Hice un trato con mamá

Cada que necesitaba distraerme y darme un respiro—lo que ocurría muy seguido—siempre fantaseaba con mi buenísima madre. Ella era la actriz porno principal de mis pervertidas fantasías…

Mi nombre es Santiago, tengo 18 años, y actualmente vivo en casa con mis padres. Tengo un hermano mayor, Germán, quien acaba de iniciar como arquitecto en una gran constructora. Tiene un bonito apartamento a las afueras de la ciudad.

Elena, mi madre, es una mujer muy guapa de 43 años, sin embargo, yo diría que aparenta menos de treinta, es hermosa y muy sexy. Es delgada, normalmente lleva una dieta muy rigurosa, y por lo menos asiste cuatro veces por semana al gimnasio. Su cabello es castaño claro y ondulado, le topa casi a media espalda, tiene unos bellos ojos verdes, una linda naricita curveada hacia arriba y unos carnosos labios rojos que esconden unos dientes dignos de la mejor sonrisa que conozco. Sus formidables tetas, son grandes, firmes y bien paradas, como inmunes a la gravedad y listas para ser devoradas. Sus grandes pezones normalmente se dibujan en todas las blusas que viste invitando a ser mordisqueados a diestra y siniestra. Es dueña de una cintura de concurso, y un vientre plano tan excitante, que se abulta de una manera muy erótica al nivel del abdomen invitando a ser lamido suavemente.
Como pueden ver, no hace falta ser muy observador para notar su innegable belleza.

Sin embargo, su mejor atributo es—en mi opinión—su parado y redondo culo.

Esas nalgas paradas y gordas de mamá poseen una sublime manera de hipnotizar a la especie masculina mientras camina. Con cada paso de sus curiosos y delicados pies, sus hermosas nalgas saltan y se balancean deliciosamente de lado a lado.

No había un solo día en el que no quisiera hundir mi gruesa verga en su estrecho y fruncido ano. Estaba tan enamorado de su dulce culo, que mí miembro palpitaba y se estremecía cada vez que la veía.

Desafortunadamente, mis probabilidades de coger analmente a mamá eran casi nulas. Ella nunca permitiría que su bebé clavara su duro pene en su exquisito y perfectamente delineado culo. Al menos eso creía yo—hasta el día de hoy…

Desperté en medio de la noche. El reloj de mi buró marcaba las 2:15 de la mañana.
Mi garganta deshidratada me obligó a salir de la cama e ir hacia la cocina por un vaso de agua fría cuando, repentinamente al salir de mi habitación, escuché un profundo gemido que venía del otro lado del pasillo.
Me detuve para escuchar con mayor claridad. Lo escuché de nuevo, esta vez acompañado por un intercambio de susurros. Enseguida, silencio…

Pensé que todavía seguía dormido y estaba oyendo cosas, cuando escuché una voz masculina decir:

- ¡Ah mierda! ¡Qué apretada estas!—La voz venía del cuarto de mi madre.

Pude escuchar nuevamente el intercambio de susurros mientras me desplazaba lenta y silenciosamente hacia la puerta de su habitación—la cual se encontraba semiabierta—para echar un vistazo.

Sentí mis ojos salirse al presenciar aquel acto carnal ante mí.

¡Ahí, de espaldas a mí, sobre la cama marital de mamá, se encontraba mi hermano mayor Germán en posición de “cuchara” sobre su lado derecho, deslizando ansiosamente su erecto miembro fuera y dentro de la maternal concha de mi madre!

Permítanme decirles, la concha de mamá se veía verdaderamente apretada; sus labios sellaban al vacio alrededor de la hinchada verga de Germán, evitando absolutamente el paso del aire. Germán tenía el seño fruncido, pero yo sabía que era más a causa de placer que de dolor.

Ella, llevaba puesto un camisón de noche morado, el cual estaba obscenamente jalado por debajo de su protuberante y suculento pecho. Germán pasaba sus manos por sus cremosas tetas mientras las mallugaba salvajemente.

