A mis 16 con una enfermera y papá presente

Como niña y criada a la antigua desde que recuerdo mi ano fue parte de la atención de mis padres, ya seá porque tenía fiebre el termómetro me lo introducían lentamente o bien por mis estreñimientos me colocaban supositorios, enemas de pera y hasta emana de jarra, lo que más recuerdo es una vez que mamá estaba hospitalizada y papá le comento que yo con mis 14 años – hija menor de padres muy grandes, y que no me dejaban salir con mis compañeras de cole y que aún jugaba en casa con mis sobrinas de 7 y 8 años y que recientemente me había desarrollado – estaba estreñida, entonces mi mamá le recomendó hacerme una enema, fue muy raro papá – que antes de niña me había bañado, puso alguna vez el termómetro y alguna enema de pera – no se animó y me llevo con una enfermera “amiga o amante” la cual siempre tuve mis sospechas porque me pidió que no se lo contara a mamá.

La enfermera una mujer linda, delgada y de vos dulce nos atendió en su casa, se puso unos guantes de latex algo distinto a lo que hacía mi mamá y le pidió a mi papá que me pusiera boca abajo en su regaso y me levantara la pollera, para ella bajarme la bombacha, en ese momento sentí los guantes sobre mis nalgas, le indicó a mi papá como abrirme mis nalgas para que no doliera “tu sabes que a este agujerito hay que lubricarlo y tratarlo con cuidado” – sus palabras eran muy dulces, algo muy diferente a cuando me lo hacía mi mamá junto a mi abuela que me llegó a pegar algunos chirlos para relajarme – comenzó a acariciar mi culo con el dedo aceitado y después introdujo algo muy largo más finito que lo que mamá tenía en casa y entonces me dijo “se una buena nena quédate quietita hasta que acabes la jarra”, por primera vez no me quejé ni tenía ganas de salir de esa situación, papá acariciaba mi cabello y ella me hacía masajes en la cola para que la manguera no saliera, después la sacó y cambío la cánula por una mas larga y ancha la metió lentamente, depues de un buen rato la saco tan suavemente que ni sentí ganas de ir al baño, así permanecí otro rato más y después ella misma me llevo hasta su baño, me dejó sola en el inodoro y después entró para lavarme con el bidé y dijo “recuerda siempre dejar correr agua y con el dedo limpiar, nunca con el chorro que te lastimará”, me ayudó a vestirme. Papá le dio un beso en la mejilla, una sonrisa y un muchas gracias por hacerlo tan cuidadosamente.
Fue nuestro gran secreto por siempre

Hasta la próxima …Un agradecimiento a mi padre y su amiga la enfermera

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