Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Zoofilia, ¿realidad o fantasía?

Esta historia tiene como protagonista a mi mujer. Bella morocha de ojos color esmeralda, con mirada, mezcla de angelical y diabólica, dulce y sensual, esa que a todos los hombres le despierta la ¨béstia¨ interior. Tanto es así, que en oportunidades, hasta incómodo quedo ante tal acto desvergonzado y falto de pudor, en conclusión lo que nosotros llamamos una endurecedora, causal directa del fenómeno del penis eréctus.
Llevamos mas de una década de conocernos, y en un principio nuestros encuentros sexuales, eran poco menos que indescriptibles, frecuentísimos, interminables, decir que casi probamos de todos, con el único límite del respeto mutuo.
Al pasar los años, llegar los hijos, obligaciones estos apasionados y lujuriosos momentos, se fueron espaciando cada vez mas. Dejando lugar a perfomanses mas estructuradas, formales, que no dejaban de ser buenas o muy buenas.
Comencé a extrañar, esa locura de amor pasión y sexo, que me había enamorado perdidamente de esta especial mujer.
Como esa fogosidad seguía apareciendo en especiales ocasiones, trate de encontrar motivadores de esa reacción, así pase de tratarla fríamente, rudamente, dulcemente, hasta conversaciones subidas de tono, películas eróticas lencería, etc. Etc. Etc. Todo lo que se pueda pensar que se puede utilizar como medidas afrodisíacas.
En este afán investigador, descubro, que una de las cosas que la excitaban, eran las partes subidas de tono, de encuentros casi violentos, o violentos directamente, que hallaba en sus predilectos libros de suspenso.
Entonces me dije, si allí esta la llave a la Venus dormida, hay que trabajar para despertarla. Hurgué, en innumerables paginas de Internet, sobre historias eróticas, y fui seleccionando según su tipo. Así, imprimí relatos de parejas, hombre-mujer, mujer-mujer, sexo grupal, dos hombres una mujer, o viceversa, sexo violento, una bella mujer con su apuesto pero rudo albañil, y otras bastante curiosas, en donde cuentan las experiencias de mujeres con diferentes animales.
Para no faltar a la verdad, yo conocía de casos de hombres que satisfacían sus necesidades patológicas con una que otra yegua, historia que se contaba de los solitarios soldados cuando hacían la conscripción, o uno conocido que dijo haberle hecho el favor a una gallina en el campo.
La primera persona que sembró la duda de realidad o mística de estas historias fue mi propia mujer.
De todas las historias que le deba a leer, la que mas le calentaban y en ocasiones descontroladamente era las de mujeres con perros o caballos.
Antes de seguir con el relato, les quiero aclarar por que sembró la duda. En un encuentro sexual, en el que estábamos totalmente enloquecidos de pasión, me confesó la cosa mas loca que había experimentado en lo que a sexo se refiere. Para mi gran sorpresa, estos eran unos encuentros juveniles de ella con el Dóberman de la casa.
Con lujos de detalle me cuenta, como descubrió el intenso placer que le producía cuando su ¨perrito¨, comenzó a husmear entre sus piernas, tratando de sentir lo que olía, ese joven jugo de conchita virgen, todo un lujo para ese cuadrúpedo, no????
Mas aun fue su privilegio, que hizo que ella corriese su bombacha, para que este comience un intenso lenguetéo en esas deliciosas vulvas rosadas y húmedas, dejándola tan excitada que asumiendo la posición canina para el coito, hace que esa bestia piense que se esta por comer a la caperucita roja como en el cuento…………….
Según sus dichos no llego a la penetración, pero si a interminables orgasmos producidos por tan salvaje acto.
Tanto le gustó, que repitió varias veces mas el acto, por lo que dudo de la veracidad de que nunca el H.P. no la haya clavado como una banda aceituna.
Todo esto en lugar de producirme asco o repulsión, me calentaba de manera inimaginable.
Entonces decidí por mi mismo, corroborar hasta donde llegaba su pasión por los animalitos.
