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Dulce castigo

Autora: Ceci
Ellos eran enamorados desde hace algún tiempo, se conocieron en la Universidad y, pese a ser de facultades, distintas siempre andaban juntos.

Sus relaciones en ese tiempo habían sido muy tensas pues él quería ayudarla en un curso que lo tenía al borde de perderlo y pese a sus reiterados consejos para que lo tome en serio, ella no le hacía caso, siempre estuvo acostumbrada a hacer las cosas a su manera. Sin embargo ahora estaba contento pues advertía que ella ya había adquirido noción de su responsabilidad y se tomaba las cosas en serio dejándose ayudar por él.
Esa mañana tenía examen y era definitivo para sus expectativas de pasar el curso. Con un besito y una nalgadita de cariño, la empujo tiernamente hacia las escaleras que la llevarían al salón  donde daría la prueba.  Miguel tenía hora libre y mientras tanto  esperaba  confiado en la cafetería.  Abruptamente  Patricia, una amiga de curso de Carla se le acercó a él con la prueba y le dijo que por encargo de Carla, le pedía que le resolviera esos dos problemas y que ella se lo llevaría de vuelta.

Él se extrañó, sintió mucha cólera, no esperaba eso de ella, eso no era honesto.  Fueron muchos sus reparos, pero  no tenía caso pensarlo y resolvió ayudarla. Ya lo habían hablado, ella quería que él la reprendiera e inclusive darle de nalgadas para ayudarla a ser mejor y pese a que él también lo deseaba, tenia temor de ser muy duro, asustarla o perderla  ya que en el fondo era muy petulante y rebelde. Pero esta sí era una ocasión perfecta para enseñarle a ser más honesta y responsable. Le entregó los problemas resueltos y la amiga regresó al salón de clases.
Lo que sucedió después él no lo supo, por lo menos en ese instante. Solo que se vio, de cara frente a ella y toda furibunda le sacaba en cara haberle mandado las respuestas  que ella no había  solicitado, y una serie de frases mas. Así era Carla, solo gritaba y no le importaba el entorno que tenía en  esos momentos

– Hey, espera, si tu amiga… ni si quiera dejó que Miguel  terminara la frase, y ella  continuó gritando, él le pedía que bajara la voz pero ella seguía con toda esa escena delante de muchos pares de ojos que se reían de la furia de la chica y de su propia vergüenza. Él ya no pudo más, la tomó del brazo, muy suavemente y le habló al oído
– Pensaba pedirte disculpas por haberte juzgado mal, pero tu comportamiento amerita que no solo inicie tu castigo, si no que me lo piense mejor en la dureza que debo imprimir en ello, no me das otra chance Carlita. Y siguió hablando ante el asombro de ella; la tenía cogida de la mano pero imprimiendo firmeza la hacía salir de la cafetería

– Mi nena te lo advertí…no te resistas y camina si antes no quieres que aquí en medio de todos haga algo que ni te imaginas. Y empezaron a caminar entre los salones de su pabellón
Inexplicablemente se dejo llevar, porque la voz de él contenía esa alerta que le aseguraba a ella que lo haría. Tenía miedo, lo sentía estricto y eso era nuevo en él, pero igual descubrió que encima de ese temor había unas ganas de saber que más venía.

– Tráeme a tu amiguita, tráela porque ahora yo seré el que castigue su gran hazaña y ambas verán lo que es bueno.
Ella podía rebelarse, por supuesto que podía, pero en el fondo no quería y decidió seguir hasta el final. Demoró solo unos minutos y la trajo.

-¿Qué quieres, para que me llamas? Dijo Paty con mucho desparpajo.
-¡Te creíste muy lista! Ya sé que Carla no te pidió nada y que solo lo hiciste por tu propio interés.

