Hice un trato con mamá (Segunda Parte)

EL DÍA SIGUIENTE

Mi alarma sonó fastidiosamente a las 8 de la mañana. Salí de la cama, y busqué por la casa, no había nadie. Sobre el desayunador, en la cocina, había una nota. Un domicilio. Tal vez mamá pensó que era muy arriesgado llegar juntos al lugar. Desayuné y me duché rápidamente. Me vestí aun más rápido, una playera, pantalones deportivos y salí de casa. En menos de 20 minutos estaba llegando a la dirección señalada en la nota, “Motel Paris”. Estacioné el coche, me dirigí a la habitación “16” y toqué…

Mi madre abrió la puerta mientras asomaba la cabeza misteriosamente como si nos observaran, me hizo una seña con la mano para que entrara.

– Rápido Santiago, entra. No quiero que alguien nos vea así. —Exclamó, mientras me adentraba.

Observé la habitación y el amueblado de reojo conforme giré en su dirección para verla mientras cerraba la puerta.

Dios ¡qué vista! Ella vestía solamente un baby doll sin sostén y unas sandalias rojas. El bello de su concha estaba depilado muy corto lo que revelaba sus hinchados y rosados labios. Mis ojos la devoraron de pies a cabeza hasta que su voz me sacó de trance.

– ¿Te vas a quedar ahí viéndome como tonto?—Preguntó.

– Perdón. —Respondí.

Debí haberme visto patético.

– Quiero sacar de una vez por todas esta lujuria que se ha apoderado de ti, para que sigamos con nuestras vidas. Démonos prisa, quiero estar en casa antes del mediodía. —Se lamentó.

Se acercó a mí, y tomo mi playera del extremo para sacármela. Sus tibias manos se deslizaron suavemente por mis costados. Jadeé al ver desde arriba sus gordas tetas he inflamados pezones, a la par con sus ardientes caderas. Me moví para besar sus rojos labios pero inmediatamente se volteó y puso su mejilla al último segundo.

– Sin besos. Solo le permito a Germán ese placer. Solamente podrás tocar mis tetas y mi culo. ¿Entiendes?

¡Mierda! Estaba empezando a sentirme como su cliente en lugar de su hijo. Da igual, si eso significaba tener su apretado hoyo, que así sea.

Después de mi fallido intento, me acerqué un poco más y la tomé por las caderas. Se sentía tan suave y tibia que mi verga empezó a sacudirse sin control.

Acto seguido, me hinqué en el piso todavía tomándola de sus tersas caderas y lentamente la hice girar hasta que su delicioso culo quedó frente a mí. Levanté un poco su baby doll hasta descubrir por completo sus redondas nalgas. Eran perfectas. Como poseído y sin ninguna demora, clavé mi nariz entre sus acojinadas montañas y respiré profundamente para captar su alucinante olor. Masajeé con mis temblorosas manos su esponjado trasero mientras hundía profundamente mi cara en su apretado canal. Sus tibias nalgas templaban mi cara, podía escuchar mi corazón latirme en los oídos, y el pulso de mi sangre en la sien.

La intensidad del momento doblegaba mis sentidos. Ninguna de mis incestuosas fantasías me había preparado para las increíbles sensaciones que recorrían mi joven cuerpo en ese momento.

Tras unos segundos de restregar mi cara en su dulce culo, lancé mi lengua sobre su rosado y apretado capullo. Ella gimió tras el inminente ataque al más privado de sus agujeros.
Mientras intentaba clavar más profundo mi rígida lengua en su recto, su concha empezó a embijar mi barbilla con su pegajosa crema. ¡Dios! Mi madre se estaba mojando. El saber esto, tenía mi pulsante erección casi a reventar.

Después de reunir la voluntad suficiente para detenerme, la encaminé sobre la cama y la arrodillé sobre el borde. Sin ninguna protesta se arrodilló, y se posicionó sobre sus hombros e inconscientemente arqueó su espalda, lo que causó que sus nalgas quedaran paradas en el aire. Me faltó la respiración al ver su cremoso culo expuesto ante mí. Sacudí mi cabeza maravillado mientras separaba sus suaves nalgas hacia los lados y veía como su arrugado y elástico hoyo se estiraba obscenamente en el proceso. Ella suspiró mientras yo separaba aun más sus carnosos globos. La mojada concha de mi madre cedió y sus labios se separaron ante la presión de mis manos en sus nalgas, mostrando su húmedo y rosado interior.

