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Heridas sin sanar (III)

 

Autora: Jadhe

Estaba terminando de arreglarse en el tocador, cuando ella se paró de la cama, el vio que no cojeaba ni nada por el estilo y le pregunto:

-¿Ya no te duele?

-¡Ah! Eso…

Él la tomó por la cintura y la apretó contra sí:

-Sabes… te va a crecer la nariz por mentirosa… -diciéndole tiernamente y oliendo su aroma.

Ella rió y este le dio una nalgada, mientras la besaba. Ella se quejó levemente y curveó su cintura hasta quedar pegada a su cuerpo:

-Pero funcionó… ¿O no?

Los dos rieron, para luego salir a caminar por la costa y con la luna haciéndoles compañía; el celular de ella empezó a sonar, se alejó al ver el número y contestó la llamada:

-¡Buenas Noches! David… claro… tienes razón…en dos días regreso… no… no te preocupes… mañana te hablo y te tendré algunas respuestas… ¡Adiós!

El la tomó por la cintura por detrás, abrazándola; algo molesto, le dijo:

-¿Quién era?

-Era… mi… mi padre…

-Y… ¿Le llamas David, a tu padre?

Ella se soltó y dio un paso hacia atrás:

-Entonces… escuchaste ¿toda la conversación?

-¿Tú que crees?

Ella dio otro paso hacia atrás y el avanzando al mismo tiempo con ella:

-Dime… qué escondes, eh?

-No te escondo nada… es una persona… que tengo… con la cual tengo… algunos negocios que arreglar…

-Y por eso me mentiste, diciendo ¿Que era tu padre?

Ella retrocedió otros dos pasos y el avanzó los mismos:

-¿Por qué no confías en mí?

-Porque, no eres sincera… ¿Te parece poco…? Pero, tú tampoco confías en mí, sino no retrocederías, cada vez que avanzo… ¿Me vas a decir toda la verdad…?

Entonces, ella se detuvo cuando él dijo esto:

-Por favor confía en mí… sé que te parecerá raro; pero, créeme… te lo diré todo… en su momento…

-Está bien… pero, en este momento me siento… algo… algo desencantado.

-Entonces, ¿No confías en lo que te digo?

-No del todo… -molesto, evidentemente

Este caminó de regreso al hotel y al ver que ella no lo seguía, volteó a verla:

-¿Que esperas? No creerás que te dejaré sola aquí… en medio de la nada…

Ella, a pesar de lo ocurrido… supo que no la dejaría a su suerte, bajo ninguna circunstancia. Cuando llegaron a sus habitaciones, el la dejó en su cuarto, dándole un beso en la mejilla, aunque ella esperaba que se lo diera en la boca y se fue caminando al suyo; poniendo tierra de por medio.

-Pensé que te quedarías conmigo en el cuarto…

-Necesito digerir… lo que siento… necesito pensar…

Ella afirmó con la cabeza, bajando la vista.

-Supongo que no tengo más remedio que esperar…

Al día siguiente, ella no salió de su cuarto como hasta a las 10:30 am; ideando un plan, para que le dijera parte de su pasado, sin arriesgarse a decirle que era lo que escondía, fue al cuarto de él y este le respondió:

-Pasa, está abierto…

El salía de bañarse, con una toalla algo minúscula, que le marcaba sus formas; se quitó la toalla, y se dispuso a vestirse, mientras ella admiraba toda su anatomía.

-Sabes… tengo un plan…

-Y ¿Cuál es?

-Te propongo… una especie de juego…

-¡Ah! ¿Sí? ¿Cuál?

-Mira… tú me haces una pregunta… la que quieras…

Mientras, recorría su piel recién bañada

-Continúa…

-Si la contesto… me toca mi turno de preguntar lo que yo quiera…

-Y ¿Cuál es el chiste?

