Archivo por meses: julio 2010

Nunca Imagine Que Tener Sexo Con Una Mujer

Fue hace dos meses, me había peleado con mi ex súper machista, y estaba furiosa, por lo que decidí invitar a mis amigos a una de las discotecas más divertidas de mi ciudad, para que se me pasará el enojo.

El ambiente en la disco estaba que reventaba, la música era increíble, la gente súper sexy, las bebidas riquísimas (aunque las haya tomado sin alcohol), mis amigos disfrutaban, aunque algunos muy pasaditos de tragos y lo único que hacían era el ridículo, pero nos divertían más.

Nuestro conductor designado, invitó a su novia y a unas amigas, que por cierto estaban re-lindas, atraían un chorro de miradas, que hacían que todas las chicas de la disco se pusieran celosas, en especial la pelirroja, de ojos color miel, cuerpo esbelto y escultural, cara bonita, como de 1.64 de estatura y de carácter agradable y muy sensual.

Estuvimos disfrutando del ambiente como a eso de las 10:30 PM, cuando nos percatamos que la novia de mi amigo lo besaba, le susurraba de manera pícara, lo tocaba, (parecía show privado) que no le quedó de otra más que instarnos a irnos, y nos fuimos a su casa en donde colocó buena música, sirvió bebidas y nos dejó la diversión a nosotros, todos estábamos re-contentos, bueno yo no tanto debido a la pelea que había tenido por la tarde, por lo que me fui a la sala y me recosté en el sofá.

No tenía ni cinco minutos de estar allí cuando sentí alguien a mi lado, para mi asombro era AA¡la pelirroja!, quien con una sonrisa me preguntó que me pasaba, así que se lo conté todo con lujo de detalles, ella no me decía nada, hasta que yo terminé de hablar y me dijo de manera divertida AA¡Por eso no me gustan los hombres!, yo la ví sin decir nada, solamente le sonreí.

Luego me percaté de que ella me miraba de pies a cabeza, de una manera que sentía que me desnudaba, lo cual hizo que me sonrojara, estaba tan apenada, no sabía que hacer, por lo que le sonreí de nuevo y ella me dijo AA¡Eres hermosa, todo un manjar para la vista!, Dios me quedé muda, nunca una mujer me había visto ni dicho algo así, por lo que mi asombro le causó risa.

Bueno no me considero fea, tengo mis atributos, soy blanquita, mido 1.58, cabello castaño, ojos grandes de color verde grisáceo, boca de labios carnosos, busto grande, cuerpo escultural (hago ejercicio), coqueta, me gusta vestirme sexy y esa noche no era la excepción.

Estabamos allí sentadas cuando entraron mis amigos besuqueándose con las chicas, parecían una molotadera de pervertidos, por lo que nos salimos y nos fuimos a la sala de arriba, la cual tiene un enorme sofá cama, nos reíamos como locas solo de escuchar las travesuras que se cometían en la parte de abajo… Ella se acercó a mi y de manera pícara me dijo “No te da envidia” y le respondí “Un poquito”, a lo que sugirió AA¡Te gustaría hacerles competencia!, me quedé muda e inmóvil, no sabía que hacer, por lo que ella al ver mi reacción se paró frente a mí y me besó en los labios, para después introducir su lengua de manera sensual, lo único que hice fue responderle a sus caricias, era algo nuevo para mí el estar con una chica y la sensación era diferente a la de estar con mi novio.

Luego de comernos nuestras bocas, ella me separó, se río y empezó a recorrer con su lengua mi cuello, lo hacía con tal delicadeza, que me puso a mil, era increíble, estaba en la gloria, cuando sentí como su mano tocaba uno de mis pechos, lo apretaba y acariciaba de tal forma que me hizo gemir, al darse cuenta de eso me quitó la blusa, dejando al exterior mis pechos, firmes, erizos, duros por la excitación.