No podía contenerme, así que, inmediatamente empecé a devorar su hermoso hoyo, lamiendo y chupando sin control sus carnosos bordes.

– ¡Ma…Ma-má tu culo esta tan rico…slurp…me vuelve loco…slurp. No puedo satisfacerme…slurp…quiero comerlo todo el día…slurp…hasta que no pueda mover mi lengua…slurp!

Mi sangre hervía mientras continuaba alimentándome de su arrugada y delicada estrella. Me mantuve firme alrededor de 15 minutos solo lamiendo, chupando y mordisqueando su apretado agujero.

– Ahh, Santi… me vas arrancar la piel. Cariño…ahh…para…estoy muy sensible. ¡Para!

Los quejidos de mamá para que me detuviera solo sirvieron para que mi nivel de lujuria y deseo aumentara aun mas, por lo que seguí con el banquete en su estrecho orificio un par de minutos más hasta que apretó su carnoso canal alrededor de mi lengua invasora. Intenté librarme un par de veces sin éxito alguno. Así que, sumergí mis dedos índices en su sensible argolla y abrí su fruncido ano para liberar mi lengua mientras se quejaba:

– No más Santiago, por favor. Estoy muy sensible. No puedo aguantar más.

Deslicé mi lengua hacia fuera de lo que ahora era un pequeño boquete, jadeando por aire y tratando de calmar mi acelerado corazón.

– Mamá… dijiste… que querías librarme de la lujuria que… ha tomado control de mí. Pues, esto es lo que necesito… para librarme de ella. Además,… solo será esta vez.

Analizó mis palabras, respiró profundamente y se resignó ante su destino.

– Mmm, continúa entonces.

La vista de su esfínter ligeramente abierto tenía a mi duro miembro rogando por ser liberado.
Inserté nuevamente mis dedos, esta vez el índice y mi dedo medio simultáneamente para evitar que su estrecho hoyo se cerrara. Acerqué una vez más mi lengua mientras el femenino aroma de su dilatado canal invadió mi nariz. Inhalé profundamente su embriagante olor mientras mi cabeza giraba sin control. Con ayuda de mi otro índice, abrí paso a mi lengua por su carnoso agujero con la esperanza de poder lamer su rosado interior antes del evento principal.

Logré mover mañosamente mi lengua un poco en su interior de lado a lado. Babeando sus entrañas. ¡Dios! Sabía tan bien. ¡Pero necesitaba más!

Saqué mi pants de un tirón y me posicioné de pie detrás de su parado trasero.

– Usa el lubricante que hay en mi bolso. –Dijo agitada, señalándome su bolso que se encontraba en el tocador frente a la cama, mientras examinaba detenidamente mi dura erección que apuntaba hacia el techo.

Saqué de su bolso un tubo con nombre Astroglide, y me acerqué de nuevo para verter el gel en su suave ano. Ella jadeó y suspiró al contacto del frio gel en su parpadeante agujero. Unté la sustancia y tracé círculos por los bordes de su ardiente hoyo mientras sentía mi miembro a punto de explotar. Una vez que sentí que sus rosados pliegues estaban suficientemente lubricados, tomé mi verga con mi mano derecha para nivelarla con su ano que se contraía sin cesar. Batallé un poco debido a que mi verga estaba tan dura que no quería ceder.

Me acerqué lentamente. Podía sentir el calor que emanaban sus cremosas y redondas nalgas mientras cerraba el espacio que había entre nosotros. Cuando la rabiosa cabeza de mi polla besó su ardiente capullo, su esfínter reaccionó inmediatamente contrayéndose aun más, mientras ella gemía debido a la caliente evaporación del líquido pre seminal que empapaba mi cabeza. Yo gemía de placer sabiendo que me encontraba a solo momentos de estar en el cielo.

Sin que yo se lo pidiera, se inclino hacia atrás y con sus delicadas manos con manicure, separó sus carnosas nalgas dejando su lubricado anillo a mi disposición. Unté mis jugos en sus rosados bordes, no porque hiciera falta lubricante, simplemente porque sentí la necesidad de restregar la punta de mi polla sobre los delicados pliegues de su capullo. Cuando ya no pude aguantar un instante más, lentamente presioné la hinchada cabeza de mi miembro contra su elástica membrana color rosa y empujé.