-Conocernos un poco más, sin mentiras… sin engaños…

Al ponerse la playera, su musculatura marcada se hizo notar, mientras levantaba los brazos: justo como a ella le gustaba, ni tan grande, ni tan leve; justo en su punto medio y ella le comentó:

-También podremos guardar silencio, en alguna pregunta… que no deseemos contestar…

-Me parece correcto… pero no crees entonces… que no contestaremos la mayoría o ninguna…

-Allí está… el meollo del asunto… Si alguno de los dos no desea contestar… habrá una penitencia…

-¿Cuál?… -Mientras él se peinaba, viéndose en el tocador…

-Tres, en el trasero… (señalando el cinturón) ¿Te parece?

Él se le quedo viendo a los ojos, lo pensó un momento… y sonrió maliciosamente, pensando que ella perdería en su mismo juego.

-Me parece justo…

Ella sonrió y asintió con la cabeza:

-¡Ah! Una cosa más, las preguntas no se pueden repetir ¿Está claro?

-Pero, primero iremos a desayunar, caminaremos un rato por la playa y luego pondremos en práctica tu “juego”…

-Está bien…

Cuando regresaron a la habitación de él, le dijo:

-Bien… empecemos… quítate el pantalón y yo las bermudas… nos quedaremos en calzoncillos.

Ella se le quedó viendo a los ojos, con cara de interrogación… y este le dijo:

-Si vamos a poner en práctica este juego… lo haremos bien… tu traes un pantalón de mezclilla y la tela de la bermuda que traigo, es muy delgada; para que sea justo el asunto, nos quedaremos en calzoncillos.

-Mejor, me pongo algo igual de delgado que tu bermuda…

-No… lo haremos así… o simplemente, no hay juego…

Ella haciendo una mueca, dijo:

-¡Esta bien…! ¡Como tú digas…! -sabiendo tal vez que no aceptaría si lo contradecía…

Cada quien se despojó de sus prendas, incluyendo zapatos, calcetas; e imitándola, se sentaron en medio de la cama king size, con las piernas cruzadas y quedando frente a frente, dejando el cinturón a un lado. Él la tomó de las manos  y ella no las retiró… tragando un poco de saliva…

Pues se dio cuenta de su plan, si ella intentaba mentirle, se daría cuenta de inmediato; al temblarle, sudar o al querer retirar las manos… pero, ya era demasiado tarde, para echarse para atrás. Aún sentados, tenía que mirar hacia arriba para verle a los ojos y teniéndolo tan cerca, la intimidaba un poco; pero, al respirar su aroma, la tranquilizaba.

-Comenzaremos con preguntas sencillas, para ir subiendo de tono poco a poco… y

-No señorita… las reglas del juego se ponen antes de empezar; no durante el juego… así que cada quien es libre de preguntar lo que sea y a la hora que sea… ¿Correcto?

Tragando saliva, nuevamente:

-Bien, yo empiezo con las preguntas…

-¿Cuál es tu platillo favorito? Ella empezó con una pregunta sencilla, para que él no fuera tan rudo, desde un principio, cuando le tocará su turno.

-Las enchiladas de mole y el arroz… Bien, es mi turno…

-¿Porque terminaste con tu novio?

Ella vio que se fue directo a matar… Ella tomó aire y dio un suspiro largo y profundo… su aroma acarició nuevamente sus sentidos.

-Pretendía engañarme con mi mejor amiga… Aunque él ya lo sabía, estaba probándola para saber qué tan sincera era…

-Bien… es mi turno: ¿Por qué no buscaste un trabajo relacionado con tu carrera, después de derrumbarse tu negocio?

Este supo, que estaba enterada de lo que le llegó a comentar a su padre en lo entrevista de trabajo… pero en esta; omitió las razones, aduciendo que había sido por motivos personales.

-Estaba demasiado triste, contrariado y tal vez hasta decepcionado; por lo cual no me pareció ético cometer algún error durante esa transición… porque lo que arriesgaba, eran vidas humanas…

Ella sonrió, pues él era demasiado sincero… hasta consigo mismo y lo admiró aún más.