Me acariciaba con su mano y luego lo hizo con su boca, los succionaba, besaba, lamía, mordía de tal manera que me estaba volviendo loca y sentía como mis bragas se humedecían y mi respiración aumentaba, ella también lo notó, por lo que dejó mis pechos y decidió recorrer mi abdomen, deslizaba su lengua de arriba hacia abajo, produciéndome cosquillas con lo cual me reía, entonces me dijo AA¡Te gusta, espera este es sólo el comienzo! Qué el comienzo pensé y yo ya me sentía en el cielo, mis pensamientos se interrumpieron cuando ella me quitó de un tirón la falda, dejando al descubierto mis bragas de color negro…

Dios, estaba tan excitada y mojada, en especial cuando ella deslizó su lengua por mis piernas, eso me puso aún peor, ella se reía de verme las caras que hacía, por lo que se sentó y me besó de manera agresiva y sensual, AA¡qué rico!, me recostó en el sillón abriéndome las piernas y colocando su mano sobre mis bragas, empezó a masturbarme, me tocaba la vagina de tal manera que sentía como mis líquidos se deslizaban rápidamente, quitó su mano y con su boca me deslizó las bragas hasta arrancármelas; se sentó frente a mí y empezó a observar cada parte de mi cuerpo de manera minuciosa y pícara, se detuvo cuando llegó a mi vagina, la observo un rato y luego me dijo AA ¡Qué linda!…

Llevó su mano a mi clítoris y me empezó a masturbar, me hizo gemir como loca, luego sentí como uno de sus dedos entraba en mí, lo movía y lo movía haciendo que mis caderas bailaran a su ritmo, sentía como todo mis líquidos salían y cómo el orgasmo se aproximaba, gemía aún más fuerte, casi gritaba, sus movimientos eran más rápidos por lo que…Ai¿ Tuve mi primer orgasmo provocado por una mujer que no fuera yo. AA¡Qué sensación!…

Ella me miraba con picardía y lujuria, y supe que apenas había empezado, en especial cuando puso su cara frente a mi vagina, sacó su lengua y empezó a lamer toda mi área, Dios… lamía, chupaba, succionaba, el mejor sexo oral que me habían practicado en mi vida, yo sólo gemía y gemía, me movía al baibén de su lengua, era su presa, sentía cada contracción que me producía, los líquidos me salían a chorros y ella los recibía en su boca, los degustaba, se los tragaba y me decía de manera sensual AA¡Qué rico tu sabor mami!… Yo no respondía nada estaba en la gloria, el placer era increíble, luego sentí como mi cuerpo subió la temperatura, mi respiración aumentó, estaba llegando un nuevo orgasmo, a lo que dí un grito. Este fue mucho mejor que el anteriror y ella lo había notado, por lo que me sonrío.

Se sentó de nuevo y me besó, entonces la empecé a tocar y me dijo, AA¡No, esta noche es para ti, más bien esta noche eres mía! sólo la observé y me reí, a lo que ella se me tiró encima y me empezó a besar de manera lujuriosa y agresiva, mientras me decía cosas lujuriosas acerca de mi cuerpo… eso me encendía aún más como sino estuviera satisfecha, nunca me había pasado eso, por lo que sólo me deje llevar de nuevo… Introdujo sus dedos otra vez en mi vagina, mojándome por completo, está vez los movía con más intensidad, por lo que el orgasmo llegó rápido, sacó sus dedos de mi cavidad y me metió uno en la boca y me susurró AA¡Para que prubes lo rica que eres! se lo chupé todo y luego ella se chupó el otro, nos reímos y nos besamos de nuevo.

Se recostó a mi lado y me dijo, “eres la chica más traviesa con la que he estado, recuerda que falto yo”. Me le quedé viendo y me besó, se paró frente a mí y me dió un tirón para que también me levantara, me ayudó a cambiarme mientras nuestras bocas se comían de nuevo, la separé de mí y le pregunté “No faltas tú?”, me sonrió y me besó, luego agarró su bolso y sacó un crayón de labios, bajó a mis piernas y me escribió su número en la pierna derecha. Me observó fijamente y me dijo “Mejor si es martes, ya que ese, es mi día libre”, sólo le sonreí y asenté con la cabeza, bajamos e hicimos como que no pasó nada.

Bueno… como buena estudiante la llamé y nos reunimos el martes, está vez fue mucho, mucho mejor, por lo que ahora, ya no sólo nos vemos el martes, sino toda la semana…

Espero les haya gustado mi relato, así fue como me sucedió, es la primera vez que escribo, por lo que perdonen la redacción.

