Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Hermanas: tangas y bombachas I

Capítulo I: Introducción

El crudo invierno amenazaba, y no se hacía esperar. La nieve caía al otro lado de la ventana, mientras del lado de adentro del salón de clases, Martín veía la nieve caer. Al mediodía, se enrolló la bufanda sobre su cuello, y junto a su mejor amigo Lucas, partieron a pie hacia su hogar.

Ambos llegaron a casa de Martín, la nieve no cesaba y el frío era congelante. Ingresaron y se sentaron en la mesa mientras aguardaban por la comida caliente. Enseguida llegó Florencia, “Florcha” como le decían todos. La hermana de Martín, también arribaba a casa. Así, Agustina, la otra hermana de Martín, terminaba de cocinar y servir unas pastas con salsa deliciosas para los cuatro. Estaban en la mesa comiendo Martín, su amigo Lucas, y las hermanas mayores de Martín, Agustina y Florcha.

El padre de los tres hermanos vivía en otro país, a causa del divorcio con su madre hacía unos años. Laura, la madre de los hermanos, estaba trabajando como cada día, de mañana a tarde. A decir verdad, los chicos nunca veían mucho a su madre, sólo un rato a la mañana en el desayuno, y a la tardecita y noche cuando llegaba de su trabajo. A la noche cocinaba mamá, y al mediodía lo hacía Agustina o Florcha.

Agustina era la hermana mayor, ya iba a la universidad, tenía 21 años. Hermosa. Es de cabello castaño, casi rubio, con ojos verdosos/marrones. Cara angelical, con algunas pecas. Es realmente hermosa de cara. Alta, de buen cuerpo, pechos relativamente grandes y robustos, finas curvas, y una cola paradita y bien formada. Cara de nena capaz de enamorar a cualquiera.

Florcha, es la hermana “del medio”. Tenía 19 años, y estaba en su último año de secundaria. Es más baja que Agustina, aunque no mucho, es morocha, ojos café. Cabello ondulado. Cachetona, linda cara aunque no como su hermana mayor, pero el fuerte de Florcha es sin duda su cuerpo. Tiene un cuerpo envidiable, caderas definidas, sus pechos son más pequeños que los de Agustina, pero igual de apetecibles, redonditos y firmes, con una ligera pancita que la hacía más bella. Un piercing en el ombligo. Pero lo mejor de Florcha son sus piernas y su cola. Tiene unas piernas excelentes, con los muslos grandes y proporcionados, la cola bien grande, redondez perfecta y gorda, una cola excelente, como la de las modelos, o quizás mejor. No pasaba desapercibida por ningún lado.

A causa de ello, Martín era muy propenso a recibir todo tipo de dichos por parte de sus amigos, de lo buenas que estaban sus hermanas, ambas. Tenía dos hermanas bellísimas, y estaba harto de que todo el mundo se “baboseara” con ellas.

Martín era el más pequeño de la casa, con 18 años recién cumplidos. Es más bien tímido, cabello corto, rubio y ojos azules. Le gusta hacer ejercicio al igual que a sus hermanas mayores. No era el más bonito de la clase, pero tenía lo suyo.

Aquel día, después de almorzar, Agustina se fue a duchar para luego ir al turno tarde de la universidad. Un rato posterior a su ida, Martín y su amigo Lucas estaban jugando como casi todos los días a la Play 3. Su juego favorito era el FIFA.

Mientras jugaban un partido, empezaron a hablar de las chicas de clases, y profesoras.

Esa mañana la profesora de Matemáticas estaba muy fuerte, maquillada y vestida con una falda a los muslos, con anteojos, ambos bromearon diciendo que la habían sacado de un video porno.

Hablando sobre chicas, Lucas llegó como tantas veces, a tocar el tema de las hermanas de Martín.

Si bien ambos eran vírgenes, y lo máximo que habían hecho con una chica eran unos besos con las vecinas que hacía tiempo se habían mudado, sabían algo de sexo por ver tantos videos en internet.

Lucas era bastante zarpado. No tenía problemas en decir cosas que podrían avergonzar a su amigo. Sin mala intención, pero era muy extrovertido, distinto al caso de Martín.

– Y alguna vez viste a tus hermanas desnudas? -Espetó Lucas.
– No seas idiota. -Respondió ofuscado Martín.
– En serio. Alguna vez tuviste que haberles visto aunque sea una teta.
– No, no jodas.
– Contame como las tienen, porfa. Alguna vez se las tuviste que haber visto. ¿Como tienen los pezones? -Lucas lo decía un poco en serio y un poco en broma.
– Le vi las tetas a Agustina hace mucho, una vez nomás. Contento? -Dijo a regañadientes Martín.
– A Agus? Dios! Y cómo las tiene, contame! -Lucas estaba exaltado.
– Que se yo, no me acuerdo. Fue hace mucho…
– Esa diosa debe tener unas tetas hermosas. Daría un brazo por acabarle las tetas. –Terminó Lucas.

Martín ya ni respondió. Seguían con el partido, mientras ambos tenían la cabeza en otro lado…

A la tardecita, Martín aquel día se fue a bañar, como cada anochecer. Se sacó toda la ropa, la tiró en un rincón del baño, cuando observó un par de prendas femeninas.

En ese rinconcito del baño, todos los integrantes de la familia siempre antes de ducharse la ropa sucia la tiran allí, y luego al lavadero. No era la primera vez que veía la ropa de sus hermanas ahí, pero esta vez hubo algo que le llamó la atención.

