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Un empleado negligente

Autor: Fanes

El joven ejecutivo estaba plantado delante de la puerta del despacho de la directora de su departamento, había recibido orden de presentarse allí urgentemente. Esperaba nervioso después de haber golpeado dos veces la puerta y se preguntaba el por qué de la urgencia, llevaba poco tiempo en la empresa y sabía que estaba a prueba, por lo que le preocupaba haber hecho alguna tarea incorrectamente.

–          Adelante – sonó una voz femenina, después de un largo y estudiado intervalo de tiempo.

–          Permiso – dijo al entrar – Me ha mandado llamar? Señora

–          Si, señor Jiménez, pase y siéntese.

La mujer ojeaba unos informes y apenas levantó la vista para saludarle. Los miraba atenta y con gesto serio. El hombre se sentó frente a ella, intrigado por el motivo de su presencia allí.

Mientras esperaba observó a la directora con disimulo. Era una mujer de mediana edad, más bien madura. Tenía una larga y bien arreglada melena rubia y su rostro denotaba firmeza, un cutis bien cuidado y radiante ligeramente bronceado, posiblemente de las sesiones de rayos UVA que ofrecía la empresa en su gimnasio particular, donde los altos ejecutivos iban a cuidar su aspecto. Y a juzgar por el de ella, era de las que lo utilizaba frecuentemente.

Llevaba un traje chaqueta a rayas finas y una camisa blanca impecable, rematando su atuendo con un broche pequeño sobre la solapa. De vez en cuando levantaba sus ojos para observarle, lo que hacía que se sintiera incómodo, sin saber qué decir.

Al cabo de unos minutos que se le hicieron eternos, la mujer alzó la vista de los documentos y dejándolos sobre el escritorio le miró fijamente.

–          Sabe usted por qué le he mandado llamar, señor Jiménez?

–          Er..no, señora – casi balbució – su mirada lo inquiría penetrante.

–          Ha confundido los papeles de la sucursal de Ginebra y ha enviado un informe erróneo a la central. Están muy disgustados, pues necesitaban esos informes sin falta para hoy. Por su culpa posiblemente no puedan cerrar una operación muy importante que debía realizarse mañana sin falta. Qué tiene que decir al respecto?

–          Oh señora..no sé. Estuve toda la noche terminando el informe, no sé qué puede haber sucedido. Tal vez la secretaria lo ha traspapelado y..

–          Perdón, Señor Jiménez – Cortó en seco su explicación – si hay algo que no soporto es que un ejecutivo eche la culpa de su ineptitud a una secretaria. Ella no es la responsable de mandar ese informe correctamente, sino usted. Y a de supervisar el trabajo de sus empleados, entiende?

–          Si, señora. Perdón, señora, tiene razón…yo…

–          Así que ahora mismo va a ir a su despacho y enviar los documentos correctos, y …ay de usted ¡! si se han extraviado o están incompletos, porque eso le costará muy caro. Así que no pierda el tiempo y vaya a cumplir con su trabajo.

–          Sí señora, ahora mismo lo haré

Salió a toda prisa y se dirigió a su despacho. Llamó a la secretaria y la obligó a revisar todos los papeles enviados, sin dejar de dar voces fuera de sí. No podía perder este trabajo, y menos por la incompetencia de sus ayudantes. Obligó a toda su sección a dar prioridad al informe y ni siquiera les permitió ir a comer hasta que lo terminaron. A media tarde el informe había partido por mensajero urgente y llegó a la Central antes de la hora de cierre.

Pero no respiró aliviado, pues sabía que, a pesar de haberlo enviado en tiempo, la dirección no permitía esos despistes en un ejecutivo de su categoría. Así que cuando recibió la llamada de conformidad del envío, se derrumbó sobre su sillón y quedó esperando, por si le llamaban de nuevo.

Estaba absorto en sus pensamientos cuando Lucy, su secretaria entró al despacho y le dijo:

–          Ha llamado la directora, quiere verle, señor Jiménez.

–          Er..si, si, ahora voy..

–          Ha dicho que vaya inmediatamente, señor..

–          Ya la he oído – dijo de malos modos – retírese

–          Bien señor Jiménez, desea algo más? Es la hora de cerrar ya.

–          No, gracias, perdone mis modales, estoy un poco nervioso, puede retirarse.

–          Gracias señor, hasta mañana.

