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El bosque

 

Autora: Flaka X

Por fin estaban ahí, después de semanas planeándolo, por fin se encontraban el las cabañas en el bosque en compañía de sus mejores amigos. Lizy y Andrés eran una pareja muy bonita, ya comprometidos a pesar de ser tan jóvenes, él apenas 25 y ella 23, pero su amor era realmente grande.

Ese fin de semana estaban con sus amigos en la cabaña, una cabaña hermosa y enorme, ese día en la noche todos se estaban divirtiendo mucho, había música, y todos estaban tomando, pero Lizy estaba un poco más feliz que todos y comenzó a beber de más y eso a Andrés le pareció muy mal, en silencio y disimulando le pidió que no tomara más ya que estaban ahí sus amigos y que debía comportarse como una mujer y no como una borracha, pero ella no hizo caso y siguió tomando, Andrés estaba furioso en primera por verla ahí como una mujer de la calle totalmente ahogada en alcohol y ver como los demás la observaban con cierta pena y en segunda por que ella lo había desobedecido.

Cuando ya no soportó más a llevó casi cargando a su cuarto, ya ahí comenzaron a discutir y él le dijo que su comportamiento traería consecuencias y que merecía un castigo por su comportamiento, ella supo en ese momento a que se refería él y comenzó a suplicar que no lo hiciera, que estaban sus amigos y que sería muy humillante. Él, aunque pensaba que eso era lo que merecía no quiso humillarla y castigarla frente a 14 personas, así que decidió ir a dar un paseo por el bosque para calmar su enojo.

Ella se sintió tranquila de saber que su castigo esperaría y pensó que tal vez si se portaba bien el resto del viaje él se olvidaría del asunto. Ella, todavía un poco mareada por el alcohol decidió tomar un baño antes de acostarse y así esperar a que volviera Andrés y tratar de que se olvidara del enojo al encontrarla  sexy en su cama, cuando él llegó traía una sonrisa en su cara, ella desconocía la razón pero le dio gusto, él al verla ahí semidesnuda, sólo le dijo descansa: buenas noches. Lizy pensó que esa actitud era una forma de castigarla así que no dijo nada y se durmió.

Al otro día muy temprano Andrés ya estaba despierto, así que despertó a Lizy y le dijo que se arreglara pronto. Todos aun estaban dormidos.

– Te quiero enseñar un lugar muy hermoso que vi anoche en mi paseo, pero quiero que vayamos solo tú y yo, así que apúrate antes de que los demás despierten.

Ella estaba emocionada pensó que todo había pasado y que él la había perdonado. Así que se apuró y se fueron a aquel lugar del que él hablaba. Después de un rato de caminar.

– ¿falta mucho? ya estoy un poco cansada y hace frío, además la neblina no me deja ver muy bien.

– Disfruta el paseo y deja de quejarte, verás que vale la pena y ya no falta mucho.

De pronto él se detuvo – ¡aquí es!

Ella observó todo y no le parecía nada espectacular, de hecho se veía igual que todo lo que habían recorrido y no entendía qué le encontraba de maravilloso; solo había árboles, neblina y un tronco viejo tirado.  Pero no quiso molestarlo.

– Sí, es muy bonito.

–  ¿Sabes qué es lo mejor de este lugar?

– No ¿Qué?

– Que aquí nadie escuchará cómo te castigo.

A ella inmediatamente le cambió la cara.

– Pero Andrés pensé que ya te habías olvidado de eso. Por favor, perdóname, no era mi intención ponerme así. No lo volveré a hacer, haré lo quieras pero no me castigues.

– Te pedí que no tomaras más y no me obedeciste y además da gracias a que no te castigue ahí enfrente de todos, que es lo que debí hacer. Así que tú decides: te castigo aquí o prefieres a nuestros amigos de audiencia.

Ella no quiso arriesgarse,  ya que sabia que él era capaz de cumplir esa promesa.

– De verdad estoy arrepentida. Por favor dame otra oportunidad.

– No, eso debiste haber pensado antes- dijo Andrés mientras se sentaba en el tronco. – Así que ven acá y sabes lo que tienes que hacer.

Ella se acerco a él, mientras él la tomo del brazo y le jaló para acomodarla sobre sus piernas.

Comenzó a castigarla un golpe tras otro sobre sus jeans, ella no hacia más que pedir que se detuviera y él sólo dejaba caer su mano con más fuerza. De pronto él se detuvo y comenzó a acariciarla suavemente y le ordenó que se pusiera de pie. Ella pensó que todo había terminado.

– Te prometo que no lo vuelvo a hacer.

– Eso lo sé. Ahora quítate el pantalón, y vuelve sobre mis piernas.

– No, por favor. Ya entendí que no debo tomar,  ya no me pegues, además hace mucho frío.

– No te pregunte si hacia frío o no, y hazlo ya.

Ella obedeció y se quitó el pantalón ante la mirada de él, y volteando a ver si no había gente cerca, ya que sentía un gran miedo de que alguien la viera a su edad en las piernas de su novio recibiendo unas nalgadas. Cuando ya se había quitado el pantalón volvió de nuevo a las piernas de Andrés.

El castigo continuó. Ahora sentía más dolor ya sin la protección que le brindaban sus jeans, y Andrés podía ver como el trasero de Lizy comenzaba a tomar un color rojo. Después él la ayudó a incorporarse y él se puso de pie.

– Inclínate sobre el tronco.

Ella con el afán de no hacerlo enojar lo hizo sin decir una sola palabra. Él tomo una de las tantas varas que había en el piso y le dio dos azotes con ella. Lizy gritaba del dolor cada vez que sentía el impacto de la firme vara sobre ella. Después sintió cómo Andrés la acariciaba suavemente y cómo lentamente comenzó a bajar su panty.

– No, por favor. Puede venir alguien y me puede ver.

– No pensaste en eso ayer cuando todos te vieron completamente borracha.

Apenas iba a decir algo Lizy cuando sintió de nuevo la vara en sus nalgas. Ella intento pararse pero él le dio un varazo más fuerte.

– No te muevas o te irá peor.

Siguieron 20  azotes más. Andrés acaricia las nalgas de Lizy para comprobar que el castigo era suficiente.

Lizy sólo sintió un cálido beso en sus nalgas sobre las marcas que la vara había dejado.

– Puedes ponerte el pantalón-

Ella lo hizo sin voltearlo a ver a los ojos. Cuando lo tenía puesto, él se acercó y le secó las lágrimas y la abrazó.

– Tú sabes que te amo y lo hago por tu bien. No quiero que mi futura esposa actúe como mujer de la calle, estoy cuidando tu reputación.

– Gracias, yo también te amo, sé que lo haces por mi bien,  perdón.

Él sonrió y la volvió a besar

– Regresemos a la cabaña y disfrutemos lo que queda del viaje.

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