El desnudo de mi tía

Todo empezó una noche hace unos años, cuando yo tenía 18 recién cumplidos. Mis padres habían salido de viaje y tuve que ir a quedarme unos cuantos días en casa de unos tíos míos. Mi tío había cumplido los 50 y mi tía los 36; y ambos eran padres de un chico de 12 años y de una niña de 8.
Mi tío nunca estaba por la noche en casa, ya que trabajaba de vigilante nocturno en una fabrica. No regresaba hasta las siete de la mañana.
Mi tía era una mujer atractiva, no una belleza, pero tampoco resultaba fea. Poseía unas hermosas tetas, grandes y redondas, y un cuerpo no demasiado delgado.
Hasta entonces yo nunca me había fijado en ella; pero, a partir de aquella noche, todo cambio de repente. Estábamos mi primo y yo en la cama dispuestos a dormir, cuando entro mi tía a darnos las buenas noches. La luz estaba apagada y no pude ver claro; pero me dio la impresión de que ella no llevaba nada debajo del camisón; ademas, aquel verano hacía mucho calor. Se fue al poco tiempo y no le di mayor importancia al asunto.
A la noche siguiente, el recuerdo del día anterior, me vino a la memoria. Pensé en no apagar la luz hasta que mi tía viniera a darnos las buenas noches. Al rato apareció y, efectivamente, no llevaba nada debajo del camisón transparente. Se le veían las tetas, que resultaban grandes con unos pezones que destacaban muchísimo; y al andar le daban unos saltos que vaya…
Como tampoco llevaba bragas pude verle el pubis, que se hallaba bastante poblado de vello. Esto me produjo una fuerte impresión, pues nunca antes había visto a una mujer desnuda. Ni que decir tiene que para mí fue mi tía, en aquel momento, la mujer mas maravillosa que había contemplado en toda mi vida.
Los domingos, cuando nos reuníamos la familia, yo hacia lo posible por pasar junto a ella. Sin que se diera cuenta le tocaba el culo o las tetas. Había veces que debía realizar un gran esfuerzo por contenerme. Como el tiempo iba pasando sin que ocurriera nada, un día se me ocurrió un plan que debía resultar perfecto.
Mientras llegaba el momento deseado de aplicarlo, yo iba a su casa alguna vez a la semana a ver si pillaba algo.
Uno de aquellos días que me quedé a comer, pues por la tarde no tenía clase en el instituto, ella se metió en su cuarto a cambiarse de ropa. Y yo, haciéndome el despistado, entre con la escusa de coger unas revistas. Se encontraba en sujetador y bragas. Como no se cubrió ni nada de eso, me puse un poco mosca y me fui.
Continuaba pasando el tiempo sin que tuviera mi oportunidad, hasta que un día se me presentó la ocasión. Se iba a duchar; y como no tenía champú, bajo a la tienda a comprarlo. No había nadie en casa.
Pensé que mejor no se me podía poner y empecé a elaborar el plan. Lo primero que hice fue destornillar el pestillo de la puerta para que ella no pudiera encerrase. Si dijera algo yo le contaría que entre allí y estaba el pestillo en el suelo.
Al rato ella subió de la tienda, se metió en el cuarto de aseo y escuché como decía que estaba roto el pestillo; pero ya no comento nada mas.
Se desnudo lentamente; y al poco tiempo se metió en la ducha. Yo ya no podía mas, y tuve que hacer un gran esfuerzo para no correrme. Me olvide de las consecuencias que podía originar si el plan de salia mal, ya que me desnudé y entre sin hacer el menor ruido.
Mi tía no podía escucharme, pues el sonido del agua se lo impedía. A través de la cortina vi como se movía. Estaba deseando que todo saliera bien. Entonces escuché unos jadeos de placer, como si mi tía se estuviera masturbando.
Pensé que había llegado el momento. Así que abrí la cortina y vi un espectáculo maravilloso, pues mi tía tenía el dedo metido en el coño y con la otra mano se acariciaba las tetas. Cuando se dio cuenta de mi presencia, se quedo completamente quieta. No dijo ni una sola palabra.
Yo estaba por fin junto a ella; y no podía desaprovechar la oportunidad que se me presentaba. Así que me metí en la bañera encima de ella. Comencé a besar sus tetas y a acariciar los pezones. La tenía completamente dispuesta a follar conmigo.
Fue en aquel momento cuando ella tomó iniciativa. Se abrió de piernas, me cogió el cipote suavemente y lo colocó a la entrada de su coño. Lentamente fue metiéndosela hasta que yo no pude mas. No tardé mucho en eyacular, pues estaba terriblemente excitado.
Llegamos juntos al orgasmo; y fue verdaderamente maravilloso. Yo no podía imaginar que el placer resultase tan inmenso.
Descansamos un poco; y cuando yo estaba repuesto me propuso follar de otra manera diferente.
Se colocó ella agachada, apoyándose en la pila del cuarto de aseo dándome a mí la espalda y con las piernas abiertas. Entonces yo le agarré las tetas y se la metí hasta los mismísimos cojones. Mientras tanto, con mis manos le iba acariciando las tetas, cosa que aún le dio más placer.
Yo fui aguantando sin eyacular todo lo que pude, deseando que durara mucho aquel goce. Hasta que llegó el momento y me descargue. Resultó un orgasmo bastante prolongado. Ella jadeaba de placer; mientras, yo creía que me moría de calentura. Fue algo que desde luego no se puede narrar y hay que vivirlo.
Como ya era tarde iban a venir sus hijos del co1egio, decidí marcharme a mi casa; pero antes, nos habíamos puesto de acuerdo para que volviera a la semana siguiente.
Cuando nos encontramos de nuevo, después de quedarnos solos, entramos en la habitación y allí ella me desnudó. Cogiendo mi cipote con su mano se lo introdujo en la boca, chupándolo con tal agrado que me corrí enseguida. No dejó ni una sola gota por desperdiciar. Para mí aquella fue una novedad que me proporcionó un gran placer.
Los días en que nos veíamos nos lo pasábamos enteros dándonos placer, o bien yo la masturbaba, ya fuera con el dedo, o le chupaba el clítoris; o bien ella me la meneaba a mí.
Luego follábamos hasta que no podíamos más. Hace un año que ocurrió esto, y siempre que podemos jodemos a mansalva. Se diría que se nos a abierto el apetito sexual y la imaginación, como voy a demostraros de inmediato.
Recuerdo que la cosa seria empezó a ocurrir un sábado por la tarde, mis sobrinos se encontraban en casas de sus abuelos y mi tío no volvería hasta el día siguiente. Mi tía me recibió en su dormitorio llevando una lencería erótica que había comprado en una boutique del centro. Me quede sin aliento.
Ademas, como había puesto unas bombillas rojas en la lampara y bajado las persianas, tuve la sensación de que me hallaba en un prostíbulo. Ya había entrado en algunos cercanos al puerto.
De repente, ella se tendió en la cama con las piernas abiertas. El tanga de seda negra que medio cubría sus ingles disponía de una abertura que dejaba al descubierto un coño inmenso. Por otra parte, la vellosidad que tanto me había excitado en su cuerpo desnudo, aparecía como rizada.

