Capítulo 1: Let’s go swimming!

(Mi rápida aventura con un Americano)

Querido Diario:

Creo que para mis dieciocho años he vivido ya demasiado. Muchas aventuras, muchos peligros, muchas escapadas, mas eso sí, muchas satisfacciones y muchos, muchísimos placeres. En fin, creo que todo radica en mi gusto por el placer y el sexo, digo sólo se vive una vez, ¿cierto? Es mejor vivir la vida al máximo (mientras se puede claro). Pero bueno, ya basta de reescribir la filosofía de la vida. ¿Qué crees que pasó este fin de semana? ¡No me la vas a creer! es tan fácil caer en la tentación…

Pues este fin fue el cumpleaños de Sandra, ella nos invitó a otras amigas y a mí a ir a festejarlo a casa de su tío (aunque realmente no tiene una casa sino sólo una palapa como le llaman aquí). En todo caso, la palapa de su tío resultó estar situada en un club deportivo a las afueras de la ciudad. Tardamos como una hora y media para llegar a susodicho lugar, pero tengo que admitir que valió la pena ir hasta allá, y no lo digo porque fui a nadar y a tomar sol, jiji.

Como es de esperarse llegamos tarde, había alrededor de unas cien personas en el lugar. Todos estaban sentados en mesas comiendo y bebiendo. Había algo así como una pista de baile en medio de todas las mesas, nadie estaba bailando (buuu, que aburrido). Sin embargo el día era muy joven apenas las cuatro o cinco de la tarde. Alrededor de las palapas había como seis diferentes tipos de albercas. Una para cada grupo de edad. Al llegar al lugar, lo primero que vi fueron las miradas de más de setenta hombres hacia nosotras. Creo que haber aparecido en el lugar con traje de baño, bikini, y otras cosas sexys tuvo que ver con tal rápida admiración. Una vez que Sandra nos vio entrar, intercambiamos besos, abrazos, emoción, y por supuesto regalos. Sandrita se quedó atendiendo a sus demás invitados, y mis amigas y yo decidimos irnos inmediatamente a las albercas. “Necesito tomar un poco de sol” les dije a mis amigas, “Ando muy pálida.” Todas nos fuimos a nadar y divertirnos un rato. Sin embargo, desde las mesas, había una mirada que se clavó en mí, o en mi cuerpo, desde que llegamos, y todo el tiempo que estuve jugando en las albercas. El dueño de esta mirada era John, un amigo del tío de Sandra, un americano que venía de visita a la ciudad, él es algo así como un estudiante de negocios. John mide como 1.85mts, rubio, ojos claros, atlético con un buen cuerpo, como de unos veintidós años, tiene todo el cabello rapado, con dos aretes en su oreja izquierda, y una sexy barba de candado. Él iba vestido de shorts cortos color caqui, una playera sin mangas, y unas sandalias negras. Parecía estar disfrutando muy agusto de ese líquido sabor a ceniza llamada “Corona” hasta que llegó algo mejor que saborear (“¡Eu!” ¡yo!, claro es).

 

Me gusta mucho usar bikinis, pero la gran cosa que tengo por delante no me permite estar exhibiéndome libremente como quisiera. Sin embargo, regularmente me pongo bikini usando una pequeña y casi transparente batita en mi cintura a la que yo llamo “roupão de banho.” Si no, me pongo un traje de baño completo aunque no me gusta mucho. Me gustan mucho los bikinis, porque esta fue la primera prenda que use siendo apenas una niña, bueno en ese entonces muchos dirán que era un niño, pero aun así yo siempre me considere una niña. Recuerdo muy bien esas noches de mucho calor (en todos los sentidos), tendría yo unos cinco o seis años cuando me dormía en los sillones de la sala. Nuestra casa era pequeña, y sólo teníamos dos recámaras, una sala, un baño y una cocina. Mi mamãe dormía en una recámara, mi prima, quién es mayor que yo en la otra, y yo dormía en la sala (lo cual estaba muy bien porque era la parte más fresca). Mi prima tendría en ese entonces unos doce o trece años y era mi modelo a seguir. Admiraba su cuerpo de mujer, que aunque en formación, se estaba desarrollando muy bien. Ella solía dejar su ropa interior y bikinis limpios en una canasta en la sala. Casi todas las noches, me deslizaba por debajo de las sábanas para agarrar sus bikinis y ponérmelos. Recuerdo que el primer conjunto que me probé era color rosa decorado con bolitas negras. Me sentía una diosa al ponerme aquellas prendas, aunque muchas veces terminaba llorando porque según yo nunca podría ser una mujer (¡oh! que tristes días). Sin embargo, esta fue la forma en la que desde niña tomé el gusto por los bikinis.

