Andrés, mi hijo

Nos quedamos dormidos de tal forma que no sentí cuándo me sacó el miembro del culo.

Me desperté. El aún dormía profundamente a mi lado. Me dirigí al baño, me duché y fui a la cocina a prepararme un café bien fuerte de desayuno. Eran más de las 12 pm. Necesitaba recapitular sobre lo ocurrido. Todo me parecía una locura. Mi propio hijo me había cogido, y me había roto el culo sin que opusiera resistencia alguna… ¿Qué demonios me había pasado? ¿Como me pude entregar tan fácilmente?

Mi mente era un hervidero de sensaciones encontradas. Sabía que lo ocurrido no era normal, pero al recordar el momento… al volver a mi memoria lo grande y hermoso que era el miembro de Andrés, y lo bien que lo uso… volví a sentir mi conchita mojada…

“Estoy loca” me dije para mis adentros… No puede ser que recuerde la verga de mi hijo y me caliente tanto… Pero así era… Mi conchita me recordó su existencia… Necesitaba respirar… me ahogaba de calentura… mis fosas nasales no daban aire suficiente…

– Buen día, mama… – Su voz a mis espaldas me sonó como un trueno…

– Ho… la… – Tartamudee indecisa…

– ¿Estás bien? – preguntó acercándose…

– Si… – insegura… mi voz me resultó extraña…

El llegó junto a mí, tomó mi mentón entre sus dedos y alzó mi rostro… Sus labios se apretaron con fuerza contra los míos y su lengua entró a mi boca, explorando el nuevo terreno… Sentí que me estremecía… Instintivamente mis muslos se abrieron y entregaron mi sexo a lo que viniera… Su verga se apretó contra mi concha… y nuevamente capitulé sin condiciones… Mis brazos rodearon su cuello y me entregué al beso y a las caricias como una verdadera amante… Pero él no profundizó y quedé a medio camino… hirviendo mi sangre… Mi mente obnubilada con un solo pensamiento… “Verga… quiero verga” pero él no hizo nada al respecto… solo me mantenía caliente franeleándome… Pasaba y me tocaba las nalgas, o me besaba el cuello… Dos horas, franeleándome sin hacer ver o sentir su sexo… Estaba desbordada.

Repentinamente el timbre de la puerta me sobresaltó. El fue a atender y regresó acompañado de un amigo…

– El es Martín, mamá

– Señora…

– Hola…

– ¿Podés invitarnos con un café?

– Si, enseguida…

Fui a la cocina y preparé la infusión, la coloqué en las tazas y regresé…

– Vení ma. sentate aquí… – me dijo mostrándome el sillón entre él y su amigo – vamos a ver un peliculón…

Obedecí… no se porque causa pero obedecí.

Cinco minutos después una XXX dejaba ver sus imágenes. Sobre que estaba recaliente ver eso me trastornaba… Hice intención de levantarme pero él me sujeto del brazo y me hizo quedar… Sus dedos rozaron mi pezón y el choque eléctrico me anuló… Lo miré… Sus ojos penetrantes me llegaron al alma… Se inclinó sobre mí y sin más me besó en los labios dulce y profundamente… Me fui hundiendo lentamente en ese pozo de entrega. Su amigo se hizo cargo de mi conchita con su lengua… Reaccioné. Intenté negarme. Fue entonces cuando Martín me mostró su hermosa verga de dimensiones similares a la de mi hijo… Gorda… muy gorda… Mi mente se cerró. Mis muslos se abrieron y entregaron mi sexo… Martín enterró de un empujón todo el grueso y largo pene en mi concha. Mi cuerpo vibró. Mi hijo me hizo levantar a medias del sillón y se coló por debajo de mis nalgas. Lo sentí hurgar en la puerta de mi culo. El agujero se fue agrandando dándole paso a su verga y se hundió despaciosamente en mi interior… Tenía dos monumentales barras de carne entrando y saliendo… Momentos más tarde los dos pendejos me enterraban sus respectivos miembros al unísono… uno por la concha y el otro por el culo haciéndome subir y bajar gritando de placer… Cuando me llevaron a la cama terminaron de masacrarme… quedé poco menos que destruida… cansada, agotada, sin fuerzas. Durante horas los dos hicieron maravillas con sus vergas y me destrozaron… Cuando el juego sexual cesó estaba semi inconciente. Martín aprovechó mi estado para hacerme tragar su esperma… Hasta ese momento me había opuesto a hacerlo… pero fue el final… No pude esquivarlo más…Tragué su espesa y caliente leche… No se cuanto tiempo duro mi descanso…

Me desperté a medias con la verga de Martín nuevamente en mi boca… y segundos después su leche pasando por mi garganta…

– ¡como chupa la guarra! – le dijo a mi hijo – parece un ternero mamón…

Fue entonces Andrés el que me hizo tomar su esperma por dos veces consecutivas antes de dejarme descansar…

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