Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Geisha / Segunda parte

Por un instante me dejó sola y cuando volvió traía en sus manos una pequeña botellita que había sacado de su cartera. Me pidió nuevamente que cerrara los ojos y segundos después de hacerlo, comencé a sentir un aroma a flores muy tenue, un aroma que inundaba el ambiente. Inmediatamente después de sentir ese aroma, vinieron las manos de Zhen nuevamente sobre mis pies pero untando un aceite del que provenía esa fragancia. Repitió las caricias con el aceite y la untuosidad de mi piel acariciada con el aceite, mas el aroma a flores y las manos de Zhen me llevaban a lugares que no sabia que existían.

Pero esto no era nada comparado con las caricias que le prodigo a mis muslos. Los unto completamente con aceite, los acaricio más que antes, sus dedos presionaban en los lugares más sensibles y después resbalaban por todos lados. Mi espalda no podía dejar de arquearse ante el camino que abrían sus manos en mi, no podía dejar de moverme sensualmente, como indicándole donde necesitaba que me diera la próxima caricia.

Tenia ganas de abrir la boca y pedírselo con palabras, pero me daba la sensación de que arruinaría el momento, de que se perdería algo de toda esa magia que estaba envolviendo mi casa y mi cuerpo.

Definitivamente mi cuñada era una perfecta geisha, una apasionada geisha capaz de dar todo el placer del mundo a la persona que le tocara gozar de su experiencia, sus caricias, su manera exótica de excitar a alguien.

Nada se comparo con el preciso instante en el que abrió delicadamente mis muslos y se encargo de mi sexo. Sus dedos hábiles parecían conocerlo de memoria porque se dirigían exactamente a los rincones en donde solía estallar de placer, en donde tocarme era el equivalente de una serie de orgasmos incontenibles.

Mis gemidos comenzaron a escucharse cada vez más fuerte, mis suspiros solo le daban la certeza de los lugares en donde debía detenerse más y continuar con las caricias.

Sentí que me abandonaba nuevamente después de dejar mi sexo en llamas y me pregunte a donde habría ido. No se alejo mucho del sillón, solo camino unos pasos hasta una mesa que había cerca y estaba llena de velas. No entendí bien de que se trataba al principio y cuando comprendí que haría, me alarme un poco pero después volví a relajarme y a confiar en ella.

Encendió una de las velas más grandes que tenia y apago las luces del living. Fue acercándose lentamente a mí y dejo caer sobre mis muslos unas gotas de cera. Contrariamente a lo que creía, no me había quemadora sensación de placer que sintió mi cuerpo al caer la cera sobre mi piel fue maravillosa. Detrás de la cera, vino la lengua de Zhen, recorriendo el mismo camino que recorría ella con sus manos y la vela encendida.

Mis manos no podían aferrarse mas a los costados del sillón, me dolían los nudillos de tanta fuerza contenida, no quería interrumpir nada de lo que ella hiciera, no quería moverme, no quería hacer nada que modificara ni un solo segundo de todo lo que estaba pasando.

Se acerco más todavía y dejo caer pequeños hilos de cera caliente sobre mi abdomen y la esparció con sus delicados dedos por sobre mi piel encendida de deseo. Mas tarde continuo con la misma tarea pero esta vez fue sobre mis pechos. Primero los beso en forma muy suave, después lamió los pezones y los lubrico con su fresca saliva. Cuando sintió que estaban duros y preparados, dejo caer más cera sobre ellos.
El contacto caliente sobre mi tierna piel me hizo lanzar un gemido de placer, sentía que deliraba de gozo al saber lo que Zhen estaba haciendo. Con su magnifica lengua quito poco a poco la cera que segundos antes había dejado caer y se limito a mordisquear nuevamente la punta de mis pechos para hacer circular nuevamente la sangre y dejarlos nuevamente erectos.

Seguía cargando el ambiente de sensualidad y por momentos tenia la sensación de que mi cuerpo no iba a resistir tanta fiebre, tanta excitación, tanta calentura.

