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Empatía forzada I

Autora: Jadhe

Cuando despertó en el hospital, tenía varios vendajes en el cuerpo, suero y una enfermera a su lado; cuyo labor en ese momento era tratar de bajarle la temperatura, porque aun inconsciente, su cuerpo se convulsionaba; pero esto no obedecía a nada físico, sino algo en su mente. Ya que su cabeza no dejaba de moverse de un lado a otro y exclamaba sin parar no, no, no, no…  mientras su corazón cambiaba de ritmo cardiaco y acababa empapado de sudor…

Le preguntó a la enfermera que en donde se encontraba y ella le contestó que en el Hospital del Seguro, enseguida pidió a la enfermera ver a sus padres, aun poniendo en orden sus ideas, … el silencio que hizo la enfermera, lo sacó de sus pensamientos y le volvió a preguntar por sus padres, esta vez viéndola a los ojos; para no encontrar respuesta alguna y ver desaparecer a la enfermera rápidamente.

Inquieto, trató de encontrar alguna explicación, pues dado su estado, probablemente había perdido el conocimiento durante semanas y por eso su padres no se encontraban ahí, posiblemente estaban en su casa en ese momento. Cuando vio aparecer al doctor en turno, preguntándole como se sentía, él contestó que bien y nuevamente volvió a preguntar por sus progenitores.

El doctor tratando de evadir la pregunta, le pidió que abriera la boca y le metió el termómetro, para acallarlo; mientras hacía tiempo, tomándole la presión y haciendo anotaciones. Él vio el nerviosismo del doctor… y entonces se sacó el termómetro que lo mantenía mudo, lo agarró del brazo y viéndolo a los ojos fijamente, porque el doctor lo estaba evadiendo con la mirada, el doctor ya no pudo seguir esquivándolo.

-Doctor, por favor contésteme ¿Dónde están mis padres?

-Lo siento muchacho, debes ser fuerte… (haciendo un larga pausa), desgraciadamente murieron en el accidente, hace 2 meses

.–¿Cómo?… se quedó perplejo por un instante.

-Una moto, se incrustó, donde tus padres estaban y desgraciad…

Reaccionando le dijo que eso no era cierto, gritando… entonces empezó a arrancarse las cosas que tenía conectadas a su cuerpo y que le impedían moverse, para luego bajar de la cama, pues aunque el doctor trataba de calmarlo… estaba como loco, y su fuerza parecía descomunal ya que no podía detenerlo. El doctor llamó a varios enfermeros para inyectarle un calmante, ya que debido al shock y lo delicado que se encontraba, podía provocarse un paro cardíaco…

Dos años después, sentado en la cama mientras veía su reloj, se dio cuenta que ya era bastante tarde y apenas se estaba levantado, pero sin afectarle demasiado, tenía cosas más importantes en que pensar. La vida estaba pesándole demasiado en ese momento, pero se repetía a sí mismo; que pasado el tiempo, todo volvería a la normalidad… aunque no sabía cuándo.

Su vida era un caos, había dejado de dar clases de música y canto, tanto en la escuela Preparatoria, como en la Universidad; perdió su pasión, la música, su amor a dar clases; perdió la casa de la que eran dueños sus padres, en apuestas; perdió  el humor, la alegría, la lucha por la vida diaria y con esto la novia; ni siquiera cuando terminaron, el reaccionó; asumió la cosas, sin rastros de dolor o así lo hizo parecer; es decir había perdido el rumbo.

La culpa lo consumía, cuando se acostaba en las noches para dormir; veía una y otra vez, la escena en el accidente en que murieron sus padres y a la cual irónicamente sobrevivió (ya que el hubiera cambiado su vida sin pensarlo 2 veces, por la de sus seres queridos).

Y entones gritaba frenéticamente, golpeando lo que se encontrará a su paso, para luego aferrarse, apretando su almohada hasta quedar en cuclillas, como pidiendo perdón, evocando la imagen de sus padres y allí en su cuarto, empezaba a llorar en silencio, mordiéndose las manos y balanceando su cuerpo hacia delante y hacia atrás, sin dejar de abrazar su almohada. Así permanecía durante mucho, mucho tiempo… hasta que el sueño lo vencía y lo invadía.