Más pública y perversa que nunca

Hay días en que todo parece planificado por Eros, con los planetas alineados o quién sabe qué, y todo dispuesto para el disfrute: los latidos en mi vagina, los pezones duros por el frío, las hormonas enardecidas y, sobre todas las cosas, la cabecita perversa pensando y pensando.
En el último tiempo, y en especial en invierno, junto a F., mi marido, las salidas habían quedado acotadas a los fines de semana. Pero el miércoles unos amigos a los que hacía rato no veíamos nos invitaron a su casa, en Vicente López. Cuando les dijimos que iríamos no contábamos con que el auto iba a estar en el taller: nada que el colectivo 59 no pudiera solucionar. La cena fue divertida y el vino ayudó. Después de algunas semanas difíciles, la salida nos había hecho bien, estábamos llenos de energía, pero el marido de mi amiga tenía que levantarse temprano al día siguiente y no suelo necesitar demasiadas indirectas para darme cuenta que es momento de irnos.
El colectivo estaba casi vacío, nos sentamos en uno de los asientos dobles, casi a la mitad. Ideal para dormirse una siestita y despertarse justo en la parada. Perdón, ¿dije “parada”? Sí, estás pensando lo mismo que yo pensé en ese momento.
– Mi amor, tengo ganitas…
– Yo también, no veo la hora de llegar y…
– No, no entendes. Ahora tengo ganas. Se me ocurren muchas cosas nuevas para hacer.
– Bueno, tampoco tan nuevas.
Cuando me dijo eso, sentí que me desafiaba. Aunque tener sexo en el colectivo es de por sí excitante y peligroso, necesitábamos hacer algo que nos llevara más allá. No se me ocurría nada, así que decidí frotar la lámpara a ver si así se me ocurría algo. Metí la mano en su pantalón y debo admitir que no me llevé ninguna sorpresa cuando sentí que su pija estaba ya parada como si me la hubiese apoyado durante quince minutos. Miré para todos lados para asegurarme que, desde los pocos lugares que estaban ocupados, nadie pudiese ver mi mano yendo y viniendo para frotársela. Aunque no lo veía, mis dedos adivinaban cada una de las venas que lo recorrían, los bordes de la cabeza, tan suave al tacto como un terciopelo. Mientras veía a través de la ventanilla a hombres y mujeres cubiertos de camperas, insultando al frío, yo disfrutaba del calor que irradiaba esa pija. Hundía cada vez más la mano; el pantalón me tapaba ya hasta la mitad del antebrazo. Tenía los testículos en la palma de mi mano. F. cerraba los ojos para disfrutar mejor de esa paja que se iniciaba donde nacen las bolas hasta el roce de la punta de la pija con el pantalón. Y ahí, donde nacen las bolas nació mi nueva fantasía.
Con mi mano derecha aferrada al tronco, mi mano izquierda abrió la cartera. F. me dijo:
– ¿Qué buscas? Ahora no, seguí.