Hizo acopio de valor y se dirigió al despacho de la directora. Temía lo peor, después de todo lo que había sufrido para conseguir ese puesto, ahora estaba a punto de perderlo y eso le agobiaba.

Toc.toc…llamó con sus nudillos a la puerta de la directora. No había nadie en ña oficina ya, todo el mundo se había ido y eso le puso todavía mas nervioso.

–          Adelante.

Abrió la puerta y entró con tiento, casi con miedo. La directora estaba sentada en su silla, jugueteaba con una especie de fusta y le observaba. Fue a tomar asiento, pero la mujer le dirigió una mirada severa y optó por quedarse en pie, delante su escritorio y con las manos cruzadas atrás.

– La Central me ha llamado. Han recibido los informes, pero con 5 horas de retraso, entiende lo que eso significa?

– Si…señora – dijo mientras agachaba la cabeza, se sentía mareado, inquieto – lo lamento mucho. No volverá a suceder.

–          Claro que no. Sabe? Me han recomendado que le despida hoy mismo. Están muy disgustados. Tiene algo que objetar al respecto?

–          No, señora, sé que he sido negligente y acepto mi responsabilidad. Si lo desea presentaré mi carta de dimisión para evitar un despido que a nadie beneficiará.

–          No tan deprisa, joven, He dicho que me han recomendado despedirle, no que vaya a hacerlo..al menos por ahora. No me gusta que me digan como he de dirigir mi oficina.

–          – Oh gracias señora , yo…

–          Silencio, no me interrumpa – sentenció mientras se levantaba de la mesa y se ponía a su lado y comenzaba a pasear alrededor suyo mientras hablaba- He dicho…por ahora. No tolero gente incompetente en mi oficina.

–          Si señora, entiendo.

–          Es usted un buen ejecutivo, pero es poco responsable con las personas a su cargo. Si hubiera usted estado pendiente de las comunicaciones esto no habría sucedido. Debe esforzarse más y hacer que sus empleados cumplan con su obligación.

–          Pero señora..usted me dijo que la culpa era mía y no debía echarla a nadie

–          Así es, y por eso va a conservar el empleo, porque ha reconocido su culpa… a pesar de que evidentemente esta anomalía se ha debido a su secretaria, usted es quien debe responsabilizarse del buen funcionamiento de su departamento.

–          Si, señora

–          No obstante, esta falta no puede quedar sin sanción. Una negligencia lleva aparejado un castigo. Y ya que usted no sabe reprender a sus empleados, tendré que ser yo la que se encargue de administrar el castigo correspondiente.

La mujer giró sobre sus talones y se dirigió a su mesa y se sentó con calma en su silla tapizada mientras proseguía con su monólogo

–          Un buen ejecutivo debe saber imponerse, pero sin dar voces y amenazando a su personal, y dejándolos sin comer para terminar lo que su negligencia ha provocado.

Se quedó con la boca abierta. Ella sabía lo que había sucedido en su departamento.

–          Por qué me mira así, señor Jiménez, cree que he llegado aquí sin saber lo que sucede a mi alrededor? Le queda mucho por aprender y yo me encargaré de enseñárselo. Tiene muchas cualidades, pero el orden y la disciplina no son dos de ellas, y aquí son necesarias para poder continuar en el cargo, entiende?

–          Si señora.

–          Antes de aprender a mandar, debe aprender a obedecer y aceptar sus errores- y mientras le decía esto le dirigió una mirada seria, pero que asomaba una mueca burlona – Así que empezaremos por pulir esos defectos que le impiden ser un ejecutivo respetable. Está de acuerdo, señor…como es su nombre de pila…roberto?

–          Alberto, señora. Si, lo que usted mande. Haré lo que usted me pida

–          Ah si..Alberto, que despiste el mío. Acérquese, por favor, póngase aquí, a mi lado.

El hombre obedeció, desde su altura divisaba su generoso escote y se fijó , casi sin querer, en el inicio de sus pechos redondos y firmes. Retiró la mirada bruscamente cuando ella alzó los ojos y se encontraron con los suyos. Ella hizo como que no se dio cuenta y le espetó

– Soy una mujer justa, me gusta que mis empleados gocen de cierta libertad, pero no soporto las negligencias en el trabajo,  Y éstas viene dadas normalmente por falta de atención, y entonces tengo que recordarles sus obligaciones de la mejor manera que escarmienten y sean más diligentes. Usted necesita una lección que le haga recapacitar y eso es justamente lo que voy a darle. Una lección que le sirva para que aproveche su talento

– Si , señora, gracias señora. Qué desea que haga?

