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Sammy y Kim

Ayer me llamó Sammy (es la chica que conocí en Creamfields y con la que tuve mi primera experiencia lésbica) para proponerme pasar la tarde con ella en su casa porque iba a estar sola. Al principio le dije que ahora tenia novio y que estábamos muy bien y realmente, aunque la había pasado genial con ella, prefería no repetir la experiencia. Pero Sammy es muy convincente y terminé aceptando ir a su casa. Claro que yo tendré quince años pero no soy ninguna ingenua y sabía que íbamos a terminar cogiendo así que me preparé para una tarde de mucho sexo pero la realidad desbordó mis expectativas, ¡Qué manera de coger! De entrada nomás apenas cerró la puerta me apretó contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta mientras me apretaba la conchita, por supuesto yo le devolví la atención buscando el agujero de su culo y metiéndole un dedo bien adentro. Nos desnudamos en la sala de puro calientes que estábamos y cuando llegamos al dormitorio ya estábamos toda mojadas. Sammy trajo un vibrador inmenso, yo nunca había visto uno pero ni me imaginaba que tenían ese tamaño, se me hizo agua la boca mientras lo lubricaba y me anunciaba que era para mi culito, hummm que rico pensé. Me hizo acostar boca arriba y me lo metió despacito, se me pusieron los ojos en blanco ¡Qué delicia! Y cuando estuvo todo adentro lo puso a vibrar, que cosquillitas divinas, me hizo reír pero Sammy ya estaba con la boca metida entre mis piernas y me chupaba el clítoris haciendo mucho ruido: chup, chup, chup, uff, brrrr, chup, chup. Pero eso no iba a ser todo, sentí que me metía dos dedos adentro de la concha y cuando estaban totalmente adentro los abría e intentaba sacarlos, me retorcí de placer, era increíble lo que sentía. Y después los cerraba y los volvía a enterrar hasta el fondo y los abría y los hacía girar o los cerraba en forma de gancho y me apretaba la parte superior de la vagina buscando ese puntito que me vuelve loca cuando me lo tocan y así otra ve y otra vez mientras me chupaba, me lamía y me mordía y yo me refregaba las tetitas y me pellizcaba los pezoncitos. De vez en cuando Sammy apretaba el vibrador para que me vuelva a entrar porque por las contracciones del culo y los orgasmos que me sacudían hacían que se me saliese un poco. Empecé a gritar porque no soportaba tanto goce y Sammy me dejó de chupar y me miraba sonriendo y me decía: “perrita”, “sos una perrita puta y gozadora” y yo le contestaba que si, que era su perrita puta y le pedía: “dame con todo Sammy”, “haceme acabar como a una perrita puta”, “así”, “así”, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhhhhhh! Y acabé como lo que soy una perrita putísima y muy gozadora. Después me sacó el vibrador y lo puso entre mis tetitas y se acostó a mi lado y me abrazó y me besaba con la cara toda mojada por mis juguitos ricos mientras la concha me latía fuerte, fuerte. Agarró el vibrador y lo olió y lo lamió: “Tiene el olor de tu culito”, dijo ¿querés probar?, es riquísimo. Y yo le pegué una chupadita y es cierto, es rico y le dábamos una chupadita cada una y después nos besábamos en la boca. “Ahora es mi turno” le dije cuando habíamos descansado, y la hice acostarse boca arriba mientras lubricaba otra vez el vibra. Le metí la puntita y Sammy gimió pero lo dejé ahí para que lo deseé y empezó a jadear y me pidió: “metemelo, se buenita” pero yo la hice desear un poquito más antes de enterrárselo de un golpe. Se arqueó como si le hubiesen dado electricidad, sólo el culo y la nuca tocaban la cama, y gimió ella como una perra ahora y cuando lo puse a vibrar empezó a sollozar mientras decía: “qué divino, qué divino”, pero ni se imaginaba lo que le esperaba. Primero le chupé un poco la concha, más que nada porque me encanta el sabor de su concha que para mojarla porque ya la tenía bien mojada de antes y después junté la punta de mis cuatro dedos de la mano derecha y se los empecé a meter despacito, se quejó un poco pero mi mano es chiquita y entraron bastante fácil. Pero lo que seguía no iba a ser tan fácil, le quería meter la palma de la mano también… y se la metí dejando afuera solamente el pulgar. Sammy gritó y se sacudió e intentó sentarse en la cama pero le puse la mano en el pecho y la hice acostarse otra vez. “Ahora vas a ser vos mi perra” le dije mientras cerraba mis dedos dentro de su concha como formando un puño. Sammy gritaba: “no”, “no”, “eso no”, “me vas a matar” pero yo ya abría la mano y la volvía a cerrar sintiendo los orgasmos de “mi perra” y buscando su punto G