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La Parte más carnosa

Tengo experiencia en los delicados artes del sadomasoquismo. En realidad, en mi casa tengo una mazmorra en toda regla, llena de todo tipo de complementos: Silla de bondage, Parking de esclavos, Rueda Medieval y una gran variedad de juguetes minúsculos pero perversos.

En mi casa practicamos la Suspensión o Estiramiento, Ducha de esclavos y Juegos Acuáticos. Poseo equipos completos para Medical y fantasías de hospital.

Con mis amantes/esclavos practico disciplina y entrenamiento, Azotes con vara, fusta, palma y cane. Humillación pública o privada, verbal o física; Adoración de mis pies y masajes; Esclavitud doméstica; Juegos con agujas; consoladores y tortura genital.

Pero mi experiencia en el spanking más cariñoso es nula. Cuando hablo de este tipo de práctica me refiero a aquel spanking que practican muchísimas parejas en su casa como preámbulo sexual o por el sencillo placer de recibir unas palmadas amorosas en el culo.

La semana pasada, por asuntos de trabajo, conocí a una pareja que resultó ser muy liberal. A mediodía mientras almorzábamos frente al mar, empezamos a hablar de este tema y les comenté mi desconocimiento del mismo. Muy amablemente se ofrecieron para que yo fuese a ver por un rato sus juegos sexuales. Mi compañera se ofreció, a la pareja de spankers, para tomarles unas fotos de la sesión. Fotos que, por motivos obvios, no publicaremos.

Pagamos la cuenta y los cuatro en el coche nos dirigimos a un pinar cercano. Una vez allí, yo instalé mi toalla en el suelo y me acomodé para comenzar a ejercer de voyeur, mi compañera preparó la cámara de fotos y la pareja (a la cual llamaremos Nin y Nina, N. del T: algo así como muñeco y muñeca), después de extender una manta cerca del coche y sacar una silla plegable, pero robusta, del maletero, empezaron con sus juegos.

Nina se sentó en la silla y con la mirada le ordenó a su Nin que se aproximase. Le bajó los pantalones y colocó a Nin con una agilidad increíble sobre sus rodillas, logrando que su paquete reposase sobre su propia pierna derecha. Ajustó su posición hasta que lo obligó a permanecer con la cabeza colgando y el estómago sobre su rodilla izquierda, de tal manera que sus nalgas fuesen la parte más alta de su cuerpo. De esta forma, sobre sus rodillas, comenzó a darle algunos azotes, fuertes pero espaciados al principio para luego incrementar tanto la fuerza como la cadencia.

Le daba contundentemente sobre la parte más carnosa de sus nalgas  estas iban tomando un suave color rosa.

Él colgando literalmente de sus piernas, cabeza abajo, no tenía más remedio que aguantar los azotes intentando, a su vez, de mantener el equilibrio. Después de muchos azotes, (perdí la cuenta) pensé que seguramente tenía las nalgas muy calientes y quemando… el suave color rosa ya había pasado a un rojo más oscuro.

Nina se detuvo un momento y lo acarició. De golpe, se levantó de la silla, lo hizo caer y pudimos ver como él estaba eyaculando. Nina muy enfadada lo levantó del suelo y lo empujó contra el capó del coche, dejándolo allí apoyado, con los pantalones bajados y el culo al aire. De inmediato le ordenó llevarse las manos a la nuca. Él obedece. Es su castigo por haberse corrido sin permiso.

Comienza un alud de golpes, mezcla de suaves y fuertes, en tandas de diez, con pequeñas pausas para acariciar la zona azotada. Ella le va recordando, en cada azote, lo mal que se ha portado, diciéndole que era un perro y un cerdo.

Cuando terminó de castigarlo, le ordenó incorporarse y girarse. Él lloraba. Nina le secó sus lágrimas con la mano mientras le decía que debía aprender, que tenía que obedecerle en todo y controlar su cuerpo hasta el punto de poder agradarle siempre. Él asentía con la cabeza y comenzaron a besarse.

No se acordaban de nuestra presencia; en ningún momento nos miraron, pero a nosotras su experiencia nos estaba excitando mucho. I aún continuó.

Él cambió de pronto de cara y pasó de ser un corderito herido a convertirse en un terrible lobo. Se quitaron toda la ropa y ahora Nina fue quien a para sobre las rodillas de Nin. Ella estaba como asustada, no se atrevía ni a moverse. Sin palabras, Nin empezó a acariciar las nalgas de Nina… suavemente, haciendo que con sus caricias ella se estremeciese de placer y de miedo… para luego, sin previo aviso, darle unos azotes bien fuertes.

– Abre las piernas… le ordenó. Nina obedeció abriéndolas solo un poco…

– Más… todo lo que puedas. Y ella lo hace, separa las piernas tanto como puede. Nin coloca su mano sobre la vulva de Nina, tocando la humedad de su vagina… ella se retuerce de placer… pero él quita su mano de allí y vuelve a azotarle las nalgas, esta vez con más fuerza. Los azotes y las caricias se van sucediendo hasta que finalmente acabaron follando como si en ello les fuese la vida y mientras lo hacían las caricias se entremezclaban con azotes en el culo.

En este punto, nosotras dos ya no los mirábamos, solamente lo sentíamos. Nosotras dos… otros trabajos teníamos…

 

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