– Si pero pensé en ella también, por eso le pasé el cuaderno con las respuestas, contestó Paty.
– Si  pero yo no te pedí nada, dijo Carla muy molesta y altanera, tonito que para nada le agradó a Miguel que inmediatamente le dijo:

– Silencio Carla, nadie te pidió que dijeras una palabra… cállate si no quieres que duplique la tunda que te voy a dar. Al escuchar esas palabras, Paty se sonrió un poco de burla y un poco de sorpresa, no podía creer lo que escuchaba, Carla no podía dejarse tratar así, si ella era una chica muy autosuficiente y pensó que era una broma.
– Bueno, bueno, yo no tengo vela en este entierro,  me voy de aquí y uds. arréglense  de la manera como más les agrade y haciendo mohines de burla, soltó su paso suave hacia la puerta.

Y Miguel la paró con un:
-¡Alto allí chiquilla tonta! ¿Crees, que te llamé solo para que te burles de Carla?

– Ella será castigada, ya no por copiar la prueba como pensé, si no por grosera y malcriada. Pero tú también recibirás tu castigo, por deshonesta, mentirosa y por no apreciar lo que es la amistad
– Déjame!, sácame la mano de encima. Tú estás loco, que te has creído tú!, dijo la chica.

– Tú eliges, si no te quedas a recibir tu merecido por tu falta, simplemente me voy a buscar a tu profesor y le cuento la gracia que hiciste, ¡elige!, te quedas a recibir tu merecido o te largas, pero anda alistando tus cosas porque aquí no te van a querer y agradece que tengo aún un espíritu democrático.
No le quedó otra chance, ya tenía dos antecedentes de ese estilo y no le iban a tolerar uno más. Se quedó y él se acercó a la puerta, vio que los pasillos estaba vacíos, la última clase en la facultad había culminado y había una clima de intimidad muy favorecedor para sus planes y le ordenó a Paty que se bajara el pantalón…

– ¡Ya! lo quiero para ahora, no para mañana… y la chica empezó a descender el zipper de su pantalón.
-Carlita, mira, mira lo que te vas a ganar a partir de ahora, si sigues haciendo tus berrinches y queriéndome manejar a tu antojo. Le ordenó a Paty que se volteara contra la pared, que apoyen sus manos en ella y empezó a dar de palmazos, uno, dos, tres, imprimiendo mucha fuerza.

Auchhhh, yaaaaaaaaaa, que te has creído, bruto auchhhhhhhhhhhhhhh.
– Cállate mocosa tramposa, cállate, porque recién estamos empezando

Ella  hizo intentos por voltearse, obligándole a Miguel a volverla a colocar de cara a la pared y de un solo tirón le bajó el calzón sin ninguna delicadeza y empezó a darle en una y otra nalga, cada vez con mas fuerza, y ya la chica dejó su furibundo grito para llorar como una pequeña y a suplicar que ya dejara de golpear sus adoloridas y ardientes nalgas.
– Dilo, dilo. Reconoce que actuaste como una tramposa, dilo porque hasta que no lo hagas no pararé de azotar tu trasero.

Buahhhhhhh, lo siento, buahhhhhhhhhhhhh
No te escuché bien… ¿¿¿¿qué dijiste chiquilla????

– No seré tramposa, no haré esto más, buahhhhhhhhhh
-OK, así esta mejor y mientras decía esto, la volteó, le ordenó que se subiera la trusa y el pantalón y le dijo que se parara allí al frente, porque ahora iba a presenciar la zurra que le iba a dar a su amada malcriada, que perpleja miraba lo que sucedía con Paty.

Y llegó el momento esperado: Saborear como plato de fondo a su Carlita .Y con ella fue más tierno, pero más severo aún. Ella le había hecho muchas cosas pero el nunca había actuado así ni nunca lo creyó tan resuelto a castigar sus arranques. Tenía miedo pero también anhelaba ese cosquilleo que empezaba en su estomago y se iba a anidar mas abajo de su vientre. Miedo, vértigos, vergüenza, orgullo, porque ya de verdad la estaba tratando como una chiquita y no como la novia autosuficiente y rebelde que ella era. Y extrañamente eso le gustaba.
Él  jaló la silla del escritorio, se sentó en medio del aula y con un gesto con su dedo índice la llamó. Él se deleitaba mirándola, aún no había empezado a azotarla pero esa expresión de niña asustadiza casi como un pajarillo desvalido, le arremetió una sensación de ternura y excitación. Pese a que solo la llamó una vez, ella se movió, aunque muy despacio para su gusto. Pero él ya disfrutaba de la entrega mental de su amada.