Después de dejarme suspirar tanto delirio, dejo la vela a un costado, se quito su ropa y exhibiendo ante mí su blanco y sedoso cuerpo, se coloco entre mis piernas y comenzó a besar mi sexo con pasión, con un descontrol extrañamente calmo.

Los movimientos de su boca entre mis piernas, la invasión de su dulce lengua dentro de mi sexo tenían un ritmo descontrolado pero las oleadas de placer que me embargaban eran serenas, calmas, deliciosas.

Su lengua era invasiva, como no lo había sido ninguna hasta ahora sobre mi carne. Cada gota de flujo que salía de mi era exactamente repartida en partes iguales por mi entrepierna, no dejaba cm. sin mojar, sin humedecer. Investigo los labios externos de mi vagina para luego abrirla y dar pequeños toques con su lengua en mi clítoris completamente hinchado.

Cada vez que la punta de su lengua lo tocaba mi cuerpo saltaba sobre el sillón, mis manos amagaban tocarme y ella me impedía hacerlo, dejándolas caer a los costados de mi cuerpo. Las retenía allí mientras su boca seguía encargándose de mi vagina depilada e hinchada de gusto.

Desde mi posición podía sentir mi aroma, el calor que salía de mi interior se había traducido en un exquisito aroma almizcle que me excitaba a mi y a ella en idénticas proporciones porque a medida que manaba flujo, Zhen aceleraba sus movimientos dentro de mi.

Hasta ese momento ningún pene me había penetrado como la lengua de mi cuñada, ninguna mano masculina había tocado centros tan neurálgicos de mi placer, ningún hombre había encontrado los pequeños secretos que escondía mi concha excitada.

Cuando no me lamía, me acariciaba con la palma de su mano abierta, acariciando mi clítoris con ella y permitiendo que un dedo suyo siguiera de largo hasta dentro de mi agujero, rodeándolo, excitando su contorno para luego entrar en el, para acariciarme por dentro, para mojarlo y saborearlo en su propia boca.

Mi cuerpo era un torbellino de sensaciones, quería hacer algo, moverme, darle a ella algo de todo lo que me estaba dando pero parecía no ser el momento indicado, confié en que ella misma me diría cuando y como, solo con señales, con movimientos silenciosos, como había hecho hasta ahora.

Mi cuñada se estaba dedicando en cuerpo y alma a la delicada tarea de hacerme gozar y lo estaba consiguiendo con creces.

Mágicamente sus pechos reemplazaron a sus manos y vi, maravillada, como colocaba uno de ellos en el borde de mi vagina, como untaba su pecho con mi flujo, como lo tomaba con sus manos y apuntando con su pezón a mi clítoris, lo acariciaba con él.

Esa imagen para mi fue demasiado, me deje llevar y estalle en un orgasmo impresionante mientras su pezón seguía subiendo y bajando a lo largo de mi clítoris y seguía mojándose con mi excitación. Así, con sus pechos empapados de mi calentura, se acerco a mi boca y me los ofreció para poder saborearlos. Se coloco encima de mi y me los regalo, me los dio como una preciosa ofrenda para que pudiera conocer mi sabor bañando su cuerpo.

La verdad es que los deguste como si fueran una maravillosa copa de vino. Deje que mi instinto puro se liberara y tomando lo que me ofrecía, deje vagar a mi lengua y a mis labios por sobre tu carne empapada de mí, de mi esencia de mujer, de esa calentura que ella misma había originado.

Escuchar los delicados gemidos que nacían de la garganta de Zhen me alentaban a seguir, a continuar con esa tarea maravillosa de saborear a esa exquisita mujer que me daba lo mejor de si para poder vivir un momento de lujuria único.

Sin que pudiera reaccionar, Zhen retiro sus pechos de mi boca y me tomo con la suya. Esta vez su beso fue mas ardiente que el primero, quizás porque su excitación había crecido y estaba perdiendo un poco el control de la situación, se estaba dejando llevar por su deseo y eso se manifestaba en su boca besando apasionadamente la mía…

Tome su nuca con mis manos y la acerque mas aun a mi, permití que su boca se soldara a la mía y que ambas lenguas comenzaran a danzar juntas, en el aire, dentro del paladar de la otra, permitiendo que se unieran y acariciaran mutuamente.