Esa era su vida, sin que algo o alguien pudiera quitarle el dolor que llevaba y que lo quemaba por dentro… lo único que lo mantenía fuera de su cuarto, era un poco de alivio cuando cantaba en el restaurante donde estaba contratado. Contaba con una voz única, lo mismo cantaba un rock, que una balada o música ranchera, su voz era grave pero la hacía como se le antojaba.

Trabaja solo para sobrevivir, ya que ni siquiera lo llenaba cantar, aunque ya había dejado de beber; siempre cantaba lo que le pedían sus clientes; pero siempre terminaba con la misma canción, ya para irse a su casa, todos los días, en una especie de auto terapia, la canción preferida de sus viejos, como él les decía.

Jamás había entendido porque a ellos les gustaba tanto esa melodía, pero ahora en el provocaba que los vellos de su piel, se erizaran, tan solo de escuchar la introducción de esta, al escuchar la guitarra, se estremecía: “Un gato en la oscuridad” de Roberto Carlos.

“Cuando era un chiquillo, qué alegría

jugando a la guerra, noche y día

saltando una verja, verte a tí

y así, en tus ojos; algo nuevo, descubrir.

Las rosas decían, que eras mía

y un gato, me hacía compañía

desde que me dejaste, yo no sé, ¿porqué?

la ventana, es más grande sin tu amor.

El gato que está, en nuestro cielo

no va a volver a casa, si no estás

no sabes mi amor, que noche bella

presiento que tu estas en esa estrella.

El gato que está, triste y azul

nunca se olvida, que fuiste mía

más sé que sabrá, de mi sufrir

porque mis ojos, una lágrima hay.

Querida, querida, vida mía

reflejo de luna, que reía…

Cuando terminaba, sus mejillas terminaban mojadas, por las lágrimas vertidas en ellas. Para el resto de la gente, que no sabía de su dolor; pensaba que era parte del show, ya que al final se despedía con un sonrisa y sin quebrársele la voz, les refería algunas palabras de agradecimiento. Todos aplaudían y pedían que regresara a cantar, pero los clientes ya sabían que después de esa melodía, se retiraba

Hasta que una noche, uno de los clientes importantes que tenía el restaurante, se puso de impertinente que obviamente estaba ebrio y le decía que no cantará aquella canción, que no le gustaba; sin hacer caso, a lo que le decía, se dispuso a cantarla y aquel ebrio, fue hasta donde el estaba, arrebatándole el micrófono y poniéndose a hablar que no quería que cantara aquella canción.

Amablemente, le quitó el micrófono, y lo invitó a sentarse, acompañándolo a su lugar; su compañero (Alejandro) que ya lo conocía, aquello le olía a problemas y se acercó para disuadirlo que no cantará la canción, total tenía más noches para seguir cantándola. El no le dijo nada y empezó a cantarla, dándole la espalda a su compañero y al ebrio.

Pero como buen ebrio, este se paro y lo jaló del hombro fuertemente, para decirle que no cantara esa canción tan horrible y sin más le soltó tremendo golpe con el puño cerrado y se armó un zafarrancho. Terminando algunos en el hospital y otros en la cárcel.

Al día siguiente, el dueño le dijo que no quería verlo por allí (aun a su pesar, ya que de verdad, mucha gente venía al restaurante nada más para verlo y oírlo cantar); pues el ebrio en cuestión era gente con mucho poder y había amenazado al dueño, que si no lo corría, le cerraría el restaurante y lo acusaría de algo grave.