Fue así que una noche en la que volvimos tarde de una salida , y aprovechando que todos estaban durmiendo, invite a mi mujer que me acompañe al quincho, para dar de comer a los perros.
La víctima, un cachorrón Fila de 65 Kg. Virgen y desesperado el pobre como adolecente de trece. Una vez que empezó a comer, le pedí que revisara si no tenía bichos, ella con sus adorables manos, comenzó a acariciarlo para que se dejara ver.
Esta bestia apenas le tocan la barriga se tira panza arriba, con posición casi ridícula para su tamaño. Inmediatamente asoma la punta roja de su particular pitito.
Ella al ver ese fenómeno, se pone de cuclillas, de espaldas a mi, y antes de comenzar lanza una mirada complice por sobre sus hombros, como queriendo saber que impresión me deba la escena.
Sin esperar mi consentimiento, comienza a acariciar ese aparato, asomando cada vez mas de su funda de piel, pero ella no se detiene, encantada de lo que esta viendo.
El aminal, ni respira, atónito a lo que esta sintiendo por primera vez.
Ella cada vez mas seguido y con mayor fuerza, continuaba con su endiablado ritual, el que completo primero acariciándose el coño, para luego y con un movimiento ya no tan suave, comenzar con una doble masturbación.
Para mayor comodidad, se quita la gran pollera que camuflaba lo que realmente estaba pasando debajo de ella, y también revolea la bombacha, y la deposita nada mas ni nada menos que en hocico de su presa circunstancial.
Frente mio la visión era irreal, ella de rodillas manoseandoce sus intimidades con la mano libre, ya que con la otra no paraba de sacudir la maza de carne roja de raro aspecto.
En medio de esa locura en que estabamos envueltos, le pido que lama eso que tanto parecía gustarle, pero ella me dice que lo haría solo si usaba profilactico.
Precavido yo, sabiendo que esa aprención podría surgir, le proveeo del mismo.
Me ordena que yo le ponga al entregado animal, para que sienta con mis propias manos el tamaño y rigidez, del aparatito que ella estaba a punto de consumir.
Acto seguido comenzó a lamerlo, pobre perro, si hay algo que ella hace como debería figurar en los manuales de instrucción es mamar pijas……………..no puedo explicarlos hay que probar para saber de su especialidad.
El perro inmóvil, pero caliente a reventar, y ella sin límites aparentes deciden practicar una 69, ella arriba y el hocico bien encajado en su concha, y dale lengua los dos.
No se cuantas veces terminaron, pero gemían como un verdadero coito animal.
No conforme con eso, se adelanto, siempre el espaldas contra el piso, y decidió probar las dotes amatorias de la otra especie. Asi de a poco introducia y sacaba la punta de aquel garrote infernal, mientras yo preguntaba nunca se le desinflará.
Hasta que luego de unos minutos de juego, decidió que era hora de actuar en serio, y se lo enterró hasta las bolitas tan características.
Nuevos gemidos, alaridos diría yo, pensé que era demasiada competencia para mi…………
Menos mal que me equivoqué, a ella le sobraba calentura, y llego mi turno.
Salto sobre mi, me beso, arañó, mordió mis pesones hasta casi sangrar, me ordenaba que le meta un dedo, dos, tres en su abierta vagina, casi militarmente exigió que le chupe todos sus jugos de concha producto de su anterior relación, hasta permitió que mi lengua llegase a ese negado y cerrado orificio anal, que casi siempre me era negado.
Terminamos como no podía ser de otra manera, cogiendo en posición perrito, hasta basearnos todo, gimiendo, gritando, aullando de placer, mientras el miraba tranquilo y satisfecho.
No se si alguna vez lo llegue a publicar, ni que reacción puede desencadenar en la persona que lo lea. Lo que si puedo decirles, es que este tipo de fantasías existen, algunas veces se cumplen, en su mayoría no, pero de lo que si no hay dudas, es que la mente del ser humano es capas de todo, hasta de lo que no se atreve el cuerpo.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*