Vio un jean negro, el mismo que tenía Agustina en el almuerzo, asique asumió que era la ropa de Agus, que se había duchado a la tarde antes de irse a la universidad.

En concreto le llamó la atención un corpiño, que estaba doblado allí, junto a las demás prendas. Inmediatamente recordó lo que su amigo le había dicho esa tarde “acabarle las tetas”. Se le vino a la mente la imagen de una pija escupiendo semen sobre las grandes tetas de su hermana, y se le puso su propia pija como un mástil.

Trató de comportarse, de pensar en otra cosa, pero antes de meterse a la ducha, vio otra prenda íntima…

Una bombachita rosa abajo del jean, apenas se la podía ver.

– No es nada… (Se dijo a sí mismo en su mente)

Se agachó y agarró la prenda. Estaba toda arrugada. La desdobló bien, para verla en su forma original. Se sorprendió al ver que era bastante pequeña. Se preguntó si eso no debiera molestarle, porque a juzgar lo delgada que era la tela….

Se imaginó a su hermana mayor Agustina con esa prenda, y su pene daba saltitos de excitación. Se imaginó como la bombachita rosa se le debía de meter bien adentro de la cola, y tuvo que empezar a tocarse!

Estaba helado de frío, afuera seguía nevando y en el baño estaba frío, desnudo, pero tener aquella prenda en su mano, inexplicablemente lo estaba poniendo como un burro.

La dejó allí, doblada abajo del jean como estaba, para no levantar sospechas. Quiso olvidarse del asunto y que no volviera a suceder. Se metió rápido a la ducha antes de agarrar un resfrío, y se le fue poco a poco la excitación…

 

Capítulo II: Tentaciones

La hermana mayor, Agustina, a sus 21 años ya había tenido algunos novios, y actualmente estaba de novia. Hacía varios años que ya había experimentado el sexo por primera vez, asique tenía conocimientos en carne propia sobre el acto sexual.

Distinto al caso de Florcha, que con 19 años, si bien había tenido novio, no había llegado tan lejos con él, era un compañero de escuela de un año más alto, pero duraron poco y sólo hubo besos. A su edad era aún virgen, y casi no tenía conocimientos sexuales, sólo cosas básicas aprendidas de sus amigas.

Martín tenía una buena relación con sus hermanas, rara vez peleaban como en la mayoría de las familias. Si bien tenía buena relación con ambas, era mejor con Florcha. Agustina era la mayor, era más independiente, y pasaba menos tiempo en casa.

El sábado ya mamá estaba en casa, después del almuerzo, cuando las tres mujeres se fueron a dormir la siesta, Martín aprovechó el momento para ver sexo en Internet. No tenía muchas ocasiones sin que nadie lo pueda ver, por eso elegía éste tipo de momentos para hacerlo. Estaba en la notebook en el living de frente al pasillo donde estan las habitaciones, para que si alguien viniera, pudiera percatarse y cerrar.

Abrió varios videos de su página favorita, apenas estaba viendo el primero, ante la evidente excitación, se bajó un poco el pantalón para masturbarse.

Vió varios videos, mientras se tocaba, pensaba en ir a la cocina a buscar algun tipo de papel para acabar, cuando oyó pasos en el pasillo.

Segundos después pudo ver a su hermana Agustina caminando despertando de su siesta. El chico se maldijo y se guardó disimuladamente su pene, y cerró todas las webs indecentes.

Agustina fue a ducharse pues tenía un compromiso con su novio, sábado por la tarde seguro la pasaba con él. Su novio era unos años más grande que ella, y hacía ya bastantes meses que tenían una relación.

Martín pensó que podía ser una buena oportunidad para regresar a la notebook y terminar el asunto, pero inmediatamente se despertó su madre.

Con la desazón en su mente, y la calentura en su miembro, se dispuso a llamar a su mejor amigo Lucas para echar unos partidos al FIFA.

Mientras lo aguardaba, vio cómo su hermana Agustina se arreglaba para salir con su novio, cuando por fin se fue.

En fin, Martín estaba tirado en el sillón en una tarde aburrida de sábado, y en pocos minutos casi se duerme. Se le cerraron los ojos, entonces decidió ir al baño a ponerse agua fría en la cara para despertarse bien y recibir a su amigo.

Ingresó al baño a paso lento, abrió la canilla y con sus manos echaba agua a su cara. Tomó la toalla y se secó. Con ese movimiento, quedó mirando hacía el otro costado del baño, donde vio nuevamente la ropa de su hermana mayor que acababa de ducharse.

En ese instante se le vino a la mente la imagen del día anterior, cuando agarró esa delicada prenda femenina. En una situación normal, hubiera tratado de no darle importancia y salir de allí normalmente. Pero ese día estaba excitado por los videos que había visto y no pudo concluir, y la calentura nubla el juicio.

– Bueno Agu, vos me cortaste el momento en que iba a acabar, asique ahora me tenés que ayudar. (Martín se hablaba a sí mismo en su mente).

Se le volvió a poner dura y fue al rincón de la ropa sucia. Encontró lo que buscaba.

Debajo de una remera, junto a un corpiño, había una bombachita blanca.

La agarró, dio unos pasos hacia la puerta, para saber que no estaba ni la madre ni Florcha cerca, cerró bien la puerta del baño y se sentó en el inodoro. Se bajó los pantalones hasta los tobillos y procedió a desenrollar la bombacha de su hermana.

