Este es solo un relato surgido de mis fantasías más íntimas. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…
Hacía tiempo que en mi cabeza rondaba una idea que me calentaba al extremo. Vestirme de mujercita para tener una cita bien sucia con un macho morboso.
Les diré que mi cuerpo es más bien varonil. Soy robusto, con bastante vello en pecho, piernas y pubis; sin embargo esa idea de ponerme un atuendo femenino que me muestre como una perrita alzada me quemaba la cabeza.
Así fue que me puse en contacto con Gerardo, un madurito de 42 años con un físico espectacular. Su cuerpo se notaba trabajado. Bíceps, torso y piernas firmes y fibrosas, cabello castaño y unos ojos que desnudaban con solo mirar.
El acuerdo previo fue que yo fuera a su casa preparado para lo que él me fuera a proponer. Yo le había comentado mi fantasía y el accedió ya que le daba mucho morbo.
Cuando llegué, me desnudé lentamente ante su presencia. Entonces sacó un disfraz de mucamita que me encantó. Tenía una pollerita bien cortita que dejaba ver mis nalgas, y en la espalda contaba con un escote que bajaba hasta el nacimiento de la cola. También me dio una peluca marrón ondulada que me hacía ver muy bien.
Me lo puse e inmediatamente empezamos a disponer la escena. Agarrando un plumero que había por ahí emprendí mi trabajo de “limpieza”. Comencé pasando el plumerito por las alturas, de modo que Gerardo podía ver mi cola desde abajo, al tiempo que se masturbaba lentamente.
La verdad que este juego me gustaba mucho, y trataba de hacer todos los movimientos lo más sensuales posible, para que mi jefecito se excitara. Después seguí limpiando por abajo, agachándome para pasar un trapito a los muebles inferiores. Acentué este movimiento para que la pollerita se levantara dejando ver mis nalgas, meneando la cola ante su mirada libidinosa. Gerardo se puso de pie detrás de mí abordándome, frotando su pija contra mi culo. “Estás limpiando muy bien, pero no quiero que te olvides de esta parte”, me dijo agarrando su trozo, a la vez que me daba vuelta y sujetaba mi cabeza hacía abajo. Como tenía que hacer mi bien mi trabajo, me dispuse a chuparle la verga lentamente, pasando mi lengua por la cabeza y luego por su tronco, metiéndola entera en mi boca por momentos. Esto lo excitó mucho y mientras yo hacía mi tarea el me decía “esa es la mucamita que yo quiero”. Continué chupando hasta que los impulsos de su miembro me hicieron dar cuenta de que estaba por eyacular. Vigorosos chorros de leche saltaron a mi boca. Mi “patrón” me decía: “sí, putita… quiero que la dejes bien limpia. Que no se derrame ni una gota”.
Así fue y pase mi lengua por toda esa verga limpiándola bien a fondo. Cuando terminé, me puse de pie y nos besamos en medio de una franela de alto voltaje. Pasando una mano por bajo de mi pollera manoseó mi cola. Con su mirada libidinosa me dijo: “ahora que terminaste tu trabajo, andá a bañarte. Quiero que la puta de mi mucama salga de acá bien prolijita”.
Fui al baño, me saqué el vestidito y me metí en la ducha. Tal era mi calentura que mientras el agua tibia y el jabón corrían por mi cuerpo, yo frotaba mi pija para sacarme un poco la excitación que me invadía. Este intento fue en vano, ya que Gerardo se metió en la ducha, tocando mi cuerpo y enjabonando mi culito. De pronto, y luego de meterme los dedos, emprendió la penetración. Su verga entraba y salía aumentando la lujuria. Después de unos minutos, ambos acabamos al mismo tiempo, eyaculando en un momento que fue glorioso.
Salimos de la bañadera, nos secamos y nos vestimos. Cuando me iba, Gerardo me despidió diciéndome: “un día de estos voy a llamarte para que vuelvas a hacer un trabajo a fondo…”.
Todavía espero con ansias ese momento.
Les dejo mi mail por si quieren hacer sus comentarios: gybi2000@hotmail.com
Y si están en Buenos Aires o alrededores nos podemos poner en contacto y quien sabe… quizás hagamos realidad esta fantasía.