El grupo de meditación / Capítulo 1

Hacia tiempo que estaba bastante estresado, trabajaba en un lugar donde la carga horaria era mucha y mi sueldo poco, es que con la crisis económica no había mucho para donde elegir.
Un día, hablando con una conocida de mi situación me recomendó un grupo de meditación asegurándome que me haría bastante bien.

Como no tenia nada que hacer, decidí ir para ver como era, total con probar no se pierde nada pensé.
Era el único hombre en aquel grupo, la instructora cuando me vio exclamo risueñamente: -“¡Bendito tu entre todas las mujeres!”-
Todos reímos festejando aquel chiste y nos presentamos uno a uno. Frente a mí estaba Susana una morocha preciosa que tenia problemas de autoestima, no lo podía creer, era un bombón para comérselo todo y con ese problema. Al costado estaba Lorena que tuvo la valentía de no confesar su condición de lesbiana y a la derecha tenía a la gorda Marisa que tenía problemas para conseguir pareja, es decir estaba deseosa de ser cogida y no dejaba de mirarme. Por fin, Elisa una mujer muy interesante de alrededor de unos cuarenta años, simpática, dulce, irradiaba seguridad, por algo era la instructora.
Con el paso del tiempo el grupo empezó a conocerse mas íntimamente, hasta a veces salíamos a tomar algo o simplemente ir hasta la rambla a disfrutar del aire libre.
Marisa no dejaba de arremeterme con miradas, alguna indirecta, e inclusive algún piropo, lo mismo le sucedía al bomboncito de Susana con Lorena y conmigo aquello era una relación tensa, esperando el desenlace pasional en cualquier momento.
Elisa la instructora percibía aquella tensión y sin decirlo directamente nos decía que para que el grupo evolucionase teníamos que deshacernos de aquellos sentimientos, pues sino no progresaríamos.
A pesar de todas las técnicas y meditaciones que empleo Elisa, la situación seguía in cambiada, es más la tensión parecía ir en aumento.
Aquel viernes, Elisa probaría una técnica distinta, nos aviso a todos que pasaríamos una vigila de meditación para descargar aquellas energías reprimidas que nos estaban lastimando.
Cuando llegamos a su casa, uno a uno pasamos al baño donde nos cambiamos para quedar solamente con una túnica blanca y luego pasar a una sala aislada de la casa donde el piso estaba cubierto de colchonetas, la única luz que teníamos era de unas velas aromatizadas que daban un entorno mágico e íntimo a la vez.
Susana parecía un ángel con aquella túnica que realzaba su busto, Lorena parecía comérsela con la mirada. Marisa a su vez paso delante de mí y fingiendo tropezarse tocó mi pene, pidiéndome disculpas por el accidente.
Al final entro Elisa que por mas que fuera la instructora estaba fuertisima con esa túnica que se le transparentaba a pesar de la poca iluminación.

-“Bueno, chicas y chico, estamos aquí porque vamos hacer un ritual de purificación que aplicó para casos como este. Cierren los ojos y respiren profundo, hasta que yo les diga”- Indico la instructora que se aseguro que la puerta estuviera bien cerrada.

-“Bien ahora, sáquense la túnica pero sin abrir los ojos… ¿entendido?”- Dijo Elisa al tiempo que nuestras ropas caían al suelo.

-“Ahora abran los ojos y contémplense..”- Impartió la directiva la maestra.

Cuando vi a Susana totalmente desnuda no pude evitar que mi pene se endureciera, era una diosa, ella miraba asustada a su alrededor como si fuera un pollito mojado.

Lorena tampoco estaba mal pero solo tenía ojos para Susana, en cambio la tetona de Marisa no dejaba de mirarme el pedazo como hipnotizada. Al mirar a Elisa quede estupefacto, nunca me imagine que mi instructora fuera semejante hembra. Ella me devolvió la mirada con una sonrisa y decirme nuevamente: -“¡Bendito seas entre todas la mujeres Fede!”-
Entonces nuestra instructora toma nuevamente la palabra: -“Bueno, ahora que estamos todos desnudos, vamos a desnudar tambien nuestras almas, empieza Marisa, luego Lorena, después Susana, Federico y por último yo”.

“Yo quiero decir” – Empezó Marisa- “que desde el primer día que vi a Federico me moje la bombacha y desde entonces no puedo dejar de pensar en él. Estoy caliente con él, lo deseo, quiero hacer el amor con él aunque sea una vez.”