– Quítese la chaqueta y bájese los pantalones, Alberto, es hora de que aprenda

El joven ejecutivo abrió unos ojos como platos. Qué tipo de lección iba a darle? Poniendo cara de incrédulo acertó a preguntar , casi susurrar

–          Perdone, señora, como ha dicho?

–          No me ha oído? Quiere que se lo repita? Quítese la chaqueta, déjela en la percha y vuelva aquí inmediatamente

–          Si, señora – no se atrevió a contradecirla. Su presencia era enérgica y no invitaba a llevarla la contraria.

Mientras se quitaba la chaqueta y la acomodaba en la percha, su cabeza era un mar de confusión. Qué pretendía su directora? No pensaría castigarlo como lo hacía su maestra en el colegio. No, no, eso era impensable. Así que obedeció y volvió a su lado.

–          Mire, Alberto, yo estoy en este puesto porque he sabido imponerme a hombres y mujeres con mucha valía. Ejerzo mi autoridad como estimo oportuno , depende de la falta y de la persona que la comete – mientras decía esto le miraba, esperando que cumpliera su orden. Como él se quedó quieto, en pie, sin decir nada y con cara de crío asustado, acercó sus manos a la cintura del hombre y empezó a desabrocharle la correa – y usted necesita una mano femenina, firme, que le haga madurar de una vez.

–          Si, pero… esto.. no sé qué tiene que ver con mi ropa, señora.

–          Todavía no ha adivinado el castigo que le corresponde por ser negligente Alberto? Vamos, creí que lo entendería en el acto.

Sus manos soltaron la hebilla del cinto y comenzó a desabrocharle los pantalones y bajó su bragueta.

–          Yo..yo…no pensará castigarme como a un crío, señora, no es apropiado dado mi edad y…

–          Ssshhhh….. señor Alberto, eso es exactamente lo que pienso hacer. Tiene falta de madurez. Y eso es porque nunca le han sabido imponer respeto. Nunca le han dado unos azotes en el culo..Alberto?

–          Nooo….esto..bueno..si, pero mi maestra, cuando iba al colegio, hace muchos años.

–          A que cuando se los daba usted luego hacía sus tareas sin rechistar?

–          ..a veces..era un poco rebelde.

La mujer bajó sus pantalones hasta las rodillas y se quedó contemplándole un instante satisfecha. No se había equivocado, su empleado merecía, es más, necesitaba, una buena lección sobre sus rodillas.

– Vaya vaya..así que rebelde..eh? pobre maestra, lo que tuvo que pasar con usted..

– Pobre? Ella? Si me dejaba sin sentarme dos días..jooo…

– Pues parece que no le dio lo bastante, porque sigue siendo rebelde. Pero no se preocupe, que eso lo voy a arreglar ahora mismo –hizo además de bajarle los calzoncillos, pero él se apartó y puso las manos cubriéndose

–          Noo, eso no, por favor, señora, eso nooo,, compréndalo, me da vergüenza

–          Ah si? Y no le dio vergüenza no cumplir con su obligación, verdad?

La mujer alargó la mano y le tomó la suya, tirando de él hasta que lo tuvo más cerca. Y entonces, lo jaló la oreja y lo  tendió sobre sus rodillas mientras él protestaba e imploraba que le cambiara el castigo, que haría lo que mandara, pero que no lo castigara de ese modo.

Ella se limitó a tenderlo sobre sus rodillas, levantó su camisa hasta la mitad de su espalda y rodeó su cintura con su mano derecha mientras la izquierda se encaminaba a tirar de su calzoncillo para abajo. El soltó su mano como pudo y la sujetó para evitar que dejara su culo desnudo. Luego se arrepintió de este acto, pues la mujer se enfadó y comenzó a descargar rápidos azotes con su mano sobre su desprevenido trasero. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks…..

–          Prefiere que le despida? conteste, porque si es así, ahora mismo le suelto y puede irse, no quiero perder el tiempo en un joven que se cree adulto y no es más que un crío perezoso.

–          Noo, no me despida, por favor. pero…

–          No hay “peros”, baje la mano. Ahora!!

