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Mi adorada bibliotecaria

Mi compañera, encargada de la biblioteca del Organismo en el que yo trabajaba, se traía un gran cachondeo con sus constantes puyas, risitas y bromitas. Yo, siempre hambriento de mujeres mayores, las aceptaba de buen grado y, con exquisita habilidad y prudencia, procuraba que se encaminasen hacia el terreno en el que deseaba situarlas.
Mi compañera (voy a presentársela a vds.), tenía unos cincuenta años, muslos muy gruesos, tetas abundantes y firmes, culo y caderas grandes, una cara preciosa, labios gruesos y ojos muy pícaros. Yo todavía no había logrado captar hasta que punto sus miradas buscaban algo serio conmigo. Yo, hora es de decirlo, tenía en aquel entonces 30 años. Los hechos que voy a relatarles ocurrieron en 1.970.
Cierto día, acudí a buscar y llevarme prestada una novela. Yo era cliente habitual. Faltaba media hora para que Lucía cerrase hasta el lunes la biblioteca. Me recibió con una amplia sonrisa.

¡Hola!, Lucia, ¿cómo estás?.

Pues ya puedes verlo tu mismo, con ganas de irme a casa y descansar el fin de semana.

Te voy a echar de menos.

Siempre me dices lo mismo…., canturreó con música zarzuelera. Pero,Juancho, cielo, si soy mucho mayor que tú.

A mí me gustan las mujeres mayores que yo.

Y yo me lo creo, sobre todo, teniendo en cuenta que nuestra joven telefonista está que bebe los vientos por ti. Y otras muchas, que tú eres muy resultón.

¿Te parezco algo guapo, Lucía?.

A ti te lo voy a decir. Vamos a ver: ¿qué te parezco yo a ti?.

La mujer más bonita y deseable de todo el organismo.

Vamos que estás deseando tener conmigo un romance, ¿no?. No me tomes el pelo, Juancho, que tienes a muchas chicas de las oficinas que se mueren de ganas de salir contigo. ¿Me equivoco?.

Mira, Lucía, cariño, no lo sé. Ni me importa.

Oye, Juancho, no está bien que lleves la broma hasta el extremo de llamarme cariño. Tu eres una persona de buen gusto y eso no…..está bien.

Pero si es la verdad, cariño: me gustas con locura. Eres la única que me gusta de todo el organismo y con la única que quiero salir o…….entrar, lo que tu me dejes.

¡Eres un fresco y un…..un bicho, Juancho!.

¿Por qué?.

Por decirme lo que me has dicho.

Es que tenía ganas de hacerlo. El que yo no te guste a ti o no quieras tener un romance conmigo, no quita para que yo sienta lo que siento por ti, Lucy.

Lo dices tan serio que………bueno, hasta pareces sincero. ¿Eres sincero, Juancho?.

Completamente sincero, Lucy. Es más, estoy soñando con poder decir…mi Lucy.

Eres muy bicho, muy malo, malísimo.

Y tu eres preciosa y me gustas como no me ha gustado ninguna mujer.

No te creo.

Te lo juro.

¡Calla, bicho, mas que bicho!.

En ese momento, tal  vez por los nervios que le producía la conversación, se le cayó de las manos su bolígrafo. Se inclinó para recogerlo. Yo aproveché la ocasión para poner mi mano sobre sus muslos. Encima de la falda, claro. Su reacción fue fulminante, incorporándose a toda velocidad y volviendo el rostro para mirarme.

Eres un……..

No la dejé continuar. Sus labios estaban tan cerca de los míos que la besé con suave firmeza. Esperaba su rechazo en forma de bofetada pero……¡la vida es tan sorprendente!…….Correspondió a mi beso sin intentar separarse. Mi lengua buscó su boca y rocé sus labios. Respondió sacando la suya. Nos lamimos con ansia. Se separó bruscamente.

¡Eres un loco, Juancho!…En la sala de lectura hay todavía un becario. ¡Sepárate!.