Luego le toco a Lorena: -“Como todos saben me gustan las chicas, quisiera tener sexo con Susana, pues es muy linda, me dan ganas de protegerla, de metermela dentro de mí, estoy enamorada de ella”-

-“Y tu Federico que no tienes que decir”- Me indico Elisa.

-“Bueno, yo aquí rodeado de tantas bellezas, tengo que confesar que me gustan todas, pero Susanita me tiene caliente desde el primer día, me masturbo pensando en ella y ahora que te veo desnuda Elisa, la verdad quisiera tener algo contigo también.”-

Elisa sonrió y continuó ella: -“Todos Ustedes son hermosos no por sus cuerpos sino por sus almas, al estar enlazándonos físicamente también lo vamos hacer espiritualmente.
Yo quiero estar con cada uno de ustedes, especialmente contigo Federico, no porque seas el único hombre aquí, sino porque también despertaste mi deseo.
Además esta va hacer la única forma de hacer fluir esas energías aprisionadas que nos esta haciendo daño.
Bien, Marisa con Fernando, Susana con Lorena y yo voy andar dando una ayudita a las parejas… empecemos.
Marisa enseguida se me abalanzó y me dio un beso de lengua que me llego hasta la garganta, al tiempo que mis manos amasaban sus nalgas regordetas. A mi lado caían en un abrazo Susana y Lorena, esta última feliz poder sacarse las ganas con el “bomboncito”.
Elisa acariciaba mi espalda y los pechos de Marisa. Mi pene erecto humedecía de lubricante el vientre de mi compañera que no dejaba de besarme, como pude me despegue de su boca para comerme aquellos globos de carne, al tiempo que instructora y aprendiz se besaban tiernamente.
Al costado yacían masturbándose y gimiendo como perras en celo Susana y Marisa, aquello era un ensueño para mí, esto superaba mis más remotas fantasías sexuales… estar con cuatro mujeres, a cual de ellas mas caliente, solo esperaba salir vivo de allí o morir en el cumplimiento del deber.
Los pechos de aquella gordita se endurecieron en mis labios y al palparle la vagina, estaba totalmente mojada, lo que me introduje en aquella selva de pendejos para tomarme aquellos fluidos virginales.
Mi compañera cayo sobre la colchoneta y yo seguí detrás de ella para seguir besándole la concha, Marisa obtuvo allí su primer orgasmo en medio de gemidos propios y ajenos.
Entre tanto Elisa jugaba con sus dedos en el culo de Lorena que cegada de placer le estaba chupando la vagina afeitada de Susana que suspiraba como una puta.
Di vuelta a mi “chanchita” y enterré mi cara entre sus nalga para que mi lengua jugara con el ojo de su culito. Marisa se excito tanto que empezó a gritar que me amaba con locura. La cola de mi compañera no estaba nada mal para tener unos quilitos de mas, tenia la colita parada, abierta como a mí me gusta.
Mientras estaba dilatándole el ojete a mi gordita, la boca tibia de Elisa empezó a mamarme el aparato y las bolas… ¡Que placer! Ya no sabía como me llamaba era una bestia sedienta de placer, al igual que todos allí dentro.
Susana y Lorena estaban practicando el sesenta y nueve, era un espectáculo ver aquellas dos hembras afiebradas de lujuria, ni en una película porno había visto tanto desenfreno.
Elisa me puso el persevativo con la boca y desflore a Marisa en medio de un sollozo de placer, aquella cueva carnosa sujetaba bien mi pene, haciéndome delirar de placer, gimiendo al unísono con aquellas hembras.
El roce de mi cuerpo con sus pechos hacia delirar a mi osita que lloraba de felicidad y jurándome amor eterno. Yo seguía dándole bomba, detrás de nosotros estaban Elisa fundiéndose en un beso con Lorena, al tiempo que Susana le lamía los pechos a su instructora, las barreras de la lujuria se habían abierto para inundar todo aquel recinto.
Di vuelta a mi enamorada y la penetre por detrás, aunque le dolió, ella me rogó que se la metiera hasta el fondo y así lo hice pues aquel culo provocaba mil deleites a mi pene.
Lorena totalmente poseída por la lujuria unió su boca y su lengua con Marisa deseosa de seguir disfrutando del sexo como fuera.
Entonces sentí una boca tierna chupandome los huevos que me llevo al éxtasis y no pude evitar acabar en las nalgas de Marisa, la culpable de ello era Susana.
Me aparte un poco y contemple atontado como Susana tomaba mi persevativo y lo vaciaba en su boca carmesí.
Elisa se me acerco como una felina y me puso sus melones en mi cara, empecé a saborear aquellas frutas maduras hasta empalagarme, en tanto que Elisa me acariciaba las bolas, buscando una nueva erección.
Sigilosamente se acercó Lorena y hundió su cara entre mis piernas, no podía creerlo, la lesbiana me estaba lamiendo el pedazo y me estaba excitando, mas allá estaban entrelazadas Susana y Marisa acariciándose lascivamente.

