Archivo por meses: septiembre 2010

Tambien a las buenas alumnas

Muchas cosas  nos ocurren a nosotras las jovenes que nunca le contamos a nuestros padres,   les cuento cuando estaba en el colegio a los15 años , era buena en matematicas con una amiga que era bien jugadora, aqui le llamamos jugadora a las chicas que le gusta salir con diferentes chicos y algo mas , tu me entiendes, bueno a fin de año nuestras notas eran buenas, y ella me conto que dos profesores la habian invitado a celebrar el termino de clases y que le habian dicho que le pasara la voz a unaa amiga, acepte porque no le debiamos nada a ellos pues las dos teniamos buenas notas,y ademas porque los profes eran churros, tenian carro y eran jovenes como de 30años, les dijimos que para ir a una discoteca, aceptaron , uno nos recogio en su carro pero nos dijo que antes de ir a la disco pasaramos a su departamento a recoger al otro profe y sacar plata, al subir a su departamento nos invitaron un trago para ir entonados, era como una limonada con bastante hielo, me dijeron que era vodka absolut, la verdad yo siempre habia tomado solo cerveza y no me gustaba porlo amarga, en cambio este trago parecia recontra suave y era tan refrescante que le pedi otro quenos tomamos al hilo, sin darnos cuenta estabamos por nuestro tercer trago y mareadas, comenzammos abailar, pusieron todo amedia luz,el trago  el cuerpo del profe y la pieza que sentia debajo de la cintura me exitaron comenzamos a besarnos salvajemente, sus manos pasaron rapidamente debajo de la minifal da y la verdad que la tanguita negra que tenia no le dio mucho trabajo, nos tiramos al sofa y me puso piernas al hombro y comenzo a introducirme su pene centimetro a centimetro , si en mi voluntad queria resistirme, la verdad es que no tenia fuerzas para nada estaba muy mareada y la verdad es que me estaba gustando la cosa, la verdad es que no me acuerdo de mucho, pero creo que paso de todo, incluso creo que estuve con mis dos profes, a eso de las once de lanoche nos despertaron y nos dejaron cerca a nuestras casas, alli aprendi a respetar el vodka y los tragos “suaves”,

esto le puede ocurrir a cualquier mujer, incluso a tus hijas que tienen 15 o 20, uno planea algo sano como ir a unadisco y termina en otra cosa, generalmente por gente madura como tu ,

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Duchas Mixtas

El corazón me palpita con fuerza, como siempre que vengo a este lugar. Creo estarme volviendo adicta, aunque la calentura puede más que yo. Es que este sitio es lo más morboso que he presenciado.

Me quito la pollera delante de varios hombres. Soy la única mujer en los vestidores, por lo mismo tengo que aguantarme. Supero mi temor y logro quitarme mi bombachita. Los tipos están sentados, mirándome descaradamente, recorriendo mi cuerpo con los ojos. Esto es lo malo de ser joven; siempre llamas la atención. Pero para esto vine, y estoy feliz. Me agrada que me vean desnuda.

Siempre había soñado con estar en un lugar como este, y hasta ahora puedo hacerlo. Por eso me siento tan nerviosa. Ya he estado aquí dos veces antes, pero el miedo no se me quita. Por fuera, el local es como cualquiera; discreto, limpio y pintado de color azul. Por dentro es otro mundo. No tengo idea a quién se le ocurrió un negocio como este, pero es lo más morboso y caliente del mundo. Dentro de una enorme galera hay colocadas muchas regaderas, sin muros ni cortinas que las dividan. Hombres y mujeres se bañan juntos, con nada de ropa, y esto es lo que hace al espectáculo llamativo.

La primer regla es que no permiten menores de edad, siempre hay gente aquí, a todas horas, es un éxito. El lugar tiene varios pisos y diferentes tipos de baños; turcos, vapores, regaderas, una alberca, no sé, no conozco todo por completo. Cierro mi casillero y salgo rumbo a las regaderas. Esto no es como una playa nudista, nada que ver, no prenden tanto como estos baños. Ver cuerpos mojados, enjabonados, desnudos, sudorosos, es la imagen perfecta del cielo vouyerista. La gente viene aquí a ser observada y a mirar. Nada esconde los cuerpos de las miradas intrusas. Yo vengo porque me gusta que me vean desnuda. Tengo un bonito cuerpo, y eso de que solo lo vea mi novio pues no va conmigo. Me gusta compartirlo, alegrarle el día a algún señor, regalarle un bello panorama.

Camino por el pasillo luciendo orgullosa mi par de tetas que se balancean de un lado a otro, retadoras. De inmediato veo la espalda de dos chicas que caminan cuidadosamente, tomadas de la mano. Son jóvenes, igual que yo, y seguramente es la primera vez que están aquí, por su actitud. Aún no me han visto, pero yo disfruto el espectáculo: dos pares de nalgas bien formadas, temblando de excitación al enfrentarse a lo desconocido. Me encanta esa mezcla de ingenuidad y temor que proyectan. Llego por detrás de una de ellas, que respinga al sentirme.
-No tengan miedo-, les digo. Voltean, y lo primero que hacen es mirar mi cuerpo. De inmediato se sonrojan. Estoy acostumbrada a esto. Siempre he tenido el mejor cuerpo de entre todas mis amigas.

-Ustedes pasen y disfruten del espectáculo. No hagan caso de los patanes. Recuerden que hay mucha seguridad aquí, y que no va a pasar nada que ustedes no quieran que pase. No me responden, tal vez por miedo, tal vez por precaución, y de inmediato se van. Sé que más adelante me las voy a volver a encontrar.

Llego a las regaderas y mi corazón palpita como un tambor, parece que tengo taquicardia, pero solo son los nervios. El vapor lo nubla todo, y de inmediato cubre mi cuerpo con gotitas de agua. Todo el ambiente es fresco, agradable para bañarse. Sigo hasta mi lugar de costumbre, al centro, para que todos tengan oportunidad de verme. Además que el panorama desde ese sitio es el mejor. Al llegar noto que a mi derecha hay dos hombres de color, bastante altos, como de un metro con ochenta centímetros.

Ambos tienen pollas enormes, a pesar de tenerlas flácidas. En medio de ellos hay una jovencita de unos 18 ó 19 años, no más. Tiene un cuerpo bonito. Leva el pubis completamente depilado. Mide cerca de un metro con cincuenta centímetros, así que en verdad se ve pequeña al lado de esos dos negrazos. Es rubia y delgada, con apariencia frágil. También se ve temerosa. Yo lo estaría. Se bañan dirigiéndose miradas indiscretas. Los ojos de ella van de un lado a otro, de una polla a la otra. No puede apartar sus ojos de esos penes morcillosos. Supongo que nunca ha de haber tenido uno de esos dentro, aunque creo que despus de hoy eso va a cambiar. Lo apuesto. Se enjabona con fuerza la vagina, aunque yo sé que está tratando de calmar su lujuria.
Ellos no se quedan atrás, pues al estar lavándose sus respectivas pollas comienzan a ponerse erectas. Mi corazón brinca de nuevo. En verdad me pone estar mirándolos. Tienen dos buenas trancas. La chica comienza a temblar de excitación. Ellos le sonríen y agarran sus penes, mostrándoselos, la invitan a que los toque. Ella no sabe qué hacer. En verdad me gusta su cuerpo, sus piernas carnosas, su breve cintura, ese par de tetas coronadas con unos pezones color rosa. Pero lo más hermoso es su apariencia casi infantil, con el cabello pegado al rostro por la humedad. Sonríe tímidamente. Entonces la veo dar un paso hacía el negro de su izquierda, metiéndose bajo el mismo chorro de agua de su regadera. Lleva ambas manos juntas, sobre el pecho, como si tuviera frío.

El hombre la recibe con amabilidad y decide no tocarla. Después de unos segundos bajo el agua ella pega su cuerpo al de él, muy cerca, entregándose. No logro ver su rostro, pero sé que está luchando por no sentirse apenada. Entonces el hombre la rodea con uno de sus brazos, cariñosamente, pero con firmeza. Es cuando el otro negro, ya con el pene erecto, se acerca por detrás a ella, que solo voltea a mirarlo con ojos de aprobación. Eso es lo que ella estaba buscando, ahora ya lo tiene. Sé que el asunto se va a poner muy bien cuando ambos empiezan a tocarla, uno acariciándole la vagina y el otro las tetas. Mientras ella toma el pene de ambos y empieza a recorrerlos de arriba abajo, poniéndolos duros, dejándose besar por los dos hombres que la rodean.

Esa es la magia de este lugar. Me doy media vuelta, no pienso seguir mirando, no quiero que se ponga incómoda y arruinarle el momento. Así que decido caminar hacia otras partes, ya que no conozco el establecimiento en su totalidad. Mientras camino un viejo gordo y calvo me dice: “¡mamita, estás como quieres!” agarrando con malicia una de mis nalgas. Lo único que hago es voltearme y sacarle la lengua, sin detenerme. Los hombres de ese tipo no me gustan. Al pasar por el dintel de una de las tantas puertas, entro a un cuarto de Baño Turco, de esos que no producen vapor, lleno de hombres, unos diez calculo yo.

Todos, que segundos antes estaban platicando, se quedan callados al verme. Si yo fuera alguno de ellos también lo hubiera hecho al verme. No hay hombre que se resista a mi cintura tan pequeña y a mi vientre plano coronado con un piercing en el ombligo. Me siento orgullosa de causar ese efecto en los hombres. Cuando para mi mala suerte se me cae del dedo un anillo de oro que me había dado mi madre el día que cumplí quince años. Nadie se da cuenta porque el ruido de las regaderas es demasiado fuerte, ahogando el sonido de mi anillo al chocar contra el suelo. Yo me doy cuenta porque lo siento resbalar de mi dedo. Y lo veo rodar debajo de unas bancas que están amontonadas en una orilla de la habitación. Entonces me agacho para intentar recuperarlo. Pongo ambas rodillas en el piso y me inclino hacia delante, recargándome en mis antebrazos, metiendo mi cabeza debajo de las bancas.
Todo está muy oscuro. De pronto me acuerdo que estoy desnuda, y que detrás de mí hay diez hombres igualmente sin ropa, seguramente mirándome las nalgas que, por la posición en que me encuentro, han de estar abiertas de par en par, permitiéndoles ver no solo mi chocho afeitado, sino también mi pequeño recto. Y yo aquí, indefensa, tentando a ciegas en la oscuridad intentando recuperar mi anillo, dándoles un espectáculo a todos ellos que difícilmente olvidarán, ya que me estoy tardando en encontrarlo, y cuando más intento meterme bajo las bancas, más abro mis nalgas, enseñándoles lo mejor de mi intimidad.

Siento sus pares de ojos fijos en mi trasero, clavados, intentando meterse en mí. Y lo único que puedo hacer es enseñarles más. De pronto siento el anillo bajo mi mano, lo agarro rápidamente y me pongo de pie de un brinco. Entonces los hombres, que segundo antes habían estado en silencio, explotan en chiflidos y aplausos. Todos tienen la polla a punto de reventar. Estaba segura que les había gustado lo que les enseñé. Así que solo atino a hacer una reverencia, agradeciendo como lo hacen los artistas sobre el escenario. Luego doy media vuelta y abandono la habitación, regalándoles por última vez el espectáculo de mi redondo y carnoso trasero. Sigo caminando y entro donde, al parecer, hay puras mujeres; todas desnudas igual que yo.

No sé que pasa el día de hoy en este sitio, pero parece que la gente ha decidido separarse por sexos. Así no es nada divertido estar aquí. Algunas llevan el chocho peludo, otras no tanto. La mayoría de ellas son jóvenes, tal vez un poco más grandes que yo, y actúan como si ya se conocieran de antes, igual que compañeras de colegio. Seguramente sí lo son.

-Una vez, por accidente, le vi la polla a José, el capitán del equipo –decía una de ellas, emocionada, mientras las otras la escuchaban atentas.
-¿Y es grande? ¡Cuéntanos! -La verdad no pude ver si era grande, la llevaba flácida. Pero lo que sí noté es que la tiene muy gorda. Parecía una pequeña trompa de elefante.

-¡Que rico! ¡Papacito! –dijeron todas casi al mismo tiempo. Mirándolas detenidamente, las mujeres parecen miembros del equipo de animadoras. Sus cuerpos son delgados y musculosamente femeninos. Algunas, aunque llevan el chocho peludo, lo tienen perfectamente recortado en triangulo. ¡Cuánto darían muchos por estar viendo lo que tengo delante de mis ojos! Pero nadie se anima. Lo único que se necesita es atravesar aquella puerta y ya están dentro, disfrutando del paisaje. Mirando todas esas nalgas de porristas, con sus tetas grandes y firmes, hablando de pollas, con la vagina húmeda, reafirmo que los hombres son unos idiotas ¿Por qué no hay ninguno por aquí, disfrutando de esto?

-Deberíamos invitarlo a venir a las regaderas mixtas, de esa manera saldríamos de dudas. ¿O creen que no le gustaría estar en medio de todas nosotras? Si le enseñamos nuestros culos, seguro se le para. A menos que fuera maricón. Todas echaron a reír. A mí eso de ver mujeres sin ropa me aburre, así que voy a seguir caminando, seguro encuentro algo más interesante.

Ya empiezo a sentir el chocho un poco pegajoso. Esto es normal cuando hay tanto vapor en el ambiente. Lo bueno es que lo llevo depilado, porque si no me sentiría bastante incómoda. Una vez una amiga me dijo que eso de llevarlo sin un solo pelo es para las niñas pequeñas, que yo ya estaba algo grandecita para eso. Yo le respondí que de esta manera no me lleno de malos olores, y que cuando voy a alguna playa nudista puedo presumir con libertad el piercing que llevo en el clítoris. No soy nada egoísta con mi cuerpo. Ella no estuvo de acuerdo, pero eso no me importa. Más adelante me topo con un grupo de cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, ¡por fin un poco de normalidad! Antes de avanzar me fijo muy bien en ellos. Las chicas platican con ellos, cómodas a pesar de estar desnudas. No son delgadas, pero tampoco gordas. Más bien se podría decir que están carnosas, como les gustan a ellos. Una es más joven que la otra, por varios años. Igual pasa con los hombres.
La mujer más joven se parece a la mayor, como si tuvieran algún parentesco. Debo reconocer que ambas son atractivas y tienen lo suyo muy bien puesto. Los hombres tampoco se quedan atrás; ambos son bastante guapos y tienen cuerpos bien formados, llevan el cabello corto y entre las piernas les cuelga un buen trozo de polla. Las mujeres los miran con diversión y complicidad, todos parecen estarse divirtiendo. Cualquiera diría que son familia.