¿Te he molestado, cariño?.

No, cielo….Digo…sí……no……No sé lo que me digo, me has puesto muy nerviosa. Anda, apártate, que puede salir el becario.

Lo hice y muy a tiempo: el becario salió en ese momento de la sala de lectura.

Bueno días.

Tardes, dije yo, que ya es hora de irnos a comer.

Entregó dos libros y se encaminó hacia la puerta.

Adiós, hasta el lunes.

Que lo pases bien, adiós.

Apenas cerró la puerta, volví a besarla. Me respondió con mucha pasión. Fueron unos segundos asombrosos, de intensos contactos y lametones de lengua. Volvió a separarse.

¡Apártate, loco, que nos van a pillar.

Con una condición.

Mi mano se apoyó en uno de sus muslos, en zona algo próxima a la entrepierna. No me retiró la mano. Tuvo un leve estremecimiento.

Si alguien abre la puerta……

Descuida, cariño, me aparto de inmediato.

¿Cuál es la condición, cielo?.

Que nos vayamos a aquel rincón para poder darte un beso interminable.

¿Y si entra alguien?…..

Abriendo la puerta del armario no se nos  ve.

Eres muy bicho, muy bicho, estás consiguiendo todo lo que quieres. Y yo soy una tonta del bote que te lo deja hacer.

¿Me quieres un poquito?.

De eso te vales tú, bicho, más que bicho.

¿Vamos?…

Pero sólo un momento, que todavía no puedo cerrar la biblioteca,¿eh?.

Lo que tu digas, cariño.

Su boca buscó la mía. Fue un segundo, pero…….¡caray, cómo me gustaba! Fuimos hacia el fondo de la sala y abrí la puerta del armario. Nuestros cuerpos se unieron con ansia, buscando el contacto fuerte, directo, apasionado, de nuestro bajo vientre. Nos apretamos con ansia y yo tuve una erección. Al notarla, Lucia comenzó a hacer rotaciones con su coño. Ambos estábamos ansiosos de fundir nuestros cuerpos en uno solo. Los besos eran…….¡una delicia!, las lenguas se enlazaban y lamían las bocas con una pasión desbordada, que hacía que Lucía olvidase sus temores anteriores.
Súbitamente se separó de mí y con voz enronquecida por la pasión y el deseo desbordados, me dijo:

Juancho, mi amor, vámonos de este rincón. Si entra alguien…..

A esta hora ya no viene nadie a la biblioteca.

Anda, déjame ir a mi mesa, cariño.

Con una condición, mi amor.

¿De verdad me quieres, cariño mío?.

Con toda mi alma.

Me abrazó con fuerza, besándome ansiosa.

Yo también te quiero. Con locura, vida mía. Desde el primer día que te vi.
Eres muy malo, ¿qué condición es esa?.

Que me dejes ver tus muslos, que deben ser una maravilla, algo enamorador.

No, que puede entrar alguien.

Aquí no nos ven. Y además no te suelto.

¡Ojalá no me soltases nunca!.

Se buena, amor mío, que te quiero mucho, súbete la falda.

Su mirada acarició amorosa mi rostro durante unos segundos. Se subió despacio la falda, recreándose en mi mirada expectante. Sus muslos eran gruesos y perfectamente formados, preciosos.

¿Te gustan?.

Con locura, mi amor, con locura, estoy deseando mordértelos. Sube más la falda, cariño mío.

¡Qué malo eres mi amor!. ¿Y si entra alguien?.

Pues…sueltas la falda y te tapas. Fácil, ¿no?.

Eres muy bicho, muy bicho, el mayor bicho del mundo.

Pero te quiero. Y tu a mí, no lo niegues.

De eso te vales tú para conseguir de mí lo que quieras. Ya te he dicho que eres muy bicho.

De nuevo la besé. Se entregó al beso con verdadera pasión. ¡Qué bien me sabía su boca!.

Lucy, cariño, ¿no le vas a dar ese capricho a …….a tu novio.

