Archivo por meses: mayo 2008

Las cosas cambian

Era una una noche de Agosto y hacía un calor insoportable. Esa noche iban a venir a cenar a casa mi amiga Mercedes y su marido. Ya había terminado de cocinar y me había duchado, y mientras mi marido preparaba la mesa me estaba vistiendo. Cuando estaba sólo con mi tanga entró mi marido y me dio un fuerte beso mientras con sus manos empezaba a sobarme las tetas. Yo le dije que estuviera quieto que faltaba poco para que llegaran.
Efectivamente a los 5 minutos llamaron a la puerta y yo aún no había acabado de vestirme. Así que cogí rápidamente un vestido rojo muy corto y escotado y salimos a recibirlos.
Fue una sorpresa porque mi amiga debe tener unos 40 años como yo, y su marido era mucho más joven, guapo y fuerte. Me dio mucha envidia porque aunque mi marido no está nada mal, la verdad es que ese hombre era mucho más atractivo.
La cena estaba siendo muy divertida y quizá bebí más de la cuenta porque estaba muy animada y mi marido parecía preocupado y me miraba extrañado. Jorge, que es el nombre del marido de Mercedes, contaba historias muy divertidas y cuando las contaba me tocaba la mano a veces y otras me tocaba la pierna. Yo no le daba importancia pero seguro que a mi marido y a Mercedes no les hacía gracia.
– Voy a la cocina a traer otra botella de vino- dije.
– Espera que te ayudo- dijo Jorge al poco rato.
Yo estaba de puntillas intentando coger una botella, pero estaba en un estante muy alto y no llegaba. Mi sorpresa fue mayúscula cuando llegó Jorge y se puso detrás mío, empujándome y cogiendo la botella mientras con el otro brazo rodeaba mi cintura. Era una situación muy embarazosa e intentaba escapar pero él me cogía con fuerza. Entonces dejó la botella sobre una mesa que había al lado y mientras seguía rodeándome la cintura con un brazo, con la otra mano va y me toca una teta. Yo le di un codazo y me dejó de inmediato.
– ¿Se puede saber qué haces, asqueroso?- le dije con rabia.
– Pensaba que tú querrías- dijo Jorge.
– Pues no. Yo no soy de esas. Tengo un marido al que quiero y no tengo necesidad de ninguna aventura.
– ¡Vaya cabronazo que está hecho tu marido!- me dijo.
Yo le miré con odio y empezaba a ir hacia el comedor para decirle a mi amiga que mejor se marcharan cuando me paró y me dijo que conocía a mi marido del bar donde solía ir y que lo había visto con una rubia imponente muchos días besándose.
Yo estaba aturdida y no sabía si creerle, pero empecé a pensar que últimamente solía llegar a casa muy tarde y que a veces no quería hacer el amor por estar muy cansado.
Iba hacia el comedor muy cabreada y estuve unos minutos pensando sin decir nada, hasta que decidí que el cabrón de mi marido iba a pasarlo mal y me iba a vengar. Entonces empecé a hablar por los codos y a reírme exageradamente mientras seguía bebiendo y estaba muy marchosa.
Entonces les propuse jugar a cartas o a dados. Finalmente jugamos a dados. La primera partida la perdí yo a propósito y cuando acabó dije:
– Bueno ahora una prenda, ¿no?, por perder.
Y me saqué el vestido que llevaba, quedándome en tanga y sujetador. Mi marido se quedó estupefacto, mientras Jorge y Mercedes, que también habían bebido mucho, aplaudían.
– ¿Pero, qué haces?- preguntó mi marido.
– Así será más divertido y además hace mucho calor.
Puso cara de incrédulo y empezamos otra partida. También la perdí yo y entonces me saqué el sujetador. Mi marido estaba enfadado y dijo que no jugaba más. Entonces va Mercedes y se saca también su vestido.
– No te enfades hombre- dijo Mercedes- ¿Ves? yo también lo encuentro divertido.
Mi marido volvió y entonces parecía que ya le gustaba más. Mercedes no llevaba sujetador y mi marido no podía evitar mirar una y otra vez las tetas de mi amiga, que no eran tan grandes como las mías pero estaban muy bien formadas. Yo me estaba poniendo muy caliente de ver a Jorge y a mi marido que no paraban de mirarnos.
La noche fue avanzando. Unas partidas las perdieron ellos y estaban ya sólo en calzoncillos, y se les notaban a los dos un paquete importante. Nosotras ya no llevábamos nada de ropa y creo que estaba mojando la silla de la excitación que me provocaba esta situación. Yo era una chica muy poco atrevida hasta entonces y ni en la playa iba sin la parte de arriba del bikini.
Hicimos otra partida rápida y entonces perdió Jorge. Iba a sacarse ya los calzoncillos cuando le dije:
– No, ahora la prenda la voy a escoger yo.
Me subí encima de la mesa y abrí mucho las piernas justo delante de Jorge, de manera que quedaba mi húmedo chocho a 2 palmos de la cara de Jorge, que se le salían los ojos de las órbitas y sonreía.
– Quiero que me hagas una buena lamida hasta que me corra.
– ¡Ana, esto no puede ser! – dijo mi marido- ¡Te estás pasando! Mejor que os vais a casa porque ha bebido mucho y mañana se arrepentirá.
– ¡Cállate tú, cabronazo!- le solté a mi marido- Sé que me has hecho cuernos y lo vas a pagar caro.
El no dijo nada, puso cara de culpable y supongo que entendió que no valía la pena negarlo. Muy mal por eso no se lo estaba pasando, porque se le notaba una erección brutal. Así que me eché hacia atrás, y entonces Jorge empezó a lamerme lentamente mi chocho que estaba bien húmedo. Al poco rato, mi marido supongo que pensó que mejor que lo pasáramos todos bien y me tiró por encima de las tetas una copa de cava que estaba bebiendo y empezó a chuparme los pezones, cosa que me estaba poniendo a cien. Miré qué hacía Mercedes y vi que estaba mamando la polla a su marido. Jorge empezó a meterme un dedo por la vagina, luego 2 y finalmente 3, momento en que junto con la lamida de clítoris que me estaba dando tuve un orgasmo increíble.
Me incorporé y bajé de la mesa. Me agaché y me puse junto a Mercedes y le pregunté si me dejaba cooperar, a lo que me contestó que naturalmente. Le estábamos dando una doble mamada fenomenal y mi marido estaba en pie sin saber qué hacer. Se acercó por detrás y empezó a manosearme las tetas.
– ¡A mí no me toques, cabrón! -le dije- Mira lo bien que nos lo estamos pasando, pero no me toques.
Al poco rato Jorge nos dijo que se iba a correr, así que me puse su polla entre mis tetas y se corrió, llenándome de gran cantidad de leche en mis tetas. Me fui hacia mi marido y le dije:
– ¡Límpiame bien, tómate toda esta leche, venga! Lame todo el semen hasta que quede bien limpia.
Y él lo hizo perfectamente, aunque con cara de asco.
Como Jorge se acababa de correr no estaba en condiciones de hacer gran cosa, por lo que pensaba que la noche se había acabado porque con mi marido no quería hacer nada, pero Mercedes me dijo:
– Por favor, hazme un trabajito porque estoy supercaliente.
Así que me fui hacia ella, la puse en un amplio sillón que tenemos y le separé las piernas, poniéndolas sobre los reposabrazos. Tenía el chocho supermojado y empecé a lamerle tal como me gusta que me lo hagan a mí. Ella cogía mi cabeza y me apretaba contra ella. Mi marido y Jorge se estaban pajeando viendo la escena.
– Ahora coge la polla de Jorge y dirígela a mi chocho- le dije a mi marido.
Mi marido dudó un instante pero finalmente cogió la polla de Jorge y la fue introduciendo por mi chocho. Me encantaba que fuera mi propio marido que ayudara a Jorge y convertirse en un gran cornudo. Era un pedazo de carne muy caliente y comenzó a bombearme maravillosamente. Mercedes gemía como una loca y pronto le vino un largo orgasmo. Cerró sus piernas y apretaba mi cabeza con ellas. Yo estaba a cuatro patas y entonces ella se puso encima mío, quedando a Jorge las dos vulvas juntas, una encima de otra. Entonces Jorge iba alternando entre mi chocho y el de su mujer. Cuando estaba en Mercedes yo me metía los dedos y acariciaba mi clítoris. Mi marido no podía más y se puso debajo mío. Yo no quería dejarle pero estaba tan caliente que no pude negárselo. Empezó a chuparme el chocho, y cuando Jorge me penetraba a mi, sus huevos golpeaban la cara de mi marido. Estaba a cien. Entonces le pedí a Jorge que también se la metiera en la boca del cabrón de mi marido, que se lo merecía. Cuando lo hizo tuve un orgasmo brutal sólo de verlo. Ver a mi marido comiéndose la polla del marido de mi amiga me descontroló. La polla de mi marido me quedaba a la altura de mi cara, así que no pude resistir la tentación y me la metí en mi boca. Seguimos así un buen rato, los cuatro gemíamos como locos. Mercedes salió de encima mío y viendo que había perdonado a mi marido, se puso encima de mi marido y se la metió de una sola vez y empezó a cabalgar frenéticamente. Jorge ahora era solo para mí y mientras me estaba perforando, con un dedo intentaba metérmelo en el culo, cosa que finalmente consiguió y me provocó un nuevo orgasmo. Finalmente mi marido y Mercedes se corrieron y quedaron echados en la alfombra, Mercedes con las piernas muy abiertas de manera que veía como le salía el semen de su chocho empapado. Jorge ya no pudo más y me llenó de leche caliente. Mi marido estaba boca arriba también, así que fui hacia él y le puse mi chocho justo encima de su cara.
– Chupa el semen de mi amigo, cabronazo. Chúpamelo todo bien.
Cuando ya lo había limpiado bien, me puse a mear encima de su cara. El intentaba girar la cara pero yo se la cogía para que fuera todo hacia su boca.
– ¡Abre la boca y bébetelo, cerdo!
Descansamos un rato y luego se fueron, besándonos todos con todos y diciendo lo maravilloso que había sido.
Mi relación con mi marido se enfrió muchísimo y durante más de 3 meses casi ni hablábamos ni, claro está, follábamos. Yo seguía muy enfadada. No entendía cómo podía haberme hecho eso.
Un día venía de la compra a media mañana y al abrir la puerta oí unos ruidos. Raro porque mi marido estaba trabajando teóricamente. Me asusté, pero enseguida vi a mi marido y entré.
– ¿Qué haces aquí?- le dije
– Hoy tengo una buena sorpresa para ti.
– No quiero sorpresas, ya te puedes ir- le dije.
Él me cogió las llaves, cerró la puerta con llave, se las guardó en el bolsillo y me hizo pasar.
Al llegar al salón me quedé helada al ver a 3 hombres y una mujer.
– Mira, esta es Eva, la mujer con la que llevo 6 meses follando y estos son 3 amigos nuestros – dijo mi marido.
– Eres un cabrón- le dije -Ya os podéis ir.
– No, no. Hoy vas a saber lo que es sexo- me dijo.
Fui hacia la puerta, pero no podía salir. Vinieron los 3 hombres y mi marido tras de mí y me cogieron unos por los brazos y otros por las piernas. Yo pataleaba pero eran muy fuertes. Me llevaron al dormitorio. Gritaba pero mi marido me ponía la mano en la boca. Me sentaron en una silla y me ataron a ella de forma que no me podía mover y me pusieron un precinto en la boca.
– Ahora verás cómo se folla – dijo mi marido.
Eva se puso sentada en el borde de la cama y le bajó los pantalones a mi marido. Empezó a comerle la polla y ésta se iba poniendo tiesa. Le estaba haciendo una mamada increíble y yo no quería mirar, pero la curiosidad me podía. Al rato, fue mi marido quien tumbó a Eva, le sacó su falda y su tanga y empezó a comerle el chocho mientras ella se retorcía. Entonces pasó a su culo y empezó a meterle la lengua mientras metía 2 dedos en su vulva. Después metía el dedo pulgar en su culo y el índice y medio en su vulva. Eva gritaba de placer y yo, sin quererlo, me estaba mojando las bragas. Giré como pude mi cara y vi a los otros 3 hombres que estaban detrás de mí, que se habían sacado las pollas y se estaban pajeando. Una era tan enorme que me tuve que girar otra vez para ver si realmente había visto eso. Estaba horrorizada. Mi marido giró a Eva, la puso de espaldas y ella abrió bien sus piernas.
– Métemela bien como tú sabes,… destrózame… -decía Eva.
– Tú mira bien y aprende, Ana, que después vas tú- dijo mi marido.
Se puso tras ella y con suma facilidad pudo entrar su polla en el culo de ella. Se notaba que estaba muy acostumbrada. Estuvo bombeándola con fuerza durante un buen rato en diferentes posiciones. En una de ella él estaba echado de espaldas y ella sentada con su polla en su ano de espaldas a él, y tocándose el clítoris con los ojos cerrados. Me estaba calentando de verdad, por la escena y por el tiempo que llevaba sin follar, aunque estaba muy preocupada por lo que seguro me iban a hacer después. No podía creer que en mi casa y con mi marido delante fuera a ser violada por esos tres y no sabía que hacer. Entonces pensé que lo mejor era seguir el juego y al menos pasarlo bien. Empecé a hacer ruidos con la boca, llamando la atención de uno de los hombres. Me sacó el precinto de la boca y le dije:
– Desátame que yo también quiero participar.
El hombre pidió permiso a mi marido y éste accedió. Una vez desatada me puse delante de Eva que seguía insertada por el culo y empecé a chuparle su vulva, a lamerle el clítoris, a meterle toda la lengua dentro. De vez en cuando bajaba y le chupaba los huevos a mi marido. De repente noté que me cogían el culo y, sin mediar palabra, uno de los hombres me la metió hasta el fondo de mi chocho que estaba realmente empapado.
– Esta mujer es fabulosa – decía el hombre a mi marido.
Finalmente mi marido se corrió y yo, mientras estaba siendo embestida brutalmente por aquel hombre, le limpié la polla a mi marido.
– Bien, como podéis ver mi mujer es una gran puta y como tal tiene que ser tratada – dijo mi marido- Así que vosotros tres ya podéis follárosla bien.
Mi marido parecía el jefe, no sé si habían sido pagados o eran compañeros de la empresa donde trabajaba mi marido.
Bueno, entonces el hombre que me estaba follando se puso tumbado de espaldas y me coloqué sentada de cara a él, metiéndome su hermosa polla. Otro se puso de pie junto a la cama y me la metió en la boca. Yo la chupaba como un caramelo y mi chocho estaba chorreando. Pero entonces vino lo peor, el otro tipo, el de la polla descomunal empezó a chuparme el ano. Yo empecé a gritar que no, que nunca había sido enculada y que la tenía demasiado grande. Entonces me dio un bofetón en mis nalgas y me dijo que me callara.
Mi marido, que lo había perdido de vista, entró filmando con una cámara de video.
– Sí, sí, métesela bien por el culo. Así sabrá lo que es bueno. Y después pondré este video en internet para que todo el mundo sepa lo puta que es mi mujer.
El hombre de la polla enorme me escupía en el agujero del culo y me lo lamía . Yo estaba atemorizada pero cada vez me gustaba más. Finalmente puso su capullo en mi ano y haciendo mucha presión consiguió meterla. Yo pegué un grito descomunal por el dolor que me hacía. Mi marido seguía filmando cómo me follaban los tres, uno por el chocho, otro por el culo y otro en la boca. Eva se acercó a mí y me dijo que me relajara, que era muy bueno y que lo estaba haciendo muy bien.
El de detrás me la metía cada vez más al fondo y pensaba que me moría, pero de excitación y al final tuve un orgasmo como nunca había tenido. Al poco rato y casi simultáneamente se corrieron los tres sementales, llenándome de semen por todas partes, chocho, cara, culo… Me volví a correr y mi marido no perdía detalle.
Quedé tumbada hecha polvo sobre la cama cuando entonces mi marido me cogió en brazos y me metió en la bañera.
– Te has portado muy bien, pero te tengo que devolver lo del otro día- me dijo.
Vinieron los tres hombres y junto a mi marido se empezaron a mear sobre mi cara, mis tetas y mi chocho. Pues incluso eso me gustó.
De todo esto hace ahora diez días y aún me duele el culo pero no por lo de ese día, sino porque ahora follo con mi marido a diario y siempre acaba dándome por el culo. Nuestras relaciones son ahora buenas pero muy diferentes.

