La correción de una hija

Los padres de chicas adolescentes no tienen más remedio que ser estrictos. Una férrea disciplina es el mejor regalo que puede dárseles. Ellas lo interiorizarán y en el futuro se conducirán por la vida con seguridad, con aplomo. Serán constantes, aplicadas, tendrán éxito en todo aquello que se propongan.

Por eso cuando me enteré, por una comunicación privada del director del instituto, de que mi hija, contraviniendo mis órdenes, había empezado a fumar, no lo dudé, tenía que castigarla. Dejarla continuar, eso si que habría sido un veneno para ella. Habría sido el primer peldaño en una escalera hacia el fracaso, la salida hacia su infelicidad.

Que nadie piense esta actitud es la de un padre desnaturalizado, que no quiere a sus hijos. Todo lo contrario. Hacer la vista gorda habría sido lo más fácil para mí. Continuar con mis ocupaciones y no prestarle atención, no molestarme, eso habría sido realmente cómodo. Pero no, yo no soy así. Fue mi alto sentido del deber y de responsabilidad hacia la educación de mi hija lo que me movió a llamarla a mi despacho. Discretamente, eso sí, no quería humillarla en público, al menos no en tanto su falta no pasase a mayores.

Así que allí la tenía, aquella tarde, tras la salida del colegio. Vestía el uniforme del instituto, falda escocesa por encima de las rodillas, calcetines blancos y blusa de manga corta también blanca. Entró temerosa, sabía que algo pasaba. Notó mi seriedad. Sin levantarme del sillón me dirigí a ella.

-No, no hace falta que me beses, deja la cartera en esa silla y quédate ahí, en medio de la habitación, de pie

-Sí papá

-Ponte en posición de firmes, junta los pies

-Dime Sara, ¿has hecho algo en el instituto que me ocultes?

Agachó la cabeza y comenzó a lloriquear.

-¿Ahora me vienes con lloros Sara? Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?… Sí, claro que lo sabes. Al menos te que no hayas intentado negarlo.

Continuaba con la cabeza agachada, mirando hacia el suelo

-Lo que me enerva, Sara, es que ahora te vayas a iniciar en el más estúpido de los vicios. El tabaco, mi niña, cuesta dinero, daña la salud, amarillea los dientes y las yemas de los dedos, y acaba por no dar ni placer. Tienes dieciséis años ya, debes ser responsable de tus actos, ¿me entiendes Sara?

-Sí papá

-Entonces te será más fácil comprender que esto lo hago por ti. ¿Crees que me gusta castigarte? Pues si lo crees te equivocas. Tengo mucho que hacer, como ves tengo la mesa llena de papeles. Todo esto me roba tiempo, ¿sabes? Pero no me importa, la educación de mi nena es más importante que cualquier otra cosa para mí, ¿comprendes verdad?

-Sí papá

-Como puedes ver no estoy nervioso, no me he salido de mis casillas, todo esto lo hago responsablemente Sara, y lo hago por ti, solo por ti. Acércate a la mesa e inclínate sobre ella.

Así lo hizo. Dobló su cuerpo noventa grados y se apoyó en la mesa. Me acerqué a ella por detrás y levanté su falda. Ante mi vista quedaron las delicadas braguitas, de algodón, blancas estampadas con florecillas, preciosas. Se las bajé hasta medio muslo y ante mi quedó el culo de mi hija, perfecto, redondo como si hubiese sido trazado con un compás, de un blanco sin defectos, tan liso como lo tenía cuando era un bebé.

Pero no estaba allí para admirar el bello cuerpo de mi hija sino para cuidar de su educación. Abrí mi mano, la alcé y con fuerza la dejé caer sobre el culo de Sara. El golpe resonó en la habitación y su glúteo retumbó. Ella contuvo la respiración un momento, arqueó ligeramente la espalda y gimió.

Pero un golpe no iba a ser suficiente. Tras ese vino otro, y después otro, con fuerza. Ella lloriqueaba. Cuando llevaba cinco o seis comenzó a suplicar.

-No papá, por favor, no sigas-decía mientras se sorbía los mocos-seré buena papá, te lo aseguro, por favor.

-Ya te he dicho que no hago esto por gusto, pero debo hacerlo, tienes que aprender.

Continué golpeando ese lindo culo así, con la mano abierta, sin usar ningún instrumento.

Su llanto aumentaba de volumen, continuaban sus súplicas. Para cuando llevaba catorce o quince azotes su culo había tomado un color rojo intenso. Pensé que quizá ya hubiese tenido suficiente.

