Sexo anal en El Salvador

Hola, mi nombre es Roberto, tengo 26 años y vivo en el pequeño país de El Salvador. Siempre me ha gustado leer las historias que aquí se publican, y esta vez dedicí presentarles la mía. Lo que voy a contarles fue el resultado de una serie de eventos afortunados hace como dos meses. Como muchos leen estas historias para imaginarlas, comenzaré describiéndome, soy trigueño y tengo el pelo negro, mido 1.70, como me gusta hacer deporte (practico ciclismo) tengo un cuerpo bastante bien formado, no soy muy musculoso, pero si estoy bien definido. Bueno, todo comenzó hace un año, cuando comencé a estudiar en la universidad tecnológica de mi país, ahí conocí a una chica muy linda…. Cambiaré su nombre por cuestiones de su intimidad, digamos que se llama Inés… Bueno, Inés es era chica muy guapa, media solo un poco menos que yo, tenia piel blanca y pelo negro lacio hasta los hombros y una cara muy bonita, tenia también un cuerpo muy bonito porque también hacía ejercicio, lo más bonito eran sus piernas bien torneadas y su culito redondo y parado.

Ahora bien, el año pasado ella y yo cursamos las mismas materias en los mismos horarios, y se formó una amistad muy fuerte a fuerza de vernos a diario y trabajar juntos, a mí ella me gustaba y quería que formalizáramos pero no hallaba como sin matar la amistad. Poco a poco fui conociendo algunas de sus intimidades; descubrí, por algunos comentarios en conversación, que es tenía una mente abierta y curiosa hacia el sexo. Uno de los comentarios que más me llamaron la atención era que, cada vez que quería expresar lo placentero que era algo decía: “Es que eso es casi tan rico como ir al baño.” Yo siempre he tenido una fijación con hacerle el sexo anal a una mujer, y la idea de que Inés fuese una de esas chicas que les encanta esa modalidad de sexo me traía loco. Así que decidí aventurarme y ver hasta donde podía llegar.

Ya habían comenzado algunos roces entre nosotros, así que comencé a explorar más, primero le ponía la mano en la cadera o la parte baja de la espalda rozando sus nalgas, luego me acercaba un poco más por detrás de ella y finalmente comencé a abrazarla desde atrás, rodeándole la cintura con las manos y pegándome bastante. En una ocasión que estábamos solo y la abracé, Inés cerró los ojos y empujó su culito hacia atrás restregándomelo todo en mi verga…. Me sorprendió tanto que yo solo aguanté la respiración sin decir nada  ¡sentía que me moría!  Entonces ella pareció darse cuenta de lo que hacía porque se soltó y se alejó un par de pasos.

“¡Lo siento!” me dijo con la cabeza baja “¡Fue un impulso! Es que te sientes tan sexy cuando haces eso que no pude evitarlo.”

“¡Por Dios!” pensé “¿Yo sexy? ¡Eso si que es sorpresa!”

“Es un punto muy sensible de ti.” Le dije sonriendo y tomándola de la cintura

“Si, lo es.” Me contestó y agregó algo que me dejo mudo. “Oye, Rober, (Ella siempre me decía Rober, aunque a mi no me gustara) yo no soy tonta, sé que quieres conmigo…. Y sé que tú sabes que a mi me atrae la idea del sexo por otros medios.”

“¡Mierda! ¡Ya la cagué!” pensé asustado.

“Tú también me gustas mucho.” Continuó ella “Pero…. Me da miedo probar…. Ya sabes… eso.”

Me di cuenta enseguida que se estaba sincerando conmigo y no podía pasar la oportunidad, y le dije que si realmente quería hablar de eso yo estaba listo. Para no hacer larga la conversación solo diré que me explicó que tenía miedo por cosas como “¿Y si duele?” “¿Y si se siente desagradable?” “¿Y si me pasa algún accidente?” Y yo traté de explicarle que no había nada de que temer si lo hacía con un hombre gentil que la tratara con cariño.

“¿Tú ya lo has hecho antes?” Me soltó de pronto.