Cantaba en otros bares, pero le dijeron lo mismo; busco en otros lugares pero nadie le quería dar trabajo, pues el tipo en cuestión había amenazado a medio mundo, igual que al restaurantero. Se sentía perdido, así que se tomó el fin de semana, para ver que iba a hacer, tal vez emigrar a otro estado, lejos de aquel pesado…

Cuando Alejandro fue a buscarlo a la mitad de la semana siguiente hasta su casa y le dijo que le había conseguido trabajo, se le iluminaron los ojos. Pero este le dijo que no se emocionará tanto, que todavía no le decía en que consistía el trabajo, que no era de cantante. Él se quedó viéndolo con cara de interrogación:

-No es un trabajo difícil, el que vas a desarrollar, pero quiero que lo pienses con calma y que me digas si lo vas a aceptar o no; ya que di mi palabra que la persona que trajera, no se iba a echar para atrás, una vez aceptado el trabajo.

-Así que no me puedes quedar mal Carlos… empeñe mi palabra y tú sabes lo que eso significa para mí.

Él en tono de broma, le dijo:

-Pues a ¿Quién hay que matar?… no me asustes…

-No es lo que tú te imaginas Carlos, mira voy a explicarte en que consiste…

Él le dijo lo que tenía que hacer, aunque omitió varios detalles importantes y relevantes. Le dijo que iba a trabajar cuidando a una joven, que iba a ser una especie de guarura (guardaespaldas) y maestro al mismo tiempo, pero que no debía preocuparse; ya que había otros 3 guaruras al resguardo de esta con la suficiente experiencia y que ya tenían tiempo con la familia, eso lo asustó, lejos de tranquilizarlo, ya que lo puso de sobre aviso, que la joven en cuestión, era hija de alguien que pesaba.

-Pero yo sé que te encantaba dar clases y que sabes manejar a los jóvenes, así que por eso te recomendé.

Así el fin de semana, se la pasó pensando si aceptaba aquel trabajo o no; aquel ebrio, le había quitado momentáneamente, lo único que le gustaba y que sabía hacer bien.

Por otro lado, si quería irse a vivir a otro estado, tenía que tener dinero para el viaje y para los primeros días que estuviera ahí, consiguiendo trabajo, aunque de sobra sabía que no le costaría tanto conseguirlo, debía estar preparado para lo inesperado… y así mataba 2 pájaros de un solo tiro, pues así se evitaba pagar alquiler y los gastos de la comida, ya que iba a vivir allí; según la explicaciones de Alejandro. Así que después de pensarlo detenidamente, vio que en ese momento era su única y mejor opción.

Sus padres iban a salir de urgencia y no podrían llevarla, como casi siempre. Ella contaba con 20 años y estaba a la mitad de su carrera, ya que no sabían cuanto se iban a tardar y por lo peligroso del viaje, quería que su hija estuviera bien protegida. Junto con la servidumbre y su nana de toda la vida.

Su padre había tratado de conseguir a una guarura que supiera como tratar a los jóvenes, que hubiera dado clases, pero simplemente, no había encontrado al personaje en cuestión; por eso cuando le recomendaron a Carlos no lo pensó 2 veces, le bastaba que supiera lo elemental en cuanto a armas y defensa personal, Carlos contaba con esas características.

Finalmente el día que se fueron, la joven fue presentada antes; aunque ella de manera despectiva y altanera, ni siquiera se dignó a darle un saludo y como buena manipuladora que era, decidió tomar las riendas para que supiera quién iba a ser la patrona, durante la ausencia de sus padres. Su padre le dijo a la joven:

-Mira Samantha, él es Carlos Mendoza

-¿Este el nuevo guarura?-Así es cariño

-Mmmmmhhh!, barriéndolo de arriba a abajo-Ya le diste los pormenores de la casa, los horarios, el comedor, etc…

-Así es hija

-Bueno, chao papá, que tengan buen viaje; tengo que irme a la escuela…

Su padre siguió platicando con él y le habló del carácter difícil que tenía su hija y que simplemente no habían podido jamás, corregirla. Físicamente era una joven fuerte, pues practicaba natación, aunque era baja de estatura para su edad, siempre parecía tener 3 años menos; pero, con solo verla, sus gestos, ademanes, su manera de mirar, se podía adivinar su forma de ser.