¡Uhmmm… ya esta parada, Elisa! – Aviso Lorena para que mi dulce instructora se subiera arriba mío y empezara a cabalgar. Lorena también se coloco de tal manera que mi boca le succionara la concha, así ambas se besaban y se acariciaban los pechos.

La vagina de Lorena estaba rica, me tragué hasta el ultimo de sus fluidos y también le pegué algún lambetazo en el culo, hasta hacerle erizar la piel.
Elisa decidió cambiar de posición, se puso en cuatro patas para pedirme que se la metiera por detrás… ¡qué culo delicioso, durito, bien formado! Mis bolas golpeteaban contra sus nalgas alegres de recibir mi pedazo. Lorena me miro y se animó, me tomo el rostro con sus dos manos para partirme la boca de un beso de lengua que me llego hasta el estómago y dijo: -“Para ser un macho no estas mal”-
Las sombras de nuestros cuerpos dándonos placer parecían bailar al compás de nuestros gemidos que retumbaban en aquella pieza de penumbras.

-“¡Me voyyy… !”- Grite. Rápida como un rayo Elisa se dio vuelta para con la boca abierta para bañarle el rostro con mi leche.

Caí rendido sobre la colchoneta, quedando Lorena lamiéndole la cara a Elisa.
De cansancio me dormí sobre las colchonetas, pero no sé por cuanto, desperté con los tiernos besos de Susana que estaba encima de mí diciéndome que aun no había terminado.
Sus manos de niña acariciaban mis bolas sin dejar de mirarme con deseo, cerca nuestro Marisa, Lorena y Elisa se daban placer enroscadas en una orgía sin igual, Elisa masturbaba a Marisa y Lorena se refregaba la concha contra las nalgas de la instructora frenéticamente..
Aquellas imágenes, mas la cara de lujuria de Susana volvieron levantar mi pene otra vez, pronto para dar y recibir placer.
Le pechos de Susana fueron bañados con mi boca húmeda hasta bajar a su vagina deliciosa provocando el delirio de mi compañera, no perdí tiempo y también le comí el agujero del culito que me guiñaba como una invitación a penetrarlo.

-“¡Ay… Fede que delicia, cuanto placer!”- Susurraba Susana que sonaba como una melodía para mis oídos.

Me acomodé mejor y la penetré en cámara lenta para no lastimarla, pero igual se quejó, pues mi caño era demasiado grueso para tan diminuto orificio.
A pesar de todo, seguimos moviéndonos, es que romper ese culito respingado y saltarín era uno de mis sueños hecho realidad. Poco a poco ella dejo de quejarse de dolor para gemir de placer, hasta que se dio vuelta y se la enterré en su vagina rosada… ambos gemimos de placer al unísono que fue festejado por nuestras compañeras de orgía.
Elisa aprovecho nuestra posición para lamerme las bolas, a mis espaldas se puso Lorena para refregarse sus tetas contra mi espalda y besar a Susana, mientras Marisa me besaba sin parar.
La acabada fue genial, no creí llegar, pero largue mi leche aquella hembra que me tenía bastante caliente y por fin había sido mía.
Terminamos exhaustos, amanecí entre los pechos de Elisa, las demás ya se habían retirado… ese sábado la pase ejercitando el Kamasutra con mi instructora que parecía insaciable.
El lunes tuve avisé al trabajo que no podría ir porque tuve una insolación como para toda la semana donde recibí los cuidados de cada una de mis compañeras.
Cuando me encontré con mi conocida me pregunto como estaba de mi estrés, contestándole que seguía estresado pero ahora no me importaba.

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