Una vez en su forma original, notó como otra vez, igual que la anterior, parecía ser una cola-less. Como estaba de caliente en ese momento, imaginar lo chanchita que es su hermana mayor usando ese tipo de bombachas le hacía brotar líquido pre-seminal como bestia.

Mientras tenía la cola-less en una mano, con la otra se masturbaba, y pronto acabó. En su mente, la cola de Agustina entangada, en su vista la bombacha de su hermana. Y en su mano, mucho semen tibio.

– Qué bueno….

Se levantó de allí, puso la bombacha en donde estaba, y se limpió el semen de su mano en la canilla. Había sido la mejor paja en años.

Salió del baño, habiendo descargado toda su excitación, y se dijo así mismo que ya era todo. El primer día agarró la bombacha solo por curiosidad, y el segundo porque la propia Agustina había interrumpido su masturbación sin darse cuenta. No volvería a husmear esas prendas jamás.

Luego de aquellas aventuras en el baño, el chico cumplió su promesa y no volvió a tocar las prendas de sus hermanas. Cada día que iba al baño las veía allí, pero no les daba importancia por el momento.

Uno de esos días, Martín había ido un rato al gimnasio, evidentemente adentro con la calefacción era caluroso, el chico llevaba en la cinta unos 3 km cuando se detuvo a descansar un rato.

En el gimnasio había bastante gente, y había muchas chicas. Chicas más grandes que él. Veía sus cuerpos, lo que hacían, estaba en una edad en la que trataba de curiosear los cuerpos femeninos en cuanto tuviera la mínima ocasión. Veía como llevaban tops que les apretaban las tetas, las piernas largas y trabajadas, las ajustadas calzas que marcaban colas por todos lados.. incluso a una chica se le marcaban levemente los pezoncitos en su top!

Como era de esperar, la erección no se hizo esperar, y con su short de entrenamiento se le notaba largamente.

Tuvo que volver a la cinta y dejar de pensar en chicas…

Apenas acabó el entrenamiento, cuando se iba yendo del lugar miró más colas, cuantas pudiera. Se abrigó bien y caminó hasta su casa. Durante el trayecto, recordó todas las chicas y sus calientes cuerpos, ahora la erección no se notaba por el pantalón largo que se había puesto. Apenas llegara a su casa, iría directo a bañarse y de paso, como la situación lo ameritaba, hacerse una paja en la bañera pensando en lo que había visto en el gym. Era tambien común en él masturbarse en la bañera pues era de los pocos momentos del día que estaba solo. Generalmente lo hacía pensando en compañeras del cole.

Entró apurado a la casa, fue al baño y se encontró con su hermana Florcha bañándose.

– Dale Florcha que estoy todo transpirado! –Dijo Martín, ocultando su verdadero apuro para bañarse.

Tuvo que esperar varios minutos, hasta que finalmente Florcha salió del baño, envuelta en una toalla. El chico ni le prestó atención y entró al baño.

Se quitó toda la ropa, ya con la pija erecta y preparada, estimulada por las jóvenes del gimnasio. Tiró la ropa en el rincón, y le llamó la atención otra vez.

En la ropa de Florcha, que recién acababa de ducharse, arriba de toda la ropa, había dejado la pequeña bombachita que había usado.
Blanca, Martín estaba con el pene listo y muy caliente, y dijo en voz baja:
– Prometí no agarrar las de Agus… de igual manera, solo voy a agarrar esta vez la de Florcha para ver como es, y nada más…

Tratando de no tener la conciencia sucia, recogió la cola-less de su otra hermana. Era blanca, en el frente tenía detalles transparentes… igual de pequeña que las que usa Agustina.

El chico la observó mientras se acariciaba la pija, hasta que decidió dejarla donde estaba. Antes de tirarla, la tela se dobló un poco y pudo alcanzar a ver algo extraño en la parte interior de la bombacha.

Extrañado, volvió a abrir la prenda y la dobló para ver el lado interno. En la parte delantera, tenía algunos pelitos oscuros, el chico rapidamente pensó en el vello púbico de su hermana.

Pero lo que más le extrañó, fue ver más abajo, en la parte más delgada de la cola-less, toda brillosa.

Observó más de cerca, y al parecer esa parte estaba húmeda. Tocó esa parte, y notó un líquido viscoso. Y todo pegajoso. Se acercó más aún, y sintió un olor extraño.

Enseguida notó que el olor provenía de esa humedad en la bombacha, y notó que era delicioso. Apenas se dio cuenta, cuando ya estaba a punto de acabar. Qué era todo aquello?

Martín de pronto se notó aspirando la humedad de la bombachita de su hermana Florcha. No entendía muy bien que le pasaba, pero siguió con eso, viendo como en la tela se mezclaba vello púbico con esa humedad, haciendo de todo ese ritual algo extremadamente morboso y caliente.

– Diosssssssssssssss…

Suspiraba en voz baja. A su mente le vinieron imágenes de la conchita de su hermana rozando ese espacio de tela… no pudo aguantar más, se masturbó rápido pensando en su hermana Florcha, con la bombacha en la cara, sintiendo ese olor a concha que lo mataba.

Inmediatamente el semen salpicó la bañera. Otra acabada tremenda. Suspiró de placer, y dejó la cola-less donde estaba.

Era un chico muy inexperto. Todo un novato respecto al sexo. Asique después de bañarse, antes de irse a dormir fue con la notebook a su dormitorio, y buscó en Google información.

Después de varios minutos, y varias páginas visitadas, pudo entender la situación, y qué era eso en la bombacha que tanto le había gustado!.

