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Un excelente beso

La imaginaba, la imaginaba y la volvía a imaginar sin cansarme.

Nos veía a las dos en su auto, estacionadas frente al paisaje de la ciudad. Todo de noche, tensamente tranquilo. A veces el silencio nos ganaba, ese motor que echa a andar la imaginación antes de actuar o decir algo, y su voz; ese acento ajeno grabado en mis oídos ahora estaba presente cuando se rompía la mudez. ¿Qué pasará por su cabeza cuando se calla? ¿cómo poder entrar en su mente y saber si le parezco bien o si algo le desagrada de mi?

Atrayente, respetuosa, encantadora y MUJER, es que nada de lo que tiene podría molestarme ahora. Que morbo su voz, su manera de pensar, sus manos, sus pies incluso en el conducir, su torso, ese que tiene lo suyo, a medio tapar, vestido, pero que puedo imaginar perfectamente. Su cuello seguramente tibio y con tímidas líneas de la vida mostrándose al mundo. Que ganas de acercar mi boca a esa parte, humedecer con un beso ligeramente su piel, sentir ese calorcito ajeno en mi boca, dejándose sentir. De ahí pasar a su mejilla, esa tibia y besada por todo el mundo, que sea solo mía en ese momento y demostrándoselo con un beso como se merece una fémina como ella. Pasar a los contornos de su boca, lento, tan lento como un caracol dejando el rastro de su caminar. Eso es exactamente, la imaginación de mi caminar en su piel, en su vida, en su interés amoroso actual lo que me lleva a querer hacer todo mas rápido, pero no, es muy pronto y eso solo la forzaría al espanto, a irnos, a dejarme en una esquina y cada una a su casa, pero no puedo ni quiero evitar cerrar mis ojos, la veo en mi cabeza, mirándonos preliminarmente en un silencio nervioso. Yo le miro la boca sin disimulo, ahí es donde quiero estar. Acercarme lento, muy lento, mirarla hasta cuando tenga que cerrar los ojos para sentir ese roce labio a labio. La siento, sus labios nerviosos se tocan en los míos y se humedecen de manera leve. Besos cortos, muchos, incontables. ¿Qué sentirá esta mujer de tendencia dudosa? ¿cómo saber si le gusta? me habría quitado la boca si no sintiera nada ¿cómo obligarla a que le agrade esto? moriría por transmitir en ese beso la magia que me provoca ella. Ahora siento sus dientes. Empiezo a mover e introducir ligeramente la lengua ¿se estará enojando? ¿será capaz de aguantar tal acto de mi parte? hasta ahora no me esquiva. Rozo su lengua con la mía, es mojada, algo áspera, partida tibia y movediza. Muevo la mía hacia el lado contrario para que la de ella explore lo que quiera en mi boca, sin estorbarle en lo mas mínimo. ¿Se habrá dado cuenta de mi muela torcida? Debí hacer caso a más de alguien cuando me aconsejaron que me la arreglara, seria una pregunta menos ahora. Su humedad, con gusto y olor a café, ese que se tomó antes de encontrarse conmigo ¿lo habrá tomado para estar despierta? ¿tendrá sueño? ¿querrá irse? tanto pensamiento mientras dos bocas se juntan.
Escondo mi lengua, es suficiente, debo dejarla respirar. Ella entiende mi acto mudo y guarda también la suya. Sellamos todo con besos cortos.

Nada, nos sonreímos dudosamente. Ella con la misma duda mía ¿qué sintió la otra? ¿lo hice bien?. Luego el silencio prima otra vez después de un comentario torpe mío, que por cierto dije por nerviosismo y el que volveré a repetir ahora y siempre, porque lo haría mil veces… porque fue… un excelente beso.

Débora Hoffa


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