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Prendas / Segunda parte

Si, parecía que huía de mí, cuando segundos antes osó invitarme a un banquete de placeres en su nombre.

La respiración se colaba por mis oídos estruendosa, avisándome el cansancio, y no oía, no quería perderla a ella.
Esos cabellos oscuros volaban hacia mis manos impacientes, llamándome, pero no los podía alcanzar; y oía su risa de melodías…

Los senos bamboleaban contra mí, podía oírlos entrechocar con la piel mojada. Los aromas de mi propio cuerpo llegaban hasta mi rostro caliente, confundiéndose con los sentidos que percibían como jamás en mi vida.

Los pasos llenos de tierra y maleza se iban deteniendo de pronto, así como las risas de la mujer comenzaban a alejarse. Zigzagueaba con energía devastadora a la par que esos ágiles pasos se permitían mostrarme sus piernas pálidas como los mismos rayos lunares.

Pesada, deseosa… los miembros languidecían, el deseo me volvía ajena, lenguas y espinas de fuego aceradas se clavaban en mi entrepierna, lastimando mis carnes empapadas de sabores salados. Me detuve jadeante.

La respiración salía de mi garganta desesperada por encajar en algún recoveco del espacio a mi alrededor, cerré los ojos observando la hierba pintada por las sombras, tratando de buscar algún sentido en lo que yo creía era abstracto, por lo tanto, absoluto…

Desee mirarla para ver si se detuvo como yo lo había echo, y no estaba, desapareció continuando con ese macabro juego de seducción. Apreté las flores entre mis manos, frustrada, cuando sentí su presencia detrás, y al segundo unos brazos firmes rodeando mi cintura; contuve el aliento cuando ellos bajaron hasta mis manos, apresando las violetas entre las suyas y de esa manera enterrar sus dedos con los míos entre las piernas, juntando la completa humedad sostenida allí..

La agitación se mezcló con un enervante gemido que hizo eco en los árboles, despertando a la misma Afrodita de su trono secular; eché la cabeza hacia atrás dejándola descansar en su hombro frágil. Su aliento llenó mi oído a borbotones, la humedad de sus labios por momentos parecía tocarme, pero se contenía,; ¿por qué? me preguntaba, mis manos temblaban por rozarla, mi piel estaba en ascuas oscuras por tenerla… y ella nada hacía, sólo se afanaba en juntar las rías de flujo chorreantes de mis surcos…

Infinitos segundos tardaron aquellos labios en darse cuenta de mis ansias, entonces se corrieron hasta mi cuello, saboreándolo con la lengua espesa y ardiente.

Mis manos no esperaron, se dirigieron hacia sus nalgas desnudas debajo de esa prenda pegada a la piel, insoportable. Hundí mis uñas mordidas y desparejas entre las carnes flexibles, apretándola contra mi trasero en un urgente pedido de amor, al que la mujer respondió acariciando su mejilla contra mis cabellos sudados… El vello ensortijado de su peñón trenzaba su embrujo ya…

En un efímero instante la tuve en frente, el corazón dolía al latir contra las costillas, abriendo las puertas hacia otro espacio y otro tiempo.

Sus ojos café se clavaron en mis pupilas que ya ni recordaba el color, hablándome… tragué saliva; indicando febril a mis manos dormidas que se desprendieran de las ropas que obligaban a tardar en el acto de amar con desenfreno… Por fin logré privarla de lo que impedía verla en plenitud, arrojando en la hierba los restos.

Esos ojos, aquellos mártires de sensaciones quemaban sin dejarme pensar. Comencé a temblar intensamente, y al sentirlo ella tembló de la misma manera.

Las respiraciones se mezclaban entre el espacio que separaban nuestras bocas, mientras tanto sus pulcros dedos subían por mi cuerpo y me despojaban, me despojaban de todo.

Desnudas, solo pude apresarme contra esos contornos jóvenes  y perfectos.  Los aflujos de nuestros cuerpos se mezclaron cuales gotas sobre arena sedienta, pude sentir sus senos henchidos apretados a los míos sensualmente, y el calor me sumergió entera….