-La verdad… la de mi papá es la más grande de todas. He visto la de los señores que también andan por aquí, y ninguna se le parece. La de él es gorda y muy bonita. -Ay hija, en lo que te andas fijando-, la reprendió la señora.

Ambas mujeres, madre e hija, llevan el chocho depilado. Parece que eso está de moda entre la mayoría de las chicas que frecuentan este lugar. Ambas se ven muy lindas. Además, tienen unas piernas carnosas y firmes que las hacen lucir muy apetitosas.

-Pero la de tu hermano tampoco se queda atrás, él también tiene lo suyo-, dijo la mujer.
-Es cierto, pero prefiero la de mi papi- replicó la jovencita, acercándose de inmediato al señor, abrazándolo, rozándole con la piel el pedazo de polla colgante, parándose de puntas para poder rodearlo por el cuello. El señor se limitó a darle una ligera nalgada en el trasero, haciendo que temblara ese impresionante par de nalgas de su hija.

-Yo también te quiero muñequita- dijo el hombre. A mí me gustaría llevarme así de bien con mi familia, tener tanta confianza en el ámbito de lo sexual, poder salir juntos y venir a un lugar como este, compartir nuestra intimidad. Pero creo que no se puede tener todo en la vida. Mientras tanto, la señora se limitaba a mirar cómo el señor, su marido, abrazaba a su hija, disfrutando del potente chorro de agua que escapaba de la regadera para bañarle todo el cuerpo. Por su parte, el jovencito tenía puesta su mirada en mí. Yo lo noté, pero me hacía la tonta, acercándome poco a poco a ellos, intentando escuchar un poco más de sus palabras, disfrutar de su compañía, aunque fuera solo un rato.

-¡Mira mamá, la polla de mi hermano se está poniendo grande!

Yo de inmediato giré el rostro, disimuladamente. ¡Vaya si el chico tenía una buena tranca! De inmediato supe que estaba así por mí. La señora, en un afán de esconder la erección de su hijo, se acercó a él con una esponja de baño en la mano y se la tapó, simulando estar lavándosela. A decir verdad, más parecía que le estaba haciendo una paja que cubriéndolo. Lo cierto es que los dos lo estaban disfrutando.

-¡Ay mamá, no seas aprovechada!- dijo la jovencita sin apartar la vista de la polla de su hermano. -¿Por qué tú sí puedes agarrarle la polla a mi hermano y yo no puedo agarrar la de mi papá? -Si quieres, hazlo- le contestó la señora en forma despreocupada. De inmediato la jovencita se puso de espaldas a su padre, para no apartar la vista de su hermano, y con la mano derecha comenzó a acariciar la carnosa y morcillona polla del señor. A pesar de que ese pene estaba flácido, era bastante impresionante ver cómo se balanceaba de un lado a otro, y mucho más impactante ver cómo casi no le cabía en la mano a esa jovencita tan hermosa.

-¿Te gusta?- le preguntó el señor a su hija. Ella asintió con la cabeza. –Espero que algún día te consigas a un novio que la tenga igual de grande, para que a la princesita de papá la tengan siempre llena de polla. Es lo que se merece una niña tan bonita y con un culo tan redondo como el tuyo.
-Gracias papi, por eso te quiero. Solo que no creo que algo de este tamaño entre en un agujerito tan pequeño como el mío. Mi mamá es una campeona por poder comérselo completo. La jovencita apenas le llega al pecho a su padre. Él es alto, bastante fuerte, y ella de figura delicada, una muñeca. La imagen de ambos juntos, desnudos, es bastante cachonda.
-Mamá es muy afortunada al poder acostarse todas las noches después de haber cenado una tranca como la tuya, papi- dijo ella sin dejar de acariciarle la polla, que poco a poco iba despertando. Yo ya no podía disimular mirarlos, ahora los veía de frente, a los cuatro, con absoluto descaro. Estoy muy interesada en ver toda la extensión que puede alcanzar esa polla anormalmente grande. Ya poco me importa lo que ellos me puedan decir. En unos segundos estuvo totalmente parada, yo no lo podía creer. ¡Era tan grande como el brazo de un bebé! No pude evitar un sonido de admiración. De inmediato el señor se fijó en mí. Primero se asustó ya que no me había notado antes, pero después de verme de arriba abajo, me sonrió con mirada lujuriosa. Yo me sonrojé de inmediato. Con cada segundo que pasaba yo más quería tener en mis manos eso que le estaba creciendo entre las piernas. La jovencita estaba demasiado entretenida jugando con la polla como para darse cuenta de lo caliente que estoy.

-¿Te gusta?- escuché decir a una voz muy cerca de mi oído. Era la esposa del señor que, al darse cuenta de mi interés, se había acercado a mí. –Si quieres, puedes tocarla. Es totalmente real. Yo me encontraba completamente desconcertada con la invitación. Aunque al parecer el señor sabía exactamente lo que la señora me acababa de decir, ya que me sonreía de manera amistosa, invitándome a caminar hacia él. Claro que no por eso dejaba de acariciar el redondo culo de su hija.

Sentí como la mano de la señora me empujaba suavemente hacia delante. No pude evitar avanzar con paso trémulo. Me sentía como una intrusa en medio de esta familia. Lo único que me hacía sentir mejor es que todos andábamos igualmente desnudos, ocultos ligeramente por una delgada capa de vapor.

-No tengas miedo nenita. No te va a pasar nada- me decía el señor. El hombre ha de tener más de cuarenta años, luce bastante maduro. Se conserva en excelente forma. Es alto y tiene el pecho lleno de vellos, igual que los hombres que a mí me gustan. Cuando me encuentro a su alcance me toma de la mano con firmeza y de inmediato me hace sentir segura. Yo no pude evitar pegar mi cuerpo al suyo, abrazarlo con temor.

-¿Quieres tocarlo?- me pregunta el señor sacudiéndose la polla con una mano, delante de mí. Yo digo que sí con la cabeza. Confieso que he visto muchas pollas en mi vida; algunas más grandes que otras. La más grande que había visto hasta ahora era la de mi novio, que es del tamaño de mis dos puños colocados uno encima del otro, y aún así se asoma su cabeza por encima de ellos. Pero esta, la del señor, es en verdad enorme. Son como tres puños y medio, y tan gorda que apenas puedo tocarme la punta de los dedos al rodearla con ellos. Es increíble lo mojada que me he puesto con solo tocarla.

-¡Es monstruosa!- digo entre sollozos.
-…Pero te va a gustar- dice la señora con una sonrisa en la boca.
-¡Papi, yo estaba jugando con ella!- dijo su hija con tono molesto.
-Tú me tienes todos los días, muñeca. Deja que ella también se divierta un poco. Recuerda que no debes ser envidiosa.

A mí ya nada me importaba. Solo quería seguir estrujando aquel enorme pedazo de carne morena; recorrerlo con mis manos, sentir su firmeza, no soltarlo nunca. Casi sin darme cuenta comencé a apretar mis piernas. Sentía mi culito fruncirse ante la incertidumbre y mi chocho mojarse como nunca antes. Me estoy poniendo tan caliente que creo voy a perder el control.

-¿Cuántos años tienes, nenita?- me preguntó el señor.

-Veinticuatro.

-¿Y ya habías visto una así de grande? Supuse que no. Disfrútalo todo lo posible- Me dijo mientras comenzaba a acariciarme las nalgas. Sus manos son tan grandes que con una sola de ellas me puede agarrar una nalga por completo. Sus dedos son tan grandes y gordos que me estremezco al pensar que pudiera introducir alguno en mi culito.
-Hoy es el cumpleaños de mi esposo, nenita- dijo la señora. –Lo hemos traído aquí para tratar de darle un regalo muy especial. Creo que nos estamos acercando a eso que buscábamos. ¿Tú qué crees?

-Yo… ¿Puedo chuparla? -Claro.

-Yo también quiero chuparla mamá- dijo la chica dando unos brinquitos.
-Está bien… las dos pueden hacerlo- dijo la señora. Entonces, como becerros, nos pusimos a mamar esa tremenda polla. Es tan grande, que si la señora hubiera querido unirse a nosotras para chuparla, no nos hubiera estorbado.

-¡Mira mujer, tengo a dos lindas jovencitas chupándome la tranca! ¿No te da celos? -Claro que no. ¡Feliz cumpleaños! Mientras, el jovencito andaba feliz mirándome el culo. Como yo me encontraba inclinada hacia delante, era fácil para él vérmelo todo. Cuando me percaté de esto, hasta abrí un poco más las piernas, para que pudiera disfrutar mejor de la vista que le proporcionaba con mis dos agujeritos.

Después, mientras tenía la tremenda tranca del señor entre mis labios, y me daban ganas de morderla, de comérmela completa, me di cuenta que la muchachita a mi lado estaba sintiendo lo mismo. Mirándola un poco mejor, yo creo que ha de tener apenas unos dieciocho años. La envidio; tan joven y ya tiene entre las manos un espécimen de polla como pocos en el mundo. Aunque para ser sinceros, yo tengo mejor cuerpo. Seguía con el pene entre los labios cuando el señor me rozó el culo con uno de sus dedos. Sabía que no se iba a quedar con las ganas de acariciármelo. Entonces me preguntó:

-¿Quieres sentirla adentro?-, refiriéndose a su polla.
Yo, sinceramente, me sorprendí.

-¿Y su familia? ¿No le importa que nos vean?
-Al contrario. A mi esposa le gusta mirar mientras me follo a jovencitas como tú. En cuanto a mis hijos, es tiempo de que empiecen a conocer sobre los placeres del amor ¿y qué mejor manera que viendo a su padre en acción? La idea de ser atravesada por ese enorme trozo de carne, en presencia de público, me excitaba. Ya les he dicho que soy fanática de exhibirme. Así que solo tomé su tranca entre mis manos y, alzándome sobre la punta de mis pies, me introduje la gorda cabeza de su polla en la vagina.

-¡Mira mamá! ¡Eso no puede ser! ¿Vas a permitir que papá se folle a otra mujer? La señora se limitó a tomar la mano de su hija y decirle que se callara con un gesto. Ella no despegaba sus ojos de mí. En cuanto al hijo; había comenzado a cascársela delante de todos, con descaro. El señor me tomó de la cadera y me levantó, introduciendo un poco más su polla. ¡Vaya si la sentía enorme! -No intentes metértela toda, niña. Es casi imposible la primera vez. A mí me llevó varios meses lograrlo-. Me dijo la señora. Voy a tratar de seguir su consejo.

El señor comenzó a balancearse de atrás hacia delante, entrando y saliendo de mi pequeño chocho, con delicadeza. Rápidamente supe que estaba en presencia de un experto que sabe cómo follarse a una mujer. Yo me sentía en las nubes. Que te la metan es muy lindo; pero que te miren cuando te lo están haciendo es mucho mejor.

-Ya tienes un pedazo así de grande adentro-, me dijo la jovencita bastante sorprendida. Lentamente comencé a tomar confianza y a moverme con más ritmo. Parecía que mi cadera era una batidora y mi chocho un aparato para exprimir polla.
-¡Mira cómo me está haciendo, mujer! -Vaya que esta muchachita se sabe mover.

Aunque no podía verlo, sabía que no me estaba entrando completa su polla; mis nalgas aún no llegaban a chocar contra su estómago, a pesar de que yo ya la tenía hasta el fondo de mí. Claro que, sin importar esto, los dos estábamos disfrutándolo mucho. La hija del señor ya hasta se había sentado en el suelo para mirar mejor cómo me penetraban.

-Enséñale papi. Enséñale cómo se debe follar a una zorra como ella. El jovencito no decía nada, aunque cada vez se la cascaba con más fuerza. Era evidente que él también se la estaba pasando bomba.

Estuvimos así un rato, en medio de las regaderas que soltaban agua caliente, observados por la mirada atenta de nuestro público, hasta que el señor dijo: -Quiero correrme en tu boca. Que te comas toda mi lechita. Yo le dije que sí con la cabeza. Estaba tan caliente, gozando tanto, que ya me había corrido varias veces. Tal vez esta follada no sea nada fuera de lo extraordinario, pero lo morboso de estarlo haciendo delante de la familia de un hombre que apenas conozco me tiene a punto de ebullición. Esta situación es el sueño de todo buen exhibicionista. Después de otros minutos el señor sacó su polla de dentro de mí e hizo que me arrodillara delante de él, acercándome su tranca a la boca. Rápidamente la jovencita se acercó a nosotros y puso su rostro junto al mío.
-Yo también quiero, papá-, dijo sacando la lengua, preparándose a recibirlo.
-Está bien, muñequita. La señora también se acercó a nosotros, solo que ella agarró la polla de su marido y comenzó a meneársela, ayudándole para terminar encima de nosotras. El señor estaba que no cabía dentro de sí por tanto placer. Entonces el jovencito se acercó también a nosotros, con la polla entre sus manos, dispuesto a también descargarse sobre nosotras. No tengo ni que decir que él fue el primero en correrse. Lo hizo soltando un chorro caliente que pegó directo en mi boca, con tanta fuerza que casi me atraganto. Y desde luego que no perdió la oportunidad de echarle un poco al rostro de su hermana. Después se corrió el señor siguiendo la misma rutina.

Cuando ellos terminaron, la jovencita se llevó la polla de su padre a la boca, succionándola, para tratar de sacarle un poco más de su lechita. Yo hice lo mismo con la polla del muchacho que, a decir por su rostro, me lo estaba agradeciendo mucho.