– Lubricación y flujo vaginal… sea lo que sea, es riquísimo! (Se lo dijo en su mente)

Borró el historial y se fue a dormir.

 

Capítulo III: Avances peligrosos

A la siguiente mañana, mientras Martín estaba en la aburrida clase de historia, y la profesora hablaba y hablaba, se fue desconectando mentalmente de la clase –aunque aún estaba allí- y pensaba en sus próximos pasos.

Después de las estupendas corridas de los días anteriores, estaba dispuesto a seguir haciendo lo mismo, pero antes habría que ajustar ciertas formas.

Si bien en su interior, él pensaba que lo que hacía no era del todo correcto, o moralmente correcto, trataba de engañarse a sí mismo.

Terminada la mañana escolar, y luego de ir a casa, planificó sus siguientes movimientos.

Esa tarde había partido con los compas de la escuela, por lo tanto antes de irse de casa, recordó la ropa que llevaban sus hermanas ese día.

Agustina tenía el jean azul con la remera gris, y Florcha el jean negro con una blusa verde. Grabó eso en su mente y partió. Todo listo.

Se desenchufó 100% de su vida cotidiana durante el partido de fútbol, en donde está en juego el honor del equipo y sus compañeros. Algo que sólo un hombre puede entender.

Ya con el sol cayendo por el horizonte, y la temperatura desplomándose, al terminar la batalla en el campo regresó a casa para darse una buena ducha y descansar para empezar un nuevo día.

Arribó a casa ya de noche. Ingresó por el garaje. El auto no estaba. Mamá debía haber llevado a alguna de sus hermanas a algún lugar. Buena noticia, porque si su madre lo veía todo embarrado entrando a casa, algún reto ligaba.

Dejó sus botines en el lavadero, y entró derecho al baño. Se despojó de la ropa llena de tierra arrojándola al típico lugar. Allí estaba, como cada día, la ropa de sus hermanas.

Entre el partido, los golpes del encuentro, y la derrota sufrida, se olvidó de lo que había puesto en su mente antes de salir de casa, y en ese momento lo recordó.

No estaba para nada excitado en ese momento, y su cuerpo desnudo le pedía que se metiese ya al agua caliente porque se estaba congelando.

Esta vez había ropa de una sola de sus hermanas.

Había una remera verde, con un jean negro, medias, más un corpiño color piel y una bombachita que también parecía ser de ese color, no alcanzaba a verla bien porque estaba doblada abajo del corpiño. A juzgar por la ropa, esto es de Florcha, pensó el chico.

Se estaba enfriando y decidió meterse a la ducha, sin revisar la ropa.

– Ummm. –El agua caliente premiaba a su cuerpo casi helado ya.

Después del shampoo, puso una mano sobre su miembro y lo acarició levemente.

Sentía el agua caer en su cuerpo, mientras se recostaba sobre la bañera, acariciando su pene, que lentamente se fue poniendo duro.

Pensó en algún estímulo sexual. Virginia. La chica más bella del salón. La reina. La diosa. Nunca fallaba.

Ok, esta vez puso su mano agarrando su pene para empezar a masturbarse.

El rubio cabello de Virginia, su carita de niña buena… pensó en lo que le haría a su compañerita si la tuviera atada a una cama. La paja fue aumentando de velocidad, a medida que imaginaba lo que haría con esa hembra.

Después de unos minutos, ya estaba listo. Su joven cuerpo respondía rápidamente a los estímulos. Estaba a punto de acabar, cuando detuvo la masturbación.

Cerró la canilla, y se secó con una toalla. Se puso una remera mangas largas, un buzo y las medias. Se agachó sobre la ropa de su hermana, levantó el corpiño de allí y agarró la bombacha de su hermana.

La acomodó a su forma original, y buscó el interior. Y gualá! La misma mancha de humedad estaba allí. Esta vez parecía más pequeña, estaba húmeda pero no tanto como la anterior. Puso su mano en la pija erecta y palpitante, puso la bombacha con la parte húmeda en su nariz y empezó lo bueno de verdad.

Otra vez lo invadió ese característico olor a hembra, a vagina.

Aspiró cuanto pudo de esa droga, pensó en su compañerita de salón mientras se la jalaba despacio, no aguantaría mucho. Quería disfrutar el momento, se dispuso a terminar con aquello, cuando de repente:

Toc toc.

– Nene te falta mucho???? -Agustina.

Se desesperó, se hizo un nudo en las manos y se le cayó la prenda al piso.

– Sí, sí… no, digo, ya salgo. –Respondió mientras tiraba la bombacha al lugar donde estaba, buscando el corpiño para ponerlo encima como estaba antes.
– Qué?
– Que ya, ya estoy saliendo!

Escuchó los pasos alejándose y respiró aliviado… uff! Que poco había faltado. A saber que le diría su hermana si lo viera haciendo lo que estaba haciendo. La verga se le puso flácida más rápido que nunca antes, del susto!

Se vistió por completo y salió de ahí, mientras Agustina entraba a ducharse.

Luego de eso, trató de enterrar el suceso. Mientras Agustina se bañaba, llegaron a casa Florcha y mamá de una reunión de vaya a saber que cosa.

En fin, después de la cena fue a su notebook a navegar por Internet visitando como hacía diariamente sus sitios favoritos antes de dormir. Se acostó en su cama con la notebook, y después de visitar todas las páginas favoritas y de “informarse” de las cosas como su equipo de fútbol, carreras, etc. Cerró la pc y se quedó pensando en la oscuridad.

