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La carta olvidada I: la curiosidad

Autora: Ana K. Blanco

Dedicada a los sacrificados spankers,

preocupados siempre por nuestra educación y bienestar.

La curiosidad

Cargada de bolsas de diferentes tiendas y con una sonrisa de felicidad, Rocío se dirigió a su nuevo departamento en el centro de la ciudad. El sueño de su propia vivienda y  arreglarla a su gusto se estaba haciendo realidad. Con todos aquellos bultos necesitó la ayuda de Luis, el portero del edificio, para abrir la puerta. Luego de los saludos de rigor, Rocío tomó el elevador deseosa de llegar a su departamento.

Abrió la puerta, dejó las bolsas en el piso para desplomarse en el sofá. Sí, definitivamente le gustaba el sitio. El enorme ventanal que daba a la Avenida le permitía admirar una parte de la ciudad. La elección de aquel lugar había sido un acierto y se felicitó por ello. Aún le quedaba mucho por arreglar, así que se dio una ducha rápida para espantar el cansancio y vestida con ropa cómoda se dispuso a ordenar el placard del dormitorio.

El inquilino anterior había dejado allí algunas cajas y papeles, así que tomando una enorme bolsa de basura, la abrió y comenzó a botar todo aquello… previa una rápida mirada, por supuesto.

Rocío es una mujer muy curiosa, y ese defecto le había causado problemas y más de un dolor de cabeza, pero aún así, seguía metiendo sus narices en todo. Tenía tiempo, y oportunidades como esta no se le presentaban todos los días.

Revistas viejas de cotilleo sobre personajes conocidos, sobres con contratos vencidos, guías de teléfono antiguas, algún libro de autor desconocido para Rocío, cajas de zapatos con diferentes objetos que quizás alguna vez tuvieron un valor sentimental para quien los poseía y…una carpeta azul algo gastada, tamaño carta, conteniendo un sobre cerrado y un par de hojas escritas  como borrador, porque estaban con palabras tachadas, con una caligrafía irregular como cuando uno escribe rápido, o quizás con rabia. El sobre de correo tenía como remitente a Leticia Córdoba, con la dirección de ese departamento. El destinatario era Fabián Alzamendi, con una dirección del interior del país.

-¡Vaya! Rocío Anchorena, a tu juego te llamaron. Podrás ser la investigadora de este caso que pinta ser… excepcional. -Se sentó en el suelo y cuando se disponía a rasgar el sobre recordó un problema muy grave que había tenido por algo similar. -Mejor me aseguro antes de hacer nada.

Con su vestido sencillo bajó al hall del edificio y buscó a Luis. Le hizo una serie de preguntas acerca de la anterior inquilina y volvió a su piso. Su memoria no era lo más fuerte que tenía, así que para recordar todo lo que Luis le contó, tomó un cuaderno de su escritorio y escribió lo siguiente:

Nombre: Leticia Córdoba

Última dirección conocida: este departamento

Estado civil: soltera

Edad: 29 años

Ocupación: Diseñadora Gráfica

Nota: Según dijo Luis, el tal Fabián la visitaba con una frecuencia semanal o quincenal. Parecía que se llevaban muy bien, aunque a veces cuando regresaban de la calle él traía cara de enojado, mientras que ella volvía con la cabeza baja y sonrisa traviesa, como una niña que hubiese cometido alguna pillería.

Leticia se mudó de aquí hace como una semana y no dejó dirección de su nueva residencia, ni teléfono ni nada. Luis dice que daba la impresión que no quería que nadie se enterara de su nuevo paradero.

Nombre:Fabián Alzamendi

Dirección conocida: Pueblo Charabón- Departamento del Norte

Estado civil:  desconocido (por ahora)

Edad aproximada: 40 años

Ocupación: hacendado

-Bien -pensó Rocío- esto se está poniendo bueno. Sin haber leído ni una sola letra ya reuní una serie de datos que me podrían servir para saber… para saber ¿qué? Bueno… eso aún no lo sé, pero lo voy a averiguar ya mismo.

