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Una gordita muy caliente

En algún momento de mi juventud, el “tío” (esa persona que no es hermano de ninguno de nuestros progenitores, y que no tiene grado de parentesco alguno, pero como adulto que es, seguimos en cuanto consejo nos da), me dijo:
– vos tenés que encarar a todas, sea gorda, flaca, linda o fea… vos dale a lo que venga… para elegir después tenés tiempo.
– Aparte…, tené en cuenta que las mujeres hacen exactamente lo mismo que nosotros…, se cuentan todo y con detalles…, así que, atendé como a una reina a la más fea o poco agraciada, y después van a venir a buscarte las minas que vos querés…
La verdad que muy poco resultado me dio este consejo, que seguí al pie de la letra en un principio, pero me hizo entender que toda mujer sea como fuera, siempre tiene ese “no se que”…, que la hace especial.
De alguna manera, toda mujer es deseable o genera algo en uno que te dan ganas de estar con ella… por más que tus amigos te digan que es un bicho…, que al principio no se te mueva un pelo, o que de lleno la rechaces por la causa que sea, teniendo que acudir posteriormente a sus brazos, sin pensar nada de lo anterior, para calmar la urgencia sexual del momento.
Hoy me voy a referir especialmente a las gorditas, pero no a aquellas mujeres que tienen uno, dos, cuatro o cinco kilos de más, sino a las que tiene un sobrepeso considerable.
Como se dice popularmente, estas mujeres suelen ser mas “gauchitas”, hacen y se dejan hacer cosas que quizás una niña con cuerpo esculpido no te dejaría ni siquiera pensarlo.
Por que es esto? También por deducción popular, se desprende, que la “gordita”, al saber que cuenta con menos armas que las demás, aprovecha las que tiene al máximo y satisface a su pareja de una manera mas que plausible.
Porque la “gordita” la labura, no se deja estar, sabe que tiene mucha competencia y no pude echarse en los laureles de una conquista.
Es obvio que esto no se cumple en todos los casos, porque somos muchos a los cuales las gorditas nos “pueden”, pero siempre es bueno recordarlo.
Así que dicho y aclarado esto, procedo a iniciar mi relato:
Ocurrió una calida tarde de enero, en mi trabajo, cuando la conocí. Yo ya la había visto un par de veces, realizando trámites, pero nunca cruzamos palabras antes de ese día. Solo tenía el beneficio de haberla observado como me dirigía miradas muy sugestivas cuando tenía oportunidad de estar cerca de mi escritorio. Era una chica gorda, muy llena de vida. Llevaba puesto esa tarde, unos jeans apretados de los cuales asomaban sus rollos.
Parece un matambre…, pensé.
Arriba traía puesto un top de color azul, sus pechos amenazaban con salirse de la prenda y era la comidilla de todos mis compañeros de trabajo y de los demás presentes, que se le reían prácticamente en la cara.
Se veía muy interesada en mi, y por eso, cuando se acercó, comencé a decir lo bien que lucía (muy guacho lo mío), y lo lindo que estaba la tarde para salir a pasear en lugar de estar trabajando.
Un tema derivo en otro y así estuvimos hablando por un largo rato. Dijo llamarse Julia y no paro de dar indicios de estar sola, sin pareja, desde hacia tiempo y lo lindo que seria tener a alguien a lado, aunque sea por un rato (descaradamente me estaba echando los perros y no ponía reparo para hacerlo). Quedamos de vernos algún día, me dio el numero de su teléfono (fijo) y por las dudas su dirección si quería encontrarla. Si bien yo tenía presente que la niña en cuestión podría sacarme de algún apuro sexual, créanme, no tenía la mínima intención de llamarla, pero en fin, guarde aquellos datos…
Pasaron los días…, yo estaba intentando salir con Norma, éramos sólo amigos pero me gustaba. Chiquita, morena, con un culito apretado y unos senos chichitos, pero paraditos, aunque lo que más me gustaba eran sus labios. Tenía una boca hecha para besar y también para mamar, cosa que yo ansiaba que me hiciera.
Un buen día después de acompañarme a cortarme el pelo, la llevé a mi casa. Una vez allí y sentados en el sillón del living, nos besamos. Ni lerdo ni perezoso, le desabroche la blusa y me di el gusto de lamer y chupar sus pezones chiquitos bien erguidos, parecían gomas de borrar, esas que tienen los lápices en la punta (perdón por la comparación, pero es lo mas cercano que se me ocurrió para describirlos). No me dejaba quitarle el pantalón, me dijo que andaba menstruando. En lugar de eso, me bajo el cierre de la bragueta y sacó mi pene, que para ese momento, ya estaba a full. Comenzó a succionar, en un principio tímidamente, pero lo que siguió me dejó bizco. La niña chupaba, mamaba, sorbía como toda una experta!. Ya me resultaba muy intenso sentir su boca y su lengua juguetona, pero su mano derecha que subía y bajaba al compás de su cabeza completaba la labor. Finalmente y con mucha fuerza, me exprimió hasta la última gota de semen y golosamente se lo trago todo.
QUE LO PARIO! – pensé… Normita no era tan inocente como la imaginaba.
Al llevarla de regreso, me prometió que muy pronto me daría todo lo demás…, quedamos en vernos el sábado y sería al finalizar el concierto de Alejandro Lerner, ese día.
Cuando la vi esa noche me dejó perplejo. Llevaba puesto unos jeans blancos muy entallados (ajustadísimos) y una blusa chiquita que dejaba ver su ombligo.
Ya me imaginaba lo que me iba a comer esa noche! (en realidad, venia imaginándolo hacia tiempo). Como teníamos ticket en lugares distintos, nos separamos con la convicción de encontrarnos al final del espectáculo.
No me pregunten cómo ni porqué, pero al final del recital, entre la multitud no la pude encontrar, y miren que la busque como un desesperado y nada… Estaba puteandome por no encontrarla cuando me topé de frente con Julia…” gordita”.
Ella iba muy coqueta y al verme me saludó de forma muy efusiva.
Nos quedamos charlando a la salida del concierto, yo le prestaba poca atención, mi objetivo era otro pero jamás encontré a Normita. Ya resignado, le eché otro vistazo a Julia, y ups..!!!, comencé a imaginármela desnuda.
