Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Romina y los ladrones

Romina y Manu estaban tranquilos, habían decidido quedarse en casa viendo una película, los dos abrazados se habían quedado dormidos en el amplio y cómodo sillón. Por un descuido, la puerta había quedado sin seguro y cuando alguien tanteó para ver si estaba abierta, ellos no sintieron nada. Los intrusos eran tres. Uno parecía ser el jefe, y como tal daba instrucciones a sus cómplices con señas. El segundo debía ser novato, pues sus movimientos eran un poco torpes y el tercero, el más joven de los tres, se lo notaba nervioso, y a punto de estallar.
El jefe se colocó frente a la pareja y los otros a cada costado de ellos. Con un arma en la mano, apunto a la cabeza de Manu y con el caño le dio unos golpecitos para despertarlo.
-dame la guita- le dijo el jefe a Manu
Sobresaltado pero no asustado y mirándolo, manu contestó
-¿Qué guita?, no tengo nada- dijo él.
-dale, no te hagás el pelotudo que la cocino a ella- dijo el jefe apuntando a Romina que en ese momento se despertó. Comenzó a los gritos y el mas joven de los tres intrusos tuvo que taparle la boca con la mano, mientras trataba de inmovilizarla.
-callate, petera, que tambien lo podemos quemar a él- le decía el joven señalando a Manu. Romina pareció entender, y se quedó callada e inmóvil.
-Bueno, dale que no tenemos tiempo, dame la guita- volvió a exclamar el jefe
-Buscá por donde quieras, acá no tengo un mango- dijo Manu bastante tranquilo.
El jefe miró a Romina, la tomó de la muñeca con brusquedad, y la atrajo hacia él.
Apenas la vió, el tema de la plata pasó a un segundo plano.
Romina tenía un culo imponente y como tenía puesta una calza, se divisaba perfectamente la pequeña tanguita que se perdía entre las hermosas nalgas.
-No se si plata, pero me parece que para esta noche conseguimos una carnecita- dijo el más joven.
Romina se sintió invadida por una extraña excitación, pues entre sus fantasías, figuraba enfiestarse con más de un tipo y que Manu lo consintiera, y esa situación se estaba presentando ahora.
-Atalo- dijo el jefe al más novato, y de sus bolsillos sacó un precinto plástico, suficiente para inmovilizar los brazos de Manu a una silla, el más joven tomó un largo pañuelo de cuello y con eso le taparon la boca.
El jefe ahora le levantó uno de los brazos a Romina
-Date una vueltita para nosotros- dijo en tono imperativo
Romina tenía sentimientos encontrados, por un lado el miedo a tres desconocidos que habían reducido a Manu, por otro lado la enorme excitación que le producía estar a merced de ellos tres. Por lo que movida por ambas sensaciones obedeció “dando la vueltita” muy lentamente.
-huy, que culito nos vamos a comer hoy- dijo el jefe riendo.
Alargó la mano y manoseó el hermoso culo de Romina, ella se quedó inmóvil, pues el miedo y la excitación se hicieron más poderosos en su interior.
-Las ganas que tengo de comerme una culoncita- dijo el más joven
Sin más preámbulos, éste último se colocó detrás de ella, y la tomó por la cintura, apoyándole con rudeza la dura pija que ya se adivinaba a través del pantalón.
-cabrón- dijo ella en voz baja
-¿Cómo me dijste?- el tipo repetía la acción, simulando una perfecta penetración anal.
No solamente el tipo lo imaginaba, también a Romina se le instaló esa imagen en la cabeza. Sin darse cuenta cerró los ojos, demostrando placer con lo que sucedía.
-parece que le gusta- dijo el novato riendo
El jefe la volvió a tomar de la mano y se la llevó a su entrepierna, Romina accedió sin resistencia y sintió la verga en su mano, y también se sentía dura a través de la ropa.
El más joven deslizó la mano por debajo de la apretada calza, y para Romina sentir esa mano desconocida contra la suave piel de sus nalgas, estaba siendo demoledor, la excitación en ella seguía creciendo, y sin darse cuenta comenzó a apretar su mano en torno a la verga del jefe. Éste se le colocó por delante,
-desnudate- le ordenó él, a lo que ella obedeció sin resistencia
Ahora el jefe comenzó a recorrerle las tetas con determinación, mientras le apoyaba la verga ahora contra la vagina. Romina era la primera vez que estaba en “sanguchito” entre dos tipos, por lo que se dejó llevar por sus impulsos y pasó sus brazos por los hombros del jefe. Este sin pérdida de tiempo acercó sus labios a los de ella, y apenas rozándolos le dijo
-¿tenés hambre de verga?- la voz era grave, pero suave e imperativa
Para Romina no fue una pregunta, fue una orden que no pudo desobedecer.
