Mi putita

Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto, es que nunca hubiera imaginado yo con mis jóvenes y rebeldes dieciocho, que durante los próximos siete años los acontecimientos irían acomodándose perfectamente para hacer de mi lo que soy hoy.
Cuando cumplí dieciocho tenía la misma cara de nena que cuando tenía trece pero mi cuerpo si había cambiado y bastante; de golpe me miraba al espejo y veía a otra Ana, una con cintura marcada, con caderas redondeadas, pechos como peras y nalgas gorditas, me gustaba verme así, de un momento a otro los complejos adolescentes se fueron a dormir para siempre y estaba naciendo una fémina segura de su propia piel y conocedora de lo que provocaba en el otro género. Fue así que empecé a disfrutar de mis nuevas libertades de mayor de edad y salí al mundo con el rostro marcado por la espontaneidad y la alegría de saberme hermosa y libre.
Mi vida se repartía entre estudios, boliches, amigas y enamorados, si a los dieciocho los enamorados son en plural, duraban entre una y dos semanas o el tiempo en que ellos demoraban en querer más, es que yo todavía no me decidía a entregar mi tesorito privado, no por puritana o miedosa sino porque ninguno de esos chicos que paseaban por mis besos, había logrado seducirme todos los sentidos y por eso cada vez que alguna mano estrujaba alguno de mis pechos por demasiado tiempo o buscaba colarse por mis pantalones mi cuerpo brincaba para alejarse, exacto me había transformado en una “calienta braguetas” compulsiva. Así estuve hasta que Fernando mi adorado Fernando, salió de su letargo de amigo de toda la infancia y por fin vio en mi a la mujer que durante años suspiró por él. Durante un año fuimos novios, juntos comenzamos a descubrirnos y disfrutar los placeres que el amor marca en la piel, fuimos exploradores incansables de nuestras sensaciones; hasta que su familia debió mudarse por razones económicas a otra ciudad y el partió, al comienzo nos mantuvimos en contacto telefónicamente, pero a esa edad el mundo va tan rápido como nosotros y es imposible mantener un vinculo a distancia, por eso el dejó de estar cerca y yo me quedé sola y con el corazón transformado en un pedazo de hielo, frío y duro; mi sonrisa se evaporó y en mi mirada se acentúo el conocimiento de que el amor no es eterno.

Era una joven con magníficos veinte años con el cuerpo ansioso y el alma apagada, las condiciones perfectas para transformarme en una rompe corazones serial; mi intuición se había afinado específicamente para saber con quien estar, nunca con alguno de quien pudiera enamorarme, solo con los potenciales enamoradizos tontos. Uno que me llevara al cine, uno que me llevara a cenar, uno que me trajera lindos regalitos; y bueno con cada uno obtenía un placer diferente en la cama, Esteban se destacaba por su dedicación en los magníficos juegos preliminares, Francisco me hacia suspirar con su delicadeza felina, Gustavo gritar con sus salvajes embestidas, de Juan adoraba el modo como su fuerza masculina manejaba mi cuerpo que parecía pequeño y maleable en sus brazos, no necesitaba pedirme que me pusiera de una forma u otra simplemente me acomodaba a su antojo como si fuera una muñeca ingrávida, lo era y me encantaba serlo. De Miguel recuerdo la impresión que me dio su pija cuando la vi; nunca había visto una tan gorda y grande, pero tal como su dueño fue la pija más perezosa que se me cruzó, me bastó estar dos veces con él para darme cuenta que ya me había aburrido. Y así como estos pasaron muchos otros de los que ni el nombre recuerdo, fueron tres años intensos, mi carita de niña adquirió una marca más, la de la seductora perversión, un pequeño brillo casi imperceptible en la mirada que dice: soy toda una damita que oculta una putita rica en su interior.

Fue en un momento de debilidad que se me cruzó Martín, en un enredado juego donde competíamos intelectual y sensualmente nos fuimos engatusando uno al otro, seduciéndonos con miradas y caricias, descubriendo maneras de pensar similares, deseos compartidos, pero manteniendo ambos siempre la distancia necesaria para que el amor no hiciera hueco en nosotros; yo seductora, apasionada, pero fría, misteriosa, con pocas palabras pero gestos provocativos y ambiguas insinuaciones, el impulsivo, poco respetuoso, arrollador, casi agresivo; ninguno de los dos cariñoso. Manteníamos constantemente ese juego de gato y ratón siendo ambos el cazador y el cazado a la vez, nunca en mi vida desee tanto a alguien, ninguno había provocado tanto mi morbo, por momentos le tenía miedo –lo sabía inconstante, irónico, nervioso, tempestuoso- y por momentos lo adoraba, quería que esa tormenta me arrasara, me sacudiera los huesos y las entrañas; pero no se lo iba a dejar saber, sabia que lo que mas lo provocaba era mi ser de el casi a medias, que la misma inseguridad que le retorcía el cerebro y los testículos por saberme furtiva, era la que lo excitaba y lo cargaba del deseo de cogerme de un modo que no pudiera encontrar en ningún sitio más que en su carne.

