetas para seguir dándome placer. Instintivamente mis manos buscaron sus pollas que bajo el pantalón parecía que iban a estallar, en menos de cinco segundos se quedaron completamente desnudos y sus dos enormes pollas, se balanceaban a escasos centímetros de mi ! boca invitándome a que las chupara. No había tiempo que perder, estaba tan caliente que le dije a Ana:

– Ana cariño, si no quieres que me corra en tu cara termina ya, que estoy chorreando! Me habéis puesto tan cachonda entre todos que necesito meterme algo por el coño para calmarme.

Acabó su trabajo, me secó y me aplicó una crema refrescante con un pequeño masaje, que terminó de ponerme como loca. Recogió sus trastos y se acercó a mi oído diciéndome:

-¡No me importaría nada estar en tu lugar. Que disfrutes!

Y salió de la cabina. En ese momento la estampa era la siguiente: yo estaba en una cabina cerrada, tumbada en una camilla, en pelotas, completamente abierta, con el coño rasurado (por cierto el trabajo de Ana fue sensacional), todo el cuerpo embadurnado con cremas, cachonda perdida y con dos rabos para mí solita, así que puse cara de vicio y les dije:

-Quien de vosotros va a ser el primero en meterme el rabo hasta las bolas? No os preocupéis que tendré para los dos. Os prometo que me follaréis hasta quedar secos!

Automáticamente, Nacho se colocó entre mis piernas, subió un poco la altura de la camilla y empezó a meterme su rabo, era mucho más grande que el de mi marido, empujaba lentamente, se veía claramente que no era la primera vez que lo hacía, entendí los gemidos que me pareció escuchar el primer día, estaba tan caliente que antes de que llegara hasta el fondo de mi coño, ya me había corrido, a partir de ese momento todo fue maravilloso. Nacho empezó a bombearme con su rabo, mientras yo le dije a Carlos que se sentara sobre mis tetas a horcajadas para hacerle una cubana. Una vez estuvo en el lugar correcto, coloqué su nabo entre mis grandes tetas y comencé a moverlas arriba y abajo, este otro rabo no era tan gordo pero si tan largo que en sus envites llegaba hasta mi boca, momento que yo aprovechab! a para escupirlo y chuparlo poniéndolo a cien.

En esta situación no tardaron en llegar los orgasmos, perdí al cuenta, cuatro, cinco, Nacho adoptó un ritmo lento pero constante, haciéndome disfrutar con cada centímetro de polla que entraba por mi coño, cuando ya no podía más le pedí que acelerara su ritmo (parecía que el coño se me iba a derretir) y me llenó con su leche caliente, casi a la vez Carlos agarró mis dos tetas con ambas manos y dando fuertes envites descargó abundantemente sobre ellas. En ese momento me quedé en tal estado de relajación que no me di cuenta que alguien más entro a la cabina. Comencé a notar una lengua caliente que lamía mi coño, limpiando toda la leche que Nacho me habían dejado dentro. Cuando miré me llevé una grata sorpresa, era mi marido. Estaba lamiendo como loco la leche que minutos antes había salido del rabo de Nacho, en mi estado de excitación le solté:

-Esto es lo que querías verdad cabronazo? Cuando acabes de limpiarme el coño, sube a mis tetas y termina tu trabajo. Quiero que me dejes limpia para que puedan volver a follarme como a una perra. Como a tu perra, cornudo de mierda! Verdad que te gusta?

Debo decir que la situación me ponía muy caliente, mi propio marido estaba limpiando los restos de semen que dos pollas acababan de desparramar en mi coño y mis tetas, y empezaba a disfrutar de todo esto. Muy obediente, el cornudo me dejó el coño y las tetas perfectamente limpias, pero sin quererlo me había vuelto a poner a cien, y esta vez éramos una más a disfrutar. Una vez terminó le dije:

-Siéntate ahí y mira como disfruto con dos rabos de verdad. Vas a ver como soy capaz de tener dos pollas dentro y tú no te preocupes, puedes sentarte y masturbarte como haces en el baño de casa, pero esta vez no te hará falta imaginarte nada, esta vez lo vas a poder vivir de cerca.