-Ahora, me toca a mí… ¿A dónde fuiste aquel día, en la mañana? Cuando saliste, sin avisarme…

-Creo… que me toca pagar, ella se puso de rodillas en la cama y el la jaló sobre sus piernas, tomó el cinturón y le dio los golpes correspondientes:

Splash, Aaaaay!… Splash, Aaaaay!… Splash, Aaaaay!…

Ella se levantó y se sobó el trasero… el quiso reírse, pero se aguantó pensando que las preguntas rondarían casi, sobre el mismo tema de su parte… Ella se sentó otra vez… y el la tomó de las manos, nuevamente:

-Me toca… ¿Por qué estabas triste y contrariado?

-La que era entonces mi esposa, se llevó a mi hija y se fueron de mi lado… para siempre…

-Bien, es mi turno… ¿Quién te habló en el coche? Cuando subiste el vidrio…

-Ella suspiro largamente y soltó el aire poco a poco. Supongo que me toca pagar…

Splash, Aaay!… Splash, Aaay!… Splash, Aaay!… Él le dio con un poco más de fuerza… para que lo pensará mejor y contestará a la siguiente… ella se levantó de sus piernas rápidamente y se sobó, saliéndosele algunas lágrimas.

-Bien… es mi turno: ¿Cómo se llamaba tu esposa?

-Bueno, ahora me toca pagar a mí…

Él se paro de la cama y puso sus manos detrás de la nuca, estaba esperándola. Cuando ella le preguntó:

-¿Qué haces? El volteó a verla directamente a los ojos…

-No pretenderás que con mi peso y mi altura, me ponga encima de tus piernas…

-Tienes razón… pero inclínate -y el obedeció; entonces ella bajo de la cama y se puso atrás de él… El volteo a verla de reojo, cuando sintió el primer golpe:

Splash… Splash… Splash… Pero, ni una sola vez se quejó; ¿Si le dolió? Se aguantó y volvieron a la cama:

-¿Cuántos años tenías cuando tu madre murió?

-17 años

-¿Quién te habló? Cuando saliste del carro y pateaste lo que se te puso enfrente…

Él hizo una mueca…

-Ni modo, uno tiene que pagar cuando pierde…

Splash… Splash… Splash… Él se sobó y jaló su bóxer para verse, pero no dijo nada…

-¿Tu ideal de una cena romántica?

-Buena pregunta… sonriendo le dijo: Bailar a la luz de la velas, antes de cenar y en la intimidad de mi casa.

-Bueno… seguimos con las preguntas: ¿Cuál es el nombre completo de tu hija?

-Paula Ríos Mandujano

-Me toca… ¿Cuánto tiempo llevabas con tu novio?

-Como año y medio

-¿En que circunstancias, te regalo tu padre esa cigarrera?

Él se quedó pensando, si respondía o no…

-Un día me azotó injustamente, dejándome de hablar como dos semanas… y el día que habló conmigo, me la regaló…

Entonces, ella le pregunto:

-¿Por qué?

-Déjame recordarte, que solo es una pregunta por turno. Así que me toca preguntar: ¿Qué es lo que estas ocultándome?

Ella ya no respondió, se limitó acomodarse sobre sus piernas:

Splash, Aaaaay!… Splash, Aaaaay!… Splash, Aaaaay!…

Ella se levanto rápidamente y se sobó tratando de mitigar un poco el dolor… Y ya no se sentó, como estaba antes; se hincó y se dejó caer lentamente en esa posición, para no apoyar todo su peso en el trasero y limpiándose las lágrimas.

Él le comentó:

-Buena técnica para evitar un poco el ardor… sonriendo traviesamente

-¿Porque dices que te castigó injustamente?

El se paró nuevamente para cumplir con lo pactado, ya que todavía no estaba dispuesto a contarle esa historia, primero tendría que ganarse su confianza, pero ella le dijo:

-Apoya las manos en el tocador… y así lo hizo, pudiendo ver como era azotado…

Splash! Splash! En el segundo, se quejó, haciendo un ruido, como si se le fuera el aire… Splash! Y en último gritó: Aaaaayyy! Ya que le dio con fuerza.

