El sueño de Aitor: la infidelidad

La idea me comenzó a rondar por la cabeza desde que conocí a Lucía. Y de eso habían pasado ya muchos meses. La cuestión estaba en que nada me atraía tanto como tener sexo con las dos mujeres más cercanas a mí, es decir, con mi novia Alejandra y con su mejor amiga, Lucía. Estaba tan obsesionado con estar con las dos a la vez que me ponía malo cada vez que estábamos juntos los tres. Pero no me tachéis de nada, yo no tengo la culpa de esto. La tiene mi novia y sus imaginaciones… porque muchas veces me planteaba situaciones que a mi me sacaban de mis casillas, me volvía loco la imaginación de esa chica. Alejandra era capaz de cualquier cosa. Sin embargo Lucía era un poco más tímida, pero no parecía hacerle ascos a nada y encima estaba buenísima. Pero yo jamás le había sido infiel a Alejandra.

En varias ocasiones le había dicho a Alejandra, mi novia, que me encantaría formar un trío con otra mujer. Ella me comentaba que estaba dispuesta y cuando estábamos haciendo el amor ella fantaseaba con las cosas que podíamos hacer en estos momentos, me decía en donde pondría sus manos, en donde su lengua, sus manos y sus tetas y en donde se las haría poner a nuestra compañera. Decía como me tocarían y como se distribuirían mi pene y mi semen para que ninguna perdiera ni una mísera gota. Y claro, a mi la idea me enloquecía y las descripciones que ella hacia excitaban mi imaginación y mi cuerpo al máximo. Yo soñaba con verlas desnudas acariciándose y acariciándome, sin embargo no encontraba la forma de proponérselo a las dos y hacer realidad mi fantasía, o la suya… o de quien fuera, porque a estas alturas a veces lo dudo. En cierta ocasión, Alejandra me dijo que Lucía hablaba muy bien de mi, que habían estado hablando sobre cómo era yo en la cama y esas cosas. Y eso me excitó sobremanera, porque mi novia pensaba que yo le gustaba a Lucía, y que eso le divertía. El problema estaba en cómo proponerlo…probar qué tal era Lucía.

La ocasión se me presentó como por cosa del destino. Y es que un día que fui a visitar a Alejandra y me encontré con que estaban las dos en el piso. Cuando yo llegué me dijeron que habían pensado ir a cenar fuera, así que nos fuimos los tres por ahí. Total, que entre unas cosas y otras se hizo bastante tarde y Lucía, al darse cuenta de la hora que era, se alarmó, ya que su casa estaba muy lejos del restaurante adonde habíamos ido y no se había traído el coche. Así que, obviamente, me ofrecí acompañarla. Ella aceptó de buen grado, aunque noté cierta tensión entre ambas. Nos subimos en mi coche, llevé a Alejandra a su casa porque decía que estaba muy cansada, y le prometí que después de llevar a Lucía volvería para dormir juntos aquella noche. Entonces nos quedamos Lucía y yo solos. Apenas hablamos durante el trayecto. Cuando llegamos a su casa, nos despedimos y bajó del coche. Yo esperé a que se metiera en el portal, pero vi que tenía problemas para abrir el portón y salí del coche para ver qué pasaba. Ella, al ver que me acercaba, sonrió. Me dijo que la cerradura estaba como atascada. Yo le cogí las llaves y traté de abrir, lo que conseguí al cabo de un buen rato. Mientras tanto, noté cómo Lucía, que se había quedado a mi lado, no dejaba de repasarme de arriba abajo con la mirada.
Una vez que la puerta estuvo abierta, volvimos a despedirnos, pero esta vez Lucía me abrazó, dándome las gracias y aprovechando para besarme… en las comisuras de los labios. Automáticamente me sentí excitado, comprendí que aquella era mi oportunidad y una especie de corriente atravesó mi espina dorsal. La abracé con fuerza y empecé a acariciar su espalda con ambas manos, mientras la besaba en los labios, que eran tan suaves y cálidos que acabé por ponerme malo del todo. Ella rápidamente me empujó al interior del portal, sacándose de un tirón su blusa de la falda y deslizando mis manos por entre su sostén, sentí sus pezones duros y pensé que su vulva ya estaría empapada por sus jugos. Recuerdo que en aquellos momentos pensé que jamás había deseado tanto a una mujer… tanto como para serle infiel a mi novia.

