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Al llegar a casa

Estoy ya en el tren que Me lleva desde el trabajo a casa; como últimamente, no vengo de demasiado buen humor. Me pasa lo mismo que siento de forma reiterada en los últimos tiempos, la gente Me decepciona, siempre dan menos de lo que espero; esto es así hasta el punto de que empiezo a considerar que coloco unas expectativas excesivamente altas en los demás o bien que no soy capaz de explicarme o de entenderles.

Traigo, por tanto, un humor sombrío que hace que no Me siena a gusto conmigo mismo ni con la vida que se desarrolla a Mi alrededor de un tiempo a esta parte.

A 5 minutos de Bilbao, llamo a Mi linda esclava que sé que Me estará esperando en casa; ella es de las pocas personas que son capaces, a veces y no demasiadas, de cambiar Mi humor actual.

Está en casa y Me dice que Me espera desde hace casi una hora que ha llegado del trabajo. La conversación es similar a la de siempre: alegre, distendida y con un toque de melancolía.

Mientras voy de la estación hasta Mi casa pienso en la cantidad de personas que, una vez más, han quedado en los bordes del camino: perritas que han estado a Mi/nuestro lado, amigos de los que nos alejamos, gente que ha pasado de forma fugaz, etc… sí, definitivamente el momento no es de los mejores vividos.

Siguiendo con estas reflexiones Mi humor se va volviendo aún más sombrío al acercarme a casa. Abro el portal, subo las escaleras y abro la puerta de casa cuando, con estrépito, algo cae en Mis pies.

Me agacho y lo recojo, veo que es una paleta de cuero doble. Es nueva y por su hechura es una de las artesanías de Mi niña linda; no puedo evitarlo y, a pesar de Mi talante actual, sonrío.

Es una paleta negra brillante, de forma oblonga, con doble tralla que están recorridas en todo su perímetro por una serie de tachuelas metálicas que la tienen que hacer de una gran dureza; sin embargo, lo que llama poderosamente Mi atención son las dos tiras que tiene en el extremo contrario al que lleva una cadena que, parece evidente, cumple la función de sistema de agarre.

La miro y la hago vibrar en el aire; suena fuerte, muy fuerte. La utilizo sobre la palma de Mi mano y, sí es fuerte. Además estoy seguro de que las correíllas esas…

Me percato de que Mi linda perrita no ha aparecido cerca de Mí, vuelvo Mi mirada hacia la puerta del salón y la veo cerrada; sonrío y pienso “así que tenemos sorpresa”. Con calma, sin apresurarme, dejo Mi zamarra colgada en el colgador de la entrada y Mi cartera en la cocina y, procurando no meter ruido, Me dirijo hacia la sala.

Abro la puerta de golpe, de un solo tirón seco y ahí la veo; arrodillada sobre un cojín, vestida con corsé, sandalias y tanga; adornada con su collar de cuero con brillantitos, su collar permanente en forma de pulsera, pendientes, su anillo de sumisión y perfectamente maquillada.

Su cabeza permanece baja mientras Me aproximo y sus manos se encuentran entrelazadas delante de su pecho, como si rezara.

En una mesita adyacente hay unas pinzas (un par de docenas, o alguna más, de variadas formas), unas velas y Mi muy apreciado Tx; además del Arnidol, el Positon y el Thrombocid, por si fueran necesarios. Me maravillo de que haya tenido tiempo de organizarlo todo tan bien en tan poco tiempo y estar tan guapa y dispuesta como está.

Me acerco y paso el dedo índice de Mi mano izquierda por sus labios; lo besa.

Poso Mi mano en su nuca y presiono ligeramente para que ella adopte una posición arrodillada pero con el culo en pompa; se coloca con los brazos flexionados y apoyados en el suelo, las palmas extendidas y tocándolo. Su culo está en pompa apenas cubierto con el tanga minúsculo.

Lo acaricio y separo la mano al tiempo que cae el primer azote.