Vorazmente y sin aviso tragó mis labios en un beso sin precedente, bebiendo de mis carnes con abrupto placer, le di mi lengua y tomé la de ella en una furiosa danza de deseos, y el aire volvió a fallar…

Los cabellos se enredaban entre ellos, lo sentía pero poco importaba, las cabezas, en un fastuoso ritmo buscaban la manera de penetrar sin ninguna cautela. Sumergí mi lengua entre sus dientes delineando cada parte dulce de ella, y también mordí para saber si era real… ¿cómo sabía que mis flores eran las violetas?…quién era ella quedó delegado al olvido de mi razón maltrecha cuando con un jadeo sentí derramar su flujo en mi muslo, instalado cómodamente entre los suyos; colmó tanto mi ardor que no pude más que saborearlo con mis yemas sensitivas, y las enterré en la hendidura de sus nalgas prominentes embadurnando más su surco oscuro, y así yo mi piel.

Sentía el dulce jadeo ¿o era el mío?, quizás ambos… tampoco lo recuerdo…

Entonces despegué sin más mi boca para comer su cuello invitador, sí, la comía, era un manjar de los Dioses, toda mía. Rastreé su piel hasta dejarla enferma y dormida, hasta yo quedar exhausta.

La dulce batalla ahora la ganaban sus manos contra mis enredados cabellos    queriéndome mantener no se sabía donde, en todas partes, a la par de mis sentidos flagelados que buscaban la máxima intimidad con mi pubis.

Al fin los ígneos rizos se acariciaron con bienvenido beneplácito y me derramé temblorosa, mis carnes latían sin control embebidas en jugos ácidos al olfato…

Lánguidas esas manos me guiaron hacia donde requería mi entera atención; esas pulcras manos ganaron la batalla, claro; me bajaron lentamente y pude besar sus senos erguidos, lamiendo sus pezones coralinos, acaricié lacrimosa las aureolas celestiales y bajé a su vientre que mordí desesperada, ansiaba que hablara, pero sólo escuché gemidos hondos… y aún mis manos pintaban su oscuro paraíso…

Me conduje sola luego; la ambrosia pobló mis labios en una larga y profunda lamida; me hundí en ella con salvaje premura. Su abertura no cesaba de entregarme.

¿Cuánto más se podía llegar?, no lo sabía, sólo entraba y salía vertiginosa, sí…

Interminables jadeos excitados llegaban hasta mi cerebro, su cuerpo entero se apoyaba contra mí, sostenía a ese hada entre mis brazos como si fuera un cúmulo de nubes blancas y temiera verla partir. Mas se quedaba eternamente en ellos…

Su pequeña vulva cabía en mi boca y se convulsionaba, enseñándome la pasión que descubrí en su interior.

Degusté su preciado tesoro, todo fue mío en el precioso instante en el que el grito fue el culmine, exhalando  hacia la luna su liberación….

Los harapos fueron el lecho suave y perfumado de ambas en el Jardín secreto se sueños.

Descansó después sobre mis senos pequeños hasta que la respiración cesó en su agonía. La que duró poco, porque fugaz fue el sosiego de la pasión reinante en el trono de Afrodita.

Fui presa de sus deseos y salvajes caricias en el lugar donde fue su descanso, y más abajo explorando mi sexo con ansias, elevándome al cielo sobre su espalda suave y curvilínea.

Mis piernas se abrían en bochornosa ofrenda a las sapiencias viperinas de sus húmedos labios y lengua; la encerraba entre mis largas y febriles vigas perladas para no perderla, no cuando mi corazón latía furibundo al encuentro de su sola presencia….

No poseía alas, no era un hada, tampoco era poseedora de un nombre para gritarlo en el momento en que la pasión consumía….

Gotas de lava brotaban entre mis rizos flamígeros y mi simiente se pareció a ella misma, mi amante particular, que no tenía alas y que bauticé Hada Errante, Flor brumosa de mis  pezones ajados y sabia soberana bajo la piel de mi abdomen cuando esas mismas savias se complementaban una y otra vez sobre prendas que jamás volvieron a cubrir.

Esa noche el sueño fue mío, el sueño fue de ella, esa noche mi alma… la amó.

“Fue borroso, extraño entonces, como despertar de un letargo hiriente; la brisa soplaba suave y fresca y estaba sola una vez más, en aquello que decidí señalar como espesuras oníricas de intenso marfil y peñones de dulce sabor a fémina ardiente.

El “semen” corroía mis piernas, contenía su olor y el mío, pero nadie estaba allí, sólo algunos pétalos de violetas desparramados entre mis ropas desprolijas  y el pensamiento melancólico que persigue mis días.

Si mi alma y mi cuerpo en realidad… amaron a ese hada convertido en mujer alguna vez”

nereidaoceanida@yahoo.com.ar

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