- ¡Ay bebé! ¡Así, juega con las tetas de mamá!—Decía, mientras gemía bajo la presión combinada de las ásperas manos de Germán y su tieso tronco. Los carnosos labios de su boca se entreabrían conforme jadeaba de placer y se entregaba a las hambrientas garras de mi hermano.

Quería dejar de presenciar aquel ilícito apareamiento, pero mis piernas simplemente no respondían. Me encontraba en shock. Solo podía observar mientras mi mente se llenaba de confusión.

- Dios, me encanta como se sienten tus tetas, tan suaves y tibias mamá.

Cediendo bajo la fuerte presión que generaban las manos de Germán sobre sus tetas, los inflamados pezones rosados de mi madre inesperadamente lanzaron chorro tras chorro de su cremosa leche empapando las sabanas, mientras mi hermano seguía manoseando aquellos deliciosos globos sin parar.

Mi cabeza daba mil vueltas mientras la sangre de mi cuerpo corría hasta mi verga que se ponía cada vez más dura.

- ¡Ay, Germán así! ¡A mamá le encanta cuando le haces eso!—Lloraba en éxtasis.

» ¡Chupa mis tetas amor! ¡Chupa toda mi leche!

Germán levantó su gordo pezón y lo apuntó hacia su cara exprimiendo la tibia leche de los senos de mamá hasta su hambrienta boca. Después, puso el rosado pezón entre sus labios y succionó bocado tras bocado de su dulce leche hasta atragantarse.

Con su sed saciada por el momento, continuó el ataque en la rosada y húmeda concha de mi madre, repitiendo sus estocadas mientras ella se retorcía y gemía delante de él.

Sentí mis rodillas debilitarse.

Germán jadeaba con cada empujón mientras intentaba clavar mas profundo su duro miembro en el mojado coño de mamá.

- ¡Ohh, mamá! Siento tu deliciosa concha como si ordeñara mi verga.

Sus cuerpos se empapaban en sudor, conforme Germán martillaba la lujuriosa concha de mi madre. Ella apretó las sabanas dentro de sus puños mientras se lanzaba hacia atrás encontrándose con los empujones de mi hermano. Le faltaba el aliento, se retorcía y dejaba escapar leves gemidos conforme Germán profanaba su contorneado cuerpo.

- ¡Aayyy Dios, bebé! ¡Más fuerte! ¡Cógeme más fuerte!—Rogaba llena de placer.

Germán la tomó aun con más fuerza de la cintura y atendió sus plegarias.

Mi verga palpitaba continuamente ante aquel incestuoso vínculo entre mi madre y mi hermano. Tengo que admitir, que muy profundamente me sentía celoso de que ella lo hubiera escogido a él antes que a mí. Quería ser yo el que estuviera partiendo su vulva por la mitad con su rígido miembro. No era justo.

Sé que suena descabellado, pero tienen que entenderme, la había deseado desde hacía mucho tiempo.

Por los susurros de plática sucia que intercambiaban entre ellos, supe que no faltaba mucho para que alcanzaran su clímax.

Germán arremetía sus últimos empujones mientras mordisqueaba el lóbulo de mamá.
En su última embestida, se estiró completamente rígido, paralelo al colchón.

- ¡Ohh, mierdaaaa! ¡Aaaaarrgghhh!

Las venas en su cuello resaltaban al mismo tiempo que mordía el suave hombro de mi madre para sofocar sus gemidos, mientras derramaba sus jugos profundamente en su vientre. Pronto, ella lo siguió conforme lo jalaba contra su inflamada concha.

- ¡Germán! ¡¡¡Ay, bebé!!! ¡Me vengo! ¡Me vengooooo! –Con sus ojos bien cerrados y su boca abierta en forma de “O”, se lamentó, mientras su orgasmo se apoderaba violentamente de su excitante cuerpo. Oleada tras oleada la poseían al mismo tiempo que su piel se enrojecía delicadamente. Se sacudió incontrolablemente mientras mi hermano la envolvía posesivamente entre sus brazos, manteniéndola junto a su pecho hasta que el clímax de mamá terminó. Cuando finalmente se tranquilizó y recobró el aliento, se acurrucaron mientras él, lenta y delicadamente amasaba sus gordas tetas. Mi madre escondió su cara entre sus manos mientras que la última oleada de su orgasmo desaparecía. Parecía una joven virgen en su luna de miel en ese momento.

