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Kilos de tetas

Estábamos en mi casa. Una tarde de verano. Estaba con mi amiga Anita. Estábamos tomando un café …

 

Julieta: -“¿Querés que te cuente entonces todo mi viaje a China?”.

Anita: -“Dale contáme. Pero antes hacé más café porque debe haber sido un viaje muy muy largo …”

Julieta: -“Resulta que …:

 

“Estaba en un bar en China tomando algo con una amiga. Era un bar muy lindo. Muy fino, muy elegante, decorado con mucho buen gusto. Y muy caro por cierto. Estaba todo de maravilla. La atmósfera del lugar era genial, hasta que … de repente entró un grupo de personas. Parecían ser algo así como policías. Aunque su tipo de vestimenta no era exactamente igual a la de los nuestros (policías). Se acercaron muy abruptamente a nuestra mesa. Hablaban en chino. Muy fuerte, casi a los gritos, y muy rápido. Ni yo, ni mi otra amiga entendíamos nada. Como el chino que llevába la voz cantante vió que no entendíamos nada mandó a llamar una traductora. Enseguida se acercó a nosotros una china muy bella y alta que afortunadamente hablaba español. Me empezó a traducir lo que el chino decía.

 

Traductora: -“Parece que estás infringiendo la Ley Anti-Lujuria (Nro. 19.638). La misma dice que las mujeres no pueden tener un busto que supere cada uno los 750 gramos. Lo que sobrepase ese peso, es confiscado y pasa a ser propiedad del gobierno”.

Julieta: -“No entiendo nada”.

Traductora: -“Te explico. Ahora van a traer una balanza portátil te van a pesar las tetas y si cada una supera los 750 gramos lo que sobre lo va a confiscar el gobierno”.

Julieta: -“¿Confiscar? ¿Cómo? No entiendo”.

 

Se acercó el chino que comandaba la partida. En chino y a los gritos dijo algo y acercó la mencionada balanza. La Traductora me tradujo: -“¡Perra americana! Enséñeme los senos, soy un funcionario del gobierno y en virtud de la ley nro. 19.638 tengo jurisdicción sobre sus tetas”.

Yo me quedé inmóvil, con mi amiga no entendíamos nada. Igualmente a ella prácticamente la ignoraron desde el principio. No sabíamos porque en ese momento, pero luego deduje que era porque ella es prácticamente chata de tetas. No tiene nada.

Vino una china de atrás, que no era la traductora y me tironeó el saquito que tenía puesto. Yo dejé que me lo sacara. Luego me abrió la camisa blanca que traía puesta, rompiéndose casi todos los botones. Quedé en sostén. Sí, en el medio de un restaurant céntrico de China muy concurrido, en sostén. Me moría de la vergüenza. El chino seguía a los gritos.

Traductora (traduciendo): -“¡Sácate el corpiño perra!” ordenaba furiosamente el chino. La misma china con una tijera que traía lo cortó por el medio y me dejó en senos. Pusieron la balanza en la mesa y me hicieron inclinarme para que pesaran mis senos. El resultado fue categórico. 850 gramos cada uno. 200 gramos en total por arriba de lo permitido.

 

Yo tenía una grandísima duda, como iban a confiscar sólo 200 gramos. Por eso, más allá de estar en tetas en el medio de un restaurant y un montón de desconocidos no me preocupé.

 

Chino gritando y Traductora traduciendo: -“Tiene dos opciones. O que le quitemos en este mismo acto esos doscientos gramos prácticamente a cuchillo o mantenerlos pero en ese caso todo su cuerpo pasaría a ser propiedad del gobierno”.

 

Que situación rara. No entendía nada y mucho menos sabía que hacer. Sólo pensaba que estos chinos están todos locos.

Julieta: -“¿No hay alguna forma de salvarme de esto?”.

Traductora: -“La ley tiene una sola excepción o forma de exculparse. Y es que en este preciso acto debe tener puesta una bombacha de mujer digna”.

Que mala suerte. No sé cuál era el concepto, pero yo traía puesta una tanga minúscula, de encaje y que se me metía en el culo como si fuera la más puta del mundo.

 

Me hacen inclinar en la mesa. Me suben la pollera y mi culo y mi tanga quedan muy a la vista. El veredicto era claro. Pasaría a ser propiedad del gobierno. Al chino le encantó mi culo y mi tanga, pero la ley era muy clara al respecto. Me dio una palmadita y sonrío …

 

Acto seguido, el chino me sacó lo que me quedaba de la falda puesta y me dejó en tanga. Tanga y zapatos de taco alto. En tetas, en el medio de un concurrido restaurant. Yo intentaba taparme los senos con mis manos. Pero se me escapaban. Así como estaba me acompañaron hasta la salida del restaurant y me llevó la comitiva de chinos. Me hicieron subir a un vehículo propiedad del gobierno. Era una especie de camioneta. En ningún momento me dieron una bata, una toalla, una manta o algo para cubrirme.