Una de esas noches en las que el estaba ansioso y yo histérica, el sexo en vez de servirnos como tranquilizante nos alteró más, con el cuerpo vibrante y empapado nos metimos en una conversación de esas en las que uno no debe meterse cuando empiezan a despuntar los sentimientos, no sé porque absurdo motivo el quiso saber de mis pasadas experiencias sexuales y no se por que macabro embrollo del destino yo le conté. El tipo que me ignoraba, que no quería saber de compromisos conmigo, que me maltrataba con su ausencia de cariño, ese mismo tipo se puso celoso; ¡¡se puso ce-lo-so!!
-Yo imagine que no eras ninguna santa, pero nunca que eras tan atorranta- me dijo mirándome con asco- ¿¿y vos querés conocer a mi familia??
-¿¿Atorranta?? Andate de acá sos un sorete!!- le dije levantándome mientras le tiraba en la cara su remera- ¡¡andate de mi casa!!
Y se fue. Me quedé llorando mares odiándolo y deseando no haber dicho nada, para que mierda tenía que confirmarle orgullosa eso que el ya sabía pero que no le interesaba confirmar. Pasaron dos semanas en las que me obligue a olvidarlo a olvidar las emociones, el sexo, el deseo, me obligue a convertirme en una ameba completamente asexuada y distante. Una tarde en la que estaba sumergida en libros y apuntes sonó el timbre de mi casa, cuando baje para abrir en el palier no había nadie, pero a los pies de la escalera una cajita negra con una tarjeta con mi nombre me esperaba, la abrí adentro entre pétalos de rosa encontré un frasquito chiquitito con un perfume que no reconocí pero que me encantó y una nota, “te espero en Avda Brasil 1560 apto 1301 a las 23 de hoy, ponéte el perfume. Martín”; un escalofrío me recorrió y se detuvo en mi estómago provocándome una especie de vértigo y alegría a la vez.

A las 23 estaba tocando el timbre del apto 1301, nadie habló por el portero eléctrico, simplemente se abrió la puerta y subí. En el décimo tercer piso una puerta esperaba entreabierta, adentro estaba muy oscuro solo se veía al otro lado de la habitación un ventanal que ocupaba toda la pared, la ciudad se mostraba brillante en la noche, pero entraba poca luz y mis ojos no se acostumbraban a la oscuridad camine unos pasos y escuche que la puerta se cerro a mis espaldas, me di vuelta rápido pero estaba todo tan oscuro que no podía ver nada ni escuchar ni oler, el único olor era el del perfume que me había puesto antes de salir de casa que llenaba el ambiente y ya me empalagaba. Estuve así parada durante minutos que parecían eternos hasta que sentí que desde mi espalda me tomaba de la cintura…
-Vamos a jugar un ratito atorrantita- me susurro al oido su voz se escuchaba tan excitantemente tierna y agresiva que solo escucharlo me hizo estremecer y empezar a sentir la vibración y la humedad en mi vagina y como si las piernas quisieran derretirse para dejarme caer encima de el. No dije nada solo respiré profundo.

-¿Querés o no querés?, contestame atorrantita- me dijo, casi autoritario.
-Si, quiero- dije con el aliento cortado.
Automáticamente me tapo los ojos, de repente todo quedó más negro, el mundo desaparecía para mí, -¿qué haces?- le dije, casi en un suspiro mezcla de miedo y deseo.
-Callate, se muy bien que te gusta, ¿te crees que no te conozco, puta?, querés jugar y vas a jugar.

Y me fue sacando la ropa mientras iba besando y mordiendo cada parte del cuerpo que se descubría para el; yo sentía esos besos esos mordizcos y mi piel los percibía al máximo, mi no ver acentuaba las sensaciones y escucharlo susurrarme puta, atorranta.

– ¿Así te gusta jugar atorranta?- y me mordía fuerte un pezón –que rico te queda ese perfume, es el perfume perfecto para una puta como vos- y me agarraba fuerte del mentón pasándome su lengua por toda la cara; sus palabras sus movimientos todo estaba cargado de deseo y rabia, la rabia de amar a alguien que le generaba esa inseguridad paralizante. Cuando estuve completamente desnuda me agarró de un brazo y me hizo caminar con los pasos torpes de quien no ve hacia donde va, los pasos de quien se deja arrastrar.

Me empujó contra algo; todo mi cuerpo estaba aplastado contra una superficie lisa y fría me di cuenta que era el cristal del ventanal, no se cómo ni con que pero ató mis manos hacia arriba, estaba en una posición de “Y” totalmente indefensa y sin poder ver nada, sin saber si la luz estaba prendida o apagada, sintiéndome como un pedazo de carne en una vitrina, en mi pecho latía una rabia contenida, y mi cuerpo vibraba completamente sentía como me corrían gotitas de flujo por la parte interna de los muslos, estaba completamente caliente y sus manos me acariciaban, me recorrían los brazos y la espalda, al llegar a mi cintura ejercían una presión fuerte apretándome contra el vidrio sentía en mi vientre y mis pechos el helado cristal en mi espalda y mis nalgas su piel hirviendo restregándose contra mi, sus rodillas abrieron mis piernas y sus manos subieron por mis muslos sus dedos untaban mis piernas con mi propia miel que no paraba de caer gota a gota.