En seguida se abalanzaron sobre mí y en poco tiempo volví a tener dos grandes rabos dispuestos a darme placer a mi y al cornudo de mi marido. Uno de ellos cogió un bote de crema y empezó a untarme el culo, metiéndome primero un dedo, luego dos hasta que mi culo se dilató lo suficiente para lo que me aguardaba. Mientras el otro me tapaba la boca con su polla que enterró hasta mi garganta y yo chupaba como podía. Me bajaron de la camilla y se sentó en ella Carlos, con el rabo apuntando al cielo, y me dijo:

– Ahora vas a gozar de verdad, te vamos a follar como nunca te lo habrá hecho el cornudo de tu marido, nos pedirás mas y lo tendrás. Tendrás todo el rabo que seas capaz de soportar. Ven aquí zorra, que te va a gustar.

Confieso que me asusté un poco, pero tener a mi marido allí al lado me tranquilizó. Me agarró por la cintura y me sentó sobre su vientre, dándole la espalda, me abrió las piernas y comenzó a sobarme las tetas, pellizcándome los pezones, que volvían a estar duros nuevamente. Intentó meterme la polla por el culo, pero entre la postura y la crema no atinaba muy bien, mirando a mi marido, completamente empalmado viéndolo todo le ordené:

– Tu no has querido siempre darme por culo? Pues he decidido que en este momento te voy a conceder ese deseo, pero tendrá que ser con la polla de Carlos así que cógela y métemela por el culo, cabrón, quiero que presencies en primer plano como me desvirgan el culo.

No había terminado de decirlo cuando el cornudo ya estaba agarrando la polla de Carlos e intentaba torpemente introducirla por mi culito virgen. Esta vez fue diferente, ahora sí. Colocó el capullo en el sitio correcto y presionó ligeramente hasta que consiguió que el capullo entrara. Una vez entró la cabeza grité, pero inmediatamente me dejé caer y me ensartó toda la verga hasta que los cojones llegaron a mi culo. Me quedé inmóvil, sin respiración, parecía que algo se me iba a romper por dentro, pero al cabo de unos segundos, el dolor se transformó en calor y empecé a subir y bajar por aquel pedazo de carne que me llegaba hasta las entrañas. Mis tetas comenzaron a moverse arriba y abajo siguiendo los envites del nabo de Carlos, un placer nuevo para mí comenzó a surgir y comencé a gritar como una perra

-Así cabrón. Ahhhhhhhhhh Que rico. Mmmmmmmmmmmm Fóllame el culo. Me gusta perro, no pares de meterme el nabo, sigue así. Ves cabronazo lo bien que me están follandoooooooooo, asi, más, más no pares, llena mi culo de perra con tu leche, Que rico, ahhhhhh.

A la vista de todo esto, Nacho estaba nuevamente empalmado y colocándose frente a mi coño, apunto con su rabo y empezó un nuevo mete-saca que me llevó al delirio. Cuando me entraba el rabo de Carlos por el culo, salía el de Nacho de mi coño y viceversa, estaban perfectamente sincronizados, (luego supe que era un numerito que hacían con bastante asiduidad entre las clientas) de manera que los orgasmos se sucedían indistintamente provenientes de mi culo y de mi coño, hasta que no pude distinguir el origen y empecé a gritar, arañarles, morderles, como loca y los dos se corrieron dentro de mi inundando mis dos agujeros. Fue una sensación muy placentera sentir todo ese liquido caliente entrando por mis dos agujeros. Al sacarme sus pollas, la leche goteaba de mis orificios, pero mi marido se apresuró a lamer ambos y dejarlos perfectamente limpi! os, aunque un poco enrojecidos. Al terminar se dio la vuelta y comenzó a limpiarles la polla a Nacho y a Carlos hasta dejársela igualmente limpia, mientras le cogí la polla y le hice una mamada hasta que me llenó la boca de su propia leche, que tragué con gran placer. Era lo menos que se merecía después de todo.