 

A mi amiga la habían dejado en el restaurant. A ella no le hicieron nada, casi podríamos decir que la ignoraron por completo.

 

La camioneta en la que íbamos el conductor, el jefe de la delegación, la traductora, un chino más (fortachón, de seguridad) y yo, se desplazó durante aproximadamente una hora por esa ciudad china. Luego llegamos a un edificio público, propiedad del gobierno. Ahí me hicieron bajar así como estaba e ingresar al edificio por una puerta trasera. Una vez adentro me hicieron ingresar a un cuarto y me hicieron esperar. Espero como una media hora. Comenzaba a tener frío.

“Vení por acá que te vamos a duchar”. Me conducieron hasta un cuarto de baño. Ahí se abrio una ducha que salía del techo. Muy fuerte y muy fría. Me “invitaron” a desnudarme. Unas cinco personas y la traductora mirándome. Me saqué los zapatos y me metí al agua con tanga puesta. En cuanto entré en contacto con el agua muy fría mis pezones se erectaron muchísimo. Vi las sonrisas burlonas en las caras de esos chinos. También vi la lujuria en sus rostros. Uno de ellos dio una orden. Se ve que era para mí. La traductora cumpliendo su función me tradujo: “¡Sacáte la tanguita!”. Obedecí. Me lavé y enjuagué como mejor pude ante la mirada de esos 6 completos extraños. Una vez duchada por mí misma, debo aclarar que nadie me tocó un pelo en ningún momento. Luego la traductora me explicó que ahora iríamos al Sector de “Clasificación e Identificación”. En que consistía ello, pronto me enteraría. En dicho Sector me recibió un chino bastante flacucho y amable. Me hizo recostar en una camilla boca abajo. Sacó unos intrumentos que hacían ruido. Y comenzó a hacerme un tatuaje en el culo. En la nalga derecha, bien abajo. Me tatuó un nro. de orden: 0569832 (que conservo hasta estos días). Y un simbolito chiquito, tipo un ícono que identificaba que tipo de mercadería o propiedad guberamental era y por lo tanto que cosas se podían hacer conmigo y cuáles no. Aunque creo que el listado de cosas prohibidas era muy escaso.

 

Ya higienizada y clasificada me confujeron a otro edificio. Más grande que el primero. El Almacén General del Gobierno Chino. Ahí me hicieron entrar y luego me condujeron a un pequeño cuarto que tenía una cama cucheta, una canilla para tomar agua y lavarse, un lugar para hacer mis necesidades y nada más. En realidad había algo más, otra hermosa chica desnuda igual que yo y que también hacía pasado a ser propiedad del gobierno chino. Ella era francesa. Pero hablaba algo de español. Me contó que ella estaba ahí porque había cometido una infracción de tráfico grave, no tenía el dinero para pagar y discutió airadamente con el funcionario que le hizo la multa. Me contó también alguna de las cosas que había tenido que hacer. Pero en lugar de contarles las experiencias de ella, prefieron contarles lo que me pasó a mi.

 

En primer lugar, estuve unos tres meses muriéndome del aburrimiento en ese cuarto sin tener que hacer nada. Casi prisionera, aunque no era ese exactamente mi estado legal en ese país. Un día al tercer mes aproximadamente me vinieron a buscar. Uno de los guardias abrió la puerta e ingresaron dos funcionarios del gobierno chino. Hablaba en chino, como siempre y medio a los gritos. Luego entró la traductora que me explicó, me tradujo los gritos del chino más bien, un funcionario del gobierno chino, un diputado o un senador, o algo así, había visto mis fotos y me había pedido como “jarrón”. “Jarrón” era la forma en que denominaban a un “tipo de servicio” por el cual me llevarían a la oficina de este funcionario chino y me dejarían de adorno, como un jarrón, de ahí la denominación. Desnuda por supuesto, o con la lencería que este político chino me quisiera poner.