–          El avergonzado alberto bajó su mano y no contestó

–          Eso está mejor, señorito , y ahora quieto si no quiere que sea más dura

Todavía lo acomodó mejor sobre sus piernas, agachó su cabeza y le bajó el calzoncillo hasta las rodillas, dejando su trasero completamente expuesto a su mirada. Un murmullo de aprobación salió de sus labios. Su joven ejecutivo tenía un trasero realmente lindo, como a ella le gustaba. Blanquito, suave, casi sin el vello ese que tanto afeaba los culos masculinos delatando avanzada edad. Lo palpó con unas palmaditas, estaba duro, las nalgas prietas por el ejercicio……y porque él lo apretaba en un desesperado intento de endurecerlo contra su mano.

–          Relaje el culete, Alberto, no querrá que me haga daño mientras le castigo..verdad?

–          No noo, señora, es que estoy muy nervioso..ya, ya lo relajo

Dicho y hecho, los glúteos se soltaron dejando sus carrillos dispuestos para la azotaina. Momento que aprovechó la directora para reanudar su sesión de azotes.

…Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. esto es lo que usted necesita, Alberto …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. una buena lección sobre las rodillas de una mujer …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. que sepa darle lo que merece cuando es necesario…Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. esto le enseñará respeto y diligencia, …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. y espero que entienda que es por su bien …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. unos buenos azotes en el culo obligan a recapacitar y sirven de escarmiento para las malas acciones …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks….. …Smaks….. Smaks….. Smaks….. Smaks…..

El avergonzado ejecutivo iba preocupándose cada vez más de los azotes y dejando de lado el pudor, pues la directora no daba tregua a su dolorido trasero. Instantes después, observó con alivio que paró el correctivo y su jefa acariciaba su culo suavemente, pensó que había terminado su lección, pero pronto se dio cuenta de su error.

Giró su cabeza como pudo desde la posición indecorosa en la que se encontraba y vio como la mujer buscaba con su mano en un cajón y sacaba una especie de paleta de madera con la que restregó por sus nalgas, como acomodándola a la superficie.

Después, lo miró con una mirada entre maliciosa y maternal y le dijo:

–          Bien, Alberto, ahora que se ha calmado y aceptado su castigo, es hora de que pruebe la paleta. Relájese y no proteste si no quiere que me enfade

–          Pero señora, dijo con temor, eso debe doler..y ya tengo el culo ardiendo, no es suficiente?

–          Oh, mi pequeño ejecutivo, esto no ha sido más que el principio.

Y sin decir más, alzó  la paleta y comenzó a descargar más golpes sobre el hombre, que no pudo reprimir un gemido de dolor ..SlapS…….Auchhh.SlapS…… …SlapS… ……Así…tome….. …SlapS………. esto rebajará su soberbia y le hará ser más dócil …SlapS……. – – – Unos buenos paletazos en el trasero …SlapS…….le vendrán como anillo al dedo …SlapS……. …SlapS……. …SlapS……. …SlapS…….

La cadencia de los golpes era menos intensa, pero no su impacto, que arrancaban quejidos de la boca del ejecutivo y promesas de portarse bien y de haber aprendido la lección, rogando a la directora que parara de una vez. Como no obtenía el resultado deseado, intentó zafarse y apoyando sus manos en el suelo empujó hacia arriba para librarse del abrazo de la mujer.

Ella dejó la paleta sobre su espalda y le metió la mano entre las piernas, sujetando sus testículos, lo que hizo que frenara su escapada y tiró de ellos para tenderlo de nuevo en su regazo. Notaba la opresión en sus genitales y no quería hacer esfuerzos para no merecer una presión mayor

–          Ntch..ntch..eso ha estado muyyy mal, señorito Alberto y por ello le daré doce azotes más de los merecidos. Así aprenderá a no rebelarse – tomó la paleta de nuevo con la mano que sujetaba su cadera y sin soltar sus bemoles prosiguió la tunda – Esto por rebelarse …SlapS……. …SlapS……. jovencito desobediente …SlapS……. …SlapS……. levante el culo..vamos …SlapS……. no lo esconda o será peor…SlapS……. …SlapS…….

–          Auchhh..si señora..

El hombre obedeció, se agazapó en el regazo de su directora y se abrazó a sus piernas con una mano y la otra rodeando el trasero de la severa mujer. Ella no dijo nada, pero siguió el castigo con renovados bríos …SlapS……. …SlapS……. …SlapS…….