Se dirigió con paso firme y presuroso hasta las hojas manuscritas. Eran 3 hojas escritas de un solo lado. Las acomodó por orden, teniendo en cuenta el encabezamiento para la primera hoja, una segunda escrita en su totalidad, y la última que estaba sin firma pero escrita hasta la mitad. Comenzó a leer:

Montevideo, 27 de noviembre del 2006

Querido Fabián:

Encabezo esta carta con un querido, porque sería falso seguir poniendo “mi adorado…” como lo hacía hasta ahora. Querido porque te sigo queriendo, ya no como hombre ni como amante ni como spanker, pero sí como ser humano.

¡Vaya! Fabiancito… creo que te están tocando “la polka del espiante”* (La polka es un baile folklórico muy popular en el interior del país, y  “dar el espiante” es darle a alguien el adiós, pero de mala manera, echándolo. O sea que este dicho es para significar que a tal persona la están echando). ¿Spanker? ¿qué significará spanker?

Hace un tiempo te dije que había conocido a un hombre vainilla que me gustaba y me había enamorado de él, a pesar de que no pertenece a nuestro mundo. Contigo no tengo futuro porque tú no me amas. Hemos sido grandes amigos, hemos pasado momentos grandiosos juntos, las sesiones que viví contigo como spankee no las viví con ningún otro spanker…

¿Pero de qué habla esta mujer? ¿Vainilla, spanker, sesiones, spankee…? No entiendo nada. Mejor sigo leyendo. Ufff, qué manera de tachar, borronear y volver a escribir…

Estoy enamorada de este hombre y… me voy a casar con él. Sé que tú no quieres que lo haga, que lo venimos discutiendo desde hace meses, pero ya no estoy enamorada de ti, pero acepto y reconozco que me sigues gustando y atrayendo muchísimo. Pero ya no te amo.

Extrañaré nuestras sesiones, nuestros encuentros, nuestro juego… Extrañaré tu dominación, tu cara fingiendo enojo, tus potentes manos azotándome hasta hacerme gritar de placer y excitación…

Los ojos de Rocío se abrían cada vez más grandes, y temía comprender lo que esta mujer decía. ¿Era masoquista? ¿Le gustaba que le pegaran? ¿Cómo podía alguien gozar y excitarse con el dolor? No, eso era algo que no podía comprender.

Sé que como spanker y como amante ninguno se comparará contigo. Quizás encuentre alguien mejor, quizás no… pero sé que antes o después te olvidaré como tú te olvidarás de mí.

No me animo a contarle a mi novio que soy spankee porque no sé cómo lo tomará, pero sé que lo terminaré haciendo porque esto del spanking, de las nalgadas eróticas, se ha convertido en parte de mi vida. Lo conocí a través de ti y de tu mano, nunca mejor dicho, aprendí a gozarlo. Me hice adicta a los azotes y se me va a hacer muy difícil vivir sin ellos, pero sé que lo lograré. Y si no lo logro… al menos quiero hacer el intento y comenzar una nueva vida junto al hombre que amo.

No sé si esta carta llegará a tus manos. Quizás la rompa, quizás la tire, quizás… quizás nunca te la envíe como nunca te envié otra que escribí hace meses, cuando bebía los vientos por ti, cuando estaba enamorada y contaba los días, las horas y los minutos que faltaban para reunirnos.  ¿Sabes? Me estoy dando cuenta de algo. Ahora que lo pienso… me estoy dando cuenta que escribí esta carta para mí, no para ti. Escribí esto para sacar mis sentimientos, volcarlos y plasmarlos en un papel para poder verlos. Y dirigiéndome a ti decirme a mí misma:  ¡ME CASO!

Allí terminaba aquel conjunto de palabras que se veían sacadas desde lo más profundo. No eran frases pensadas ni calculadas a pesar de los borrones y las tachaduras que sólo denotaban el deseo de expresar de una forma más clara un sentimiento, una emoción. Sí, Leticia había escrito sin pensarlo demasiado, sus palabras eran solo pensamientos plasmados en el papel.