Se quedaron entre brazos absorbiendo la brisa post orgásmica que emanaba sus cuerpos. La cara de mamá brillaba mientras se acurrucaban y Germán acariciaba su delicado cuello. La habitación se encontraba en completo silencio a excepción de sus agitadas respiraciones. Eventualmente, su pene se ablandó lo suficiente para que se deslizara hacia fuera y cayera sobre el colchón. Suspiré al ver la recién usada concha de mi madre quedar entreabierta, escurriendo el espeso semen de Germán.

- Eres una diosa excitante mamá. No puedo evitar querer llenarte con mi semen cada vez que te veo. —Confesó apasionadamente.

- Continúa. —Dijo ella con una sonrisa.

Él empezó a agarrar y juguetear con su nalga izquierda. Al levantarla por un momento, dejó expuesto el ano más excitante que he visto. Su agujero estaba delineado con unos hermosos pliegues color rosa que se estiraban obscenamente por el agarre de su mano. Todavía en la posición de “cucharita”, mamá giró su cabeza para besar a Germán.
Al hacerlo, me vio espiando del otro lado de la puerta. Tal vez porque me acerqué lo suficiente para que la luz se reflejara en mis ojos. Al verme pude notar la impresión en su mirada. El temor se apoderó de su rostro al darse cuenta de que habían sido descubiertos. Germán no notó en lo absoluto el cruce de nuestras miradas, tal vez porque besaba y chupaba apasionadamente los carnosos labios de mi madre.

A estas alturas, me encontraba muy nervioso como para permanecer ahí, así que rápidamente me fui de puntillas hacia mi cuarto, cerré la puerta detrás de mí. Me recargué en ella mientras me estremecía en pánico tratando de encontrarle sentido a lo que acababa de presenciar. ¡Germán había estado cogiendo a nuestra madre! ¡No lo podía creer!

Aunque, dada la posibilidad, yo también lo haría.

Ahí, agobiado, liberé mi palpitante miembro de mi short, y empecé a jalármela pensado en lo que acababa de ver. En cuestión de segundos, arrojé tres grandes chorros de semen al piso. Fue el orgasmo más grande que había tenido.

Terminé vacío, hiperventilando, y temblando por la excitación. Enseguida, empecé a sentirme nervioso por lo que iba a pasar cuando mamá me confrontara acerca de lo que había presenciado.

15 minutos después, escuché la puerta principal cerrarse. Germán se había marchado a su departamento. Supe que la noche había terminado. Cuando mi cabeza tocó la almohada, caí en un profundo sueño en donde mi madre y su apretado agujero ocuparon toda la noche…

LA MAÑANA SIGUIENTE

Sentí alguien sacudiéndome, como intentando sacarme de mi profundo sueño.

- Santiago… mi cielo, despierta. Ya es la una de la tarde.

Abrí los ojos lentamente y me los froté para quitar lo nublado de mi vista. Sentada a mi lado, usando solo su corto camisón morado estaba mi madre.

- Santiago, necesitamos hablar.

Mis ojos se trabaron en sus jugosas tetas que sobresalían a través de su sedoso camisón. Sus gordos pezones se veían tan tentadores, invitando a ser chupados. Ella notó mi mirada y se cubrió.

- Ups, lo siento. —Sonrió nerviosamente.

» Hijo… sé que me viste con tu hermano anoche. Quiero explicártelo.

- Esta bien mamá. –Dije, mientras me sentaba gradualmente y esperaba que ordenara sus ideas.

- Mira, lo que viste anoche es algo que nunca quise que presenciaras. Sé que debió haber sido un shock para ti encontrar a tu hermano en la cama conmigo, y sé que probablemente tengas muchas preguntas acerca de lo que viste. Intentaré responderte lo mejor que pueda. –Respiró profundamente y entreveró los dedos de sus manos.