Eso es “história para boi dormir.” Ahora hay que regresar a lo que pasó el fin de semana. Como te iba diciendo el niño lindo de John no me quitaba los ojos de encima. Mas yo simplemente me hice como la desentendida y no le presté más atención. Llego el momento de partir el pastel de cumpleaños para mi amiga Sandrita, todas nos salimos de la alberca después de haber estado un buen rato bajo el sol y jugando en el agua. Como no tuvimos mucha oportunidad de secarnos sólo nos envolvimos en toallas y nos fuimos dentro de la palapa, dejando el rastro de agua y goteando hasta donde estaba el pastel. Al momento de cantar las “Mañanitas,” al inteligente de John se le ocurrió que sería una buena idea pararse detrás de mí, y practicar su Español. El trató de cantar las “Mañanitas,” pero su intento fue solo un fallido esfuerzo por impresionarme, ¿o tal vez no?. A punto de terminar de cantar la canción de feliz cumpleaños, el muy estúpido se emocionó demasiado y saltó justo detrás de mí, derramando sobre mi espalda la rancia cerveza Corona que traía en la mano:

-“¡Oh no! I am so sorry.  Lo siento mucho, perdóneme tú.” Balbuceaba el muy tonto con su malísimo Español. Yo me quedé congelada por unos segundos,  no podía creer que él muy estúpido arruinara mi toalla y me mojara con cerveza. ¡Estava quicando de raiva!

-“Esta bien, it’s ok.” Dije yo. Y me fui corriendo a secarme al baño más cerca.  Ahí me metíyo, me quite la toalla, y me metí a una regadera que ahí estaba para limpiarme. Al momento de alzar los ojos, me di cuenta que había un mingitorio. “Oh que bien, lo que me faltaba me metí al baño de caballeros, ¡qué suerte la mía!” Pensé dentro de mí.

Acabé de ducharme lo más rápido que pude, pero me dieron ganas de orinar, “¡Todas esas margaritas que tome!” Dije en voz baja.  Pensé que si corría velozmente al mingitorio me ahorraría la ida al baño de damas, así que fui a hacerlo lo más rápido que mi manguera pudo sacar, pero creo que me tomó más de lo que quería. Sin embargo, nadie me vio y me dispuse a salir del baño de caballeros inadvertidamente. Cuando estaba a punto de salir, John entró súbitamente:

-“¿Qué estás hacienda aquí?” Le reclamé todavía enojada con él.

-“Es lo mismo iba yo a preguntar a tu.” Me respondió John.  Creo que después de todo, yo era la que estaba en el sitio equivocado.

“Quiero pedirle una disculpa a usted. No quise tirarle cerveza encima.” Dijo él volviéndose a disculpar. De repente sus ojos se desviaron a mi bikini, ¡se me había olvidado acomodar mi pene! Me sonroje demasiado y de me inmediato me fui a ver al espejo como si nada había pasado.

“Tu eres muy hermosa, do not worry about it.” Me respondió, cerrando la puerta con seguro detrás de él.

Me empecé a preocupar y a poner nerviosa. Sólo dije, “Ah ok, gracias, ya me tengo que ir.”

-“Yo vi a usted cuando parada en el baño” Afirmó John. (Creo que se refería a cuando estaba en el mingitorio).

Yo me empecé a preocupar más y a poner más nerviosa, estaba ya casi a punto de gritar, digo uno no sabe que tipo de gente se encuentra una hoy en día. Sin embargo, John notando mi nerviosismo me dijo: “No se preocupe, yo me gusta usted mucho.”

-“¿Cómo?” Pregunté yo  porque francamente no le entendía nada.

“¡Usted me gusta mucho!” Se esforzó en decirme. Y justo cuando lo dijo, noté algo muy abultado, o mejor diría yo, demasiado abultado debajo de sus shorts.  En ese momento, mi miedo y nerviosismo se empezó a transformar en excitación.

“Tú también me caes bien, lindo” Dije yo con una voz sensual y muy quedita. Me acerqué a él, agarré su cuello con mis manos, y acercando mi boca a sus oídos, le dije: “¿Qué quieres hacer ahora?.”

En ese momento me deslicé inmediatamente hasta quedar hincada ante su entrepierna, le jale sus shorts y sus trusas, ¡y vi esa enorme cosa despertando! Estaba demasiado grande diría yo, pero demasiado, y eso que apenas estaba despertando.

Ante mi cara de sorpresa y al quedar congelada de la impresión, él se emocionó más preguntándome:

“¿Te gusta a usted?”Me preguntó John,A lo que no respondí, pero en cambio comencé a saborear ese dulcezote de carne. Con los minutos, su gran amigo empezó a crecer en mi boca, haciéndose más y más grande, que ya no me lo pude meter todo en mi pequeñita boquita. A los cinco minutos su juguete se convirtió en un gruesísimo pedazote de carne, casi del tamaño y grosor de la mano de un niño pequeño.