Nos vestimos y nos despedimos. Una vez en casa mi marido me confesó lo mucho que había disfrutado y me echó otro polvo con más ganas que nunca. Desde entonces, mi vida a dado un giro considerable, visto siempre más provocativa, me retoco el pelo (el del coño) una vez al mes, y aunque le prometí a mi marido que si el no estaba presente no lo haría con nadie más, reconozco que cada vez que lo recuerdo mojo mis bragas y si no tengo a mi marido cerca tengo que hacerme una paja. A mi cornudo le encanta todo esto y me echa unos polvos de campeonato. Se me ocurrió sugerirle el ir a un club de intercambio donde pueda tener una buena sesión con varios hombres y desde entonces no para de follarme y pajearse pensando en ello. Estoy pensando en darle ese gusto y de paso correrme una buena. Os prometo que sabréis como acaba……………..

Si queréis contactar con el cornudo de mi marido o conmigo: corneadora@yahoo.es

Viaje de estudios

Fue durante el año 2004, cuando me encontraba cursando estudios de postgrado… En ese curso había conocido a una hermosa mujer (rubia, alta, muy buen cuerpo, una carita que es una delicia) con la que empeze a noviar…

Compartía con ella la cursada, por lo que compartíamos amigos… así fue que, en el marco de una materia, nos fuimos de viaje junto a una amiga para hacer un trabajo a puerto madryn…

Marcela es chilena, morocha, bonita, muy buenas tetas y un físico atletico…

Ibamos juntos a casi todos lados, aunque de vez en cuando nos escapabamos con mi chica para hacer el amor… No obstante esos escapes, una noche en que pensamos que Marce dormia (compartíamos la habitacion del hostel), Cin se paso a mi cama y empezamos a hacernos mimos… la temperatura fue subiendo y, con mucho cuidado, comenzamos a hacer el amor… en eso estabamos cuando note que, en la cama de junto, nuestra amiga nos miraba y, bastante excitada, se tocaba…

Se lo dije en secreto a cin quien, sin pensarlo dos veces, se cambio de cama y empezo a besarse y acariciarse con marce… mientras yo, sorprendido y caliente, me empece a pajear… cuando senti que acababa las separe acabando en las tetas de marce… cin se puso celosa y le empezo a chupar mi leche de las tetas y, despues, la compartio con nuestra amiga en un beso…

siguieron besandose y terminaron haciendo un hermoso 69… ahi intente participar, y asi las besaba y juntos le besabamos la concha a la otra…

no podia creer lo que estaba viviendo y mi pija se puso durisima… ahi mismo me la empezaron a chupar las dos y, enseguida, cintu me tiro a la cama y se monto sobre mi verga… mientras cogiamos marce nos chupaba… y como a cin le gusto, se corrio y le pidio que siga, asi, mientras marce le chupaba la concha cin yo le entre desde atras a marce… y asi, mirando el bellisimo culo y la espalda negra de mi amiga y a mi hermosa novia con las piernas abiertas al frente explote como creo que nunca lo habia hecho…

cada vez que recuerdo ese momento parece que lo vuelvo a vivir… no lo repetimos y nunca hablamos de esa noche… pero la verdad es que fue inolvidable…

La madre paga por las dos

Esta historia hizo nuestras delicias, porque Raúl, uno de sus protagonistas, la contaba con tal gracia, que no podíamos evitar morirnos de risa. Yo carezco de su gracia, pero se que puedo recrear la otra parte, porque moríamos de risa y se nos templaba la verga. Raúl era compañero mío de la Facultad, tenía por entonces 20 años y era compañero inseparable de farras y juergas. Alto, güero, bien plantado y con su pinta de valemadres, tenía un notable éxito con las chicas. Una vez armamos un trío con una de las nenas más bellas de la escuela, pero esa es otra historia. Marcos, primo de Raúl, tenía 27 años y mejor pinta que mi amigo, y mayor fama aún de borracho, parrandero, jugador y enamorado. Vivía en un cuarto de vecindad en la colonia…, donde sucedieron los hechos. Habla Raúl:

Marcos se andaba cogiendo a una chava del vecindario, que vivía a un par de calles de su casa, una morra de 21 o 22 años, gatúbela pero buenona, que nunca exhibía en los círculos intelectuales en los que solía rolar, y donde acababa de tronar con su chica, una burguesita deliciosa. Una de las veces que mis jefes me echaron de casa caí en la del Marcos, y al tercer o cuarto día de mi acampada en la “sala-comedor” de su cuartucho, sucedieron los hechos.

Llegué yo al lugar y Marcos estaba fajando con la morra dicha, “se llamaba digamos que María”, para citar al Sabina, y otra chavita, de muy buen ver, de mediana estatura y pechos pequeños, estaba sentada en el sillón de enfrente…

(Composición de lugar: el “cuarto” tenía en realidad dos ambientes y un pequeño baño. Entrando estaba la “sala comedor”, ocupada por dos libreros, dos sillones y una mesita de trabajo; luego, una cortina separaba este cuarto del siguiente, en que había una cómoda y una cama matrimonial, y la entrada al baño, y ya).

En cuanto entré, María me dijo: “Hola, Raulito: esta es mi prima Deyanira, que te quería conocer”. Platicamos un rato y al poco, María y Marcos dijeron que iban por unas guamas a la tienda. No bien salieron, la tal Deyanira me saltó encima y empezó a besarme con furia, con hambre. Ya no hablamos: como en peli gringa, nos encueramos el uno a la otra con prisa, y nos tiramos en la cama, y más pronto que rápido, estaba ella arriba de mi, con la verga bien metida y moviéndose arriba y abajo con frenesí. Debo decir que estaba más buena de lo que parecía, y que sus prietas y duras carnes habían hecho del momento el cumplimiento de una fantasía.

En eso estaba ella, haciendo las labores propias de su sexo, mientras yo la tenía bien agarradita de la cintura, cuando Marcos, que había llegado hacía rato, entreabrió la cortina divisoria y gritó “¡tu mamá!” Deyanira no se inmutó y a mi también me valió verga, pero entonces entró un ente a la habitación, como alma que lleva el diablo y, así como estaba, sentada sobre mi verga, abofeteó a Deyanira haciéndola caer del otro lado de la cama, a la vez que aullaba “¡una puta, que eres una puta!” Deyanira se empezó a vestir mientras lloraba y decía “¡la puta eres tu, vacaburra!”, y lindezas semejantes, mientras yo me sentaba en la cama, aún con el pito parado, y observaba la absurda escena.

Deyanira salió corriendo y llorando, y detrás de ella salió María. Yo seguía sentado, desnudo, con el pene tal cual, entre divertido y azorado. Marcos entró y empezaba a decir “señora, mire usted…”, cuando la barragana estalló en sollozos y entre hipos empezó a decir “¡es una cruz… es una cruz esta niña… y es una niña…!” Al oír eso, y aunque la fulana no dijo la edad de su putísima heredera, Marcos y yo nos aterramos: bien podría terminar en cana esa cana al aire… y dejamos que se desahogara, hablando de las malandanzas de “la puta de mi hija” que, por lo visto, tenía más kilometraje que aquí su charro…

Así pasaron unos cinco minutos. Yo sentado, con el pito ya fláccido, la mujer aquella delante de mí, y Marcos, recargado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa sarcástica a flor de labios, cuando de pronto la doña cortó su choro y se me quedó viendo… y bajando a la tercera parte el volumen de su voz, dijo “pero tu no tienes la culpa… mira como estás”, y sin aviso de continuidad avanzó hacia mí, se hincó y agarrándome la verga, se la metió en la boca, con el resultado que era de esperarse.