-Incorpórate Sara-ordené.

La orden se cumplió de inmediato. Secaba sus lágrimas con las manos y sorbía los mocos mientras dejaba de lloriquear. La giré hasta ponerla frente a mí.

-¿Ves mi niña? El tabaco no te trae más que malas consecuencias. Sé que eres joven, que deseas probar cosas nuevas, y no te culpo por ello. Pero el mundo está lleno de peligros que acechan a jovencitas incautas como tú. Afortunadamente aquí estoy yo, para corregirte y guiarte por el buen camino. Serás una chica obediente, no fumarás más y en todo cumplirás mis normas, ¿verdad?

-Si papá-dijo mientras secaba sus últimas lágrimas.

-Anda ven, dame un abrazo.

Agarré fuertemente su cintura y apreté su cuerpo de adolescente virginal, bella como una diosa, contra mí. Apoyó su cabeza en mi hombro y comenzó a llorar de nuevo. Entre sollozos se sinceró conmigo.

-Sí papá, reconozco que he faltado, pero te prometo que no volverá a ocurrir. Procuraré corregirme. Oh, te quiero tanto papá. Comprendo perfectamente que esto lo has hecho por mí. No te odio papi mío. Al contrario, mi amor por ti es más fuerte que nunca. Tú sabes guiarme, sin ti estaría perdida. Qué suerte tengo de tenerte papá. Te amo.

-Gracias mi vida-repliqué yo-eres una buena hija. Sé que necesitas corrección, pero no te preocupes, yo estaré aquí, atento, vigilante, para conducirte por el buen camino.

Así, abrazados, permanecimos largo, largo rato, sintiendo el calor de nuestros cuerpos.

Sin embargo Sara siguió cometiendo errores. Hubo que corregirla más veces. Pero eso ya lo contaré en otra ocasión.

(Por Max de Max; max8706@tempinbox.com)

16 Responses to “La correción de una hija”

  1. el singador dice:

    este relato le falto mucho mas contenido y trama

  2. putero69 dice:

    a esta historia le falta trama,cuando le bajas las bragas tenias que haberle metido el dedo por el culo,eso si que es mejor que los azotes…follatela,que si dices que fuma seguro que se ha tirado a un chaval palote.follar es lo mejor de la vida.ya me contaras que tal la experiencia. putero69@hotmail.com

  3. rodrigo dice:

    malo este relato le falta mucho ….

  4. lectorv dice:

    este relato no sirve men en serio jajajaj

  5. penetro dice:

    esa puta historia ni para un pajaza sirve ……

  6. calev dice:

    pura mierda de relato estuvo de weba, ke padre tan mas pendejo…

  7. Arlequin dice:

    Que ridiculo!!!!!! una persona escribe el primer comentario y todos escriben lo mismo…..deen su propia opinion: no lo que dice el otro……..

  8. marcos dice:

    pura mamada yo a mi hija la nalgueo igual y despues le lanbo sus nalguitas hago que me masturbe y le embarro el semen en su culo

  9. penetreitor dice:

    Y dónde quedó el culeo? Aprende de los chingones y antes de nalguearla mamale toda su raja y meteselo hasta el fondo para que sepa quien es el macho que domina ya después dale sus nalgadas para que aprenda a apretar la verga que tiene adentro, mínimo man!

  10. el pingon dice:

    eres imbesil teniendo ese culo tenias para follarte a tu nena y le das palmadas mas bien dame el correo de tu hija y yo si la follo como los dioses

  11. Ela dice:

    Para mi que ni tienes hijos, como te enorgullece decir que le pegas asi, y todavia crees que es exitante, ademas de mal relatado y fome.

  12. el caballo dice:

    si es malo las nalgadas se las bieras dado a tu perra madre para ver que se siente jotito

  13. pipidulce dice:

    no joda, el puro titulo de esta historia es bueno, ¡¡¡¡¡¡ le falto drama y pervencion y lujuria……. si el proximo va a ser igual no mandes mas guei?

  14. squall dice:

    A eso se le llama relato erotico. mas bien parece relato gay

  15. Doom dice:

    NO CAMARADA A ESE RELATO LE FALTO MUCHO TALVEZ SI LA HUBIERAS OBLIGADO A TENER ALGO DE SEXO ANAL RUDO HUBIERA APRENDIDO MEJOR LA LECCION…

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