-Ven mi amor… VEN RAPIDO, que si no vienes ya, me pararé e iré a traerte aunque sea a rastras. Y sus pasos, los de ella, empezaron a recorrer la distancia que los separaba con mucho más agilidad…
La abrazó, le dió un ligero beso en los labios, la atrajo hacia si, aprisionó su cuerpo entre el suyo, sintió su tibieza pero también su temblor, empezó a recorrer con sus manos su cabello, su espalda, su cintura, su caderas y sus nalgas, y estampó una primera nalgada tan de improviso que la hizo saltar y empezar a temblar.

– Miguel, no por favor te prometo que…
-Shuttttttttt shttttttttttt, silencio preciosa, silencio…y colocando un dedo sobre sus labios le invitó a hacer mutis total. Y siguió hablándole con mucha ternura, sin dejar de mirarla.

– He visto que gozas haciéndome sentir como un tonto y creíste que nunca iba a hacer eso que tú misma me pediste muchas veces. Ella estaba como petrificada y ni se movía.
Mientras él le hablaba muy lentamente iba bajando el cierre del pantalón, pasando sus manos por las nalgas, acariciándolas, metiendo delicadamente un dedo por los bordes de su trusita. Al mismo tiempo tampoco dejaba de dirigirse a la espectadora que aún se sobaba las nalgas

– Ves Paty, yo la quiero, la amo, por eso soy así con ella y le voy a enseñar a ser más tolerante y menos histérica.
– Colócate aquí en mis rodillas Carlita… ven tu misma. Ahora si reaccionó y dijo:

-Nooo, me va doler, no quiero, yo lo decía por decir, por favor olvídate de eso… y lo decía con voz muy trémula.
-Ven preciosa, decía él pausadamente… pero la segunda palabra que salió de su boca fue con  mucha firmeza.

– VENNNN y en un abrir y cerrar de ojos la atrajo ágilmente a su regazo y en medio del silencio de la habitación, empezaron a resonar los golpes, cada vez más intensos y los alaridos de ella.
Plas, plas, plas, plasssssssssssssss,,,,,,,,,auchhhhhhhhhhh – Toma y aprende que tienes que cambiar y  plassssssssssss, plasssss, plasssssssssssssss.

– Que ya no voy a soportar tus berrinches plassssssssssssss, plashhhhhhhhhhh. Y seguía con los palmazos alternando una y otra nalga.

Estas ya lucían rojas y los gritos de ella empezaron a excitarlo. Hubiese querido dejar eso y hacerle el amor, pero quería ver como terminaba esto.

Buahhhh, buahhhhh, ya nooooooooooooooooooooooo buahhhhhhhhhhhhh
¡Qué rico lloraba! nunca había gozado esos llantitos y gemidos, alguna vez se los imaginó, pero que va! era una delicia para sus oídos escuchar su llanto, ese llanto libre de toda rebeldía, de toda autosuficiencia y capricho. Quería ver su rostro, verlo con dolor por eso la paró delante de él, enjugando sus lágrimas le decía:..

-Pobre mi nenita…ya están poniéndose rojitas esas nalguitas, a lo mejor ya tenemos que parar. Pero no lo hizo así, insistiendo en mirarla a los ojos y con mucha parsimonia bajo la trusa de algodón que llevaba su chica, despacio, lento, acariciando también las ardientes nalgas. Y sus ojos se gozaron su rostro adolorido, con miedo, también el color fresa que esas nalgas estaban adquiriendo.
-¿Te duelen mucho mi amor? le decía mientras sobaba y acariciaba esas lindas y rosadas nalguitas, pero aún no estaban como el quería verlas. Él las quería muy rojas, así que el pensó que el llanto eran solo lágrimas artificiales aún y sin claudicar siguió,

plassssssss, plasssssssssssss , plasssssssssssssss…buahhhhhhhhhhhhh. buahhhhhhhhhhh
Y lloraba, lloraba de verdad, ante la mirada sorprendida y sobrecogida de la amiga y la amorosa mirada de su pareja.

