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La veterana y yo

Había llevado el coche al concesionario para que le hiciesen la revisión anual. Como iban a tardar un par de horas, decidí darme una vuelta por el barrio. Tras callejear un poco, busqué la acogedora sombra de una acacia frondosa. Hacía calor, mucho calor. Al cabo de un rato, apareció una señora cargada con varias bolsas de compra. Tuvo la misma idea que yo y se quedó bajo el mismo árbol. Me saludó con un breve buenas tardes al que contesté cortésmente, añadiendo un comentario sobre el mucho calor. Había dejado las bolsas en el santo suelo, lo que no suele ser normal. Ello me indujo a preguntarla:

¿Se encuentra vd. bien, señora?, ¿necesita ayuda?

Gracias, sólo estoy agobiada por el calor. Ya no puedo con las bolsas. Como no me ayude algún vecino,
voy a tener que dejar la mitad aquí. Las mujeres siempre vamos cargadas como burras. Somos muy tontas.

No, no, señora, las mujeres son lo único agradable de este mundo.

¡Hombre, es la primera vez que un hombre más joven que yo, me dice una palabra bonita. Porque espero que eso que ha dicho de las mujeres también me incluya a mí, aunque sea una vieja, cansada y fea.

No niego que esté vd. cansada, pero lo de vieja y fea, lo niego en absoluto.

Eso es sólo cortesía de caballero cumplido. ¿Sabe vd. que edad tengo?.

Pues……yo estas cosas las calculo muy mal. Calculo que……unos setenta. Le advierto que yo tengo cincuenta y cinco.

Los lleva vd. de maravilla, de verdad. En fin, no se atreverme…..Ahora la gente de la misma o parecida edad….suele tutearse.

Me parece de perlas, siempre me gusta tratar con confianza a las mujeres. Me llamo Juancho ¿y vd?, ¿y tú?.

Pili. Y conste que no has acertado, tengo setenta y cinco.

Una magnífica edad para una mujer. La mejor edad.

¿Te gusta tratar con mujeres mayores que tú?.

Si, siempre me ha gustado. Y nunca he tenido que arrepentirme de esa inclinación, natural en mí.

¿Y tu mujer que dice?. Y perdóname la confianza.

Me gusta que me tengas confianza, mucha confianza.

Yo también quiero que tu me la tengas. Muchísima confianza. Es que me parece que te conozco de hace muchos años.

He vivido en este barrio hace años y solía venir a esa tienda de electricidad que había……

2

La han cerrado hace unos años. Estaba ahí enfrente.

Bueno, Pili, abusando de la confianza que me das (yo soy de los que les das la mano y se cogen hasta el codo), te digo que con lo que estoy absolutamente en desacuerdo es con eso de..fea. Tu eres muy guapa, tienes muy buen tipo y unas piernas muy bonitas.

¿Te gustan?

Mucho.

Me alegro…..muchísimo. Bueno no me has dicho lo de tu mujer.

¿Mi mujer…?. ¡Ah!. Como puedes imaginar esas cosas las guardo en secreto. Tu….¿estás casada?.

Soy viuda. Desde hace diez años.

¿Cuántos novios tienes?

Ninguno. Desde que me quedé viuda estoy sin saber lo que es un hombre.

No me lo creo.

¿Por qué?

Porque eres muy guapa de cara, tienes buen tipo, estas metidita en carnes, como nos gusta a los hombres de ciertas edades y tus piernas….más arriba de las rodillas…deben ser de las que enamoran. Yo te veo así.

Me alegro que me digas estas cosas. ¿Sabes que te digo?…. ¡Que me alegro mucho de haberme parado en la misma sombra que tú.

¿De verdad, de verdad?.

Te juro que todo lo que te he dicho es la pura verdad. Te lo juro por la memoria de mi santa madre.

Te creo y me alegra oírte decir eso. Hay una cosa de ti que no te he dicho.

¿Cuál?.

Te lo digo si prometes no enfadarte.

Palabra. Dímelo, anda, Juancho.

Que tienes unos labios gorditos, preciosos, hechos para besarlos y para que besen la boca de un hombre y….Bueno eso ya no te lo digo.