No entendía mucho, pero agregó algunas palabras a su cuaderno de notas:

Spanker en el sector de Fabián. Spankee, en el sector de Leticia. Y más abajo, como abriendo un nuevo sector, escribió: spanking, nalgadas eróticas.

Con su sencillo inglés, recordó que el verbo To Spank significaba azotar, nalguear. En más de una película norteamericana se oía que la madre le decía a la niña, en tono amenazante, cosas como: “and now, be a good girl or… I’m gonna spanking you!” O sea: “Y ahora, sé una buena niña o… te voy a azotar!”

Miró el sobre cerrado. Su curiosidad se hacía más y más fuerte. Ya había llegado hasta allí, pero… aún no había violado ninguna regla ni ley porque todo estaba a la vista. Ahora… el abrir un sobre cerrado era violar la privacidad. Por otro lado… ¿quién se iba a enterar? Pensó y su conflicto interior duró como… cinco segundos. Después de eso rasgó el sobre, desplegó las hojas y comenzó a leer con avidez:

“Montevideo, 3 de julio del 2006

Mi adorado Fabián:

Mi corazón late a mil esperando que aparezcas. Cuando te veo llegar deseo que el tiempo se detenga, deseo disfrutar cada momento a tu lado. Cuando traspasas la puerta de mi casa mi único deseo es unir mis labios a los tuyos. Quiero colgarme de tu cuello y buscar esa boca que tanto me gusta… besarte con ardor, con ganas, con ansias, con toda la pasión que tengo acumulada desde la última vez que estuvimos juntos.”

-¡Caramba con esta chica! -pensó Rocío- O ella es muy fogosa o él tiene algo especial que la volvía loca. Hmmmmm… En fin, sigamos leyendo…

“Mirarte a los ojos y desearte es todo uno para mí. Cuando jugamos a las nalgadas…”

Otra vez veo esto de las nalgadas. Así que, definitivamente, esta chica es masoquista y el tipo es un sádico… esto se pone cada vez más interesante.

“…adoro provocarte, aunque confieso que hay momentos en los que pienso salir corriendo pero…  mis piernas no se mueven porque lo que quiero en realidad es caer en tus brazos y entregarme totalmente a tí en cada sesión.

Cuando metido en tu rol de spanker te enojas con mis actitudes, de tus bellos ojos salen centellas que iluminan tu rostro y lo hacen aún más deseable para mí. No hace falta que me hables, pero… cuando me amenazas quisiera asustarme en serio, quisiera temerte y a veces lo logro, pero lo que SIEMPRE está presente en esos momentos es… la humedad entre mis piernas.”

¡Niña! vaya forma de escribir que tienes. O eres muy buena escribiendo o este Fabián es alguien digno de conocerse. Spanker… ¿qué será un spanker? Pareciera el nombre que se le da al tipo que pega las nalgadas… pero esta carta está fabulosa. Aunque no entiendo cómo puede excitarse con la idea de que la nalguearán… en fin. ¿Qué más me cuentas querida Leticia?

“Finjo rechazarte y tú lo sabes. Finjo resistirme y… finjo tan mal que hasta debo darte risa, pero tú estás tan metido en tu rol que ni en mi mala actuación te fijas, y ¡hasta te la crees!.

Podría fingir muchas cosas, pero no puedo fingir mi deseo por caer en tus brazos, porque me pongas sobre tus rodillas y que tu mano comience a azotarme para que ese dulce dolor me invada. Por eso cuento los días y las horas que faltan para reunirme contigo, y no pienso en otra cosa más que en que me tengas bajo tu control.”

Leticia, agradece que no soy feminista. Pero no entiendo cómo puedes ser feliz estando bajo el control de un hombre. Claro que… tú me estás dando a entender aquí que todo se trata de un juego y no de algo real, excepto las nalgadas y la excitación que por tus palabras parecen muy reales. Dime más, por favor…

“Uno de los momentos que espero con más ansias es cuando decides capturarme, y cuando lo logras lo que más quiero es que esa dominación perdure muchísimo rato… quisiera eternizar ese momento cuando tu fuerza me atrapa, tus manos me sujetan y tu cuerpo me inmoviliza.