Casado con dos mujeres / Parte 2

Realmente no supe en que momento comenzó a gustarme Fernanda. Siempre me pareció una morocha muy bonita. Pero hasta entonces nunca me había fantaseado con ella. A los varones nos pasa que hay mujeres que nos parecen lindas y otras que nos calientan. Ella me parecía una muchacha tierna y linda pero hasta ese día no me gustaba mucho. A pesar de su linda figura, su rico culito, sus ojitos verdes, su pelo largo y sus ojos verdes oscuros. Quizá porque antes de ir a laburar mis mujeres me daban un buen polvo que me dejaba exhausto para el resto del día.

Sin embargo, yo siempre fui de una personalidad seductora. Pero no a la manera tradicional, no haciéndome el macho. Llegué a la conclusión de que la mayoría de las chicas les gusta más un chico que parece dulce y tierno pero que no se duerma cuando ellas le tiran una indirecta. Y bien, esa técnica, con Fernanda , me funcionó de maravillas. Tras darle unos halagos y tantear el terreno durante unos los días previos solo quedaba esperar la oportunidad para atacar, para dar el sablazo. Ya sabía que caminaba sobre terreno firme

Ese día estaba en el trabajo y le dije a mis mujeres que hoy llegaría un poco tarde porque pensaba quedarme a tomar unos tragos con los chicos del laburo. En ese momento, no le mentí a mis mujeres. Con los chicos del laburo habíamos quedado que íbamos a aprovechar el 2×1 del bar de a la vuelta del trabajo, en plena city porteña.

Yo era operador en un call center americano en esos momentos y solía gastar a Fernanda debido a su acento nasal. Solía compararla con la niñera y ese día me dijo “ querés ser mi señor Sheffield?”. Nos reímos pero luego la miré con una cara picara y seductora. Y bien, le comenté que ese día íbamos al bar con los chicos y le pedí que por favor se nos uniese. Se hizo un poco la interesante pero termino yendo. Le tome la mano, la miré a los ojos y ella aceptó gustosamente.

En un momento, entre palabras y tragos dulce se me agotaron los cigarrillos. Fernanda me dijo que me acompañaría a comprar más. Entonces, cuando volvíamos yo le dije “ estás muy linda, manzanita” (ese día le puse ese apodo porque cuando se agachó se le noto una tanga de color rojo manzana) Esas ocho horas de laburo estuve muy al palo pensando en ella. En esa colita jugosa y en como se vería con esa tanguita tan linda. Ese día me pudo. Tenía todo en casa pero la quería a ella en mi cama. Se me hacía agua la boca pensando en como se le metía esa tanga en los labios de su conchita. Ella tenía novio y yo estoy doblemente casado. Sin embargo, me animé a comerle la boca. Y ella comenzó a abrazarme y a besarme con una tierna pero exuberante pasión. Luego, comenzó a tocar mi espalda por debajo de mi remera. Yo comencé a sobarle ese culito redondito como una manzana. Estuvimos así un rato largo. Decidimos ir a otro bar para no levantar sospechas. Bah, sospechas íbamos a levantar pero preferíamos eso a que todos nuestros compañeros nos vean engañando deliberadamente a nuestras parejas.

Fuimos solos a unos de esos bares irlandeses donde pasan marcha. Seguimos bailando, tomando, besándonos y franeleando. En un momento, ella se va al baño y vuelve vestida de colegiala. Me confesó que no iba a volver a su casa ese día porque tenía pensando ir a lo de su prima y darle su ex uniforme del colegio. Con buen atino y debido a algunas copitas de más que tenía encima, pensó que me gustaría verla así. Seguimos bailando y yo la re apoyaba por debajo de su faldita. Le tocaba el culo por debajo de la pollera. Podía sentir esa tanguita y la carne de esa cola. Finalmente, toqué esa conchita por encima de la tanga y veo que estaba algo mojadita. Entonces, le digo “ hermosa, estoy cansado y no quisiera que te vuelvas sola a tu casa, queda tan lejos. Querés quedarte en casa?”. Ella me sonrió y me preguntó irónicamente: “ que clase de mujer pensás que soy” .Muy sarcásticamente le dije: “discúlpeme, mi lady”.

Sin embargo, estábamos en la puerta del boliche y paré un taxi y la invité a subir. Le indiqué el camino al chofer y ella se puso nerviosa al saber que íbamos a mi casa. No sé, era algo ingenua, tal vez creía que la llevaría a la parada de su colectivo.

– Te noto tensa, hermosa, que pasa?
– Es que, no sé, nunca antes había engañado a mi novio
– ( le toco la concha y aun la siento calentita) pero te gusto, lo siento
– Si, me gustas pero esto está mal
– Pero te va a gustar, te voy a tratar como una reina
– (le parto la boca de un beso)
– Estas solo en tu casa?
– Quédate tranquila, está todo bien

Llegamos a casa y en silencio nos pusimos a hacer el amor en el sofá. Era muy tiernita en la cama. Me hacía acordar a mis primeros polvos cuando tenía 16 años. Por momentos, me recordaba a mi primera novia. Pero ojo, me hacía gozar mucho. Era muy golosa. Chupaba bien y tenía unos ojos hermosos. Me miraba con una cara de putita mientras me peteaba. No tragaba pero escupía y se pasaba mi leche como si fuera una crema humectante .

En eso se levanta Marisol y nos ve cogiendo. Ella estaba totalmente en pelotas. Nos sorprendió y me dijo

– Así que estabas tomando tragos con tus amigos (fingiendo estar súper indignada)
– Marisol, no te pongas así.
– Miramelo a mi machito cabrío. Se trae a casa a la putita del laburo
– (Fernanda estaba súper colorada y no sabía por donde irse o donde meterse)
– Pero esta buena la turrita, eh. Mirámela. Me mojo todo el sofá. Ahora quién va a limpiar eso?

Entonces, comenzó a chupar los fluidos que dejó Fernanda en el sofá. Luego, se fue acercando a mi amante ocasional. Fernanda temblaba como una hoja de papel. Estaba nerviosa. Pero se quedaba quietita en su lugar. Tal vez no se animaba a resistirse. No sé. Marisol comenzó a frotarle los pechos y a comerle la conchita. Fernanda se resistió levemente. Pero finalmente aceptó y se dejó a fuerza de resignación. Mierda. Prontamente descubrió que le encantaba que mi tetona mujer le comiera el clítoris. Fernandita tuvo un orgasmo largo y profundo. Marisol le sacó la lengua de la concha porque quería cambiarla de pose. Y ella la tomo violentamente por la cabeza y le dijo “ chupame, mamí, dalé, soy tu puta”. Yo estaba re caliente. Me acerqué a Fernanda para que me hiciera un pete. Ella me hacia una deliciosa felación mientras mi mujer le comía la concha. Y acabé en sus labios y al poco tiempo ambas acabaron juntas.

Se comenzaron a hacer un jugoso 69. Fernandita me mostraba ese culito redondito y paradito que tenía. Entonces, me acercó por atrás dispuesto a partírselo. Pero me ve y me frena en seco, “ no, que tengo el culo virgen”. Entonces, Marisol la detiene besándola dulcemente y le dice

– Mi amor, no sabés que lindo que es culear. No tenes idea lo que te perdes
– Si, puede ser. Pero me da miedo. Encima Lucho tiene la pija gorda. Me va a doler mucho
– Te va gustar. Hacemos una cosa. Yo te voy abriendo la colita despacito así no te duele y te voy preparando para esa pija, dale?

Marisol trajó un lubricante y suavemente se lo unto por la puerta del ano. Lo hacía despacito y con su dedo más chiquito le empezó a meter lubricante en ese anito virgen. Primero el meñique y después el indice. Lo hacía lento y Fernanda gemía como una puta cuando le puso dos dedos juntos. Luego le puso tres y la desvirgó. Salía sangre de su culo. Marisol la limpio toda y siguió. Ya le entraban y comodamente cuatro dedos y entonces le dijo: “ estas lista, hermosa”.

Me susurró al oído y con voz de puta. “ partitela, hacela mierda para mi, papito. Mostrame que es tu puta. Dalé, partila para mi. Sino mamá se enojará mucho con vos”. Que morbosa de mierda. Quería que la hiciera mierda delante suyo. Y obedecí porque sino iba a haber en serio un castigo para mi. Algún día iba a estar dormido y me iba a atar para someterme a humillaciones. Solían hacerlo. Era común que si un día discutiéramos que esa misma noche me agarraran dormido, me esposaran de pies y manos a la cama y me humillen de alguna manera asquerosa. Cagando en mi cara o siendo orinado. O que alguna se pusiera un arnes con un consolador y comenzará a bombearme. Cuando terminaban, no me soltaban hasta el día siguiente y me dejaban con la cama mojada toda la noche.

Me daba un poquito de pena por Fernanda. Pero cacé su culito y le puse la punta de mi verga. Ella me dice “ dale, damela ya”. Eso me re calentó y se la clave hasta el fondo. Y la empecé a bombear con bronca porque me acordaba de que esa amenaza era cierta. Recordaba como me humillaban y como Julia gozaba al cachetearme las bolas en pleno coito. La cogía con sabor a venganza. Se oían gritos terrible pero ahogados en la mordaza que le puso Marisol. Mi mujer pajeaba al vernos y acabó como tres veces al verme desvirgar el horto de mi compañerita. Fernanda cuando estuve a punto de acabar y respiró profundamente y parecía que se había ahogado en un gemido. Luego, lanzó un grito sufrido como una terrible perra. Tuvo un orgasmo súper largo y muy placentero. Me calentó tanto que acabé en su horto.

Se rindió en mi cama en un suspiro de placer y apenas se movía porque tenia su ano virgen dilatado como si hubiera parido por el culo. Marisol me dio un beso y me agradeció lo que le hice. Felicito a Fernanda por ser tan guapa de bancarse una culeada sin chistar. Desde ya, dijo eso irónicamente ya que Fernanda aun tenia lagrimas de dolor en su cara.

Por el calor del verano o por los gemidos que hacíamos, se levantó Julia. Se enojó porque nos vio cogiendo con otra mina. No le molesta que nos cojamos a otras personas. Pero ella quiere estar presente en toda fiesta que se haga en casa. No es cuestión de celos, sino de querer de omnipresencia. Debido a ese raye que tiene de querer estar en todos lados. Nos miramos preocupados con Marisol y yo. Fernanda no entendía nada. Julia bajó en pelotas y en su cara se notaba que le gustaba la minita que traje a casa. Finalmente, le ordenó a Fer: “ pendeja de mierda, chupame la concha”. Ella se negó. Con Marisol nos miramos morbosamente tratando de imaginar como nos iba a sorprender Julia y que cosas pensaba hacerle a nuestra pobre y algo inexperta putita. Pero esta es otra historia, pero, queridos lectores, solo les diré , por ahora, que Fernanda debe tener recuerdos algo agrios cada vez que una ve una botella.

lucianolaise@fibertel.com.ar

Casado con dos mujeres

Julia era una mujer de 24 años que conocí haciendo el ingreso a la universidad. Era una chica muy atractiva pero en esos momentos yo estaba de novio. Y, por otra parte, creo que no calzaba en su gusto. Tengo mi atractivo y cierto sex appeal que me ha permitido ganarme a unas buenas mujeres. Pero Julia, desde el vamos, era distinta. Le gustaban los gordos. Nada de morridos. En una ocasión conoce al “gordo de la clase” de mi secundario y se volvió loca al verlo. Le fascinaban los hombres con flotadores incorporados.