Pero yo sé a que te refieres.

Perdona, yo…soy un deslenguado.

Me cogió el brazo con fuerza a la vez que decía:

No, Juancho, si es lo natural, lo que los dos sabemos. Si un hombre y una mujer se gustan y son limpios como los chorros del oro……..pues ….ya se sabe lo que se van a hacer. Bueno, bueno, bueno, ahora la descarada soy yo.

No, me gusta que lo hayas dicho. Me gustas, Pili, me gustas mucho.

Apreté su brazo por la parte alta, casi en la axila e introduje mi dedo índice por la abertura del vestido y acaricié la parte alta de pecho. A lo mejor has metido la pata, Juancho, pensé.

Afortunadamente no fue así: tomó mi mano y la empujó más hacia dentro. Con un par de dedos acaricié su teta. Me tiró un beso con los labios. Yo me relamí los míos. Me imitó.

Nos estamos poniendo……..muy……especiales, Juancho, ¿no te parece?.

Si, Pili, estamos……preparados para……

Dilo, no te cortes, cielo, tenme confianza.

Pues para irnos a….

¿A la cama?.

Si, a querernos con locura.

Yo estoy deseándolo. Y no me tomes por una puta desesperada.

Yo también estoy que me muero por ti.

Pues vamos a mi casa.

¿Está lejos?

Cruzar la calle. El portal de enfrente.

Cogí las bolsas y nos encaminamos a su casa. Al entrar, la portera, que estaba en su garita, le dijo a Pili.

Anda, Pilar, buen ayudante te has buscado.

¿Has visto que guapísimo?.

P’a comérselo enterito. Cuando se descargue, que venga a ayudarme a mí.

¡Huy que rica!, A ti te lo voy a dar yo. Mío y bien mío, p’a mi solita, ¿verdad tesoro?.

Tal como dices.

Bueno, Luisa, pues hasta otra.

Hasta más ver y que aproveche.

Subimos un corto tramos de escaleras y abrió la puerta de su casa. Nada más entrar, dejé las bolsas en el suelo y nos abrazamos. Nuestras entrepiernas se buscaron ansiosas, mientras nuestras bocas y lenguas se lamían con deleite. ¡Qué bien me sabía su lengua!. Pilar, jadeante de emoción y deseo, se sentó en la silla más próxima y con trémulas manos, que no acertaban a bajar la cremallera, sacó mi polla y, mientras la acariciaba con cariño, me dijo, con voz ronca y entrecortada.

¡Qué hermosura, que bonita la tienes, me la voy a comer!.

Dicho y hechos. Comenzó a besarme el glande y luego, despacio, recreándose en lo que hacía, se introdujo poco a poco, lamiendo con auténtica calentura. Se la metió toda, chupó ansiosa y comenzó a meter y sacar la polla de su boca. Sentí que me iba a correr y se lo advertí.

Mi amor, que me corro, no sigas, que quiero que lo disfrutemos los dos.

Se sacó la polla de la boca y me miró largamente.

Me lavo ahora mismo. Me voy a lavar mucho. Gracias a Dios tengo un baño completo.

Salió al cabo de cinco minutos. Desnuda de cintura para abajo, me mostró gustosa un coño muy peludo, que me enamoró. Así se lo hice saber.

Tu coño me enamora, vida mía.

¡Ay, mi amor, te quiero!…..¡qué ganas tengo de que me lo comas!.

¿Qué quieres tú que yo te coma, vida mía!.

El coño, amor mío.

Caímos en la cama en la posición sesenta y nueve, la postura más maravillosa que puede adoptar una pareja. Y mientras su boca engullía mi polla, tragándosela entera, mi boca se llenó de pelos y mi lengua acarició con pasión su clítoris. Se estremeció y me chupó con más fuerza. Creí que me moría de gusto.
Me lamía la parte exterior de la polla mientras emitía grititos de placer. Mi lengua busco sus labios mayores y los lamió ansiosamente. Hundí mi lengua en la gran abertura y y se retorció de gusto.

Juancho, me matas de gusto, un puedo más, me corro.