No soy una chica coqueta, nunca llevo conmigo maquillaje ni nada de eso, por lo que haber tenido conmigo ese día crema humectante fue una suerte. Le di a F. una mirada con mi mejor cara de putita (que cada vez me sale mejor, ¿será la práctica?) y llené mi mano izquierda de crema. Le di uno de esos besos que a los hombres les hacen parar la pija con sólo mirarlos. Pasé mi mano llena de crema por atrás de su espalda y llegué hasta el perineo, donde acompañé el movimiento de la paja y sentí toda la transpiración, que tanto me gusta saborear en los labios. F., que es un poco más pudoroso que yo, puso la campera por encima de sus piernas. Ahí, frente al colectivero que de tanto en tanto miraba por el espejo retrovisor, dos pendejos que iban a algún boliche (y quizás soñaban con encontrar alguna putita que los pajeara en un colectivo), una vieja y alguno más, yo gemía y hacía gemir a F. tironeando cada vez más fuerte de su pija y metiendo la puntita del dedo en su ano.
No podía dejar de imaginarme a cada uno de los pasajeros descubriéndonos. A todos ellos les diría lo mismo:
– Sí, soy toda una putita. ¿Y qué?
Tenía el poder, nada me calienta como eso. Y mi bombacha lo sabía, porque el flujo empezaba a sentirse tibio, era una lengua que iba desde mi conchita bajando por los muslos. Mis gemidos alertaron a F., que apoyó su mano en mi concha. Claro que quería sentirlo en mi clítoris, pero que él dispusiera de mi placer iba contra la fantasía de que fuera mi esclavo en ese colectivo. Hundí el dedo entero en su culo, no me importó hacerlo con fuerza y hasta con cierta torpeza: le había hecho doler y eso no estaba nada mal. Su gemido se convirtió en un grito ahogado. El colectivero miró. Yo le mantuve la mirada, no hay hombre que pueda resistir la mirada fija de una mujer acompañada de otro hombre. El tipo arrancó y volvió a prestar atención en el camino.
– Si gritas todos van a ver como tu mujer te mete un dedito en el culo, no te lo recomiendo. – dije.
Con mi dedo bien adentro, F. empezó a cabalgar haciendo que mi mano derecha gozara del roce de su pija transpirada. Le faltaba poco.
– Seguí vos, a mí me queda algo más para hacer.- dije.
F. dio las últimas estocadas y cuando vi sus ojos cerrados, su respiración contenida y los abdominales tensos puse como un cuenco mi mano frente a su pija. Sentí el chorro de semen caliente derramarse sobre mi palma, mis dedos goteaban.
– ¿Con qué te vas a limpiar ahora? – me preguntó.
¿Limpiarme? No. Una vez servido, ni el champagne ni el semen pueden quedar sin beberse. Puse el cuenco en mi boca y, como una buena nena, me tomé todas las vitaminas; y, como una nena putona, pasé la lengua por cada resto de semen que había quedado hasta no dejar una gota sin tomarme.
– Saladito – dije en voz alta, como para que todos lo escucharan pero nadie lo entendiese.
Para cuando F. puso su mano dentro de mi bombacha mi vagina era un río, los labios estaban tan abiertos que pensé que podría introducirme el pasamanos entero. Tenía ganas de gritar pero disfrutaba de la tortura de no poder hacerlo. Mientras un dedo dibujaba círculos en mi clítoris, podía imaginarme en el pasillo del colectivo, en cuatro patas y mi hombre metiéndomela hasta el fondo; el colectivero tocándose por sobre el pantalón, los dos pendejos dispuestos a desenvainar sus pijas en mi boca y la vieja murmurando, sílaba por sílaba, “pu-ta”. Cuando acabé, entre suspiros, busqué con la mirada a cada uno de ellos.