Y en esos tiempos tenía cierto apego a la fidelidad y me prometí serle fiel a mi novia. Hubo una sola mujer que me volvió loco desde que estoy con Camila, mi novia. Ella era Marisol, la amiga de Julia. Estaba buena, tenía una REPUTA-ción bastante baja. Mi amiga me contaba lo puta que era y como le encantaba coger. Para Pascuas, salimos los tres, ya que mi novia se había ido a la playa con los padres. Y bien, fuimos a bailar y yo me quedé a solas con Marisol y traté de comerle la boca y me sentí como un pelotudo de no lograrlo. Sobre todo porque uno de los tipos que se la comió era bastante fulero y bueno, me fui algo bajoneado porque una cosa es perder contra un campeón pero por amor de Dios QUE DEPRIMENTE ES PERDER CON SACACHISPAS !!!!

En fin, todos tenemos revanchas. La mía fue unos seis meses más tarde para el cumpleaños de Julia. Arreglé todo para que Camila no supiera a donde iba y me dispuse a ir a festejar el cumpleaños de Julia por la zona de San Martín. Me había arreglado de una manera peculiar, sabía que el look neo-glam (onda The Strokes) Entonces me pusé un pantalón cargo negro de poliéster, una camisa setentosa de cuello amplio (muy setentosa) y una corbata roja. Pero ese día hacía frío así que me puse un sobretodo negro simil al de Neo en The Matrix. Las chicas tardaron en llegar pero finalmente llegan y estaban muy bien producidas. Marisol tenía un escote que dejaba en evidencias esas terribles tetas que tenía (120) y yo me acerqué a saludarla y la tome por la cintura. La arrime hacía mi de manera que sentía sus pechos contra el mío. Acto-reflejo, se me paró la verga y Marisol la sentía en su pelvis. Ella reía tímidamente como lo hacen todas las que gustan de una buena pija y sienten algo de vergüenza de quedar en evidencia en plena calle, en plena noche. Enseguida acotó con una mirada sensual bien de perra: “ tu amigo quiere divertirse porque no entramos a bailar”. Julia prefirió tomar unos tragos. Ya estaban tomadas pero estaban en un punto de que si tomaban un poquito más se iban a soltar muchísimo y todavía eran concientes.

Julia me invitó a pasar al baño de mujeres y quería que esté con ella en ese momento de desagradables vomitos. Ella me sostenía la mano mientras lanzaba. Y yo mientras seducía a Marisol y ella poco a poco se dejaba encontrar. Hasta que le estuve por robar un beso y me corrió la cara. Pero estaba vez no me estaba cortando el rostro. En esta oportunidad me estaba haciendo calentar, se hacía rogar para sentirse un poquitín menos puta.

Julia cruzó la fina línea que hay entre “estar alegre” y “estar en pedo”. Se puso mal Julia. Vomitaba mucho y no estaba en condiciones de entrar a un lugar cerrado como un boliche. Pero Marisol quería entrar a toda costa. Le recordé que primero estaba la salud de Julia. Y ella me dijo “ bueno, esta bien, la llevamos a mi casa” (lo cual quedaba algo lejos de San Martín y me quedaba como el horto para volverme a mi casa) Y yo le dije: “ mira, yo no vine hasta acá para volverme a la hora”. Y me dijo “ tonto, te podes quedar con nosotras”. Finalmente, camino a su casa, comencé a comerle la boca y a manosearla descaradamente. Veíamos como nos miraba el remisero y eso nos calentaba mas. Y ella me metía la lengua en la boca y me sobaba el bulto por encima del pantalón. Y sentía que era grande, se mordió los labios, echo un suspiro largo y me susurro: “ te voy a hacer algo como nadie nunca te lo hizo”. Me bajo los pantalones hasta la rodilla y exclamó a su amiga “ tiene slip Julia, tiene slip”. Eso la puso aun mas cachonda. Sacó la verga de mi ropa interior, me la sacudión un poco para que se pare del todo y con una cara de golosa me dijo “ ay no sé si me entrara toda”. Yo le respondí: “ vamos, puta, vos podes”. Se incorporó al instante abríó la boca como quien va al otorrino y le dicen “ decí A bien grande”. Se la mando toda. Dios mío. Nunca me hicieron tan bien un pete. La lamía por los costados, de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, los huevos, la cabeza de a poco, el tronco. Manejaba los tiempos preciosamente, me hacía calentar hasta el punto de casi acabar y luego bajaba la intensidad prolongando mi placer. A todo esto, el remisero se estaba calentando impresionantemente y mi amiga estaba tirada como peso muerto al lado mío. Cuando faltaban diez cuadras para llegar me dijo: “ acaba hijo de puta”. Me manoseo las bolas, se la mando a fondo y se trago toda mi leche. Pasamos por una estacion de servicio de esas que tienen un “ 24 hs open” y compre dos cajas de forros.

Una vez que acomodamos a Julia que estaba en un estado deplorable le dije casi irónicamente:

– “mira, no puedo dormir en el sofa de tu living”.
– Vos vas a dormir en el cuarto conmigo, te vas a acostar conmigo

Entonces, la tome la cintura, le manoseé el culo y le di un beso en el que sentía en su lengua los restos de mi semen y su olor a mi leche. Me calentaba de sobremanera.

Nos acostamos y ella jugaba a que se iba a dormir. Mentira, estaba mas caliente que yo. Y yo la tocaba despacio. Para calentarla mas. Ella se trataba de callar para que nadie despertara. Le acariciaba el piercing de su ombligo. Ella se acomodaba mas cerca de mío. De manera que su sexo rozara mi bulto. Yo la acariciaba y le masajeaba esos enormes pechos. Estaban duros y firmes. Sus pezones eran magnificos. Se los empecé a lamer. Ella me dijo “ sacate ese slip, papito”. Entonces, se reía tímidamente. Y me agarro la verga fuertemente, la tanteo bien y saco un forro de la mesita de luz, me lo calzo y se metió la verga. Estábamos cogiendo en cucharita. Es algo incomodo pero permite que la hembra sienta mas el roce, si lo haces bien. Yo la bombeaba y le manoseaba el clítoris y los pechos. Me re calentaban esos pechos. Acabó una vez. Y una vez que llego a la cima de la montaña me dijo “ seguí, partime toda, mi amor, dale, dame mas, mas”. Gemía como una yegua. Me estaba calentando demasiado y no queria acabar tan pronto. Saque mi verga y me miro con cara de horto. Entonces, le dije “ tranquila, te va a gustar”. Le abrí las piernas y le chupe toda la concha. Estaba hiper mojada tras el orgasmo. Y se retorcia de placer. Apenas alejaba un poco la cabeza para lamerle las piernas, ella me tomaba con fuerza por los pelos y me decía “ segui hijo de puta, dale, que me gusta”. A todo esto, mi amiga Julia se despertó de su pedo y mi amiga la vio (yo no podía por la posición que tenía) Mientras le lamía la concha a Marisol ella le dice a Julia

– vos dormí .
– te estás cogiendo a mi amigo, perra (Le dice Julia con cara indignada)
– que, te molesta?
– no, pero no me dejes afuera de la fiesta

Ella se incorporo medio tambaleando aun del pedo. Le dio un beso francés a Marisol. Y me confesaron que se gustaban. Julia comenzó a lamerle los pechos a Marisol y esta estaba en las nubes y no tardó en tener unos múltiples orgasmos. Julia mientras ya la chupaba a Marisol, comenzó a comerse mi verga de una manera aun más magistral que Marisol. Y me confesaba: “ yo le enseñé toda a esta puta”. Entonces, Julia se reincorporó, me sacó la concha de mi boca y se puso a chuparme la verga junto con su amiga. Una me chupaba el glande y la otra el tronco. Las dos pasaban la lengua por mi verga y cruzaban sus lenguas. Y me empezaron a decir “ dale, hijo de puta, danos la leche, que mamá tiene sed, dale, acaba perro”. Entonces, Julia le dice a Marisol, “ metele los dedos en el culo, le vas a masajear la próstata y va acabar como la puta madre”. La hija de puta se metio dos dedos en la boca y me los metió en el horto. Al principio, la idea me dio cosa e impresión. Pero estaba tan caliente que no me importo.

Cuando finalmente acabé las dos se tragaban mi leche. Y una se metía la lengua en la boca de la otra para disputarse mi leche. Entonces, Julia, me dijo “ sos un mal amigo, empezaste a cogerte a mi amiga y me dejaste afuera. Ahora vas a ver”.

Julia me ató a los barrotes de la cama de Marisol. Julia me ataba las muñecas al respaldo y Marisol ataba mis piernas a las patas de la cama. Julia prendió una vela y me tiraba el cebo que chorreaba en mi pecho. Me dolía como la puta madre. Pero las perras, me habían amordazado. Julia me agarraba de los pelos y me decía “ sos nuestro, te quiero mucho y te voy a hacer gozar como nunca”. Me vendaron. Entonces, Julia puso su vagina sobre mi cara y me ordenó que se la chupara. Mientras seguía vertiéndome cebo caliente en mi abdomen. Marisol me la chupaba increíblemente y supe que era ella porque tenía unas manos pequeñitas (no como las de Julia) Yo me comía el coño de mi amiga que estaba rasurado al ras. Ella gozaba y yo también. Marisol me metía sus pequeños deditos el horto mientras me la mamaba y eso me calentaba mas y me daba mas ganas de chuparla a Julia. Todos gemíamos cada vez más fuerte y llegamos prácticamente al orgasmo de una manera casi simultanea.

Apenas acabé. Me chuparon toda la leche entre las dos. No veía nada. Pero sentía dos lenguas recorrer mi verga y sacándome hasta la ultima gota de leche de la punta de mi verga. Al terminar, Julia trajo esas cremas batidas y me lleno el cuerpo de eso y me fregaba los pocos espacios limpios con hielo. Marisol se comía toda la crema y Julia le decía “ ves, sos una gordita golosa”.

A todo esto me quitaron la venda de los ojos pero no la de la boca.

Tenía la verga achicharrada, estaba aun muy caliente pero necesitaba un respiro. Julia me dijo “ nos vas a culear, hijo de puta. Mas te vale que llegues al tercer polvo porque sino te cogemos nosotros”. Marisol me empezó a lamer la verga semi flaccida. Hasta que se puso a tono. Julia miraba y se metía una zanahoria por la concha y se tocaba mientras el clítoris. Una vez que mi verga se puso a punto, Julia le lamió a Marisol el ano breve pero muy humedamente al terminar le ordenó “ ahora cómesela con la cola”. Marisol se sentó en mi verga y no se animaba. Le decía a Julia “ me culearon vergas mas largas pero nunca tan gordas, me va a romper toda, este hijo de puta”. Julia le explico que tenía que metersela de a poquitos. Una vez que la verga se ajustura a su culo, ahí tenía que comenzar a galoparme. Y así lo hizo. A todo esto, sin forro alguno. Julia me juraba: “ es pajera pero no puta y jamás coge sin forro. Hizo una excepción con vos porque sabe cuanto te quiero”. A Marisol le dolía horrores mi gorda verga pero no podía dejar de culear conmigo. Finalmente, Julia me desata y me ordena “ cogela como a una perra, en cuatro patas”. Obedecí y le bombee el culo un rato largo. Después de dos polvos tardé una bocha en acabar. Marisol ya había acabado dos veces. Y mientras la culeaba, Julia me lamía los huevos y empezó a comerse la concha de su amiga. Tras un nuevo masaje de huevos, pude acabar y todos nos recostamos llenos de placer y muy agotados. Ni ganas, ni fuerza tuvimos para ducharnos

A la mañana siguiente cuando me estoy por ir. Julia me dice “me debes algo”. Y se pasa un dedo por el orto y se lo chupa. Me sienta en la silla, me pone su culo en mi rodillas se acomoda la verga en el ano y se la manda hasta el fondo de una. Tenia el ano mucho mas elastizado que su amiga. Al oír sus gemidos. Marisol se despierta. Vamos hacia la cama y le como la concha a Marisol. Julia me dice “ acabame adentro, llename de leche”. No me pude resistir y le llene el culo de leche. Tenía la puerta del ano llena de semen y Marisol se lo lamía gustosamente.

Finalmente, nos bañamos los tres juntos. Las dos terribles hembras (por lo putas que eran, no estaban TAN buenas) me enjabonaban la verga y me cogí a Marisol en la ducha. Por el horto y por la concha. La hija de puta de Julia me metía dos y hasta tres dedos en el orto, mientras.

Antes de irme. Me hicieron un desayuno con jugo de naranja y sandwiches de jamon y queso (Julia sabe lo que me gusta) Y me dijeron porque no dejas a la boluda de tu novia y te quedas con estas dos hembras. Julia me confiesa que la ama a Marisol y que quieren tener un hijo con ella. Pero, lógicamente, necesitan de un macho para ello. Y que no quiere tener un hijo sin un padre. Me dijo que me quería muchísimo y que me amaba como hombre. Que envidiaba a Camila. Y me propuso formar una gran familia con Marisol. Le contesté que pensé que le gustaban los gordos, me apretó la verga y me dijo “ también las gordas”.