Cuando los guaruras se enteraron de la contratación de Carlos, les cayó mal; pues no tenía pizca de guarura, tantos tratos especiales para con Carlos; que si tenía un contrato especial, que si tenía un cuarto dentro de la casa y ellos cerca del establo, como el resto de la servidumbre varonil; pues, no se les hacía justo que muchos de sus compañeros, no los hayan contratado por la culpa de este.

Al día siguiente, los otros 3 guaruras (Fernando, Alberto y Guillermo) se pararon muy temprano a las 6:00 am y cuando fueron a la casa por el dichoso Carlos, este aún no se levantaba, ya que el estaba acostumbrado a otros horarios. Fernando tomando las riendas de su jefatura, le dijo a este:

-No estoy dispuesto a que hagas lo que se te venga en gana, así que darás 3 vueltas más que nosotros, en el perímetro de las bardas que rodean la casa.Carlos se mantuvo callado, sin rezongar, para cuando este terminó de dar las vueltas, estos ya habían terminado de desayunar y Fernando ordenó que retiraran el plato de Carlos; así que como en el comedor había un frutero, empezó a comerse una manzana; Samantha lo sorprendió y le dijo.

-Eso que hace, no habla bien de Usted, ya me enteré de lo sucedido… de esta mañana

-Mmmmmhhh!

Entonces le habló a la cocinera:-

Sandra, sírvele al Señor el desayuno… en eso entraba al comedor el jefe de guaruras (Fernando), y alcanzó a escuchar lo que dijo Samantha.

Entonces Carlos decidió darle una cachetada con guante blanco a la joven:

-No gracias, Samantha;  yo sé que fue parte de mi castigo, y como tal lo voy asumir, aunque no esté de acuerdo con él… ya que para este trabajo se requiere energía y que en parte perdí al correr… y se le quedó viendo a los ojos a Fernando.

-Tienes razón Carlos, puedes ir a desayunar, después de que lo hagas te espero en nuestra oficina para detallar nuestras funciones.

En cierta ocasión, cuando regresaban de la escuela, ella le pidió a Fernando:

-Para en cualquier tienda, para comprar algunas chuchearías (término para comprar papas, refrescos, etc…)

-Lo siento señorita, no puedo… es por su seguridad

-¿Cómo que no puedes? No seas necio y haz lo que te digo

-Señorita… en verdad no puedo, créame… (diciéndoselo en forma de súplica)

Entonces Carlos, le sujeto la muñeca y le dijo:

-Ya le dijeron que no se puede, cuando lleguemos a casa… algunos de nosotros irá por lo que pida ¿Entendió?

-Está bien.. y dirigiéndole una mirada, le dijo… pero, ya suélteme…

Fernando que iba en el asiento delantero, en el área del copiloto, volteó a ver a Carlos y se le quedó mirando sorprendido…

Al llegar, ella bajó del auto y aventó la puerta tras de sí… haciendo que a uno de los guaruras, casi le aplastara un pie, al salir esta… al entrar a la casa los guaruras le dijo a Guillermo:

-A ver tú, tráeme unos fritos, un refresco y una paleta y puedes quedarte con el cambio…Cuando este regreso con las cosas, ni siquiera le dio las gracias… Carlos pensaba que iba a ser difícil su tarea; pues realmente la trataban, como si fuese la patrona… ya que ellos tres estaban acostumbrados de cuidar a los padres de Samantha y fue difícil separar, una cosa de otra cuando ellos se fueron.

Las cosas transcurrieron así durante tres meses y ninguno aguantaba ya la situación. Todos se quejaban de las rabietas que hacía la joven. Carlos escuchaba sus quejidos, pero no decía nada… ya que siempre lo hacían a un lado y le hacían cosas pesadas, como esconderle la ropa o cosas por el estilo y empezó a reír en sus adentros, porque sabía que los 3 guaruras, no tenían la menor idea de cómo tratarla.