En su mente, volvió el suceso del baño, ocurrido hace pocas horas. Había ya aspirado dos veces la intimidad de su hermana Florcha, pero con Agustina todavía no lo había hecho. Abrió nuevamente la notebook y entró a una página erótica. Abrió el primer video que aparecía, era de lesbianas y se metió la mano en su pantalón.

El video había resultado muy bueno, corto pero bueno, ya otra vez estaba a punto del clímax, y pensó en ir al baño a buscar la bombacha de su otra hermana, Agustina. De pronto se puso muy, pero muy caliente, y su mente empezó a carburar a toda velocidad. En su cabeza pensaba en cosas como éstas:

“¿Cómo será? Seguro que es bien chiquita y apretada… ¿Estará húmeda como la de Florcha? Me muero por conocer el olorcito de tu conchita, Agus.”

Estaba realmente caliente, pensando en cosas que jamás hubiera pensado. Se estaba saliendo de control. Sentía sus dedos resbalarse con el frondoso líquido preseminal que le brotaba, y no quería manchar las sábanas.

Se destapó, dejó la notebook en su cama, se levantó de la cama, guardándose como pudo su erectísimo pene en sus pantalones que no daban cabida a su tremenda erección. Camino sigilosamente por el pasillo, hasta que topó con la puerta del baño. Escuchó la lluvia de la ducha cayendo. Maldición! Repitió en su mente.

Su madre se estaba duchando, y no podía arriesgarse a entrar a cumplir sus sucios planes. Su madre lo podría ver fácilmente. Tocó retirada, se fue a su cama a la aburrida acción de dormirse.

La madre era la última en ducharse siempre, antes de irse a dormir, por lo tanto toda la ropa sucia de la familia la recogía ella para llevarla al lavadero después de bañarse. No había otra oportunidad ese día. Si bien pensó en que podía ir al lavadero, era demasiado arriesgado, porque toda la ropa mezclada en un cesto sería dificultoso para encontrar las prendas que buscaba, y con ello haría ruido que levantaría sospechas.

 

Capítulo IV: Obsesión

Con el paso de los días, esta práctica iba siendo cada vez más cotidiana para el muchacho.

Martín siempre había mirado a sus hermanas como eso, hermanas. No le despertaban ningún tipo de interés sexual. Pero con las nuevas acciones esto iba a empezar a cambiar poco a poco.

Generalmente durante el día, recordaba la ropa que llevaban puesta sus hermanas para que al final del día, supiera de quien pertenecían esas prendas.

Una de esas tardes estaba jugando en la play con su amigo, vió como su hermana Florcha se iba de casa. Estaba con el pelo algo mojado y bien vestida, seguro iba a clase de inglés.

– Me voy!

Su amigo Lucas se quedó siguiendo la partida, mientras Martín no perdía oportunidad e iba al baño.

Buscó entre la ropa, y encontró la prenda de su hermana.

Una bombacha negra con bordes blancos, toda húmeda solo para él.

Se la llevó a su olfato.

– Mmmm qué delicia!!!

Ese aroma profundo, el aroma más íntimo de su hermana invadía sus pulmones llenándolo de placer.

Pensó en cómo se sentiría su hermana si se enterara de lo que hacía. Compartía una gran relación con ella. Se sentía mal por hacerlo, pero no podía evitarlo.

Dejó la prenda donde estaba, y regreso con su amigo. A la noche ya había material para masturbarse!

Transcurrió la tarde, y ese día quiso esperar a meterse a bañar. Quería ser el último, para descubrir la bombachita de su otra hermana, Agustina.

Pero no hubo caso. La chica no llegó a casa hasta tarde, asique el adolescente tuvo que ducharse. Obviamente utilizó la bombacha negra de Florcha para hacerse una estupenda paja.

:::

Un viernes por la tarde, ya Martín y Florcha habían llegado del colegio, y Agustina tenía día libre en la universidad. Mamá trabajaba, y ese día tocaba hacer algunos deberes hogareños.

Ese tipo de tareas muchas veces recalaba en los jóvenes, pues la madre trabajaba varias horas por día, y siempre pedía a sus hijos que colaboren.

Había que lavar el piso y limpiar muebles en el living de la casa.

Generalmente se dividían las tareas entre los hermanos. Ese día a Martín le tocaba fregar el piso y a Agustina limpiar los muebles. Florcha tenía ese día “libre” en cuanto a tareas del hogar.

Martín fue al lavadero en busca de un balde, lo llenó con agua, y el trapo de piso. Pasó por el pasillo, cruzando por el cuarto de sus hermanas –Agus y Florcha compartían habitación- y tocó la puerta para avisar a Agustina que le tocaban los muebles. Fue hasta el living para comenzar con la tarea.

Estaba remojando el trapo cuando vino rápido Agustina, pasó por delante y siguió su camino, hasta la puerta principal. Mientras cruzaba por el living, dijo:

– Perdón hermanito pero me llamó Javi, chauuu.
– Qué?

Martín no daba crédito a lo que su hermana mayor decía. La muy forra se iba porque la llamó el novio, el tarado de ‘Javi’. Le tenía bronca. No por algo en especial, pero que su hermana tenga novio no le gustaba.

Cerró la puerta y adiós.

Bueno, que más da –pensó- al fin y al cabo cuando regrese tendrá que hacerlo.

Comenzó con su tarea, cuando esta vez su otra hermana, apareció por casa.

