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Fijacion Anal

Cuando sentí la dureza placentera de la pinga de mi Rey penetrando mi culo, y sentí al mismo tiempo el maravilloso placer y morbo que me producía sentirlo adentro, recordé lo útil que me había sido masturbarme sistemáticamente antes de ser iniciada en el sexo por mi novio.

Desde la primera vez que lo vi, sentí una energía muy especial. Me gustó y excitó su mirada, su sonrisa, su voz y su porte. Me quedé mirándolo y coqueteándole, como si por primera vez en mi vida hubiese visto un hombre guapo. Desde aquella primera vez, me le insinué y le hablaba en doble sentido, tratando en lo posible, de llamar su atención y que me vea. Para esto, me preparaba varias horas y estar linda para él.

Antes de bañarme, me miraba frente al espejo y pensaba qué es lo que le agradaba a los hombres, en este caso, qué le agradaba de una mujer a Rey. Mis amigas me dijeron la sonrisa, el cabello, la delantera, la cintura, el poto, las piernas, etc, y me confundieron mucho. Empecé a mirar y explorar mi cuerpo desnudo, intentando descubrir con qué parte de mi cuerpo podía seducir a Rey.

Me pasaba horas y horas frente al espejo, peinando mi cabello, haciéndome o dejándolo suelto sencillamente. Me probaba diversos sujetadores y buscaba cual de ellos podía resaltar mejor mis senos, a los que acariciaba con delicadez frente al espejo. Al verme desnuda frente al espejo, me veía linda, me sentía sensual y me excitaba. Imaginaba que el espejo era Rey, y me exhibía desnuda para él. Aprendí a moverme, como había visto a las chicas que hacen strip tease. Me ponía de espaldas, y miraba mis nalgas, mis piernas y mi cintura. En varias oportunidades, luego de haber estado mirándome frente al espejo, me acariciaba mis senos, mi cintura, mi derrier y empezaba a sentir una agradabilísima excitación.

Empecé a explorar mis labios vaginales, mi clítoris y descubrí una sutil lubricación de mi vagina que me electrizaba deliciosamente. Empecé entonces a desarrollar mis primeras masturbaciones. Fue placentero, mirarme desnuda en el espejo, acariciarme y sentir gran placer imaginado estar con Rey.

Investigué todo sobre el sexo, leí varios libros y me ilustré bastante viendo videos por Internet. Me sentía sexy en todo momento.mis hormonas y mi anatomía me hacían sentir la mujer más bella del mundo, pero era Rey, el único hombre a quien deseaba con ternura. Los primeros meses, pensé que nada de mí le gustaba. Me sentí un poco desencantada. Fue recién cuando descubrí su mirada de macho a través del espejo, que confirmé que sí le gustaba. Fue por casualidad, estábamos conversando, y de pronto me paré para servirle más gaseosa. Al darle mi espalda, lo vi a través del espejo, y lo descubrí que cuando me puse de pie, él miró mi culo con deleite. Me bastó mirar su cara un instante para darme cuenta que deseaba mis nalgas. Me sentí la chica más feliz del universo, y es que, para este día, me había puesto una pantaloneta blanca bien ceñida a mis caderas y muslos, y un calzón rojo que se veía a través de la blanca y transparente pantaloneta.

Jamás pensé que mi derrier, podía ser lo que más atrajera a Rey. Pero que gran disimulo, porque nunca intentaba verme de frente. A sabiendas de esto, me demoré un poco más de pie, y volví a verlo a través del espejo. Otra vez, observé su mirada bien atenta a mi trasero, y yo me meneé un poco para fascinarlo más. Me di vuelta para verlo de frente, y él cambió rápidamente su expresión. Disimulaba muy bien, pero ya sabía algo, que me hacía sentir con poder sensual.

Cierto día le pedí que me ayudara a colocar un cuadro sobre la pared, y en cierto momento, cuando él se hallaba a mis espaldas, me agaché como para recoger unos broches, y empuje suavemente mi trasero sobre su zona sexual y tuve un buen rozamiento. Él no disimuló su fascinación por sentir la voluptuosidad de mis nalgas sobre su pene, en ese momento algo flácido, pero que las señales instantáneas de su consciencia erotizada hicieron activar e inflar poco a poco su pinga.

Desde aquella vez, mi culo se convirtió en la parte más erótica de mi cuerpo. Nos hicimos novios y Rey me enseñó a gozar de mi vagina y sobre todo de mi derrier. Que deliciosas eran nuestras sesiones de sexo anal. Rey empezaba excitándome, lamiéndome los muslos, las piernas, los pies, la espalda, y mis seños también lo enloquecían. Una zona específica, de su mayor fascinación y también para mí, era cuando llegaba a mi derrier. De estar acariciándome deliciosamente mis muslos y mis tetas, se dedicaba un buen tiempo y con bastante detalle, a explorar cada centímetro de piel de mis nalgas, cada curva y volumen de carnosidad de mi poto, lo que por supuesto, me ponía muy cachonda.