-. Me he lavado con un gel especial y, luego, me he peinado la pelambrera vaginal para que formase unos pequeños bucles. ¿Te gusta, Jorgito?.

Su voz había sonado muy singular, casi felina. Me desnude precipitadamente y corrí a montarla. Mi polla se encontraba a punto de estallar.

-. No cariño. Preferiría que me comieses el chochete. Bueno, si a ti no te parece mal.

Acostumbrábamos a dejar esto para la segunda fase de la follada. Un poco nervioso, mas por la novedad que por mi propio estado de , me preparé para el cunnilingus. Y al aproximar el rostro a sus ingles, me llego un aroma tan intenso a chirla perfumada con algo desconocido que me lloraron los ojos de la calentura, la lengua se me salió sola y no pude resistir lanzarme a por aquellos grandes labios que aleteaban en su estuche de seda.
Bebí, besé, absorbí e intenté mordisquear, hasta que me di cuenta de que necesitaba controlar la respiración como si estuviera buceando. Sobre todo cuando mi tía se cerró de muslos, incorporó la parte superior de su cuerpo y me sujetó la cabeza con sus manos… ¡Estaba orgasmeando como si se meara!
Me atraganté entre risas y gritos de gozo. Momento en el que ella se retorció sobre la cama, sin dar muestras de debilidad por hallarse bajo los efectos del intenso clímax, para coger mi polla. En seguida se la metió en el coño, pero quedando debajo de mí.
Casi nunca había follado así, cabalgándome con tanta fuerza. Sus grandes tetas quedaban casi a la altura de mi boca. La cogí por las caderas, me aupé un poco para intensificar la clavada y, a la vez, me entregué a chupar los gordos pezones. Un bebé hambriento no lo hubiera hecho con tanta dedicación, a la vez que mi polla chapoteaba en el interior de un coño que intentaba serrarse, pero le resultaba imposible al contener tantos caldos.

-. ¡Tía, tíiitaaa… me estás sacando hasta los calostros…! ¡¡Que polvo; pero qué polvazooo… me matasss… aaaahhhh…!!

Me fui entero, con todo lo que guardaba en mis cojones. Después quedé pegado a ella, con una polla morcillona que no se salió del coño. Momento clave, pues comenzó mi tía a pasarme un vibrador por el tórax, las tetillas, las axilas y el cuello. No sé de dónde había sacado el artefacto, la cosa es que me entró un cosquilleo sexual tan tremendo que entré en erección a los pocos minutos.
Los cosquilleos prosiguieron, pero ya sobre mi vientre, mi escroto y mis ingles. No tengo muchos pelos; sin embargo, todos se erizaron. Ella había dejado la follada; y cuando entendió que mi empalmamiento le aseguraba una penetración prolongada, me agarró la polla, se colocó dándome la espalda y se fue agachando hasta metérsela en el culo.

-. Ahora toma el vibrador Jorgito .- dijo cuando yo la tenía bien empalada -. ¡Quiero que me lo metas en el chichi… vamos, no lo dudes más…!

Esto fue lo que hice. Y antes de que hubiese transcurrido un minuto, la vi acusar unos escalofríos como si estuviera helada… ¡Sí, sí! ¡lo que le ocurría es que todo en ella se había convertido en un volcán! ¡Si hasta se puso a dar saltos como si estuviera montando a un caballo salvaje!
Claro que no se me escapó, dado que la tenía bien agarrada; sin embargo, todas sus reacciones, fruto de las cuales llegaron sus orgasmos a mares, provocaron que a mi me brotase una eyaculación de las que hacen época. Quedé derrengado en la cama. Y mi tía aún seguía con el vibrador, pasándolo de su cuerpo al mío sólo a nivel de piel…
Cuando abrí los ojos, la vi de pie frente al espejo del armario. Estaba hermosísima. Me deslice para abrazarla. Con una lencería tan sexy, el desnudo desnudo de su cuerpo resultaba excepcional. Creo que en aquel momento me enamoré de ella todavía mas… y hasta hoy.

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