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La sorpresa

Menuda semana he tenido en el trabajo. Esta gente se cree que valemos por cinco, pero después nos pagan por un uno. Menos mal que es viernes y me espera un feliz fin de semana.

Enfilaba ya la autopista metido en el atasco cotidiano y mis preocupaciones laborales iban desapareciendo a medida que me alejaba de mi centro de trabajo. Como si fuera un trasvase mental, a la vez que mi mente se vaciaba de problemas, se iba llenando de proyectos agradables con mi familia: mi mujer y mi hija se encargarían de relajar mi atormentada mente llena de balances, clientes y jefes, por un agradable fin de semana y románticos paseos por el campo.

Mi mujer también estaba ocupada con su trabajo, además de las tareas de la casa, al menos en lo que se llama la intendencia, o sea la organización, ya que el resto, o sea la faena de la compra, el lleva y trae, el sube y baja, era yo el que me ocupaba.

“¡No te preocupes, cariño, que ya lo haré!”, decía ella, pero a mí se me iban las manos y terminaba haciéndolo yo, con tal de quitarle la mayor parte de las cargas.

Pero pese a todo, sentía yo desde hacía un tiempo, algún que otro detalle que indicaba que nuestra copa de la felicidad no estaba del todo llena.

“Bueno, todo eso se puede hablar y llegar a un acuerdo” la decía yo cordialmente. “¿O acaso tengo que ser yo el que tenga la última palabra? ¿No somos iguales?…Pues tenemos que decidir entre los dos.”

“Somos iguales, pero a mí me gustaría que de vez en cuando fueras más impositivo” se quejaba ella.

“Oye, el que yo crea en la igualdad no significa que sea “blandito”. La fuerza está en la razón, y no en la razón de la fuerza” replicaba yo totalmente convencido.

“Hummm!” Mi mujer movía la cabeza como contrariada, como si ahora precisara de una mano más dura.

¡Madre mía! ¿Acaso sería que no se sentía ya segura conmigo?, ¿o es que no la había demostrado ya mis fuertes convicciones y mi firmeza? Las cosas nos iban de maravilla y, sin embargo, yo notaba que la pasión de los primeros años parecía disiparse en la rutina de las obligaciones. ¿Por qué tienen que imponerse las cosas si tan claro está que deben hacerse ?… Cumplimos con nuestros trabajos, con la casa, con el colegio….EL COLEGIO, Ahora que caigo, Susana tiene que traer las notas de este trimestre. Susana es mi hija, una preciosa quinceañera, mujer del siglo XXI, abierta, sociable y solidaria, como la inmensa mayoría de los jóvenes de ahora. Pero, la verdad, es un poco vaga en sus estudios. Eso de estudiar la debe de llevar mucho tiempo, tal vez demasiado. Yo la entiendo, también me quemé yo las pestañas a su edad estudiando la carrera o para el examen de ingreso en mi empresa….y cada día es más duro, más competencia, más requisitos para entrar y más fácil que te echen. Yo lo entiendo…pero, ¡qué caray! lo que haya que hacerse, se debe de hacer, si lo acabo de decir: cumplir con las obligaciones…y ELLA NO CUMPLE.

Ya en los primeros exámenes nos trajo una nota del tutor para que fuéramos a hablar con él. Le dije a Teresa, mi mujer, que cambiara la cita, que tenía una reunión imprevista de trabajo. Imagino que le habrá llamado, aunque no me ha dicho nada.

Bueno, bueno, tranquilo, debes confiar en que lo haya hecho, de otra forma sería un desastre el resultado de Susana.

¡Puf! Menudo tortazo se han metido esos. Con esta caravana de coches, el mínimo frenazo significa un golpe en cadena. Menos mal que ya llego a casa.

Una vez aparcado el coche, no hay sonido más lindo que el de la cerradura de la puerta de tu casa. Un sólo clic, y estás en tu palacio, con reina y princesa dentro. Nada más grande y satisfactorio, mis únicas razones para ser feliz: mi mujer y mi hija, cada una con sus defectos, pero totalmente INSUSTITUIBLES.

“¿Teresa? Ya he llegadooo….” Así, a voz en pecho, que me oigan bien.

Oye, me ha llamado mi amiga Pilar, que me invita a su fiesta de cumpleaños. ¿Verdad que me dejarás ir? “me dijo mi hija.