Tras mucho pensarlo, acepté y me fui a vivir con ellas. Mi vieja piensa que Marisol es la hermana de Julia y que ella vive con nosotros transitoriamente. No se crean que soy el dueño de harem. Ella hace lo que quireren conmigo .Y si bien, a veces me hacen gozar como la putisima madre. A veces, el placer de ellas por hacerme cosas humillantes y abusarme. Hoy estamos buscando a un bebe y eso hizo que a Julia se le pasé un poco el raye de golpearme las bolas.

lucianolaise@fibertel.com.ar

Samanta, Horacio y yo

Los protagonistas de esta historia somos tres Samanta, Horacio y yo Eduardo. Samanta y yo teníamos la fantasía de hacer un trío HMH pero no sabíamos a quien contactar, una vez en una conversación lo comente con Horacio quien conocía a Samanta y sabia de sus “atributos” y acepto encantado de la vida, nos pusimos de acuerdo y Horacio y yo pasamos por ella en algún lugar del centro de la ciudad donde habíamos quedado y salimos rumbo a un hotel, pedimos una habitación que estaba en el 1er piso samanta se adelanto a subir a nosotros y claro ya sabia lo que hacia pues vestía unas zapatillas altísimas que realzaban sus bien torneadas piernas y una minifalda que dejaba ver media pierna con una blusa de botones súper escotada que parecía que ese gran par de senos que tiene fueran a salir, al subir las escaleras caminaba cadenciosamente y nosotros atrás de ella con la mirada clavada en sus piernas y su cadera que al caminar hacia volar un poco su falda dejando ver un hermoso par ! de muslos, ella se sentía observada y deseada, a llegar a la habitación de pronto estábamos los tres ahí parados sin saber que hacer….. pero samanta tomo la iniciativa y nos tomo de una mano a cada uno y nos acerco hacia a ella puso la mano de nuestro amigo en un seno y la mía en sus caderas, y esta fue la chispa que desato el fuego… nuestro amigo empezó a acariciar esos senos enormes que no cabían en sus manos, mientras que yo acariciaba sus ricas y grandes nalguitas sobre su falda, ella empezó a excitarse ya que jamás la habían acariciado de esa manera cuatro manos a la vez parados los tres ella echo su cabeza hacia atrás dejando caer su rubio cabello y cerrando sus ojos verdes empezó a gozar de los besos en el cuello que nuestro amigo le empezó a dar mientras yo seguía acariciando su colita parada y sus piernas bajo su falda, empecé a subir por su muslos casi hasta su sexo pero me detuvo, quería seguir disfrutando de las caricias ……. de repente se puso de perfil ent! re los dos y empezó a bajar sus manos desde nuestros pechos hasta sentir debajo de los pantalones nuestros miembros bien erectos de excitación, se mojo la lengua con los labios como saboreándolos y con cada mano desabrocho nuestros cinturones y los pantalones cayeron a nuestros pies, ella agachada en cuclillas saco nuestros miembros y con sus carnosos labios empezó a chupar suavemente uno y acariciar con la mano el otro, luego cambiaba de pene para llevarse el otro a la boca siempre quiso chupar uno y acariciar otro ahora lo tenia y lo disfrutaba, desde esta posición la falda se le había subido hasta la cintura y dejaba ver la mini tanga que traía la cual dejaba ver su conchita ya mojada por la excitación ….. se levanto y mientras nos despojábamos de los pantalones nos pidió que la desnudáramos el empezó nerviosamente a desabrochar la blusa y yo a retirar su falda, vestía un juego de top y tanga verdes los cuales la hacían ver muy sexy, ella quito nuestras camisas, me recostó so! bre la cama y se subió encima de mi en posición de 69, su concha quedo expuesta en mi cara, no tuve problemas para hacer a un lado su tanguita y comenzar a mamar su sexo el cual estaba perfectamente recortado de bello y perfumado haciéndome desearlo mas, mientras tanto ella empezó a chupar el miembro de nuestro amigo que estaba al borde de la cama y así gozábamos los tres …. después de un rato lo siguiente que hizo fue ordenarle que ahora fuera el, el que se acostara al borde de la cama y yo me pare, ella se sentó de espaldas a el en su miembro consumiendo cada centímetro de aquella generosa verga en su vagina mientras defrente a mi mamaba mi pene con frenesí yo me sentía explotar, mientras ella gozaba moviendo sus caderas, la vista de aquel era de lo mejor ya que podía ver desde esa perspectiva aquel hermoso culo que se estaba cogiendo el cual tenia bien agarrado siguiendo el movimiento de ella, el podía ver en cada sentón como su miembro completo entraba y salía por aque! l canal tan exquisito, después de un rato ella se paro dio media vuelta y se inclino completamente para mamar nuevamente aquel miembro que segundos antes estaba en el interior de ella, yo quede con una vista espectacular de su trasero, ella completamente empinada parecía pedir ser penetrada nuevamente y yo sin pensarlo metí mi instrumento en esa conchita que escurría de tan lubricada que estaba …. algunos minutos después llego el momento cumbre del acto ella subió las rodillas a la cama y lo monto después de dos o tres movimientos de ella se inclino para dejar que el chupara sus senos los cuales tenían unos pezones completamente duros y preparando para mi la posición para penetrarla por de tras lubrique un poco y despacio empecé a empujar mi falo hacia el interior de su culito, ella estaba a punto de gritar pues gemía de placer y de dolor decía : despacio, mmmm , mas, mas, así, rico, así, que rico ….. por fin tenia los dos miembros completamente adentro de si, y lo disfrutaba e! mpezó a coordinar un movimiento para meter y sacar las dos vergas, sin perder ningún centímetro de disfrute, a estas alturas ya gritaba de placer : SI, SI, SI, MAS POR FAVOR MAS, RICO METANMELAS COMPLETAS, FUERTE, SI MAS FUERTE , QUE ME VENGOOOO MAAAS, RICO, RICO, RICO, QUIERO MAS, QUE RICAS VERGAS TIENEN….. UUUFFF, UFFF ARG, ME VENGO ME VENGO,,,, y nos venimos los tres explotando a un tiempo ….

nos quedamos después de un rato completamente agitados nos dormidos por algunos minutos, pero esto no podía quedar así ya que ella estaba entre los dos en la cama nuevamente tomo nuestros flácidos miembros en sus manos los cuales no tardaron en reaccionar para iniciar una nueva sesión ……..

detectiveconsult@yahoo.com

Orgia con mi compadre

Mi marido siempre me ha insistido en tener sexo con dos hombres al mismo tiempo, hemos tenido muchas fantasias pero llego el momento en que se presento la ocasion en una borrachera con mi compadre beto.

Nosottros somos una pareja que nos gusta la vida nocturna y no nos asustamos de nada, y en una parranda mi marido y mi compadre me sedujeron.
Mi compadre fue a visitarnos a la ciudad donde vivimos, y como festejo de su llegada mi marido compro cerveza y despues de estar tomando por un largo tiempo y como ya era tarde para mis hijos le hable a mi niñera y nos fuimos a un hotel para seguir la fiesta. Antes de salir mi marido me pidio llevar ropa sexy y yo lleve un vestido corto y unas medias con liguero y unas zapatillas.

Al llegar al hotel mi marido pago dos habitaciones una para mi compadre y otra para nosotros ya que nos instalamos mi compadre llego ha nuestra habitacion y pregunto que si ibamos ha continuar la fiesta a lo cual le contestamos que si y lo invitamos ha quedarse para entonces yo ya me habia puesto mi vestido y mi marido me dijo que me quitara la ropa interior.

Nos pusimos ha jugar baraja y empezamos ha castigar al perdedor con quitarse una prenda despues de un rato ya los tenia desnudos a los dos y con la verga bien parada y eso me empezo ha exitar a mi tambien.

Mi marido al ver que yo tambien estaba excitada empezo ha manosearme en frente de mi compadre yo podia ver como mi compadre me comia con la mirada mientras mi marido me metia mano y empezo ha masturbarse en frente de nosotros al mirarlo yo me calente mas y deje abrir mis piernas para dejarlo verme cosa que me gusto y me hizo tener un orgasmo inmediatamente.

Dejamos de jugar baraja y nos fuimos a la sala donde para entonces mi esposo le hizo señas ami compadre para que se uniera a nosotros.

A mi me agrado la idea porque se me antojaba su verga cuando se masturbaba y no desaprobeche la ocacion para sentirla los empezaron ha manosearme por todo el cuerpo y mi marido me dijo acuestate en la cama se colocaron uno ha cada lado mio [YO SIEMPRE HABIA FANTASIADO CON DOS VERGAS HA MI LADO] mi marido empezo ha lamer mi culo mientras mi compadre chupaba mi clitoris algo que me gusto mucho y lo distfrute mucho,les hize una puneta ha los dos juntos y mi compadre estaba tan exitado que termino luego. mientras mi marido me penetraba mi compadre empezo ha acariciarme los pechos y al verlo exitodo de nuevo no resisti la tentacion y me meti su pene ha la boca y se lo chupe hasta tragarmelo totalmente aunque mi compadre tiene la verga grande me la trague toda y lo hice terminar de nuevo.

En otro ocacion ya que teniamos mas confianza dejaba que me mirara mi compadre cuando me cambiaba de ropa y procuraba de acuerdo con mi marido provocarlo a lo cual el respondia inmediatamente porque mi comadre no le gusta el sexo con el .

Me excita que mi compadre mire cuando mi marido me penetra y ver que a el le crece la verga inmediatamente, me gusta verlos parados frente ha mi jalandose la verga los dos y ver como les escurre el semen me gusta sentirlos excitados, me gusta que me besen todo el cuerpo que no quede un lugar sin tocar me gusta ver como mi compadre se excita conmigo porque he visto que con mi comodre no logra que se le pare la verga, todavia no me animo ha que mi compadre me meta la verga pero yo creo que la proxoma ocacion voy ha dejar que me cojan los dos.

Con mi esposa y 2 mujeres mas

Todo comenzo un día que lleve a casa una película XXX, mi esposa un poco dudosa acepto ver junto a mi esa pelicula, en ella mostraba las aventuras de una mujer casada y celosa, cierto día su esposo un poco cansado de sus celos decidió llevarla un lugar en el cual el sexo, era un requisito indispensable para compartir con los demás asistentes asi fue como el, exitado y mojado por las osadas mujeres asistentes, se mando un polvazo con una diosa imposible, ella sin poder creer lo que estaba presenciando, atino sólo a asumir todo lo que estaba pasando en ese local, y más aún, lo que su esposo estaba haciendo frente a sus ojos. Así entonces, fue naciendo en mi esposa la inquietud de experimentar la fantasía más fascinante que un hombre pudiera desear, estar con dos mujeres a la vez, ella me manifestaba en la cama su calentura con respecto al tema diciendome las cosas más insolitas, “me gustaría que te la chuparan, me gustaria verte montado, metiendosela humm que rico…dale, dale papito, dale a una puta esa lechecita” de verdad me tenia tan caliente pero ella no se decidía a dar el paso, hacer realidad todo lo que en la cama decía, un día y movido por la calentura que ella misma había cultivado, tome la iniciativa y decidí buscar una ocasión para llevar a cabo mi plan, el cual consistía en buscar a una “amiguita” que aceptara el juego, después de llegar a un concenso con mi esposa, ella asintió por fin, a buscar a alguién…la busqueda resultó algo aparatosa y yo estaba desesperado, mi esposa había dado el sí, y ella también estaba más caliente que nunca, esta fantasía había mejorado nuestro sexo de una manera desenfrenada, asi fueron pasando los días, cuando nos lanzaron un privado en el chat, nos hicimos muy amigos de una mujer de la misma edad de mi esposa, con ella conversabamos de nuestras ideas sobre el sexo y ella no nos era indiferente al tema, pues, tenía pensamientos parecidos. Llegó el día que concertamos cita, y los tres sabiamos que esa cita tendría todos los efectos esperados al menos por nosotros quedamos de acuerdo en juntarnos en cierto lugar, con las descripciones pertinentes tratandose de una reunión a ciegas y fuimos a la aventura, mi esposa, nerviosa, y yo…bueno nervioso-caliente.
Ja! extraño por decir lo menos fue nuestra sorpresa que al llegar aquel sitio, no había una si no ¡¡DOS mujeres esperandonos!! mi esposa me hizo una pregunta ¿te la puedes con tres? y yo bueno, ni tonto ni perezoso acepte de muy buena gana lo que se me venía encima, alucinaba en el trayecto al motel con esas tres evas y yo ahi como todo adan solito, dejando que hicieran con mi pene lo que quisieran, llegamos al motel, yo estaba ya excitado, mojado un poco, mi esposa a esas alturas sólo deseaba desnudarse y las otras dos mujeres ya venía jugando en el auto, jugando con sus lenguas, tocandose, sobando sus tetas, y todo eso yo viendo a traves del retrovisor.
En el motel ya ellas nos tomamos unos tragos y con la botella vacía decidimos jugar a las prendas, en realidad no hubo necesidad, pues mi esposa le pidió una penitencia a una de las mujeres: Que te penetre mi esposo, ufff nos tiramos a la cama y yo la penetre con fuerzas, esa putita gemia como perrita mientras yo la culiaba como loco tomando su culo y haciendolo hacia mi, en eso estaba cuando veo a mi esposa jugando con la otra chica, lo que estaba viendo no lo podía creer, ellas se chupaban las tetas con una maestría, la chica, como toda una experta (como entre ellas solo saben hacerlo) abria los labios de la vagina de mi esposa y le metia la lengua con suavidad y luego con fuerza, el clitoris se lo chupaba y besaba y mi esposa perdida, gemia con placer, yo excitado hasta las masas, mas duro le daba a la perrita que tenia bajo mi cuerpo, esta a su vez se contorsionaba entera y gritaba, a esas altura ese dormitorio era un caos de sexo, los sudores y olores se mezclaban, nos cambiabamos todos con todos, le daba a una y despues a la otra, y seguido a la otra, en un momento, quede con las dos mujeres, ambas chupandome el pene, besandose entre ellas y mi pene en medio de sus bocas, y mi esposa mirandonos, la escena le excitaba pues se masturbaba mientras observaba, allí la llame para que participara con las dos chicas y se uniera a lamerme las bolas, tres mujeres lamiendome el pene como locas, todas peleando por pasar la lengua por la cabecita, la calentura estaba a mil y mis esfuerzos por no derramar leche en sus cara eran insuperables, hasta que no dimos mas, vi que mi esposa estaba a punto de acabar, la tome por su culito y le di duro, ella gritaba como loca yo en su culo, y las otras dos mujeres una en cada teta de mi esposa, chupandosela y tirando sus pezones, esa escena hizo que yo también acabara en el culo de mi esposa, las otras dos; decidierón hacer lo mismo y acabaron frotandose las vaginas y gimiendo del placer. Después de un descanso mi mujer fue al baño, y una de las dos chicas me dijo “ahora tienes que darme leche a mi” y de eso me encargue, me monte sobre ella, nos contorneabamos sus grititos me excitaban a mil, la otra chica miraba nuestro acto y se masturbaba, todo fue rápido ella acabo, y yo le di la leche que ella quería……y todo gracias a una pelicula.