“¡SI!” pensé “¡Lo he logrado! ¡Ha preguntado! ¡Quiere conmigo!” Pero entonces surgió el problema: ¿Qué le digo? ¿Le digo que sí lo he hecho para que se sienta segura con un hombre que tiene experiencia? ¿O soy sincero y le digo que nunca lo he hecho para que se conmueva con mi sinceridad? Decidí que si le decía que si lo había hecho acabaría dándose cuenta que era mentira y sería peor así que le confesé que sería mi primera vez.

“Entonces será la primera vez para ambos” Agregó con una sonrisa… ya me la había ganado.

Resumiré de nuevo diciendo que aceptó finalmente disfrutar de una iniciación conmigo en el sexo anal, sería en mi casa el fin de semana, porque mis hermano estaba fuera del país y mis padres habían decidido pasar un fin de semana en nuestro rancho en la playa, así que estaríamos solos … yo me moría de la emoción.

Al día siguiente, cuando mis padres salieron, comencé a arreglar todo, puse ropa de cama nueva, aromaticé el aire y me bañé bien, limpiándome todo. Antes de ir a recoger a Inés pasé comprando una crema lubricante y condones de esos para “trabajo pesado”. Entonces fui a por Inés, ella no se había arreglado mucho, llevaba una sencilla blusa de tirantes y un pantalón no muy ajustado… bueno, fue inteligente, su ropa realmente no era importante ese día. Cuando bajamos del coche ella vio que cogí los condones y me dijo sonriente

“¿Condones? Como me lo harás por atrás no hay peligro de que quede embarazada, así que no hacen falta… ¡Eres tan lindo por preocuparte!”

Y ahí en la entrada de la casa nos besamos por primera vez, compré los condones por instinto, nunca reparé en que realmente no los necesitábamos y así sin darme cuenta había ganado puntos extra.

Fuimos hacia la alcoba besándonos y quitándonos la ropa, finalmente nos tumbamos desnudos en mi cama, comencé a besar sus senos me gustaban y era algo que quería hacer desde hacía mucho, ella suspiraba suavemente con los ojos cerrados, me di cuenta de que no lo disfrutaba del todo, así que decidí comenzar por lo que estábamos ahí, la puse boca abajo y le pedí que levantara un poco el culo… Aquello era la gloria, poder ver ese deseado culito ofreciéndose a mí con sus nalgas redondas y firmes y su anito que, para mi sorpresa, no estaba cerrado sino ligeramente abierto.

Inés respiraba un poco más fuerte, supongo que se excitó al saber lo que venía. Yo comencé a besarle y lamerle las nalgas con pasión, y pude sentir como se iba excitando, entonces me aventuré y le di un lengüetazo en el ano, ella respingó:

“¡AH!” yo me sorprendí y la miré a la cara, estaba roja y me dijo: “Perdón pero me has tomado por sorpresa” hizo una pausa como pensando que decir y agregó: “Sigue, por favor…” Eso despejó mis dudas, seguí lamiendo sus nalgas y su hermoso anito, y ella comenzó a gemir:

“¡mmm mmm!… ¡MMM!”

Entonces me levanté abrí el bote de crema mi me unté el dedo índice, “Sentirás un poco frío” le dije y le unté crema en su agujerito, ella volvió a suspirar pero no tan fuerte, le masajeé un poco y finalmente le introduje el dedo despacio, Inés soltó un profundo gemido y se arqueó: “¡MMMMMaaaa!”

Saqué y metí mi dedo despacio mientras ella suspiraba y gemía suavemente.

“ah… ah… mmm… ¡mmm!”

Mi mano izquierda instintivamente se dirigió hacia mi verga que estaba erecta y palpitante, pero me contuve… Deseaba de verdad masturbarme pero sabía que si lo hacía acabaría casi de inmediato… En vez de eso acaricié las nalgas de Inés, eso me excitaba aún más, pero mantenía mis manos lejos de mi verga.