Cada vez que te siento detrás de mí, cuando te paras y apoyas tu pene entre mis nalgas… me siento morir de placer y no puedo disimularlo. Tú lo notas, y para aumentar mi humedad, mi excitación… me dejas bien clarito quién manda y que yo estoy a tu merced.”

¡Woow! Anda Leticia, ten piedad de mí. No puedes escribir estas cosas para que las lea una mujer sola. Ya quiero un spanker como Fabián, sea lo que sea un spanker! Pero cambia el tono de tu cartita Leti, o no sé si pueda llegar al final. ¿Y yo me pregunto cómo pueden excitarte las nalgadas? ¿Cómo no van a excitarte a ti que las conoces, cuando yo que no tengo la menor idea, con sólo leer tus emociones y sensaciones… ya estoy… ufffff!

“¿Y qué puedo decir de esos instantes, cuando con una habilidad única metes tu mano entre mis piernas, buscando mi parte más sensible y con tu dedo mayor sigues el surco haciéndome vibrar hasta morir de placer? Es ese el momento en que siento que te pertenezco por completo, soy totalmente tuya, me abandono totalmente a ti…”

-Fabián… no soy hombre, y mucho menos soy spanker pero… si alguien me escribiera algo similar, creo que quisiera que se quedara a mi lado por siempre. Aunque solo fuera para alabarme y elevar mi ego… ¡Aguante don Fabián! Y sigamos enterándonos de las sensaciones que tiene Leticia a su lado…

Rocío no podía creer lo que estaba leyendo. Las palabras de esta mujer eran increíbles y la estaban acercando a un mundo de sensaciones totalmente desconocido para ella. Cada párrafo era el descubrimiento de una nueva sensación, de una emoción diferente, de un mundo desconocido por ella hasta ese día.

“Cuando estamos metidos en el rol, tú como spanker, como hombre dominador, me pareces enorme. Tengo la idea de que yo, tan grande y tan fuerte… parezco una mujer pequeña e indefensa a tu lado. Eso me gusta muchísimo, me da bríos, me da fuerza para enfrentarte más y más.”

-Y sí -seguía Rocío hablando con ella misma, pero imaginando una charla con Leticia- más allá de lo físico mi querida Leti, aquí estás hablando de actitudes que es lo que realmente importa en toda relación de pareja. La actitud que uno tiene frente a su pareja creo que es lo que más excita.

“Mi pose preferida para el castigo es el OTK, -“¿qué será el OTK?” pensó Rocío- pero estando contigo… siento la dicotomía entre el placer que me producen tus azotes y la inquietud de no poder ver tu rostro, de no saber cuándo me miras, de no poder percibir tus pensamientos, de no saber qué haces en los momentos en los que ni me hablas ni me tocas. Esos instantes de silencio, aunque escasos y breves, me paralizan y me dejan pendientes de ti, tanto sobre tus rodillas como en el rincón..

A propósito… tampoco me gusta el rincón, o que me pongas cara a la pared porque no sé cuál será tu siguiente paso, y eso me llena de incertidumbre. Sólo sé y reconozco que con cada una de estas situaciones… cada vez me humedezco más.”

-Leti… ¡eres una niña calenturienta! Sólo por ese motivo debería castigarte Fabián… jajajajaaaa!