– Hola nene. Que haces? –Florcha saludó a su hermano con un beso.
– Limpiando un poco… Agus me dejó solo jaja.
– Jaja la loca debe andar con Javi, no?
– Tal cual…
– Bueno y que hay que hacer?
– A ella le tocaban muebles hoy.
– Bueno, deja, lo hago yo por hoy. No quiero que mamá venga y vea todo sucio.

Florcha recién llegaba a casa de gimnasia. Las dos hermanas de la casa eran asiduas a una especie de gimnasio pero donde solo iban mujeres, ya que también allí enseñaban clases de baile. Florcha y Agus de pequeñas iban allí a baile y ahora de grandes concurren a hacer un poco de gimnasia “para mantener la cola” como decían ellas. Claro que tenían diferentes horarios, rara vez coincidían las dos juntas.

El chico siguió con su tarea de fregar el piso, mientras Florencia se quitaba la campera, tomaba un trapo viejo con el producto de limpieza, para comenzar a limpiar los muebles.

Martín cada tanto la miraba a su hermana –estaba de espaldas a él-. Se fijaba en el cuerpo apetecible de su hermana. Le venían a la mente los comentarios obscenos de sus compañeros sobre ellas. Florcha tenía el pelo suelto, estaba con un top ajustado, y una calza negra muy apretada. Ropa de gimnasia.

Sobretodo le miraba mucho la cola. Cada tanto reojeaba a su hermana, que ajena a los pensamientos oscuros de su hermano, se limitaba a lustrar los muebles.

El miembro del muchacho fue despertándose. Le miraba descaradamente la cola grande y redonda a su hermana. La calza se le ajustaba tanto que era imposible no mirar. Mientras seguía lavando el piso, se imaginaba como se vería su hermana desnuda. Se imaginaba bajándole la calzita para dejar al descubierto ese culo perfecto. Su pija le iba a reventar en el jean.

Florcha estaba limpiando el mueble del TV. Le pasaba el trapo a la madera. Se agachó y abrió una de las puertitas de vidrio del mueble, para limpiar todo allí abajo.

El chico no se perdía detalle de los movimientos de su hermana. La adolescente apoyó ambas rodillas en el suelo, inclinándose hacia delante para limpiar bien la parte interna del mueble.

– Se puso en cuatro, se puso en cuatrooooooo –El chico se repetía cosas en su mente.

Ante él, Florcha estuvo unos segundos en esa posición comprometedora, con la cola bien alzada lista para ser embestida.

Martín quiso sacarse la verga ahí mismo, para correrse como un loco mientras observaba el espectáculo.

Con una mano tenía el secador y con la otra se acariciaba la dura pija por encima de su pantalón. Mientras admiraba el culazo de su hermana, se imaginaba la bombachita que tendría, y con lo pequeñas que son, y lo apretada que le iba la calza, se le debía meter bien en la concha! No podía aguantar para tener en sus manos esa bombacha toda húmeda!

Finalmente, Flor terminó con aquello. Martín sacó su mano de donde la tenía, y disimulo que nada había pasado, siguió fregando.

– Bueno, ya esta esto. Me voy a dar un bañito porque estoy toda transpirada!

El chico estaba dejando de ver a su hermana justamente como hermana, y la estaba empezando a ver como ‘chica qué está buena’.

Estaba muy caliente, y esa tarde, después de que Florencia saliera del baño, volvió a casa Agustina, que también entró a ducharse. Por lo tanto ese día finalmente sería en el que conocería el aroma de Agustina… y con lo que había visto de Florcha, se imaginó el festín que se haría en el baño.

Horas más tarde…

Luego de que las dos hermanas se duchasen, llegó mamá a casa. El chico rápidamente ingresó en el baño.

Se quitó toda la ropa, abrió la ducha para no levantar sospechas y evitar que cualquier sonido que haga se escuche.

Fue directo a la ropa tirada. Observó dos tipos de ropa claramente identificables. A un lado la “montañita” de ropa de Florcha, y al costado la de Agustina.

Comenzó a revisar y se dio cuenta que dentro de la calza de Florencia, estaba la bombachita que había usado ese día.

“Mmm.. se sacó todo junto”.

Sacó la colaless de la calza y de lo primero que se percató fue que ya la había visto.

Era idéntica a la que había usado Agustina hace unos días, que el muchacho había utilizado para masturbarse. Era imposible olvidarse de aquello.

Pensó en si tendrían dos del mismo estilo, o sea dos prendas iguales cada hermana, pero no le importó mucho en ese momento, y ya con la pija bien en alto buscó la parte interior.

Brillosa. Otra vez bien húmeda. Con pelitos negros esparcidos por allí.

Martín puso uno de sus dedos en esa parte, y sintió como se deslizaba la yema de su dedo por la tela.

“Ufff esto es demasiado”

Se la llevó a su cara para aspirar la droga que más le gustaba. Que olor tan profundo!

Iba a tocarse pero se recompuso. Aún con la bombachita de Florencia en su mano, buscó en el montoncito de ropa de su otra hermana.

Sacó de encima la remera, el suéter, el pantalón, el corpiño, hasta que identificó el objeto del deseo.

“No puede ser”

Dejó la bombacha de Flor a un lado, y juntó con ambas manos la prenda de Agustina.

La estiró bien ante su vista, para verla en su forma original. Una tanga purpura, con detalles como puntitos en blanco. El muchacho se quedó estupefacto.