-Feliz cumpleaños, papá-, dijo la señora mientras le daba un tremendo beso en la boca. Yo quiero tener una familia igual cuando me case, se ve que son todos muy felices.

-Muchas gracias mujer. Eres la mejor de todas-, le contestó mientras le apretaba sus nalgas. Después de que nos bañamos todos juntos y nos divertimos un rato bromeando me despedí de ellos. Yo ya tenía lo que vine a buscar así que dirigí mis pasos hacia los vestidores. Ya en ese lugar, mientras me vestía, volví a toparme con las dos chicas miedosas que vi al llegar. Ya bajo la luz de las lámparas y sin tanto vapor en el ambiente me percaté que ambas no debían pasar de los diecinueve.
-¿Cómo les fue?- pregunté de la manera más amable que pude.
-¡Sensacional!

-¡Este sitio es increíble! ¡Hubieras visto cómo nos follaron todos esos hombres! Yo hasta perdí la cuenta de cuantas pollas me metieron en el chocho. Sin pensar mucho, supe que se est

aban refiriendo a los señores del Baño Turco, a los que dejé calientes al enseñarles mi culo. Me sentí orgullosa de mis alcances exhibicionistas.

-Es más… pensamos regresar la próxima semana.
-Que bien. Espero que nos volvamos a ver- les dije.

Me puse mis pantalones blancos apretados, un top color rosa, mis sandalias y me despedí de ellas dándoles dos besos en el cachete. Al salir del establecimiento me doy cuenta de algo: siempre es gratificante venir a pasar una tarde a las Duchas Mixtas.

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Me llamo Ana García

Me llamo Ana García, y ya relaté un resumen de algunas de las experiencias sexuales que más me han impactado y que de alguna forma han marcado mi vida. De todas ellas, quizá la que recuerdo con más morbo fue la época en que con 19 añitos me convertí en la secretaria complaciente que se sometía a todos los deseos de mi jefe. Desde aquella mañana en que provoqué la líbido de mi jefe haciendo que me tumbase sobre la mesa y tomara posesión de mi coñito afeitado, para luego recibir sus jugos en mi cálido culito, creció en mí la fantasía de convertirme en su objeto privado de placer. Y a medida que pasaban los días y él disponía más libremente de mi cuerpo, me mostraba más entusiasmada en mi sometimiento a su voluntad, hasta que le confesé que me encantaría ser su perrita particular, su chochito siempre dispuesto y su dieciocho añera obediente y cariñosa. Creo que era una fantasía que siempre había deseado realizar, y que fue creciendo en mi hasta convencerme de que quería experimentarla con mi propio jefe, 10 años mayor que yo. Como que gran parte del día trabajábamos solos en la oficina, nos bastaba con cerrar las persianas para que nos envolviera la más absoluta intimidad. Mi mesa se encontraba junto a su despacho, y sólo una puerta nos separaba. Desde la primera vez en que me tomó, me hacía ponerme vestidos de punto, ceñidos, muy escotados y casi transparentes, tan cortitos que apenas me tapaban el tanga, única prenda que se me permitía vestir debajo, y que debía quitarme al entrar en la oficina. No tuve problema para que me comprara varios de diferentes colores y talles, con la condición de que realzaran la fresca lozanía de as carnes que guardaban debajo. También me hizo comprar varios pares de zapatos de tacón muy altos que realzaban mis largas piernas y me daban la imagen de sofisticación complementaria.
Mi aventura sexual diaria empezaba ya en el taxi que tomaba de viaje a la oficina. No es que viviera muy lejos del trabajo, pero siempre he sido muy perezosa al levantarme, y aunque no andaba sobrada de dinero, el taxi era ese pequeño lujo que debía permitirme. La brevedad de mi vestido difícilmente podía esconder la lozanía de mis muslos, la rotundidad de mis pechos desprovistos de sujetador, perfectamente adivinables bajo la fina tela, y la erección de mis pezones cuando entraba en contacto con el aire acondicionado del taxi. Debía además cruzar perfectamente mis piernas, o poco podría hacer el tanga para ocultar mi feminidad de la mirada lasciva del conductor. Los taxistas prestaban más atención al retrovisor que al tráfico, mirándome descaradamente hasta casi sofocarme, y en varias ocasiones estuve apunto de tener un accidente. Y es que así vestida y tan maquillada, la verdad es que más parecía una golfa de lujo que fuera a la cita con un cliente, que una tierna jovencita dirigiéndose al trabajo diario. Cada mañana, al llegar a la oficina, debía entrar en su despacho, colocarme frente a su mesa y mostrarle mi cuerpo, tras lo cual me quitaba el breve tanga que cubría mi coñito, lo dejaba sobre su mesa, y le ofrecía mi pubis perfectamente afeitado. Si me lo ordenaba, me levantaba el vestido por detrás y le mostraba mi culito respingón, de carnes apretadas al que tanto le gustaba dar palmaditas cariñosas. O debía sacar mis tetitas por el amplio escote y ofrecer mis rosados pezones a sus labios golosos. Una vez cumplido el ritual, podía volver a mi mesa, sentarme, poner en marcha el ordenador, y empezar con mi trabajo diario.
A menudo, me llamaba a su despacho para dictarme cartas. Para ello, ponía el bloc sobre su mesa, justo a su lado, me recostaba en ella doblando mi espalda y empezaba a tomar nota de su dictado mientras él por detrás aventuraba sus manos bajo el vestido y empezaba a recorrer mis nalgas y muslos, adentrándose cada vez más en mi entrepierna, metiendo sus dedos y notando como me iba empapando rápidamente por la excitación. Un par de palmaditas entre los muslos era la indicación de que debía separar un poquito las piernas para facilitar su libre acceso a mis encantos. A medida que me magreaba me costaba más concentrarme en las notas y mi letra se iba deformando hasta casi parecer ilegible. Pero no se me permitía separarme del trabajo para gozar, ya que mis obligaciones eran las de una secretaria y una esclava sexual, y debía compaginarlas. A medida que se animaba, aumentaba el ritmo de penetración y metía dos o tres dedos en mi ofrecido coñito, para luego usar mis propios jugos como lubricante anal, pasando entonces a mi coñito trasero. Desde siempre he gozado tanto por detrás como por delante, quizá por que la estrechez de mi ano me permite sentir con más intensidad que mi ya dilatada vagina.
Me tenía así un buen rato hasta que adivinaba que mi orgasmo se acercaba, para entonces parar de golpe y dejarme completamente encendida y desesperada, sofocada y necesitada de una buena corrida. Esa era la peor de las torturas, ya que me quedaba con un calentón que me corroía por dentro y no podía saciar. De esta forma sabía que me tendría constantemente cachonda y dispuesta durante toda la jornada. Entonces me ordenaba volver a mi mesa a pasar la carta a limpio, con toda la raja chorreando y mi entrepierna húmeda y caliente por el deseo insatisfecho. Al principio, intenté consolarme tocándome el coño, y así lograba correrme como una loca, aunque en silencio para no ser descubierta. Pero creo que pronto lo notó, pues desde entonces no me permitió cerrar la puerta de su despacho al salir, pudiendo controlarme perfectamente desde su mesa.
Otra de sus diversiones era sentarme frente a él sobre su mesa, con el vestido subido hasta la cintura, las piernas abiertas y mi coño perfectamente ofrecido, obligándome a masturbarme pero prohibiéndome terminantemente correrme si no me lo indicaba. Mientras me observaba, aprovechaba para llamar a sus clientes y comentar con ellos los temas de inversiones que manejaba. En alguna ocasión me tenía así horas enteras, indicándome con gestos si debía acelerar el ritmo, meterme los dedos en el culo o en el coño, o si debía dejárselos chupar para catar mis jugos. Pasaba mucho tiempo al borde del orgasmo, pero cuidando de no llegar a él para no ser severamente castigada. Y si, entretanto sonaba el teléfono, debía responder sin dejar de acariciarme, intentando ahogar mis gemidos y mi entrecortada voz. Una vez fue su mujer la que llamó, y casi me corro de gusto al sentir la sensación de estar haciéndomelo delante de ella. En una ocasión, tuve que pedirle que me dejara salir para ir al baño a hacer pis, ya que con los largos tocamientos sentí la imperiosa necesidad de orinar. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que si tenía que mear lo hiciera sobre su mesa, y que luego me haría limpiarlo. Así que tendida sobre la mesa, abierta completamente de piernas y mi vejiga a punto de estallar, acerqué mi culo al borde de la mesa, me solté y un gran chorro amarillo brotó de mi coño, formando un largo arco que caía sobre el suelo. Sentado a un lado, mi jefe me metía rítmicamente sus dedos en mi culo mientras gozaba al verme orinar. Me sentí tan ofrecida y sometida a su voluntad, tan esclava a sus deseos y tan vejada que no pude reprimir mi orgasmo y exploté salvajemente con un temblor salvaje que recorrió mi cuerpo. Lógicamente, mis temblores hicieron que el chorro se entrecortara, saliendo a trompicones, salpicando toda la oficina, mientras mi jefe los notara en sus dedos clavados en mis esfínter. Me sentí avergonzada por correrme, pero mi jefe fue indulgente por orgasmar sin su permiso, y sólo me castigó a limpiar todo lo que había ensuciado.
Desde aquel día se me prohibió ir al lavabo para nada, y cuando tenía una necesidad debía pedirle permiso, y a menudo me obligaba a esperar un buen rato hasta verme a punto de estallar. Entonces debía poner un orinal de cristal transparente sobre su mesa, subir a ella abierta de piernas y hacérmelo todo ante su atenta mirada. Si le venía en gana, me metía sus dedos en el culo mientras meaba, o me masturbaba el coño si me veía obligada a defecar, poniéndome de nuevo al borde del orgasmo. Estaba segura de que nadie que conociera a mi jefe podría haber pensado en las perversiones que practicaba, ya que parecía una persona de lo más normal, y ese secreto entre ambos aún enardecía más mis deseos de participar, y sentirme totalmente entregada, sometida y objeto total de sus caprichos. Imagino que alguien que no lo haya experimentado difícilmente comprenderá mis pensamientos, pero sentirme la perra complaciente de mi jefe me hacía creerme deseada, sensual y capaz de satisfacer y dar placer como nadie. Ahora me pongo mojada sólo de recordarlo. Yo fumaba poco, pero nunca se me habría ocurrido hacerlo en la oficina ya que a mi jefe le molestaba mucho que alguien lo hiciera en su presencia. Si por la mañana, antes de salir de casa, encendía un cigarrillo, tenía que asegurarme de enjuagar bien mi boca para que no notara el olor. Por eso me extrañó que un día, mientras me tenía recostada sobre su mesa, con el vestido subido y mi culito ofrecido, me ordenó alargar la mano hasta mi bolso y encender un cigarrillo. Lógicamente lo hice sin rechistar y mantuve en mis labios un Nobel mientras me separaba las nalgas, abría mi culo con sus dedos y dirigía su polla a mi agujero trasero para clavármela de un solo golpe sin previo aviso. Instintivamente, al sentirme de repente invadida di una tremenda calada que hizo que le humo llenara por completo mis pulmones a la vez que su pene ocupaba mi recto. Esto pareció satisfacerle sobremanera, de forma que tras unos segundos de mete-saca suave volvió a meterla hasta el fondo, obligándome de nuevo a aspirar profundamente el cigarrillo y llenar mis pulmones. Siguió con estos cambios de ritmo hasta que consumí por completo el cigarrillo, y soltó su semen caliente y pegajoso dentro de mi recto. Mi cara era de vicio total, y nunca he vuelto a disfrutar tanto un cigarrillo como cuando me tenía así. Ahora, con solo notar el gusto de un Nobel en mis labios, me entra un picor en el ojete que daría cualquier cosa por satisfacer. Otra de sus diversiones preferidas era la de obligarme a follarle subiéndome a horcajadas sobre su polla mientras él estaba cómodamente sentado en su butacón, y yo subía y bajaba rítmicamente, tragando completamente su pene con mi vagina a cada movimiento. Entonces, me hacía coger el teléfono y llamar a su mujer para darle cualquier mensaje. Cuando ella descolgaba debía esforzarme para disimular mi acelerada respiración, por lo que instintivamente reducía el ritmo de la follada. Él me obligaba a mantener una conversación lo más larga posible, y para excitarme aún más, trasladaba su pene sacándolo del coño y clavándolo en mi culo, emprendiendo una perforación salvaje para torturarme, pues sabía que debía aguantar sin correrme o sería descubierta al otro lado del teléfono. Si lo hacía bien me recompensaba dejándome llegar al orgasmo con su polla entre mis nalgas, permitiéndome incluso que me tocara el clítoris para aumentar la sensación de placer. En cambio, si creía que no había podido resistir suficiente tiempo, al colgar el teléfono me la sacaba y me obligaba a chupársela hasta correrse en mi garganta, tragando hasta la última gota de su semen. Me dejaba así tan caliente que salía de su despacho sofocada y en ascuas por volverla a sentir en mi coño o en mi culo, y poder dar rienda suelta a mi orgasmo. Con el tiempo conseguí un admirable control de mi cuerpo, pudiendo estar al teléfono un cuarto de hora mientras me hacía lo que le venía en gana, sin que su mujer notara la más leve señal en mi voz, y eso que hacerlo con ella al teléfono me ponía a mil. Cuando mi jefe había disfrutado de una noche de sexo con su mujer y no tenia ganas de penetrarme, se divertía con un juguetito que había comprado en un viaje a Londres, donde iba a menudo por negocios. Se trataba de un grueso consolador de látex transparente, blando y flexible, con el que le encantaba masturbarme. A veces, al pasar revista a mi cuerpo a primera hora, me hacía abrirme sobre su mesa y lo acercaba a mi vulva, restregándolo con fuerza por mis labios y mi clítoris, haciendo que mi coño se inundara de jugos, para inmediatamente penetrarme con él, invadiéndome hasta el fondo. Una vez bien empapado, me hacía darme la vuelta y, recostada sobre la mesa, me abría el esfínter y me lo introducía por detrás, poco a poco, notando cada centímetro en mi interior, como me dilataba el ano e iba tragando semejante instrumento. Como que era demasiado largo y grueso, siempre quedaban unos centímetros que sobresalían del culo. Cuando notaba que era imposible meterlo más adentro, me daba una nalgada, que era indicación de que podía volver a mi mesa con el consolador puesto, hasta que me invitara a sacarlo. Me excitaba la sensación de caminar notando mi recto suavemente invadido, con el consolador moviéndose a cada paso, pero el cenit de mi placer era cuando me sentaba y la presión del consolador en mi culo se hacía insoportable. Eso me tenía cachonda toda la mañana, hasta que me llamaba de nuevo a su despacho para retirarlo con cuidado y disfrutar del agujero redondo y oscuro en que se había convertido mi culito. Esta experiencia me sirvió para dilatar considerablemente mi culo, y permitirme luego tragar miembros realmente monstruosos, como los que gocé durante unas vacaciones en Kenya, en compañía de unos negros grandotes y bien dotados, que disfrutaron de lo lindo con una blanquita tan complaciente como yo. Y es que como decía una amiga mía, ‘no serás una mujer completa hasta que un negro te la meta’. Y si puede ser por el culo, aún mejor… Más adelante, mi jefe ideó otras atrevidas fantasías a las que someterme, que consiguieron enriquecer aún más mi vida sexual. Pero eso ya lo contaré en otra ocasión…

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La hermana de mi amigo se hizo prostituta 2

El sonido proveniente de la máquina musical me aturdía con cumbias o temas tropicales, aunque el desfile de señoritas en paños menores, era un deleite visual. Una chica rubia, muy bonita se acercó a saludarme y me invitó a sentarme al mismo tiempo que le pedía una cerveza. En el momento que me acomodaba, observaba el lugar casi con desesperación y poco disimulo, buscando a Marisa, pero ni señales de ella. Tal vez me había equivocado con el lugar, o había sido todo una pesada broma.

