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Introspectiva

Autora: María Tersuer

En que líos me meto, sí ya sé que me diréis que me la he buscado, que si sé como va a reaccionar Carlos por qué me empeño en hacer el tonto a todas horas, y hacer que le hierva la sangre, pero ¿qué queréis que os diga?, la verdad que no sé que decir para disculparme ante mi forma de portarme, solo puedo alegar a mi favor que me gusta poner mi culo en peligro y que no sé vivir si de vez en cuando me llevo mis buenos azotes.
Pero sé que esta vez me van a doler mucho más de lo que es habitual, me he pasado, bueno me paso casi siempre, son cosas sin importancia, que puede provocar si está de buen humor una sonrisa en su cara, aunque después en casa me enseñe a través de unos cuantos azotes sobre sus rodillas la forma en que se tiene que comportar una señorita como yo.
Pero esta vez he ido más allá, he traspasado la frontera de lo que es una simple travesura a ser una gamberrada, y lo malo que el blanco de mis “bromitas” es el director general del Hospital Central, es decir su jefe inmediato. Y he puesto en peligro su puesto de trabajo.
Ahora debe estar recibiendo la gran bronca, y deshaciéndose en disculpas, todo por mi culpa. Me lo imagino haciéndose cada vez más y más pequeñito mientras el otro se crece y a medida que está recibiendo la bronca está pensando en la forma en que se va a cobrar lo que hice. Y andará pensando en cuantos azotes me va a dar y con qué, estará pensando ahora mismo que me merezco lo que más duele, es decir la vara de rattan, la temida vara de rattan.
Y todo esto lo estoy pensando castigada en mi habitación, mientras espero a que el llegue, la orden ha sido clara: Vete a casa y espérame en tu habitación, nada de tele ni de ordenador, ni de música, medita lo que has hecho y piensa en lo que te espera. Y en eso estoy, pensando tal como me ha ordenado…
Creo que oigo sus pasos subir por las escaleras… si es él, os dejo, no quiero que se enfade y hacer que sea peor el castigo, cuando pueda os contaré que pasó desde que él entró por la puerta.
Bueno, aquí me encuentro, y tal como os prometí (pero que el no se entere) os voy a relatar lo que ha pasado hace un rato, permitidme que coja un par de mullidos cojines y me acomode bien en la silla…. Auffff…. Jooo como escuece, si ya sé que me lo merezco y que tal vez penseís que se ha quedado corto, que si vosotros hubieseis estado en su lugar no me podría sentar en semanas… pero quizás si estuvieseis en su piel habríais reaccionado igual que él o no, eso no se sabe.
Como os iba a contar cuando Carlos llegó a casa yo estaba encerrada en mi habitación, supuestamente meditando sobre lo que hice, comiéndome las uñas (espero que no se le ocurra revisar mis manos, es una cosa que odia sobremanera). Entonces el me llamó ordenándome que fuera hacia su despacho, y rapidito, que no me entretuviera por el camino, puesto que el horno no estaba para bollos, y que fuera bien dispuesta a aguantar todo lo que él quisiera hacerme, sin protestar ni un poquito. ¡Si Maria sí, te lo has ganado con creces! Me iba diciendo a medida que me acercaba a su despacho.
Una vez dentro, me mandó que cerrara la puerta de doble hoja, y que me dirigiera detrás de su escritorio para coger una silla y ponerla delante de él, puesto que desde detrás del escritorio no tiene suficiente sitio para poder azotarme con comodidad. Puse la silla donde el me indicó, todo eso con la mirada baja y esperé nuevas ordenes de él. Tengo asumido que no puedo hacer ni el más mínimo movimiento si el no me lo ordena, así que tengo que quedarme quietecita esperando solícita sus ordenes.
Al cabo de unos minutos, que a mí se me hicieron eternos, me ordenó que me desnudara completamente de cintura para abajo, no siempre me azota con el culo al aire, sólo si él considera que  la falta ha sido grave, cosa que era en este caso. Así que me quité los zapatos merceditas que llevaba, para acto seguido sacar mis pantalones de mi cuerpo, luego los calcetines y finalmente las braguitas, todo eso lo deposité encima de su escritorio, bien dobladito y pobre de mí que se me ocurriese dejarlo tirado por el suelo, porque una de las cosas que odia Carlos es el desorden, se pone de muy mal humor cuando ve algo fuera de su sitio y más todavía si está enfadado por algún motivo.
Cuando acabé de realizar la orden que me había dado, me pidió que le mirara a los ojos, me costó mucho hacerlo, mi mirada sin querer se iba a la alfombra que tenía bajo mis pies, y empezó a recriminarme mi comportamiento de la mañana, y hablar de lo que había pasado después con su jefe, la bronca que había recibido, la amenaza de ser despedido, cosa que al final y gracias a Dios no fue así, porque Carlos es muy buen médico y tiene mucho prestigio en nuestra provincia, pero sí que le han suspendido de sueldo durante dos meses.
-¿Te das cuenta María lo que has conseguido con tus locuras?-  Me preguntó en tono tranquilo y conciliador- Si ya sé que no puedes evitarlo, que eres demasiado activa, que ya haces la acción antes de que se te pase la idea por la cabeza y te dé tiempo a meditar, pero espero que después de lo que te va a ocurrir en unos momentos pienses, pienses por tu bien y por el mío el alcance de tus actos y que si por un segundo ves que la cosa se te puede poner negra, evites que volvamos a llegar a esta situación. Así que mi niña ya sabes como tienes que ponerte para recibir tu merecido.