Sólo entonces hice conciencia de que era una mujer guapa, una micifuza guapa, si ustedes quieren, pero bien hecha: chaparrita, morena, entrada en carnes sin llegar a ser gorda, con una rotundas y firmes nalgas, buenas y robustas piernas y, sobre todo, un voluminoso y aún erguido tetamen… y traía puesto un vestido holgado de una pieza, que empezó a quitarse sin dejar de mamarme la corneta.

Entonces sucedió algo que no me esperaba: estando yo sentado, acariciándole la crespa pelambrera de la nuca y recibiendo el placer que me daba, con ella casi a cuatro patas apuntando con su voluminoso pero durito cabús hacia atrás, cubierta esa parte de su humanidad con una nada sexi pantaleta, Marquitos, en lugar de salir discretamente, como debió haber hecho, empezó a desvestirse, sin hacer ruido alguno, y cuando estuvo en pelotas tomó de arriba de la cómoda su navaja victorinox, se untó abundante saliva en la verga firmemente enhiesta y se acercó a nosotros. Yo estaba espantado y excitado, cuando el cabrito agarró la pantaleta y le metió la navaja con un rápido movimiento y, con otro igualmente rápido, insertó de un golpe su pija en el coño de la señito, que para entonces apenas había levantado su vista hacia la mía sin sacarse mi verga de la boca. Al sentir el cacho de carne que le entraba intentó incorporarse, pero yo agarré su cabeza y la mantuve contra mi miembro, y como entonces Marcos empezó el viejo mete-saca, ella dejó de resistirse y reanudó la sacapunteada que me estaba dando y que, excuso decirles, estaba de rechupete.

Marcos se lo metía con fuerza, mientras le daba nalgadas con ambas manos, y decía “muévete así, mi reina, muévete puta”, y ella, sin hacerse del rogar, se movía al compás de las feroces embestidas del Marcos. Marcos y yo nos venimos casi al mismo tiempo, él en la espalada de la doña y yo en su boca.

Ella empezó a levantarse, pero yo la abracé y la jalé hacia mí, haciendo que quedara acostada arriba, y empecé a sobarle las nalgas y a meterle la lengua hasta las anginas, a lo que ella respondía de buen grado. No Tardó en empalmárseme la verga otra vez, y se la ensarté en el húmedo chocho en que poco antes había estado la de mi primo. Este cabrón, para no ser menos, aprovechando que la doña estaba acostada sobre mí, con las piernas abiertas, se sentó junto a ella (a nosotros), y empezó a masajearle el ano, hasta que se la ensartó por ahí, y empezamos a movernos los tres al mismo ritmo. Fue hasta entonces que ella empezó a aullar y a estremecerse, viniéndose con gran escándalo antes de que nosotros dos volviéramos a inundarla.

Esta vez nos quedamos los tres acostados, sin hablar, ella en medio y nosotros tocándola. De pronto se dio vuelta, dándole la espalda a Marcos, y empezó a tocarme y a besarme, y cuando consiguió que volviera a parárseme, me pidió: “otra vez… por favor hazme venirme”… ¿y quién soy yo, colegas, para rechazar semejante invitación. Me había dado buen placer, a mi y a mi carnalazo-primo, y la monté con toda mi sabiduría y la pausa que hacía falta y la hice llegar a su segundo orgasmo de la noche. Me tendí a un lado y me fui quedando dormido. Ya entrada la noche, Marcos me despertó para echarme a la sala, y sólo me dijo que se había duchado con ella, volviéndole a dar por el culo antes de despacharla a su casa.
Nunca más la vi y, para más datos, no supe ni su nombre. La tal Deyanira, por su parte, se embarazó poco después y le cargó el milagro a un judicial, con lo que nadie volvió a meterse con ella: ha de aburrirse mucho con el tira gordo que tiene en casa, pero muy su pedo…

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