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¿Me haces unos masajes?

¿Primo, me haces unos masajes…? Esta era la frase que me decía mi prima, cuando se iba a dormir.

Me llamo Ricardo, soy de Caracas. Este relato me paso cuando tenía 15 años, hace unos 10 años atrás. Mi prima María, al terminar sus estudios se vino del interior a buscar trabajo en la capital.

Yo vivía en con mis padres y mi tía en un apartamento de 3 habitaciones. Tenía una habitación para mí que no compartía con nadie ya que soy hijo único.

Mi prima una chica de 23 años, media un 1.66, pelo negro liso, ojos oscuros, piel muy blanca, con una sonrisa hermosa. Tenía un cuerpo bien proporcionado, pero lo que más llamaba la atención eran sus grandes senos. Cuando se ponía un escote, no podía parar de mirar aquellas tetas de gran volumen, que me atraían.

Por un tiempo mi prima dormía con nuestra tía, ya que mi tía tenía una cama grande y podían estar cómodas las dos. Mi prima me atraía mucho, me parecía una mujer muy bella, me tenía mucho cariño. Cuando estaba más pequeño, no paraba de darme muchos besos.

Cuando supe que venía vivir con nosotros, me alegre mucho y hasta me dio un poco de nervios.

– ¿Hola primo como estas? Como has cambiado, ya eres todo un hombrecito. Me decía ella cuando llego el primer día.

– Hola, prima, muy bien, me alegra verte y estas muy bonita. Espero que la pases bien aquí con nosotros.

Después de darle un abrazo fuerte, sentí su pecho contra mi cuerpo y mi corazón comenzó a latir fuertemente.

La vida transcurría tranquilamente. Cada día no paraba de mirar cada vez más a prima, sobre todo cuando se ponía su ropa para dormir. Uno chores que le quedaban bien apretados, mostrando sus nalgas y sus labios inferiores bien marcados. Siempre me decía,” wow, que mujer.”

Un día nos fuimos al club para bañarnos en la piscina. No recuerdo a ver visto a mi prima en traje de baño, así que la idea de ir con ella, solo me excitaba. Al llegar al club, nos fuimos a cambiar, cada unos por su lado. Yo salí antes y la estaba esperando en la entrada del baño de mujeres.

Al salir, me quede boca abierta. Mi prima se puso un traje de baño, biki, dos piezas que le quedaba bien ajustado. La parte de arriba estaba a punto de reventar con el peso de las grandes tetas que tenía. El biki le quedaba de maravilla, dejando mostrar su lindo trasero.

– Disculpa la demora – me dijo.

– No te preocupes- le dije no parando de mirar sus senos maravillosos-Te queda de maravilla ese traje de baño.

– Gracias primo.

Nos fuimos a sentar para tomar algo de sol. En ese club solo se podía uno bañar con esos trajes de baños que son cortos para los hombres. De esos tipo interior. Me causo mucha excitación y no quería quitarle el short, ya que el hecho de ver a prima así, me ocasionó una erección tremenda.

– ¿Por qué no te quitas el short?- Me preguntó. Obviamente no le iba a decir que lo tenía parado. Así que le dije que me lo quitaba mas tarde.

Al rato, me dijo que nos fuéramos a bañar. Acepte con mucho gusto. En eso ya la erección se me había calmado, pero aún seguía un poco excitado. Me quite el short y mi prima comentó.

– ¡Qué lindo paquetico tiene el primo pues!

Me puse rojo. Prima me miró directamente el traje de baño que me quedaba ajustado y se notaba aún un poco mi erección. ¿Se habrá dado cuenta que me excitaba?

Nos metimos a bañar. Mi prima no sabe nadar muy bien, y me pidió que la ayudara.

– Sostenme por atrás que quiero nada como mariposa. – Me dijo.

El hecho de tenerla tan cerca, me excitaba, e hizo que se me parara de nuevo. Pase toda la tarde ayudándola y mirando esos senos maravillosos, que la hacían flotar en el agua de la piscina cristalina.

En ese día, no pare de ayudarla a nadar. No podía soportar más mi excitación me quería masturbar.

En el transcurso de la actividad, mientras la ayudaba a nadar, intente acercar mi pene sobre sus nalgas. Lo hice una primera vez de manera rápida a ver cómo reaccionaba. No me dijo nada.

Lo hice una segunda vez, y no me dijo, nada. Hasta que lo hice varias veces de manera disimulada.

Después de un rato comenzamos a jugar a tirarnos agua. En ese juego sin querer queriendo, como dicen por ahí, le toque el seno izquierdo por unos segundo. Que rico se sintió. ¡Pero quería mas, la deseaba ya!