De sobras lo sé, sé como tengo que ponerme para recibir mi merecido desde que Carlos y yo empezamos a salir, lo que no me explico es como podemos llevar tanto tiempo juntos, un señor tan serio como él, tan metódico en su trabajo, en sus actos, con una cabra loca como yo, que no me tomo nada en serio, que de todo hago un chiste. Más de una vez me he hecho esa pregunta introspectivamente, hasta que un día armándome de valor me atreví a preguntarle:
-Oye Carlos, ¿Qué es lo que te lleva a aguantarme? No nos parecemos en nada, somos bien diferentes.
Y me contestó:
Me gustas mucho María, eres la chispa de mi vida, aunque seas un bicho, que sé que no lo haces a mala leche, pero eso me lleva a corregirte, cosa que me encanta y que me he acostumbrado de tal manera, que no podría vivir sin ello.
Como iba contando, Carlos me ordenó que me pusiera en sus rodillas de forma que mi culo quedara bien alto y bien ofrecido para recibir la lluvia de azotes que pensaba propinarme, cuando lo hago debo apoyar los pies y las manos en el suelo, y no puedo separarlos de él, ni tratar de moverme, tengo que aguantar estoicamente todos y cada uno de los azotes, y sin quejarme demasiado, él es de la creencia que si soy tan valiente como para hacer diabluras, debo ser tanto o más valiente para asumir el castigo que por mi comportamiento me he ganado a pulso, y si se le ocurre (cosa que es bastante frecuente) castigarme sin privilegios, como por ejemplo quedarme sin internet,  o sin salir con las amigas durante una temporada, no quiere que ni se me ocurra pedirle o preguntarle cuando me levantará el castigo, cree que si me comporto como una cría malcriada, debo ser tratada como tal.
Una vez acomodada en sus rodillas, Carlos empezó a azotarme con la mano abierta y cogiendo impulso desde lo alto de su cabeza, yo mientras iba notando como el culo me ardía cada vez más y como tenía ganas de empezar a quejarme y a llorar, pero debía aguantar fuese como fuese, sin gritar, sin moverme, solo concentrándome en tratar de tragar las lágrimas que estaban a punto de fluir por mis ojos. En el primer castigo que me propinó me puse a llorar mientras me reñía y me anunciaba que es lo que me iba a pasar momentos después, y mirándome a los ojos con semblante serio y voz severa me dijo: Guarda tus lágrimas para después, te va a hacer falta.
Notaba mi culo cada vez más caliente, y las lágrimas a punto de brotar de mis ojos, cuando Carlos paró y me ordenó que me pusiera en el rincón entre la librería y la puerta, con la nariz bien pegada a la pared, pero me espetó: “Todavía no hemos acabado pequeña, voy a buscar la vara, espérame ahí quietecita sin moverte ni un tantito”.
UFF la vara, la temida vara, eso sí que me da miedo, solo la usó una vez conmigo, y creerme que desde ese día he procurado no liarla a lo grande para no ganarmela de nuevo, si hubiese pensado en la vara, seguro que me había frenado antes de cometer el error y ahora no me encontraría aquí mirando a una pared vacía con mi culo rojo, esperando a que me lo ponga a rayas.
Los minutos se me hacen eternos, quiero que pase ya este infierno que me corroe por dentro, que me dé los varazos que crea que merezco, empieza a dolerme el estomago, mi traquea se cierra, me cuesta tragar saliva y mis ojos parpadean sin control, tal es el estado de nervios que tengo, no hay escapatoria posible, ni que me arrodillase delante de él y le suplicara perdón, ni que le jurara delante de la Biblia o el corán que voy a ser un modelo de chica, que va a estar orgulloso de mí y que no le voy a dar motivos para ni que siquiera tenga que reñirme, ni por esas me voy a librar, cuando toma la determinación de castigarme no hay nada que le detenga, así que, cuanto antes pase mejor.
Oigo la puerta abrirse, y la voz de Carlos que me ordena que me dirija hacía el sofá y que coja dos cojines de encima de el y que los ponga encima de la mesa, y que luego apoye mi barriga en ellos y que intente alcanzar el otro extremo con mis manos, la cabeza la quiere bien baja, de forma que no pueda ver nada de lo que pase a mi alrededor, nada de ver solo sentir. Obedezco y tal como el me ha ordenado apoyo mi estomago en los cojines y bajo mi cabeza de forma que lo único que veo es el barniz de la mesa.
Serán 60 azotes María uno por cada día de sueldo que no vamos a ingresar por tu culpa, así que cuentalos y dame las gracias por cada uno de ellos. El primer azote llega sin esperarmelo… zasssss uno gracias….. zasssssss dosss auchh graciass….treintaaa ufff por favor ya no puedo más que acabe ya este infierno, se toma un descanso, me toca el culo con sus manos grandotas, como tratando de saber que temperatura ha alcanzado… zasssssssss continua… treinta y uno graciasss  digo hipando… todavía me queda unos cuantos, no se si aguantaré, no soy tan valiente como pensaba, debo tener el culo morado lleno de verdugones… zassssssssss cincuenta, creo que voy a desmayarme de un momento a otro…. Zassss cincuenta y cinco… parece que note menos el dolor, mi culo debe estar anestesiado …. Zassssssss sesenta… gracias Señor..
Levántate y mírame a los ojos me ordena. Bien Maria, me sigue diciendo, como son dos meses lo que voy a estar sin ingresar ni un solo duro de la consulta por tu culpa, van a ser dos meses que vas a estar castigada, privilegios cero, ya sabes, ni internet, ni tele, ni llamadas, ni salidas, ahora vete a tu habitación y piensa en ello.
Así que ya sabeis voy a cerrar el ordenador antes de que llegue de hacer un recado, si no me veis en este tiempo no me ha pasado nada, solo que estoy castigada.
Fin
Tersuer  22 noviembre 2005

 

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