Al bajar del colectivo, además de reírnos, pensábamos en si alguno de todos ellos se había dado cuenta. Coincidimos en que deberíamos viajar más seguido en colectivo y todo lo que hablamos fue el preludio para otro hermoso polvo, pero ya en nuestra propia cama.
Ah, no te conté cómo me limpié el dedito. Ya sabes, soy una buena nena, cómo voy a dejar algo en el plato sin tomármelo…

Vamos Negrito

Bueno, mi historia en este tema comienza como en muchos otros casos leyendo relatos viendo algo de porno zoo solo por curiosidad, jamás pensé que me atrevería a pasar el limite pero el tema se me metió en la cabeza y ya no podía mas no se que me paso pero tenia unas ganas barbarás de ser la perrita de un can y claro es grandioso.

Mi nombre es Arturo vivo en Veracruz México tengo 23 años, no soy muy alto ni tengo cuerpo atlético pero la e pasado bien asta ahora, tengo una linda novia que quiero mucho y mas o menos todo anda tranquilo en mi vida. Todo sucedió la semana pasada que estaba en mi casa solo pajareando en el MSN y claro leyendo algunos relatos de todo un poco , asi me fui poniendo bien caliente, leía como contaban los demás de la manera mas sucia posible como un perro les daba rico por el culo y que gozaban cantidades con un macho bien dotado y yo me imaginaba en su situación, pero yo no tengo perro por lo cual pues no podría tener ese mágico placer, así paso la noche sin mucha emoción me masturbe un par de veces (y es que mi novia salió de la ciudad a ver a un familiar) y como a las 2 de la mañana medio mucha sed y fui a la tienda de la esquina por un refresco y ahí me encontré a mi matador era un perro negro de tamaño mediano, yo no sé de razas pero no se veía tan corriente tenia su porte el canino, yo me le acerque aun sin nada en la mente solo por instinto le pase una mano para saludarlo el estaba mojado ya que estaba lloviendo un poco y respondió de buena manera a mis carisias, seguro se le perdió a alguien pensé pues se veía bien comido, pero bueno, yo compre mi refresco y me regrese a mi casa y cuando estoy abriendo la puerta veo al perro de tras de mi el cabron me siguió y lo primero que hice fue empujarlo con el pie para que se fuera pero al siguiente segundo me dio algo de lastima y lo deje pasar ya adentro le di un poco de agua y algo de comer, fui por una toalla vieja y lo empecé a secar ahí fue cuando se me recordé todo lo que e fantaseado con que un perro me de placer y dije ahora es cuando todo se dio de manera natural la verdad dude por unos segundos pero al final me quite el miedo y me atreví tome la toalla y lo empecé a secar y a limpiar bien y cuando llegue a su pene le puse especial atención primero con la toalla lo tocaba y después me atreví a tocarlo con la mano, se sentía bien y a el pareció gustarle un poco, pero no lograba que se le parara mucho y yo ya tenia el mió a mil entonces me lo sake para que me lo olfateara un poco aunque no se lo acerque mucho por miedo a que me mordiera y seguí trabajando su pene con mi mano que ya empezaba a responder y yo le decía vamos negrito ( así lo bautice) quiero que me hagas tu perra, hazme tu hembra dame con todo vamos negrito cogeme dame placer de hembra quiero que me desquintes el ano , todo iba muy bien, el ya estaba entendiendo mis deseos pero necesitaba mas motivación y yo se la quería dar así que cerré los ojos y me metí su pene a ala boca yo no lo podía creer tenia pinga de perro en la boca, que rico!!! No sabia tan mal y ya le babeaba un poco, mi corazón estaba al mil ya se le notaba un vergon de unos 18cm tal ves mas se la seguí chupando unos 10 o 15 minutos mas la estaba gozando toda y cuando note que ya estaba muy inquieto supe que era el momento y me puse en 4 , el me olfateo un poco y entonces me empezó a lamer el culo ahí fue cuando sentí que estaba en el cielo mi negrito me lubrico todito mi culo y yo ya estaba exigiendo que me cogiera que me diera placer, vamos negrito quiero ser tu perrita dame te pene dámelo yaa y obedeció me monto enseguida ya sentía su pene húmedo en toda mi cola pero no le atinaba yo movía mi cola intentando ayudarle y por fin lo logro sentí como entraba sin miedo y cuando sentí toda esa carne dentro de mi empecé a gemir como la perra que era, haayy si negro dame tu leche haaayy mmmmmmm mmm el ya estaba con gran ritmo de penetración y cada embestida era mas salvaje que la anterior pero que gran macho me encontré que buen pedazo de carne tiene y cuando empecé a sentir que algo se hinchaba dentro de mi estaba que me desmayaba de placer vamos negro préñame, préñame bien quiero tu lecheee en mi culo, pero que dolor tan grande combinado con un placer sensacional y delirante, él no paraba y seguía con buen ritmo yo ya no sabia ni como me llamaba me tenia bien abrochado y estaba sudando y llorando un poco cuando sentí sus chorros de leche siiiiiiii ya soy tu perritaaa ya soy tuya eres mi macho con el orgasmo que traía yo también solté mi leche, jamás me había venido con tanta leche fue lo mejor que me a pasado en al vida cuando todo termino mi negro quedo agarrado de mi culo el dolor era fuerte pero me relaje y espere a que el lo pudiera sacar, tardo mas o menos unos 10 minutos cuando por fin nos separamos, y de mi culo salía lechitaa me lo dejo bien abierto y penetradoo y con su lengua me lo limpio un poco, que gran macho me encontré, después me puse a limpiar un poco el desorden me bañe y descanse esa noche como un ángel, a mi negro le hice un lugar en la azotea ya no puedo estar sin el así que se quedo con migo, solo e repetido la situación una ves mas ya que también tengo que cumplir con mi novia y cuando estoy con ella pienso en el, también quisiera que mi novia fuera se perrita pero no se como proponérselo, en fin si sucede regresare a comentarles como me fue. Escribo este relato por que el leer relatos de otra gente me ayudo a atreverme a realizar mi fantasía y fue genial si con estas palabras que escribo ayudo a alguien mas a tomar la decisión de sentir el mejor placer del mundo creo que abra valido la pena, un saludo a todos y todas si alguien quiere hacer un comentario, compartir una experiencia o alguna historia mi correo es “strange270” en Hotmail. Gracias por tomarse el tiempo para leer.