Mi madre reaccionó inmediatamente tensando sus músculos rectales. Las venas de mi polla resaltaban por debajo de la piel, creí que se iban a reventar. Pero no dejé que eso me detuviera, así que incrementé la presión sobre su obstinado agujero, forzándolo a hundirse un poco, hasta que eventualmente, cedió. Milímetro tras milímetro, su estrellado hoyo se dilató lentamente alrededor de mi cabeza con forma de hongo, lo que casi provoca que liberara mi ardiente leche en ese momento.

Ella gimió conforme la grande cabeza de mi verga se abría paso lentamente en su apretado anillo. Cuando finalmente atravesé su estrecho ano, el cuerpo de mamá se puso rígido. Me detuve por un segundo para que se acostumbrara a mi tamaño y poder saborear la tibia sensación alrededor de mi venoso miembro. Al fin estaba dentro de su dulce ano.

Cuando sentí que podía continuar, inserté un poco más mi erección en la calidez de su apretado canal. Mamá jadeaba y apretaba fuertemente mi miembro. Me detuve una vez más, ya que su estrecho ano se negaba a ceder. Después, tras hacerme una señal con su cabeza, deslicé mi hinchada verga estirando su esfínter ampliamente, ignorando sus lindos gemiditos mientras intentaba acomodarse a mi bastón. Yo, gruñía tras el esfuerzo que ocupaba hacer para clavar mi pene hasta la base. Cuando sentí mis caderas topar con su suave y maternal culo, solté un gran gemido de placer. La estrechez de su apretado esfínter alrededor de la base de mi verga me tenía respirando sin control. Nuevamente estuve a punto de derramar mis jugos, pero gracias a una tremenda fuerza de voluntad, evité que esto sucediera.

Miré hacia abajo pasmado, por como el ajustado culo de mamá había tragado completamente mi tieso miembro. Con mis manos tomándola por cada una de sus suculentas y redondas nalgas, deslicé hacia fuera mi verga hasta la cabeza. Enseguida, empujé de nuevo hacia dentro mientras gemía debido a la deliciosa presión ejercida alrededor de mi gordo pene. Repetí el proceso cogiéndola con estocadas largas, intentando tomar ritmo. Los músculos de su recto se contraían y relajaban alrededor de mi estirado prepucio como si su única misión fuera ordeñar la leche de mis pesadas bolas. Ella gemía y apretaba las sabanas mientras, yo, su hijo menor, me complacía con su hermoso culo. Era algo fuera de este mundo.

Tras un par de estocadas mas, saqué mi verga completamente de su húmedo hoyo, lo que generó un fuerte ruido similar a un sorbido debido al sello hermético que su apretado canal generaba alrededor de mi bastón. Con mis manos, separé lo mas que pude sus nalgas tan solo para ver su boquete dilatado gracias al grosor de mi miembro. No sabía si quería seguir cogiéndola o comerla una vez más. Pero mi pene decidió por mí, así que lo inserté de nuevo. Su esfínter me recibió con mayor facilidad esta vez en sus tibias profundidades ya que no había alcanzado a cerrarse por completo.

Ahora, mantenía un ritmo tranquilo pero firme, fuera y dentro de su recto, con el objetivo de alcanzar mi orgasmo. Había llegado al punto en donde necesitaba liberar el esperma de mis tensas bolas. Volteé hacia mi verga deslizándose en su tibio ano cuando caí en cuenta por primera vez, en verdad estaba cogiendo analmente a mi buenísima madre. La mujer de mis fantasías. ¡Dios!

Fue entonces cuando recordé que tenía que plasmar aquel momento en la eternidad. Y como un viejo refrán dice, “hombre prevenido vale por dos”. Recordé que había colocado mi cámara digital dentro del bolsillo de mis pants. Así que solo ocupe inclinarme un poco hasta el piso para tomar el pantalón y coger la cámara. Sin detener mis estocadas, encendí el aparato y lo centré de tal manera que pudiera capturar mi rígido miembro mientras se deslizaba en su glorioso hoyo. Capturé la foto, y planeaba tomar otra cuando la mirada de mamá por encima de su hombro me obligo a cumplir mi parte del trato. Debía tomar solo una. Así que, guardé la fotografía, apague la cámara y seguí con mi labor. Había conseguido una foto para el recuerdo.

Momentos después de guardar la cámara, me incliné hacia delante para tomar un puñado su cabello y jalar su cabeza hacia atrás mientras ella gemía gracias al ritmo que habíamos logrado.

– Ahh, ohh, ahh.