Bueno, creo que aún no es suficiente mi amor. Y sin darle tregua a pronunciar más palabra,  empezó a imprimir más fuerza, una y otra vez
Auchhhhhhhhhhhh, buahhhhhhhh

Toma, toma , plas, plassssssssssssssss,plassssssssssssssssssss
-Que no se te olvide que las niñas buenas no hacen quedar en ridículo a nadie y que ahora en adelante controlarás tus ataques de histeria. Y seguía fustigando sus nalgas .

– ¿Verdad que lo harás mi amor?. Y esta vez se dirigió a la observadora Paty:
– Alcánzame el cepillo que tiene Carla en su bolsa……

– Noooooooooooooooooooooo, noooooooooooooooo, ya nooooooooooo, gritó Carla desoladamente.
– ¡Silencio, te dije que no hablaras! y una sonora y fuerte palmada restelló sobre sus nalgas

– Paty muévete o quieres que también yo te de con el cepillo, y ella se lo entregó
Y reanudó el castigo con avidez casi compulsiva,.

zasssssssssssssss,. zasssss, zasssssss, plassssssssssssssssssssssssss
Y la chiquilla lloraba, gritaba, el dolor era ya penetrante, habían sido demasiados azotes, ni había llevado la cuenta pero era algo que no podía tolerar, pero contradictoriamente le incrementaba la sensación mucho más fuerte que el cosquilleo. Lloraba, porque le dolía, pero en medio de ese llanto descubrió otra sensación mas agradable, otra que la crispaba y le hacia sentir la necesidad de gritarle que siguiera, que no parara, que también disfrutaba de los azotes, que ya estaba muy excitada y traspasando ese velo sutil hacia su propio gozo. Miguel también reconocía como los gritos de ella aumentaban su excitación. En medio de cada cepillazo, las oleadas de placer, la impulsaba a apretar sus piernas y afianzar su pubis en las rodillas de Miguel obligándose ella misma a moverse casi frenéticamente. Y él lo captó. Podían juntos ya conjurar sus dolores, sus pasiones, sus locuras y corduras, todo el placer mutuo de gozarse.

Habiendo ya traspasado esa barrera; no quiso mas espectadores, eso quería disfrutarlo solo con su amada .Gritó a la chica que se fuese y Paty salió mirando, no precisamente con pena a su amiga, quizás si, con cierta envidia y morbo por ver la mezcla de ternura , dureza y pasión que apreciaba en esa pareja. Se fue y se quedaron completamente solos. Y el volvió a concentrarse solo en lo suyo,
-Amor,.mi chiquita, estas gozando no es así? y no paraba con el cepillo, plassssssssss

te duele pero te gusta y a mi me encanta más
plassss , plassss,  toma, buahhhhhhhhhhhhhhhh. Buahhhhhhhhhh

Llantos, gemidos,  gritos de excitación, Él gozaba de solo escucharla y ella sin más, solo dejaba de circular su placer en la longitud y ancho de su cuerpo y él tampoco podía aguantar más.
Terminó de despojarla del calzón, el resto de las ropas casi se las arrancó y asida ella a él retiraron los últimos obstáculos y se precipitaron a continuar con  el goce que les proporcionó el haberse inaugurado como spank-amantes… y se gozaron, como nunca, como ni en su más recóndita imaginación lo habían sospechado. Ese fue el mejor de los bálsamos para el ardor de ella y él supo que no más dejaría de disfrutar aquello. Fueron horas realmente maravillosas,

Al final de cuentas, agradecieron la trampa de Jessica, que también tuvo lo suyo pues se fue imaginándose lo que pasaría después entre ellos.

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