 

Para salir a la calle, me dieron una especie de kimono oriental de color rosa. Sin nada de ropa interior abajo me hicieron subir a un auto. Un lujoso Honda negro. Ibamos un chofer, dos chinos, la traductora y yo. Al llegar al lugar, luego de media hora de viaje en auto me hacen bajar e ingresar nuevamente a otra dependencia del gobierno chino. Una vez dentro me conducen luego de subir por un ascensor a la oficina en cuestión. El chino me recibe sin saludarme y sin mirarme a los ojos. Me miró toda, el cuerpo, el culo, las tetas, la vagina, etc.. La traductora me explica que por lo general es que este tipo de servicios tuviera una duración de 3 meses. A los tres meses me derivarían a otro nuevo servicio, volvería a esa especie de prisión en la que me aburrí mucho o tal vez este mismo chino pidiera una prórroga del servicio. Me explico que esta oficina sería mi hogar por tres meses, que seguramente estaría el 95 % del tiempo completamente desnuda, pero que me aconsejaba no quejarme del frío eso haría enojar mucho al chino y aparte había calefacción, además al chino le gustaba ver como se erectaban los pezones de las chicas. Me explico también que tal vez una vez por día o día por medio o una vez por semana “me lavarían”. Me dijo también que fuera obediente, que hiciera todo lo que me pidieran y que eso acortaría mi tiempo de servicio al gobierno chino.

 

Ahí comenzó mi servicio como “adorno” de un funcionario. Era por tres meses una parte más del mobiliario de su oficina. El lunes de esa semana entró el chino a su despacho. Muy de mal de humor para arrancar. En principio no notó mi presencia. Se ve que no era la primera vez que venía un lunes y le dejaban esta clase de “muebles”.

Yo estaba paradita y desnuda a un costado. Tratando de no hacer ningún ruido, de respirar lo más despacio posible. Pero por dentro sentía un calor, una vergüenza impresionante por mi desnudez. El chino encima puso el aire acondicionado al máximo. Él estaba de traje, pero yo no. Yo no tenía con que cubrirme. Mis pezones se erectaron como dos timbres. Esto al chino le gustó y atrajo su atención. Dijo algo en chino, por suerte la computadora tenía un programa y un altavoz de alta tecnología que traducía sus palabras a mi idioma. “Acércate” fue lo que en definitiva me dijo. Yo me acerqué y me puse al lado de su escritorio. Ahí exploró un poco mi culo. Blanquito como era. Luego mis tetas. Por la forma en que me tocaba, creo que la esposa del chino no estaba ni de cerca tan buena como yo. “Paráte ahí” me dijo gritando y me señalo un lugar delante de su escritorio en dónde podía moverme casi sin mover ni levantar la cabeza. Y se puso a trabajar. Estuvo trabajando por una hora ignorándome casi sin darme bola, cada tanto me miraba la concha. A eso de las 9:30 hs. llama a su asistente para que le trajera el café. La asistente ingresa y le deja el café en una bandeja sobre su escritorio. Para tomarlo deja de trabajar y me observa durante todo el rato que le dedicó a su desayuno. Él desayunaba, yo parada y desnuda. Mal no me hubiera venido un café. Pero jamás nadie me lo ofreció. “Cambia de posición” me dijo. “Pose sexy”.  Yo no sabía bien que quería él, me junté un poco las tetas con las manos y me mantuve en esa posición.  Me observó un largo rato. “Otra pose sexy ahora”. Yo cambié de posición. Esta vez me di vuelta y le ofrecí a su visual mi culo. “Otra”.  Ahora volví a ponerme de frente a él y esta vez me tapé la vagina con una mano y sostuve mis dos tetas con la otra. Le gustó, lo calentó el hecho de que intentara taparme y no pudiera. Eso le hizo saber que tenía el control sobre mí. “Otra pose sexy”me volvió a pedir/ordenar. Se me iban acabando las ideas. Me descubrí la vagina, tomé mis pezones y los estiré. Y así el chino estuvo visualizandome por espacio de una hora casi, mientras tomaba su café y yo hacía poses sexys para alegrar su desayuno. Una vez terminado el mismo, me dejó tranquila, aunque desnuda y volvió a enfocarse en su trabajo. Yo estaba a un costado de su escritorio. Paradita. Desnudita. Sola e indefensa en un país muy lejano. Había venido por vacaciones, curiosidad de conocer una cultura distinta y placer; pero obtuve castigo y humillaciones sexuales. Quería caerle bien al chino tal como me lo habían indicado. Eso reduciría mi “castigo”. Castigo a mi entender sin fundamentos. Por algo que en occidente sería perfectamente “normal”. Lo que aprendí de esa cultura que parece ser tan recta y ordenada es que en realidad lo que hacen es torcer las reglas para sus propios provechos. Sea lo que fuere yo seguía parada ahí. Tenía que estar parada ahí.