“Espera, Susana. Antes tienes que decir a tu padre lo que tú ya sabes ” dijo mi mujer.

” ¡k.o., mamá, entonces no me dejará ir a la fiesta!”.

“Empecé a mosquearme ” Vengo del trabajo reventado y me encuentro a mi mujer y a mi hija enzarzadas en un lío de no sé qué. A ver, ¿quiero saber qué es lo que pasa? “Dije malhumorado.

“Pues lo que pasa es que tu querida hija piensa que las cosas se pueden conseguir sin esfuerzo, y que la vamos a decir que sí a todo lo que nos pida, aunque no cumpla con sus obligaciones ” dijo mi mujer de una sentada.

“¡La culpa la tiene mamá por no haber hablado con mi tutor!”

¡LAS NOTAS! ¡Las malditas notas!… ¡El TUTOR! ¡Seguro que no ha llamado al tutor! ¿Será posible? Y todo por dejar libertad: ¡Ajá! ¡Libertad-Responsabilidad-Compromiso! Qué bonito. ¡Me la han jugado otra vez!

“Chillé, tirando el abrigo al sillón ” Lo primero tú, Susana. ¿Qué ha pasado con tus notas? ”

…Bueno, papá, es que el profesor me tiene manía, y como mamá no ha hablado con él….”

“¡¡¡ ¿O sea, que tampoco tú le has llamado como te dije que hicieras?!!! ” ¡Era el colmo!

Balbuceó mi mujer.

“Vale, estupendo. Yo como un incauto confío en que vais a cumplir con vuestras obligaciones y ni tan siquiera eso. Tú, Susana, muchas promesas de estudiar, de portarte bien ¡y la evaluación hecha un desastre! Déjame ir a la fiesta, déjame ir a la fiesta…y luego tú no cumples con lo tuyo. Muy bien. Y para remate mi querida mujercita se olvida de llamar al tutor para cambiar la cita. O sea, que cada una hace lo que le da la gana”

Cada vez estaba más indignado, más encendido, y encima, de sus caras parecían salir estrellitas divertidas. ¡Claro! menudo espectáculo las estaba ofreciendo. ¡ESO! ¡YA ESTA! ¡ESPECTACULO….ESPECTA – CULO! ¡La fórmula mágica! ¡Eso era lo que estaban esperando, eso era lo que me estaban pidiendo desde hacía tiempo…y yo sin darme cuenta!

Que las cosas van a cambiar desde ahora mismo. Se acabó la libertad sin responsabilidad, la diversión sin merecerla, la continua impunidad. Se acabó el AQUÍ NO PASA NADA. ¡Si vosotras no sabéis cumplir los tratos, yo sí que los sé cumplir y os lo voy a demostrar aquí y ahora! ”

Entonces cogí una silla y la puse en el centro de la habitación. Me quité la chaqueta y me enrollé las mangas de la camisa. Con toda la serenidad que me fue posible, miré a las dos con firmeza y decisión. Crucé mis brazos por delante del pecho, y las dije: ” MIS DOS QUERIDISIMAS MUJERES SE ACABAN DE GANAR LA AZOTAINA DE SU VIDA”.

Me senté en la silla, miré a mi hija Susana y tapeando mis rodillas la dije:

“Tú vas a ser la primera para que después puedas disfrutar caliente la zurra que también voy a dar a tu madre. ¡Ven aquí y túmbate en mis rodillas! ”

Susana, atónita, se acercó dubitativa, como si aquello fuera una broma que la estaba gastando. Cuando la tuve a mi alcance, la agarré de su muñeca izquierda y la coloqué boca abajo en mis rodillas. Rectifiqué su posición de tal forma que su cabeza estuviera más baja que su trasero, elevando mi rodilla derecha y así hacerle mucho más prominente.

Afortunadamente llevaba un chándal de tela fina, muy ligero, por lo que sus formas quedaban totalmente definidas y marcadas.

“Susana, hasta este momento creí que te había dado todo lo que necesitabas, pero ahora me doy cuenta que te falta lo más importante. La firmeza, la convicción y el ejemplo práctico del cariño que todo padre debe demostrar a su hija, sobre todo si es tan caprichosa e irresponsable como tú”. Susana permanecía inmóvil en mis rodillas, esperando paralizada la próxima acción.