–          Ha de aprender a respetarme …SlapS……. y no intentar poner fin a su merecido castigo  a su antojo …SlapS……. …SlapS……. o sufrirá las consecuencias …SlapS……. …SlapS……. …SlapS…….

–          Si señora…Ayyy..Aauuu.. lo lamento..no volverá a suceder…Aauchhhh

–          Ve lo que sucede cuando desobedece? …SlapS……. …SlapS……. no crea que me tiembla el pulso cuando se trata de educar a un joven indisciplinado …SlapS……. …SlapS……. …SlapS……. …SlapS…….

El hombre no volvió a protestar, temiendo que prolongara su castigo y procuró sentirse confortable dentro de lo extraño de la situación, abrazándose al cuerpo de la directora

…SlapS……. …SlapS…….  mientras recibía el resto de sus azotes notó que la presión sobre sus genitales iba descendiendo, lo cual era de agradecer …SlapS……. …SlapS……. …SlapS……. había abierto sus piernas lo suficiente para que la mano no apretara y su tacto se hizo más ligero, hasta agradable …SlapS……. …SlapS……. Pensó que sería en premio por no intentar zafarse de nuevo y que si aceptaba la voluntad de la señora no sería tan severa …SlapS……. …SlapS……. …SlapS…….

Ella por su parte seguía azotando su trasero, pero con menor intensidad, mientras de vez en cuando le espetaba frases tales como… jovencito inmaduro… esto es para que aprenda…. se lo merece…ya era hora que alguien le pusiera en su sitio…

Después de unos instantes, paró de aplicarle paletazos y dejó el instrumento encima de la mesa, metió la mano de nuevo en el cajón. Ël ya no pudo resistirlo, cuando la vio meter la mano en el escritorio, posiblemente para tomar otra pieza para seguir castigándolo, aprovechó que ella estaba relajada y saltó de su regazo. Intentó subirse los pantalones a toda prisa y se dirigió a la puerta.

Ella se levantó como un resorte, lo tomó de la oreja y lo llevó a la mesa.

–          Donde se cree que va? Es que no ha aprendido nada?

–          Es que..ayy… no quiero que siga  …y usted iba a tomar otro instrumento…

–          Venga aquí, eso no es su problema. Su problema es que no ha aprendido y me ha obligado a ser más severa.

De la oreja lo llevó al escritorio y le hizo ponerse de rodillas sobre su silla. Subió su camisa y bajó los pantalones y los calzoncillos de nuevo, que estaban todavía a mitad de recorrido entre sus formados muslos y sus nalgas .

Y tomando una paleta de cuero, le obsequió con una nueva tanda de azotes con saña…..SlapS……. …SlapS……. …SlapS…….

–          Es que no aprende …SlapS……. …SlapS……. no escarmienta …SlapS……. …SlapS……. tome …SlapS……. y  a ver si se entera de una vez. …SlapS……. NO …SlapS……. SE …SlapS…….  LEVANTA …SlapS…….SIN …SlapS…….MI …SlapS…….PERMISO…SlapS……. …SlapS……. …SlapS………SlapS……. ENTENDIDO? …SlapS…….

–          Si siiii, perdoooon, no volveré a hacerlo  Aauchhh.. perdoooon

–          Bien, ahora…- lo tomó del brazo y lo llevó al rincón del despacho – se va a quedar ahí, recapacitando, cara a la pared, y con los calzoncillos bajados, si no quiere que empecemos de nuevo, Está claro?

–          Si señora, gracias señora, no me moveré

La mujer se quedó observándole mientras el permanecía en pie, con las manos en la nuca y mirando a la pared. Estaba satisfecha, había conseguido domar al presuntuoso ejecutivo y contemplaba su obra.

Después se sentó y ojeó unos informes, dirigiendo de vez en cuando una mirada a su subordinado para comprobar que estaba quieto donde le había ordenado.

Después de un largo espacio de tiempo y cuando estimó que ya había recapacitado le ordenó dejar esa posición y volver a su lado.

El hombre fue con dificultad, con los pantalones bajados su caminar era gracioso y se esforzaba por mantener la dignidad dentro de lo posible.