Rey hizo que yo descubriera, el gran placer que podían producirme mis glúteos, porque él también deliraba de éxtasis al follarme por atrás. Yo solo tenía que menear la cola con delicada sensualidad, solo tenía que entregarme al placer que me producían sus caricias y besos, y Rey iba deslizando sus labios por mis nalgas, cosa que hacían que mi derrier se erectara y vibrara de placer. Yo entregaba mi culo a Rey, agachándome y abriendo mis nalgas con mis manos, para que él lamiera mi esfínter anal. Rey lamía golosamente mi culo e introducía su lengua por mi palpitante orificio. Tanto era el placer y morbo que me producía, que yo me daba vuelta, y lo besaba salvajemente en la boca para disfrutar también del sabor de mi culo. Lamía y chupaba sus labios, chupaba su lengua y sí, algo del sabor de mi culo, del que él disfrutaba, llegaba hasta mi boca.

Luego me daba vuelta otra vez, me agachaba y le abría ampliamente mis nalgas para que él siga haciéndome riquear con sus labios y lengua. Esta práctica se hizo tan constante entre nosotros que a veces yo me peía en su cara de gran arrechura. Rey disfrutaba con mis pedos y yo también. Era placentero sentir ese morbo que potenciaba más nuestra arrechura. De estar lamiéndome el culo Rey se deslizaba luego hasta mis labios vaginales y succionaba apasionadamente mi clítoris hasta hacerme morir de placer.

Con tanta estimulación y arrechura, yo también empecé a lamerle el culo. Un día que él había estado introduciendo su deliciosa lengua en mi culo, de pronto yo, poseída por el delicioso instinto sexual, de estar chupándole la pinga y los testículos, deslicé mis manos por sus nalgas y lo estrujaba y peñiscaba. Rey disfrutaba de mi iniciativa y me animaba a dejarme llevar por el placer. De tal manera que le dije que se eche boca abajo sobre la cama, y empecé a besar suavemente su trasero. Lamí y mordisquee sus deliciosos glúteos. Me excitó la sensación de tocarlos y lamerlos, y luego le abrí las nalgas y lamí, e introduje mi lengua en su culo, como él había hecho conmigo. Luego me enteré que los hombres también sienten un placer y muy delicioso, cuando su pareja les masajea el culo, porque hasta su culo llegan innumerables terminaciones nerviosas que producen placer a su próstata.

Me di cuanta también, que al hacer esos masajes y besos en el culo de mi novio Rey, su pinga se ponía más dura, y con este delicioso vigor, luego él me penetraba por mi pequeño orificio, que a veces le regalaba pedos eróticos.

Rey me inició en el sexo anal, y cada penetración de su pinga que él hizo a través de mi elástico y ajustado esfínter anal me produjo placer y morbo. Mientras él me follaba por el culo, yo sentía la vibración placentera de su pinga dentro de mí, y el placer llegaba hasta mi vagina que desencadenaba orgasmo tras orgasmo, haciendo que el placer vibre desde mi culo hasta mi clítoris y las paredes internas de mi picho.

Cuando Rey me inició en el sexo anal, recuerdo que antes de penetrarme se pasó un buen tiempo lamiendo mi culo e introduciendo su lengua por mi esfínter. Luego masajeaba con la yema de sus dedos, humedecidos por mi vagina, todo el contorno de mi culo. En algún momento introdujo suavemente su dedo índice dilatando poco a poco la elasticidad de mi esfínter anal. Todas estas maniobras de Rey, me excitaban y lo excitaban. Luego, me dijo que me pusiera en la posición perrito o en cuatro patas, y agarrándose el pene, hacía rozar la punta de su pinga en mi culo. Jugueteaba rozando e intentando introducir la punta de su pinga en mi culo, pero no lo hacía. Todo esto nos excitaba más y mi culo se iba acostumbrando a la ligera penetración de la cabeza de la pinga de mi novio.

Alternábamos estas maniobras con lamidas y chupadas de pinga que yo le hacía a mi novio, luego él continuaba jugueteando y rozando la punta de su pinga en mi culo. Rey me hacía ver, como salía gotita por gotita la lubricación de su pinga y la untaba en mi culo. Tanto mi lubricación anal como la lubricación de su pinga, en conjunto había servido para lubricar mi culo y de tanto rozar y presionar la cabeza de su pinga, en determinado momento Rey me dijo, “relájate y disfruta” e introdujo suavemente la totalidad del largo y grosor de su pinga. Con tanta lubricación el deslizamiento fue ajustadito pero delicioso. Sentí la dilatación de mi esfínter anal y el lubricante de ambos me sirvió para suavizar la penetración. Luego me acostumbré a sentir la pinga de mi novio, saliendo y entrando de mi culo y empezamos a disfrutar de mucho morbo, placentero morbo y perversa excitación.