¿Somos novios, amor mío?. ¿Te sientes mi novio, cielo?.

De todo corazón. Soy tu novio y me siento tu novio. ¿Y tú?.

Yo siento dentro de mí que soy tu novia. Bueno….no te digo lo que de verdad me siento.

Ya me lo dirás. Cuando estemos en tu casa, amorcito. Porque…..pasaremos juntos el fin de semana, ¿no?.

¡Qué ganas tenía de oírte decir eso, mi amor!. Juntos, muy juntos. Te quiero, Juancho, cariño mío.

¿Me vas a dar ese capricho que te he pedido.

Yo te doy lo que quieras, amor mío. ¿Qué quieres que te dé, qué quieres que te enseñe?.

Tu tesoro, mi amor, tu chochito, que debe ser el más bonito del mundo.

Mira que eres malo, bicho mío. Aquí, no, cielo, pueden vernos. Figurate lo que dirían: el sábado sorprendí en la biblioteca a Lucía enseñándole a Juancho el……..¿cómo lo llamas tú, mi amor?.

A lo mejor te enfadas y me llamas grosero. La palabra tiene una “ñ”.

¡Lo sabía, lo sabía!. Por algo te llamo bicho, mi vida.

No, cielo. Y…a lo mío, que desde hoy es tuyo, ¿cómo lo llamas tu?.

Me da ….algo de corte. Cuando tengamos más confianza….

Yo te digo que a tu tesoro lo llamo coño. El tuyo debe ser precioso. Y quiero que sea sólo para mí.

Claro, amor mío, sólo tuyo, completamente tuyo. Eres su dueño.
Pues déjame verlo. No me has dicho como llamas…..

Polla, a tu cosa la llamo polla.

¿Quieres verla?.

Si, mi vida, pero nos pueden ver.

Es sólo un momento. Por favor, cariño.

Está bien.

Metió las manos debajo de su falda, tiró de las bragas y se subió completamente la falda.

Mira,  espero que te guste muchísimo.

Ante mí apareció la cosa más bonita del mundo. Tenía mucho vello, muchísimo. Era un coño precioso. Me quedé mudo, sin saber cómo expresar mi admiración.

¿Te parece muy peludo, Juancho?.

Hizo ademán de subirse las bragas. Mi voz detuvo su movimiento.

No, vida mía, déjame seguir admirando tu preciosidad.

¿Te gusta?, ¿soy muy velluda?.

Adoro todo lo tuyo. Me ha enamorado tu coño. Le voy a dar un beso, ¿sabes?.

En casa, vida mía, mi amor. Cuando estemos solos, sin temor a que nos vean.
Juancho, enséñame tu polla.

Antes te doy un beso, sólo un beso.

Bueno.

Apoyó la espalda en al armario y separó las piernas. Yo me arrodillé, abracé su culo, lo que me produjo una aceleración tremenda y posé mis labios en su coño. No tenía olor alguno. Era limpísima mi novia. La besé largamente y  metí mi lengua entre los labios de su coño, buscando el clítoris. Lo lamí con pasión, con un cariño inmenso. Tuvo varios estremecimientos y me hizo levantar. Me dió un largo beso en los labios, metiendo su lengua en mi boca. Estuvimos así unos segundos. Yo me bajé la cremallera y saqué mi polla, que después de los lametones a su coño se había puesto como un palo. Me miró con amor, me la acarició con sabiduría y cariño e inclinándose, me chupó la polla con enorme pasión. Yo, consciente de que podíamos ser la comidilla de toda la oficina, la levanté y, mientras nos besábamos con pasión, rocé mi polla contra su coño. Su mano acudió a ayudarme y, abriendo algo más las piernas, me colocó la polla entre los labios de su coño. Su respiración era agitada. La mía también. Me agaché algo y, con gran habilidad, mi novia colocó mi polla en la entrada de su deliciosa vagina. Empujé y, como estaba empapada, entré hasta el fondo del coño que tan enamorado me tenía. Se estremeció epilepticamente y, al cabo de unos segundos, exhaló un breve suspiro, se abrazó fuertemente contra mí y se sacó la polla. Se subió las bragas, dejó caer la falda, me guardó la polla y volvió a su escritorio.