“Te voy a dar unos buenos azotes en el culo de tal forma que tus ideas sobre la frivolidad de la vida te queden totalmente claras ” y diciendo esto, levanté mi brazo derecho por encima de mi hombro, dejando caer mi mano con toda la fuerza que pude sobre su nalga derecha, produciéndose un sonoro PLAS, que nos cogió por sorpresa a los tres por su dureza. Susana dio un respingo, pero no se movió de su sitio. A continuación traté de igual forma su nalga izquierda, continuando con una sucesión de azotes rítmicos y cadenciosos, que pronto empezaron a hacer su efecto en su objetivo, cuando al menos llevaba una docena.

Así continué por unos minutos, pero dándome cuenta de la firmeza de su cuerpo y de lo enfadado que estaba con ella, decidí que el castigo debería ser más profundo, por lo que en un rápido movimiento sobre el elástico de sus pantalones, la dejé con el culo al aire ya que también sus bragas descendieron con él.

Sabía la humillación que eso la produciría y por un momento estuve tentado de parar y razonar con ella su mala conducta, pero hubiera sido mucho peor el que su padre no se atreviera a darle el merecido castigo.
Por eso, la sujeté con más fuerza cuando ella, entre gritos y pataleos por bajarse de mis rodillas, gritaba hecha una furia: ” ¡¿Pero qué haces?!

Sujetándola con fuerza con mi mano izquierda, inicié una serie de azotazos sobre su ya caliente y dolorido culo, con tanta fuerza, que a cada golpe mi mano quedaba impresa por unos instantes en su trasero desnudo.

” Creías que no me iba a atrever, eh?” PLAS, PLAS, PLAS ” Que no sería capaz de castigarte, eh?” PLAS, PLAS, PLAS ” Confundes ( Pas, Plas ) …libertad con permisividad ( Plas, Plas )… tolerancia( Plas ) con debilidad ( Plas, Plas, Plas, Plas)…pues para que aprendas qué significa educación en libertad ( Plas, Plas, Plas, Plas, Plas ) te enseñaré lo que se gana el no saber aprovechar la suerte de tener un padre como yo. TOMA, TOMA Y TOMA”.

La lluvia de azotes sobre su trasero caía de forma torrencial. Susana se retorcía de un lado a otro y en su intento de liberarse, su trasero subía y bajaba secuencialmente con cada azote. Su natural color blanco se había vuelto rojo brillante y su temperatura había subido considerablemente.

Su madre miraba ensimismada, contemplando cómo mi mano se dedicaba ahora a enrojecer sus muslos, en la zona de flexura donde empiezan las piernas, mientras oía extasiada sus gritos pidiendo clemencia.

” No me pegues más, papáááá….Te prometo que seré buenaaaa….Aaaiiiiggggghh! ”

Entonces su madre se acercó y dijo ” Ya está bien. No la pegues más, ya tiene bastante ! ”

” Hombre!. Ahora preocupada por ella! O mas bien estás preocupada por ti?. No te preocupes, mujer, si me quedan todavía muchos azotes y tú también tendrás tu merecido ”

Y levantando a Susana de mis rodillas, la llevé a un rincón de la habitación, mientras la seguía azotando el culo con la otra mano. La coloqué mirando hacia delante y la dije : ” Vas a ver ahora cómo castigo a tu madre. Si queríais un padre y un marido autoritario, lo tendréis, ya que habéis tenido la gran suerte que yo también sé ser autoritario. No te pierdas detalle, Susana! ”

Mientras volvía a la silla, agarré con fuerza el brazo de mi mujer. ” Ay! Me haces daño ! ” protestó ella ” Y más daño te voy a hacer, pero en otro sitio!. Cuando acabe contigo te darás perfecta cuenta de lo ” blandito ” que es el marido con el que te has casado ”

Me senté en la silla y la tumbé sobre mi rodilla izquierda. De forma inmediata la levanté la falda y la bajé las bragas de un tirón, quitándoselas del todo. Crucé mi pierna derecha sobre las suyas, de tal forma que quedase totalmente inmovilizada, y directamente comencé a darla azotes con toda la fuerza que podía a la vez que la decía : ” Te he dado todo lo que he podido. Te he respetado y aguantado todos tus caprichos, pero ha llegado el momento de que entiendas que por encima de todas las cosas está el cumplimiento del deber y mi deber AHORA es ponerte el culo como un tomate “.