Una vez a su lado la directora le ordenó darse la vuelta, quería ver como estaba de colorado su trasero. Dudó, pero se dio la vuelta antes de que se lo tuviera que decir de nuevo. Notó como lo observaba y luego lo acariciaba, triunfante, mirando el efecto de su mano sobre él. Hubiera jurado que había notado un suave beso en sus posaderas, pero no se atrevió a volverse para no enojar a su directora.

–    Le duele?

–    Si, señora

–          Muy bien, así lo recordará durante mucho tiempo

–          Bien, señor Alberto, ha aprendido la lección?

–    Si señora

–          Va a ser más obediente y dócil?

–    Si señora

–          No discutirá en adelante ninguna orden mía y hará lo que le mande sin poner objeciones?

–    No señora

–          Bien, ahora lo veremos, dese la vuelta – obedeció, tapándose sus atributos con las manos. Ella lo miró divertida de verle avergonzado, luego le miró a la cara, que estaba casi tan colorada como su parte posterior ruborizado.

–    Y ahora…. tiéndase en mi regazo de nuevo

El hombre se espantó, no podía creer que todavía no estuviera satisfecha, pero no replicó, se tumbó mansamente en sus rodillas y se acomodó esperando un nuevo recital de su jefa.

Observó de reojo como la mujer buscaba en el temido cajón, pero no dijo nada. No sabía que nuevo instrumento de sumisión iba a sacar, pero no protestaría, había aprendido que la directora era quien decidía como y cuando debía obedecer.

Para su sorpresa, vio que lo que sacaba era un tubo de crema, no una herramienta maquiavélica y suspiró aliviado.

La mujer esparció gran parte de su contenido en su escocido culo y comenzó a esparcirlo con su mano. El frescor inundó su piel y agradeció el tacto de la mano, que ya no era agresivo, sino dulce, primoroso, restregando sus nalgas y aplicando con dedicación el ungüento que le calmaba .

– Si no hubiera sido tan desobediente se habría ahorrado la escena de la mesa. No iba a aplicarle ningún instrumento nuevo, querido, sino a calmar su dolor con esta pomada. Soy severa, pero no cruel, y no deseo prolongar su dolor más allá de lo estrictamente necesario para que adquiera buenos hábitos. Que le sirva de lección en adelante.

– Si, señora, lo recordaré

La mano se movía por sus doloridos carrillos con calma, empapando cada centímetro de piel. La juntura de sus nalgas también recibió el agradable ungüento, y sus genitales, notando la caricia de los movimientos circulares como una bendición después del mal trago.

Así pasó un tiempo que a él le pareció sentirse en una nube, sobre el regazo de su directora y recibiendo sus atenciones, se encontraba plácido y feliz. Por alguna extraña sensación, entendía que este castigo lo había merecido y que le ayudaría con su comportamiento en adelante.

–          Levántese, Alberto – el tono de la directora ahora era amable, casi cariñoso – esto ya está listo.

Obedeció y se incorporó frente a ella, quedando en pie con sus partes a la vista de la mujer, pero no le importaba, ella podía mirarlo y no se sentía violento ya ante su mirada. La mujer observó su miembro, que estaba ligeramente excitado y sonrió por primera vez desde que comenzó el día.

Se agachó y le subió el calzoncillo mientras el observaba inmóvil. Después hizo lo mismo con su pantalón, que abrochó sin prisas. Después se incorporó y le tocó el turno al cinto. Arregló su camisa, poniéndola bien colocada en el pantalón. Se apartó un poco y le observó, como queriendo ver si faltaba algún detalle.

Después, sacó unas toallitas de papel perfumado y le restregó la cara, algo que a él no le gustaba , pero no protestó, la dejó hacer. Le colocó un poco el pelo y depositó un beso en su mejilla. Esto pilló desprevenido al joven, que agradeció el tacto de sus labios en su rostro y, sin saber por qué, la devolvió el beso y la dijo

–          Gracias señora

Ella se limitó a sonreírle y le dijo

–          Bien, jovencito, ahora váyase a casa, que ya es tarde. Espero que esto le haya servido de lección. Y recuerde – añadió con una mirada pícara – si vuelve a ser negligente en el trabajo tendré que volver a llamarlo a mi despacho y  darle otra reprimenda. Y si vuelve a gritar a su secretaria en público, haré que ella contemple como le aplico su castigo, entendido?

–          Si señora, no se preocupe, no volveré a hacerlo

Después le puso la chaqueta, le dio la vuelta y con un azotito le mandó fuera del despacho.

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