* Auchh.- se la escapa, mitad por la sorpresa mitad por el dolor.
* ¿Duele, Mi linda niña?
* No, mi Señor; ha sido más la sorpresa del momento que el dolor
* Bien porque ahora va a caer una buena tanda.

Implacables van cayendo en uno y otro glúteo, de forma ascendente en su intensidad, dos docenas de azotes que lo van coloreando de un agradable color rojizo.

* Por favor, mi Señor, vale.- Me dice repentinamente con voz estrangulada.
* ¿Qué te sucede, niña Mía??? ¿Acaso es muy dura esta paleta que Me acabas de fabricar???
* No, mi Señor, no es la paleta en sí sino las correíllas que llegan desde el extremo cruzando los muslos.- Me responde.- seguro que tengo marcas en ellos.

Sin decirla palabra miro lo que Me dice y compruebo que es verdad; acaricio las preciosas marcas, tomo el Arnidol y se lo paso por ellas.

Bruscamente, y sin agregar una palabra, la tomo del pelo de la nuca y la hago levantar el torso; desnudo sus pechos dejándolos al aire bajando para ello las copas del corsé. Tomo dos pinzas pequeñas del pelo y las coloco una en cada pezón, cojo otras 4 y coloco dos a cada lado década uno de los pezones; les siguen otras cuatro colocadas de idéntica forma.

Su cara, se contrae por la brusquedad de Mis acciones que no la dan tiempo a prepararse, al tiempo que una sonrisa preciosa ilumina su cara.

Acaricio sus tetas, las amaso, las sopeso y las agarro con sentimiento de propiedad, y las pinzas hacen su efecto mordisqueándolas, marcándolas, haciendo que lleguen más profundamente al interior de su carne.

Sonrío para Mi interior.

Sin mediar palabra, la coloco en la posición anterior.

Empiezo a azotarla nuevamente con la paleta nueva pero procurando que las pequeñas trallas no lleguen a sus muslos sino que permanezcan dentro del espacio delimitado por sus glúteos.

La paleta pasa de una mano a la otra según Yo cambio de posición para azotarla en uno u otro de los glúteos. Además, mientras la azoto por uno de los lados, con la otra mano “acaricio” y amaso el pecho del lado en el que Me encuentro.

Sus pequeños quejidos, sus gemidos quedos son un placer en Mis oídos; Me hacen sentir como se da, como se entrega a Mi, como Mi placer es el suyo y Mi deseo su destino.

Tomo el pelo de su nuca y la levanto.

Miro sus ojos y Me apodero de su boca con brusquedad en un beso posesivo que demuestra que ella es Mía; se deja hacer.

Sin separar Mis labios de su boca dulce, jugosa y, especialmente, entregada, voy tomando las pinzas de los pechos y bruscamente las unas o con infinito cuidado las otras las diez pinzas se separan de la carne de sus tetas.

Acaricio los pezones mientras sigo con el beso posesivo que parece interminable.

Tanta muestra de entrega de sentido del dominio y la sumisión han hecho que Mi polla esté fuerte, grande a punto de estallar.

Me separo de su boca y la levanto del suelo con suavidad; las piernas la tiemblan mientras se coloca en posición sin decir una palabra; es lógico, ha estado un tiempo largo (casi una hora, al menos) de rodillas.

Subo las copas del corsé y acaricio su cara con Mi mano derecha.

Mi mano izquierda desciende y entra por debajo de su tanga; noto como la humedad que fluye de su interior moja Mis dedos y sonrío.

Gracias, Mi niña.- la digo mientras la beso suavemente en los labios.

De nada, mi Amo.- mientras Me contesta con una sonrisa perfectamente dibujada en su cara.

La miro a los ojos, sé que no voy a acabar así. Puedo optar por tomar alguno de los elementos que están en la mesa, puedo llevarla de la mano a la habitación y hacer lo que desee con ella pues está tanto física como psicológicamente entregada, dada a Mí.

Sin embargo, sin embargo… lo que sucedió a continuación decido reservármelo pues es Mi deseo que cada uno se imagine lo que pasó.

Gracias a todos por leerme. Espero que les haya gustado.

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