La noche de Viviana Canosa

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

Viviana Canosa se miró al espejo y sonrió satisfecha. Ella se consideraba a sí misma una diosa y se cuidaba como tal. Como toda reina, disfrutaba intervenir en la vida de los demás. Le complacía saber que bastaban unos minutos en su programa de chimentos para destruir parejas, hundir carreras y revolcar por el suelo a cuanto famoso se le pusiera a tiro.
Disfrutaba especialmente pegarle a todas esas turritas siliconadas, que se creían estrellas por pintarse el pelo de amarillo y pasearse en bolas por los canales de televisión.

– «Yo sí soy una diosa» – pensaba contemplando su imagen desnuda frente al espejo. Su figura delgada, de piernas largas, sus caderas y sus muslos perfectos, los pechos altos y firmes, coronados por delicados pezones rosados que ya se le estaban poniendo duros, porque hay que decirlo, a la Canosa le excitaba contemplar su propia belleza. Por sobre todas las cosas le encantaba su piel tersa, suave perfecta de un blanco inmaculado.
Con un revoleo de su melena de fuego, se obligó a dejar de acariciarse y terminó de vestirse. Ya iba a tener tiempo para gozar con la salida que había arreglado para aquella noche.

Todo había comenzado cuando miraba el programa de Mariana Fabbiani. Observó que la flaquita caminaba renga e inmediatamente reconoció la causa, principalmente porque ella misma había andado así alguna vez…después de todo, había que romperse el culo para triunfar en televisión y en eso Viviana no era la excepción. Cuando pensaba en las chanchadas que había tenido que hacerle a esos dos viejos degenerados de Rial y Ventura, se le revolvía el estómago.

Su profesión era enterarse de las cosas y no le costó mucho trabajo que la Fabbiani le confesara, llorando, la terrible experiencia que había tenido con Jeff Trunkstone «la anaconda del Bronx»

Jeff Trunkstone era un negro enorme, jugador profesional de básquetbol que había tenido que dejar Estados Unidos en cirscunstancias poco claras.
Marianita le contó con lujo de detalles su violenta experiencia, los desmesurados atributos del negro y la violencia con que los usaba, lo que explicaba porqué había hecho su programa rigurosamente de pie durante la última semana.

La imaginación de la Canosa se disparó. No podía visualizar a una ratoncita como la Fabbiani manejando a ese bestia. Pero en cambio ella, que se consideraba una diosa del sexo se preguntaba si sería cierto que existía un hombre con tanto centimetraje. Cuando Mariana terminó su relato, Viviana descubrió que su entrepierna estaba húmeda. Tenía que conocer a ese tipo y domarlo, ya mismo.

Es que a la colorada le encantaba garchar. Era insaciable y había pocos hombres que pudieran seguirle el tren. Pero mas que nada, a la Canosa le gustaba dominar a los hombres. Hacerlos sumisos, subirse arriba de ellos y hacerlos acabar cómo y cuando ella quería. La posibilidad de encamarse con una bestia como la que describía Fabbiani le seducía y no perdió el tiempo. Le prometió guardar el secreto a la flaquita y esa misma tarde llamó al manager del negro. Le explicó que quería una cita con Jeff esa misma noche. De lo contrario, iba a contar en su programa lo que le había hecho a la dientuda y ahí sí que se pudría todo.

Así que exactamente a las tres de la mañana un taxi dejó al negrazo ante la puerta de un lujoso chalet. El negro no entendía mucho la cosa pero cuando le hicieron comprender que tenía que clavarse a una mina, salió disparado. Estuvo un rato sentado en aquel dormitorio en penumbras, cuando se abrió de golpe una cortina y entró ella.

Viviana Canosa avanzaba por la habitación. Los tacos de sus altas botas de cuero resonaban en el suelo de madera. La mirada del negro se elevó sobre aquellos largos muslos blancos y se detuvo un momento en la diminuta tanguita de cuero negro para seguir hasta el ombligo de su cintura perfecta y llegar hasta el corpiño, también de cuero que tenía dos cortes circulares por donde se desbordaban sus blancas tetitas. El cuello, largo y delicado estaba rodeado por un ajustado collar negro erizado de tachas cromadas. Llevaba la melena colorada atada en una cola de caballo. Le sonreía de manera cruel y sus ojos azulgris lo miraban desafiantes. En la mano derecha llevaba un látigo.