Ese beso estaba derritiéndome, la suavidad de la boca de Zhen era impresionante y la movilidad de su lengua mas todavía.

Abandoné como pude esa gloria y dejé que ella me guiara hasta colocarnos ambas en un delicado y sensual 69. Realmente el espectáculo del cuerpo de Zhen frente a mis ojos, la magnificencia de su sexo frente a mí y a merced de mi boca, me supero. Con mis manos sostuve sus nalgas y deje que mi lengua vagara por encima de los labios cerrados de su sexo.

El sabor del flujo de Zhen era tan dulce como ella, tan excitante como la más excitante de sus caricias. Todo en ella era armonioso, hasta su sabor.

Me entretuve mucho tiempo lamiéndola de esa manera y en forma sincronizada cada caricia que le regalaba, ella la repetía en mi cuerpo. Delicadamente abrí los labios de su vagina y me dedique a besar su interior, los labios menores de su perfecta y depilada concha, a buscar con mi lengua su clítoris y moverme en círculos sobre él.
Lo succioné varias veces con mis labios y lo excité mucho más todavía con pequeños mordiscos. Cada movimiento dentro de Zhen hacia que su cuerpo se moviera hacia delante y hacia atrás sobre el mío. Cuando yo aceleraba el ritmo de mis caricias, ella hacia lo mismo. Estábamos las dos gozando en los mismos tiempos, estábamos sincronizadas, las dos teníamos el mismo nivel de excitación.

Mi cara se enterraba en su sexo y gozaba al sentir mis mejillas completamente mojadas con su flujo, me encantaba sentir que salía más y más de su interior al sentir que mi lengua entraba profundamente en ella.

El panorama de su perfecta y blanca cola frente a mis ojos fue una tentación infinita que no pude resistir. Con mi lengua excite su agujero trasero y comencé a meter delicadamente un dedo en él.

Zhen saltó, me miro de costado y con una semi sonrisa me dio el consentimiento para seguir. Reconozco que me tomé coraje y seguí excitándola despacio pero seguro. Primero decidí que mi lengua se encargara un poco mas de ese lugar y la moje, arrastre el flujo desde su vagina hasta su cola, acariciaba con mi dedo índice la entrada en círculos y de a poco alterne con mi lengua para ir abriéndolo más y más.

Cuando había conseguido que se abriera en forma considerable, mi dedo mayor se deslizó en él y comenzó a penetrarla una y otra vez, me movía como si mi dedo fuera un pene que la tomaba sin control por atrás y los gemidos de Zhen se multiplicaban por toda la casa.

Era una dulzura escucharla y saber que la fuente de ese placer eran mis dedos, al fin podía retribuirle algo de todo lo que me había dado.

Mi lengua se dedico a su clítoris y mi dedo seguía en su cola mientras ella, como podía, seguía lamiéndome más y mas.

Así, torturándonos deliciosamente, logramos un orgasmo juntas que nos llevo a movernos en perfecto estado de locura, de delirio, de desborde pasional.

Nuestros cuerpos habían adquirido una cadencia al momento del éxtasis que nunca había visto en mi vida, parecíamos soldadas la una a la otra y así acabamos agotadas, ambas abrazadas una a las piernas de la otra, respirando nuestra excitación sin querer movernos de ese lugar.

Cuando nos recuperamos de ese momento nos quedamos un rato abrazadas en el sillón hasta que se hizo la hora de que Zhen se marchara. Ninguna de las dos pronuncio palabra pero estaba implícito que nadie sabría lo que había sucedido esa tarde en mi casa.

Ni siquiera Leo, que de conocer mí historia, se habría muerto de envidia.

Volvimos a estar juntas dos o tres veces mas y a experimentar un placer mayor aun del vivido aquella tarde. Después de que se marchó con mi hermano a su tierra, nunca mas volví a estar con una mujer, quizás por tener la intima convicción de que nadie adoraría mi cuerpo como aquella geisha maravillosa que un día, y a su manera, me amó.

Sabrosa

Luna_gitana@yahoo.com

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Un comentario en “Geisha / Segunda parte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*