El Reino de Atolón

En el reino de Atolón todo está tranquilo. Las aves pasean por el cielo, rara vez azul, como en este día. El atardecer tiene una brisa especial y los árboles gigantes se mecen sutilmente a raíz del viento.

El Rey  Mucachi, observa de lejos jugar a los muchachos que han traído en los últimos días para recibir el bautismo. El rey arrastra su túnica de color claro y se sienta en la poltrona acolchada y mira a través del enorme ventanal sostenido por unas arcadas labradas en dorado.

Los soldados hacen sus últimos ejercicios, ya relajados, en este tiempo que es de paz y esa paz ha inundado el reino de Atolón y todos los habitantes de la ciudad realizan sus actividades sin temor alguno.

El griterío de los jóvenes se arrima al oído de Mucachi que sonríe y hace una seña al esclavo que tiene cerca para que le alcance una copa. El esclavo desaparece raudamente, y cuando regresa con la bandeja, el rey toma la copa y bebe despacio. La bebida le refresca la garganta y se siente todavía un poco mejor.

__Es bueno estar en paz__ habla el rey __Puedes hablarme gentil esclavo__ dice

__ Majestad siempre es bueno vivir en paz.

__El invierno está lejos y en está primavera el verde inunda los campos

__Hay flores y los cereales son abundantes

__Las cosechas serán las mejores en años

__Seguro majestad.

__La reina estará regresando en pocos días

__Si, majestad, el mensajero ha traído la noticia de que la caravana se acerca

__¡Esa mujer, tenía que ir sola a visitar a su madre!

__La Reina tiene su carácter majestad

__¡Por mil demonios, es muy cierto!… __ Dice riendo el Rey.

Las antorchas comenzaban a encenderse, lentamente se apaga la luz de los dioses y nacía una nueva luminidad, una nueva forma. Las voces de los muchachos también se aletargaban lentamente.

__Parece que los jóvenes comienzan a agotarse, majestad

__Nunca se agotan mi fiel servidor, es hora de que vengan, la luz se está escapando.

Sin mediar otra palabra el esclavo bajó las escalinatas y apuro el paso dirigiéndose hacia donde se encontraban los maestros con los muchachos..

El palacio del Rey estaba ubicado sobre una hermosa colina rodeada de frondosos árboles y flores y éste Rey Mucachi era descendiente de los fundadores de el reino de Atolón, cuando las guerras bañaron las praderas occidentales. Se accedía a palacio a través de un puente y una vez atravesado este puente, la reja permitía el ingreso a palacio o no.

Los muchachos venían de la colonia que rodeaba el palacio. Una vez cumplidos las dieciocho estaciones completas. Las casitas eran innumerables y todos los progenitores querían que sus hijos llegaran a palacio, porque de allí saldrían los líderes del mañana. Era un inmenso honor.

Así fue que se presentaron al Rey mas de una veintena de jóvenes. Se postraron ante su Majestad. A ellos esa imagen les parecía la de un gigante. Era un semidios, una deidad, por el Rey cualquier cosa.

El Rey miro a su esclavo y señaló a uno de los jóvenes. Era más bien alto, de cabello largo abundante y su piel era oscura. Los demás muchachos se retiraron y dejaron al rey en su poltrona y al joven frente a él, aún de rodillas.

__Ya puedes ponerte de pie__ ordenó el Rey

__Si su Majestad__ contestó el joven

__¿Eres de palacio o de la colonia?

__Soy de la colonia Majestad

__¿Tu padre?

__Sirve a su Majestad, es soldado

__¿Tu madre?

__Mi madre estará cocinando

__¿Tienes hermanos?

__Si su Majestad, uno más pequeño y dos mayores

__¡Oh! ¿Estarán en palacio?

__Pertenecen a la guardia de la Reina

__Bien, bien__ dijo el Rey Mucachi, bebiendo de la copa. Chasqueó los dedos y el esclavo llenó nuevamente la copa.

__Deja esa jarra aquí, gentil, ya puedes marcharte

El esclavo se inclinó levemente y desapareció en las sombras del palacio.

__Y no me has dicho como te llamas

__Ilusi, su Majestad

__Bien Ilusi, ¿Estás contento de estar aquí?

__¡Estoy feliz de servir a mi Rey!.

__Pues bien, acércate, entonces

El muchacho se acercó sin dudar.

__¿Qué han dicho los maestros?

__Los maestros han dicho que el Rey es nuestro Señor y que su vida depende de nosotros.

__Vaya eres buen estudiante

__Eso creo majestad.

__¿Tienes sed?

__Un poco mi Rey

__Ven aquí, ¡siéntate en mis rodillas! ¡te daré de beber!

El joven se sentó en las piernas del Rey. Este dio un leve suspiro y se acomodó en la amplia poltrona. Acercó a la copa a la boca del muchacho, este sorbió un pequeño trago.

__¿Te gusta la bebida?

__¡Oh! Si mi Señor!

La virilidad del Rey empezaba a cosquillearle, al sentir la cálida presencia de Ilusi en su falda.

__Sientes mi alegría ?__ preguntó el Rey

__Si Señor, siento que hago feliz a mi Rey

El Rey Mucachi se llevó la copa a su boca, tomo un trago, pero no lo tragó, acercó a su boca a la del joven y éste fue recibiendo suavemente el líquido en su boquita perfecta. El miembro del Rey dio un respingo.

__¡Oh! Ilusi, sigue haciendo feliz a tu Rey

Ilusi sentado como estaba se movió un poco, levantó la túnica del Rey y alcanzó velozmente con su mano el hierro rígido del Rey que suspiro __¡Si! Muchacho ¡Si! __ Lentamente movía la vara de arriba abajo, la sacudía y esperaba a que el hombre gimiera, para corroborar si hacía bien su tarea. El Rey apretaba los brazos de Ilusi y respiraba fuertemente. Ilusi fue deteniendo su caricia y dejo las piernas del Rey y al cabo quedó arrodillado en el piso, sin soltar la herramienta venosa y roja fue pasando su lengua por el reptil hasta abrir su boca lo más que pudio para apretar la vergota y oír los gritos del Rey que gozaba deseando que chupara más y más su sexo. En un momento el joven se detenía y rozaba con sus mejillas la pija dura de Mucachi, que lo empujaba nuevamente hacia la boca. El muchacho entonces comenzaba a chupar otra vez y un rato más tarde volvía a detenerse. Las manos no se detenían y también sobándo los huevos del Rey que estaba en éxtasis total.

El Rey en una de esas paradas se pone de pie y se quita del todo su túnica quedando desnudo. A lo que Ilusi sin dejar su caramelo los traga así como está de pie. Al Rey se le doblan las rodillas. El joven está prácticamente colgado de su verga y él se siente aún más poderoso.

Ahora la boca de Ilusi llega otra vez a los pesados huevos, los lame, los mordisquea suave, los chupa, los baña de saliva.

Su majestad agarra la cabeza del joven lo empuja contra su pija lo penetra por la boca y derrama su leche dentro de Ilusi que chupa todavía con más ansia tratando de no dejar nada, aún después sigue chupando la verga de su Rey.

Ahora la verga de Mucachi va desfalleciendo siempre dentro de la boca fatal del joven que no deja la herramienta hasta que lo ordena su Rey.

__¡Eres un estudiante excelente! ¡Ven vamos a mis aposentos!

El muchacho sigue a su Rey que camina bamboleando aún su semidormida vara.-

 

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