La fricción de su angosto agujero había hecho que mi verga se viera rojiza, como sobreexpuesta al sol. Mientras mi madre gemía y seguía tensando y destensando sobre mi verga. Comencé a sentir mi semen hacerse camino hacia mi uretra. Supe que no me faltaba mucho. Solté su cabello y la tomé fuertemente de sus hermosas nalgas. Aceleré mis estocadas y empecé a perder control.

– Ahh, mamá, no puedo parar.

Comencé a clavarla como en estado de frenesí.

– Ohh, ¡ya casi termino!—Balbuceé apretando mi mandíbula de placer.

Sentí mis bolas ponerse rígidas.

– Prepárate mamá… ahí viene, ahí viene.

Con una estocada final, sumergí mi miembro hasta el fondo de sus entrañas, lancé mi cabeza hacia atrás y rugí mientras espesos chorros de mi hirviente crema bañaban las paredes del ardiente recto de mi madre.

– Oh mamáaaa. ¡Ahhrrgg! ¡Uh, uh! ¡Siiii!

El sentir los primeros chorros de mi explosión provocó su orgasmo también.

– ¡Ay no! ¡Nooo! Me voy a venir. ¡Me vengooo! ¡Ahhhh!—Gritó, mientras yo continuaba bombeando descarga tras descarga de mis jugos en sus entrañas.

Mi tibia leche bañaba las paredes de su recto, cuando, se contrajo violentamente conforme otra oleada de su orgasmo se apoderaba de ella.

– ¡Ay Dios! ¡Nooo! ¿Por qué me estoy vinien—aahh! ¡Me vengo Santi! ¡Me vengo! ¡Aaaahhh!

Sus gritos perforaban deliciosamente mis oídos, mientras me intoxicaba con la vista de su jugoso culo que no paraba de contraerse y tirar en todas direcciones. Acaricié tiernamente sus gordas nalgas hasta que lentamente salió de su éxtasis.

Agotado, me colapsé en su espalda que estaba empapada en su rico sudor, inhalando y exhalando violentamente, mientras amasaba sus gordas tetas que colgaban dentro de su baby doll. Mi largo miembro perdió su erección eventualmente y se deslizó fuera de su ardiente canal. Ella se dejó caer en la cama respirando con dificultad y giré hacia un lado para bajarme de ella.

Observé a mi hermosa madre tendida en la cama con su esponjado trasero apuntado hacia arriba. Mi semen escurría de su dilatado boquete hacia las sabanas. Con un pedo, soltó una burbuja de semen, mientras un poco más escurría por su concha. En ese momento, en verdad me sentía celoso de mi hermano mayor, que iba a tener a esta mujer por su esposa.

Tras un par de segundos, giré a mi madre bocarriba, que todavía jadeaba, y empecé a manosear sus gordas tetas llenas de leche, la cual empapaba su baby doll debido a la avariciosa presión que mis manos ejercían en sus globos. Me incliné hacia adelante y tiré su baby doll hacia abajo para descubrir sus suculentos melones. Cuando el borde presionó sus pezones justo al hacerlos visibles, un chisguete de leche baño mi cara, lo que me provocó llevar uno de sus brillosos pezones a mi boca, y febrilmente amamantarme de sus deliciosas tetas. Trataba de meter a mi boca la mayor cantidad de carne posible. Alterné mis turnos en cada teta, codiciosamente chupando ambos pezones, mientras los vaciaba de su tibia leche.

Siendo casi imposible de evitar, mi verga empezó a llenarse de sangre una vez más, yo gruñía de placer mientras me alimentaba de sus melones. Empecé a restregar mi polla contra su carnoso muslo, y fue justo ahí cuando mamá colocó su mano derecha debajo de su teta justo enfrente de mi barbilla y tiró para liberar su gordo pezón de mis avariciosas fauces. El inflamado pezón de mi madre salió repentinamente de mi boca, causando un sonido similar al de un biberón retirado de la boca de un bebe violentamente mientras el todavía succiona. Mientras mamá sostenía su pecho entre su mano, la leche que ya venía en camino hacia mi boca, bañó mi cara una vez más. Al salir de mí trance pude escuchar a mi madre decir:

– Suficiente Santiago, se hace tarde, me tengo que ir.

Mientras observaba muy de cerca el duro pezón de mamá todavía goteando, me di cuenta que mi estancia en el cielo había terminado.