-¿Cuántas veces te has enamorado, realmente?

-Dos veces

-¿Cuántos años tiene tu hija, actualmente?

-Diez años

-¿Quién es el tal David?

Ella lo pensó, pues ya le dolía algo el trasero y decidió contestar, aunque no del todo:

-Es una persona que trabaja para mí…

-¿En donde nació tu hija?

-En México…

Aunque ella deseaba parar el juego, tenía que averiguar 2 ó 3 cosas más; antes de hacerlo…

-¿Qué trabajo está realizando David?

Ella bajó la vista, sabiendo que tendría que pagar, preguntándole: ¿Me perdonarías uno?

-No… tú pusiste las reglas del juego…

-Está bien… haciendo varias muecas, nuevamente se acomodó sobre sus piernas… suspirando hondamente… y dejando caer todo su peso.

Splash, Aaaaay!… Splash, Aaaaay!… Splash, Aaaaay!… Él la ayudó a incorporarse

-¿De dónde era tu esposa?

-De Dinamarca…

-¿Por qué jugabas a coquetearme? Cuando regresábamos del teatro… el primer día que te conocí

-Pensé que no me habías visto… me llamaste la atención… casi desde que te conocí

-Bien, esta es mi última pregunta: ¿cuántos años duraste casado?

-Supongo que es mi turno de pagar…

Ella le dio con más fuerza y él ya no se aguantó a no gritar en el segundo golpe:

Splash, Splash, Aaaaay!… Splash, Aaaaay!…

-Bien… supongo que es la última pregunta: ¿Por qué te interesa tanto mi pasado?

Ella se agarró la cara y cerrando los ojos, se rió; sabiendo que él hacía las preguntas correctas… pero, que no podía… aún contestar.

Suspiro, y comentó:

-¿Supongo que no me salvo de estos…?

-No…

Como ella no se movió, el la jaló y la tumbó sobre sus piernas y tomó el cinturón. Pero, luego lo pensó… lo dejó a un lado y con delicadeza le bajó las bragas y le dio con la mano sin mucha fuerza al ver aquella zona castigada. Su trasero agradeció la forma en que terminó aquel “juego”… ya que luego la acarició suavemente, preguntándole:

-¿Te puedo hacer, una última pregunta? Sin que me contestes con evasivas

-¿Dentro del juego?

-No, ese ya terminó…

-¿Es de carácter personal?

-No…

-Pregunta… asintiendo con la cabeza

-¿Obtuviste lo que deseabas? Con este “juego”…

-Si… supongo que sí…

Como se quedaron en el cuarto, hasta la hora de la comida… ella pidió de comer para los dos, arroz y enchiladas de mole. Él, al escuchar le dijo:

-Y agua de horchata, para tomar… ¡Por favor! Y gracias por el gesto…

-¡De nada! Si ella quería conocerlo y comprenderlo… tendría que probar la comida, que a él le gustaba…

Ya entrada la tarde, nadaron en la playa juntos; después de un rato que se cansaron, aún adentro del mar, abrazándose; ella le preguntó acariciándole el trasero:

-¿Te duele?

-No tanto como a ti… correspondiéndole la caricia en el trasero y los dos rieron.

Después subieron al Hotel, ella se retiro a su cuarto, con el pretexto de ir por ropa limpia y cancelar el cuarto, para luego darse un baño juntos. Entonces, le habló a David y le comentó varias cosas…

Cuando regresaron a la casa, le habló a su padre para reunirse con él; pues ella sabía… que él no aceptaría más propuestas de retrasar la noticia… ellos quedaron de verse en un café del centro. Héctor la llevó y le dijo:

-¿Quieres que hablemos los dos?