» Lo que viste…

- ¿Por qué mamá?—Interrumpí.

En verdad quería decir: ¡¿Por qué yo no, en lugar de él?!

- Bueno, no tiene sentido ocultarlo más. Todo empezó hace dos años cuando tu padre recibió el ascenso por el que tanto había trabajado. –Tomó un segundo para reflexionar antes de continuar su historia.

» Tu padre comenzó a mostrar cada vez más interés en su trabajo y menor interés en mí. Hacíamos el amor una vez al mes, después varios meses, al final, nada. Intenté de todo para que me notara, pero después de un año, me di cuenta que la chispa se había extinguido. No quería engañar a tu padre, pero tenía mis necesidades. Santiago… tu padre no me tocó durante más de un año.

Mamá se veía dolida mientras narraba los eventos entre ella y mi padre. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

» Cuando pasó casi un año y medio, finalmente decidí que había sido suficiente. Un día… Germán vino a la casa antes de que llegaras de la escuela. El notó que algo me molestaba. Después de mucho insistir de su parte, finalmente le confesé la situación entre tu padre y yo. Mi cielo, sentí muy bien al hablar finalmente lo que me pasaba con alguien. Contarle a una persona lo que había estado viviendo durante tantos meses. En verdad necesitaba un hombro para llorar, y Germán fue el único que estaba ahí en aquel momento. Supongo que me encontraba vulnerable y Germán… bueno, una cosa llevó a la otra. Sin darnos cuenta, estábamos haciendo el amor.

- Mamá… ¿cuánto tiempo llevan Germán y tu… ya sabes?

- Casi seis meses.

Maldito suertudo. ¿Por qué no se abrió conmigo?

- Si no te molesta que pregunte, ¿Por qué están tus pechos llenos de leche? Por lo que veo, no has dado a luz desde que me tuviste.

Apareció ese bello rubor en ella bajo mi firme mirada.

- A decir verdad, fue idea de tu hermano. El tiene una especie de fetiche por las mujeres que lactan. No vi nada malo en darle gusto, así que visité a mi doctora y me recetó un medicamento llamado metoclopramida. Me dijo que tendría que tomarlo tres veces al día con abundante estimulación en mis pezones, durante dos meses. Me sugirió utilizar una bomba extractora de leche para estimular mis pezones. Pero acordamos— o mejor dicho— Germán me convenció, que él debería tomar el trabajo de chupar mis pechos dos horas diarias, cuando tú y tu padre no estuvieran. En un par de semanas, estaba dando más leche de la que él podía beber.

Gemí en silencio tan solo de imaginarme chupando sus carnosas tetas enteras. Mi miembro empezó a sacudirse y dar estirones bajo las sabanas.

- No puedo imaginar lo que debes estar pensando de mí. Pero, Germán me hace feliz, y eso es algo que no había sentido en mucho tiempo.

- Mamá, ¿en verdad estas enamorada de Germán?

- Tal vez… estamos planeando vivir juntos. Y probablemente te sorprenda saber que…estamos considerando tener hijos. Tu hermano tiene 25 y se siente listo para ser padre. Ya hablé con mi ginecóloga y me dijo que estoy lista para concebir. Necesito ser mamá de nuevo, Santi. Siempre he querido una familia grande pero tu padre no quiso más hijos después de tenerlos a Germán y a ti.

Permanecí inmóvil, no lo podía creer. ¿Acaso dijo lo que acabo de escuchar?

» Te dije que tal vez te sorprenderías.

Sorprenderme no era la palabra. Esto era algo ¡increíble! ¿Dónde estaba cuando pasó todo esto? Tengo que empezar a poner más atención a las cosas que suceden en esta casa.

» Santiago, el punto de todo esto es que, siento algo muy grande por tu hermano, y pienso divorciarme de tu padre. Ya no hay nada entre nosotros. Podría decirse que ya no nos queremos. A tu hermano le está yendo muy bien en su trabajo, y quiere comprarme una casa cuando esté lista para dejar a tu padre. –Estudió mi rostro esperando mi respuesta.