No puedo negar que para ese entonces ya estaba yo muy dura. De solo ver tremendo espécimen de hombre no pude evitar ponerme más y más candente y cachonda.

“¿Lo quieres usted?”Me insinuó una vez que ya estuvo completamente erecto.

“¡Eu quero tudo! Sí, lo quiero, lo quiero mucho, pero tienes que ayudarme” Le dije muy emocionada y cachonda. Al instante, me pare y me bajé mi bikini, lo cual al fin liberó a mi pequeñísimo pene comparado con el de John (y eso que el mío es de buen ver). Me quité la tanga, quedando solamente con el top del bikini, estando de pierecargué mis antebrazos en el lavamanos que estaba casi a la entrada del baño, y quedando mi cara viendo al espejo del lavabo, abrí mis piernitas y deje que John, agachado y detrás de mí, hiciera locuras en mi anito.

¡John era todo un profesional! Empezó suavemente con su lengua y poco a poco me empezó a excitar tanto, que yo no aguantaba mis gemidos. Recordé que estábamos en un baño de hombres en un lugar casi público, pero me pude morder los labios conteniéndome de tanto placer que sentía en mi pequeño gran punto de debilidad.

-“¡Oh dios mío! ¡Qué hombre!” Se me salió gritar olvidando dónde estábamos, la hora que era, y a la gente que estaba afuera. Yo solo quería seguir disfrutando.Pero al escuchar a unos niños que estaban jugando cerca de ahí, me di cuenta que tenía que apresurar las cosas si quería disfrutar todo lo que John tenía que ofrecer.

“¿Tienes un condón?” Le pregunté a John. Yo había dejado todas mis cosas afuera con mis amigas, además de que no creo que traía ningún condón, ni crema, ni lubricante. Sabía que la saliva de John me había lubricado mucho, y que ya estaba lo suficientemente dilatada, pero la idea de meterme la gran cosa que John traía colgando me daba miedo. Por fortuna el traía uno en su cartera y de inmediato se lo puso.

Sin embargo no aguanté más:

-“¡Siéntate en el excusado!” Le ordené tomándolo de la mano y poniéndolo sobre el W.C. Verlo sentado frente a mí con su gran pene completamente erecto me excitó hasta la locura, no lo pensé ni dos veces y me monté sobre él cara a cara, haciendo chocar mi pene con su pecho, él sentado y yo sobre él, en una posición que me encanta demasiado.

Claro es, que no me inserté a su amigo de un solo jalón, antes bien, me apoyé en sus hombros, y comencé a deslizar poco a poco mis caderas sobre su gran miembro. “Despacito, despacio, hay que meterlo con cuidado, Andreita!” Pensépara mí misma.

¡Uff! Deberías de imaginarte mis caras de entre dolor y placer, ¡pero que rico estaba este hombre!. Me moví lentamente metiéndomelo más profundamente cada vez, pero también haciendo movimientos lentos para arriba y para abajo mientras me la encajaba más adentro. Veía como mi pene se balanceaba para arriba y abajo con cada movimiento. Sólo de recordarlo que hace poner la piel chinita.

Entre mis gemidos y sus gemidos silenciados, y estando apenas la mitad de su pene dentro de mí, alguien tocó la puerta fuertemente, haciendo que rompiera mi concentración, que eyaculará del susto, y que saltará fuera de entre las piernas de John.

“¡Oh no! Perdón me asusté.” Le dije apenada con mi mano en la boca. “Ya se me salió y te manche todo tu pecho, sorryyy” agregué.

-“It’s ok, no usted preocupé, yo primero la ensucié a usted antes. Me da gusto que usted terminó, muy sexy para mí verla.” Me dijo consolándome por mi torpeza mientras agarraba papel de baño para limpiarse de mi lechita. Yo también me limpié rápidamente y me vestí volviendo a poner mi tanguita.

-“¡Muchas gracias! Me llamo Andreia, por cierto.” Le dije apresuradamente, ya que de nuevo volvieron a tocar la puerta.

-“No de nada, me llamo John. Gusto en conocerla a usted.” Contestóél. “Usted debería ir conmigo a Texas”

-“No sería mala idea” Le respondí emocionada.

John se salió por la ventana y me salí por la puerta como si nada hubiera pasado. Mis amigas estaban esperando afuera, les dije que estaba bien, aunque estaban consternadas de porque había tardado tanto.

Al final de la fiesta, al despedirme de Sandrita, John me pasó su email, ¿será está la última vez que lo vea?¿Tú que piensas?

 

Claro que no creo que Rodrigo se entere, ¿o sí? Este es nuestro secreto diario, no me decepciones.

 

Kisses for you!

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