Se dio cuenta que estaba tirando demasiada agua la ducha, asique se apresuró.

Observó con detenimiento la tanga de Agustina y buscó en su interior.

Vió cómo la parte inferior era delgadísima! Si bien las que veía a menudo eran pequeñas, ésta lo era aún más! La parte de la tanga que cubre la vagina era muy fina, y esto llevaba al muchacho al éxtasis de placer.

“Apostaría a que se le mete toda”

No estaba húmeda, ni nada por el estilo. Se la llevó a la cara para sentir el aroma, y sí que lo tenía. La parte de tela que tocaba la vagina de Agustina desprendía un aroma a hembra igual de fuerte que el de Florcha.

El muchacho se quedó sintiendo ese olor, hasta que las dejó donde estaban, para no levantar sospechas por si alguien entraba. Y se metió a la ducha.

Se baño lo más rápido que pudo: jabón, shampoo, y en unos minutos estaba listo.

Se secó todo el cuerpo, y antes de vestirse, volvió a buscar la bombachita de Flor y la tanga de Agustina.

Se sentó en el piso sobre la toalla que había usado para secarse, tomó las dos prendas íntimas con la mano izquierda, y se las llevó a la cara para estimularse como más le gustaba. Con la mano derecha se masturbaba.

Luego de sentir ese olor embriagante, imaginaba a sus hermanas. Recordó la pose de Flor cuando estaba limpiando el mueble, puesta como perrito, y se imaginó a Agustina con las piernas abiertas, mostrando la concha…

Apresuró los movimientos manuales y terminó llenando el borde de la bañera con espeso semen caliente.

Lo limpió con papel higiénico, tuvo que cortar varias veces para limpiar todo lo que había soltado. Ya había quedado “como nueva”. Enseguida entraría mamá a la ducha, pero por suerte no se notaba que alguien se había hecho una estupenda paja.

Ya también puso las telas femeninas en donde estaban, y termino de vestirse para salir muuucho más relajado y a dormir cómoda y placenteramente.

El hecho de ir a bañarse era más placentero que nunca.

En los ratos libres, en vez de pensar sobre las chicas de clase, pensaba en sus hermanas.

Con el correr de los días, se iba interiorizando más y más sobre ellas.

Casi siempre aguardaba a que ambas se ducharan, y luego lo hacía él para tener las prendas de las dos féminas.

Después de varios días repitiendo el ritual, se fue dando cuenta de algunas cosas.

Ambas usaban las mismas bombachas. Muchas veces se encontraba con que una de las chicas había usado una bombachita que ya había usado la otra.

Esto había sucedido varias veces, en donde el chico encontraba las prendas que había usado Flor un día, y después la encontraba en la ropa de Agustina.

Y también descubría que las bombachas y tangas que usaba Florencia estaban casi siempre más mojadas que las de Agustina.

No era una regla fija, pero era más o menos así. Además en las de Florcha casi siempre encontraba algunos pelitos oscuros, mientras que en las de Agustina casi nunca los encontraba.

Así se fue imaginando muchas cosas en sus fantasías.

Cuando pensaba en Florcha, se la imaginaba con la concha peludita, y a Agus toda depilada.

La obsesión comenzaba a hacer mella en el adolescente calenturiento.

:::::::::::::::::

Eran familia, y por lo tanto muchas veces las chicas andaban con poca ropa por la casa. Momentos en donde salían de la ducha, o tenían que cambiarse, o llegaban del colegio o uni y se desvestían rápidamente para cambiarse. No les importaba que estuviera Martín viéndolas, pues nunca se hubieran imaginado como las miraba su hermanito. Hasta el momento, las chicas seguían viendo al “enano” como eso, el hermanito pequeño.

Desde siempre, toda la vida había pasado eso. En la casa eran todos familia y andar un rato con poca ropa no era nada raro.

Un día, estaban desayunando, Martín, y a su lado Agustina. Florcha todavía estaba en la cama, y mamá en el baño.

Agustina tenía puesta la ropa de dormir, una remera mangas largas estirada y vieja, desteñida, y un pantalón también largo.

Estaba muy apurada, pues para la uni tenía que caminar muchas cuadras y siempre salía de casa antes que los demás. Estaba retrasada con el tiempo y se fue apurando.

Fue hasta su habitación y trajo a la cocina la ropa que se iba a poner hoy, estaba parada al lado de Martín, quien estaba sentado tranquilamente tomando su té. La chica bebió un sorbo de café, puso la taza sobre la mesa, y se quitó la blusa de dormir, quedando en corpiño.

Un corpiño muy lindo, por cierto. Color piel, aunque a Martín le importó poco, porque espiaba de reojo a su hermana mientras se cambiaba a su lado.

Le veía las tetas de costado, como se movían en ese corpiño ajustado, mientras el pelo casi rubio caía sobre su cuerpo.

Esas tetas grandes y redondas querían zafarse del corpiño a cada movimiento… qué espectáculo le estaba brindando su hermana mayor sin siquiera darse cuenta.

Se colocó una blusa, seguido de otra, y una campera. Bebió otros sorbos de café y ahora se quitaba el pantalón.

Con ambas manos a los costados de sus caderas, tomando el elástico del pantalón, se lo bajó rápido hasta llegar a los tobillos, y con ayuda de sus pies, se los quitó.

Martín aprovechó para mirar de nuevo a su costado, y Agus se agachó para agarrar el pantalón del piso, cuando fue hacia abajo con sus manos para tomarlo.

