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Sensación de prohibido

…Serían como las diez de la noche cuando sentí cerrar una chapa a lo lejos. Apagué el televisor para que Marcelo pensara que me había dormido, sin embargo, de nada sirvió. En cuestión de segundos lo tenía instalado a la derecha de mi cama.

– No se te ocurra tocarme – le dije cuando sentí un frío tibio que provenía de su cuerpo. Yo le daba la espalda.

– Ya po´, un ratito. Después me paso pa´ mi cama. ¿No veí´s que vengo trasminado? – acotó mientras sentía su brazo helado en mi estómago.

Cuando empezó a mover sus dedos sobre mi piel, me daba la misma sensación de siempre; ¿Quería “hacerlo”, o simplemente me estaba haciendo cariño?
A ratos, sentía que se me contraían los músculos de las cosquillas que me daban sus manos, y en medio del silencio y la oscuridad en que siempre quedábamos, una cosa ajena, tibia y dura se levantaba cada vez un poco más por detrás de mí.
Ya no tenía el brazo de Marcelo en mi estómago y la cama se movía suavemente. Supuse lo que estaba haciendo.

– Córtala con eso o hazlo en otra parte – le dije con molestia.
– Ya, po´… un ratito, después me voy a mi cama. – volvió a decir.

No, Marcelo. Siempre dices lo mismo y siempre amaneces aquí – le dije a regaña dientes.

– Ya, po´, si nunca te has quejado – dijo mientras me abrazaba por la espalda y me apretaba hacia él… – un ratito – insistió.

De un momento a otro Marcelo respiraba en mi oído, sabiendo que eso me deshacía. La oscuridad, el silencio y su guardada argolla de matrimonio daban una excitante sensación de prohibido a lo que veníamos haciendo por las noches.

– “Hacete” más pa´cá – me susurró, viendo que yo ya no me negaba a nada.

Marcelo tenía cierto poder sobre mí. A veces, en su ausencia, yo le ponía término a esas relaciones nocturnas, pero no hacia más que llegar a la casa a estirarse a mi lado para luego amanecer conmigo. Le permitía que me hiciera todo lo que NO me gusta, desde que me abracen hasta que me deje el cuello marcado. Cuando veía mi molestia para con él, no hacia más que reírse de mí. “Yo sé que te gusta esto” me decía, y se quedaba dormido poniendo su ronquido en mi oreja.

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2 comentarios en “Sensación de prohibido

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