Ex profesor II

Hola, tanto tiempo. Bien, hoy les entrego la segunda parte de mi historia.
Luego de ser sorprendido por mi esposa con mi alumno/a “Cris” en una situación confusa, de la que yo no era causante, vino el divorcio, la renuncia forzada en el colegio, en fin, un comenzar de cero.
Con los ahorros que tenía compré un local en el que instalé una librería. Obviamente me mudé de barrio, y vivía en el fondo del local donde tenía un cuartucho, un baño y una cocina.
Poco a poco fui haciéndome una clientela interesante. Había mujeres solteras o casadas que sabiendo que el dueño de la librería era divorciado se insinuaban y, debo admitirlo, a algunas de ellas las hice pasar al cuarto del fondo luego de cerrar la librería.
Sin embargo, como dije en la primer parte de mi relato, lo sucedido con Cris había despertado algo en mí. Un morbo, una curiosidad, por estar con una travesti. Nunca me animé a salir en busca de alguna, pero cuando no tenía compañía, me masturbaba y al hacerlo evocaba la figura de Cris.
Pasaron varios meses luego de aquel episodio. Un día mientras abría la caja de un envío para revisar su contenido, sentí que alguien ingresó al local. Miré rápidamente y dije: “En un minuto estoy con usted señorita”.
La respuesta me dejó helado: “No hay problemas, lo espero, profesor”
Levanté la vista al escuchar esa voz. Miré con atención y reconocí a Cris. Estaba totalmente irreconocible. Su pelo seguía siendo largo, pero lo había teñido de un rubio oscuro que le sentaba perfecto para su rostro. Tenía poco maquillaje pero su aspecto era totalmente femenino. Llevaba un vestido liviano de una pieza, largo hasta los tobillos, calzaba sandalias con tacos.
“Hola Cris” No pude decir más.
Se acercó sonriendo y me dijo: “Tanto tiempo, profesor! Necesitaba verlo para pedirle disculpas por el escándalo que le armé. Me siento culpable. Y…” Respondí: “No, culpable de qué? Si no hicimos nada. Evidentemente lo de mi mujer solamente necesitaba una excusa para estallar. Vos fuiste la excusa necesaria”
“Me hace sentir mal llamándome una “excusa”, yo pensé que era alguien en su vida”
Sentí que me ponía rojo frente a su reproche.
“No, perdoname vos a mí. Seguro que sos alguien, pasa que me confunde la situación y…”
Avanzó con decisión apoyó una de sus manos suaves en mi nuca y llevó mi cara a la suya abriendo su boca en un beso que yo en el fondo esperaba, y al que respondí con pasión.
Nuestras lenguas se buscaron y se encontraron, mientras mis manos comenzaron a acariciar su espalda.
Me aparté, la miré asombrado. Me encantaba la situación.
Me escuché decir: “Te invito a cenar esta noche”
Con una sonrisa respondió: Voy a tener MUCHAS ganas de comer. ¿A qué hora cierra?
“A las siete y media”
“A las ocho voy a estar acá”
La tarde no pasaba más, la ansiedad me devoraba. Cuando cerré el local me bañé, cambié, recorté mi barba con la mayor prolijidad posible y me vestí. Desde que había sido un adolescente no me sentía tan nervioso.
Sonó el timbre, miré el reloj, las ocho en punto.
Abrí la puerta y allí estaba Cris. Esta vez llevaba un solero, corto, por encima de sus rodillas. La miré fascinado. “¿puedo pasar?”
“Por supuesto” Apenas cerré la puerta del pasillo, nos abrazamos y besamos con furia. Comencé a lamer su cuello, ella gemía suavemente, ” Te deseo” le dije al oído. “Y yo a vos” ME respondió.
Entramos al local, caminamos abrazados, besándonos y acariciándonos entre las estanterías, un par de libros cayeron, no los levanté. Llegamos al cuartucho y la llevé directamente a la cama. Mis manos tantearon sus nalgas firmes pero suaves al tacto.Le levanté el solero y se lo saqué por arriba. Miré sorprendido y dije:”Cris, ¡Qué hermosos pechos!”
Sonrió pícaramente y me dijo: “Son para vos. Me operé hace dos meses” Se los besé y lamí con ansias, mientras ella me ayudó a desprenderme de mi ropa. Solamete quedó con los tacos y una tanga que se metía en su cola y no disimulaba la erección de su pene.
Le dije que quería penetrarla, me comentó que era virgen, que nunca lo había hecho pero que lo deseaba. Sacó de su cartera un gel lubricante y me lo dió, luego se acostó boca abajo sobre mi cama.
Pasé el gel por mi pene, le arranqué la tanga rompiéndola, puse más gel emis manos y las pasé por su ano, metiendo el dedo anular y haciéndolo girar. Cris gemía aumentando mi exitación.
Le hice levantar la cola y quedó apoyando las rodillas y la cabeza sobre la cama, no pude contenerme, apoyé la punta del pene en la entrada y empujé.
Su grito me exitó más aún. “¡No! ¡Tan fuerte no! ¡Por favor, me duele! ¡Ahhhhh!”
La penetré sin pausa, de golpe. Sentí cómo su ano se dilataba y cuando dejó de llorar empecé a bombear con furia mientras la llamaba: “Puta, yegua, te gusta no? Esto querías. Sos mía, sos mi puta”
Al cabo de un momento sentí que estallaba. Inundé su cola derramándome dentro de ella.
Cuando saqué mi miembro Cris se dió vuelta, tenía lágrimas en los ojos pero sonreía.
” Te amo” me dijo. “Me dijiste muchas cosas pero no que me amabas”
Me sentí una basura. ” perdoname cielo” ” Te amo, te adoro”
Respondió “Demostrámelo”
“Si, por supuesto, ¿Cómo?”
Su pedido me dejó mudo: “Haceme acabar”
Y llevó mi mano a su pene erecto.
“Si bebé, lo que pidas” responí mientras lo meneaba, ella se arrodilló en la cama y posando sus manos en mi nuca me hizo bajar la cara hasta su miembro. Comprendí lo que quería y le dí el gusto, abrí mi boca, introduje su miembro, le pasé la lengua, lo besé, apreté mis labios y comencé a subir y bajar mi cabeza sin dejar que su pene saliera de mi boca. De golpe, sentí un líquido cálido y salado que inundaba mi boca. Tragué, succioné hasta que sentí que no había más. Levanté mi cabeza y miré a Cris. Los dos llorábamos, nos besamos, y nos abrazamos.
Esa noche dormimos juntos, abrazados.

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