Al paso de algunos segundos y minutos de deliciosa follada anal, empecé a sentir más gusto y placer. El placer y arrechura iba desde mis nalgas que sentían el rozamiento de la pelvis de mi novio, sus testículos palpitantes, calientes y graciosos como globitos, y sus manos que estrujaban mis nalgas. La elasticidad y firmeza de la erección de la pinga de mi novio se deslizaba placenteramente desde su glande de forma punteada que dilataba mi esfínter anal y el largo de su pichula endurecida como una salchicha a punto de reventar que se deslizaba hasta el fondo de mis intestinos. Empecé a sentir morbo y placer con la dureza cilíndrica de la pinga de mi novio. Empecé a recibir sus movimientos folladores con delirio y fascinación.

Sentir su pinga deslizarse suave pero con contundente penetración me hizo sentir una placentera vibración en el culo. Sentí como la pinga de mi novio lubricaba aún más mi culo, porque cada vez más, era más suave el deslizamiento de su pichula por las paredes interiores de mi culo. Incluso empecé a sentir que podía controlar la dilación de mi culo, así como cuando se caga, y empecé a succionar la pinga de mi novio cada vez que él me penetraba hasta el fondo. La confirmación que nuestra práctica anal, estaba proporcionándonos supremo placer, fue porque el placer de ser penetrada por el culo que yo sentía se interconectaba con el placer que mi vulva también me ofrecía.

De rato en rato, Rey llevaba sus dedos hasta mi vagina para acariciarme y masajearme el clítoris y labios vaginales, y yo desencadenaba enloquecedoras precipitaciones de placer y lubricación. En un momento sentí que la vibración y cosquilleo que la pinga de mi novio me producía en el culo se conectaba con mis orgasmos vaginales, y en conjunto producían un sublime placer. Rey no dejaba de jadear de placer. Sus palabras entrecortadas y agonizantes de arrechura decían: “Que rico culo tienes mi amor, que deliciosas contracciones me haces que me quiero vaciar, quiero eyacular en el fondo de tu culo”. Sus palabras me sonaron halagadoras y perversamente excitantes. Sus palabras y todo lo que yo sentía, confirmaban que nuestro sexo anal también podía ser tan o más placentero que nuestro sexo vaginal.

Poseída del sublime morbo y placer que sentía, me desconecté de la pinga incandescente de mi novio y me abalancé a lamerla y chuparla. Su falo robustecido por la placentera follada estaba totalmente lubricada. Quise sentir el sabor de la pinga de mi novio combinada con el sabor de mi culo. Imaginé estar lamiendo mi culo al mismo tiempo que lamía completamente la pinga de mi novio. Empuñé con fuerza la pinga de mi novio y lo manipulé como quien lo masturba. Rey se dejaba hacer lo que a mí se me antojara porque deliraba de placer. Chupé la punta de su pinga con devoción y saboree el placer que me producía. Hubiese querido hacerlo eyacular para lamer y tomarme u semen, pero Rey reaccionó, me dio vuelta y empezó a lamer mi culo endemoniado de intensa excitación.

Por instinto inmediato me arrodille y agaché en posición perrito y entregué mi culo a la boca de Rey. Sus labios contactaron con mi culo dilatado. Su lengua se deslizó y lamió mi esfínter y su boca completa parecía querer comerse mi culo de una sola succión. Poseída por el placer, yo empujaba mi culo contra su cara, contra sus labios, y recibía la punta de su lengua en mi culo, que me penetraba delicadamente. Me sentí bellísima y radiante de excitación. Me sentí adorada y muy femenina. Me sentí una diosa del sexo y la perversión sublime.

De pronto Rey dejó de lamer mi culo, y me introdujo otra vez, su suculento mazo de carne erecta. La penetración que él me hizo se sincronizó con una placentera succión anal que yo hice. Tanto Rey como yo empezamos a movernos sincronizadamente y el placer otra vez iba en aumento. Mis nalgas amortiguaban su pelvis y la transpiración bañaba nuestros cuerpos completamente. De pronto nuevos y más intensos chorros de orgasmos se desencadenaron de mis entrañas. Tanto mi vagina como mi culo parecían lubricarse desbordantemente y la pinga de mi novio vibraba deliciosamente. Fue cuando sentí un chorro caliente, cosquilleante y placentero dentro de mi culo. Era el semen caliente que salpicaba con fuerza de la pinga de mi novio. La calentura de su leche me produjo más placer todavía. El placer del clímax, del final feliz de nuestro delicioso sexo anal.

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