Al llegar a casa, se metió al baño para tomarse una ducha. Cuando llegamos no había nadie en la casa. La puerta del baño era de esas puertas tipo acordeón de plástico. Como estaba un poco vieja, había algunos agujeros y se podía observar la persona que estaba en el baño. Me acerqué suavemente y miré por el hueco. Veía a prima quitándose la ropa y mirándose al espejo. Se quito su sostén, y dejo a descubierto frente a mis ojos, esos hermosos senos, grandes y voluminosos. Mi excitación estaba a millón. Se acarició las tetas de manera sensual, y comenzó a bajarse el hilo. Dejo frente a mí su totonita bien rasurada. No puede impedir sacar mi erecto pene y comenzar a masturbarme. Que rico verla así, por primera vez.

Pasaron los días y los meses, y no dejaba de espiar a mi prima cuando iba al baño. Siempre me masturbaba pensando en ella en mi cuarto.

Un día, mi tía decidió que ya no quería dormir que mi prima durmiera con ella en la misma cama. La única solución era de poner un colchón en mi cuarto al lado de mi cama, donde pudiera dormir mi prima. Así que mi prima dormiría en mi cama.

Me la llevaba muy bien con ella, y podíamos hablar de todo tipo de temas. Ya había tenido alguna experiencia sexual, así que si sabía un poco más. Una noche, bien tarde nos acostamos y mi prima me dijo:

– ¿Primo, sabes hacer masajes? Me duele un poco la espalda. ¿Me harías unos para aliviarme?

– Bueno… mmm.. claro porque no.

En seguida baje de mi cama y fui hacia su colchón. Ella estaba con esos short ajustados y una franelita bien suelta. Le comencé a hacer presión sobre la espalda para tronarme un poco los huesos. Estaba muy nervioso y estaba bien excitado con el simple hecho de estar encima de ella haciéndole masajes. Comenzaba por el medio de la espalda hasta baja al final de la columna. Gemía un poco porque sí la hacía descansar. Me da una crema para que le eche en la espalda, de esa manera la comencé a masajear. Le dije que le iba a quitar el sostén, porque estorbaba para aplicarle la crema. Podía tener acceso a toda su espalda, y yo estaba demasiado excitado.

– Muchas gracias primo, me gustaron muchos tus masajes- me dijo en voz baja.

– De nada, cuando quieras le dije.

De una me fui al baño a hacerme la paja.

La noche siguiente no me pidió que me hiciera masaje, pero la otra noche sí. Me pedía que le hiciera masajes cada vez más seguido. La veces siguiente, hacíamos el mismo procedimiento. Le desabrochaba el sostén y ella boca abajo subía los brazos para que yo tuviera acceso a toda su espalda.

Una noche decidí llegar un poco más lejos, de verdad deseaba demasiado hacerla mía. Bajaba mis manos cada vez abajo, hasta llegar a las nalgas. Las acariciaba lentamente y ella no me decía nada. Después subía y como ella tenía los brazos hacia arriba lograba pasar mis manos hacia sus pechos y tocarle una parte de ellos. No podría creer que al fin estaba tocando esas tetas que me tenían loco. Mi prima no hizo ningún movimiento. Después de tocarle por un buen rato me meneaba frotando mi pene sobre sus nalgas, estaba demasiado excitado y mi prima no hacia oposición.

Al rato me dijo, que se había quedado dormía y que le gustaron mucho mis masajes.

En ese momento mi estado de excitación estaba al máximo. Me dijo que se había quedado dormía pero yo creo que estaba completamente consciente. Me fui a mi cama. Espere unos instante y comencé a masturbarme. Pude observar que mi prima me veía masturbándome. Cuando yo asomaba la cabeza para ver si estaba dormía elle cerraba los ojos. Mis sospechas confirmadas, mi prima le gustaba ese juego que teníamos, pero no decíamos nada en verdad.

Las noches pasaban y mi prima siempre me pedía que le hiciera unos masajes. Que rico tocarle los senos, en una ocasión, le logre bajar los shorts y el hilo. La tenía prácticamente desnuda bajo de mí. No dude en tocarle la rica conchita que tenia y que estaba húmeda. Logré escuchar un gemidito de placer, pero se veía que lo estaba reteniendo.

En esa ocasión saqué mi pene y se lo fui me tiendo entra las nalgas. Sabía que me prima tomaba pastillas anticonceptivas, así que no había riesgo. Mi corazón estaba a tres mil, latía muy fuerte. Logre penétrala suavemente y escuché otro gemido de placer. No podía creer lo que estaba pasando, estaba teniendo sexo con mi prima y le estaba gustando. Mi prima abrió un poco más sus piernas para que la pudiera penetrar con más facilidad. Pero ella permanecía inmóvil. El peligro es que ella en la habitación de al lado estaban mis padres. Estuve penetrándola y meneándome muy rico hasta acabar de manera poderosa en ella. Después de eso, le subí la ropa, le acomode el sostén y me fui a mi cama, feliz, asustado y aun con mucha excitación. Mire a mi prima y se hizo la dormida.

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