-Si- dijo solamente ella, pero sus ojos que miraban fijamente al jefe expresaban la calentura de la que era presa ella.
Se agachó, dejando su culo al alcance del más joven que todavía la estaba manoseando, y ella con presteza desprendió el pantalón del jefe, que la tomó con fuerza de la nuca y hundió su verga en la boca de ella.
-mirá como se la come- dijo el jefe mirando a Manu.
Romina extendió su mano, queriendo tomar la verga del más novato, que tímidamente se mantenía al margen de la situación, pero el jefe se lo impidió.
-¡Que pedazo de culo!, mirá lo que es esto- dijo admirado el más joven
Rápidamente extrajo su verga, y comenzó a rozarla contra el imponente culo casi desnudo. Romina no pudo resistirse a la tentación, y apoyó su culo con fuerza contra la dura pija que tenía detrás.
-Jah, mirá, culo divino y encima petera- dijo divertido el joven.
Romina se excitaba cada vez más, sentía como la humillaban, y descubrió que eso le encantaba. El jefe, casi con violencia, la obligaba a sacar e introducirse la verga casi completamente, haciendo que ella en ocasiones se ahogara. En cambio el joven, con su verga seguía rozándola en su vagina, y con sus manos trenzadas en la cintura de ella la sostenía a su voluntad. Por su parte Romina se saboreaba y con pasión pasaba la lengua por el contorno de la cabeza de la verga que invadía su boca. Ahora el joven con sus manos trataba de separar un poco sus nalgas, y le hizo doler un poco a Romina.
-ay, despacito, por favor, me duele- dijo ella
Los tres rieron a coro.
-pobrecita, si ahora te duele, imaginate enseguida- dijo el jefe
El joven estaba como hipnotizado por el culo de ella, y con su verga hizo presión en la vagina de Romina. Un quejido se escapó de ella cuando comenzó a ser penetrada.
-ahh, veo que te gusta- dijo el joven, ante la risa socarrona del mas novato de los tres.
Las embestidas eran violentas, y Romina no pudo continuar con la verga del jefe, pero la tomó con una mano y no podía soltarla. En cambio sus labios dejaban escapar profusos quejidos. La violencia era tal, que ella debió sostenerse del jefe, para no caer.
-ay…si…si…así- decía ella
El jefe se sacó los pantalones, y a una seña de él, el más joven dejó de penetrarla, entonces el jefe hizo que ella nuevamente pasara sus manos alrededor de su cuello, y la levantó por las nalgas, ella se sostuvo con fuerza de “su jefe”, ahora era él el que la penetraba por la vagina, sosteniéndola en su cintura, ella se sintió un juguete en sus brazos, y fue en ese instante que sintió la otra verga pugnando por entrar también en la vagina.
-no…las…dos…no, por…la…conch- no pudo terminar de hablar, ambas vergas se introdujeron a la vez, la sensación de placer de Romina era totalmente superior a todo lo que hubiera conocido.
-nunca más vas a querer coger con él- El jefe señalaba a Manu, que atado e impotente observaba inmóvil la escena.
Los gemidos de Romina eran gritos de placer, uno de sus brazos lo llevó hasta el más joven, los tenía a ambos por el cuello. Las penetraciones eran profundas y su vagina parecía que se iba a desgarrar. El orgasmo se hizo presente en forma intensa, arrolladora y Romina llegó al clímax cuando ambos delincuentes acababan a la vez dentro de ella. Pero la acción estaba lejos de terminar.
-Preparate negro, venís vos- le dijo el jefe al que parecía ser el más novato.
El tipo miró hacia los costados como si hubiera alguien más mirando. El jefe tomó a Romina que a estas alturas ya era un objeto sin propia voluntad, e hizo que apoyara sus manos en las piernas de Manu. El novato, sacó su verga, lo que provocó que el jefe y el más joven, estallaran en risas. Romina giró su rostro y no pudo evitar la sorpresa. El tipo tenía la verga más grande que ella hubiera visto en su vida, las tenía todas, era grande, gorda y cabezona.
-no…por…favor…no- atinó a decir Romina
-vamos a ver si te la bancás por el culo- dijo el jefe riendo
Romina quiso moverse, pero el más joven ya apuntaba nuevamente a Manu a la cabeza, quitándole toda posibilidad de resistencia.