– «¡Desnudate, negro marica!» – le ladró la colorada. El tipo, obedeció esbozando una sonrisa. Cuando Viviana miró lo que el negro tenía colgando entre las piernas, quedó más pálida todavía. Había visto centenares de porongas en su vida pero nunca nada como aquello.

Lentamente, se acercó fascinada y dejando caer el látigo se agachó y rodeó con las manos el miembro enorme, como preguntándose por dónde empezar. El negro la ayudó a decidirse agarrándola por el pelo y metiendole media verga en la boca. La Canosa empezó a chupar despacio, como la experta que era, metiéndosela cada vez mas adentro hasta sentir que le llegaba a la garganta. Ahí se la sacaba, le lamía un poco la cabeza, respiraba y se la tragaba de nuevo. El negro gozaba como loco, sentado al borde de la cama. Nunca le había tocado una mina tan puta como aquella. Sin dejar de chupásela Viviana se había tendido sobre las rodillas del negro. – «¡Pegáme, negro maricón!» – «¡Haceme gozar!» – le ordenó. – «¡SPANK ME, NOW!» –

El negro entendió lo que le pedían y con una sonrisa de degenerado, levantó su manaza y la dejó caer con fuerza sobre aquel precioso culo blanco ¡PLAF! resonó – «¡AYYYYY!» – gritó la Colo ¡PLAF! ¡PLAF!¡PLAF! El negro se había entusisamado y la Canosa chillaba con cada palmada agarrándose con fuerza a la verga del negro como un marinero que se agarra del palo durante un temporal. Con el último golpe el negrazo descargó un rio de leche en la boca de Viviana, que se desbordó y se abrió paso por su nariz de gatita…
– «¡AHHHHHHHHHH!» – roncaba el negro, que parecía que no terminaba nunca de acabar.

Tosiendo y escupiendo leche, con los ojos llenos de lágrimas la Canosa se puso lentamente de pie. Se colocó de espaldas y se miró en uno de los tantos espejos. Fascinada vió que su culo de seda, antes de un blanco perfecto tenía estampadas a fuego las marcas de las manos de aquel bruto como si fueran tatuajes y las nalgas le ardían como si se hubiera sentado en un brasero. De repente, verse a sí misma de espaldas, con las piernas separadas enfundadas en las botas altas, las manos en la cintura y el culo tan colorado como le melena que le caía por sus hombros la puso caliente. Despacito, sin dejar de darle la espalda al negro se bajó la tanguita de cuero que brillaba con la humedad que le mojaba la entrepierna. – «Dale maricón, rompeme el culo…» – le desafió la Canosa, agachándose.

El negro no se hizo rogar. Los ojillos de animal contemplaron un instante el sexo delicado de Viviana y enseguida con sus gruesos pulgares le separó las blancas nalgas hasta descubrir el agujero del culo, apenas rosado. Ahí mismo le apoyó la cabeza de la verga y sin compasion le mandó para adentro una buena porcion de carne – «¡AYYYYYYYYYYY!» – gritó ella, aullando de placer y de dolor. El negro con una sola de sus manazas le sujetaba las muñecas y con la otra la agarraba del pelo mientras aceleraba el ritmo y serruchaba con fuerza.
La Canosa se retorcía, tratando de resistir las embestidas de aquel animal. Sentía todo el culo como una masa de dolor, desde la piel ardiente hasta la dura barra de acero que se sacudía adentro de ella pero nada de esto le impedía gozar como una perra. Cuando sintió el calor de la leche del negro que se derramaba en su interior ella explotó de placer – «¡AYYYY!¡SIIIIIII!¡ASI, HIJO DE PUTA!» – «¡OH, SHIT!» – aullaba a su vez el negro.

Lentamente la colorada se enderezó. Se quedó quieta un buen rato agarrada a la pared, mareada y sintiendo cómo el semen del negro le chorreaba del culo brutalmente dilatado y se le deslizaba por las piernas que no le paraban de temblar…

————————————————————————————————————————

Al otro día sus compañeros del piso la notaron feliz. Pensaron que el nuevo brillo que se veía en los ojos de Viviana Canosa se debía a que por primera vez los números decían que le estaba ganando a Rial. Y aunque no se notó tanto por la televisión, los que estaban ahí habrían jurado que hasta había perdido su palidez de siempre.