En mi boca, mi amor, en mi boca, dame tu leche que me la quiero comer.

Y yo la tuya, vida mía, amor de mi vida, dame tu leche, cariño, amor mío. ¡Ay, ay, ay!, me muero, me muero de gusto, toma mi leche, dame la tuya, amor mío, tu leche. Échamela en la boca.

Si, me corro, me corro, que gustazo.

Y así fue. Sentí una gran humedad, mientras me vaciaba en su boca. Gimió de placer, retorciéndose de gusto. Pasado un rato, relamió mi polla en busca de cualquier gota de leche. Yo la imité. Nos levantamos, fuimos a asearnos.

Oye, Juancho. Yo me he quedado hecha polvo, ya no puedo más. ¿Te enfadas?.

No, cariño. Yo también estoy algo cansado. Es el calor, ¿sabes?. Tengo que recoger el coche. Voy a anotar tu teléfono y ya te llamaré.

¿De veras que lo harás?.

Palabra. Tengo ganas de correrme en tu coño.

Ahora, no, porque estoy deshecha. Otro día. No dejes de llamarme, amorcito.

Descuida. Ahora me voy, que tengo que recoger el coche.

Dame un beso.

Después de besarnos, sin gran entusiasmo por parte de ambos, salí y bajé las escaleras. En la garita de portería estaba Luisa, la portera.

¡Vaya si ha sido rápida la cosa!.

Hace mucho calor.

Para ciertas cosas eso no importa, importan las ganas que se tengan. ¿Se ha cansado Pili?. Es natural, es muy mayor. ¿Tu cómo te has quedado?, ¿bien o……a falta de algo?.

Mujer…..no me gusta hablar de estas cosas.

Somos amigas, no pasa nada.

Sí, algo me falta, que quieres que te diga.

Oye, que si quieres algo……yo estoy aquí. Y no me tomes por lo que no soy, te lo ruego.

Descuida, Luisa. Si me guardases el secreto, te diría que me gustaría….estar contigo.

Pues pasa a la garita. Parece pequeña desde fuera, pero es amplia y llega hasta el patio. Allí está mi casa. ¿Quieres venir?.

Si, pero no quiero que nos vea Pili.

Su casa no da a este patio.

Pues vamos.

Entré en la garita y avancé hacia el patio. Luisa me cogió del brazo y se apretó contra mi. La abracé con fuerza y la acaricié la entrepierna. Me devolvió la caricia, bajo la cremallera y sentándose en un taburete me besó la polla. La levanté, me la guardé y la di un beso. Me metió la lengua con ansia. Subí sus faldas y comencé a bajarle las bragas.

En casa, mi vida, aquí no, que pueden vernos. Cruzamos el patio, entramos en su casa. Se quitó la falda y
todo lo demás. Tenía un coño precioso, no demasiado velludo, pero precioso. Buenas tetas, culo grande y caderas plenas, muslos gruesos, muy gruesos. Debía tener…..

¿Qué edad tienes, cielo?.

Mientras me desnudaba y se tumbaba en la cama, me dijo:

Sesenta y cinco. Diez menos que Pili. ¿Qué te parece?.

Muy bien.

Oye que…si te doy mucho gusto……a lo mejor te pido la exclusiva,¿qué te parece?

Después te los diré.

Vale. Ya verás como me quieres solo para ti. Yo, en correspondencia te pediré que con Pili nada de nada.

Me acosté a su lado y comenzamos a besarnos y tocarnos. Yo, que estaba encendido después de mi encuentro con Pili, me puse sobre Luisa. Me hizo bajar y me cabalgó. Me tocó un poco la polla y se la metió de golpe. Exhaló un grito y comenzó a jadear y a subir y bajar. El tercer o cuarto empujón, se corrió como una fuente: me empapó hasta el culo y puso las sábanas perdidas.

Como podrán imaginar fácilmente alterné con las dos. Lo pasamos de maravilla. Eran discretas y apasionadas. Como yo. ¡Qué polvazos nos echamos, caray!.

Gracias por publicarlo y por leerlo. Un saludo cordial. JUANCHO.

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