Un día en una de esas rabietas, le sirvieron de comer algo que a ella no le gustaba y gritando, tiró el plato al suelo y le habló a una de las sirvientas:-

¡Hey, Silvia! Ven a recoger esto… y prepárenme otra cosa…

Carlos, se dijo así mismo, que era su oportunidad, ya que los tres se morían del coraje en la cocina; pero no se atrevían a contradecirla…

-Si no fuera por la paga, ya habría renunciado… dijo Fernando y los otros 2 asintieron…

-Yo sé, cómo arreglar esta situación… Carlos le dijo a Fernando… y detuvo en el camino a Silvia, para que no acudiera al llamado de Samantha.

-¿Así, cómo?

-Solo hay una condición…

-Habla… le dijo Fernando

-Solo déjalo en mis manos, oigan lo que oigan y pase lo que pase, no intervendrán… se quedarán aquí  ¿De acuerdo? Y ninguno de ustedes tendrá que renunciar.

Fernando, no muy convencido, se quedó pensando, luego le estrecho la mano y los otros asintieron con la cabeza, aunque dentro de si… pensaba que no iba a lograr su propósito. Pues los gritos de Samantha, cada vez eran más fuertes:

-Hey… tarada, te dije que vinieras a recoger esto…

Carlos salio de la cocina y llego hasta donde estaba Samantha…-

No te dije que vinieras túuuuuu… ¿Dónde esta Silvia?

-La que va a recoger todo esto… eres túuuu…

– Ja… no me digas, ¿Por qué no dejas de meterte… en lo que no te importa?

-Claro que me importa… ¿Crees que esas son maneras…

-Silviaaaaaaaaa…

-Ella no vendrá, tiene órdenes de no venir… puesto que tú recogerás, lo que tiraste…

-¿Queeeeeee?

-Lo que oíste… este lo decía calmadamente, tratando de no desesperarse, ya que no soportaba las insolencias de aquella mocosa.

-¿Lo recogerás o no? además le debes una disculpa a la sirvienta…

-¡No me digas!

-Bueno… tú te lo búscate…Agarro una silla del comedor, le tomó por la muñeca a Samantha, se sentó y la tumbó sobre sus piernas:

-¿Qué haces tarado? Suéltame…

Plaf! Plaf! Aaaayy!

-Tú no eres nad….Plaf! Plaf! Aaaayy!

-Idiota…

Plaf! Plaf! Plaf! Aaaayy!

-¡Le exijo.. que me suelte!

Plaf! Plaf! Plaf! Aaaayy! Plaf! Aaaaayy!

-No creo, que usted, esté en posición de exigirme

Plaf! Plaf! Plaf! Aaaayy! Plaf! Plaf! Aaaaaayy!Le arremetió con más fuerza…

-¿Decía señorita?

Las lágrimas de Samantha, empezaron a brotar

-¡Suéltemeee, imbéciiiiiiiiil!

Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!,

-¡Vaya… es usted increíble, aún no se ha dado cuenta… que si continúa en esa forma, estará sobre mis piernas, por un largooooooó ratoooooooo…. Y prosiguió a subirle la falda que traía…

-¿Qué haces?

Plaf! Aaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaayy! ,

Así el castigo se prolongó más de 10 minutos y los guaruras se asomaban por la ventanilla de la cocina, viendo lo que Carlos hacía, lo que ninguno de los tres se atrevió a hacer y ninguna de ellos daba crédito, pero respetando lo que había dicho Carlos… ninguno intervino.

-Yaaaa paraaaaaa, por favoooooor…

-¿Vas a recoger esto?

-Siiiiiiiiiiiiiiiii… lo haré…

-Bien… cuando termines de limpiar… te espero en la cocina.

Ella empezó a recoger todo y se cortó con el plato roto que estaba en el suelo… ya que en su vida, había tenido que levantar un dedo en casa; Carlos escuchó cuando el plato volvió a caer al suelo:

-Aaaaaayyyyyyy! !!!

-¿Qué te paso? Saliendo de la cocina, para acercarse a ella.