-lubricala, por favor, me va a partir- dijo ella con miedo
El jefe fue hasta la cocina, volvió con un poco de aceite de cocina.
-Lo siento, es lo único que conseguí- dijo él
El tipo se mostró compasivo y lubricó abundantemente su enorme miembro erecto. Lugo con uno de sus dedos lleno de aceite, comenzó a hacer presión en el ano de ella. El dedo se hundió fácilmente. Los quejidos de ella fueron instantáneos, cerraba sus ojos con fuerza, y sus suspiros y gemidos dejaban ver que ella estaba gozando con ese dedo intruso. Otro dedo se sumó al anterior, haciendo que su ano se expandiera un tanto, los dedos entraban y salían cada vez más fácilmente. Y ella gozaba más a cada instante. De pronto cesó toda actividad en su culo, ella giró su rostro y vió como el tipo ahora “la amenazaba” con su gran miembro erecto. Sintió el contacto con su culo seguido de una suave penetración. Ella igualmente sintió dolor.
-Ay, por favor despacito, te lo ruego- dijo suplicante.
La penetración le arrancó amargos quejidos, que fueron coreados por la risa de los delincuentes que miraban la escena.
-pero, tanto culo, y no te bancás una pequeña verga- dijo el jefe
-Dale duro, no seas gil- dijo el jóven
La penetración continuó suavemente. El dolor daba paso al placer y como tal ella comenzó a gemir.
-¿te gusta que te partan el culo?- preguntó el jefe.
Romina sonrió y quiso mirarlo a la cara pero el placer no se lo permitió, continuó con los ojos cerrados.
-si…me…encanta- balbuceó ella afirmándose con fuerza en las piernas de Manu.
Los movimientos cobraron fuerza y poco a poco se hicieron más veloces y toscos. Romina estaba entrando en un nuevo orgasmo y cuando sintió que la verga del jefe se apoyaba en su boca, ella la abrió prontamente, permitiendo que la pija entrara en ella sin ningún problema.
-Me parece que vamos a venir más seguido a visitar a…¿Cómo es tu nombre?- preguntó el joven.
-Ro…Romina – dijo ella entre quejidos
-Romina la petera- se rió el jefe
-Romina culona- dijo el otro
Esa actitud de humillarla, la hacía gozar más y más, y verse en poder de esos desconocidos, y sentir como le destrozaban el culo, la hizo acabar con una fuerza inusitada en ella.
-Si…así…así- decía ella
-¿te coje él así?- preguntó el jefe señalando a Manu
-no…no…no- ella no podía pensar y contestaba casi mecánicamente.
Las manos en su cintura se atenazaron con fuerza, y la verga entraba hasta el fondo, ella respondía con movimientos equivalentes, mientras con pasión continuaba succionando la verga del jefe.
Todo ocurrió a la vez, el jefe le llenó la boca con su semen, el que estaba en su culo, gimió con fuerza, indicando que también estaba acabando, y ella comenzó a gemir en voz alta.
-si, hijo de puta, si, haceme acabar así- exclamaba ella mientras también entregaba su orgasmo a los delincuentes. El tipo se retiró suavemente de su culo que ya chorreaba la abundante acabada del tipo, a la vez también por la comisura de la boca se le escapaba un pequeño hilo de semen del jefe.
-Mirá, está rebalzada de leche- dijo el joven riendo
-La peterita se llenó, y está perdiendo por todos lados- dijo el jefe sumandose a las risas
Lejos de molestarse, Romina también rió, demostrando que la humillación le encantaba.
De pronto el joven miró por la ventana.
-Cacho, ¿Qué número te pasaron en el dato de la casa con la guita?- dijo alarmado
-136- dijo el jefe también presa de la alarma
-Boludo, es enfrente, la guita está enfrente- dijo el joven
Ambos miraron por la ventana nuevamente, y luego miraron a Romina, que se había recostado en el piso totalmente agotada.
-bueno, tan mal no nos fue, ¿no es cierto?- dijo el jefe mirando a Romina
Romina sonrió nuevamente.
-una noche de estas volvemos por más, ¿querés?- preguntó a Romina
Romina asintió aprobando la idea.
Los tipos desaparecieron por la puerta tal como habían entrado, Y ella fue a liberar a Manu. Le sorprendió verlo con una poderosa erección.
-huy, ¿mi bebé también quiere darme lechita?- dijo ella riendo
Y mientras desprendía el pantalón, aprovechó que él estaba inmovilizado y suavemente comenzó a darle una mamada.
Final.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*