Una de las chicas, al contemplar mis gestos, se acercó: – ¿Buscás a alguien bombón?
Con la mirada perdida en la nada, y de forma bastante antipática le respondí: – Marisa, ¿está acá?
Acá no hay ninguna Marisa bebé…

Tras un gesto que mostraba algo de alivio, pero al mismo tiempo bronca, decidí terminarme la cerveza y retirarme a mi confortable hogar. El ambiente realmente no era de mi agrado y el olor a vino barato mezclado con el andar de tipos desesperados, me ponía frenético.

Pero la vida, cómo dije al inicio, te brinda momentos y sensaciones indescriptibles. Un frío por la espina dorsal me paralizó al ver a Marisa entrando al cabaret, cubierta por un sobretodo negro y yéndose rápidamente al baño, sin mirar o prestar atención a alguien.

El corazón me latía a diez mil revoluciones por segundo, y una avalancha de imágenes y pensamientos se me vino a la cabeza. ¿Era realmente posible que Marisa, la chica que conocía hace años ejercía el oficio más viejo del mundo? ¿Por qué? ¡Si era linda, podía conseguir cualquier cosa! estaba dolido, decepcionado y demasiado enojado, pero al mismo tiempo, sentía un morbo especial, una sensación animal casi incontrolable que me brotaba de las entrañas. El sólo hecho de fantasear sobre ciertos asuntos sexuales con ella, provocó una inmediata erección.

Volví la vista y ahí estaba, saliendo del baño, pero ya sin el sobretodo. Simplemente, estaba con sus mechones cubriéndoles parte de los ojos, cómo siempre, aunque más maquillada de lo normal, y llevaba puesto un corpiño color blanco que levantaba bastante sus tetas (de por si no muy grandes) y una tanga con doble hilo color rosa. Visto esto, la erección era ya casi brutal, pero no podía animarme a encararla. ¿Qué pasaría con mi amigo? ¿A dónde irían a parar los años de amistad?

Todas mis preguntas quedaron respondidas por automático al momento que la vi acariciando y coqueteando con un cliente, que osadamente tocaba su cola y apretaba sus nalgas de manera poco sutil. Rápidamente, me dirigí hacia ella, pero no cómo un protector, no cómo un amigo, no cómo un hermano mayor. Me dirigí hacia ella cómo un cliente más.

En un movimiento bastante brusco, la apoyé desde atrás bien intensamente, para que sintiera cómo latía mi pene por debajo del pantalón y con una mano sujetándole suavemente el cuello y otra juguando con el piercing que tenía en el ombligo le dije al oído: – Así que realmente te convertiste en putita eh…
Reconoció la voz al instante, y dándose vuelta en otro movimiento brusco, clavó su mirada en mis ojos, y con la respiración algo entrecortada, se acercó hasta mi oído y me dijo: “No… me convertí en tu putita” al mismo tiempo que apretaba mi bulto y posteriormente, me lamía la oreja.
¿Cuánto me sale? – pregunté bruscamente, cómo si jamás hubiera visto a Marisa.
$ 60 la media hora y $ 140 la hora bebu, ¿te va?
Sí, quiero cojerte ya…

Sin vacilar, le entregué el dinero, y luego que se volviera a poner el sobretodo, salimos del antro para apartarnos a unas habitaciones especialmente preparadas que había a la vuelta del cabaret. No hablamos durante todo el trayecto. Yo estaba cegado por la bronca y la calentura, y Marisa, parecía disfrutarlo. Eso me fastidiaba más, pero al mismo tiempo, me aceleraba.

Llegados a la habitación, no le di tiempo alguno a quitarse el sobretodo, puesto que la había vuelto a apoyar por atrás, mientras lamía de manera enfermiza su cuello y tanteaba su vagina por encima de la tanga. Estaba empapada. Lentamente, fui adentrándome hasta rozar sus labios superiores, mientras dos dedos la penetraban lentamente. Sus gemidos suaves y su perfume de hembra me llevaron a conocer una faceta animal que creía no conocer. Cuándo se dió vuelta, con los ojos entrecerrados para darme un beso, le corrí la cara.

¿Qué besos? sos una puta, chupame bien la pija, que tengo los huevos llenos de leche calentita
En un comienzo, mi actitud parecía haberla sorprendido sobremanera, pero su mirada felina y sus rasgos faciales, terminaron mostrando otra cosa. Empezó a recorrer la comisura de sus labios con la lengua mientras se agachaba para desabrocharme la bragueta, sin hablar.

Bajado el boxer, mi pene asomó cómo un torpedo, con la cabeza roja. Empezó a hacerme caricias con la lengua en la punta del glande, y despacio, muy despacio y suavemente, empezó a meterla dentro de su boca. No usaba sus manos, solamente su boca, acompañando el movimiento con un ida y vuelta que fue intensificándose, puesto que yo empujaba a propósito. Quería cojerle la boca hasta acabar. Recorrió todo el trayecto de mi pene, hasta descender a los testículos, que sobó con una maestría excepcional, sorprendente para una chica de 18 años recién cumplidos.

La rabia y la calentura se habían apoderado completamente de mi, y no tuve la delicadeza de avisarle al menos cuándo iba a acabar. Descaradamente, esbocé un leve gemido mientras sentía cómo mi pene vibraba e iba descargando todo el semen en su rostro. El rostro angelical que alguna vez observé cómo el de una hermana, ahora estaba cubierto con mis jugos, y su boca, dulce y virginal, había sido violada por mi sexo.

Se quedó mirándome a los ojos, y luego de esgrimir una pequeña sonrisa, me mostró cómo se tragaba el semen de un sólo impulso. Eso me volvió a calentar. Puesto que mi miembro estaba determinado a seguir con la acción, agarré fuertemente a Marisa por sus cachetes, y la obligué a levantarse.

No hables ni te quejés, puta de mierda…
La única respuesta que obtuve, fue una especie de gemido doloroso, pero al mismo tiempo, de goce. Le gustaba que la trataran mal, la excitaba que la traten cómo a una verdadera puta.

La arrastré hasta la cama y la hice poner en cuatro patas, mientras con una mano le bajaba la tanga y con la otra, daba fuertes nalgadas a sus cachetes. Sus pequeños gemidos se sentían cada vez más fuertes, aunque nunca tan fuertes cómo cuándo lentamente, fui insertando mi pene en su ano. Era bastante pequeño y estaba poco dilatado, por lo que tuve que escupir en varias ocasiones para lubricar la zona, pero finalmente, entró.

Sentía sus quejidos por el dolor, e incluso vislumbré alguna lágrima en sus ojos, pero sabía que la perra gozaba y estaba tan caliente cómo yo. De manera gradual, fui intensificando la penetración. Era un espacio muy ajustado, y mi pene se deslizaba fervorosamente. Entretanto, tanteaba con la yema de mis dedos su vagina, que estaba terriblemente caliente y húmeda.

¡Ay si, cojeme, cojeme más!!! – me decía.
¡Callate la boca! – y obedecía, hundiendo su cara en la almohada para que yo no escuchara sus gritos.

Cuando finalmente no soporté más, volví a acabarle encima, pero esta vez, en esa cola que tanto había sabido observar, pero siempre debajo de un pantalón o pollera de jean. La eyaculación reposaba en sus nalgas y caía por sus piernas, mientras yo me hacía para atrás, empapado en sudor y cansancio. Ella permaneció casi estática por unos segundos, tal vez por el dolor provocado por el sexo anal.

Finalmente, se incorporó, mientras se limpiaba con unos trozos de papel higiénico. Ambos seguíamos sin hablar, e inclusive, sin mirarnos. El clima era tenso. Era una situación de disfrute, pero particularmente incómoda dadas las circunstancias. Sin embargo, para mi se había desmoronado el esquema que tenía de ella, una chica dulce con integridad que había llegado a querer cómo a mi propia hermana. Ya no era lo mismo.

Disfrutaba de mi cigarrillo cuándo finalmente se animó a romper el hielo, al mismo tiempo que se vestía.

¿De esto no le vas a contar nada a… – y la interrumpí: – ¿De qué? ¿Qué sos una puta?
Sí… de esto… – me respondió, agachando la mirada.

Invadido todavía por mi instinto animal, pero sin cargo de conciencia alguno, simplemente le respondí…

Yo no digo nada, pero a vos, te cojo cuándo y cómo yo quiera…

Apagué el cigarrillo y me fui de la habitación.

Mi amigo jamás supo lo que ocurrió, y Marisa se dedicó al oficio sólo por una semana, aunque hoy por hoy, sigue siendo mi esclava sexual.

Ojos que no ven, corazón que no siente…

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La hermana de mi amigo se hizo prostituta

En algunas ocasiones, la vida te brinda momentos y sensaciones indescriptibles. En otras ocasiones, son los que viven los que te llenan de sorpresa y emoción. Una mezcla extraña de emociones y sentimientos se me entrecruzaron cuándo me enteré de algo que cambiaría totalmente mi noción sobre cierta persona.

Marisa es una chica muy dulce. La conozco desde hace poco más de diez años y hemos compartido tardes enteras en la casa de mi amigo jugando, merendando, estudiando y otras cosas que hace cualquier estudiante de colegio secundario. La chica en cuestión, es tres años menor que nosotros, puesto que al momento que finalmente egresamos, ella apenas tenía quince dulces aniversarios cumplidos. Reconocía su belleza, aunque luego de tantos años de mutua convivencia, era extraño observarla con otros ojos.

Los años pasaron, y si bien mantuvimos el contacto con mi amigo de toda la vida, no veía a Marisa tanto cómo antes, excepto por alguna conversación telefónica cuándo lo llamaba o a lo sumo, por algún mensajero vía internet. Lógicamente, la chica ya era una mujer, y los piropos inocentes de mi parte, estaban siempre a la orden del día. Me puse muy contento el día que me comentó que tenía pensado estudiar locución, ya que es la carrera que yo también había elegido y estaba a punto de finalizar. Gentilmente, le ofrecí ayudarla para el examen de ingreso, ya que es bastante complicado entrar.

Una tarde de noviembre, aproveché mi franco del trabajo para invitarla a casa. Me dispuse a preparar un micrófono en la computadora y algunos escritos de relatos, publicidades, cuentos y otros textos de práctica. Alrededor de las dos de la tarde, suena el timbre.

La primera sorpresa llegó al abrir la puerta, puesto que hacía poco más de un año y medio cuándo la había visto por última vez, y las fotos no siempre son fieles. “Claro” – pensé – “ya tiene dieciocho años, ¿qué esperaba?”. Ocultando de mala forma mi sorpresa, nos miramos unos instantes a los ojos, para luego esbozar una sonrisa, abrazarnos y saludarnos muy afectuosamente. Ella vestía una pollera de jean bastante corta, combinada con unas chatitas negras y una remera color blanco bastante ajustada al cuerpo, que dejaba ver la pancita con el piercing en el ombligo. De tez blanca, pero con el pelo negro cómo la noche, algunas mechas caían sobre sus ojos, tratando de esconder sus ojos color castaño oscuro con forma almendrada. Los labios, gruesos y sin maquillaje. De hecho, apenas tenía un poco de rubor en las mejillas, pero era realmente hermosa.

Hablamos un poco de la vida, recordamos viejas anécdotas y, varios vasos de gaseosa de por medio, nos pusimos a trabajar. El segundo impacto llegó al prestar más atención a su voz, una exquisita mezcla de tonos agudos con graves, con un timbre que sin lugar a dudas, podría dejar boquiabierto a cualquiera que lo escuche en algún medio. La felicité por eso, y con una sonrisa cómplice me respondió: “Ay no, pero vos la tenés más linda…”.
“Sí, pero la tuya me calienta más…” – le respondí, casi en un tono grotesco, pero terriblemente espontáneo.
Un breve silencio incómodo invadió la habitación, hasta que ella rompió el hielo: Se supone que los locutores no tenemos que dejar estos silencios, ¿no?
No son silencios incómodos, son pausas sugerentes… – acoté rápidamente.
Nuevamente, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, que jugaban perfectamente con el brillo de sus ojos.