Yo también me acerqué a su mesa y la miré con cariño. Por encima del pantalón, me acarició y besó la polla.

Me he corrido,¿sabes, amor mío?.

¿Te he dado gusto, cariño?.

Ha sido tremendo, mi vida, tremendo. Como hacía tantos años que no….Desde que me quedé viuda…pues…..Ya ves, entras dentro de mí unos segundos y…me corro como una loca. ¿Te gusta saberlo, mi amor?.

Mucho, vida mía, mucho, me hace feliz saberlo.

Ya es la hora. Voy a cerrar. Anda recoge tu despacho y vámonos a mi casa, a casa, a nuestra casa. ¿Quieres que sea nuestra casa?, ¿te gustaría que fuese nuestra casa, ca-
riño?.  Ya sabes que de estas cosas se da cuenta todo el mundo enseguida, ¿te importaría?.

Yo estoy encantado de que así sea, porque estoy harto de estar en pensión. Y no me importa que lo sepan todos
los compañeros.
Por cierto, tienes que decirme que es lo que te sientes de mí.

A lo mejor no te gusta.

Viniendo de ti, amor mío, me gustará mucho.

Verás…..me da no se qué, te puede molestar……Puedes pensar que deseo que lo seamos de verdad y tenemos una gran diferencia de años…..En fin, que no es momento.

Si que lo es, quiero que me lo digas.

Está bien. Te siento mi……..marido.

Me inundó una enorme sensación de cariño  compartido, de amor sincero, de sentimientos más allá del sexo. Me gustó oírselo decir.

Yo te siento mi mujer, mi esposa.

Se levantó rápidamente y cerró la puerta de acceso a la biblioteca. Me tomó de la mano y me condujo a la sala de lectura, apagó las luces y, quitándose las bragas, se tumbó en la alfombra y subió la falda hasta la cintura, mostrándome la preciosidad de coño que tenía la mujer con la que iba a compartir mi vida por…….no sé cuántos años. Me bajé pantalón y calzoncillo y me situé encima de mi querida novia. Invirtió las posiciones y, colocada sobre mí, se metió de golpe en el coño toda mi polla. Comenzó un sube y baja maravilloso. Yo procuré no concentrarme en el calor abrasador que me daba su coño. Deseaba con toda mi alma aguantar sin correrme hasta que ella lo hiciera dos ves o más.
Mi Lucy comenzó a jadear y a suspirar. Me inundó con sus jugos, lo que me volvió loco de pasión. Sentí que me corría y se lo dije. Su respuesta fue  correrse conmigo. Y siempre sería así, en perfecta  coordinación, increíblemente emparejados en el amor (estábamos muy enamorados) y en lo sexual. Siempre que la avisaba que me iba a correr, élla, mi adorada Lucy, se corría conmigo. Nuestra relación todavía dura y somos muy felices. No tenemos hijos, no estamos casados y Lucy se ha jubilado. Se encarga de la casa. Y lo tiene todo admirablemente organizado. Nos administramos muy bien y estamos desahogadísimos con los dos sueldos. Tenemos un apartamento en   una playa andaluza, que heredé de un hermano soltero, y también un coche estupendo, grande, un rutero. Con el nos vamos todos los fines de semana a la casa de la playa. Pero lo más importante es que nos queremos con locura y nos gustamos con mayor locura y vehemencia.

JUANCHO

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Un comentario en “Mi adorada bibliotecaria

  1. es que esos culos despiertan toda la caletnura que ay dentro de micuerpo yo nose loque aria con hombre maduro peludu desnudos en mi cama toda una noche le daria lengua asta donde nunca le llega elsol como ago para en contrar uno como estos

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