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Viejo amor

Un viejo amor. En cuanto se piense un par de veces , se relacionará con una canción nostálgica, de los tiempos del bolero; pero en este caso me refiero a mi vieja amante. Ha cumplido ochenta años y……estoy muy enamorado de ella. No soy un pervertido, se lo aseguro, soy……un hombre que ha tardado demasiado tiempo en encontrar…..¿cómo decirlo?…….la entrepierna que buscó durante toda su vida. Y, cuando la encontré, yo tenía sesenta y tres años y ella, mi coño al fin encontrado, setenta y ocho. Y estaba y está muy buena, así me lo parece y así me pone de cachondo. Con ella, con Pilar, mi Pili, he conocido lo que es estar encoñado, que ya tenía ganas de saberlo, hombre. Todo comenzó con una foto y con mi ya conocida matronolagnia, amor sexual por las viejas, una de las variantes de la gerontofilia (deseo sexual por personas de mucha mayor edad).

 

 Yo, cuando tenía dieciocho años, tuve amores con la suegra de mi tía Lola, una señora de setenta y dos años. La relación con esta señora, que fue…¡gustosísima!, duró cinco años. Desde entonces y hasta mi boda, siempre que me era posible, me acostaba con mujeres mucho más mayores, incluso viejas. Un día, hablando con un amigo médico, le consulté sobre esta predilección mía por las mayores, por las viejas. Su respuesta me tranquilizó. Me aseguró que ya no se la consideraba una parafilia en Canadá, USA, Méjico y otros países. Me dijo que antiguamente, en Grecia y la India, era de uso común. Esto reforzó mi predilección y, salvo contadas ocasiones, mis deseos me llevaban a las mujeres mayores, a veces de ochenta años. Y el gusto que sentíamos era especialísimo, delicioso.

   

Me he desviado un poco de mi historia con la madre de mi ex . Ordeno un poco mis pensamientos y se lo cuento a vds.

 

Pilar es la madre de mi antigua ex – mujer. Cuando nos divorciamos ya estábamos los dos talluditos: yo, sesenta y dos tacos y mi ex sesenta y uno. Y no había una tercera persona entre medias, no, sólo hubo un gran aburrimiento, una falta de deseo sexual por ambas partes y desde años antes y mi total resistencia a vivir en puerto de mar, donde mi ex quería pasar sus años de jubilada. Total, que vendimos el piso, nos repartimos todos los gananciales, cada uno se quedó con sus cosas más personales y…..¡hasta luego, Lucas!.

 

Cuando mi ex se fue hacia la playa elegida, yo, que tenía cosas personales que abultaban (ordenador, equipo de música, discos de vinilo, etc), no sabía dónde meter tanta cosa. Todavía estaba de pensión. Se me ocurrió que mi suegra, viuda desde hacía varios años, quizás se prestase a sacarme del apuro hasta que encontrase donde meter tantos bultos. No lo pensé dos veces y me encaminé a su casa, que era grande y tenía un par de habitaciones vacías.

 

Cuando llamé al portero automático y me identifiqué, su voz reveló auténtica alegría y, tras abrir la puerta del piso, me dio un fuerte abrazo y un beso. El beso tuvo su miga, porque uno de los dos, movió la cabeza a destiempo y nos besamos en la boca. Y…….bueno, se lo pueden imaginar: yo llevaba varios meses, demasiados, sin catar una mujer y ella, mi suegra, la madre de mi ex, llevaba años sin acostarse con un hombre. Yo no sé si fue la falta de sexo por ambas partes, la casualidad, hormonas afines……….no sé. Lo cierto es que nuestras bocas se quedaron enganchadas y tardamos unos segundos en separarnos. Nos quedamos cerca, mirándonos a los ojos y ……..¿sorprendidos?………¿descubriendo al fin lo que significaba de verdad nuestra gran y mutua simpatía y afecto?………Debió ser esto último, porque nuestras manos continuaron unidas un buen rato. Pili rompió el largo silencio. Su voz, ligeramente ronca, mostraba una………como una pequeña confusión, duda……no sé, algo distinto a lo habitual.

 

¡Qué sorpresa, Juancho!, ¿cómo por aquí?……Desde vuestra separación……has venido poco por casa. ¿Cómo te encuentras?.

 

Bien, Pili, y tú, ¿qué tal vas?.

 

Bien, gracias. Aburrida, sola…..¿Qué te voy a contar que no sepas?. Desesperada por tanta soledad. Bueno, dejemos eso. ¿A qué debo esta visita?.

 

Pues…..verás, Pili.

 

¿Sabes que eres el único hombre que me llama Pili?.