A medida que su trasero se calentaba por los azotes, sus esfuerzos por liberarse eran mayores. También la palma de mi mano aquejaba el dolorimiento por la azotaina que había dado a mi hija.

” Toma, Toma y Toma” ” Ay, Ay, Ay… No más, ya no puedo más….déjame, por favor….”

” No te dejaré hasta que me asegure que has aprendido bien la lección ” y continué azotándola con fuerza alternando uno y otro carrillo de su desnudo culo, y de vez en cuando dejaba caer uno de los fuertes en el mismo centro de su caliente trasero.

Mi mujer, en su doloroso baile producido por los azotes que la estaba dando, se movía con violencia hacia arriba y hacia abajo, mostrando involuntariamente sus partes más íntimas, en un frenético movimiento que se me hacía cada vez más difícil de controlar, no sólo por mi profunda excitación sino por la violencia de la escena.

Había estallado hacía rato en un profundo y lastimero llanto que cortaba su respiración jadeante, mientras era capaz de decir : ” Sí…sigue…sigue…lo tengo merecido… lo siento….de verdad que …lo…siento…

Perdóname…”

Decidí parar a fin de darla un respiro. Yo también estaba muy cansado. Mi hija miraba con profunda excitación la escena, mientras se frotaba sus doloridas nalgas y lloriqueaba a cada golpe que oía , como si ella también estuviera recibiendo el mismo azote.

Por fin liberé a mi mujer de su forzada postura y la puse al lado de Susana. ” Ahora quiero que estéis ahí un rato de cara a la pared. Ah! y con las manos en la cabeza. Sin moveros! ”

Con disimulo, me fui apesadumbrado. Por un lado estaba excitado sexualmente, pero por otro, chocaba mi forma de pensar sobre que es mejor la convicción que la imposición.

Dios mío, pobre Susana, que sentirá ahora, después de esta humillación! Y mi querida mujer….yo que la he respetado y amado hasta límites insospechados…..Seguro que me abandonará…y tendrá razón. Por maltrato!

Me había metido en un lío! k.o.! Encima eso, yo que respeto la libertad y la individualidad…y van a abandonarme las dos por maltrato. Increíble! ¿ Cómo he podido dejarme llevar por mi enfado?

Pasados unos minutos de profunda meditación por lo sucedido, volví a la habitación donde estaba mi mujer y mi hija, no sin antes recoger de mi maletín los encargos que me habían hecho el día anterior.

Con cara de circunstancia, entré en el cuarto y las encontré a ambas charlando animadamente, a pesar que seguían desnudas de cintura para abajo.

Cuando me vieron se colocaron rápidamente de cara a la pared.

” Lo sentimos papá, de verdad que sentimos haberte enojado tanto ” dijeron las dos a la vez.

” Sabéis que yo os quiero………BUF!……Toma, Susana, lo que ayer me pediste que te comprara ” y la entregué su paquete. Acobardado, le di a mi mujer el suyo, susurrándola al oído : ” Siento haberte pegado así…yo te amo! ”

” Viva! Gracias, papá!. Es justo el que yo quería! ” y rápidamente fue a enseñárselo a su madre.

Se trataba de un precioso cepillo de pelo, de madera noble, de color natural, delicadamente pulido de forma manual. Su tacto hacía estremecer la sensación de la mano que lo tocara.

” Qué suerte tienes, Susana! Menudo padre te ha tocado! ” dijo mi mujer con profundo sentimiento. ” Pues mira lo que me ha traído a mí, lo que también le pedí ! ” Mi mujer me había pedido un frasco de crema hidratante, de las que se utilizan para poner suave la piel, a la vez que la nutre aportándola las sustancias necesarias para su regeneración y tersura.

Ambas corrieron a abrazarme y a besarme, y entre lloriqueos y te quieros, mi mujer dijo en voz alta :

” ¿ Qué tal Susana si dejamos que papá pruebe ese precioso cepillo en nosotras y después tú y yo probamos esta crema hidratante? ¿ Lo harías por nosotras, por favor, querido ? “.

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