Desde ahí, no hemos parado de tener fanstasías y hacerlas realidad, esta es una de varias, más adelante seguiremos contandoles mas y a todo esto mi última fantasía es ser “patas negras” (culiar con una mujer casada), la de mi esposa, que me coma a una de nuestras clientes.
Romina y Esteban

El grupo de meditación / Capítulo 1

Hacia tiempo que estaba bastante estresado, trabajaba en un lugar donde la carga horaria era mucha y mi sueldo poco, es que con la crisis económica no había mucho para donde elegir.
Un día, hablando con una conocida de mi situación me recomendó un grupo de meditación asegurándome que me haría bastante bien.

Como no tenia nada que hacer, decidí ir para ver como era, total con probar no se pierde nada pensé.
Era el único hombre en aquel grupo, la instructora cuando me vio exclamo risueñamente: -“¡Bendito tu entre todas las mujeres!”-
Todos reímos festejando aquel chiste y nos presentamos uno a uno. Frente a mí estaba Susana una morocha preciosa que tenia problemas de autoestima, no lo podía creer, era un bombón para comérselo todo y con ese problema. Al costado estaba Lorena que tuvo la valentía de no confesar su condición de lesbiana y a la derecha tenía a la gorda Marisa que tenía problemas para conseguir pareja, es decir estaba deseosa de ser cogida y no dejaba de mirarme. Por fin, Elisa una mujer muy interesante de alrededor de unos cuarenta años, simpática, dulce, irradiaba seguridad, por algo era la instructora.
Con el paso del tiempo el grupo empezó a conocerse mas íntimamente, hasta a veces salíamos a tomar algo o simplemente ir hasta la rambla a disfrutar del aire libre.
Marisa no dejaba de arremeterme con miradas, alguna indirecta, e inclusive algún piropo, lo mismo le sucedía al bomboncito de Susana con Lorena y conmigo aquello era una relación tensa, esperando el desenlace pasional en cualquier momento.
Elisa la instructora percibía aquella tensión y sin decirlo directamente nos decía que para que el grupo evolucionase teníamos que deshacernos de aquellos sentimientos, pues sino no progresaríamos.
A pesar de todas las técnicas y meditaciones que empleo Elisa, la situación seguía in cambiada, es más la tensión parecía ir en aumento.
Aquel viernes, Elisa probaría una técnica distinta, nos aviso a todos que pasaríamos una vigila de meditación para descargar aquellas energías reprimidas que nos estaban lastimando.
Cuando llegamos a su casa, uno a uno pasamos al baño donde nos cambiamos para quedar solamente con una túnica blanca y luego pasar a una sala aislada de la casa donde el piso estaba cubierto de colchonetas, la única luz que teníamos era de unas velas aromatizadas que daban un entorno mágico e íntimo a la vez.
Susana parecía un ángel con aquella túnica que realzaba su busto, Lorena parecía comérsela con la mirada. Marisa a su vez paso delante de mí y fingiendo tropezarse tocó mi pene, pidiéndome disculpas por el accidente.
Al final entro Elisa que por mas que fuera la instructora estaba fuertisima con esa túnica que se le transparentaba a pesar de la poca iluminación.

-“Bueno, chicas y chico, estamos aquí porque vamos hacer un ritual de purificación que aplicó para casos como este. Cierren los ojos y respiren profundo, hasta que yo les diga”- Indico la instructora que se aseguro que la puerta estuviera bien cerrada.

-“Bien ahora, sáquense la túnica pero sin abrir los ojos… ¿entendido?”- Dijo Elisa al tiempo que nuestras ropas caían al suelo.

-“Ahora abran los ojos y contémplense..”- Impartió la directiva la maestra.

Cuando vi a Susana totalmente desnuda no pude evitar que mi pene se endureciera, era una diosa, ella miraba asustada a su alrededor como si fuera un pollito mojado.

Lorena tampoco estaba mal pero solo tenía ojos para Susana, en cambio la tetona de Marisa no dejaba de mirarme el pedazo como hipnotizada. Al mirar a Elisa quede estupefacto, nunca me imagine que mi instructora fuera semejante hembra. Ella me devolvió la mirada con una sonrisa y decirme nuevamente: -“¡Bendito seas entre todas la mujeres Fede!”-
Entonces nuestra instructora toma nuevamente la palabra: -“Bueno, ahora que estamos todos desnudos, vamos a desnudar tambien nuestras almas, empieza Marisa, luego Lorena, después Susana, Federico y por último yo”.

“Yo quiero decir” – Empezó Marisa- “que desde el primer día que vi a Federico me moje la bombacha y desde entonces no puedo dejar de pensar en él. Estoy caliente con él, lo deseo, quiero hacer el amor con él aunque sea una vez.”

Luego le toco a Lorena: -“Como todos saben me gustan las chicas, quisiera tener sexo con Susana, pues es muy linda, me dan ganas de protegerla, de metermela dentro de mí, estoy enamorada de ella”-

-“Y tu Federico que no tienes que decir”- Me indico Elisa.

-“Bueno, yo aquí rodeado de tantas bellezas, tengo que confesar que me gustan todas, pero Susanita me tiene caliente desde el primer día, me masturbo pensando en ella y ahora que te veo desnuda Elisa, la verdad quisiera tener algo contigo también.”-

Elisa sonrió y continuó ella: -“Todos Ustedes son hermosos no por sus cuerpos sino por sus almas, al estar enlazándonos físicamente también lo vamos hacer espiritualmente.
Yo quiero estar con cada uno de ustedes, especialmente contigo Federico, no porque seas el único hombre aquí, sino porque también despertaste mi deseo.
Además esta va hacer la única forma de hacer fluir esas energías aprisionadas que nos esta haciendo daño.
Bien, Marisa con Fernando, Susana con Lorena y yo voy andar dando una ayudita a las parejas… empecemos.
Marisa enseguida se me abalanzó y me dio un beso de lengua que me llego hasta la garganta, al tiempo que mis manos amasaban sus nalgas regordetas. A mi lado caían en un abrazo Susana y Lorena, esta última feliz poder sacarse las ganas con el “bomboncito”.
Elisa acariciaba mi espalda y los pechos de Marisa. Mi pene erecto humedecía de lubricante el vientre de mi compañera que no dejaba de besarme, como pude me despegue de su boca para comerme aquellos globos de carne, al tiempo que instructora y aprendiz se besaban tiernamente.
Al costado yacían masturbándose y gimiendo como perras en celo Susana y Marisa, aquello era un ensueño para mí, esto superaba mis más remotas fantasías sexuales… estar con cuatro mujeres, a cual de ellas mas caliente, solo esperaba salir vivo de allí o morir en el cumplimiento del deber.
Los pechos de aquella gordita se endurecieron en mis labios y al palparle la vagina, estaba totalmente mojada, lo que me introduje en aquella selva de pendejos para tomarme aquellos fluidos virginales.
Mi compañera cayo sobre la colchoneta y yo seguí detrás de ella para seguir besándole la concha, Marisa obtuvo allí su primer orgasmo en medio de gemidos propios y ajenos.
Entre tanto Elisa jugaba con sus dedos en el culo de Lorena que cegada de placer le estaba chupando la vagina afeitada de Susana que suspiraba como una puta.
Di vuelta a mi “chanchita” y enterré mi cara entre sus nalga para que mi lengua jugara con el ojo de su culito. Marisa se excito tanto que empezó a gritar que me amaba con locura. La cola de mi compañera no estaba nada mal para tener unos quilitos de mas, tenia la colita parada, abierta como a mí me gusta.
Mientras estaba dilatándole el ojete a mi gordita, la boca tibia de Elisa empezó a mamarme el aparato y las bolas… ¡Que placer! Ya no sabía como me llamaba era una bestia sedienta de placer, al igual que todos allí dentro.
Susana y Lorena estaban practicando el sesenta y nueve, era un espectáculo ver aquellas dos hembras afiebradas de lujuria, ni en una película porno había visto tanto desenfreno.
Elisa me puso el persevativo con la boca y desflore a Marisa en medio de un sollozo de placer, aquella cueva carnosa sujetaba bien mi pene, haciéndome delirar de placer, gimiendo al unísono con aquellas hembras.
El roce de mi cuerpo con sus pechos hacia delirar a mi osita que lloraba de felicidad y jurándome amor eterno. Yo seguía dándole bomba, detrás de nosotros estaban Elisa fundiéndose en un beso con Lorena, al tiempo que Susana le lamía los pechos a su instructora, las barreras de la lujuria se habían abierto para inundar todo aquel recinto.
Di vuelta a mi enamorada y la penetre por detrás, aunque le dolió, ella me rogó que se la metiera hasta el fondo y así lo hice pues aquel culo provocaba mil deleites a mi pene.
Lorena totalmente poseída por la lujuria unió su boca y su lengua con Marisa deseosa de seguir disfrutando del sexo como fuera.
Entonces sentí una boca tierna chupandome los huevos que me llevo al éxtasis y no pude evitar acabar en las nalgas de Marisa, la culpable de ello era Susana.
Me aparte un poco y contemple atontado como Susana tomaba mi persevativo y lo vaciaba en su boca carmesí.
Elisa se me acerco como una felina y me puso sus melones en mi cara, empecé a saborear aquellas frutas maduras hasta empalagarme, en tanto que Elisa me acariciaba las bolas, buscando una nueva erección.
Sigilosamente se acercó Lorena y hundió su cara entre mis piernas, no podía creerlo, la lesbiana me estaba lamiendo el pedazo y me estaba excitando, mas allá estaban entrelazadas Susana y Marisa acariciándose lascivamente.

¡Uhmmm… ya esta parada, Elisa! – Aviso Lorena para que mi dulce instructora se subiera arriba mío y empezara a cabalgar. Lorena también se coloco de tal manera que mi boca le succionara la concha, así ambas se besaban y se acariciaban los pechos.

La vagina de Lorena estaba rica, me tragué hasta el ultimo de sus fluidos y también le pegué algún lambetazo en el culo, hasta hacerle erizar la piel.
Elisa decidió cambiar de posición, se puso en cuatro patas para pedirme que se la metiera por detrás… ¡qué culo delicioso, durito, bien formado! Mis bolas golpeteaban contra sus nalgas alegres de recibir mi pedazo. Lorena me miro y se animó, me tomo el rostro con sus dos manos para partirme la boca de un beso de lengua que me llego hasta el estómago y dijo: -“Para ser un macho no estas mal”-
Las sombras de nuestros cuerpos dándonos placer parecían bailar al compás de nuestros gemidos que retumbaban en aquella pieza de penumbras.

-“¡Me voyyy… !”- Grite. Rápida como un rayo Elisa se dio vuelta para con la boca abierta para bañarle el rostro con mi leche.

Caí rendido sobre la colchoneta, quedando Lorena lamiéndole la cara a Elisa.
De cansancio me dormí sobre las colchonetas, pero no sé por cuanto, desperté con los tiernos besos de Susana que estaba encima de mí diciéndome que aun no había terminado.
Sus manos de niña acariciaban mis bolas sin dejar de mirarme con deseo, cerca nuestro Marisa, Lorena y Elisa se daban placer enroscadas en una orgía sin igual, Elisa masturbaba a Marisa y Lorena se refregaba la concha contra las nalgas de la instructora frenéticamente..
Aquellas imágenes, mas la cara de lujuria de Susana volvieron levantar mi pene otra vez, pronto para dar y recibir placer.
Le pechos de Susana fueron bañados con mi boca húmeda hasta bajar a su vagina deliciosa provocando el delirio de mi compañera, no perdí tiempo y también le comí el agujero del culito que me guiñaba como una invitación a penetrarlo.

-“¡Ay… Fede que delicia, cuanto placer!”- Susurraba Susana que sonaba como una melodía para mis oídos.

Me acomodé mejor y la penetré en cámara lenta para no lastimarla, pero igual se quejó, pues mi caño era demasiado grueso para tan diminuto orificio.
A pesar de todo, seguimos moviéndonos, es que romper ese culito respingado y saltarín era uno de mis sueños hecho realidad. Poco a poco ella dejo de quejarse de dolor para gemir de placer, hasta que se dio vuelta y se la enterré en su vagina rosada… ambos gemimos de placer al unísono que fue festejado por nuestras compañeras de orgía.
Elisa aprovecho nuestra posición para lamerme las bolas, a mis espaldas se puso Lorena para refregarse sus tetas contra mi espalda y besar a Susana, mientras Marisa me besaba sin parar.
La acabada fue genial, no creí llegar, pero largue mi leche aquella hembra que me tenía bastante caliente y por fin había sido mía.
Terminamos exhaustos, amanecí entre los pechos de Elisa, las demás ya se habían retirado… ese sábado la pase ejercitando el Kamasutra con mi instructora que parecía insaciable.
El lunes tuve avisé al trabajo que no podría ir porque tuve una insolación como para toda la semana donde recibí los cuidados de cada una de mis compañeras.
Cuando me encontré con mi conocida me pregunto como estaba de mi estrés, contestándole que seguía estresado pero ahora no me importaba.