 

Antes de que dieran las 12, a eso de las 11.30 hs. calculo el chino ya había realizado una cantidad muy importante de trabajo. Dejó a un lado los papeles, levantó la vista, me miró, y sin decir nada aplaudió con sus manos. Un solo aplauso. No supe si era lo que quería pero fui y me senté en su falda. Pude “sentirlo”. Me hizo “sentirlo”. Me senté sobre “él”. Comenzó a acariciarme los senos. Yo con mi mano derecha masajeaba y estimulaba su pene. El chino creció de tamaño. Lo sentí aún más. Con una mano siguió toqueteando y jugueteando con mis senos. Con la otra quiso estimularme clitoreanamente. Y de a poquito lo consiguió. Me empecé a humedecer. Era una sensación chocante. No quería sentir placer. Me sentía una puta por sentir placer en aquel contexto. Trataba de reprimirme, pero no podía. Me fui mojando cada vez más. Lo sentía, no podía evitarle. El chino “creció” cada vez más. Y mi ano lo sentía golpeando su puerta y lo disfrutaba. Sentía un cosquilleo. Algunos de sus asquerosos dedos se introdujeron en mi vagina. Eso mi hizo comenzar a gemir. El chino se excitó. Me apretó las tetas con fuerza. Me metió la mano más adentro. Yo me excité aún más y comenzé a gemir más fuerte. El chino me hizo parar por un segundo para quitarse el pantalón lo más rápidamente posible. Ahí me hizo volver a sentarme en él para una cabalgada de las más calientes que tuve en mi vida. Por un rato me olvidé de todo y gocé. Lo dejé entrar en mí. Lo dejé tocarme. Y yo también lo toqué. Subía y bajaba violentamente. Con una furia sexual imparable. La cual solo se frenó cuando su semen inundó mi culo. Increíblemente, yo también acabé. El chino quedó satisfecho. Muy.

 

Yo me hice a un lado. El se vistió y salió a almorzar. Antes dio la orden: -“Wash it” y dos secretarias de él vinieron y me llevaron a un cuarto cercano en el cual “me lavaron”. No me dejaron hacer nada. Solamente abrieron la ducha y lavaron todas mis partes. Medieron un conjunto de lencería roja, que con mis cabellos rubios combinaba muy bien y me llevaron de nuevo a la oficina del chino. El chino estaría en un almuerzo de negocios hasta las 15 hs. aproximadamente. Por eso para que no tocara ni espíara nada que no me correspondía me ataron con un collar que me pusieron en el cuello a una baranda que había en un costado. Si bien tenía una cadena larga no llegaba a tocar nada e el escritorio del chino ni papeles de su biblioteca o archivo personal. La espera se hizo aburrida. A eso de las 14 hs. entró una china que era del servicio de limpieza. Quise conversar pero no nos entendimos. Creo que incluso me trató como a un mueble más dado que me pasó el plumero por el culo y por las tetas.

 

A las 15 hs. el chino volvió. Le gustó el conjuntito de lencería que me habían puesto. Desenganchó la cadena de el collar, pero no me sacó el collar. Era negro y pesado. Tomó una tijera y me la dio. Me hizo dos señas muy claras. Con la tijera yo corté el sostén por el medio y la tanga por los costados dejando luego los restos como ofrenda en su escritorio. Nuevamente desnuda para él. Ahora directamente ni siquiera se puso a trabajar. Me hizo acostar boca arriba en su escritorio y me empezó a dar bomba por la vagina.

 

Era un linda chica que había tenido mala suerte en occidente. Se ve que mi cuerpo despertó despertó la lujuria y líbido de algunos orientales y por eso en este momento estaban teniendo sexo sobre mí en un escritorio. Soporté cada una de las embestidas y penetraciones del chino. Su miembro era pequeño. No sentí demasiado pero me las ingenié para fingir que sí y dejarlo complacido. El se quedó contento. Una vez que hubo tenido sexo primero vaginal conmigo y luego anal me hizo a correr a un lado y luego de un breve descanso retomó sus tareas. Volviéndome a pasar a la categoría de bello mueble o adorno y dejando de ser una persona.

 

Estuve como dos semanas en esta oficina. En la última noche que me tocó estar a su “servicio” él me dijo: -“Te has portado bien conmigo. Has sido una linda perrita. Me has complacido sexualmente en todo lo que te he pedido e incluso creo que por momentos has disfrutado más allá de tu obligación. Por todo ello voy dar la recomendación para que te condonen el resto de tu castigo y te pongan inmediatamente en un avión rumbo a tu país. Pero recuerda: si alguna vez, en cualquier circunstancia, en cualquier lugar, en cualquier parte del mundo, nos llegaramos a cruzar tú y yo, me debes una y seguirás siendo mi perrita y por lo tanto me deberás obediencia sexual”. Yo le juré que lo haría.

 

Julieta Silvina Marques (julieta_s24@hotmail.com)

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