Caída la noche, mi amigo pasó a buscarla por casa, charlamos un rato en la puerta y a la hora de despedirnos, nos volvimos a abrazar con Marisa, aunque esta vez, se acercó un poco más al oído para decirme: “Tu voz también calienta…”

La miré a los ojos, intentando hacerme el superado. Le di un cálido beso en su mejilla, y volví a mi departamento. Con un gran sentimiento de culpa, y tratando de entender por qué, me masturbé en dos ocasiones pensando en ella. Me imaginaba su cuerpo desnudo brindándole calor al mío, en un frenesí de besos y caricias.

Transcurrieron unos días, y nunca más volvimos a realizar acotaciones semejantes. Todo, según parece, había vuelto a la normalidad (lo que en realidad, me molestaba) y Marisa me contó en una charla por internet que había conseguido un trabajo que le serviría para pagarse los estudios de la facultad. Puesto que no se había llevado ninguna materia, el emprendimiento me parecía óptimo.

Soy camarera en un pub – me contaba.
Excelente, entonces tengo que ir a visitarte a ver cómo me traés una birra
Cuándo quieras, yo trabajo de jueves a domingo por la noche
¡Garrón! ¡te perdés todo el fin de semana!
Sí, pero necesito laburar, y además hago buena plata
Bueno, pasame la dirección que este viernes si puedo me hago una escapada después del laburo

Dicho y hecho, llegó el viernes por la noche, y aún con el cansancio que arrastraba, fusionado con el calor por tener puesto todo el día el saco con la camisa y corbata, junté voluntad y me dirigí hacia el lugar al cuestión.

La sorpresa, llegó, claro, cuándo vislumbré el establecimiento: un local con vidrios totalmente polarizados, algunos afiches de neón (dónde se citaba el nombre) y las palabras clave típicas: “whiskería” y “Pub”. Efectivamente, el lugar era un cabaret.

Fue la tercera sorpresa, pero esta vez no sentí gozo ni placer, sino una súbita bronca. ¿Cómo podía ser que la pendeja se metiera en un antro así? ¿La habrían engatusado? ¿Alguno la estaría obligando? ¿Debería avisarle a mi amigo?

La última posibilidad la descarté, porque no quería alterarlo ni mucho menos. Respiré profundo, y con una curiosidad inmensa, entré en el lugar…

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Puta por un día

La búsqueda de empleo siempre es muy difícil para algunas personas, para mi no tanto, Karen es mi nombre amigos y quiero compartir esta vivencia con ustedes ,verán soy una chava muy alivianada ,me gusta disfrutar de la vida sin tapujos u obstáculos ,siempre he sido muy sociable lo cual me ha abierto muchas puertas ,pero creo que eso no les importa mucho ,vamos al granó ,soy de tez clara de cabello lacio negro ,unos ojos verdes que la verdad es lo que mas me encanta, senos grandes y con pezones levemente rosados, esto creo que es de familia ya que mi madre cuenta con senos iguales, unas nalgas grandes bien formadas, unas piernas bonitas y largas, y una conchita que actualmente esta bien depilada. Mi altura es de 1.70 y para tener 24 años y nunca pararme en un gimnasio pues estoy muy bien.

Ahora ya que me conocen o por lo menos tienen una idea de cómo soy, regresemos a mi historia. Emprendí mi búsqueda de empleo, y no tarde en ver algunos trabajos referentes a vender ropa, a atender cafeterías y empleos parecidos, que no son muy bien pagados pero pues sirven para subsistir, debo ser sincera ya había trabajado antes en empleos como estos y la verdad quería probar cosas diferentes. Tome una semana de descanso y anduve paseando por la ciudad buscando empleos y viendo chavos guapos y de vez en cuando tomando café en algún lugar lindo ,la siguiente semana compre el periódico temprano y busque empleo ,ya me había resignado a tomar algunos de los empleos ya comentados ,seguí ojeando y me encontré anuncios de chavas que ofrecían sus servicios ,o mas bien se ofrecían ,algunos me daban risa ,ya que todas según el anuncio estaban buenísimas ,baje la mirada y un anuncio decía así .-Alondra, 20 años, buen cuerpo, soy cara pero muy complaciente, universitaria. Por un momento paso una idea perversa tal vez descabellada ,me puse a pensar en que pasaría si solo por un día fuera una chava de la vida fácil ,pero no cualquier chava sino algo que llamara la atención de los chavos ,que ofrecieran un buen dinero por acostarse conmigo ,ustedes dirán que puta es , o como puede hacer eso con su cuerpo ,y no respetarse ,pero sinceramente creo que alguna vez hemos sentido ganas de ser putas y no así como lo digo yo si no hacer toda clase de perversiones fuera de lo común ,en fin mi idea daba vueltas por la cabeza ,y pensaba en los riesgos que podía conllevar.

La cabeza me daba vueltas y deje de buscar trabajo porque esa idea se me había metido ,así que planee todo detenidamente ,no podía haber margen de error. Salí de mi casa en busca de un hotel pero no un hotel cualquiera un buen hotel ,recorrí una zona muy famosa aquí en mi ciudad pero ninguno llenaba mis expectativas ,seguí con el recorrido hasta que me encontré con un hotel muy bonito por fuera ,entre y pregunte en cuanto salía la noche y que era lo que incluia, bueno pues resulta que la noche estaba muy cara ,pero se compensaba con lo que era la habitación ,le pedí de favor al chavo que si me podía mostrar la habitación para ver que incluí y como era, en eso no hubo problema y rápido me mostro el lugar ,y vaya sorpresa. Para empezar había una cama colgante empotrada bastante bien al techo, con un jacuzzi y una pequeña resbaladilla que daba a una pequeña alberca, era la primera vez que veía algo así dentro de un hotel, ahora entendía el precio de la habitación, una hamaca y un pues no se como llamarle pero era para bajar las luces de su tonalidad, alguno de ustedes me corregirá después o me dirá bien el nombre, di las gracias y me retire del lugar, por fin lo había encontrado.

Regrese a mi casa y tenia que seguir con mi plan ahora tenia que ver como conseguir a mi victima, realize varios anuncios pero ninguno me convencía del todo hasta que arme este. -Karen ,26 años, senos grandes, y nalgona, única vez, extremadamente complaciente, hotel incluido, solo para exigentes, no me olvidaras, tel…. y una foto en donde solo muestro mi cuerpo en ropa interior negra sin mostrar la cara. El anuncio no me salió muy barato y lo mantuve por una semana pero sin duda la experiencia lo valía y pues el dinero también, he visto que muchas se anunciaban en 800 o la mas barata en 100 pesos pero no me iba a regalar se que se hacia exagerado pero pedía 3000. Pasaron 3 días y mi teléfono no sonaba, pensé en abandonar todo pero parece que el destino quería que realmente sucediera, sonó la primera llamada, conteste y era un señor de voz gruesa, preguntándome cuanto cobraba, le dije el precio y al parecer no le gusto ya que me colgó, después de eso sonó mi teléfono con mayor frecuencia, a veces jóvenes y a veces señores, pero ninguno quería pagar lo que pedía. Pensaba en si hacia mal en pedir esa cantidad ,bajarle al precio ,o desistir, al día siguiente muy temprano, volvió a soñar el teléfono ,inmediatamente me contesto un señor preguntándome muy amable cuanto cobraba por mis servicios ,inmediatamente le conteste y mi sorpresa fue que acepto ,pero antes de que mencionara una palabra ,me dijo que no era para el sino para su patrón ,yo sin mucha duda pensé que se trataba de algún señor con mucho dinero ,en fin quedamos en vernos cerca del hotel y determinamos los términos ,los cuales mencione que el me pagaba por adelantado y que solo era una noche ,después le dije como me iba vestir ,y hora el solo acepto y nos quedamos en ver al día siguiente. Debo confesar que me sentía nerviosa pero ya no había marcha atrás, me vestí como una ejecutiva, primero mi ropa interior era negra tanto el sostén como mi tanguita, con encaje del mismo color, muy sexy luego me puse un pantalón negro muy apretado marcando mis nalgas una blusa a rayas y un saco del mismo color, mi cabello lo deje suelto y ligeramente maquillada, cualquiera que me viera me diría que iría a buscar trabajo, nunca sospecharían que iba a ser cogida. Tenia un poco de miedo pero sabia que era en parte una fantasía ,y aparte ese día podía comprarme algo lindo.

Salí de mi casa e iba escuchando música en mi celular ,se me hacia eterno el trayecto ,cuando me baje del metro ,empecé a caminar hacia el hotel ,y mientras iba viendo si ya había llegado la persona ,al parecer no estaba ,fue cuestión de minutos ,cuando se acerco un carro ,con vidrios obscuros ,en un instante bajo el vidrio el chofer y me dijo que si me metía en la calle junto al hotel ,camine y el se estaciono ,al llegar al carro se bajo y pues debo decir que el chofer era lindo, me sonrió y me miro de arriba abajo ,abrió la puerta trasera y vaya sorpresa. Salió un señor de aproximadamente 60 0 70 años de traje obscuro, con anillos y una ligera cadena de oro en su cuello, cabello obscuro aunque en los lados tenia ligeras canas, moreno creo que para tener esa edad, se conservaba muy bien ya que caminaba perfectamente, y se veía saludable aunque si tenia una panza chica pero que se notaba me sonrió y me saludo cordialmente -Hola preciosa, mi nombre es Sergio ¿Cuál es el tuyo linda? -Hola mi nombre es Karen mucho gusto -Bien Karen que bonito hotel escogiste te importa si pasamos -Si claro Eran como las 5 de la tarde , el tomo una pequeña maleta y le dijo a su chofer que le llamaba que se podía ir ,subió al carro y desapareció ,entramos al hotel y el encargado se sorprendió al verme ,le pedí la habitación y me dio las llaves no sin antes pagarle por adelantado ,una vez que entramos ,cerro la puerta ,y puso el portafolio en una mesa que estaba ahí cerca, yo tome asiento en la cama ,empezando a quitar mi ropa, pero el me dijo que todavía no lo hiciera, me detuve y enseguida abrió su portafolio , tomo el teléfono y pidió que le trajeran agua ,no tardo en llegar una jarra de agua ,vi que sacaba unas pastillas de su maleta e inmediatamente se las tomo ,ahora si me dijo que me quitara mi ropa ,así fue me quite mi saco ,mi pantalón y después mi blusa. Al verme en ropa interior, sus ojos se abrieron continúe quitándome la ropa interior primero el sostén, al instante mis tetas se descubrieron y cayeron un poco, y cuando ya me quitaba la tanga, me dijo que no que me la dejara, el se quito la ropa en instantes y se sentó en la cama conmigo inmediatamente mire hacia su pene el cual estaba ligeramente flácido -Te gusta puta? Creo que el hombre amigable y cordial se había terminado, sus palabras resonaron en mi cabeza pero me calentaron -Siii-Ahorita lo vas a levantar mi reina.

Se me abalanzo y comenzó a besarme el cuello, mientras que con sus manos tocaba mis tetas, debo decir que de una manera fuerte, me estrujaba mis senos, y me pellizcaba mis pezones lo cual me calentaba mas y mas, mi mano se fue hacia su pene, era mediano pero estaba flácido, comencé a acariciarlo de arriba abajo, y el solo pujaba y me decía cosas que me calentaban mas-Eso puta así sigue sigue -Que buena estas Su pene comenzaba a levantarse y yo ya me moría por tenerlo en mi boca o dentro de mí, me tomo de la mano y me hizo hincarme -Mámalo Estaba lista para empezar a chupárselo ,solo que cuando me acerque tenia un olor no muy grato ,lo cual me hizo hacerme para atrás pero ,el tomo mi cabeza y me empujo hacia su pene ,yo abrí la boca con un poco de asco y empezó a chuparlo como si se me fuera la vida en ello ,de arriba abajo ,ensalivándolo muy bien ,como si fuera una paleta, poco a poco desapareció el olor y su pene se levantaba mas y mas ,no estaba mal para un señor de esa edad ya que era algo grande ,con muchas venitas pero creo que la medicina ayudaba muchísimo. Le chupaba sus bolas y mordisqueaba su cabeza con cuidado, cosa que creo que le dolía pero le gustaba, ya que cerraba los ojos y de vez en cuando soltaba un grito. Me tomo de la mano y me tumbo en la cama piernas arriba, hizo a un lado mi tanga, tomo un par de condones de su maleta, se lo puso y me metió su pene de golpe -Aahh despaciooo -Cállate puta te va a gustar. Comencé a sentir un ardor, ya que sus embestidas eran fuertes, pero poco a poco me acostumbre al dolor y solo lo disfrutaba, lo metía y sacaba como si no hubiera cogido en años, yo gemía cada vez mas fuerte, mientras mis piernas estaban abiertas y el las tomaba. -Vaya que estas riquísima -AAHHHMe seguía embistiendo , y a veces tocaba mi tetas ,o besaba mi abdomen ,sus ojos se cerraban , y yo solo disfrutaba ,después decidí de que si estaba realizando un trabajo así tenia que subirle mas de tono a las cosas -Sii así cogemeeee- Si puta. En unos instante me puso en cuatro ,y me penetro ,mi tanga estaba mojadisima ,y solo sentía sus huevos chocar con mis nalgas, una y otra vez ,acariciaba mi espalda ,y de vez en cuando agarraba mis tetas y las estrujaba como si estuviera ordeñando una vaca ,me tomaba por el cabello y me embestía muy fuerte ,me soltaba nalgadas ,no pasaron minutos y soltó un grito ,paro su vaivén y sentí como el condón se humedecía ,acaricio un poco mi espalda y saco su pene , voltee a ver y se quitaba el condón y lo tiraba al piso -Ven hermosa Me acerque y me quito la tanga ,me tomo por la mano y fuimos al jacuzzi ,una vez ahí se sentó en el borde y me tomo por la cabeza sabia lo que quería, creo que la pastilla tenia un muy buen efecto ya que su erección no bajaba aun ,aunque si estaba ligeramente flácido ,me tomo el cabello ,y comencé de nuevo a chupárselo ,esta vez no tarde mucho y el me lo agradeció con sus gestos que hacia se paro de nuevo y tomo de nuevo otro condón. -Bien putita ahora quiero que me des tus sentones.