Demás esta decir, que estaba caliente como una pava; había estado gran parte de la semana pensando en ese sábado y mi libido no daba mas…
Sin decir más, le pregunte si tenía algún problema de ir a su casa con la excusa de tomar un café y ver que podíamos hacer mas tarde…
Y vaya experiencia!
Julia había resultado extremadamente caliente. Ni bien entramos a la casa, comenzó a desvestirme, (si señor, así como ustedes lo leen, sin previo aviso), me quitó toda la ropa y luego hizo lo mismo con la suya.
Jamás había visto semejantes pechos… Que tetas!!!. Eran del tamaño de mi cara con pezones rosados y grandes aureolas!
Se había rasurado la vulva, que apenas aparecía ante tanta carne… abundaba…, tenia tanto de todo que abrumaba…
Ya jugado me arrodille y comencé a hurgar con mi boca esos grandes labios ocultos…, su vagina era muy rosada, carnosa, calida y ya estaban escurriendo sus jugos.
En mi mente no podía creer lo que estaba haciendo y que dirían mis amigotes si se enteraban.
Sería sin duda toda una nueva experiencia. Julia me aparto, me pidió que me pusiera de pie mientras era ella quien se arrodillaba, me agarró el miembro y comenzó a chuparlo de forma ruidosa, golosa, cochina. Me vine enseguida.
En lugar de succionar saliva y semen, los dejaba colgar en finos hilos. Su baba mezclada con lo mío escurría por su cara y mentón, y caía encima de esas dos moles de carne que eran sus pechos. Se tragaba entero todo mi pene y luego lo sacaba escurriendo, todo eso le colgaba de la barbilla. Una visión muy morbosa y no menos excitante. Acto seguido, hizo que me acostara sobre la mullida alfombra, levantó mis piernas y comenzó a lamerme los testículos. Cual fue la sorpresa?…, empezó a chuparme el ano.
Me estaba dando “el beso negro”. Con su mano libre, recogió todos esos líquidos que tenía en los pechos y me los untó en la cola, para luego juguetear con sus gorditos dedos lubricados en mi esfínter.
Jamás, hasta ese momento, había sentido tanto placer, tenia el pene hinchadísimo y quería cuanto antes, penetrar a esa gordita caliente.
Julia no me dejó hacer nada, se paro sobre mí con las piernas abiertas, tomo mí endurecido miembro y fue agachándose hasta tenerlo en la entrada de su vulva y de un solo envión y con fuerza se lo trago todo.
Y ahí estaba yo, siendo casi violado por una mujer que me doblaba en peso.
Ella me cabalgaba con todo, de su muy lubricada vagina salían los ruidos más diversos que jamás haya oído, una rara combinación de aire con líquidos (vulgarmente conocidos como “pedos de concha”).
Sentí que estaba muy cerca de eyacular, ella tambien lo percibió, así que me apretó muy fuerte con sus piernas que parecían dos robles.
Terminamos en un clímax simultáneo, a la vez que Julia gritaba muy fuerte.
Temblaba con el poder de un orgasmo increíble y cayó encima de mí. La diferencia entre nuestros cuerpos era considerable, me ahogaban sus carnes, me sentía muy pequeño comparado con ella. Cualquiera que nos hubiera visto pensaría que era un parto más que otra cosa.
Después de un cigarrillo, charla, mimos y recobrar fuerzas me pidió mas, pero esta vez, ella lo quería recibir en cuatro patas.
MI DIOS…!!! Cuando se agachoooo…!!!, esas tremendas nalgas se hicieron todavía más grandes.
Era un traste del tamaño XXXL.
Hice lo que pude, pero era demasiada carne para mí discreto pene. Empujaba, me acomodaba, me hacia un poco para abajo, un poco para arriba, otro poco para el costado, pero no había caso, no sentía que provocara placer y tampoco lo estaba recibiendo yo. Sólo por eso se me ocurrió intentar en su ano. Al sentirlo se opuso, quiso retirarse pero insistí y le introduje solo la cabeza del pene para probar; y de ahí entró toda de un sólo golpe.
Comencé a moverme lentamente hasta agarrar ritmo, y entonces sí…, Julia chillaba de verdad.
– Ay hijo de puta! Me estas abriendo…
– ‘Aaaay, aaaaay, me duele, me gusta…masssss!!! Fuerte papito, fuerte…
Para hacer la cosa más interesante, bajé la mano y le agarré la vulva entera.
Con casi toda la mano metida en su vagina, la estimulaba torpemente, brutamente y su lubricación mezclada con mis jugos, producto del polvo anterior, escurrían por mi mano.
Qué buen sexo nos estábamos dando la gordita y yo. Mis dedos en su vagina ya le habian provocado mas de un espasmo orgásmico. Y ahora era ella, quien movía sus caderas en forma frenética, para que mi pene taladrara lo mas profundo posible su ya no tan apretado agujero anal.
Finalmente con la poca fuerza que me quedaba la inundé. Mi semen salía del ano y se deslizaba por toda la vulva, yo seguía frotando su vagina. Con la cantidad de fluidos que había, toda mi mano se había filtrado dentro de su tajo.
Fue tan morboso el espectáculo, que para hacerla acabar por última vez, le metí tres dedos en la cola y con tremendos gritos tuvo otro orgasmo repentino. Fue tan intenso que tuve que sacar mi mano para que su flujo saliera a borbotones. Jamás había visto tal forma de acabar, temblaba, se retorcía y era casi como si se estuviera orinando encima… no paraba…
Hechos pelota, recogimos la ropa y nos fuimos a su habitación a descansar. Gracias a dios que estábamos solos en la casa, ya que estaba inundada de olor a sexo y la alfombra muy manchada por las secreciones sexuales.
Estuve con mi pene morado por varios días, me dolía cada vez que tenía una erección o debía orinar, además de cargar un cansancio terrible que me llevaba a la cama más temprano que de costumbre.
Me quedó un doloroso pero grato recuerdo de Julia “la gordita caliente y cochina”.
Volví a ver a Julia una vez más, pero no fue tan intenso ni excitante, para ninguno de los dos, así que optamos por dejarlo ahí nomás. A Norma la volví a ver a los pocos días, pero le corte el rostro por un tiempo, por no haberme buscado ese sábado, que sin embargo, para mí, fue y es un sábado para el recuerdo.

