Mi ligue de Sábado

Buenas, soy alex, bisexual y heterosentimental. He escrito varios relatos en esta página, y aquí va uno más. Esto me pasó el fin de semana pasado, y espero que les guste.

Ya me he descrito con anterioridad, pero lo vuelvo a hacer porque habrán quienes no me hayan leido. Tengo ya 22 años, pelo castaño oscuro, ni corto ni largo. Ahora llevo barba de pocos días, mido 1,71 y peso 70 kilos.

El sábado salí de fiesta con unos amigos, por la zona de Alonso Martínez. Como siempre, estuvimos bastante paradillos (por no decir pardillos…) durante toda la noche, hablando entre nosotros de temas banales y sólo mirando a las chicuelas que por allí se dejaban ver. Pero de hablar con ellas… ni hablar! Nos estábamos aburriendo, asi que Gonzalo dijo que él quería entrar a alguna, yo le dije que me apuntaba y fui con él. Llegamos ante un grupo de tres mujeres. Aparentaban entre 20-25 años y estaban de buen ver. Dos eran rubias, y una morena, las tres altas (entre 1,70 y 1,80). Todo fue bien, Gonzalo se quedó charlando con María, y yo con Elisabeth. Al rato se acercaron el resto de nuestros amigos y Mirian se quedó hablando con ellos.

No tardamos mucho en progresar en la relación, y apenas 10 minutos después de habernos conocido, tanto Gonzalo como yo nos estabamos liando con nuestras chicas. Al poco María y Gonzalo se perdieron de nuestra vista, y después me marché yo con Eli. Todo fue muy bien, salimos del pub y fuimos de la mano por la calle, bromeando y aprovechando cualquier momento para besarnos y tocarnos. Eli parecía dudar cada poco, pero cuando yo insistía respondía con gran deseo. Llegamos a una calle poco concurrida, y seguimos con los besos, nos magreábamos, ella me abrazaba y tocaba mi espalda, yo la acariciaba los senos y el culo… ella empezó a acariciarme bajo la camisa, y yo hice lo propio con ella, me desabrochó los botones del pantalón y acarició mi paquete con suavidad, yo desabroché su camisa, dejando ver dos fabulosos pechos ante mi, que me dispuse a besar. Ella me tocaba el pene y yo disfrutaba excitado, sin pensar en que nos encontrábamos en mitad de Madrid, donde cualquiera podía vernos. Mi calentura estaba al máximo, y apreté a Eli contra la pared, rozando mi sexo contra su pantalón, entonces ella se mostró dubitativa, pero yo volví a insistir, me separé un poco y seguí besándola y acariciando sus pechos. Me dispuse a desabrocharla los pantalones, pero no quiso… entonces caí en que no querría exhibirse en aquel lugar público.

– No… – acertó a susurrar.

– Lo se, a mi también me da vergüenza – mentí – pero podemos ir a un hostal si quieres…

– No sé…

– ¿Me vas a decir ahora que no quieres nada conmigo? – dije con voz lastimera… y procedía a besarla de nuevo.

– No es eso… si que quiero.

– ¿Entonces? Pagaré yo el sitio, si es por eso…

– Tampoco es eso… es que a lo mejor quien no quieres eres tú…

– ¿Qué? No digas chorradas… claro que quiero, ¿por qué no iba a querer? – la besé de nuevo. – Venga, vamos…

Me abroché la camisa y pantalones rápidamente, y ella se aprochó apenas un botón de la blusa y guardó su sostén en el bolsillo de mi cazadora. No a mucho tardar, encontramos un hostal pequeño, pagamos la habitación y subimos. Ni siquiera recuerdo haber mirado la habitación, directamente besé a Eli, nuestras lenguas se chocaron y fundieron, acariciaba su espalda, bajaba hasta sus gluteos y mientras la dirigí sobre la cama. Me tumbé sobre ella mientras nos besábamos, desabroché su blusa y lamí aquellos preciosos y abultados pechos, haciendo hincapié en sus pezones. Mientras tanto, dirigía mis manos hacia su entrepierna, y llegué al botón del pantalón, que desabroché en un santiamén, bajado después la cremallera. Mi lengua descendió su cuerpo lamiendo su piel y mi mano se disponía a acariciar su rajita sobre su previsiblemente mojado tanquita. Pero entonces llegó mi sorpresa, al tocar su entrepierna, noté que estaba mojada, si, pero también que contenía algo como lo mío, un bulto de tamaño decente… Paré de lamer al instante y miré con gesto de no comprender nada a la cara de Eli,

– Te dije que el que no querría serías tú… – dijo mientras apartaba las piernas y se preparaba para incorporarse.

No dije nada, sólo detuve su intento por cesar todo y procedí a acariciarle los genitales sobre el tanga…

– Y yo te dije que no había razón alguna para que te preocuparas.

Aparté el tanga y asomó un pequeño pene de unos 9-10 cm, ya en erección, que dirigí a mi boca, introduciéndomelo por completo. Lamí como nunca había hecho durante un rato, hasta que volví mi vista de nuevo hacia los pechos de Eli, y subí mi cabeza hacia ellos. Ella comprendió lo que yo pedía y bajó hacia mi pene, sacándolo de mis boxers y haciéndome una mamada perfecta. Subía y bajaba la mano acariciando el prepucio, a la vez que introducia mi miembro en su boca una vez tras otra… Me corrí por vez primera aquella noche. Y es que he de decir que hacerlo con un transexual de buenos pechos fue siempre un sueño para mi. Luego seguimos practicando el sexo, ella me dejó su ano para que jugara, y ya por fin, al final del todo, mi ano también fue suyo. Dos horas despues de haber llegado a la habitación, exhaustos los dos, Eli habló…

– Espero que tu amigo se lo haya tomado igual de bien… – al principio no supe a que se refería, pero luego reaccioné.

– María también…

– Si, y Mirian, las tres somos transexuales.

– Oh…

Al día siguiente, cuando vi de nuevo a mis amigos, se comentó lo que había pasado el día siguiente:

– Bueno, Gonzalo, ¿qué tal ayer con aquella? – Preguntó uno.

– Muy bien, perfecto, me atrevería a decir que fue algo como nunca antes… – Noté que me miraba de reojo. – ¿Y tú que tal, Alex?

– Genial también, como nunca… – sonreí a Gonzalo, que comprendió rapidamente lo que yo decía.

En ese momento llegó Victor, y de nuevo preguntaron,

– ¿Y tú con la tal Mirian, Victor? – Este se puso rojo como un tomate, hasta que por fin, enfadado, contestó.

– Pues mal, no va y resulta que cuando la voy a meter mano noto algo… ¿no sabéis que? Tenía rabo…

– ¿Rabo?

– Si, rabo, polla, pene, como tú o como yo…

– No jodas…

– Pues eso es precisamente lo que pasó, que no jodí. ¿Y las vuestras chicos… no tenian?

– NOOOOO !!!

Gonzalo y yo contestamos sin pensarlo, a la vez… a ambos nos habia gustado, pero no hemos hablado aún de ello.

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