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De visita en la preparatoria

Este cuento lo escribí junto con mi profesor, los personajes, somos él y yo, espero que les guste, fue de un día que visitaba a mi profesor en la preparatoria, pues ahora estoy en la universidad.

E

lla llegó un día inesperado a la escuela. Él, estaba en plena clase, pero casi al final y luego de eso tenía un intermedio de dos horas, que a menudo, ocupaba para el almuerzo; Pero ella, llegó y él la saludó platicaron un poco y le dijo que la esperara a terminar su clase.

Terminando la clase, la abrazó, la acompañó a la puerta y platicaron, entonces todos sus alumnos salieron como si el salón ardiera en llamas, en eso, su alumna, la más aplicada del momento le extiende una tarea.

Ella  pone cara de salgamos de aquí. Pero él se la revisa, y se tarda mucho, pues aunque estaba emocionado por estar con ella, no podía dejar de lado su papel de profesor responsable y comprometido, luego de esto él ofreció un “aventón” y ella dijo: -“sí”- y lo abrazó, pues hacía mucho tiempo de no verse, entonces él, apenado, dijo: -“pero sólo tengo 2 horas”-. Entonces, ella pensó: -“maldición”-. Y  él propone: -“vamos a dar una vuelta por aquí cerca”-.

Ya en el carro platicaron mientras llegaban a un lugar apartado, él le tomo la mano y entonces, luego de algo de indecisión, por fin se besaron, luego del beso, se abrasaron y ella le pasó la lengua por los labios y él intentaba besarla, pero ella no se dejó y lo volvió a hacer.

Él pregunta: -“¿estas segura?”-. Y ella dice: -“sí”-. Ante esto, él contesta: -“bueno”-. Entonces, él la toma de  los brazos y ella pone las piernas de modo que rodea la cadera de él, pero como es un lugar estrecho, se golpea luego, se inclino para besarlo, se besaron mucho primero tímidamente luego apasionada e irrefrenablemente hasta que él le dijo: -“no puedo más”-. La deseaba mucho y ella dijo: -“pero no se puede”-. Él pregunta: -“¿por qué no?” y ella contesta seriamente: -“lo sabes, eres casado, además, tú tienes cuarenta, y yo diecisiete”-. Entonces él tiernamente, ante esto, le dice: -“voy a darte sólo unos besos mágicos en la mano así: Este beso vale, por hacer: besarte todo el cuerpo, este por hacerte el amor, este por hacerlo otra vez, este por otra”- y luego la abrazó. Luego del abrazo, invadida por el deseo y la ternura que tal gesto le inspiró, ella no se conformó con los besos mágicos y te pregunto decidida: -“¿quieres hacerlo?”-. Y él contestó: -“sí”-.

El auto, esta en un lugar donde las personas casi no pasaban, y había muchos árboles, el aire estaba tibio y la tarde era pronta. Ella pensaba: -“ahora”-. Luego, él reclinó un poco el asiento y ella desabrochó su camisa mientras le besaba el cuello, él le quitaba la sudadera, y se dio cuenta de que su pecho, antes de niña, ahora, era más maduro y esto parecía excitarlo cada vez más. Ella desabrochó su pantalón y él le quitó una playera blanca, del tipo que son de algodón y, luego de algunas dificultades, ella le quitó la camisa. Los besos no cesaban, luego, entonces, ella se bajó de él, para que se pudieran quitar los pantalones, y mientras ella se quita el suyo, piensa:-“¿sexo en el auto?, ¡que loco!”-. Luego, se quedan,  por fin, en ropa interior, el corazón late, fuerte, fuerte, fuerte.

Ella voltea y le ve la ropa interior, es común, ajustada, son boxers, y la de ella, es un “bra” negro, con algo de rosa, y el slip, hace juego. Negro, como de encaje, cachetero, ni mucho ni poco también con algo de rosa, entonces, se suelta el cabello y huele a flores y se sienta sobre él, él se siente durísimo, y ella se vuelve a pegar porque es un lugar estrecho y dice: -“maldición”, luego se pasaron al asiento de atrás ella se monta en él, él entra en su riquísima vagina, comienzan a moverse, de arriba hacia abajo, ella gime, él respira muy, muy fuerte, ella recuerda la primera vez que estuvo con un chico, (el cual aún ahora era su novio), pero piensa, que desde ese día, no había tenido un sexo tan delicioso, y estaba convencida de que ello se debía a que quien le proporciona tanto placer ahora, es un amante muy experimentado.

Luego, ella tiene uno, dos, tres, orgasmos, ella se siente en el cielo, cierra los ojos y lo ve, parece que lo hace casi sin esfuerzo, fuerte e increíble y entonces cambian, él ahora arriba, le toma las piernas y las coloca en sus hombros y de nuevo entra, la penetración es tan fuerte, que ella termina dos veces más, y siente que no puede más, se estremece, grita… Él termina, sonríe y le dice que ha sido muy buena, se ponen a platicar, pero parece como si algo del cerebro de él se le hubiera ido con la eyaculación, pues dice cosas sin sentido, y ella piensa que eso es muy tierno.

Él  mira el reloj y ella tapa sus ojos y pone su muy húmeda vagina en tus muslos aún calientes, y pregunta: -“¿es tarde, ya?”-. Casi apunto de contestar, lo besa, para que no lo diga pero sabe que es tarde y él también, entonces, el maldito reloj, emite su alarma de advertencia, la señal irremediable de que la hora de partir ha llegado, él intenta apagarlo, el sonido es estridente, estridente, cada vez más y más alto, más y más, ya no puede escucharla, y ella tampoco a él, entonces… ¡despierta! fue un sueño hermoso. Su piel, huele a ella; aún, aún cuando fue sólo eso.

Mira su agenda decepcionado y la fecha marca: “Hoy, ver a Vicky”.

Ella llega, tiene una playera blanca, huele a flores y le dice: -“hola, maestro”-.

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