Me coloque su pene en la entrada de mi conchita, y el me tomo de las manos, estábamos en la orilla del jacuzzi y yo comencé a subir y bajar, mis tetas bamboleaban y el de vez en cuando las pellizcaba con su boca -Así, eso puta, cométela toda -Aah sii siii esta riquísima tu verga. El recostado, me soltó mientras yo sola hacia el trabajo, luego me recosté sobre el y el tomo mis nalgas, ahora los papeles se habían invertido, el me la clavaba mientras yo reposaba en su pecho, y ahora si mordía mis tetas y las chupaba.No paso mucho tiempo y me quito de encima ,saco el condón y lo tiro de nuevo al piso ,debo decir que eso me parecía algo asqueroso pero al fin y al cabo no era mi problema ,se sentó aun lado mío con la respiración entrecortada ,mientras yo aun estaba recostada en el suelo ,-Vaya que buena estas putita Me decía mientras se reía un poco ,yo pensé que ya había terminado ,pero no todavía no ,estuvimos un rato en el jacuzzi ,mientras me tocaba todo era un autentico pulpo ,yo solo gemía ligeramente y ,disfrutaba ,me paro y me puso en cuatro en un borde del jacuzzi parte de mis nalgas salía del jacuzzi ,el se acerco lentamente , y empezó a besar mis nalgas ,a separarlas y pasar su dedo por todo mi culo hasta mi concha ,poco a poco sentí un dedo escabullirse por mis nalgas ,era una sensación muy rica,-Que culo tienes, corazón,-Sii sigueee. Siguió metiendo el dedo de atrás adelante, pronto sentí como metía otro, y de nuevo los movía ya sea adentro afuera o en círculos, hubo un momento que los saco, y me dejo extasiada con los ojos cerrados, me dejo en suspenso, pocos segundos pasaron cuando de un jalón me penetró analmente, cosa que me hizo soltar un grito, que se escucho pienso yo en todo el hotel -Calla puta que te va a gustar. No era mi primera relación anal pero, de alguna forma me la clavo de un solo golpe y sin que me lo esperara de esa forma que me hizo gritar, después poco a poco lo disfrute, escuchaba el agua moverse y me atrevo a decir que el sonido que se formaba al chocar con mis nalgas el agua era algo muy rico, me bombeaba de una forma descomunal, una y otra vez, mientras sostenía mis nalgas, sentía como se apoyaba fuertemente en ellas,-Aah aahhh aaahh si rómpeme el culo papi-Si putaaaa siiiiiii. Me bombeaba mas fuerte hasta que soltó un grito como el primero, sentí como me lleno mis nalgas y una parte se salía y se disolvía en el jacuzzi, me hecho agua en mi espalda, en mis nalgas y por ultimo me dio una ligera nalgada.Me tomo de la mano y nos metimos al baño un vez ahí me hizo que lo bañara y lo enjabonara muy bien, obviamente el también lo hacia, el de nuevo no paro de tocarme y yo tocaba su pene acariciándolo esta vez ya no respondía del todo aun que solo me dijo -Así déjalo no te preocupes.

Nos bañamos y salimos ,a vestirnos el me dijo que quería mi tanga que si se la podía dar, yo accedí y me vestí ,el recogió los condones y los tiro a la basura, una vez vestidos ,el me dijo que se la había pasado increíble, me dio los 3000 pesos ,y me dijo que si alguna vez necesitaba dinero ya sabia donde encontrarlo acto seguido me dio una tarjeta ,llamo a su chofer y salimos del hotel ,no pasaron minutos cuando llego su auto ,se despidió de mi con un beso en la mejilla ,y desapareció,comenze a caminar y pensar en lo que había hecho ,pero la verdad no me arrepentía ,debo confesar que iba un poco dolorida y cansada pero muy satisfecha ,la verdad lo disfrute muchísimo y me arriesgue demasiado ,pero ya no lo volvería hacer.

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Sola en casa

Tengo un montón de libros encima del escritorio , y un fin de semana de codos por delante. La oposición es el horizonte de mis arduas horas esforzándome , pero hoy Viernes aprovechándome que mis padres se han ido a cenar con unos amigos y mi hermano a ido a casa de su nueva novia he decidido darme un descanso. Me gusta ir descalza , con braguitas y una camiseta fina que roza mis pezones y me entra un gustito por el cuerpo que no puedo remediar. Bajo a la cocina y cojo algo de fruta , cerezas , fresas y plátano , me hago una macedonia y me voy al sofá , enciendo la tele y mientras saboreo con mis labios y mi lengua el exquisito postre , me tumbo y pienso en Angel , mi hermano y su novia , con lo salido que está es capaz de decirle que se metan en la habitación con sus padres en casa. Angel y el sexo están unidos desde hace tiempo , le pillado con revistas , películas y videos en el ordenador. ¡El ordenador!Se me ilumina la cara , no hay nadie en casa y recuerdo que Gina mi compañera de estudios me suele mandar emails , de los que le gustan a los tios y también a nosotras , ¿porque no?El portátil nos lo compró mi padre para mi hermano y para mí , pero accedemos con cuentas diferentes. Subo a la habitación de Angel y lo cojo , está desordenada , revistas , ropa sucia adornan el cuarto , meneo la cabeza y salgo. Vuelvo al sofá lo enciendo y mientras se carga sigo deleitándome con las fresas y cerezas , hay tres emails ,publicidad , de la academia y uno como no de Gina. El título del video “todas a la playa”. Pulso play y aparece una playa paradisíaca de arenas blancas y aguas cristalinas , se acerca la cámara a la orilla y una chica rubia en bikini retoza en el agua y en la arena , es rubia y su piel bronceada hace un contraste estupendo. Se levanta y acude a la arena donde tiene su toalla. Me toco el pelo , comienza acelerarse un poco el corazón ¿qué pasará? pienso , entonces dos chicas a lo lejos se acercan a la chica rubia , visten bikini y tienen unas medidas espectaculares , conversan con ésta y deciden darle crema , una de ellas se despoja de su parte de arriba del bikini y hace lo propio con su compañera , me empiezo a calentar , pienso en lo malvada que es Gina , pero me encanta la situación , empiezo a deslizar mi mano por mi pecho y levanto mi camiseta para rozar mi piel , noto los pezones duros como piedras , las chicas del video ya no tienen ropa y están jugando en la toalla entre ellas , me quito la camiseta y empiezo a acariciarme las tetas , de repente suena mi móvil está en la habitación ¡ joder ! es lo único que se me ocurre , subo corriendo las escaleras y cuando llego lo cojo , ya han colgado , este número no me suena se habrán equivocado , con la rapidez de la subida de las escaleras el corazón se me ha agitado , pero sigo excitada me miro en el espejo y me veo con mis braguitas blancas que he mojado un poco y hago una sonrisa picarona , así que me las bajo y las dejo en el suelo , me siento en la cama y comienzo a bajar mis dedos primero por el vientre , las piernas , noto que no hay ni un pelo así que prosigo hasta encontrar con mi dedo índice mis labios , están mojados , subo al clítoris y me detengo , juego con él , haciendo círculos , lentamente para acelerar el ritmo , que frenesí , me estremezco y junto las piernas , las abro , con la otra mano juego con mi boca , la humedezco de saliva y la bajo para que haga compañía con la otra , cierro los ojos , ¡Raquel , estás ahí!¡Mi hermano pero que hace aquí!

-Te he llamado ante con el móvil de Laura!

Está abajo acaba de entrar , y yo desnuda , en mi habitación masturbándome , no quiero parar me falta poco para correrme , pero no sé si Angel pretende subir.

-¡Raquel vengo para decirte . . ¿Raquel donde estas?

Creo que ha empezado a subir las escaleras , mi dedo es más veloz y acelera el ritmo en el clítoris , se me escapa un gemido , un jadeo , un suspiro. . .

-Raque que estás en el baño oye . . . .

Me corro , mi hermano ya está arriba , ¡que corrida no puedo parar , pasa de mi habitación y se va al baño , ¡uufff! mi corazón va a ciento veinte pulsaciones , me levanto se la cama y me pongo una camiseta sin bragas , mi hermano pica a mi puerta

¿Raquel? Ahh estás aquí que venía a decirte que me quedo en casa de Laura un rato más que se lo digas a los papas te he intentado llamar por el. . . . veo que no soy el único que usa la habitación como cubo de la ropa sucia. (señalando mis braguitas en el suelo)

-Esto claro ya se lo diré. – mi camiseta es tan corta , que Angel no puede evitar fijar su mirada en mi entrepierna.

-Bueno hermanita estudia mucho y no te distraigas ¿vale?

Se marcha , me miro en el espejo se me escapa una carcajada y pienso en lo que ha pasado , ¡me encanta!

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Como ayude a mi novia a sacar lo Putita que tiene Dentro

Hola, me gusta mucho esta pagina y de hecho soy un asiduo lector de la misma.

Los relatos que he tenido la oportunida de leer, algunos inventados, otros muy bien narrados y otros interesantes, me ayudaron a saber que tipo sexo me gustaba, aqui aprendi, y en la calle lo confirme, que todas las mujeres, aun cuando no lo acepten abiertamente, les gusta el sexo, creo que mas que a nosotros lo hombre, y que todas tiene la idea de tener relaciones sexuales de manera libre, como nosotros, pero lamentablemente la sociedad y las creencias han logrado que esos deseos sexuales femeninos no afloren, de ahi que nacio la teoria de que toda mujer lleva dentro una putita dispuesta a tener todo tipo de sexo, pero que no la dejan salir, tampoco aceptan su existencia y mucho menos se comportan como tal y no disfrutan de su sexualidad.

Bueno es el caso que tengo una relación de mas de diez años con mi Nena, a quien llamare Fatima, no vivimos ni viviremos juntos pero por cuestiones del destino nuestras vidas se cruzaron y nacio entre nosotros un fuerte amor, una atracción sexual y un deseo descomunal.

Yo soy jose, actualemte tengo 21 años, soy alto, complexion normal y con una verga de 18 centimetros, Fatima actualmente tiene 20 años, es baja de estatura, morena, bonita, y tiene un culo delicios (su mayor atractivo) y una tetas pequeñas pero muy ricas.

La primera vez que nos conocimos fue en la universidad, de ahí nacio una fuerte atracción fisica entre los dos; Con el tiempo comenzamos a salir como amigos solamente, depues de un tiempo comenzamos a salir como pareja y la primera vez que así lo hicimos acabamos en la cama, bastante borrachos los dos por cierto, por lo cual fue un verdadero desastre esa ocasión.

Acabamos en un sillon de la casa, ella desnuda de abajo, y yo con los pantalos a las rodillas, fue creo uno de los peores polvos que he tenido, tiempo despues tambien supe que para ella tambien fue uno de los peores polvos de su vida.

En ese tiempo, aun cuando yo tenia ciertas inclinaciones al mundo swinger, nunca habia tenido experiencias al respecto y no conocia nada de eso, quisas solo los relatos que en ocasiones pude leer y alguna que otra referencia de internet.

Fatima tambien, tiempo despues me conto, tenia varias fantasias sexuales, que de manera recurrente me comento soñaba, pero que al igual que yo reprimia y no comentaba con nadie (el sueño erotico más recurrente es qu etenia sexo con varios hombres pero uno a la vez).

Los temores a ser señalados y reprochados mantuvieron escondidos por varios años nuestros deseso sexuales, a grado tal que ambos usabamos el bello pubico sin arreglo y no hablabamos de sexo.

Bueno como les contaba nuestra primera vez, ademas de desastrosa, fue extremadamente rapida, ya que por la calentura tuvo una abundante pero precoz eyaculación.

Pensando en que Fatima se encontraba decepcionada de ese primer encuentro fue que pense que ya nunca mas iba a tener la oportunidad de cojerme ese delicioso culo que tiene, pero cual fue mi sorpresa que a la semana ya estabamos en un hotel, sobrios y cojiendo de lo lindo.

En esa ocasión, despues de la euforia de la primera vez mi, desempeño con ella fue mejor, ahi tuve la oprotunidad de recibir una deliciosa mamada por parte de ella, con la advertencia de que no podía venirme en su boca porque le daba asco, lo cual no se evidención ya que por su edad (en aquellos tiempos tenia 18 años) y segun su poca experiencia, realmente aparentaba otra cosa, ya que fue una de las mejores mamadas que hasta ese día habia recibido, solo que cada vez que la volveaba a ver (me encanta verla a la cara cuando me la mama) ella se apenaba y dejaba de hacerlo de esa manera tan deliciosa.
Bueno en esa ocasion fue de lo más normal el sexo, las tres veces que lo hicimos me mamo la verga, luego en posicion de misionero (en dos ocaciones) y en el tercer encuentro de ese día y despues de reponerme de los primeros dos polvos que tuvimos y con la delicios mamaba que me dio, cansado de la posición de misionero, decidí arriesgar y voltearla para poder cojermela viendole su delicioso, por loque la puse en la posicion de perrito, y cuando se la iba a meter, ella se quito rapidamemte y volteandose me dijo:

-No flaco, por atras no, que duele mucho-

Lo cual me extraño, ya que previo a ese encuentro me habia platicado que con su anterior novio tenia sexo de lo mas normal y una vez cada mes aproximadamente, a lo que le respondí:

-Oye corazon, yo no se como te lo abran hecho, pero no es por atras, eh te lo voy hacer normal-

Ella se puso roja de la pena y obviamente ya no disfruto de nuetro ultimo encuentro como los dos anteriores, por lo cual ya no toque el tema y decidí disfrutar del espectaculo que tenia delante de mi, el ver como mi verga desaparecia en el culo de ella, hasta que por tercera ocasión me vine, pero esta vez acabe sobre su culo.

Despues de ahi comenzaron mis dudas sobre los gustos y experiencias sexuales que Fatima tenía…lo cual contare en la siguiente ocasion y hasta llegar al día de hoy en donde ambos estamos explorando que tan putita es ella, a lo cual lo llamamos su transformación de una mujer reprimida a toda una putita deseosa de sexo con hombres y/o con mujeres o con ambos….