“Y haces alarde de los instrumentos que en segundos estallan en mis nalgas desnudas. Y todos me hacen sentir diferentes sensaciones: tu tibia, dulce y dura mano es lo que más amo, porque es el contacto de tu piel con mi piel; la paleta o cuchara de cocina, rígida, dura, que hace sentir un picor especial sólo en ese pedazo de piel, pero que se extiende al resto del cuerpo; y la vara, tan temida por mí, pero que tú me estás haciendo querer cada vez un poco más (si fuera blanda y flexible, quizás no pensaría lo mismo). ¿Y qué puedo decir del cinturón? Junto con la mano es lo que más me gusta: adoro ver todo el ritual desde cómo te lo quitas, cómo lo doblas al medio mientras me explicas que lo compraste en tal lugar pensando en mí. Estaba tan excitada que poco me faltó para saltar encima de ti y…  pero me contuve porque quería ver cómo me azotabas. Y lo hice. El enorme espejo fue mi ayudante otra vez… ¡Vaya que me pegaste duro, durísimo! Pero eso acrecentó aún más mi excitación…

Hablando de instrumentos… recuerdo aquel día que usaste el rebenque. Fue la única vez que me diste tan duro que se me cortó la respiración durante unos segundos, debido al dolor tan intenso que sentí ”

-Pero niña… ¿hay alguna cosa de que haga este hombre que no te excite? Bueno… no voy a hablar mucho porque… yo… también… mejor sigo leyendo.

“Y el hielo, sentir correr esa agua helada por mi cadera,  por todos lados. Era tal el calor que desprendían mis nalgas que se derretía en menos de nada. Deliciosa sensación, tanto como el sentir  tu mano por mi surco una y otra vez… y más cinto, pero esta vez sobre la piel mojada… Verte levantar el brazo y tomar la punta doblada del cinto con la otra mano,  descargar con fuerza y sin piedad el instrumento en ese lugar exacto que habías calculado… mmmmmmmm!!  Quisiera que lo estuvieras haciendo en este momento otra vez.”

-¡Siiiiiiiiiii, yo también quiero! No sé qué es, pero… ¡creo que me gusta! Y si no me gustara, la culpa es de Leticia, que lo describe de una forma que…

“Así que, mi queridísimo Fabián, mi adorado spanker… gracias por todas estas sensaciones y por las que me harás sentir en un futuro. Sé que tus sensaciones y las mías son diferentes, porque estamos cada uno en un lado de la ribera de este río que cuando decidimos meternos en él y nos juntamos… logramos desbordarlo!!

Te mando mil besos de miel, Leticia.”

No podía creer lo que acababa de leer. ¿Cómo era posible que alguien gozara tanto cuando era azotada? Claro que… esto no tenía nada que ver con la violencia doméstica porque evidentemente que era un juego y que la chica no solo lo consentía sino que lo aprobaba. Más aún: ¡lo disfrutaba!

Rocío dedujo sin mayor esfuerzo que la chica había decidido casarse y por eso había cortado la relación con Fabián, pero seguramente él quería continuar la relación. Así que simplemente Leticia decidió mudarse y perderse sin dejar rastros.

Las cartas de esta chica habían despertado en Rocío sensaciones que jamás se había imaginado. Recordó algunas imágenes de películas en que el hombre nalgueaba a la mujer y que siempre le habían resultado escenas simpáticas y divertidas,  pero jamás pensó que alguien pudiera excitarse y sentir cosas como las que había leído.

En los días siguientes se dedicó a buscar y leer en internet todo lo que encontró acerca del spanking: blogs, relatos, páginas web, videos… Y aunque no le gustaba mucho admitirlo, la idea de ser nalgueada le excitaba más de lo que admitiría ante cualquiera.

Se había metido tanto en el tema que había preguntas e inquietudes que se que quedaban dando vueltas en su cabeza… ¿Cuál sería el motivo por el que no le envió la carta del sobre cerrado a Fabián? ¿Estaría realmente enamorada de ese otro hombre con el que se iba a casar, o se casaría para terminar su relación con Fabián? ¿Cómo luciría Fabián, qué edad tendría, sería casado? ¿Cuánto tiempo habrían tenido relaciones?

Por su mente pasó como un refucilo la idea de enviarle las cartas a Fabián, pero… ¿con qué derecho? Si la persona que las escribió había decidido no enviarlas, ella no tenía derecho a hacerlo…

(Continúa)

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