Luego de unos minutos le saqué el dedo, ella jadeaba, aunque aún suave, me unté el dedo medio y el índice de crema y le dije con voz lujuriosa: “Ahora van dos…”

Cuando mis dedos entraron en su agujerito ella se arqueó de nuevo y gimió esta vez con más fuerza: “¡Waaaaaaa!”

Repetí la operación de mete-saca, Inés levantó más el culo y apretó con fuerza las sábanas gimiendo “¡AH! ¡AH! ¡MMM! WAAA!”

Yo estaba a mil, ¡tenía a esa nena frente a mí con el  culo levantado y gimiendo de placer por los dos dedos que le estaba metiendo! Mi verga ya me dolía de la presión que tenía dentro de ella, yo de verdad quería masturbarme, pero no debía… para mantener mi mano izquierda alejada de mi verga comencé a masturbar a Inés, su coño casi chorreaba y sus labios estaban muy inflados. Entonces ella me dijo jadeando:

“No… no hace… falta, amor… acabo por el culo……” Yo no me lo creía pero me lo dijo “mejor… penétrame… ¡penétrame que ya no aguanto!”

Casi quedo en shock con esas palabras… le saqué los dedos y me puse tras ella, ni siquiera me unté la verga porque ya no hacía falta, le puse la punta sobre su ano todo lleno de crema y empujé… ella casi gritó: “¡MMMMM AAAHHH!” Arqueó con fuerza la espalda y apretó las sábanas.

La gran ventaja que tiene mi verga es que su grosor es el mismo desde la cabeza hasta la base, si entra la cabeza entró todo lo demás. Aún así traté de ir despacio… pero al llegar a la mitad Inés empujó hacia atrás con fuerza y, de golpe, se encajó el resto en el culo haciéndonos gemir a los dos… Me quedé quieto un momento, en parte por la sorpresa, y luego comencé a bombear… Inés empezó a gemir con más fuerza:

“MMM WAAA MMM WAAA”

Yo ambos nos movíamos con ganas. Traté de alejar mi mente de ahí, no quería correrme ¡no todavía! pensé en cosas desagradables, en cachorros atropellados o en la guerra de Irak, pero era difícil con la verga ensartada en el culo de esa mamacita y oyéndola gemir y gritar.

De pronto comenzó a decir:

“Rico… se siente… rico… como ir al baño… ¡se siente como cagar! ¡Se siente rico como ir a cagar!”

Nunca la había oído hablar tan sucio y eso me excitó todavía más, me puse sobre ella, le cogí las tetas y le chupé el cuello… entonces comenzó a moverse más rápido, hasta que, con un grande y profundo gemido, se corrió:

“¡GUUUUUUUU AAAAAHHHHH!!! ¡MMMMMM!”

Arqueó la espalda todo lo que pudo y al sentir su ano apretando con fuerza toda mi verga, no pude más y también me corrí con un fuerte gemido… cuando ella sintió mi semen caliente inyectándose dentro de su culo se corrió de nuevo, pero más suave gimió y se estremeció ya sin fuerzas.

Ambos quedamos tumbados en la cama, jadeando y empapados de sudor, yo sobre ella con la verga aún dentro de su ano. Quedamos así dormidos un par de horas, cuando nos levantamos me di cuenta que la sábana estaba toda llena de los fluidos de Inés, tuvo una eyaculación femenina. Nos bañamos juntos y nos masturbamos el uno al otro bajo la ducha, no volví a penetrarla porque ella tenía el ano algo resentido, pero estaba feliz.

Nuestra relación después de eso no fue gran cosa, no volvimos a tener relaciones y luego Inés conoció a un chico que le gustó más que yo, y se fue con él… sí me sentí algo dolido, pero, pensándolo detenidamente, al fin y al cabo lo nuestro fue carnal y tengo la dicha de haberle desvirgado el culo.

Vale, espero que os haya gustado, con gusto recibiré sus comentarios a mi correo:

sir.mhytos@gmail.com

En especial si son chicas y les gusta el sexo anal… y son de mi país XD

One Response to “Sexo anal en El Salvador”

  1. Carlos Osiris dice:

    Jajajaja buena fantasía. Se vale soñar Rivera, se vale soñar.

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