-¿Mmm que es esto mi amor?- sus palabras apenas si se escuchaban su aliento se golpeaba en la mejilla que no estaba contra el vidrio- estás chorreando…mmm… tan caliente estas, que estas goteando, como te gusta jugar…

Sentí como sus dedos se hundían en mi intimidad y salían para que la totalidad de su mano embadurnara mis labios llevando mis flujos incluso por entre las nalgas y deslizando suavemente dedos que entraban y salían también de mi hoyito apretado que latía anhelante, toda yo latía anhelante, todo mi cuerpo se convulsionaba con sus manos, con su lengua con sus dientes que se clavaban en mi cuello, en mis hombros, en mi cintura, en mis nalgas. Me iba acabando suavemente como quien navega por aguas mansas, mi cuerpo solo fluía sentía como un orgasmo continuaba al otro mientras el se entretenía conmigo mientras saboreaba mi carne entregada, perdí la noción del tiempo, continuaba en pie porque las cuerdas sostenían mis brazos. Cuando creí que iba a desmayarme apretó mi cara contra el vidrio, que ya no estaba frío, sus labios estaban pegados a mi cara, lamió la sal de mi rostro

– ¡No te vas a desmayar, puta!- ordenó. Y levantó mis caderas clavando toda la verga de una sola vez en la piscina que se había transformado mi conchita, de mi vientre nació un grito de dolor y placer que explotó en mi garganta arrancándome lágrimas que no paraban de correr por mis mejillas, con las piernas en el aire sostenida de las caderas con fuerza por Martín con mi cara y mis tetas aplastadas contra el vidrio, no podía parar de gemir, gritar y llorar; sentía como mi cuerpo quería explotar sentía que este próximo orgasmo no sería como los anteriores no sería una caricia sutil, la pija entraba y salía de mi con un ritmo constante entrando cada vez más adentro sus huevos se golpeaban frenéticos contra mi clítoris el estaba desquiciado…

- ¿Te gusta? que puta que sos como te gusta- entre gemidos y lágrimas conteste
-Si me gusta…si soy puta…si me gusta
-¿Ah… sos puta?
Sacó la pija de mi conchita y de un fuerte impulso me la metió en culo que había estado estimulando previamente con sus dedos.
-Quiero llenarte de leche… ¿querés leche? … ¡contestame puta!
-Si quiero… quiero tu leche…
-¿Vas a ser mi putita?
-Si soy tu putita- y mis lágrimas se me atragantaban en la garganta, la verga entraba fuerte y profundo en mí, desgarrándome, arrasándome. Pasó uno de sus brazos entre el vidrio y mi cuerpo abrazándome y sosteniendo mi cara con su mano nuestros cuerpos quedaron completamente pegados y quedó completamente adentro de mí, pasó su otra mano por delante de mi cadera y comenzó a tocar suavemente mi clítoris mientras dibujaba círculos con su cadera buscando el orgasmo dentro de mí.

-¿Vas a ser mi putita?- ya no sonaba agresivo, sino más bien suplicante, su orgasmo se estaba acercando – ¿solo mía?
-Soy tuya- mi voz se oía profunda cortada me estaban enloqueciendo esos dedos juguetones, sentirme completamente llena de su pija que ya empezaba a latir queriendo soltar la leche, me enloquecía como me apretaba contra él como queriendo que mi cuerpo formara parte de si.
-Contestame esto… ¿sos mi putita?- el también lloraba, estaba empezando a dejarse llevar por el placer, el clímax quería alcanzarlo.
-¡Soy tu putita!
-Gritalo… grita que sos mía…
-¡¡SOY TUYA!!…¡¡SOY TU PUTA!!
Y mi grito fue explosivo, los dos nos fuimos en un orgasmo atómico que nos desgarró el cuerpo y el alma, por mis piernas caían litros de mis jugos que se mezclaban con la lechita que chorreaba desde mi cola desbordaba.

Destapó suavemente mis ojos me beso en la nariz.
-Te amo, atorrantita.
Mis ojos, mi mirada, toda yo cambio esa noche, en mi rostro quedó una marca indeleble; soy una puta, pero tengo dueño, soy su putita y así me ama.

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4 Responses to “Mi putita”

  1. Mariela dice:

    wow este relato me gusto mucho es una mezcla de amor y placer wow wow a mi tambien me gustaria encontrar a alguien asi que me ame y ser su putita…..

  2. unomasynojodemosmas dice:

    uno de los mejores relatos que lei. aplausos

  3. Etelvina dice:

    wow, hermoso, una mezcla de amor, y odio perfectos…me estremecia toda al leerlo…diosss…q buen relato

  4. Alejandro dice:

    Mientras leía el relato sentía como ardía el cuerpo y recordé el poder y la pasión que sientes como hombre al hacer y escuchar esas palabras de la mujer que amas. Se párese mucho a la historia de mi novia y de mía. Te felicito por que acabas encontraste un placer como pocos ;)

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