Lucía, mientras tanto, no perdía el tiempo: me bajó la cremallera del pantalón y cogió con tanta fuerza mi pene, que parecía que quería arrancarlo de su sitio. Le dije al oído que mejor subiéramos a su apartamento y ella solo me respondió con un impaciente gemido de aceptación. No sé cómo conseguimos llegar sanos y a salvo hasta el piso, pero el caso es que lo conseguimos. Al llegar, y sin dejar de besarnos, me quité los pantalones (no me gusta llevar ropa interior) y me senté en una silla. Me toqué la polla y noté que estaba muy hinchada y húmeda. Ella no lo pensó dos veces, se levantó la falda, se acomodó sobre mi y, con una mano, deslizó mi instrumento dentro de sí misma, mi enorme verga húmeda y a punto de reventar, dentro de Lucía.. Me sorprendió lo caliente que estaba, pude entrar fácilmente y ella empezó a subir y bajar sobre mí mientras yo le desabrochaba su blusa y dejaba al descubierto sus enormes pezones, sobre los que me abalancé hambriento.

Mientras yo lamía sus pechos, ella acariciaba mis bolas con su mano y no dejaba de jadear, yo sentía que me iba a correr muy pronto. Ella tal vez lo notó y dejó de moverse, entonces aproveché para meter mi lengua en su boca, jugueteamos un rato, mordiéndonos en el cuello, pero ella dijo que se estaba haciendo demasiado tarde y que al día siguiente tenía que trabajar desde temprano. A mi aquello me cortó bastante el rollo, pero no le dije nada.

Entonces se levantó de mi, se acomodó en el suelo, sobre la alfombra, con las piernas muy abiertas, mostrándome el espectáculo de su sexo totalmente abierto a mi. Me tumbé sobre ella y la penetré de nuevo, empujando con fuerza e iniciando un movimiento de adelante y atrás. Ella, con sus manos extendidas sobre mi espalda, me empujaba hacía sí misma y pellizcaba mis nalgas, hasta que alcanzó su primer orgasmo. Al rato, notando como se escurrían sus líquidos, tuve un fuerte espasmo y derramé todo si semen dentro de ella, que al sentirlo arqueó la espalda, gimiendo como una gata en celo. Cerró sus piernas, abrazándome con ellas y entrelazando sus pies por encima de mi espalda, me dijo que no me saliera, y así estuvimos un rato mientras nos besábamos y nos abrazábamos.

Luego nos levantamos, y mientras nos acomodábamos la ropa pude apreciar que por su pierna izquierda escurría un liquido que inmediatamente comprendí era una mezcla de mi leche con sus fluidos. Empecé a notar cómo mi verga volvía a despertarse, así que me despedí de Lucía y salí al aire fresco de la noche. Mientras iba hacia mi casa conduciendo, recibí una llamada de mi novia pues estaba un poco extrañada por mi retraso. Le pedí que se tranquilizara, pues ya estaba cerca y dispuesto a recompensarla por la demora. La verdad era que aun me sentía con ganas de seguir.

Cuando llegue a casa Alejandra tenía puesto un camisón corto y semi – transparente de color negro, por lo que pude notar que debajo no llevaba nada puesto. Apenas pude dejar mis cosas en el piso y cerrar la puerta cuando ella comenzó a lamerme el cuello y a deslizar lentamente su lengua por mi pecho, mordisqueando mis tetillas y masajeando mi miembro con fuerza a través de la tela del pantalón, del cual no tardé en deshacerme.

La hice bajar hasta mi pene y se lo introduje en su boca. Mientras yo estaba de pie y desordenaba su cabellera, ella, arrodillada, lamía con deseo el glande que se veía rojo y húmedo. La sensación era irresistible y ella insistía en chupar y chupar. No obstante noté como había puesto un dedo en su coño y preferí ponerla de pie y comencé a bajar deslizando mi cara, mi nariz a fin de que sintiera mi respiración, por su piel, por entre los senos y apretando con mis labios fuertemente sus pezones erectos. Poco a poco fui introduciéndome entre su pubis apartando su abundante y espeso vello con mi nariz y con mi lengua, desplazándome lentamente hacia sus labios que tenían un delicioso sabor… Alejandra estaba lista para ser penetrada por mi verga. Era como un sueño: me había follado a Lucía a espaldas de mi novia y encima me iba a acostar con Alejandra casi enseguida. Un sueño cumplido.
Alejandra se tendió de espaldas y me mostró sus partes: el clítoris estaba enrojecido y de sus labios emanaba un fuerte olor. Se acarició invitándome a penetrarla, lo cual hice inmediatamente, la cabalgue entrando y saliendo con un ritmo acelerado, ella enterraba sus uñas en mi espalda y gemía. Poco a poco entramos en éxtasis y logramos tener un orgasmo simultáneo intenso y húmedo, ella decidió que para terminar debíamos limpiarnos uno al otro para lo cual se puso sobre mí con su boca en mi pene, mientras ponía mi boca en su vulva, así limpiamos los restos de esta copulación con nuestras lenguas hasta que el sueño nos venció.

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