Orgía inesperada

Mirna y yo habíamos terminado cinco meses atrás, para frustración de mi vida sexual y de mi vanidad, porque nunca he tenido mujer más bella y me hacía sentir grande, muy grande, pasear por la Universidad con ella de la mano, y porque cogía como las diosas; pero para descanso de mi espíritu, porque los ocho meses que duró nuestro noviazgo formal fueron una tormenta permanente.

Mirna era, es, como una princesa de El Palacio de Hierro, salvo por la estatura, porque medía 1.63 o 1.64. Fuera de eso, podía haber salido en cinemex en esos anuncios: su carita parecía sacada de un cuadro de Boticelli, y es delgada, de muy buen cuerpo y, sobre todo, tiene una mirada ardiente, que asoma tras sus verdes ojos cuando ella así lo quiere, por entre sus largas pestañas. Imagínensela.

Durante tres meses nos esquivamos con éxito, pero cuando empezó el siguiente semestre (último) coincidimos en una clase fundamental, y aunque apenas nos dábamos los buenos días, me dolía verla. Así, pasaron dos meses hasta que salimos de viaje de prácticas, quizá unos 75 chavos en dos camiones, con tres profesores, a algún lugar del sureste mexicano. El viaje duró seis días y cinco noches y marcó mi último encuentro con Mirna, el último, pero el más heterodoxo, ni duda cabe.

Yo compartí cuarto, en los hoteles en que paramos, con Raúl, un buen amigo (por cierto, he contado alguna historia suya en ésta página), que era uno de los más chupamaros de mi grupo de camaradas -ninguno abstemio, no-, así que ya sabía que, a menos que se ligara una chavita, cosa no tan fácil, estaría todas las noches en el cuarto del “escuadrón suicida” (cuatro tíos que compartían habitación, a los que les decíamos así por su manera de beber hasta caer, y olé). Yo tenía la mira puesta en Angélica, una buena y querida amiga, pero la vista de Mirna, sentada unos lugares delante de mí, me hizo olvidarlo todo.
La primera noche, volviendo del trabajo que había que hacer, no la vi por ningún lado y tuve que ahogar penas con el escuadrón suicida, pero el segundo día la seguí, platicamos, nos tiramos varias indirectas y, como era de esperarse (donde hubo fuego, dicen), terminamos follando como desesperados. Ella no se, pero yo, en esos cinco meses, sólo había tenido una más de mis reincidencias con Ariadna, y estaba que reventaba. Yo sabía, y ella también, que lo nuestro no tenía futuro, pero mi cuerpo tenía sed del suyo (¿por qué no podíamos ser sólo amantes?, ¿por qué contaminar el sexo con tanto royo?), de la curva de su cintura, de la flexible dureza de sus muslos, del brillo mate de su estómago, de la húmeda cavidad del sexo, de sus ojos mirándome, muy abiertos, en el instante anterior al orgasmo.

Al día siguiente, en una hermosísima ciudad semiselvática, discutimos como en los viejos tiempos, hasta que la convencí de que no regresaríamos, pero que ya en vacaciones, había que disfrutar, que despedir nuestros cuerpos, y ella accedió, y esa noche volví a gozarla, no con la urgencia de la víspera, pero con igual hambre, y como la víspera, ella se fue antes de que llegara Raúl.

Todo hubiese podido quedar ahí, pero la cuarta noche, en vez de retirarnos discretamente, las amigas de Mirna nos jalaron a su habitación, donde bebimos tres o cuatro cubas y fumamos un par de porros. Yo era el único varón del cuarto, y las chicas contaban historias bastante subiditas de color y todos moríamos de risa y, finalmente, Mirna se despidió diciendo que allá ellas, que se quedaran con el paliqueo, y que ya nos íbamos a ejercer. Riendo aún, entramos en la habitación, pero la tardanza, las cubetas, la mota, la excitación palmaria que la plática de las chicas me había provocado, hicieron que se me olvidara colocar el mensaje “no molestar” convenido con Raulito.

Aquella vez, Mirna estaba en cuatro patas, con la cara vuelta hacia la puerta, y yo dándole desde atrás, cuando Raúl entró, con una buena dosis de alcohol encima, pero lejos aún de la borrachera. Raúl se nos quedó viendo, y tras el shock inicial, amagó dar media vuelta para salir musitando “perdón”, pero Mirna se salió de donde estaba (yo, al ver entrar a Raúl, me hinqué y la solté), dejándome sentado, con el pito al aire y a medio comer, y acercándosele le dijo: “bien, Raúl, ya que estás aquí, cumple mi fantasía de tener dos penes a la vez. No creo que Pablo se oponga”, diciendo esto último sin voltear a verme.

Si Mirna vestida es un bombón, desnuda es espectacular, y me imagino lo que sentía Raulito viéndola caminar hacia él, blanca y delgada, con sus pechos pequeños pero bien erguidos, su cintura de sílfide y sus suaves caderas… viéndola caminar, descalza, con su paso de gacela, hasta llegar a su lado, y empinándose sobre las puntas de los pies (Raúl mide cerca de 1.80) rodearle el cuello con sus brazos y jalarle la cabeza hasta darle un ardiente beso. Si la escena para mí fue muy larga, para él ha de haber sido eterna.

Sin voltear a verme en ningún momento, empezó a desabrochar la camisa de Raúl, mientras él me echaba miradas en que se mezclaban el deseo y el temor. Yo, resignado, le hice una seña de inteligencia, y me senté en la cama, con la polla casi en estado de reposo. Me sentía raro viendo lo que siempre había gozado, me empezó a gustar verla desde lejos, apreciar su espléndida figura desvistiendo al azorado Raúl.

Pronto estaba Raúl en cueros, tan flaco como yo (bueno, no tanto), y con el miembro escandalosamente enhiesto. Mirna se hincó y empezó a hacerle una mamada de urgencia, y cuando Raúl quiso subirla, ella dijo “no, mi rey, quiero que la siguiente dures”, y siguió succionando hasta hacerlo venirse.

Entonces, por fin, volteó a verme, y como era obvio que yo había aceptado tácitamente la situación, jaló a Raúl del brazo, y al llegar junto a mi me obligó a acostarme boca arriba, hincó sus rodillas en la cama y bajó su boca hasta mi pene, ya amorcillado, y antes de metérselo en la boca, volteó a ver a Raúl y le dijo: “ándale, mi rey, no seas tímido: gózame, penétrame por detrás”: así hablaba ella, y apenas empezaba.

Yo me puse una almohada detrás de la cabeza, y mientras sentía cómo su lengua me erizaba la polla y sus vellitos, observaba las maniobras de Raúl en la retaguardia de Mirna. Cuando Raúl se vino (a pesar del alcohol que tenía adentro y de la mamada precedente: es que tenía como tres meses sin comerse una rosca y Mirna, ya lo he dicho, es una princesa), Mirna reptó sobre mi cuerpo, empapada en sudor, y se metió mi verga en su coño, que escurría sus fluidos y los de mi camarada. Totalmente acostada sobre mi, con sus piernas al lado de las mías, empezó a moverse en lentos y pequeños círculos, tratando de que su clítoris rozara con mi cuerpo todo el tiempo. Raúl se preparó un saque de coca, dándose un pericazo, que Mirna, metida en lo suyo, no vio.

Yo tenía los ojos cerrados, sintiendo sus movimientos sobre mi sexo, su estómago y sus pechos sobre mi cuerpo, y sólo cuando sentí un peso mayor comprendí que mi joven amigo subía. Abrí los ojos, sólo para ver los de ella abiertos como platos. Dejó de moverse mientras Raúl le la verga a empujones por el culo. Pero una vez que se sintió ensartada por ambas cavidades, reanudó sus suaves movimientos circulares, que yo sentía además de los martillazos que, desde arriba, Raúl le propinaba.

Nos venimos casi simultáneamente los tres, y yo derribé la pirámide. Quedamos tendidos en la cama, yo acariciándole los pechos y dándole largos besos en la boca, mientras Raúl le sobaba las nalgas. Era bastante tarde y ella estaba quedándose dormida, cuando Raúl se paró y nos invitó a seguirlo. Sobre el tocador había quedado su bolsa de coca, y preparó tres líneas, se metió la primera y nos invitó a secundarlo.

Yo sabía que Mirna había probado la coca, que se metía ocasionalmente. Yo he de confesar que sólo me había periqueado dos veces antes, una con Raúl, luego de tres días de borrachera, y otra con Clelia (esa es una historia que otro día contaré en ésta página), y me encantaba el efecto eufórico que solía producirme, la euforia y el corte del cansancio y la borrachera, y aunque al final solía ponerme un poco paranoico, estaba convencido de que mientras sólo lo hiciera muy de cuando, en cuando, mantendría a raya el peligro, así que una vez que Mirna terminó su parte, yo aspiré la mía.

Luego de eso, me quedé unos instantes parado, con los ojos cerrados, esperando el efecto. Raúl dijo “chúpamela”, y oí que alguien abría la puerta del baño y que corrió un poco de agua. Cuando abrí los ojos vi que Raúl estaba sentado en la cama y Mirna, hincada en el suelo, terminaba de limpiarle la rígida verga con una toalla empapada. Una vez que lo hubo limpiado, lo hizo acostarse y empezó a darle unos suaves lengüetazos en el frenillo y el glande. Estaba en la misma posición que antes conmigo, con las rodillas hincadas a ambos lados de las piernas de Raúl, mostrando sus encantos, y verla así, verla chupar, aunados a la medicina que había tomado, me templaron otra vez. Me subí a la cama, me ensalivé la verga (no sin trabajos, porque tenía la boca bien seca), le puse la cabecita en la entrada del culo, y suavemente, muy suavemente, con su ayuda, se la fui metiendo en el estrecho orificio.

Dejé mi pito reposar un rato en su cavidad, y luego empecé un violento mete saca que, en pocos minutos, me hizo llenarle su agujero con un poco de leche (no quedaba mucho). Me eché al lado de ellos, y Mirna dejó de chupársela a Raúl, para cabalgarlo nuevamente, haciéndolo venirse rápidamente. Entonces se tendió a mi lado y dijo: “Raúl: es hora, cabrito, de que tus jugos regresen a ti”. Abrió las piernas y atrajo la cabeza de mi amigo a su sexo. Yo la besé –me encanta besar-, aunque la boca le sabía un poco a semen. Ahí estuve, sobándole las tetas, besándola, mientras Raúl terminaba su trabajo.

Mirna se vino con un largo suspiro, y dijo que se quería bañar. Los dejé ahí y fui a preparar la tina. Eran altas horas de la madrugada pero no tenía sueño, aunque no me creía capaz de volvérsela a meter. La tina se fue llenando, y yo observaba el agua subir. No se cuanto tiempo estuve ahí, paro cuando salí, de manera increíble, los encontré follando, otra vez, ahora en la posición del misionero, que tanto le gusta a Mirna, ella con sus piernas flexionadas, rodeando la cadera de Raúl.

Me senté cerca de ellos, a verlos. Pensaba si así me vería yo cuando se la metía, cuando lo hacíamos en nuestros tiempos de noviecitos. Era más que agradable verla, con la falsa alteración importada desde los Andes Peruanos, retorcerse debajo de un varón. Ver su cuerpo empapado de sudor, todavía capaz de recibir y dar placer. Yo me acariciaba la adolorida verga, que sólo estaba amorcillada, y los veía, la veía a ella, más bien.

Antes de que terminaran me adelanté y me sumergí en la tina, y poco después ellos me alcanzaron. Como no cabíamos los tres, Raúl se duchó (la regadera estaba a un lado) y se fue a dormir, mientras Mirna se quedaba conmigo. No hablamos, sólo dejábamos que el agua nos limpiara, nos relajara. Estuvimos ahí un muy largo rato, renovando el agua para que no se enfriara.

Salimos. Había un resto de coca y Mirna, brillante en su desnudez, hizo dos delgadas líneas que aspiramos. “Hoy termina el viaje”, dijo hoy, porque eran cerca de las cinco de la mañana: dos horas después estábamos todos citados a desayunar. “Sácate las últimas ganas, porque no volveremos a hacerlo”.

Volvió a besarme, untando su cuerpo junto al mío. Sus besos me prendieron otra vez. La acosté delicadamente. Cuando intenté penetrarla estaba seca, pero la saliva y los empujones me permitieron llegar al fondo, y la fui cogiendo como la última vez, como la primera, con la mayor delicadeza, buscando alargar el tiempo, mientras ella, con la verga adentro, empezó a segregar jugos.

Se paró y se fue: no quería salir de nuestra habitación. Yo me quedé sentado y, aunque no acostumbro fumar, encendí un cigarrillo del paquete de Raúl. Dejé que pasara una hora y lo desperté. “¿Soñé o fue cierto?”, preguntó.