 

A mí (ya les he dicho que estaba ansioso de hembra y las mayores que yo eran mi debilidad), el reciente beso en la boca y las subsiguientes miradas, me tenían medio encendido. Pili estaba preciosa: sus gruesas piernas prometían un chochito apretado por los muslos, digno de un buen lametón, de muchos lametones. Sus tetas, no demasiado gruesas, estaba deseando chuparlas…..Su boca, comerla, sintiendo su lengua en la mía. En fin, que sus años, muchos años, si ella quería tener un romance conmigo, no serían un obstáculo para quererla mucho,  al contrario

 

¿Sólo yo te llamo Pili?…..¿Cómo te llaman los otros, los que zangolotean a tu alrededor?.

 

No hay ninguno, deberías saberlo. ¿O es que no te has dado cuenta que yo soy mujer de un solo hombre.

 

Vale, sí, pero ahora eres viuda desde hace muchos años y……no sé. Perdona la confianza.

 

No hay nada que perdonar. ¿En que te puede ser útil?.

 

Pues..verás….voy a abusar de ti…..

 

¡Hombre, ya era hora que un caballero se decidiese a abusar de mí!.

 

Reímos ambos de buena gana.

 

Bueno, Juancho, ¿en qué puedo servirte?.

 

Veras, Pili, como vives sola y …..

 

Me interrumpió reanudando las risas.

 

Y bien que lo siento, no creas…..Ya me gustaría a mí, ya me gustaría.

 

Empecé a sentir que todo aquello iba a conducir a alguna parte sexualmente interesante.

 

¿Qué es lo que te gustaría, Pili?. Sincérate conmigo.

 

Pues que va a ser, tener compañía para mi soledad. Estoy muy sola, Juancho y…….aunque vieja, tengo mis deseos.

 

Pero si tu eres muy guapa, Pili. Si de verdad deseas una relación…..

 

Un amor, Juancho, un amor. Nunca lo he tenido. Ya ves si soy sincera.

 

Pero tu…durante muchos años…..has estado casada.

 

Mira Juancho, voy a decirte algo que nunca he confesado a nadie: una cosa es estar casada y otra muy diferente tener un gran amor, una gran pasión. No todo el mundo lo tiene. ¿Tú lo has tenido?.

 

No, Pili, no lo he tenido, me he pasado la vida buscando el co…..No te digo esa palabra porque te enfadarás conmigo.

 

¿Yo enfadarme contigo?….¡Jamás!.

 

Me cogió ambas manos y se acercó más. Casi nos rozábamos.

 

Dímelo. Estoy deseando oírtelo decir. Por favor.

 

Está bien. Llevo toda la vida buscando el coño que me enamore, que me dé un gusto de locura, que me haga sentir eso de estar encoñado, que no sé lo que es. Y no quiero morirme sin saberlo.

 

Mientras hablábamos, de modo instintivo, Pili se había aproximado más y ya nuestros vientres se rozaban. Sus manos apretaban las mías con fuerza. Yo correspondía a su presión, a la vez que apretaba ligeramente mi entrepierna contra la suya, de manera que se notase que buscaba el contacto, pero dejándome una vía de escape si las cosas no iban como yo quería.

 

Yo también, Juancho, busco la……me da un poco de vergüenza decirlo….

 

Yo no me he cortado. Dímelo.

 

Bueno, allá va: llevo toda la vida buscando la polla que me vuelva loca, que me haga como a ti: empollarme, morirme de gusto con esa polla. Aunque, por mi edad, me temo que me voy a quedar con las ganas, Juancho. Y lo siento con toda mi alma, te lo juro.

 

A mí me  ocurre lo mismo, Pili. Y que sepas que tú sigues estando preciosa, como para encoñar a cualquiera. Y perdona         que sea tan sincero. Después de decirte esto, seguro que ya no me dejas meter en una de tus habitaciones mis trastos, porque en la pensión me piden una fortuna por llenarles el trastero.

 

Aquí hay sitio de sobra para tus cosas y……para ti, si estás harto de pensión, que debe ser algo muy poco hogareño.

 

No me digas eso, Pili, que te toma la palabra.

 

Pues dicho está.

 

Mira que me planto aquí mañana.

 

Esta noche, si así lo deseas. Yo te arreglo la habitación en un periquete. Por cierto que, con esto de la pensión y el venirte aquí, a vivir conmigo, no te he dado las gracias por eso de que todavía estoy guapa. Preciosa, has dicho.

 

Yo comencé a sentir el calor de su entrepierna y la polla empezó a empinarse. Pili lo notó, me sonrió ampliamente y me dijo, con la voz ligeramente enronquecida:

 

Te voy a enseñar una foto de la playa. Es de hace unas semanas. Así verás si sigo estando guapa o son……exageraciones tuyas.