- Mamá, no sé qué decir. Pero algo es seguro, me diste muchas cosas en que pensar.

Se inclinó hacia mí y tomo mi mano para enfatizar la seriedad de lo que a continuación diría:

- Santiago, te diré otra cosa en la que pensar. El poder está en tus manos, de hacer el bien, o el mal. Ahora tienes el secreto que prácticamente podría destruir mi vida o la de tu hermano. Así que… necesito saber… ¿le dirás a tu padre? –Buscó mi mirada con sus hermosos ojos verdes mientras mordía ansiosamente su carnoso labio inferior.

Comencé a pensar en lo que acababa de decir. La parte en la que tengo el poder en mis manos. ¿Qué podría hacer con dicho poder? Hmm…

Gracias a mi subconsciente, no tuve que pensarlo durante mucho tiempo.

Verán, tengo un recuerdo de mi hermosa madre que ha estado grabado en mi cerebro durante años:

Un día, casi al anochecer, me encontraba caminando hacia el baño por fuera de la habitación de mis padres. Cuando pasé por su puerta, reviré dos veces. Mamá se encontraba hincada en su cama quitando la colcha de las almohadas. Sus deliciosas nalgas estaban separadas en el aire. Me detuve para absorber la vista de su suave y ligeramente bronceado trasero. Supuse que iba seducir a mi padre, ya que llevaba puesta una nueva tanga—bueno, al menos nueva para mí. La tela que se abrigaba en su concha era blanca, adornada con puntos rojos que conectaba con una tira roja que hacia mejor trabajo resaltando que cubriendo su apretado hoyo color rosado. No había ningún cabello, así que asumí que se había depilado. En la parte superior llevaba una entallada camiseta blanca que acentuaban sus jugosas tetas. Cuando terminó de preparar la cama y se disponía a bajar, me apresuré hacia el baño. Saqué mi miembro y me masturbé desesperadamente.

Ese recuerdo permanecerá conmigo hasta el día que muera, o contraiga Alzheimer, lo que suceda primero.

Así que, hice un trato con mamá.

Normalmente no consideraría proponer este tipo de acuerdo con ella, pero, desde la noche anterior, me he convertido en un hombre nuevo. Un joven adolescente con una lujuria que no podía controlar, ni ocultar.

- Mamá… No le diré nada a papá. –Ella suspiró de alivio.

Pude oírla exhalar la tensión nerviosa que estaba atrapada en sus pulmones. Una sonrisa empezó a formarse en sus labios.

- ¡Gracias cariño! No sabes lo feliz que me has hecho.

Estaba a punto de inclinarse para abrazarme cuando mi voz la detuvo.

- No he terminado. A cambio de mi silencio, quiero algo que tú posees.

- Oh… está bien… ¡claro! Lo que sea que tenga es tuyo, Santiago.

- Aguarda, mamá. Tal vez no estés tan entusiasmada ya que escuches lo que quiero de ti.

Creo que mi tono de voz llamó su atención.

- Está bien… puedo ver hacia dónde vas con esto, pero debes saber que no tengo mucho dinero. Tu padre es el verdadero sostén de esta familia.

- Mamá, no podría importarme menos el dinero. De hecho, lo que quiero no te costará ni un centavo.

Mi respuesta pareció confundirla por un momento, ya que frunció el seño intentando adivinar lo que tenía en mente.

- Si no se trata de dinero, entonces… ¿Qué deseas?

- Q-qui… q-quie…

¡Por primera vez en mi vida tenía que empezar a tartamudear!

- Puedes decirme mi cielo, no hay problema.

Como dicen, era todo o nada.

- Mamá, quiero cogerte, quiero coger tu hermoso culo.

Al escuchar mis palabras, su rostro reflejó perfectamente el shock que le causó la inesperada vulgaridad de mi petición. Abrió su boca de impresión mientras apretaba su camisón contra su pecho.

- ¿¡Q-que!? ¿Hijo, que estás diciendo?

En verdad la había sorprendido.