No quiero contarles cómo empecé a sentirme dos horas después, ya en el bus. Ahí decidí que no quería más bajones de coca y menos, mucho menos, si se me iba una mujer como esa. Pero todo el malestar no compensaban la maravilla de esa larga noche en vela, ni la delicia que siento siempre al recordarla.

sandokan973@yahoo.com.mx

La ducha

Paula necesitaba ducharse urgentemente, tenía calor, estaba sofocada, quería refrescarse .
Estaba en medio del jardín, hacia demasiado calor, no quedaba mas opción y se arriesgo.
Le pareció extraña esa ducha allí, en medio del transito de tanta gente, sobre ese pasto verde y recién cortado pero ahí estaba, esperando que ella se acercara a abrirla y dejara correr por su cuerpo el agua que la aliviara.
Decidió ducharse con agua fría, abrió la canilla, se despojó de sus ropas y dio un paso hacia el frente, dejando así que el agua comenzara a resbalar por su cuerpo desnudo.
Lo que mas le llamaba la atención era que, en medio de ese jardín, la gente iba y venia sin siquiera notar que ella estaba en el medio, desnuda y enjabonándose lentamente.
Mientras estaba sumida en esos pensamientos con los ojos cerrados, sintió que un cuerpo se aproximaba al suyo y grande fue su sorpresa cuando ese cuerpo se acerco lentamente y se adhirió al de ella, sin dejarla girar para ver quien era ni que pasaba.
Por alguna extraña razón no se resistió y menos aun cuando, por las formas que se adherían insistentemente a su piel, comprendió que ese cuerpo correspondía al de otra mujer.
La mezcla de agua fría sobre su cuerpo y el aliento cálido de esa extraña en su cuello le impidió rechazar lo que sentía, la sensación de las manos de aquella mujer bajando lentamente por su espalda la estaban inquietando, sin necesidad de que la disgustara.
Mientras dejaba actuar a esas manos, miraba hacia adelante y hacia los costados sin terminar de comprender como nadie notaba esa escena, como nadie se escandalizaba o daba señales de entender lo que sucedía en medio de esa ducha y al aire libre.
No duró mucho su cuestionamiento porque esas manos la estaban mareando, esas manos habían abandonado su espalda para tomar el jabón que Paula tenia entre sus manos y habían comenzado a enjabonarle lentamente el cuello desde la parte de atrás, deslizándose hacia sus hombros y la habían obligado a abrir los brazos hacia los costados para abrirse paso hacia sus pechos.
Las caderas femeninas se pegaban incesantemente a su cola, sin dejar ningún espacio entre los cuerpos.
Paula se estaba abandonando a esas sensaciones, se había olvidado de su urgencia primaria y estaba naciendo en ella la necesidad imperiosa de que esa mujer no se detuviera.
Que importaba la gente ahora que esas manos habían rozado sus pechos ??? Paula quería mas, pero no podía pedirlo, algo le decía que si abría la boca, el hechizo se rompería.
Y sin que pronunciara palabra alguna, su deseo se hizo realidad. En segundos sus pechos se convirtieron en colinas resbaladizas y cálidas, sus pezones en pequeños cristales que ardían y latían al compás de las burbujas que los cubrían.
Su vientre es estremeció súbitamente cuando las manos descendieron por el, cuando el jabón resbaló entre su ombligo y el nacimiento de su pubis.
El deseo que la invadía le había hecho bajar los brazos y tratar de sostenerse de las canillas que se adosaban a la pared que le daba forma a la ducha.
Sin poder abrir los ojos y casi sin aliento, sofoco un pequeño gemido cuando los dedos voraces pero íntimamente femeninos habían separado las piernas delicadamente y estaban enjabonando su pubis, prolija y completamente depilado.
Sintió como un eco lejano el sonido del jabón al caer sobre las baldosas de la ducha pero nada importaba mas que el camino que esos dedos habían comenzado a abrir en su entrepierna.
Las manos enjabonadas de esa misteriosa mujer habían tomado por asalto los labios interiores de su vagina y resbalaban como mariposas hacia adentro.
Paula no tardo en darse cuenta de la humedad de su entrepierna y lejos de intimidarla, sentía que le daba mas espacio a su compañera para moverse.
La delicia de esas caricias en su clítoris erecto se estaban haciendo sentir y para facilitar la tarea, entreabrió despaciosamente sus piernas. La experiencia de aquella mujer para llegar a su centro de placer la transportaba a un lugar insospechado, donde creía que todo iba a ser posible.
Los dedos siguieron con su tarea, firme e insistentemente. Mientras un dedo la penetraba a fondo, sentía como el pulgar de aquella mano acariciaba su clítoris en círculos y la palma rozaba el resto de su vagina.
Casi sin darse cuenta, se vio sostenida en vilo solo por el dedo que la penetraba, mientras sus caderas no dejaban de subir y bajar con un ritmo tan sensual que la estremecía.
Era imposible contener los gemidos de placer que esas manos le ocasionaban, era imposible esconder los rastros de locura que esa mujer le estaba dejando en su cara, en sus expresiones, en sus labios mojados, tanto como su vagina.
Era maravilloso sentir como ese cuerpo femenino se excitaba junto al suyo, como ese aliento le quemaba y le refrescaba su cuello al mismo tiempo, como esa maestría la hacia delirar sin control.
Cuando creía que el placer no podía ser mas intenso sintió que ese cuerpo la abandonaba pero solo un fugaz instante, solo para dejarle sentir una calidez diferente adhiriéndose a su espalda.
Era verdad ?? Podía ser posible que un hombre se hubiera unido a ellas ??
Paula no tardo en salir de la duda cuando sintió otras manos acariciándola y una exquisita erección rozando su cola, una erección que no dejaba de recorrer su piel guiada por una mano experta.
Pero y aquella mujer que la había inducido a esa exquisita experiencia, donde estaba ? Podría darse vuelta para comprobarlo ?? No fue necesario, se dio cuenta de que permanecía allí, solo que pegada a las espaldas de aquel desconocido que seguía elevándola a un nivel de gozo impensado.
Los gemidos de aquel varón que la acariciaba se mezclaban con los de su amante inicial, se confundían en una melodía que los tres ejecutaban sin prisa y sin pausa.
Su necesidad de aferrar las caderas de aquel hombre fueron mas fuerte que cualquier cosa pero mas aun, las de rozar ese pene que la estaba enloqueciendo sin piedad.
Estiro sus brazos hacia atrás, tomó con su mano derecha el pene que la acariciaba y después de ubicarlo estrategicamente entre sus piernas, tomo las caderas masculinas y las pego a su cuerpo, dejándola sentir esa dureza en toda su dimensión presionando desde atrás.
Perdida en aquella sensación, dejo que las manos fuertes del que en ese momento era su hombre, recorrieran el camino que antes había recorrido aquella monumental mujer.
En su gozosa desesperación se pregunto que seria de ella cuando la delicadeza de aquellos dedos femeninos le respondieron dirigiendo el pene de aquel macho desde la entrada de su cola hasta donde la distancia que los separaba le permitía llegar entre sus piernas.
Ese hombre, dirigido por aquella mujer, estaba acariciando su vagina desde atrás con su miembro duro como una roca, firme como una columna y la estaba haciendo desmayar de placer.
Imagino que desde afuera esa escena se vería como una danza, los tres cuerpos con ritmo propio, dándose el mayor placer posible.
Un pene acariciándola insistentemente mientras una mano la penetraba delicadamente por delante, sus pechos libres del jabón que antes los cubría y empapados por el agua que ahora le ardía en la piel, se movían de arriba hacia abajo cada vez que uno o dos dedos la invadían mágicamente y violaban dulcemente su vagina.
Para Paula era imposible creer que tanta gloria pudiera provenir de su cuerpo, que la ley de gravedad no se hiciera presente dejándola caer en medio de tanto equilibrio para no perder tanto tacto en su cuerpo.
Adoro cada lamida de esa lengua masculina que recorría sus hombros y aquellos dientes tiernos que mordían los lóbulos de sus orejas ; ardió de deseo con el aliento cálido de ese hombre que no cesaba de tocarla, de arrinconarla con su sexo, de calentarla al máximo.
Suplico silenciosamente por mas, anhelaba cada gota de semen que aquel hombre pudiera derramar en su vagina, quería acariciarse ella misma y mezclar su flujo con todo el semen que aquel extraño pudiera regalarle.
Así, sin noción del tiempo transcurrido, los tres cuerpos de movieron, se acariciaron, se humedecieron, se dejaron llevar por oleadas interminables de placer …. casi las mismas que habían despertado a Paula masturbándose, sola, en medio de su ancha cama, entendiendo por fin que tanta maravilla había sido producto de su mas fantástico sueño erótico.

Sabrosa

luna_gitana@yahoo.com

Atendidos por la Criada en casa

Siempre quise comentar con alguien lo que nos sucedió en casa con mi esposa (la que llamaré Verónica, es una trigueña alta delgada de bonita figura, no exuberante, pero tiene un buen atractivo), pero no me atrevía, por razones obvias, hasta que un día me metí a Internet y leí los relatos que ahí se reproducían, entonces eso me animó a publicar nuestra maravillosa experiencia.

Resulta que teníamos una criada, que iba a nuestra casa tres veces por semana, ya que ambos trabajamos saliendo muy temprano en las mañanas y llegando todos los días muy tarde, casi de noche, los días sábados se hacia acompañar por su hija, de entonces 16 años, para así terminar temprano los quehaceres de la casa y retirarse a mediodía. Pilar, así se llama la hija, no es ningún monumento de mujer, como siempre presentan en los relatos.
Es una morenita de estatura normal, con unos senos exquisitos, propios de la edad, de cara simpaticona más bien picaresca y siempre anda con la sonrisa a flor de labios, con un trato muy suave, lo que la hace ser más amorosa y tierna.

Fue así que un día sábado de verano me termino de duchar y salgo desnudo a la pieza, como es mi costumbre, y ahí estaba Pilar, haciendo el aseo del dormitorio. En la ducha estaba con algunos pensamientos eróticos relacionados con una película que había visto por televisión en la noche, por lo que salí con mi pico, como le decimos en Chile, entre que quería estar erecto y no, tiene un tamaño de 19 centímetros, por lo que ofrecía una buena vista. Pilar me saludó y quedó con la vista clavada en mi entrepierna, yo me corté y no tenía con que taparme, por lo que di medía vuelta y regresé
al baño en busca de una toalla que resultó ser chica de esas de mano, para cubrirme e inmediatamente volví al dormitorio con un morbo espectacular.
Atiné a decir, hola Pilar, como estás, disculpa la aparición. No se preocupe Don. Raúl, debería haber avisado que estaba aquí. Mientras nos decíamos esto, mi erección iba en aumento y se marcaba exageradamente en la toalla pequeña.
Pilar me miraba y se le dibujo nuevamente esa sonrisa pícara en su cara. Por favor alcánzame esos short que están en el vestidor, dije, sujetándome la toalla. Ella los tomo y me los pasó casi sin despegar la vista de mi
bulto, que a pesar de mi morbo trataba de minimizarlo. Medio de lado y aun mostrando algún recato me desprendí de la toalla y me puse los short, y nuevamente me volví hacía Pilar, que siempre con su sonrisa seguía mirando el bulto que se formaba en el pantalón. Me puse una polera y pasé por su lado para salir del dormitorio, con el temor que mi esposa me viera así de caliente, juro que sin querer, al pasar por su lado la toque con mi pico, aumentando mi morbo, ella solo hizo el ademán de hacerse a un lado para que yo pasara, pero no dijo nada.

Me fui a donde estaba mi esposa arreglando una ropa en otro
dormitorio, vistiendo solamente con una camisa de dormir cortísima, sin nada por debajo, en una posición semi agachada se le veían ambos hoyos, vagina y ano, por lo que llegue y la tomé por la cintura haciéndole sentir mi pico, no la sorprendió ya que siempre actuamos igual, con la diferencia que yo me encontraba tan caliente por la situación que había tenido hace unos segundos, que me corrí el short y se lo metí de un viaje, ella reclamó al principio pero luego se quedo gozando  al sentir lo caliente que yo estaba que la hizo tener un orgasmo casi de inmediato, y a la vez yo también acabé botando gran cantidad de semen que le corrió por las piernas cuando se lo saqué, debiendo recurrir a un pañuelo para limpiarla.
Verónica me preguntó que qué me pasaba, a lo que respondí que nada que al verla en esa posición me había calentado, diciendo en tono de broma nada nuevo en ti si vives caliente, respondí, es que ahora ha sido diferentementerico, con un tono de complicidad.

Salí al patio ha hacer algunos arreglos de plantas, dándome vueltas en la cabeza las situaciones vividas y no podía sacarme la imagen de estar desnudo delante de Pilar y que ella me mirara sin decir nada y sin siquiera tratar de salir de la pieza cuando solté la toalla y me puse el short, o cuando pasé por su lado y la rocé con  el pico totalmente parado, en esos pensamientos estaba cuando sentí que llegaba Pilar a mi lado y me dice, la señora Verónica lo llama, que vaya de inmediato, lo primero que se me vino a la mente que Pilar le había contado algo y me preocupé de entrar a dar explicaciones o tener alguna discusión por mi falta de cuidado al andar siempre desnudo, etc., llegué al dormitorio y Verónica estaba en la ducha, me acerco y me dice, fíjate que entré al dormitorio y encontré a Pilar mirándose al espejo y con una mano se tocaba los senos y con la otra el entrepiernas, al verme se puso roja y siguió haciendo el aseo, y cuando me desvestí para ducharme me fije  que había quedado un poco abierta la puerta y ella me miraba con una tremenda sonrisa, lo que me ha producido cierta excitación que no había sentido nunca, sería donde tu me hiciste gozar que venía aun excitada. Metí mi mano a la ducha y la empecé a masturbar, contándole lo que a mi me había sucedido antes con Pilar, al principio como que se quiso escandalizar, por la madre de la niña, pero en la medida que iba contándole la actitud de Pilar y seguir masturbándola, se serenó y tubo un orgasmo tremendo, tomándome el pico y se lo llevó a la boca tragándoselo entero, ávida  de sexo, lo chupaba con frenesí, calentándome de tal manera que me saqué polera y short metiéndome a la ducha, donde continuó chapándolo por un rato mas luego la di vueltas y empecé a metérselo por la vagina y con un poco de jabón le metí un dedo luego dos, tres y hasta cuatro dedos en el ano, logrando un nuevo orgasmo con grititos, suspiros, quejidos que me llevaron a una acabada brutal. Nos salimos de la ducha abrazándonos y besándonos, ambos aún calientes, por lo que pensaba cada uno.

A todo esto eran las dos de la tarde, se fue la madre con la hija, no sin antes despedirse de nosotros, Pilar me miró y me regaló una sonrisa exquisita, como que lo sucedido le había gustado mucho, Verónica de reojo vio como nos mirábamos y luego le regaló una sonrisa a ella, como diciendo, a ti también te vi desnuda.