 

Antes de separarse, apretó su bajo vientre ligeramente y marchó en busca de la foto. Tras revolver en uno de los cajones de una cómoda, regreso con una gran ampliación.

 

Aquí estoy, en bañador.. A ver si te gusta la foto. Una servidora.

 

Era una foto magnífica. Estaba buenísima: muslos gruesos, de los que aprietan el chocho, pecho alto, no grande….En fin, que me gustaba para quererla con locura. Decidí decírselo.

 

Estás preciosa, como para jo…….

 

No te cortes, cielo, por favor, dímelo, que estoy deseandito oirlo.

 

¿No te vas a enfadar?.

 

Te lo juro.

 

Estás para…….No, no me atrevo, Pili.

 

Dímelo, por favor. Te lo suplico.

 

Volvió a aproximarse y me tomó ambas manos, apretándolas con fuerza.

 

Si te miro no me atrevo, Pili.

 

Pero cielo, qué tímido eres. Anda, dímelo al oído.

 

Me apreté contra ella, que, al sentir mi comienzo de erección, unió con fuerza su coño contra mi polla y dándome un beso junto a la boca, me dijo, con la voz completamente ronca:

 

Cielo, dímelo, que quiero saberlo, lo necesito.

 

Arrimé mi boca a su oído, la dí un beso en el lóbulo y susurrante la dije:

 

Estás para …….

 

Sí, dímelo.

 

Para joderte en carne viva, para correrse en tu coño, para comértelo.

 

Sí, sí, sí, eso quería oírte decir.

 

Yo llevo años deseando decírtelo, cariño.

 

Amor mío.

 

Nuestras lenguas se unieron con ansia. Besándonos nos fuimos hacia su habitación.

 

Espera, amor mío, que voy a lavarme muy bien para ti, para que me comas, como has dicho.

Tu puedes usar el otro baño.

 

Mientras nos aseábamos, me dijo, con voz tierna:

 

No tengo que preparar un dormitorio, ¿verdad, mi amor?.

 

No, vida mía, a partir de ahora dormiremos juntos todas las noches.

 

Cuando nos vimos desnudos, comprobé que todavía tenía mucho vello en el coño. Nos besamos con ansia, lamiéndonos la boca y, poniéndonos en posición sesenta y nueve, comenzamos a lamernos. Me sabía a gloria su coño. Y así se lo dije:

 

Me gusta tu coño, nunca he sentido estas sensaciones, cariño.

 

Yo tampoco, amor mío. Tu polla va a ser la que siempre he buscado, mi vida.

 

Me puse encima de ella.

 

Dame tu coño, amor mío, que estoy seguro que es el que siempre……

 

Si, amor de mi vida, sí. Te llevo deseando años.

 

Yo también, mi amor.

 

Colocó mi polla en la entrada de su coño, apreté con fuerza y, aunque costó un poco, la metí toda. Sentí que me abrasaba.

 

Sí, vida mía, esto es lo que siempre busqué. Te quiero.

 

Yo también. Es esta la polla que quiero. Es…como si fuese la primera vez, como la noche de bodas.

 

Mientras me dedicaba a un delicioso mete-saca, la pregunté.

 

¿Es como si fuese tu marido?.

 

Si, amor mío de mi vida, mi marido de mi alma. El primero, el único. …..¡Ay, ay, ay!, me corro, mi amor, me corro.

 

Y yo contigo, vida mía, me corro, te echo toda mi leche.

 

Si, quédate vacío, dámela toda.

 

Empápame tú también, amor mío.

 

Si, toma, me mojo….me mojo mucho……toma mi leche……toma.

 

Toma, Pili, me corro.

 

Tu leche, toda tu leche.

 

Fue una explosión, un torrente. Nos creímos morir, ¡qué gustazo!, nunca lo habíamos sentido así.

 

¡Ay, Pili, vida mía, esposa mía!.

 

Marido mío, esposo de mi alma, nunca había sentido esto. Ya estoy empollada contigo, marido mío.

 

Si, mi amor. Yo también me he encoñado contigo, vida mía, mi esposa querida.

 

Me estás poniendo loca otra vez, maridito. ¿Quieres que nos lavemos y volvamos a chuparnos todo?.

 

Si, mujercita, vamos a ducharnos.

 

Así ocurrió y así siguió ocurriendo cuando nuestros cuerpos nos lo pedían. Han pasado dos años y nos jodemos y lamemos con un gustazo tremendo.

 

Gracias por publicar este relato auténtico. Y por leerlo. Saludos.         JUANCHO.

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