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Desconectado

Una vez más en lo mismo. Sigo sentada frente al computador.

Mis fantasías despierta con mujeres que se me cruzan en el camino no eran novedad, sin embargo, la que interrumpía ahora mi tranquilidad era una sin rostro; Tínkles, del chat.
Madrugada del domingo, tres a.m. ¿Qué estaría haciendo en estos momentos? No esta conectada. Seguro “lo hace” con su pareja, con la que me siento como Judas cuando le digo “besos pa ti Morti” y lo lamento, mucho, pero no puedo ni quiero evitarlo. Es un pensamiento mágico, no real, aunque esta mujer sea del país de al lado, o quizás fue a alguna celebración con sus amistades.

Cuarenta y tres años, metro sesenta, pelo corto, un par de metales que lleva consigo y dos hijos que salieron por las partes que anoche retumbaban en mi cabeza. Que diferencia, que respeto cuando la imagino besándome a solas y que lentitud mantengo yo al seducirla cuando se hospeda frescamente en mi imaginación. Le diría tantas cosas en ese momento, aunque no esté bien, aunque se acueste con otra persona y aunque no tenga un rostro. Por las noches extraño su presencia en esa pantalla cuando dice “desconectado”, como ahora.
¿Sabrá que me hace masoquista al aguantarme sus preguntas fuertes, sus garabatos extranjeros y sus verdades inapropiadas con respecto a mi? Nada que salga de ella me molesta tanto. Se lo he dicho, aunque le haga gracia.
Sigue diciendo “desconectado” y yo aquí sigo imaginándomela, con un vaso de vino tinto mientras chatea y escucha música. ¿Habrá terminado su dibujo? ¿Cómo le habrá quedado su castillo? No necesito verlo para aprobarlo, si lo hizo con sus manos no pudo quedar mal.
Ahí esta de nuevo en mi cabeza, esta vez me palpa la boca con sus manos pequeñas, a oscuras, como me lo dijo ella y luego encendiendo su vela. No solo se me hace inmensamente atrayente sino que encima es romántica. Creo que la mujer que la sedujo en su trabajo fue una idiota, yo no solo leería por detrás suyo lo que ella revisa y no solo apoyaría mis pechos en su espalda, la encerraría con mis brazos apoyados en su escritorio para sentir el olor de su pelo y acercar mi boca a su cuerpo. Con la mirada que tengo la obligaría a quedarse donde esta y le haría sentir cómo su corazón manda avisos de alerta mientras le digo al oído “qué es lo que tienes que me gusta tanto”. Quisiera ser su paciente en este preciso momento, estar en su oficina para cerrar la puerta con cerrojo y arrinconarme con ella para que no se vea por las ventanas. Le pediría que junte sus parpados y tomaría sus manos para ponerlas en mi cara, que toque, que palpe para que sienta lo que me hace sentir y quede mi aroma a “feminin” en sus manos. Que se acerque lento para que se detenga frente a mi boca y me llegue el aire que botan sus pulmones, sentir su calor corporal frente al mío y que me bese lento para que me contagie la humedad de su lengua y la deje allí. No quiero tocarla entonces, que vea como cierro los ojos y respiro mientras voy respondiendo a lo que me da. Que se emocione instintivamente y ponga sus pechos en mi cuerpo, que me haga inclinar hacia ella, pues mi estatura estorba y que no la detenga nadie mientras nuestras bocas permanezcan conectadas y nuestras narices se toquen de lado a lado, estorbando, respirando y sintiendo.
¿Qué es el pecado? que lo transforme en regla, en una obligatoria y que no piense en nada ni nadie, que trabaje mi cara y mi boca mientras nuestras emociones suben y ascienden a mas no poder. Quiero abrir mis ojos y mirarla, enmudecida y entregada a las facciones de su cara cerca.
Se me viene a la cabeza la imagen de su sexo. Mi imaginación no tiene un orden lógico y las escenas se alternan cambiando de tiempo y lugar como película para dos. Su sexo es pequeño, de vellos oscuros y escasos. Se depila y se lo deja hermoso, mas de lo que lo tiene, mas de lo que se lo dio la naturaleza. Es perfecta, no sabe que lo que quiero es estar con una mujer mayor que yo para que me proteja y me haga frenar durante mis apuros mientras dura tal acto.
Ahí estamos de nuevo, ella desnuda, sin importar si en una cama o en un sillón marrón. No se cohíbe ni habla, solo quiere y tiene que tocarme y por favor que no la desconcentre nadie. Tampoco hablo y me dejo a sus besos, tocasiones y movimientos. Sus besos se oyen y mis respuestas gritan pidiendo que no se detenga ni que nadie perturbe sus intenciones. No te demores o de lo contrario tomo tus manos y las pongo en mis pechos mientras su boca anda entre mi cuello y mi oído, me encadena a ella haciéndome sentir esas ganas de tenerla dentro de mi con un frío ardiente. Por un momento veo una mancha de algo en el techo, una figura loca que es testigo de mi nerviosismo exquisito. Respiro profundo, se lo que viene a continuación, me lo grita sin decirlo al acomodarse mejor sobre mi, mientras su mano baja hasta mi vientre y me separa mas las piernas con las suyas.
– Despacito – le pido
– Si  – me dice sin importarle demasiado que sea miedosa.
Dios mío, su mano me esta rozando las cercanías del sexo expuesto. Me preparo para lo que viene, nerviosa. Me besa la boca para que no sienta tan bruscamente que entrara en mi alma sexual ahora… Dios, que “molestia” más excitante, me toca todo mientras me hace tomar y botar el aire como si el mundo se fuera a acabar mañana. Entra y sale de mi a su antojo, y se mueve en pequeños círculos obligándome a moverme con ella para sentirla mejor. De vez en cuando tomo sus pechos entre mis manos, porciones de carne femenina y descoloridas por el sostén que hace lo suyo con la fuerza de gravedad.
Ah bajado mas abajo, pude sentir como me dilataba para invitarla a entrar, todo es suyo, yo soy ella y ella es yo… Me hace quejar, puedo sentir las paredes de mi interior abrirse cuando ella entra y me encanta. Mete y saca los dedos de mi sexo, ahí viene otra vez, prepárate Capuccine; gime, abre mas y aguanta. La abrazo, la siento en el alma y su va y ven me mantiene hechizada y moribunda mientras la suelto para apretar lo que mas a mano tenga con mis puños. No existe nada, solo una Tinkles y una Capuccine, dos mujeres entregadas a lo básico de lo humano; el instinto.
Mis respiraciones y gemidos que ahora se han agitado a tope le indican que falta poco, casi nada para el fin y se concentra en que va bien, ni duele ni molesta, solo gusta y es necesario mas. Contengo el aire un momento para que no estorbe en mi concentración. Su cuerpo esta pegado al mío, es caliente y húmedo y su peso no pesa, sino que sirve para hacerme sentir el estallido que me hace tiritar por segundos y hacérselo notar esquivándola furtivamente.
Se recuesta a mi lado con el brazo tembloroso y todo me palpita.

Una vez mas lo mismo. Sigo sentada frente al computador. La música se detuvo y la pantalla sigue diciendo “desconectado”.

Débora Hoffa

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2 comentarios en “Desconectado

  1. awww qe qoZa tan wenEaL :3 me enqanTo…!!! iio qiziera zenTiir eZo qon la xiiQa ala qE amoooo<3

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