Durante el día no comentamos en ningún momento lo sucedido, dedicándonos a las tareas propias del día sábado de la gente que trabaja toda la semana, ir al supermercado, arreglar cosas en la casa, prepararnos para ir a comer a casa de mis suegros, por el cumpleaños de una de mis cuñadas, que está bastante buena, a la cual le he tocado los senos en reiteradas ocasiones, por lo que me aprestaba que al saludarla nuevamente se los tocaría. Por la noche cuando regresamos, nos acostamos y empezamos a tener sexo y a conversar lo de la mañana, ambos lo teníamos en mente, lo que nos hizo alargar la relación y hacer una infinidad de posturas, que Verónica me lo chupara, yo a ella en magníficos sesenta y nueve, miles de orgasmos de parte de ella y dos acabadas mías, una en su vagina y otra en el culo, concluyendo que a los dos nos había gustado sobremanera exponernos desnudos delante Pilar.

Quiero acotar que con Verónica siempre hemos tenido una muy buena comunicación en todo tipo de temas, confesándome que una vez cuando niña de catorce o quince años, una amiga  primero y al tiempo después una prima habían tenido una pequeña relación sexual con ella, cosa que nunca la repitió, pero si que fueron muy de su agrado, dejándola con ese sabor de haber probado más, pero no fue. Yo la incitaba a que por que no lo hacía de nuevo, a lo que me respondía tal vez algún día se dé la ocasión pero no termina de convencerme, hacerlo, quizás.

Durante la semana se repitieron las noches de sexo, comentando el tema de Pilar, hasta que el día viernes me atreví a proponerle a Verónica hacer algo con Pilar, como mostrarnos ambos desnudos en una forma de lo mas natural y ver la reacción de ella, en un principio no estuvo muy de acuerdo pero con la calentura me dijo que bueno, pero con mucho cuidado que no se fuera a notar que estaba preparado y a  la chiquilla le pareciera mal y se lo contara a su madre. Para suerte nuestra, la madre de Pilar había amanecido con un resfrío muy fuerte que la obligó a quedarse en cama ese día, y mandar sola a ella. Llegó mas temprano que de costumbre iniciando las labores de aseo con mucho sigilo para no molestar, al sentirla nosotros que estaba sola la llamamos al dormitorio y le preguntamos por su madre, comunicándonos que se encontraba enferma y que ella haría las cosas hasta terminar, luego de mucho tira y afloja pusimos en campaña nuestro plan. Verónica se levantó a la cocina, por instancias mías,  con un Baby Doll casi transparente, cortísimo, sin calzones, con el pretexto de ayudarle en  algo, cualquier cosa, la idea era mostrarse e ir tanteando el terreno, volvió al dormitorio y me contó que Pilar la miraba extasiada, más bien fascinada, como que se había encontrado un tesoro, entonces se duchó se puso un buzo y salió de compras al supermercado, pero la idea era dejarnos solos y regresar sin que la sintiéramos.  Yo calculé que se acercaba y me metí a la ducha, para salir cuando Pilar estaba ya en la pieza, todo esto me provocó una erección fenomenal. Pasé al dormitorio dejando la puerta del baño mas abierta que junta para que luego al regresar Verónica se escondiera ahí, de donde se abarcaba todo el dormitorio. Al salir me encuentro con Pilar de frente y me queda mirando con la vista clavada en mi pico, yo para tratar de disimular un poco me pongo de lado y le dije, otra vez me ves así, no se preocupe me contesta, ya me estoy acostumbrando a verlo desnudo, y te desagrada le pregunto, no de ninguna manera, a mi también me gusta andar desnuda en mi casa, que rica debes verte desnudita dije. Ella rió mas pícara que antes, lo que me motivó a tocarme el pico y pasar a buscar el short, claro que ahora no fue sin querer si no que lo hice premeditadamente de rozarla  con mi miembro, como ella no se movió, entonces la abracé por la espalda y me apreté a su cuerpo haciéndole sentir lo duro que lo tenía, se giró y me puso las manos en el pecho y me apartó diciendo que por que lo hacía, bueno me gustas y me excitó mucho el pensar que en tu casa andas desnuda, acto seguido la vuelvo a abrazar y me aprieto a ella de nuevo, si está vez no me rechazó y también se apretó a mi fundiéndonos en un abrazo, comencé a hacerle cariño en el pelo dándole besitos y a correr las manos por su espalda, ella levanta su cara y me ofrece su boca, la que beso con ansias metiéndole la lengua creo que hasta la garganta, nos besamos con gran pasión, me sentí en ese momento en los cielos. Miro por sobre su cabeza y veo a Verónica que había regresado y nos miraba desde el baño, nos miraba extasiada, con una mano en su chorito masturbándose y con cara de sorpresa, le hice señas que se quedara ahí, mientras yo empujaba a Pilar a nuestra cama mientras le iba levantando su vestido y metiendo las manos por el elástico de su calzón, ella colgaba de mi cuello sin despegar su boca de la mía y recibir mi lengua que jugaba con la de ella, tocaron sus piernas en el borde de la cama y la fui depositando de tal manera que no viera a la puerta del baño, para dejarle libre el espectáculo a Verónica. Me fui colocando encima de Pilar sin dejar de besarla mientras la iba desvistiendo, quiso oponer resistencia en un principio, pero al meterle la mano por el calzón nuevamente y apresar su vagina, que chorreaba de jugos exquisitos, se aflojo y me dejó desvestirla por completo, fue difícil sacarle su vestido, sostén y calzón casi sin dejar de besarla, la sensación de estar desnudo abrazado a ella y que Verónica nos mirara, me hizo perder cualquier conciencia de que hacia, seguí besando su cuello sus hombros sus senos duros, con unos pezones pequeñitos, rosados que semejaban casi una manchita,  su estómago hasta llegar a su chorreante y ardiente choro que comencé a lamer con placer hasta tomar con mis labios un insipiente clítoris que se contrajo al contacto de mi lengua, haciendo que Pilar se retorciera y lanzara unos grititos de gusto alcanzando un orgasmo que la dejó un poco lacia, motivándome a continuar con el tratamiento, la di vueltas y languetié su ano que hizo escapar nuevos quejidos de placer me encaramé besando su espalda hasta quedar arrodillado con mi pico entre sus nalgas, a las que le echaba bastante saliva para que resbalara a todo lo largo de su raja, Verónica miraba masturbándose, y por lo que me contó después, tuvo varios orgasmos viendo ese espectáculo. Le hice señas que se acercará pero no quiso, tome a Pilar  y la di vueltas quedando yo encima nos fundimos en un beso eterno mientras hurgaba con mi mano en su chorito, que me admiró lo mojado que estaba, sus líquidos ya corrían por sus piernas hasta mojar la cama, tomé mi pico y se lo puse en la entrada de la vagina empujando poco a poco, sin dejar de besarnos al momento que le entró la cabeza del pico, Pilar se encogió y me enterró las uñas en la espalda, fui el primer hombre en entrar en ese cofre húmedo, caliente, lleno de pasión y placer, al momento de ser desflorada tuvo un orgasmo con grititos y quejidos entre dolor y placer, más esto último que lo primero. Seguí presionando hasta tenérselo entero metido, sentí su pelvis en la mía, quise empujar mas pero no podía, aún con nuestras lenguas enlazadas, me separé un poco y le miré la cara, que era de placidez, goce y dolor pues le corría una lágrima por la mejilla, me tomó y me dio un beso en la frente, diciéndome gracias, lo amo Don. Raúl. Yo hacia tremendos esfuerzos para no acabar y seguir gozando de ese cuerpo joven, ardiente a tal punto que me olvidé un momento de Verónica, que se había sacado el buzo quedando desnuda, casi desmayada en la puerta del baño con tantos orgasmos que había tenido, miraba embelezada lo que sucedía en su cama. Le pedí con la vista, mas bien le rogué y supliqué, que se acercará, lentamente como por inercia comenzó a moverse en dirección a nosotros, mientras yo tomaba la cabeza de Pilar para que no mirara y no sintiera que Verónica se acercaba, llegó por detrás de ella mirando de cerca como yo besaba a la chiquilla que se retorcía con el pico metido entero y chorreaba de jugos.

Sin dejar de besar a Pilar, levanté una mano y  le tomé una a Verónica, acercándola a nosotros, tiritaba de calentura y de temor, la hice hincarse en la cama, le tomé la cabeza , solté la boca de Pilar y besé la boca de Verónica, y ahí Pilar se dio cuenta que mi esposa estaba al lado nuestro, se asustó, quiso arrancar, pero la sujeté y le dije, cálmate no hay problema, por favor no temas, nada pasará, se serenó un poco pero quedó entre sorprendida y dubitativa, solo se terminó de calmar cuando Verónica le hizo cariño en la cara y le dijo, calma nada va a pasar sigan gozando y se sentó al lado nuestro contemplando como se lo tenía metido a Pilar. Me fui saliendo de encima y besándole todo el cuerpo bajé hasta el chorito, mirándolo un poco hinchado, rojo y mojado de una manera increíble, tome una mano de Verónica y se la puse en un pecho de Pilar, ambas se sorprendieron, pero como yo seguía aprisionando el pecho de Pilar con la mano de Verónica, se fueron dando las dos a lo que yo quería hacer, las puse una acostada al lado de la otra, para poder pasar de un choro a otro, cual de los dos estaba más mojado, a tal punto que mi cara estaba empapada de jugos vaginales.
Tan absorto estaba en mi juego que de repente miro hacia arriba y veo que Verónica le esta besando los pechos a Pilar, y esta le tocaba los senos a Verónica, me quedé observando un momento y luego me puse de tal manera que Verónica me lo empezara a chupar, tomando la cabeza de Pilar la lleve a que también lo chupara y con la mano lo sacaba de la boca de una y lo metía en la boca de la otra, casi a punto de acabar me salí de esa posición y me centré en besar la concha de Verónica arrastrando a Pilar hacia abajo para que viera lo que yo hacía, hasta que poco a poco fui ubicando su boca en el entrepiernas de Verónica, me quedé sorprendido con la facilidad que Pilar al yo empujar su cabeza hacia la vagina, esta la empezara a succionar con una rapidez, su falta de experiencia se suplía por sus calentura, la dejé así un rato pues sentí como Verónica se venía con terribles quejidos y estertores, demostrando que había tenido un gran orgasmo, entonces le tome la cara a Pilar y le empecé a enseñar como se hacia, como debía tomar el clítoris con la lengua y masajearlo con los labios, lengua y dientes. Alumna avanzada salió la chiquilla ya que Verónica tuvo otro tremendo orgasmo.

Yo ya no daba más, les dije, ahora le toca a las dos recibirme a mí, entonces las puse a las dos como perrito, poniéndome yo por detrás de ellas, se lo metí primero a Verónica, lentamente sintiendo como entraba, luego de bombear un rato, se lo metí a Pilar, que fue donde me entretuve mas tiempo, sintiendo como gozaba esa niña, tomé las manos de Verónica y la hice que le tocara el chorito a palpando como entraba y salía el pico, Verónica caliente ya fuera de si, le empezó a buscar el clítoris y se lo manoseaba casi con crueldad, yo le dije, bésaselo, sin decir nada se colocó por debajo y se lo empezó a chupar, de tanto en tanto me sacaba el pico lo chupaba y lo volvía a meter, grité, ven que te lo quiero meter, voy a acabar, me abalancé encima de Verónica y se lo metí de un viaje sintiendo como me salía el chorro de moco inundando ese choro que estaba ansioso de pico.

Quedamos extenuados los tres, fundidos en un abrazo, mezcla de cariño, amor calentura, lo encerraba todo, después de un momento, Verónica le dice a Pilar, ven que te voy a enseñar como se chupa, y se lanzaron las dos a chupármelo hasta lograr que se pusiera erecto nuevamente, entre medio se besaban ellas en la boca, se tocaban los senos y yo las hice tocarse las entrepiernas a cada una diciéndole, yo les voy a enseñar a gozar, puse a Verónica encima de Pilar y que quedaran tocándose pelvis con pelvis, las fui ubicando hasta que se pudieron refregar los clítoris mutuamente, lanzando gritos de placer y ambas llegaron rápidamente a un orgasmo. Yo sentía la necesidad de acabar de nuevo por lo que tomé a Pilar y traté de metérselo por el ano, pero luego de varios intentos desistí porque era muy estrecha, así que cambié y se lo metí por la vagina y empecé a mete y saca mientras Verónica besaba a Pilar y a mi y se masturbaba, cuando ya sentí que acababa me lo saque la di vueltas y se lo metí en la boca para acabar ahí, Verónica le decía, trágatelo, trágatelo que es rico, Pilar como buena alumna se tragó casi todo el semen, diciendo que estaba rico. Luego de un rato nos metimos los tres a la ducha donde seguimos haciendo cosas.

Pues bien ese día no se hizo aseo, almorzamos una pizza solicitada por fono, fue un día sábado distinto, maravilloso. Dieron las cuatro de la tarde y Pilar se retiró a su casa con besos míos y de Verónica. En la noche nuevamente tuvimos sexo con mi esposa pero fue diferente ambos nos habíamos sacado un gusto distinto, como pareja nos unimos más que nunca, relación que aun mantenemos. Con la madre de Pilar llegamos a un acuerdo y ella manda a su hija sola sábado por medio, día que no se hace aseo, no se ordena, no se plancha, solo se hace sexo, sexo y sexo.

Han pasado tres años, Pilar ha conocido un muchacho con el cual quiere casarse, nosotros la adoramos, pero no nos oponemos a su idea, si seremos los padrinos de la boda, le hicimos una maravillosa despedida de soltera, yéndonos los tres a un hotel a Viña del Mar durante un fin de semana, en que nos dimos con todo, yo logré metérsela por el ano, se lo rompí pero quedó feliz por que a pesar del dolor gozó de maravillas, con Verónica tuvieron sexo, perdón se amaron, fue una despedida triste, a pesar de que quedamos de vernos en alguna oportunidad, ojalá se cumpla, felicidades Pilar.

Si a alguien le ha sucedido algo similar o parecido escriban a joaquin252@hotmail.com