Durante esos pocos segundos, su hermana había quedado con las piernas estiradas pero con el torso hacia abajo para juntar la prenda de dormir, y había quedado en franca posición sexual.

Martín observó todo aquello casi moviendo levemente la cabeza al costado, y vio como durante unos pocos segundos Agustina estaba con la bombacha blanca toda metidita en la cola y agachada, por lo cual durante unas décimas de segundo pudo verle más abajo, como con la presión de estar agachada, se le marcaba levemente la chocha en la tela!

Fue durante milésimas, pero esa imagen iba a quedar grabada en su mente. Le pudo ver la parte donde la bombachita le cubría la concha y encima estaba marcadita!

Se le veía bien la rajita marcada en el medio y a ambos costados los labios abultaditos.

Obviamente el muchacho no reaccionó, y siguió con la taza de té como si nada hubiera pasado. Enseguida Agustina se puso el jean, se acomodó el pelo, y se puso las zapatillas para marcharse mientras se terminaba el café…

Poco que decir sobre lo que sucedió apenas Agus se fue. Martín se fue al baño a cepillarse los dientes y… hacerse otra tremenda paja recordando lo que había visto.

Pues ese mismo día, tras la escuela y todo el transcurso de la tarde, llegó a casa al anochecer y se metió a bañar como cada día.

Buscó en el rincón de la ropa y encontró solo ropa de una de sus hermanas.

Se acercó más y se dio cuenta que era de Agustina.

No le fue difícil encontrar la bombacha. La que había visto esa mañana cubriendo como podía tanta carne que tenía Agustina…

Además miró el corpiño, y recordó la visión sublime de esas tremendas tetas moviendose!

El pene le aprisionaba en el pantalón, asique se los quitó y fue abriendo la bombachita para ver el interior.

Estaba muy húmeda, ese clásico brillo cubría toda la zona de tela que rozaba la conchita. Se la llevó a su nariz y sentir el olor penetrante a concha era supremo! Y el morbo de que sea de su hermana mayor mucho más.

“Uffff esta empapada. Estuviste calentita? Me encanta que hayas estado toda excitada hoy.”

Puso la parte mojada de la bombachita sobre su pija y se masturbaba. Embardunaba el liquido vaginal sobre el tronco de su miembro, mientras se pajeaba a ritmo frenético.

Imaginaba como la conchita de su hermana desprendía toda esa humedad pegajosa en la bombacha y se moría de placer.

Ya tenía toda la pija dura llena de la humedad de la chochita de su hermana mayor. Volvió a llevarse la tela a la cara para olerla, mientras su mano se deslizaba a lo largo de su joven pene con todo el líquido viscoso de su hermana.

Empezaron a salir los brotes de leche para todos lados… cayeron sobre sus piernas, el piso, algunos llegaron a la pared… puf!

Todo ese ritual de instinto animal era algo de otro mundo. Después de semejantes pajas se quedaba muy relajado… era terriblemente satisfactorio hacerlo con las bombachas de sus hermanas.!

Obviamente ya la moral la había perdido… todo pasaba por sus hermanas y su ropa interior.

Cada vez que entraba a bañarse conocía de cual de sus hermanas eran las tangas, sabía que ambas usaban las mismas, y se masturbaba a consciencia.

:::

En una ocasión, estaba la tarde bien fresca cuando Martín estaba haciendo la tarea de la escuela.

Florcha pasaba por allí, con su ondulado pelo negro, una campera y su calza ajustada negra resaltándole ese tremendo culo…

– ¿Cómo va eso enano?
– Complicado Flor…¿vas para gimnasia?
– Sí!
– Yo en un rato también voy.

Se despidió del chico con un beso, siempre tan amable con él.

El muchacho se cansó de tanta tarea y fue también al gimnasio para despejarse un rato.

Ya una vez en el lugar, comenzó con su rutina.

Se detuvo para descansar unos momentos, observando todo el movimiento allí.

Saludó a los conocidos que estaban entrenando.

Y las chicas también haciendo ejercicio. Terminó con su programa en el gimnasio ese día, se puso la campera y se quedó a un costado observando a las chicas disimuladamente.

Las veía como siempre, pero ahora en vez de esas, se imaginaba que eran sus hermanas. Regresó a casa.

– Buenas.. ya llegué

Flor estaba en su cuarto, mamá no había llegado aún a casa y Agustina estaba en la cocina.

– Me baño yo o vas vos Agu?
– Andá vos enano..
– Ok

Se metió en el baño, abrió la ducha y por supuesto fue directo a la ropa de Florcha.

Arriba de la calza se posaba la tanga púrpura! Esta vez la había usado Florencia.

El chico hizo lo de siempre, y se percató de que la tanguita estaba mojadísima.

“Estuvo duro el entrenamiento? Parece que transpiraste toda la concha, Flor…”

Ni que hablar del olor a vagina tan morboso que desprendía esa tanga!

Estaba sentado en el piso, con la campera aún puesta, con los pantalones y bóxer bajados, haciéndose una paja con la tanguita recién usada de su hermana Florencia en la cara.

Estaba en eso, cuando…

– ¡Qué estás….?! – Florcha había entrado al baño y descubierto todo!

Florencia creyó que como la ducha ya estaba abierta, el muchacho estaba dentro… ahora estaba parada en la puerta como de piedra observando como su hermanito tenía una mano en su pija parada y la otra en su propia tanga.

Continuará…

Si les agrada, si quieren que siga la historia, haganmelo saber.

Muchas Gracias.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*