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3 comentarios en “Una gordita muy caliente

  1. pero que buena experiencia, yo ando hace un tiempo con una chica gordita y si, son altas putas cuando quieren, concuerdo totalmente con tu teoria jaja, vamos las gordis!

  2. A mi me fascinan las gorditas; tuve una que la llamaré Clara Patricia, con unas piernas, tetas, culito y panochita espectaculares, erall secretaria de un taller en donde mandaba a hacerle trabajos a mi carro, la conocí y de inmediato vi que le habá gustado, desde ese mismo momento comencé a decirle piropos y de una la invité a salir, me aceptó la invitación de inmediato, viéndole sus piernas gorditas me arrechaba y la recorría con mis ojos, deseándola intensamente, salimos dos veces a conversar a alguna cafetería, pero en la tercera salida ya me animé a decirle que me gustaba, que me agradaba su cuerpo gordito y que me regalara un beso; de inmediato me ofreció sus labios y se los besé apasionadamente, se dejó meter mi lengua y me respondió igualmente con la suya, no me aguanté más y le comenté que quería llevarla a un motel, porque quería poseerla; me aceptó y nos fuimos; cuando llegamos me dijo que le fascinaba que le acariciaran los senos, que los tenía grandes, duros y con unos pezones gruesos, cafés y una aureola espectacular, se los besé y le mordisquié con suavidad esos pezonsitos, fue toda una delicia, nos desnudamos, era una gordita blanca espectacular, al ver su cuquita, rosada, con un clítoris paradito, parecía un glandecito diminuto y su olor de hembra me llevó al máximo de mi deseo por ella; me coloqué sobre ella en la posición de misionero, cogí mi pene que estaba al máximo y lo deslicé en su vulvita, entré en ella profundamente y tuve un orgasmo delicioso; le derramé mi semen a borbotones en su vagina, pero mi pene se mantuvo bien erecto y comencé a bombearla deliciosamente porque estaba bien lubricada con sus jugos y con mi semen, la penetré muchas veces hasta que la sentí llegando a un delicioso orgasmo, aceleré mi ritmo y llegamos al tiempo a un espectacular orgasmo, derramé mi semen hasta la última gota, mis testículos me dolían, yo le metía la lengua en su boca y le decía que la amaba, que me hacía feliz; así salimos varias veces y siempre me derramaba al entrar en su vagina, la lubricaba y mi pene se mantenía bien parado, con ella siempre me pasó eso, todos los orgasmos con mi gordita Clara Patricia fueron deliciosos e inolvidables.

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