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Una tarde excitante con dos chicos

Mi nombre es… Bueno, mi nombre no importa y prefiero no decirlo. Sólo diré, porque es importante, que soy una chica de 22 años que estudia en la Universidad de Barcelona. Nunca he salido en serio con ningún chico y mis relaciones sexuales hasta hace unos meses eran muy esporádicas y bastante tradicionales. Nunca he sentido nada especial al acostarme con un chico, siempre he tenido la luz apagada y nunca he visto el cuerpo desnudo de mis amantes.
Vivo sola, en un departamento del centro. No soy de Barcelona. Mis padres me envían dinero para que me concentre en mis estudios y no me preocupe de nada. En principio parece un buen trato, pero la vida en Barcelona para alguien de fuera puede ser un poco difícil cuando sólo te limitas a ir a clase y tomar apuntes. Ir a comprar, hacerte la comida, recoger la casa y estudiar para luego cenar y marchar a la cama. De vez en cuando me quedo a tomar algo con unas amigas de clase y sólo un par de veces me han ligado y he acabado en un lecho ajeno, pero nada espectacular.

Por error hace unos meses llegó a casa un libro de una tienda por correo. Iba a nombre del antiguo inquilino y lo encontré en mi buzón. Durante dos semanas estuvo envuelto, pero un día me picó la curiosidad y lo abrí. Era una colección de cuentos del Marqués de Sade. Lo metí en un cajón y me olvidé de él, no me interesaba, pues estaba en periodo de exámenes y no tenía tiempo más que para estudiar. Odio ver la tele, de hecho ni siquiera la tengo, por eso, en un descanso abrí el libro y me resultó perturbador, extraño… Las situaciones que planteaba me producían gran curiosidad. Mencionaba prácticas sexuales que me parecían como mínimo extravagantes. Las protagonistas de las historias hacían cosas que yo ni me había planteado. Me parecían un poco manipuladas por la mente del autor; al fin y al cabo, un hombre; y es un hombre quien las “sometía”.
Terminaron los exámenes y quería ir a casa a ver a mis padres unos días, pero empecé a darle vueltas a una de las historias. Es difícil de explicar, sentía un vacío, una gran duda y un deseo oculto; una idea me sobrevino. Empecé a temblar y me tuve que dar una ducha para despejarme. Al salir de la ducha me tumbé en el sillón y me quedé dormida. Tuve sueños revueltos y turbadores. Me desperté de repente y tenía la entrepierna súper mojada, me tuve que duchar de nuevo. Me di cuenta de que lo prohibido me llamaba. Era un deseo oscuro, un poco sucio; pero enormemente excitante, y tenía que hacerlo.

A la mañana siguiente fui a una Facultad que no era la mía (no diré ninguna de las dos) y puse un anuncio que ha dado lugar a lo que la gente llama una “leyenda urbana”. Cuando lo escucho me río porque realmente sucedió y yo fui la protagonista. Me aseguré que no había nadie mirándome y lo puse dentro de un anuncio de alumnos. El anuncio decía lo siguiente: Chica buenísima onda, busca chico discreto para que la inicie en la sodomía. Y debajo mi número de celular y salí corriendo. Temblaba pensando en lo que acababa de hacer. Esa misma tarde recibí siete llamadas pero no me atreví a responder a ninguna, y apagué mi teléfono un poco avergonzada. Cené y me fui a la cama pero no podía dormir, estaba muy nerviosa. Mi celular estaba en mi mesita y no dejaba de mirarlo. Me decidí a conectarlo. Sólo quince segundos después me llegó un mensaje, lo habían enviado media hora antes. Decía lo siguiente: He visto tu anuncio. Un amigo mío y yo queremos conocerte, somos de fiar. Si estás interesada házmelo saber y te daré mi dirección. Te prometo discreción.

Empecé a notar mis latidos en las sienes, mi respiración agitada y mi nerviosismo patético; me mordí el labio inferior y me decidí a responder. Me temblaban los dedos y sólo pude escribir “lo estoy” y lo envié. Me contestó con su dirección y una hora. Le hice una llamada perdida para confirmarlo… Apenas puede dormir esa noche. Al día siguiente no tenía clase y me quedé en la cama hasta las doce. Me levanté al mediodía. Comí, me duché y volví a echarme sobre el sillón esperando que pasara el tiempo. Estaba histérica, lo deseaba, lo deseaba mucho, pero iba a encontrarme no con un extraño, sino con dos, pero tenía dudas…
No voy, no iré… ¡Ni que estuviera loca!… – Pero lo estaba deseando, lo único que hacía era justificarme a mí misma. El encuentro no era muy lejos de mi casa, 20 minutos; y media hora antes salí de casa. Llevaba puesto un jersey y unos vaqueros azul oscuros con lo que me veía bastante nalgona pues me quedaban untados. Era marzo y en Barcelona el tiempo era un poco frío aún. Llegué al sitio con el corazón en la boca. Me planté frente a la puerta. Creí que me desmayaría, y en un impulso apreté el timbre. A los cinco segundos me abrieron… Era un chico de dieciocho años, de físico vulgar, mediana estatura, ni gordo ni flaco; moreno ojos marrones. Muy español. Me saludó y entré.

Era una casa antigua. Allí estaba su amigo, que era casi igual que él, pero bastante feo. Tenían puesta música chillout y estaban bebiendo whisky bailey’s, para calmarse, claro. “Tontín”, el menos feo se dirigió a mí: Entramos a la sala donde había unos sillones y nos sentamos.
– Hola nena, me llamo…
– ¡No!, nada de nombres por favor – creo que lo dejé un poco asustado.
– Como quieras… ¿Quieres tomar algo?
– Sí, lo mismo que ustedes…
“El Babas”, el más feo, me preparó un vaso con torpeza. Me lo bebí con la misma torpeza. Evitábamos mirarnos fijamente, todo era muy violento, ridículo. Estaba arrepintiéndome… Me hablaron de los discos que tenían, del tiempo en Barcelona, y de todo lo alejado del asunto que allí nos reunía. Yo no paraba de beber bailey’s y ya estaba por el segundo trago. Mientras pensaba: “En cuanto me termine este vaso pongo una excusa y me voy, me voy… Esto es una estupidez. Les diré que era una broma y en paz…”. Los chicos no cesaban de hablar y yo bebía, mientras el licor h
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acía su efecto. Me relajé, pero seguía decidida a irme. Ya llevaba diez minutos en ese apartamento, y según yo, había tardado demasiado. Me levanté y dije:
– Bueno…
Empecé a caminar hacia la puerta ante el asombro de los dos muchachos, me iba. Pero vi la puerta del dormitorio abierta y me asomé. Había una cama muy grande y una lámpara cubierta con un pañuelo azul oscuro que dejaba el cuarto en una curiosa penumbra azul.
– Se han preparado muy bien, ¿eh?… -, dije.
Era el momento…
– ¿Empezamos?… -, dijo “Tontín”.
Noté una gran excitación, ¡iba a hacerlo!… Asentí con la cabeza, el whisky hablaba por mí. Los dos se dirigieron hacia la puerta del dormitorio; los dejé clavados porque me dirigí al ventanal del comedor y con violencia bajé las persianas, dejé la sala a oscuras. Me sentía ansiosa y con ganas de que me dieran fuego…
– Prefiero aquí… -, dije.

Ambos estaban asustados. La sala a oscuras y sólo se veían perfiles azules debido a la escasa luz del dormitorio. “El Babas” quiso besarme, pero me negué.
– Nada de besos, ni de meterme mano; no me excita ahora. Sólo quiero… Bueno, ya saben qué, ¿no?…
Me miraron asombrados. Empecé a desabotonarme los jeans, tenía prisa. Me giré y los bajé hasta las rodillas, sabiendo que sus miradas acaparaban mis nalguitas. Me dejé los calzones y mi jersey puesto, y me puse de rodillas encima del sofá, incliné mi redondo culo y supe que se habían atragantado al ver mi enorme trasero de nalgas redondas y aterciopeladas. Oía sus respiraciones agitadas, la mía también lo estaba, y todos estábamos nerviosos y excitados. Me bajé las pantaletas y quedaron mis nalgas altivas y retadoras.
– Te pondré un poquito de crema… – dijo la voz de “Tontín”.
– Si, gracias… pero antes, caliéntala con las manos
Oí cómo se echaba la crema en las palmas y las frotaba. Me estaba poniendo muy tensa. Intentó abrirme las nalgas y deseé sentir su lengua en mi ano, pero sabía que con la crema, la penetración sería más fácil y me quedé con las ganas de sentir una lengüita en mi culo.
– Abre un poco las piernas
Obedecí y separé mis rodillas. Me sentía como una mujer de los relatos de Sade, sumisa, expectante. Mi trasero en pompa expuesto y dispuesto a recibir una rica verga que lo abriera completamente. De pronto sentí su dedo embadurnado de crema sobre el borde de mi ano, estaba tibio; así que mi culo se contrajo un poco; y debido a la impresión, lancé un quejido pero no quería parar. Empezó a embadurnar las rugosidades de mi ano, mientras yo movía el trasero al compás de las caricias. Era una sensación dulce muy agradable, y creo que empecé a mojarme.
– Métele el dedo hasta el fondo-, oí que dijo “El Babas”
Poco a poco su dedo avanzaba hacia el centro, todavía con mimo. Tratando mi culito con mucha delicadeza, por eso mi esfínter empezó a relajarse. Él se dio cuenta y comenzó a presionar ligeramente. Por fin mi culo empezaba a ser perforado. Estaba mereciendo la pena, ya lo creo. Metió hasta la segunda falange y musité algo.
– ¿Qué?… -, preguntó él.
– Que lo muevas en círculos…
Así hizo y me relajé. Sentía cómo el borde de mi recto rozaba con la suave piel de su dedo. Era dulce, muy dulce. Entonces apretó más, firme aunque lentamente. Por fin metió enterró su dedo hasta el fondo de mi culo. ¡No podía creerlo!, nunca me lo había ni tocado para excitarme y ahora tenía metido el dedo de un desconocido mientras otro me miraba. Lo movió más rápidamente y nuestras respiraciones se lanzaron a la carrera.
– ¡Qué rico, que rico!… ¡Mmmm!–, dije.
– ¿Te gusta?
– Mucho… ¿Y a ti?
– ¡Me enloqueces nada más de ver como lo meneas, mamita! ¡Estás muy culona! – noté entonces que su voz cambiaba, se excitaba muy violentamente.
– ¡Cógetela ya!… – agregó “El Babas”.
Acepté remisa. Ya no tenía tanta prisa, pero di por hecho que él sabía más que yo de aquello. Porque antes de esa tarde sólo sabía lo que había leído en un libro de un señor que había muerto hacía unos siglos.

Oí cómo se desabrochaba el pantalón y buscaba su polla de entre sus calzoncillos. Se la sacó y de inmediato escuché el sonido de su verga mientras se la meneaba. Siempre me ha repugnado ese sonido, de hecho he tenido un poco de reticencia a tocarlas y ya no digamos mamarlas. Aquel sonido me resultaba sencillamente asqueroso, por fortuna estaba muy excitado y tardó poco en conseguir una erección aceptable para ponerse el condón. De buenas a primeras sentí algo plano y duro sobre mis nalgas, era su glande. Mi culito era muy sensible y distinguí perfectamente el depósito de la punta del preservativo. Me asusté, pues no creía que eso fuera a entrarme. “Tontín” empezó a empujar. Dolor, era algo así como cuando tomas mucho aire y no puedes soltarlo. Me sentí presionada, me dolía.
– ¡Espérate, me lastimas!… – dije asustada.
– Tranquila, siempre es así al principio-, decía “Tontín” entre jadeos- ya te acostumbrarás.
Lo di por bueno dando debido a mi ignorancia, pero me dolía. Hundí mi cara en el reposabrazos del sillón, con lo que quedé más empinada y mordí el sillón y el sabor era seco, y sabía a polvo; en esa casa no limpiaban a menudo o ese era un sillón muy viejo. Mientras, sentía cómo su reata entraba poco a poco en mi recto. Me la metió hasta la mitad y se quedó quieto, esperando a que yo me acostumbrara a su grosor… Me acordé de la primera vez que cogí con un chico de mi pueblo en su coche; creí morir hasta que me la encajó toda. Esta vez era igual pero la presión era mayor. Le pedí un respiro y aceptó.

Los músculos de mi ano estaban tensos y necesitaban relajarse, él pareció darse cuenta y aplicó más crema, se lo agradecí desde lo más profundo de mi alma pues sentía que su lanza me quemaba, y de veras que fue un respiro para mi culito que ardía. Después empezó a sacarla y meterla hasta donde la mitad y aquel vaivén me pareció de lo más delicioso. ¡Al fin me estaban culeando, me sodomizaban, o como dicen algunos, me estaba dando por culo y me gustaba!… Comencé a jadear y a retorcerme a cada empellón de verga y sintiendo que lo peor había pasado, seguimos cogiendo unos cinco minutos. Sentí que la verga de “Tontín” crecía dentro de mi culito, ¡Iba a disparar su leche dentro de mi ano! Entonces pasó lo inevitable, el chico tomó aire, se afianzó a mis ancas y empujó su fierro dentro de mis entrañas, muy, muy adentro, tanto que tocó mi vagina con sus testículos. Eso me dolió mucho, muchísimo y ahogué un grito y empecé a chillar, pero “Tontín” no cejaba. El problema era que yo no era capaz de decir nada, sólo lloraba y él seguía arponeando mi culo, sin escuchar mis lamentos; no la tenía muy grande pero aún así me dolía.