-No… será más fácil si yo lo hago sola… conozco bien a mi padre

-Bien, te espero… ella asintió con la cabeza

Cuando terminaron de platicar, ellos se levantaron de la mesa y los dos se abrazaron, saliendo de aquel lugar para dirigirse hacia donde estaba Héctor, Jessica hizo las respectivas presentaciones. El día siguiente (domingo) se la pasaron descansando en la casa, pues el lunes se presentaría a trabajar.

Ya tenía una semana que había regresado a trabajar, yendo y viniendo por ella. Cuando el martes de la semana consecutiva, al regresar a la casa, después de dejarla en el trabajo, no encontró a nadie en casa… Empezó a leer el periódico, pensando seriamente en buscar empleo de lo que había estudiado, ya que se sentía incómodo si seguía como chofer de Jessica y retomaría su pasión: la Arquitectura e Ingeniería.

Así que cuando sonó el teléfono, contestó la llamada:

-Diga…

-Disculpe, ¿Se encuentra la señorita Jessica Landeta? Fíjese que no pude localizarla en su celular y por eso me comunique a su casa

-¿Quién pregunta por ella?

-Soy David Sánchez.. el detective de la Ciudad de México…

Él sintió un vuelco en el corazón…

-¿Con quién tengo el gusto?

-Soy… -se quedó pensando y contestó- soy su hermano… dígame qué noticias le tiene a mi hermana con respecto a lo que está investigando…. Yo le pasaré el recado a ella, ya que tengo que verla dentro una hora… ella me dijo que necesitaba saber noticias rápidamente, de lo que Usted sabía…

El Detective dudo un instante.. pero al decirle, como si estuviera enterado de todo, le dijo:

-Ya encontré en donde vive la hija… del Sr. Ríos… Héctor Ríos

-¿Sí? -casi se le sale el corazón… cuando escuchó esto…

-Lo escucho…

-Rastreé el número telefónico que me dio hace semana y media… y las llamadas se hacen desde esta misma Ciudad… que irónico, no? Aquí es donde vive la niña… pero el número telefónico estaba registrado en Dinamarca, era un teléfono móvil.

-Supongo que sí… pensando en el tiempo que pasó inútilmente buscándola.

-¿Y cuál es el siguiente paso a seguir?

-Hay que hacer las cosas legalmente, para evitar infringir alguna Ley y que él goce de todas las posibilidades de ver a su hija, sin problemas.

-¡Ah! Por cierto… la esposa del Sr. Ríos, murió hace como medio año y la niña vive con sus abuelos maternos.

-¿Y de qué murió?

-Al parecer en un accidente automovilístico…

El se despidió y colgó el teléfono, sintiendo pena por la que era su esposa; pero, al mismo tiempo rabia, ya que ni siquiera muerta… dejó de hacerle daño. Y pensando que con razón, ya no hablaba ella por teléfono, cuando se comunicaban con él, sino sus padres.

Él ya no pudo esperar más, así que se dirigió al trabajo de Jessica…

Entró a las oficinas y una secretaria le preguntó ¿Qué a quién buscaba?

-A la señorita Jessica Landeta…

Ella le hizo una seña, para decirle en qué oficina se encontraba. El caminó directamente hacia donde le había indicado

-Espere, por favor… déjeme anunciarlo…

Él no hizo caso e irrumpió en la oficina… donde se encontraba ella.

Ella lo miro sorprendida y le preguntó:

-¿Qué sucede?

-¿Por qué no me dijiste toda la verdad?

-¿De qué hablas?

-Pues que en realidad… estabas buscando a mi hija…

-¿Cómo te enteraste?