para hacerla gozar como ella me había hecho gozar a mi y ahora ya no decía que no, abría la boca muy grande y jadeando decía: “Así”, “asi”, “no pares Kim”, “cogeme chiquita”, “cogeme como vos sabés, perrita puta”. En tanto mi boca chupaba, lamía y mordía y apretaba el clítoris entre los labios y lo chupaba fuerte y lo masticaba suavemente mientras mi mano libre le apretaba los pezones y le masajeaba las tetas y de vez en cuando empujaba el vibra que con las sacudidas que pegaba comenzaba a salirse. Sammy sollozaba y ante cada nuevo orgasmo se retorcía como queriendo escapar pero no se iba a librar tan fácilmente de mi mano ni de mi boca. De pronto descubrí que si apoyaba la palma de la mano contra la pelvis podía apretar los dedos y sentir esa zona rugosa que imagine sería el punto G, probé y Sammy gritó y quiso escapar intentando sentarse pero no podés escapar si te tienen agarrada de la concha, es imposible. Me alegré de mi descubrimiento y me dediqué repetirlo y cada vez que lo hacía gritaba y golpeaba la sábana con las palmas de las manos y los talones. Entonces dejé de chuparla y la empecé a excitar verbalmente: “Sos mi perra puta y te gusta que te coja” decía y la escuchaba gemir y asintiendo repetir: “Si, soy puta, puta, muy puta y me gusta que me cojan como a una perra”. Y yo le contestaba: “Claro que sos puta”, “sos una perra puta, reventada y reputa, pedime que te coja perra puta” y Sammy balbuceaba: “cogéme”, “cogéme” y yo perversa le decía: “¿cómo se pide Sammy?”, “¿cómo pide una niñita educada y reputa como vos?” “Por favor”, “cogeme, por favor Kim”, repetía y yo gozaba torturándola tanto como ella gozaba con la terrible cogida que le estaba dando. “Chupate los pezones ordené” y no tuve que repetir la orden porque se agarró las tetas y metiéndoselas en la boca las chupaba desesperada: Chup, chup, chup. Pero la pobre no estaba preparada para lo que le estaba sucediendo, me había subestimado pensando que era una pendejita pasiva y no se imaginó que le iba a devolver multiplicado por dos o tres lo que ella me había dado a mi. Ahora se daba cuenta que estaba a mi merced se asustó y se puso a llorar, la cadena inacabable de orgasmos y la tortura verbal eran demasiado para ella y lloró, ahora sí como una niñita, y empezó a suplicar: “Basta Kim, basta”, “no puedo más”, “dejame que me siento mal” y me agarraba la muñeca intentando sacarse mi mano de adentro de la concha pero yo apretaba más fuerte y terminaba dándose por vencida. Verdaderamente se debería sentir mal porque estaba muy pálida y se la veía agotada de tanto acabar pero yo estaba cebada: “No”, le dije, “todavía no terminé con vos, quiero que goces como nunca en tu puta vida y que no te olvides más de esta tarde ni de mi” y la seguí pajeando aunque ya me dolía la mano de tanto hacer fuerza, no sé que duende perverso me poseía pero me sentía omnipotente y quería que verdaderamente esa pobre chica no se olvidase más de mi. Pero se puso a llorar cada vez más fuerte y a suplicarme: “Por favor, por favor, dejame Kim, dejame, me voy a morir si sigo acabando, dejame se buenita suplicaba porque ya no tenia fuerzas para intentar escapar. Y no paraba de llorar, y siguió llorando aunque le saqué la mano de la concha y me chupé los dedos mientras arrodillada la miraba llorar. Me pidió que le saque el vibrador y también lo chupé un poquito. “Qué rico que está” dije, “me encanta el sabor de tu culo”. “Dame una chupadita” pidió sollozando y se lo llevé a boca. Chupar el vibra la calmó un poco, entonces me acosté a su lado y la abracé y la besé mojándole la cara con su flujo. Sammy lloró todavía un rato más aunque la tenía abrazada y la besaba, después dijo: “Yo nunca había sentido algo igual, creí que me moría, te juro Kim, hubo un momento que pensé que me estaba muriendo, me faltó el aire y me dolía el pecho pero vos no parabas y yo pensé que si me moría no me importaba porque morir así seria maravilloso, te das cuenta Kim, morir cogiendo… Estuvimos abrazadas un rato largo dándonos besitos y haciéndonos muchos mimitos dulces y después nos levantamos, tuve que ayudarla porque temblaba mucho y se sentía muy floja, y nos bañamos juntas pero Sammy ni me tocó, ya habíamos tenido suficiente, y al despedirnos, todavía temblando y muy pálida, avisó: “Te llamo sí, para encontrarnos otros día” le dije que si, nos dimos un beso y me fui a casa convencida de que Sammy estaba muy asustada y que no me va llamar nunca más, a ella le gusta coger pero no tiene ninguna intención de morir cogiendo.

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