- Lo siento mamá, pero es lo que hará falta para comprar mi silencio. He querido cog… hacer el amor a tu jugoso culo durante años. Te quiero, pero el deseo me ha hecho el hombre que tienes ante ti. Necesito saber lo que se siente hacerle el amor a esa parte de tu anatomía. Por favor perdóname.

La vi tragar saliva atemorizada ante el hijo que ella creyó conocer. Hubo un momento de silencio antes de que hablara de nuevo.

- Pu… puedo ver que lo dices en serio. Pero… mi cielo, ¿no crees que estas llevando esto muy lejos? Tal vez, en su lugar, te pueda… m… m-masturbar antes de dormir por la noche. Lo haré durante una semana. ¿Qué dices?

Sus esperanzas de que cambiara de opinión pronto desaparecieron al ver mi serio semblante. Empezó a morderse las uñas con manicure, mientras sus ojos vagaban nerviosamente por todo mi cuarto. En ese momento yo solo quería evitar que notara mi “bluff”. Me miró nuevamente a los ojos resignándose a su destino.

- Esta bien… Dejaré que te complazcas con mí…culo.

¡Mierda! ¿En verdad ha dicho eso?

- Pero solo una vez. Y termina después de esto. ¿Entiendes? Jamás volverás a pedirme que lo haga. No me gusta tener que engañar a tu hermano. Siento como que estoy traicionando a Germán.

Si no hubiera estado tan jodidamente caliente, hubiera reído en su cara. ¿Quién lo creyera? ¿Traicionando a Germán? ¡¿Y qué pasa con traicionar mi padre?!

En fin, no podía quejarme. Iba a follarla.

- No podemos hacerlo en este momento, ya que tu padre regresará hoy de su viaje de negocios. Voy a alquilarnos una habitación en algún motel a las afueras de la ciudad. Lo haremos ahí, mañana.

Al finalizar me apuntó con el índice y me amenazó con una última condición:

- Santiago, escúchame bien. Nunca, nunca menciones esto a Germán. ¿Lo entiendes? Jamás.

- Trato hecho. Mamá, una cosa más.

- ¿Qué cosa? –Dijo suspirando.

- Voy a tomarnos una foto mientras lo hacemos. Para… tú sabes… usarla en un futuro.

Creo que sabía lo que quería decirle con “un futuro”.

- No me agrada la idea Santiago. Pero supongo que no tengo otra opción. Así que está bien. Pero solo una.

Se levantó y salió de mi habitación dejando atrás su agradable aroma floral. Mi boca se llenaba de saliva de anticipación. No podía contener mi emoción. En verdad iba a coger su jugoso y redondo culo. Caminé por la casa durante todo el día con una estúpida sonrisa en mi rostro. Hasta mi padre lo notó cuando lo recogimos en el aeropuerto. Pensó que estaba enamorado—ja,ja,ja. Por otro lado mi madre sabía la causa. Estuvo callada durante todo el camino de regreso a casa, mientras papá y yo platicábamos sobre las diferentes universidades que tenía en mente para estudiar el próximo año.

Antes de dormir esa noche, me la jalé un poco pensando en lo que le haría al sexy culo de mamá. Pero me detuve antes de acabar, quería guardar todo mi jugo para las festividades de mañana.
EL DÍA SIGUIENTE

Mi alarma sonó fastidiosamente a las 8 de la mañana.
Salí de la cama, y busqué por la casa, no había nadie. Sobre el desayunador, en la cocina, había una nota.
Un domicilio. Tal vez mamá pensó que era muy arriesgado llegar juntos al lugar.
Desayuné y me duché rápidamente. Me vestí aun más rápido, una playera, pantalones deportivos y salí de casa.
En menos de 20 minutos estaba llegando a la dirección señalada en la nota, “Motel Paris”.
Estacioné el coche, me dirigí a la habitación “16” y toqué…

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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2 Responses to “Hice un trato con mamá”

  1. A_K dice:

    Excelente relato :)
    Pudiste haberle dado credito al autor.
    A_K en Poringa! Osea yo.

  2. zoilo dice:

    que bien amigo te felicito esta muy bueno tu relato felicidades

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