-Me corteeee…

Entonces le pidió de favor a Sandra, que le trajera el botiquín, haciendo presión sobre el dedo, para evitar que siguiera sangrando y fueron al baño para la lavarle la herida. Cuando Sandra trajo lo que le pidió:

-No me vas a poner alcohol, ¿O sí? En la escuela, nos han dicho que no es… Aaaayyyy!!!!

-¿Qué no es necesario que?

-Ya para que te digo… si ya me pusiste alcohol…

-Como quieras… ahora solo falta un par de vendoletes… ya está… ahora solo te falta algo

-¿Me falta algo?-Si… ciertas disculpas

-¡Ah, eso! Pues no lo voy a hacer…

-¿Escuche bien?

-Sí… escuchaste bien, no lo voy a hacer…

-Como quieras

Él la cogió del brazo y la llevó de nuevo a la silla, sobre sus piernas y le levantó la falda nuevamente:

-Puedes golpearme nuevamente, pero no lo haré…

-Eso es lo que tú crees… a ver a quien se cansa primero…Como vio que no iba a ser tarea fácil, sacó su cinturón; pero, Samantha se cubrió con la mano.

-Quita la mano, si no quieres que te golpee encima de ella…Pero ella, no la quitó… retándolo aun más…

-¿Cómo tú prefieras? Te prometo, que lo harás después del primero

Le dió, sin demasiada fuerza, solo para que quitase la mano…

Splash, Aaayyyy! E inmediatamente quito la mano…

Splash, Aaaayyyy! Splash, Aaaayyyy! Splash, Aaaayyyy! Ella pataleaba, para que la soltara.

-¿Vas a pedir disculpas?

-Nooo…

-Bien… esto va a ser más difícil de lo que pensé… pero, no imposible…

Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy!

-Noooooooo… entonces resbalando un poco, ella le dio una mordida en la pierna

Él le sujeto la cabeza, la jaló y de nuevo la puso en la posición en la que estaba y le soltó otros cinturonazos.

Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy!

-Mocosa del demonio…

Splaash, Aaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaayyyy!

-¿Vas a pedir disculpas, ahoraaaa?

-No lo voy a haceeeeer…

Splaash, Aaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaayyyy!-

Yo no estaría, tan seguro…

Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy!

A pesar de que su piel no era blanca, sino trigueña; la marcas que el cinturón hacia sobre su piel, eran visibles…

Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy!

-Yaaaaaa, yaaaaaaaa… está bien; pediré disculpaaaaaaas…

-Puedes levantarte. Ella se paró e inmediatamente llevó sus manos, sobre la parte adolorida… y se encaminó a la cocina. El se metió el cinturón en su lugar, mientras ella observaba esta acción.

Sandra, le dijo a Carlos:

-No es necesario, Señor…

-Claro que es necesario, esta jovencita; necesita que la eduquen… ¿Verdad Samantha?

Ella volteó a verlo y asintió con la cabeza, ya que el llanto no le permitía hablar; los otros guaruras, miraban lo dócil que se había puesto…

-Lo siento…

-¿Lo siento qué…?

-Ya le dije que lo siento, ¿Qué más quieres?

-Tú quieres otra tunda ¿Verdad? Y la tomó de la muñeca

Ella abrió los ojos, sorprendida y rápidamente contestó:

-Lo siento… lo siento, Sandra; no volverá a pasar…

-¿Me… puedo retiraaaaaaar? Sin dejar de sobarse

-Está bien…

Ella se metió a su cuarto… y entonces Fernando, le dijo:

-¿No crees, que fuiste demasiado duro?

-¿Lo crees? Solo le dí… lo que ella pidió; los primeros azotes, no se le hicieron suficiente… para pedir disculpas…

-Pues en eso… tienes razón…

-Y ¿no crees que sus padres, te corran? cuando se enteren…

-No, su padre me dijo que si yo era capaz de cambiar sus actitudes, que me lo agradecería enormemente.

Él sabía que hacía, cuando contrato a un Profesor… por eso lo hizo.

Samantha comprendió, que las cosas no serían iguales a partir de ese momento; a partir de que Carlos se encontrara en ese lugar…

(Continuará)

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