-El detective llamó a la casa, diciendo que no te pudo localizar por el celular…

-Es cierto… lo olvidé en la casa…agarrándose la cintura, se dio cuenta que no lo traía consigo

Él rodeó el escritorio y ella se paró del asiento, un poco asustada; por no saber que reacción tomaría… él la abrazo fuertemente, durante unos minutos y después le dio un largo beso y diciéndole muy quedamente al oído, le dijo:

-Sabes… me pusiste demasiado nervioso; pensando que tenías algún amante…

-Y aún así… te arriesgaste a seguir conmigo…

-Lo pensé, aquella noche después de ir la playa y en serio me costó mucho trabajo en confiar en tus palabras; ya que sonaban sinceras… cuando las dijiste. Así que decidí darte y darme otra oportunidad… Y no me equivoqué…

-¿Por qué me lo ocultaste?

-No sabía, en qué forma ibas a reaccionar… ya que cada vez que te preguntaba algo relacionado con tu pasado; te molestaba… y supuse que si tocaba algún tema más delicado; posiblemente hasta renunciarías… y decidí no arriesgarme… a que lo hicieras.

-Te quiero… te amo

-Yo también -y le dió un beso

– Salgamos de aquí… sé que estás en horas de trabajo; pero necesito festejar esto… ahora mismo, contigo.

Ella dudó un momento, bien… solo espérame un momento, mientras le dejo indicaciones  a mi secretaria… y los dos salieron abrazados…

Cuando ya estaban adentro del auto, ella tomó su pierna, se recargo en él y le preguntó:

-¿Qué festejaremos?

-Por las heridas… que ya terminaron de sangrar y sanar…

Sabiendo que a su hija, la vería muy pronto… y teniendo a la mujer de la cual estaba enamorado.

Sabiendo que ella también había dejado atrás su pasado, para seguir de frente. Pues, al tratar de ayudarlo, se dio cuenta que solo alguien que está enamorado, podría hacer lo que ella hizo. Sabiendo que había pasado algunos sin sabores y aún arriesgando su propio pellejo en esa relación.

Ella volvió a sonreír… y le dijo:

-Tu siempre tienes la razón… es como si me conocieras desde hace años, siempre sabes… hacerme sentir bien.

-Pues festejemos… no se diga más… -y los dos rieron.

-Cuando llegaron al lugar, él le dijo:

-Recuerdas que dejamos una historia pendiente por contar…

-Sí…

-Pues esta es la historia:

Cuando yo tenía 21 años, mi Padre me encontró en la calle fumando… con unos amigos. Y bajando del auto en el que iba, fue a donde me encontraba, me tiró el cigarrillo de la boca y me jaló de la oreja hasta el auto; camino a casa.. no me dijo nada; pero, cuando llegamos… me empujó hasta llevarme a mi cuarto y me dijo que me inclinará… yo traté de protestar. Pero, por lo alterado que se encontraba me dio un bofetadón que me hizo girar y caer de bruces, desmayándome casi, sobre la mesa de estudio que tenía en mi cuarto.

Y ahí mismo me dio… como nunca lo había hecho, mi madre tuvo que  intervenir después de que escuchó que se prolongó de más aquella zurra, y al escuchar que mis gritos se convirtieron en alaridos.

Mi padre, que parecía poseído… solo se paró después de que mamá le agarró la mano donde traía el cinturón… entonces me dejó y salió. Como mi madre vio que ninguno de los dos, nos hablábamos durante dos semanas, resolvió enfrentarnos después de comer… Cuando nos quedamos solos, mi padre, me contó una historia; donde el protagonista, era su propio padre y el cual murió de cáncer pulmonar por fumar… cuando este contaba con tan solo 14 años… Después de que platicamos largamente, me dio un abrazo y un beso; entonces sacó la cigarrera de plata del bolsillo de su camisa, dándomela en la mano; después metió las manos en los bolsillos del pantalón y sacó algo de cada uno de ellos y me dijo:

-Decide, con que deseas llenar la cigarrera: con una vida plena, y depositó unos chicles en la mesa… o una vida truncada y dolorosa en tus últimos días de vida… y vació la cajetilla de cigarros que traía para después salir.

-Muy buena lección… la que te dio tu padre… hombre inteligente; igual que tú…

-Era un hombre excepcional, al igual que mi madre…

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