Me agarré con ambas manos del sillón y las cerré con fuerza, mientras mis piernas temblaban al sentir los zarandeos de mi amiguito. Estaba confundida, pues sentía dolor y terror, me sentía violada pero no era verdad, simplemente mi amante estaba siendo demasiado efusivo; de pronto se detuvo, ¡se había corrido!… ¡Uf!. La sacó despacio, muy lentamente, y entonces me oyó llorar.
– ¿Estás bien?… -, dijo con voz de preocupación sincera.
– Creo que sí… Sólo que has ido muy deprisa y ahora me duele
Con las lágrimas corriendo por mis mejillas me subí los pantalones. Me ardía el culo y me sentí sucia, y mareada. Le dije al feo que lo sentía pero que no podría estar con él, no puso reparos. Fueron muy amables, y realmente eran buenos chicos. Estaban algo asustados, los tranquilicé y me fui.

En el camino a casa no paraba de darle vueltas. Mientras caminaba sentía cómo mi ano se retorcía, me costaba caminar a buen ritmo; tenía un gran escozor y me dolía. Entonces me dije a mí misma. Es cierto, es real. ¡Me han dado por el culo, me la han metido por detrás y he satisfecho mi fantasía y me siento súper bien!…, sabía que no volvería nunca a ser la misma.
Ya en casa me tomé una taza de nescafé caliente y me metí en la bañera. Seguía dolorida, escocida, el agua me molestaba el esfínter, pues lo tenía irritado; pero aproveché para enjabonarlo, lo limpié a conciencia y luego me puse cremita. Después de secarme. Como estaba segura de que esa noche me rozaría al dormir cogí una compresa y la puse entre mis nalgas cubriendo mi desvirgado trasero. Era bastante agradable, sentir entre mis nalguitas esa frescura y así pude dormir esa noche.
Las dudas me corroían: ¿Habré hecho bien?… ¿Soy una puta?… Pese a todo había gozado mientras aquel chico desconocido y más pequeño que yo me sodomizaba. Y luego pensé: Aún tengo su número por si acaso…

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Una gordita muy caliente

En algún momento de mi juventud, el “tío” (esa persona que no es hermano de ninguno de nuestros progenitores, y que no tiene grado de parentesco alguno, pero como adulto que es, seguimos en cuanto consejo nos da), me dijo:
– vos tenés que encarar a todas, sea gorda, flaca, linda o fea… vos dale a lo que venga… para elegir después tenés tiempo.
– Aparte…, tené en cuenta que las mujeres hacen exactamente lo mismo que nosotros…, se cuentan todo y con detalles…, así que, atendé como a una reina a la más fea o poco agraciada, y después van a venir a buscarte las minas que vos querés…
La verdad que muy poco resultado me dio este consejo, que seguí al pie de la letra en un principio, pero me hizo entender que toda mujer sea como fuera, siempre tiene ese “no se que”…, que la hace especial.
De alguna manera, toda mujer es deseable o genera algo en uno que te dan ganas de estar con ella… por más que tus amigos te digan que es un bicho…, que al principio no se te mueva un pelo, o que de lleno la rechaces por la causa que sea, teniendo que acudir posteriormente a sus brazos, sin pensar nada de lo anterior, para calmar la urgencia sexual del momento.
Hoy me voy a referir especialmente a las gorditas, pero no a aquellas mujeres que tienen uno, dos, cuatro o cinco kilos de más, sino a las que tiene un sobrepeso considerable.
Como se dice popularmente, estas mujeres suelen ser mas “gauchitas”, hacen y se dejan hacer cosas que quizás una niña con cuerpo esculpido no te dejaría ni siquiera pensarlo.
Por que es esto? También por deducción popular, se desprende, que la “gordita”, al saber que cuenta con menos armas que las demás, aprovecha las que tiene al máximo y satisface a su pareja de una manera mas que plausible.
Porque la “gordita” la labura, no se deja estar, sabe que tiene mucha competencia y no pude echarse en los laureles de una conquista.
Es obvio que esto no se cumple en todos los casos, porque somos muchos a los cuales las gorditas nos “pueden”, pero siempre es bueno recordarlo.
Así que dicho y aclarado esto, procedo a iniciar mi relato:
Ocurrió una calida tarde de enero, en mi trabajo, cuando la conocí. Yo ya la había visto un par de veces, realizando trámites, pero nunca cruzamos palabras antes de ese día. Solo tenía el beneficio de haberla observado como me dirigía miradas muy sugestivas cuando tenía oportunidad de estar cerca de mi escritorio. Era una chica gorda, muy llena de vida. Llevaba puesto esa tarde, unos jeans apretados de los cuales asomaban sus rollos.
Parece un matambre…, pensé.
Arriba traía puesto un top de color azul, sus pechos amenazaban con salirse de la prenda y era la comidilla de todos mis compañeros de trabajo y de los demás presentes, que se le reían prácticamente en la cara.
Se veía muy interesada en mi, y por eso, cuando se acercó, comencé a decir lo bien que lucía (muy guacho lo mío), y lo lindo que estaba la tarde para salir a pasear en lugar de estar trabajando.
Un tema derivo en otro y así estuvimos hablando por un largo rato. Dijo llamarse Julia y no paro de dar indicios de estar sola, sin pareja, desde hacia tiempo y lo lindo que seria tener a alguien a lado, aunque sea por un rato (descaradamente me estaba echando los perros y no ponía reparo para hacerlo). Quedamos de vernos algún día, me dio el numero de su teléfono (fijo) y por las dudas su dirección si quería encontrarla. Si bien yo tenía presente que la niña en cuestión podría sacarme de algún apuro sexual, créanme, no tenía la mínima intención de llamarla, pero en fin, guarde aquellos datos…
Pasaron los días…, yo estaba intentando salir con Norma, éramos sólo amigos pero me gustaba. Chiquita, morena, con un culito apretado y unos senos chichitos, pero paraditos, aunque lo que más me gustaba eran sus labios. Tenía una boca hecha para besar y también para mamar, cosa que yo ansiaba que me hiciera.
Un buen día después de acompañarme a cortarme el pelo, la llevé a mi casa. Una vez allí y sentados en el sillón del living, nos besamos. Ni lerdo ni perezoso, le desabroche la blusa y me di el gusto de lamer y chupar sus pezones chiquitos bien erguidos, parecían gomas de borrar, esas que tienen los lápices en la punta (perdón por la comparación, pero es lo mas cercano que se me ocurrió para describirlos). No me dejaba quitarle el pantalón, me dijo que andaba menstruando. En lugar de eso, me bajo el cierre de la bragueta y sacó mi pene, que para ese momento, ya estaba a full. Comenzó a succionar, en un principio tímidamente, pero lo que siguió me dejó bizco. La niña chupaba, mamaba, sorbía como toda una experta!. Ya me resultaba muy intenso sentir su boca y su lengua juguetona, pero su mano derecha que subía y bajaba al compás de su cabeza completaba la labor. Finalmente y con mucha fuerza, me exprimió hasta la última gota de semen y golosamente se lo trago todo.
QUE LO PARIO! – pensé… Normita no era tan inocente como la imaginaba.
Al llevarla de regreso, me prometió que muy pronto me daría todo lo demás…, quedamos en vernos el sábado y sería al finalizar el concierto de Alejandro Lerner, ese día.
Cuando la vi esa noche me dejó perplejo. Llevaba puesto unos jeans blancos muy entallados (ajustadísimos) y una blusa chiquita que dejaba ver su ombligo.
Ya me imaginaba lo que me iba a comer esa noche! (en realidad, venia imaginándolo hacia tiempo). Como teníamos ticket en lugares distintos, nos separamos con la convicción de encontrarnos al final del espectáculo.
No me pregunten cómo ni porqué, pero al final del recital, entre la multitud no la pude encontrar, y miren que la busque como un desesperado y nada… Estaba puteandome por no encontrarla cuando me topé de frente con Julia…” gordita”.
Ella iba muy coqueta y al verme me saludó de forma muy efusiva.
Nos quedamos charlando a la salida del concierto, yo le prestaba poca atención, mi objetivo era otro pero jamás encontré a Normita. Ya resignado, le eché otro vistazo a Julia, y ups..!!!, comencé a imaginármela desnuda.
Demás esta decir, que estaba caliente como una pava; había estado gran parte de la semana pensando en ese sábado y mi libido no daba mas…
Sin decir más, le pregunte si tenía algún problema de ir a su casa con la excusa de tomar un café y ver que podíamos hacer mas tarde…
Y vaya experiencia!
Julia había resultado extremadamente caliente. Ni bien entramos a la casa, comenzó a desvestirme, (si señor, así como ustedes lo leen, sin previo aviso), me quitó toda la ropa y luego hizo lo mismo con la suya.
Jamás había visto semejantes pechos… Que tetas!!!. Eran del tamaño de mi cara con pezones rosados y grandes aureolas!
Se había rasurado la vulva, que apenas aparecía ante tanta carne… abundaba…, tenia tanto de todo que abrumaba…
Ya jugado me arrodille y comencé a hurgar con mi boca esos grandes labios ocultos…, su vagina era muy rosada, carnosa, calida y ya estaban escurriendo sus jugos.
En mi mente no podía creer lo que estaba haciendo y que dirían mis amigotes si se enteraban.
Sería sin duda toda una nueva experiencia. Julia me aparto, me pidió que me pusiera de pie mientras era ella quien se arrodillaba, me agarró el miembro y comenzó a chuparlo de forma ruidosa, golosa, cochina. Me vine enseguida.
En lugar de succionar saliva y semen, los dejaba colgar en finos hilos. Su baba mezclada con lo mío escurría por su cara y mentón, y caía encima de esas dos moles de carne que eran sus pechos. Se tragaba entero todo mi pene y luego lo sacaba escurriendo, todo eso le colgaba de la barbilla. Una visión muy morbosa y no menos excitante. Acto seguido, hizo que me acostara sobre la mullida alfombra, levantó mis piernas y comenzó a lamerme los testículos. Cual fue la sorpresa?…, empezó a chuparme el ano.
Me estaba dando “el beso negro”. Con su mano libre, recogió todos esos líquidos que tenía en los pechos y me los untó en la cola, para luego juguetear con sus gorditos dedos lubricados en mi esfínter.
Jamás, hasta ese momento, había sentido tanto placer, tenia el pene hinchadísimo y quería cuanto antes, penetrar a esa gordita caliente.
Julia no me dejó hacer nada, se paro sobre mí con las piernas abiertas, tomo mí endurecido miembro y fue agachándose hasta tenerlo en la entrada de su vulva y de un solo envión y con fuerza se lo trago todo.
Y ahí estaba yo, siendo casi violado por una mujer que me doblaba en peso.
Ella me cabalgaba con todo, de su muy lubricada vagina salían los ruidos más diversos que jamás haya oído, una rara combinación de aire con líquidos (vulgarmente conocidos como “pedos de concha”).
Sentí que estaba muy cerca de eyacular, ella tambien lo percibió, así que me apretó muy fuerte con sus piernas que parecían dos robles.
Terminamos en un clímax simultáneo, a la vez que Julia gritaba muy fuerte.
Temblaba con el poder de un orgasmo increíble y cayó encima de mí. La diferencia entre nuestros cuerpos era considerable, me ahogaban sus carnes, me sentía muy pequeño comparado con ella. Cualquiera que nos hubiera visto pensaría que era un parto más que otra cosa.
Después de un cigarrillo, charla, mimos y recobrar fuerzas me pidió mas, pero esta vez, ella lo quería recibir en cuatro patas.
MI DIOS…!!! Cuando se agachoooo…!!!, esas tremendas nalgas se hicieron todavía más grandes.
Era un traste del tamaño XXXL.
Hice lo que pude, pero era demasiada carne para mí discreto pene. Empujaba, me acomodaba, me hacia un poco para abajo, un poco para arriba, otro poco para el costado, pero no había caso, no sentía que provocara placer y tampoco lo estaba recibiendo yo. Sólo por eso se me ocurrió intentar en su ano. Al sentirlo se opuso, quiso retirarse pero insistí y le introduje solo la cabeza del pene para probar; y de ahí entró toda de un sólo golpe.
Comencé a moverme lentamente hasta agarrar ritmo, y entonces sí…, Julia chillaba de verdad.
– Ay hijo de puta! Me estas abriendo…
– ‘Aaaay, aaaaay, me duele, me gusta…masssss!!! Fuerte papito, fuerte…
Para hacer la cosa más interesante, bajé la mano y le agarré la vulva entera.
Con casi toda la mano metida en su vagina, la estimulaba torpemente, brutamente y su lubricación mezclada con mis jugos, producto del polvo anterior, escurrían por mi mano.
Qué buen sexo nos estábamos dando la gordita y yo. Mis dedos en su vagina ya le habian provocado mas de un espasmo orgásmico. Y ahora era ella, quien movía sus caderas en forma frenética, para que mi pene taladrara lo mas profundo posible su ya no tan apretado agujero anal.
Finalmente con la poca fuerza que me quedaba la inundé. Mi semen salía del ano y se deslizaba por toda la vulva, yo seguía frotando su vagina. Con la cantidad de fluidos que había, toda mi mano se había filtrado dentro de su tajo.
Fue tan morboso el espectáculo, que para hacerla acabar por última vez, le metí tres dedos en la cola y con tremendos gritos tuvo otro orgasmo repentino. Fue tan intenso que tuve que sacar mi mano para que su flujo saliera a borbotones. Jamás había visto tal forma de acabar, temblaba, se retorcía y era casi como si se estuviera orinando encima… no paraba…
Hechos pelota, recogimos la ropa y nos fuimos a su habitación a descansar. Gracias a dios que estábamos solos en la casa, ya que estaba inundada de olor a sexo y la alfombra muy manchada por las secreciones sexuales.
Estuve con mi pene morado por varios días, me dolía cada vez que tenía una erección o debía orinar, además de cargar un cansancio terrible que me llevaba a la cama más temprano que de costumbre.
Me quedó un doloroso pero grato recuerdo de Julia “la gordita caliente y cochina”.
Volví a ver a Julia una vez más, pero no fue tan intenso ni excitante, para ninguno de los dos, así que optamos por dejarlo ahí nomás. A Norma la volví a ver a los pocos días, pero le corte el rostro por un tiempo, por no haberme buscado ese sábado, que sin embargo, para mí, fue y es un sábado para el recuerdo.

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