Me colapsé en la cama ya que después del desaire de mi madre, el cansancio de nuestro primer encuentro empezó a hacer efecto. Libre de mis garras, ella se puso de pie para dirigirse al baño. Pude ver su abusado canal todavía escurriendo un poco de mi semen por su bien formado muslo, conforme caminaba. 20 minutos más tarde, después de haberse dado un baño, apareció vestida y lista para marcharse. Cogió su bolso del tocador y lo colgó en su hombro para después decir:

– Santiago, yo…—Hizo una pausa.

– ¿Si?—Pregunté.

– Nada, solo espero que cumplas tu parte del trato y no digas nada. Yo he cumplido con mi parte. —Respondió.

– No te preocupes mamá, cumpliré con lo acordado.

La vi dirigirse a la puerta con la mirada perdida como si hubiera querido decir algo más, la abrió y antes de salir, giró para decirme:

– Nunca hubiera imaginado que mis hijos me deseaban de esa manera.

Quise preguntar qué era lo que había querido decirme antes, pero el clic de la puerta al cerrarse detuvo mis palabras. Se había ido a casa.

No sabía qué hacer. Qué le diría al toparme con ella en casa de nuevo. Y qué tal si mencionaba algo a papá. Ella tenía mucho que perder, pero en lo que a mí respecta, la había chantajeado para follarla. No creo que mi padre hubiera tomado muy bien la noticia. Ni hablar de German. Decidí darle un tiempo de ventaja antes de salir a casa, estaba exhausto y quería recobrar un poco mis energías. Consulté mi reloj, eran las 11:45 de la mañana. Puse mi cabeza en la almohada todavía con la conciencia intranquila y sin darme cuenta, caí en un profundo sueño.

Cuando desperté, estaba confundido, no recordaba dónde estaba. Mi reloj marcaba las 4:50 de la tarde, debí haber dormido unas cinco horas. Fue entonces cuando recordé lo que había vivido durante la mañana. De nuevo un gran remordimiento se apoderó de mí. Probablemente porque con la cabeza fría podía pensar con más claridad, y percatarme del daño que había hecho. Pero no había nada que pudiera hacer, además, ella tenía algo con German, no se atrevería a delatarme. Decidí ir a casa.

Conduje un rato y al llegar, me di cuenta que mi padre ya estaba en casa. Su coche se encontraba en la cochera al igual que el de mi madre. Un temor se apodero de mí pues no sabía que pasaría al entrar. Estacioné el coche y cuando estuve dentro, percibí un incómodo silencio. Pensé en recorrer la planta baja antes de subir para cerciorarme que todo estaba en orden. Camine silenciosamente para no llamar la atención. La sala, la estancia, no había nadie. Seguí caminando hacia la cocina después de pasar el comedor cuando oí a mi padre decir:

– ¿Así que por eso estabas tan callada en el carro ayer?

Sentí un frio recorrer mi cuerpo. ¿En verdad le habría dicho? El nervio se apoderó de mí en fracción de segundos mientras seguía caminado. Al entrar a la cocina, me detuve repentinamente. Mi padre, sentado en el desayunador, me veía con una mirada que jamás había visto en su rostro…

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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7 Responses to “Hice un trato con mamá (Segunda Parte)”

  1. ztrok dice:

    compa esta chido tu relato
    me gustaria saber ke mas paso entre tu mama y tu
    si puedes pasa tu correo para saber mas no
    esta genial e
    pero como si sabias eso te tu mama
    le uvieras dicho
    ke le darias las veses que kieras x callar
    porque como una sola ves x guardar todo el tiempo que lo a echo con tu hermano
    ay si estuviste mal
    si ya lo a echo mas con el tu le uvieras dicho que tu lo arias con ella cuando kisieras por no decir nada

  2. Alexander_King dice:

    Ya que tu no escribes las historias. Por que no das credito a los autores?

  3. picoro dice:

    cuando bas escrivir la 3 parte ya no puedo esperar mas para saber que paso espero que pronto

  4. jose dice:

    sta historia me a gustado mucho pero cuando saldra la tercera parte o si me la puedes enviar por Mail
    jose_maz_nai@hotmail.com

  5. haiver dice:

    por favor, quiero saber que sigue, envia la tercera parte a haiver01@gmail.com

  6. madriz28 dice:

    pana la tercera parte del relatoooooo madriz28@hotmail ese es mi correooo

  7. haiver dice:

    yo tambien deseo saber que pasó, por favor escribeme a haiver01@gmail.com

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